—Te lo devolveremos en cuanto todo esto acabe. Es por precaución, ya lo sabes —le explicó Korede, la jefa de los científicos, mientras el par de ingenieros que habían sido responsables de la fabricación de su nuevo brazo se encontraban inmersos en la tarea de separarlo de su cuerpo. Temporalmente.

Bucky asintió y le dirigió una sonrisa de soslayo, como para hacerle saber que lo comprendía. Puede que en otros tiempos, cuando tan solo era un chaval corriente de Brooklyn, antes de que se alistara en el ejército con la ilusa idea de hacer algo grande por su patria y cubrirse de gloria, antes de que los sucesos que vinieron después de la guerra y la vida en sí misma lo corrompiera... puede que antes de todo eso fuera una persona habladora e incluso bromista. Ahora... bueno, estaba claro que conversar no era la cosa que más le entusiasmaba.

A ese hecho había que sumarle el que se encontrara tremendamente intranquilo, por no decir directamente que estaba acojonado. Estaba a punto de someterse a la prueba que revelaría si todo el trabajo que los científicos que allí trabajaban habían realizado durante los últimos meses había servido para algo.

Durante las semanas anteriores habían descartado totalmente la posibilidad de remover el chip de su cabeza. Estaba demasiado incrustado en el encéfalo, como si de una sanguijuela se tratase, y los científicos no podían asegurar que una hipotética intervención no le acarrearía secuelas importantes. No es que Bucky hubiera puesto reparos si los científicos hubiesen decidido apostar por esta opción al final, pero existía otra sobre la mesa que les había dado más confianza: le abrirían la cabeza y, en lugar de remover el chip, lo dejarían completamente inutilizado en su interior. Era la opción más segura para la integridad de su cuerpo, por supuesto, pero no para alcanzar el éxito; al fin y al cabo, lo que se pretendía lograr era la expulsión del soldado de su mente, y si para ello tenía que correr riesgos mayores... lo haría sin dudarlo.

Se había sometido a dicha operación la semana anterior. Le habían asegurado que todo había ido según lo esperado, pero aún tenía que pasar por una última prueba para comprobar que no había sido en balde. Por eso necesitaban despojarle de su brazo de metal. Si todo se iba al garete y el Soldado de Invierno volvía a aparecer, era mejor que no contara con él.

Sí, estaba jodidamente nervioso y asustado, pero lo estaba disimulando bien. O eso creía, porque la mujer se le quedó mirando con una expresión que parecía cercana a la compasión y le aseguró con una voz que tenía un tinte casi maternal:

—Todo saldrá bien.

Cuando los ingenieros terminaron y dejaron su brazo a buen recaudo, Korede lo acompañó al laboratorio de la planta inferior, donde todo estaba siendo preparado para realizar la prueba de fuego.

La sorpresa que se llevó Bucky cuando se abrieron las puertas del ascensor lo dejó con la boca entreabierta por unos segundos.

Steve estaba plantado de brazos cruzados en mitad de la sala, hablando animadamente con T'Challa, mientras el personal del laboratorio se movía ágil a su alrededor ultimando los preparativos para la prueba. También se encontraba presente aquel tipo que utilizaba unas alas robóticas para volar (Sam, si no recordaba mal su nombre).

Los tres se giraron rápidamente hacia ellos cuando pusieron un pie en la sala. La cara de Steve pareció iluminarse al posar sus ojos sobre él.

—¡Buck! —exclamó, y empezó a acercarse a él con paso ligero.

Bucky acortó la distancia por su propia cuenta y, cuando al fin se encontraron a medio camino, se fundieron en un fuerte abrazo. Bucky cerró los ojos y afianzó el agarre con la única extremidad superior que tenía. Una sensación cálida se extendió por su cuerpo. A pesar de que su corazón había comenzado a latir a mil por hora, la sorpresiva presencia de su amigo parecía haberlo tranquilizado un poco con respecto a lo que estaba por venir.

Stevie estaba allí, junto a él. Todo iba a ir bien.

Un carraspeo a su lado lo sacó de su ensimismamiento e hizo que los dos se separaran.

—¿A mí no me saludas, Robocop? —preguntó Sam, en un tono con el que fingía haberse ofendido.

—Qué hay, aguilucho.

—¿Se supone que eso es un insulto? —resopló, a la vez que enarcaba una ceja. Sin embargo, su sonrisa le quitaba todo el hierro al asunto—. Chico, eso de estar congelado ha hecho que se te atrofie el ingenio.

Bucky no pudo evitar reír ante aquel comentario y acabó estrechándole la mano. Se sorprendió al escuchar su propia risa, ya que no recordaba la última vez que la había oído emerger de aquella forma, totalmente sincera. Probablemente había sido hacía bastante tiempo.

Se giró de nuevo hacia Steve, quien había mantenido su mano en la parte baja de su espalda, como si quisiera asegurarse de que no iba a irse a ningún lado por ahora, de que no le iba a perder de nuevo. Sonreía a la vez que le miraba como si intentara averiguar lo que pasaba por su mente. Quizá estuviese comprobando que de verdad era él. Y lo era, al menos por el momento.

—¿Qué estáis haciendo aquí? —les preguntó finalmente.

—T'Challa me ha mantenido informado de cómo iba evolucionando tu caso, y me aseguré de estar presente hoy. No quería que pasaras por esto solo —explicó Steve. Su voz era seria, aunque mostró su impecable dentadura en una sonrisa divertida antes de añadir—: Sam ha ofrecido a acompañarme, aunque creo que si ha venido es porque te ha cogido cariño.

—De eso nada —se apresuró a decir el aludido—. He venido porque quería conocer tierras exóticas. Si hubiera sabido que nos iban a traer directos a este edificio me hubiera desentendido completamente.

T'Challa y Korede se acercaron a ellos cuando aún se estaban riendo, como si fueran tres amigos que se habían reencontrado después de mucho tiempo en un contexto completamente cotidiano y normal y se estuvieran contando antiguas batallitas.

—Siento interrumpir, pero ya está todo listo —les dijo el monarca—. Cuanto antes empecemos, antes sabremos si lo hemos logrado.

Bucky volvió a echar un vistazo rápido al laboratorio. Todos los científicos estaban en sus puestos, esperando. Se fijó en un detalle que le había pasado desapercibido al llegar, y es que había algunos soldados wakandanos en diferentes puntos de la sala. Entonces, volvió a mirar a Steve y a Sam. Su presencia también se podía explicar atendiendo a la seguridad, por si las cosas se torcían y tenían que intervenir. Y le pareció bien. Si el Capitán América actuaba dado el caso, no habría nada que temer.

Asintió y cogió aire antes de dirigirse hacia la silla de acero que habían colocado en uno de los extremos de la sala. Estaba fija al suelo y contaba con varias sujeciones para el cuerpo. Se sentó en ella, y dos científicos comenzaron a fijarle a la altura de los tobillos, la cintura y el pecho. También sujetaron su único brazo.

Steve se había colocado a su lado mientras los científicos realizaban su labor, esperando. Cuando éstos terminaron se arrodilló frente a él, intentando transmitirle un último aliento de apoyo.

Ninguno de los dos dijo nada durante unos segundos. Bucky se encontraba de nuevo muy nervioso, y necesitó tragar saliva un par de veces antes de hablar. Su voz emergió temblorosa.

—Si vuelvo a perderme... Si el soldado toma mi lugar...

—Te encontraré —afirmó Steve mirándole a los ojos, sin darle tiempo a terminar. Bucky le dedicó una sonrisa cargada de cariño y asintió.

—No dejes que le haga daño a nadie —consiguió decir esto último con voz algo más de firmeza.

—No vas a hacerle daño a nadie. Tú no —le aseguró su amigo, haciendo hincapié en esas dos últimas palabras a la vez que levantaba el brazo y le acariciaba la mejilla.

Steve se incorporó finalmente y se dirigió hacia donde estaban T'Challa, Sam y Korede, cruzándose de brazos. Él también parecía nervioso, aunque lo disimulaba mucho mejor.

La científica se adelantó un par de pasos para colocarse frente a él.

—Bucky, ahora voy a pronunciar aquella lista de palabras que los soviéticos utilizaron para completar el entrenamiento del Soldado de Invierno y que lo trajeron de vuelta la última vez, ¿de acuerdo? En el caso de que éste volviera, no tendría por qué ocurrir nada: No le daremos ninguna orden que implique atacar —hizo una pausa para comprobar que lo había entendido—. Avísame cuando estés listo.


Steve observo cómo su amigo asentía, dando permiso a la mujer para proceder. Ésta cogió aire antes de empezar.

Desire, rusted, seventeen.*

Bucky pareció encogerse en la silla a la vez que apretaba el puño, cerraba los ojos e inclinaba la cabeza hacia delante. Los mechones de pelo que enmarcaban su rostro quedaron en el aire.

El corazón de Steve parecía un caballo galopante sobre un prado.

Dawn, stove, nine.

Bucky estaba inmóvil, pero seguía en completa tensión. Dios, que aquello acabara pronto.

Kind-hearted, homecoming, one, alone.

Un silencio absoluto reinaba en la sala. Steve no alcanzaba a oír siquiera las respiraciones de todos los que estaban allí presentes, que esperaban expectantes a que la científica pronunciara la última palabra.

Se dio cuenta de que él mismo no estaba respirando.

Freight car.

Ya estaba.

La mujer bajó el brazo con el que sostenía el papel con la lista y dio un paso al frente.

Tanto Steve como Sam se tensaron más de lo que ya estaban, preparados por si tenían que intervenir.

—¿Bucky? —tanteó ella. Si sentía miedo, sabía ocultarlo muy bien—. ¿Podrías decirme tu nombre completo?

Bucky —Steve rezaba con todas sus fuerzas para que fuera Bucky— relajó su cuerpo. Tardó unos segundos más en alzar la cabeza, pero finalmente lo hizo, y los miró a todos con una sonrisa, aunque su mirada estaba cargada de cansancio.

—Mi nombre es James Buchanan Barnes —dijo, por fin, con una voz llena de seguridad—. Pero ni se os ocurra llamarme así. Soy Bucky.


*No he encontrado la lista de palabras en español, así que las he puesto en inglés (de hecho, ni siquiera estoy segura de que estas sean las que se pronuncian en la película). Cuando vuelva a ver Civil War las comprobaré.