Por fiiin vuelvo con el cuartooo capiii….me encantaaa en realidad me quedo muy bonito, me gusta mucho! ^^ Espero que os guste a los que os paséis por aquí lo mismo que me gusta a mi. Muchas gracias por leer! Saluus!

LUNA SINCERA

Cuando Nakamori llegó, al abrir la puerta se encontró a Aoko sentada en el sofá y a Kaito llevándole lo que parecía un té. Se quedó mirándolos unos instantes y corroboró su coartada de lo que Kaito llegaba a querer a su hija, hasta tal punto de haber arriesgado su vida por salvarla. Y por unos momentos, sintió que todo el tiempo que la había dejado sola por su trabajo, cosa que le había apenado siempre mucho, en realidad no había estado nada mal acompañada. Kaito siempre estaba ahí, fuera cuando fuera. Cuando se decidió a salir:

-¡Aoko!-gritó.

-Papá… ¡Bienvenido! Creí que no vendrías hasta la semana que viene…-dijo ella.

-¿Cómo no iba a venir, Aoko? ¡Después de enterarme que han intentado matarte dos veces!-y antes de que la chica pudiera responder, se vio envuelta en los brazos de su padre. Esos abrazos que había echado tanto de menos durante tantos años.-siento no haber estado aquí hija…

-No te preocupes papá…tienes trabajo, es normal.

-No es normal…y tampoco es normal que KID ocupe todo mi tiempo…si os hubiera perdido…-dijo el Inspector.

Aoko escuchó esa pluralidad que expresó su padre en la frase.

-¿Papá…?-preguntó Aoko sorprendida. Kaito también lo escuchó y se quedó perplejo.

-Kaito es como un hijo para mi…le he visto crecer ante mis ojos y si os hubiera perdido, no sé qué hubiera hecho…

Los dos se quedaron sin habla, hasta que Kaito rompió ese silencio.

-Inspector...ha sido duro lo de hoy pero…lo importante es que estamos aquí los dos y no nos ha pasado nada, estese tranquilo por eso.

-Kaito…arriesgar tu vida por Aoko, ha sido algo muy valiente…y te debo su vida por ello.

-Bueno…no importa eso. Es lo que debía hacer, no podía dejar que Aoko muriera por algún loco que anda por ahí suelto. Pero no se preocupe, la vigilaremos de cerca para que no le pase nada. Y no le va a pasar nada de hecho. A Aoko le queda toda una vida por delante, así que váyase preparando para lo que le viene…-dijo Kaito echándose a reir, haciendo que el Inspector riera también.

-¡Es cierto!-dijo Ginzo con una carcajada.

-¡KAITO!-gritó Aoko.

-¿QUÉ? ¡Es cierto!

-¿Siempre tienes que estropear los momentos más bonitos tú o qué?-y se fue hacia la cocina a hacer la cena.

-Venga Aoko, no es para tanto, ¡no te enfades!-y seguía riendo-bueno Inspector, lo que le comentaba. Está su hija bien y es lo que cuenta, así que lo que tiene que hacer es estarse estos días con ella que seguro que le necesita. Yo me voy a ir marchando ya.

-¿Ya te vas?-preguntó el Inspector

-Si, me voy a casa que tengo cosas que hacer…-respondió él. Y mientras Kaito se iba a despedir de Aoko, el Inspector le dijo:

-¡Espera, Kaito!

-¿Si?

-Creo que deberías quedarte aquí hoy, por lo menos esta noche. Creo que Aoko también te necesita a ti…

-Pero Inspector, no quiero ser una molestia…y usted necesita estar con su hija a solas…

-Tengo toda la vida para estar con mi hija a solas. Tómatelo como un favor para ella…

-Está bien, lo haré porque me lo pide usted.

-¡Perfecto!-dijo el Inspector- Aoko, hija si estás haciendo la cena deberías hacer para uno más.

-¿Eh?-dijo ella, asomando la cabeza por la puerta de la cocina.

-Kaito se quedará aquí esta noche.

-¡¿QUÉ? Pero…pero… ¡papá!

-¡No hay peros! Se lo he dicho yo.

-Eh…esto…está bien…-dijo sonrojada y se volvió a la cocina.

-¿Necesitas ayuda Aoko?-preguntó Kaito.

-Eh… ¡no! Ya está casi…

Cuando estuvo la cena hecha se pusieron a cenar y a hablar sobre el tema que tenían ahora entre manos, y cuando hubieron acabado, Aoko se fue a dormir.

Y al poco, los otros dos también. Había sido un día duro y Aoko no podía dormir…no pegaba ojo y decidió salirse al jardín a tomar el aire a ver si le entraba sueño. Bajó sigilosamente las escaleras y llegó al comedor, donde vio a Kaito durmiendo, o al menos eso creía ella, en el sofá cama que tenían, que por cierto era de lo más cómodo. Estaba estirado con una manta fina encima, que aunque fuera verano, nunca venía mal, ya que por las noches refrescaba. Se quedó mirando a su mejor amigo unos instantes y por un momento se imaginó durmiendo a su lado. Se puso roja y quitó rápidamente esa imagen de su cabeza; la ponía nerviosa pensar en esas cosas. Se ponía como un tomate.

Y siguió su camino al jardín. Abrió la cristalera con cuidado y la volvió a cerrar tras ella, yendo directamente a un columpio que tenían allí. Kaito por su parte, cuando la chica cerró la cristalera, entreabrió un ojo y se quedó mirando al jardín. Al parecer, él tampoco podía dormir y cuando escuchó a Aoko bajar, se hizo el dormido por si acaso. Hasta hacía solo unos momentos, Kaito había estado dando vueltas sin pegar ojo tampoco y decidió salir tras ella. Abrió las cristaleras igual que Aoko y salió.

La vio a lo lejos en el jardín, sentada en el columpio y los rayos de la luna iluminaban su bonita cara, como si de un ángel se tratara. Qué guapa estaba…

Mientras tanto, sin reparar en su presencia durante todo el rato que estuvo ahí, alguien tampoco podía dormir y les observaba tras los cristales. El Inspector se percató que los chicos no podían dormir, y se puso a escuchar atentamente la conversación.

-¡Aoko!-la llamó Kaito.

-¿EH?-la chica se sobresaltó al oír la voz que le llamaba-ah, Kaito… ¿qué haces aquí?

-No podía dormir y decidí salir a airearme un poco… ¿Y tú? ¿Tampoco puedes dormir?

-No…

-¿Estás bien?

-Si, si…es sólo que no hacía más que dar vueltas en la cama y preferí venir a que me diera el aire…

Kaito se acercó a la chica y se sentó a su lado en el columpio.

-¿Sabes? Eres más fuerte de lo que creía, Aoko…-le dijo sonriendo.

-¿Eh?

-Te han perseguido, intentado matarte, te están acosando cada día…y tú sin embargo, aquí estás, tomándote las cosas con una calma extrañamente rara en ti…-y le dedicó una tierna sonrisa a la chica.

-Bueno…quizás sea ese el problema-respondió ella-quizás esta calma aparente que tengo es del mismo miedo que me da lo que está pasando…y además creen que tú eres sospechoso…y me da más miedo aún que no descubran quién es el culpable y te culpen a ti…esto se está complicando…

-Aoko, por mi no te preocupes, la policía siempre encuentra al culpable. Y además…hay con ellos un gran detective…

-¿Un gran detective? ¿Te refieres a Kogoro Mouri?-preguntó Aoko. Kaito soltó una carcajada.

-No exactamente, Aoko…-dijo él, sonriendo.-Es mejor…mucho mejor…-y a Kaito se le apareció la imagen del pequeño detective y la de Shinichi en la mente.-Es el mejor detective que he conocido.-Aoko soltó una pequeña risa y dijo:

-Por cómo hablas de ese detective, parece que estés enamorado de él, Kaito-y volvió a reír. Kaito rio también y añadió:

-Enamorado no, pero si que le tengo cierto aprecio...

-¿Y quién es?

-No le conoces. Está resolviendo el caso de lejos, pero en cierta manera de muy cerca.

-Vaya, Kaito con esos acertijos no lo adivinaré nunca…

-No importa. Ahora la que importa eres tú. Pero de verdad que no me imaginaba que te tomarías las cosas con esa calma. Es otra faceta que no conocía de ti aun conociéndote de hace tanto tiempo.

-Ya…pero es que no se cómo tomármelo…la verdad es que expresar lo asustada que estoy, no me servirá de nada.-Kaito la miró serio. –a veces pienso que hubiera sido mejor no salir esa tarde de casa. Ahora por lo menos estaríamos de vacaciones ya y sin preocupaciones, ni miedos…y nos estaríamos riendo del miedo que le tienes tú a los peces, de mi torpeza si me caigo, de lo que me gusta a mi el mar y a ti no…-El chico después de oír esto sonrió y le respondió:

-Vamos Aoko, no hay que pensar de esa manera. Cuando todo esto acabe nos iremos de vacaciones igual y podremos reírnos igual…y es más… ¿Cómo hubieras ido tan guapa de vacaciones si no hubieras ido aquél día de compras?

-¿¡EH!-Dijo Aoko sobresaltándose y poniéndose roja-Pero...pero… ¿Cómo sabes tú que fui de compras ese día?

-Bueno, digamos que no es difícil que en una mujer pasen éstas cosas. ¿Qué hay mejor para una chica que irse de compras al centro comercial en época de exámenes y así desconectar? –dijo Kaito riendo.

Aoko también rio y le dijo:

-Es cierto…me fue bastante bien salir de compras…pero con todo lo que ha pasado, sigo pensando que hubiera sido mejor quedarme ese día en casa…

Kaito la miró serio de nuevo, poniéndose por unos momentos en el lugar de su mejor amiga.

-Lo importante es que estás llevándolo lo mejor que puedes. Ha sucedido y ha sucedido, eso no se puede cambiar… ¿pero sabes una cosa? Cuando yo era pequeño, mi padre solía remarcarme mucho una cosa que a día de hoy, nunca me ha fallado…

-¿Y qué es?

-Mi padre era mago, y como buen mago, no podía dejar que la gente se diera cuenta de sus errores, de sus preocupaciones o de su estado de ánimo en una función. Cometía errores como todo ser humano, no creas que era perfecto, pero cuando se daba cuenta, él seguía manteniendo su expresión en la cara e improvisaba algún otro truco o lo que fuera que se le ocurriera para que su público no se diera cuenta de nada. En eso consiste uno de los secretos de un ilusionista….-Aoko escuchaba a su amigo muy atenta y a la vez sorprendida-y cuando yo le preguntaba, él siempre me decía…"Kaito, no importa que te venga una carta buena o una carta mala, recuerda que pase lo que pase, nunca tienes que olvidar tu Cara de Póker…"

-¿Eh? ¿Cara de Póker?-preguntó ella, curiosa.

-Si. Eso es exactamente lo que estás haciendo tú ahora mismo, Aoko.-le dijo Kaito sonriéndole- En este momento, tu vida corre peligro y estás metida en algo gordo, pero aun así estás intentando poner buena cara a todo y fingir que no te afecta todo esto. Actúas casi indiferente, a pesar de que todo sea una fachada…

-Nunca hablabas de tu padre Kaito…me gusta mucho lo que me has explicado, te agradezco que hayas confiado en mi para explicarme esto…

-No hablo nunca porque no es un tema del que me guste hablar, pero creo que ahora mismo lo necesitabas. No he hecho esto por mí, si no por ti, para que te des cuenta que no eres tan débil como tú siempre has creído. Y te lo he contado porque he creído que te reconfortaría saberlo y te quedarías más tranquila…

-Kaito…me has ayudado muchísimo…no sabes cuanto te agradezco lo que me has explicado. Realmente lo necesitaba...-el chico le sonrió, y ella continuó-pero entonces, por eso tienes esa forma de ser…tú siempre tienes "Cara de Póker", ¿no es cierto?

-¿Eh?

-Si…tú pasaste algo peor y en realidad…nunca has demostrado ese dolor que llevas dentro a nadie…siempre estás sonriendo y haciendo bromas….sigues siendo el Kaito de siempre…

-Bueno…pero ese es otro tema…lo de mi padre…fue una situación distinta a la tuya, y él no está y tú si. Ahora lo que hay que pensar en las personas que aún están aquí, e intentar dejar el pasado un poco apartado, aunque no olvidado…

-Si…Muchísimas gracias Kaito. Me has ayudado tanto…-y la chica se abalanzó a los brazos del chico, que ahora se había puesto rojo al tener a su mejor amiga, al amor de su vida, tal y como pensaba para sus adentros, casi encima suyo, y lloraba.

Pero no lloraba por ella, lloraba por él, porque lo que le había pasado a ella no era comparable ni mucho menos al dolor que había sentido él durante tantos años. Aunque él nunca hubiera hablado de ese tema, ella sabía que lejos, en algún rincón de su corazón escondido tras una "Cara de Póker", se ocultaba aquél niño de ocho años que lloraba a la vez que ella, lloraba y no había vuelto a parar…desde hacía ocho años.

El Inspector, escuchando todo, se paró a pensar unos segundos:

"Sabía que mi teoría era cierta…Kaito…la quieres más que a nada en el mundo. Gracias por cuidar de ella todo el tiempo que no he podido hacerlo yo…"

Y después de esto, el Inspector se retiró a su habitación, dejándoles a solas a ambos.