¡Hola! Hace bastante tiempo que deje olvidado este fic, pero volví, mejor tarde que nunca. Llegó de repente el ánimo y la inspiración, así que aproveché. Espero que se acuerden del primer capítulo porque ni yo me acordaba bien de las cosas xD. Recuerden que les advertí que no sabía ni cuándo ni cómo terminaría este fic y lo he cumplido xDD!. Les pido disculpas de antemano si encuentran algunos errores de redacción, creo que hasta perdí la práctica en la escritura, ojalá la recupere pronto.

Aclaratorias: Semi-AU. Muchas cosas coinciden con la trama original, otras me las inventé yo. ESTE FIC COMPLETO SERÁ ESCRITO DESDE EL PUNTO DE VISTA DE KILLUA –POV KILLUA- (Perdón si encuentran inconsistencia por esto xD)

Advertencia: Contenido Shonen-ai, yaoi y violencia. (+18). DRAMA, MUCHA DRAMA Y DEBATES MENTALES.

Disclaimer: Todos los personajes de Hunter x Hunter pertenecen a Yoshihiro Togashi.


Capítulo 2: Encontrándome.

El sonido incesante del reloj, me vuelve loco.

Estoy impaciente, no paro de contar los segundos para volver a ese recóndito lugar y descubrir quién es ese misterioso chico.

Lo sé, no debería estar tan animado, capaz él ni siquiera se encuentre allí, quizás fue un espejismo producido por mi mente por pasar tanto tiempo solo o quizás por querer escapar a la realidad que me rodea; pero, aunque lo fuera, no me importa, si mi único desahogo puede ser un invento fantasioso de mi imaginación lo aceptaré, como he aceptado el vivir una vida de asesino por tanto tiempo. Aunque ya no estoy muy seguro si eso en verdad es para lo que estoy predestinado; no cabe duda que soy bueno en mi trabajo, pero no me llena de ninguna satisfacción y más aun si mi familia lo ha tomado como un negocio, el dinero es un objeto sin importancia para mí por lo que matar lo es igual.

He estado pensando toda la noche y no puedo recordar ni un solo momento agradable. Encerrado bajo estos grandes muros nunca he conocido algo más a lo que hago en mi vida diaria. ¿Qué harán los niños normales al levantarse? ¿Cómo será la relación con sus familiares? ¿Qué harán durante el día? Es algo que me desconcierta. No es que yo quiera vivir sus vidas, simplemente quisiera experimentar algo diferente y encontrar aquello que quiero hacer. Y con ese joven tal vez pueda encontrar las respuestas a esas preguntas.

—Mmm… Hoy estás actuando muy raro Killu…

Yo estaba como todos los días amarrado de manos y pies, recibiendo mi hostigador entrenamiento. Los parpados pesados se abrieron con suavidad para solo observar donde me encontraba. Illumi como siempre cubierto de sangre, de mi sangre, penetrando esos negro e inexpresivos ojos en mi, queriendo leer mis pensamientos y deseando controlarme.

—¿Qué te ocurre? ¿Por qué no te burlas como siempre?

—Estoy aburrido de esto.

—¿Aburrido? Ese no es un motivo suficiente para esa aptitud tan mediocre. ¿Qué me escondes Killu?

—Si quieres que me burle como siempre porque no haces algo más divertido que esto, aniki…

Se enardeció silenciosamente, lo noté, para él era inaceptable que no fuese el centro de atención en mi vida. En su mente perversa de seguro sentía celos y rabia, siempre tan enfermizo, su amor retorcido me asqueaba por completo. —Oh… Ya veo... Quizás esto te divierta…

Esas palabras que pronuncie fueron una excusa para ocultar mis emociones pero no creí que eso conllevaría a tanto. Sentí como un poder espeluznante emanaba de él haciendo que el ambiente se pusiera hostil. Mi piel se erizó y el miedo que infundo en mí ser era tanto, que no podía ver a mi hermano sino una bestia, un demonio listo para devorarme.

Sacó sus garras y desgarró la piel que estuvo a su paso, sin inmutarse, olvidándose de quién era yo. Por primera vez grité y no por el dolor; sino que sentía que mi vida llegaría a su fin en ese instante. Me sorprendí, yo no le temo a la muerte, entonces ¿Por qué gritaba? Y a mi mente vino la imagen de aquel niño sonriendo y lo comprendí de inmediato. Yo quería seguir viviendo.

"¿Quiero seguir viviendo?"

Por fin había algo que quería hacer.

Illumi siguió golpeando y mi cuerpo sin fuerza por tal arrebato sucumbió ante su asombroso poder, trepidante; fui perdiendo el conocimiento y entre la oscuridad aun escuchaba la voz ronca que susurraba en mi oído palabras de provocación.

—¿Esto te divierte, no?—, murmuraba con gozo.

Reí a carcajadas con dificultad. No quería darle la dicha que deseaba, no mostraría mi debilidad ante él. Iracundo por no poder ver un rostro lleno de angustia, atravesó mi estómago con su mano empuñada, y ahora está listo para hacerlo de nuevo, para propiciar el golpe final y con esto aplacar su frustración.

—¡Amo Illumi!—, gritó Gotoh asustado.

Sus ojos volvieron a su inexpresiva forma, cayendo en cuenta de lo que ocurría. Creí por un momento que se arrepentía por esto pero descarte esa idea cuando se lamió con satisfacción el puño, degustando gota a gota, el sabor del rojizo líquido que se deslizaba sobre su piel. —Killu, no vuelvas a enojarme, sé un niño bueno y obedéceme.

¿Obedecerlo? Esa era su manera de decirme que debía rendirme ante él y complacerlo en todo lo que quisiese, hasta llenar su deseo implacable de poseerme. —Y-Y tu… N-No vuelvas a hacer... que aburra, aniki…—, dije mientras tosía lo que pensé era la última sangre que tenia.

Su se ceño se frunció ante tal comentario, y mirándome con desagrado hizo un movimiento rápido con su mano para limpiar la sangre que aún le quedaba, lanzándomela encima. — Atiéndelo, no puedo dejar que muera mi querido hermano.

Mis ojos se hicieron más pesados, y un frió desagradable me estaba rodeando. No sentía dolor, pero por dentro estaba triste; sabía que hoy no podría ver a aquel chico, hoy probablemente moriría, y pensar que acababa de descubrir que deseaba seguir viviendo.

—E-Está … está muy frio Gotoh…—, murmuré por alguna razón mientras miraba el piso enmohecido.

—¡Amo Killua!—, escuché a lo lejos y un segundo después me deje vencer por el sueño.

"¿Has oído eso?~"

"No he escuchado nada ¿Por qué lo preguntas?"

"Es la canción que se extiende por la tierra~"

"Oye, no entiendo nada, ¿estás cantando?"

"Killua, ¿no ibas a venir?~"

"¿Cómo sabes mi nombre?"

"Me prometiste que lo harías~"

"¡Responde!"

"…"

"¡Oye!"

Un dolor punzante apareció, haciendo que mis ojos se abrieran. Todo era borroso, sentía que la cabeza me iba a estallar. Recordé lo sucedido y solo suspiré. No era la primera vez que era golpeado brutalmente, no, solo que en está ocasión prácticamente sentí que iba a ser asesinado por mi hermano.

Alrededor de la habitación no se veía nada, como siempre, solo estaba la cama y un armario pegado a la pared, un aburrido y frío lugar que no estimulaba la imaginación para nada. Intenté levantarme pero el dolor en mi estomago me lo impidió.

—¡Gotoh!—, grité con desesperación, y en unos cuantos segundos apareció por la puerta mi mayordomo, con una cara de preocupación inevitable.

—¡Amo Killua! ¡Ya despertó! ¿Cómo se siente?

—Tengo un hueco en el estómago, ¿Cómo crees que me sienta?—, dije con ironía.

—Lo siento, solo quería saber si necesitaba algo.

—¿Saben mis padres lo que ocurrió?—, por alguna razón tenía curiosidad por la respuesta que recibiría ¿Por qué? Eso aun no lo sé, quizás quería tener un poco de esperanza y pensar que mi familia se preocupaba por mí de forma natural.

—Si…

—¿Y bien?

—Su padre no dijo nada al respecto, su abuelo se enojó un poco y solo dijo que el amo Illumi era un algo extremista. Su madre no pareció importarle, ya que su hermano dijo que lo hacía como entrenamiento, y sus hermanos tampoco han dicho nada al respecto, siguen con sus labores de siempre.

—Ya veo…

—Amo Killua, necesita algo más.

—¿Puedes ayudarme a levantar?

—Claro.

Al sentarme me di cuenta que yo no había sido tratado por un médico, pareciera que sólo recibí los primeros auxilios y esto lo deduje al ver como aun sangraba. —Gotoh ¿fuiste tú el que me auxilio?

—Sí. El amo Illumi me prohibió traer a un doctor, dijo que usted debía sanarse por su cuenta, sino no podría aguantar heridas más graves—. Me miró con lástima, queriendo compadecerse de mí, que si no hubiera sido Gotoh seguro lo hubiese eliminado.

No quiero que sientan lastima por mí, por haber nacido en esta familia ni por la vida que llevo. La realidad me golpea de nuevo, no valgo nada y no sirvo para otra cosa que no sea asesinar, tanto así que hasta un simple mayordomo se compadece de mí. No quería ver a nadie, y tampoco es que alguien quisiese verme, y eso me quedó muy claro con la explicación que me dio Gotoh. Ninguno tuvo la amabilidad de venir aun cuando estuve al borde de la muerte.

—Vete, quiero estar solo—, ordené.

—Llame si necesita otra cosa…

Lo miré con enojo, aunque él no tuviese la culpa de nada, necesitaba descargar mi frustración con alguien. —No quiero que venga nadie, y dile a mi madre o a Illumi que si lo intentan me suicidaré—, eso sería un golpe demasiado fuerte para ellos, perder a su gran heredero, de seguro obedecerán mi petición.

Él bajo la mirada ocultándola con sus gafas. —Entendido amo Killua—, dijo antes de retirarse.

Sentado en la cama observé esa puerta por varias horas, esperando aunque sea un reproche a mi pedido, pero nada ocurrió. Era definitivo, solo soy un simple objeto que usarían como parte de su plan familiar, a nadie le importaba realmente y hoy a mis trece años lo entendía por fin. Miré el reloj digital que estaba en la pared y marcaba las 10:00 P.M. Fue entonces cuando me acordé.

—¿Qué día es hoy?— Miré hacia varias direcciones buscando algún calendario o algo que me indicase la fecha. Y en ese instante recordé que tenía un pequeño reloj de pulsera en mi gaveta que además de las horas daba el día y el mes. Intenté acercar mi mano hacia el lugar pero un solo movimiento fue suficiente para abrir un poco más la herida. Deseaba saberlo, deseaba saber si podría cumplir la promesa.

Sin importarme un ápice el dolor desgarrador que sentía en mis entrañas, me moví, llegando hasta el sitio y vi que aun no había terminado el día. Tenía tiempo de ir a encontrarme con aquel joven.

Decidido, envolví las sabanas de la cama alrededor de mi cuerpo para detener un poco el sangrado por si se abrían las heridas de nuevo. Bajé hasta tocar el suelo, pero ahí me derrumbe, las piernas no respondían a mi mandato y lo peor era que no lograba encontrar mis zapatos. Me abofeteé para darme fuerzas y me levanté poco a poco, agarrándome del cabezal de la cama. Las rodillas temblaban como gelatina, odiaba esto, un ágil y "todo poderoso asesino" en estas condiciones.

"Si tan sólo fuera más fuerte", pensé. Nada de esto estuviera ocurriendo.

Respiré lo más profundo que pude y comencé a caminar. Cuando llegué a la puerta, tomé las llaves que estaban en el picaporte para cerrar la habitación al salir. —Si alguien se dignase a venir es mejor que este cerrada y piensen que estoy durmiendo o enojado.

Las paredes piedra de la mansión esta vez me eran de mucha ayuda, sus irregularidades me brindaban la oportunidad de afianzar mi agarre mientras caminaba, con un paso lento y silencioso, me desplacé por la tercera planta del gran edificio dirigiéndome hacia las escaleras traseras que daban hasta el sótano, nunca nadie iba allí, solo yo e Illumi cuando entrenábamos, así que me sentí seguro. Bajé suavemente hasta el segundo piso para luego ir al primero, ya cuando solo faltaban las ultimas escaleras para llegar al sótano el mundo se me vino encima, la poca fuerza que tenia se esfumó y rodé hacia abajo golpeándome fuertemente en el trayecto. La boca me comenzó a sangrar de nuevo, y si no hubiese sido por las sabanas que llevaba envueltas de seguro el daño ocasionado hubiera sido mucho peor. Para mi desgracia, las piernas ya no respondían, de por sí ya era un milagro que una persona que tuviese un agujero en el estómago estuviese consciente el mismo día del accidente, exigir que caminase como si nada era un abuso. A este punto, no me importaba nada, ya había avanzado demasiado como para volver y tampoco quería faltar a mi palabra, o tal vez mis ganas de ver a ese chico eran muy grandes como para importarme demasiado dicha promesa. Me arrastré como pude, poco a poco por el suelo áspero, no sé cuánto tiempo paso que al mirar alrededor todo se había oscurecido, supe de inmediato que me acercaba a mi destino y ahí pude oírlo.

"Con la luz de la luna

Más allá de las olas, se ve brillar una sombra…~"

—Es él…—, me emocioné al escuchar de nuevo esa dulce melodía y una energía desconocida me llenó por completo.

"Un fuerte vínculo está llamándome.

El atardecer del mar es reflejado en tus ojos...~"

Seguí hasta toparme con la puerta, lo difícil sería alcanzar la perilla pero con toda la fuerza de voluntad que quedaba dentro de mí ser, me apoyé sobre las rodillas ahora inquietas y tambaleantes, hasta que por fin pude girarla con suavidad.

"Estoy viendo hacia el lejano cielo...

Al igual que el flujo de un río no sabe nada del agitado mar…~"

Sosteniéndome con ayuda del umbral de la puerta entré con sigilo y me deshice de aquellas sabanas protectoras, debía tener un poco de orgullo y no aparecerme como un tipo con un pie en la tumba, esa no era la impresión que le quería dar. Caminé unos centímetros para acercarme a el arco que daba entrada a la habitación.

"No hay destino que no se pueda cambiar…~"

Cuando oí la última frase de dicha canción me desplomé y me senté apoyándome sobre bóveda de cemento, sin mirarlo a él, observando el suelo, cubriendo mis ojos con los mechones de cabello de mi frente. Fue gracioso y a la vez impactante que en este momento sus últimas palabras fueran esas. Estaba consciente que solo estaba cantando pero de nuevo sentía que el destino jugando conmigo. Esas palabras calzaban a la perfección a esos nuevos deseos que estaban surgiendo en mi interior. Yo comencé a creer firmemente que mi vida podía cambiar pero no sabía porque. Que quizás mi destino no estaba escrito en tinta, que podía borrarlo si yo lo deseaba así.

Él se exaltó al escuchar el estruendo en el suelo.

Lo observé con el rabillo del ojo, tratando de recuperar el aliento que había escapado por tan arduo recorrido. Abrió sus ojos con asombro, seguro no creía que yo hubiese vuelto. —¡Viniste!—. Su voz estaba llena de vida y emoción. —¡Qué bueno! Pensé que nunca volverías. ¿Cuántos días han pasado?

Ante su pregunta abrí los ojos de sobremanera, pensando que todo mi esfuerzo había sido en vano pero luego, respiré profundo tratando de comprender en la situación en la que se encontraba, y es que claro, el estar encerrado en una oscura habitación donde si apenas entra la luz del sol y sin nadie con quien hablar, hace que cualquiera pierda la noción del tiempo. En mi interior lo perdoné y más aun si él no tenía ni la más mínima idea de lo que estaba sucediendo. Capaz esa promesa no significo nada para él, y yo era un estúpido por ilusionarme tanto. En fin, yo estaba allí y mi corazón luego de ese vuelco de enojo comenzó a alegrarse, no estaba loco, es niño en verdad existía, eso fue un verdadero alivio. Perdido en mi pensamiento, escuché un grito ensordecedor. Y sin inmutarme mucho lo miré, observando su rostro lleno de horror.

—¡¿Qué te ocurrió?! ¡¿Estás bien?!—, dijo él. Se comenzó a remover con fuerza dentro de la jaula intentando zafarse, sin resultado alguno. —¿Te hicieron algo malo los secuestradores?

No entendía porque me decía todo eso, si yo estaba vestido, no se veían las vendas ni nada parecido. A no ser por unos cuantos moretones y rasguños en el rostro que eran ocultados por la oscuridad. ¿Cómo sabia?

—¡Estás sangrando!—, gritó con desespero.

Observé hacia abajo y un pequeño charco de sangre se estaba acumulando debajo de mí, ya entendía porque no podía recuperar el aliento, me estaba desangrando, esa caída por las escaleras no había sido tan leve como creía.

—¿Qué hago? ¿Qué hago? ¡Gritaré, a ver si alguien viene! ¡Ayuda! ¡Ayuda!— Estaba alterado y un tanto nervioso, nunca había visto alguien así de preocupado por mí. —¡Necesitas ayuda!—. Y con ese último comentario, ágilmente sujeto las cadenas que lo sostenían, se balanceó para ayudar a sus pies a llegar hasta los grilletes y les golpeó con sus talones tratando de romperlos. Entre el forcejeo y los constantes intentos por liberarse, sus ojos comenzaron a tornarse vulnerables y pávidos. Una lágrima salió de ellos un poco vacilante, queriendo no escapar, queriendo mostrarse fuerte, deseando poder llegar a una solución, pero era muy claro que estaba preso; no había nada que pudiese hacer. No le culpo, entiendo a la perfección esa frustración, lo que no comprendía del todo era porque se ponía así en este preciso momento, él no me conocía; no intercambie palabra alguna con él. ¿Por qué está tan preocupado? Solo soy un desconocido herido, no era algo como para actuar de esa forma.

Cuando el sonido de las cadenas se hizo más intenso, noté como su llanto ahora era incontrolable, de seguro por la impotencia, eso hizo que en mi estómago se formara un grueso nudo que me apretaba más y más. —Oye…—, susurré para mis adentros. —Oye…

Él no escuchó. Yo no quería hablar, todavía no quería decir nada, pero mi corazón comenzó a bombear más sangre de lo normal, haciendo aun más difícil la respiración. Y ya no pude aguantar más cuando vi pequeñas gotas de sangre decorando sutilmente el fondo de esa jaula de metal, provenientes de sus muñecas ensangrentadas por tanto forcejear. —¡Detente!—, grité con fuerza.

Aquel sonido se detuvo y él volteó a verme sorprendido. —Pero tu…

—Estoy bien—, contesté algo enojado.

Él guardo silencio.

Estiré el brazo para alcanzar las sabanas que había desechado en el otro pasillo; con ellas en mano, me levanté despacio tratando que mis rodillas no fallaran de nuevo. Al encontrar la firmeza necesaria caminé sin presura hasta la jaula y me senté ahí apoyando la espalda contra los barrotes. Ignorándolo, tomé una de las puntas de la tela y la rompí para formar una especie de vendaje y lo até con firmeza alrededor de mi torso. Suspiré mientras observaba el techo que curiosamente está cubierto de algún tipo de enredadera, seguramente el agua se filtraba por algún lado y les proveía los nutrientes necesarios para crecer. Y ahí, mirando aquel rincón de la techumbre las palabras salieron solas. —Estoy bien, no tienes que preocuparte por mí…—, dije con suavidad.

—Pero estás sangrando…

—Tú también lo estás, así que ese no es ningún motivo para alterarte por alguien que no conoces.

—¡Tu eres mi amigo! ¿Cómo no podría preocuparme?—, expresó con entusiasmo.

"¿Amigo?" Esa palabra estaba prohibida en nuestra casa, tan prohibida como esas palabras obscenas que no deben ser pronunciadas por ningún niño. Escucharla después de tanto tiempo, me recordó por un segundo muy malos momentos.

Como cuando escape un día de casa y me escondí de un campamento cercano a nuestra montaña, donde niños de todas las edades pasaban sus vacaciones compartiendo con la naturaleza, intente buscar algunos "amigos" pero no paso mucho tiempo cuando mi hermano Illumi me encontró y aniquiló a todos los que se encontraban en ese lugar. "Tú no necesitas amigos" fue lo único que dijo. Y desde entonces no había vuelto a pensar en ello. Un amigo era demasiado para alguien como yo, no merecía tener un amigo, pero en mi interior deseaba saber que se sentía el tener uno.

—¿Qué te ocurrió? ¿Seguro que estas bien?—, siguió insistiendo al ver que yo no le respondía.

"¿Amigo?" ¿Una persona como yo?¿Teniendo un amigo? No podía creerlo. ¿Se me permitiría algo como eso?

—¿Yo soy tu amigo?—, mencioné con duda.

—Claro, que lo eres—, afirmó con toda la sinceridad del mundo. Esto era demasiado increíble para ser cierto, estaba incrédulo, era imposible, un asesino como yo.

—¿Cómo podemos ser amigos? No sabes quién soy y ni siquiera sabes mi nombre.

—Si lo somos, hemos conversado todo el día la última vez que nos vimos, eso nos convierte en amigos, ¿no?

Me quedé callado, intentado ingerir las palabras de este chico, ingenuas pero muy sinceras. Muy dentro de mi comenzó a brillar una pequeña luz, que me brindaba la posibilidad que algo podría cambiar, que de hoy en adelante todo sería diferente pero era complicado saber con certeza de que se trataba. —No lo sé…— susurré con vacilación

—Me llamo, Gon, Gon Freecss.

—Mi nombre es Killua…—, volteé y por primera vez nos vimos cara a cara. Yo Killua Zoldyck me pasmé; sus ojos eran como dos perlas brillantes bañadas por el rocío del mar, puros como si nada pudiera corromperlo y tan transparentes que podía ver el fondo de su alma. Nunca había visto unos ojos así, nada comprados a los inexpresivos ojos de mis familiares. Su rostro lleno de simpatía y amabilidad me conmovió, haciéndome sentir nervioso.

—¡Hola, Killua! ¡Estoy muy feliz de conocerte!—, comentó con alegría. Su gran sonrisa me desconcertó, ¿Cómo alguien podía estar tan feliz por conocerme?

—¿Por qué lo dices con tanta emoción?

—¡Porque tú eres Killua mi nuevo amigo! ¡Seguro nos la llevaremos muy bien!—, siguió sonriendo intentando que yo diera una respuesta, pero no pude. Había un cumulo de emociones en mi pecho que no comprendía.

El silencio reinó por unos minutos.

Una suave brisa entró por la pequeña abertura de la pared moviendo nuestros cabellos a su paso. Sentí una paz inexplicable y un cálido sentimiento dentro de mí. Ahí lo supe, que Gon sería la persona indicada para ayudarme a descubrir que es lo que quiero hacer con mi vida. Un amigo. Un amigo era lo que yo necesitaba y por primera vez tuve la sensación de que me encontraría a mi mismo en esta travesía.


Bueno hasta aquí, espero que les haya gustado. Recuerden que este fic es de drama y como Killu es el protagonista habrá muchos debates mentales propios de él, generalmente me gusta hacer comedia y mucho romance pero este no será el caso (Habrá romance, pero no del empalagoso x3).

Saludos y no olviden dejarme un review, ya sea insultándome por dejar esto botado o animándome para continuar, cual sea la razón; los dos me harán muy feliz xD…

Byebye.