¡Hello a todos! La muerta apareció, volví, para ver si algún día termino este fic xD! Me disculpo de antemano por dejar esto botado, es que la uni, el trabajo, la pereza, la casa y la falta de imaginación me habían impedido continuar, pero en estos días me llegaron unas notificaciones de que hay aun personas que están siguiendo este fic y me emocioné de nuevo. No me gusta defraudar a las lectoras. Sé que se siente el querer ver el final de una historia incompleta (LouderSpeaker si estás leyendo esto te pregunto ¿cuándo terminaras Forbbiden? xDDD Es mi fic platónico, lo amo *-*!). En fin, acá el capítulo, cortito pero sustancioso. No hago los capítulos tan largos porque tanto jaleo mental aturde a cualquier lector xD, hasta a mí que estoy escribiendo. :P. ¡Que lo disfruten!

Aclaratorias:Semi-AU. Muchas cosas coinciden con la trama original, otras me las inventé yo. ESTE FIC COMPLETO SERÁ ESCRITO DESDE ELPUNTO DE VISTA DE KILLUA–POV KILLUA- (Perdón si encuentran inconsistencia por esto xD)

Advertencia:ContenidoShonen-ai, yaoi y violencia. (+18). DRAMA, MUCHA DRAMA Y DEBATES MENTALES.

Disclaimer: Todos los personajes de Hunter x Hunter pertenecen a Yoshihiro Togashi.


Capítulo 3: Encontrando amistad

Solo retumbaba en mis oídos el suave cantar de mi ahora nuevo mejor amigo, es gracioso decir "nuevo mejor amigo" ya que nunca tuve uno. Pero esa es la expresión que le di para no ponerle un toque de tristeza a esa infancia deplorable y solitaria que tuve.

Su voz, dulce y apacible me relajaba, ayudando a que nos sintiéramos en el mismo paraíso. Y como no estarlo, si la brisa nos brindaba el más refrescante de los amaneceres, acompañado del cantar de los pájaros que saludaban amigablemente.

El sol bañaba todo el hermoso sendero que estaba cubierto por una fina capa de grama que se perdía ante mi vista, que paisaje tan majestuoso y no lo era simplemente porque lo era, sino que tenía una magnifica compañía que me daba una completa serenidad. Me encontraba recostado sobre las piernas firmes de él, las caricias que hacía sobre mi cabello eran tan gentiles, como si yo fuese lo más preciado del mundo. Estaba a gusto ahí, no quería moverme. Deseaba disfrutar de aquel pedazo de felicidad que se me brindó, a mí; un ser que no merecía nada pero que con este momento se me estaba dando la gratificación más grande que hubiese recibido en mi corta vida. Y allí en ese pequeño pedazo de cielo una paz irrompible imperó.

Pero, en un instante; la canción se detuvo y eso me alertó.

—Viene alguien…— escuché a lo lejos.

Abrí los ojos sorprendido, despertando de aquella utopía inventada por mi mente. Enseguida miré el rostro de Gon, el cual se encontraba a mis espaldas en aquel encierro. Sus facciones eran de total seriedad y no dejaba de observar hacia el umbral que dividía las dos habitaciones. Entendí de inmediato lo que pasaba e intenté agudizar mi oído para percibir cualquier indicio de algún visitante, solo pasaron unos minutos; unos largos minutos, cuando por fin logré detectar los pasos de un inesperado invitado.

Aunque tenía poco tiempo de conocerlo, me asombró el rostro que puso ese niño, con una mirada cautelosa que no se había desviado ni un solo segundo de su posible objetivo. Este no era el dulce y sonriente que siempre me mostró, ni tampoco el melancólico que vi antes de conocerle. Era un rostro lleno de valor y convicción diría yo que inquebrantable, ante tan increíble vista trague grueso y un frío me recorrió el cuerpo. Eran actitudes que no se me dieron a conocer antes o que simplemente nadie de mi alrededor las poseía.

—Alguien se acerca— Volvió a decir, como indicándome que nada bueno pasaría si me encontraban. Pensándolo bien, él tenía toda la razón, si alguien se enteraba que yo venía a este lugar, de seguro me lo prohibirían o posiblemente le harían algo a Gon. Debía guardar este pequeño secreto si deseaba seguir pasando tiempo con él, no desperdiciaría esta oportunidad por ningún error.

Aún no salía de mi asombro, ya que a pesar de todo mi entrenamiento no fui capaz de escuchar que alguien se acercaba sino cuando ya se encontraba a una distancia corta, definitivamente este chico tenía habilidades extraordinarias, tal vez por eso se encontraba aquí; pero este no era el momento de divagar sobre ese asunto. Tenía que esconderme.

De nuevo tomé las sabanas para envolverlas alrededor de mí, mientras hacia un rápido sondeo del lugar. Poco fue el tiempo que se me dio para buscar un buen sitio y ocultarme, pero cuando aun no lo había logrado, sentí una presencia cerca lista para adentrarse, lista para mover la perilla. Apresurando mi búsqueda, lo primero que divisé fue un viejo librero.

No hubo un lapso suficiente para pensar, lo único que se me ocurrió fue en usar una de las técnicas básicas del asesinato, para desaparecer entre la oscuridad y ese mobiliario, esfumando por completo mi presencia. Gon me observaba con detenimiento y cuando por fin logré mi cometido; me brindó una sonrisa que me dejó intrigado. Parecía aliviado, además no le sorprendió que yo tuviera tan buena destreza escondiéndome. Posteriormente cerró sus ojos y suspiró.

Todo mi ser no estaba preparado para lo que seguía, ya que un segundo después se mordió las muñecas anteriormente lastimadas con violencia, haciendo que sangrara de sobremanera desde aquella herida. La sangre bajaba lentamente desde la abertura y se esparcía por sus brazos hasta perderse en un recorrido tortuoso por su piel morena.

Mis ojos no daban fe a lo que veía.

"¡Hey! ¿Por qué demonios hiciste eso?"

Él se quedó ahí esperando calmadamente y sus ojos se abrieron lentamente para divisar quién era el intruso.

Para mi sorpresa, era alguien que conocía a la perfección, hasta me vi tentado a salir, pero algo me detuvo y eso fue la intensa mirada que me dirigió Gon por un segundo. Dejando claro que no debía hacerlo.

"¿Gotoh? ¿Qué demonios haces aquí?"

Era lógico que me hiciese tal cuestionamiento, ya que él era mi mayordomo personal desde que fue contratado, aunque además de eso era el encargado del resto de los mayordomos. Él nunca haría una tarea tan simple como traer de comer a… ¿Un prisionero?

"Rayos, ¿Quién demonios es este niño?"

No era normal, nada de lo que estaba pasando era normal. No existían tal cosas como prisioneros en esta casa, Gotoh no hacia trabajos de servidumbre a un desconocido y hasta Illumi se portaba de forma diferente. Desde que lo encontré cosas muy extrañas ocurrían.

Gotoh traía consigo una bandeja con una pequeña vasija, un plato con un pan y una especie de ensalada. También traía una toalla. Caminó lentamente y con toda la elegancia que lo caracterizaba, para después; sin mediar palabra, abrir la jaula y soltar los grilletes, haciendo que Gon cayera al suelo de golpe. En este momento él levantó la vista con velocidad e intentó salir corriendo, tratando de pasar entre el hombre y la puerta de la jaula. Era ilógico hasta para mi, intentar enfrentarme a él, aun yo no poseía la habilidad para encarar al jefe de los mayordomo. Todos nuestros empleados poseía destrezas únicas, y no solo eso, ellos eran entrenados desde el primer día que llegaron a este lugar. Todos era fuertes, pero Gotoh era extremadamente fuerte. Es inútil tratar de huir.

Gotoh enseguida lo tomó con su mano libre jalándolo bruscamente. Gon se agitó con violencia haciendo un mohín para liberarse. Por el ajetreo, su sangre salpicaba por todo el lugar, pude ver completamente su cuerpo teñido por el rojo líquido, gota a gota el suelo se cubría dejándolo como si de un campo de batalla se tratase, como si fuese la escena de uno de mis asesinatos. Un dolor fuerte en mi cabeza me hizo flaquear por unos instantes. ¿Por qué esto me estaba afectando tanto? Recuperé el aliento y seguí observando, mientras mi corazón se revolcaba dentro de mi pecho, inquieto, desorientado; tratando de recordar como latir de nuevo.

Él forcejeó nuevamente con toda su fuerza, haciendo más brusco el altercado cada minuto. Pude deducir por la cantidad de sangre perdida que esa herida había sido muy profunda, quizás llegando a cortar sus venas.

"¿Qué haces estúpido? Te vas a morir si sigues haciendo eso".

Tuve que controlar todo mi espíritu para no salir a ayudarle en ese mismo instante. Me sentía inútil viendo como prácticamente se desangraba delante de mis ojos.

En un instante se detuvo y su cuerpo se tambaleó. Estaba débil, se podía ver a simple vista. Esto pintaba mal, si seguía así, seguramente no lograría contarlo, moriría. Un nuevo mareo apareció, haciéndolo caer en lo brazos de mi mayordomo.

—Ya no pelearé más—, dijo ese tonto poniendo de nuevo esa sonrisa radiante que solo él podía hacer.

Yo estaba atónito, no entendía nada.

—Señor, estoy listo.

Ante estas palabras, Gotoh bajo la charola colocándola en el suelo. Tomó a Gon por la cintura alzándolo como un pequeño niño, éste se quejó por el trato que estaba recibiendo y lo último que vi fue como entraban a una habitación contigua que yo no había detallado por la oscuridad y posteriormente la puerta se cerró.

"¿Qué es todo esto? ¿Qué debo que hacer? No creo que Gotoh le haga nada malo… Aunque si se lo ordenaron... él no dudaría en hacerlo." Entré en pánico por unos instantes hasta que comencé a escuchar la voz de Gon riendo fuertemente.

—¡Deténgase señor, eso me hace cosquillas! ¡Yo puedo solo!—, decía entre risas, pequeños gritos y un notorio berrinche.

A este punto ni siquiera sabia que pensar. Esperé y esperé, luego de algunos minutos Gotoh salió de aquella habitación y se paró en la puerta resguardando que el prisionero no escapara.

No sé cuánto tiempo transcurrió pero cada segundo que pasaba era un suplicio, la tensión contenida en mi era grande, tenía miedo de ser descubierto, tenía miedo de que algo malo le pasará y una gran cantidad de interrogantes me estaban carcomiendo. Segundos lentos y silenciosos.

Mi alivió llegó al escuchar abrirse la puerta. —Ya terminé señor—, vociferó Gon saliendo tranquilamente después de un rato. Estaba sorprendido y no por el hecho de que al parecer ese niño no tenía ni un gramo de pudor al salir totalmente desnudo como si todo estuviera de lo más normal; sino, porque todo el bullicio de hace un momento era porque estaba tomando una ducha. Salió de allí reluciente como sol, ahora con unos vendajes puestos en sus muñecas. Nada del espectáculo que yo acababa de presenciar parecía haber tenido ninguna importancia. Parecía como si hace tan solo unos minutos no hubiese estado a punto de morir.

Ese pelinegro entró normalmente a la jaula y mi mayordomo lo siguió. Procedió a darle la bandeja y él gustosamente devoró todo. De nuevo fue esposado y encerrado pero esta vez no puso ninguna resistencia.

Gon al ver que el hombre se marchaba pronunció con una enorme sonrisa: —Adiós señor, gracias por cuidar de mi.

Éste giró a verle y acomodó sus lentes antes de hablar. —Señor Gon, tenga cuidado.

Y antes de irse por un instante creí que dirigió su mirada a hacia donde me encontraba, aunque tal vez fue mi imaginación. Era imposible que supiese que yo estaba oculto en aquel lugar, mi técnica era perfecta. Cuando oí que la puerta se cerró y me cerciore que las pisadas se alejaron, salí rápidamente de mi escondite, bastante exaltado.

—¡¿Qué te pasa?! ¿Por qué hiciste todo eso? ¿Por qué te lastimaste? ¡Si seguías perdiendo sangre de ese modo pudiste haber muerto ¿Lo sabias?!— Mientras continué gritando sin control, diciendo todo lo que por mi cabeza pasaba, me di cuenta que él me observaba con unos ojos de sorpresa y poco a poco una sonrisa estúpida se asomó en su rostro. Esto me enfureció de sobremanera ¿Acaso lo que estaba diciendo era un chiste? Me tenía realmente furioso. —¿De qué ríes estúpido?

Sus ojos se enternecieron y su sonrisa se hizo más grande. —Killua, gracias por preocuparte por mí, eso me hace muy feliz y aun más por que me estás hablando tan familiarmente.

Me sonrojé ante su aclaratoria y guarde silencio. ¿Qué clase de comentario es ese? ¿Por qué a pesar de que le grité me brinda esa cálida sonrisa? No entendía nada, no sabía que pasaba en mi interior cada vez que este chico hacia un simple gesto que no podía comprender. Un frío helado se apoderó de mí; pero, al mismo tiempo el calor que sentía en las mejillas era sofocante. Estaba avergonzado. Y por primera vez lo estaba. Opté por sentarme en el suelo. Mi cuerpo no pudo con tanta carga, necesitaba estar sobre algo firme o mi cabeza golpearía el pavimento. No sé que rostro pude tener en ese momento pero noté como se asombraba por mi reacción pero no dejaba de sonreírme.

—Lo hice porque el piso estaba cubierto de tu sangre, Killua, sino hacia nada seguramente ese señor se hubiese dado cuenta que alguien estuvo aquí, y te buscaría por todo el lugar—, me respondió luego de un rato de silencio absoluto. —No quería que te pasara nada, estas personas parecen muy peligrosas. Y tu también estas herido, no podía dejar que te arriesgaras estando en ese estado.

Y ese fue el momento que cambió mi vida por completo.

"¿Este niño hizo todo eso por mi?"

Por alguien que no conocía, por mí que era un vulgar asesino sin valor alguno, por quien su familia es la culpable de que este encerrado aquí. ¿Cómo podía ser tan amable? ¿Acaso todas las personas afuera eran así?

"Es imposible"

Solo él haría esto, porque se preocupa por mí, por lo que me suceda.

La mente entró en un caos difícil de explicar, las neuronas hacían un sobresfuerzo para procesar dichas palabras y que estas tuvieran sentido para mí. Sus intentos eran en vano, nada encajaba, nada era como yo sabía, se me enseñó que la seguridad personal es asunto de cada uno. Si una persona cae delante de ti, no hay tiempo de ayudarle, lo más importante era tu vida y esa persona tenía que ser suficientemente fuerte para salvarse a sí misma. Arriesgar tu preciada vida era un desperdicio sin recompensa alguna. Era inútil. Era como desear que una piedra flote en el mar. Claro está, que entre familia esto no debía ser así, o por lo menos eso me hicieron creer, pero la realidad era otra. Nuestra familia aparentaba ser la "GRAN FAMILIA ZOLDYCK", fuerte y unida. Qué triste ironía, aquí cada quien vela por sus propios intereses sin importarle los sentimientos o deseos de los demás. Nuestra familia es basura. Ellos nunca se preocuparían por mí.

"Pero... ¿Gon se preocupó por mí?", flaqueé por un momento, intentando creer que eso podía ser posible. "¡Imposible! -refuté- ni mi familia se inmutó por lo que me hizo Illumi. ¿Quién es este niño? ¿Porqué arriesgó su vida de tal modo?"

Mi cabeza estaba hecha un lío entre tantos pensamientos contradictorios. Esto me produjo miedo por alguna razón y debido a ello comencé temblar.

"¿Lo hizo por mi?"

Cuando asimilé esas palabras, quedé tan asombrado que mi cuerpo sintió lo estragos de inmediato. Mi estómago no pudo aguantar la presión producida por todo aquello y unas nauseas sin fundamento alguno aparecieron, haciéndome correr hasta lo que creí por lo ocurrido, que era un baño. Vomité repetidas veces en el retrete. Que sensación tan espantosa. La respiración se me dificultaba y cuando guíe mis ojos hacia el suelo observé mis pies ensangrentados.

Era la sangre de Gon.

Me horroricé, aun no sé el porqué; ya que estoy acostumbrado a ver sangre, pero esta era muy diferente a cualquier otra, era la sangre de Gon. Las nauseas se hicieron presente repetidas veces, acompañadas por un fuerte dolor de cabeza que me producía mareos descontrolados.

—Oye Killua, ¿estás bien?—, escuché desde afuera pero no le respondí.

No quería salir, no hasta que me tranquilizara y dejara de temblar. No dejaría que me viese en ese estado sería tan patético.

"¿Qué me ocurre?", pensaba con desesperación, yo no era débil, ¿Por qué este niño me volvía tan frágil y vulnerable? "¡Rayos! ¿Qué ocurre conmigo?"

Me quedé allí tratando de esconderme de mis propias emociones, anhelando encontrar una respuesta para mi confusión, es que si bien; yo nunca experimenté tales atenciones, dentro en alguna parte de mi ser lo deseaba. Tanto mi cuerpo como mi mente aun no estaban preparados, por lo que fue un impacto descomunal para ellos.

Pasadas unas horas, por fin decidí salir. El tiempo que pasé en ese oscuro y extrañamente limpio baño; me ayudó a comprender que debía aceptar la posibilidad que existían personas bondadosas y gentiles en el mundo. Lo más importante de todo es que me fue brindada la oportunidad de conocer a alguien así, esto debía ser obra del destino, como lo deduje antes; no fui destinado a estar con esta familia, por ello el destino jugó a mi favor, demostrando mi teoría, permitiendo conocerlo a él.

Cuando me acerqué hasta la jaula Gon se encontraba con los ojos cerrados y sin moverse, al principio pensé que algo había ocurrido, pero al escuchar unos leves ronquidos, supe que dormía; luego de toda la pérdida de sangre no se me hizo extraño.

Me senté cerca de la jaula y lo miré. Parecía un bebé durmiendo. Tan inocente. Viéndolo mi corazón comenzó a latir, deseaba tocarlo; necesitaba sentir que era real. Traté de estirar el brazo para palparlo pero la jaula era bastante grande y él se encontraba apresado en todo el centro de ésta. Desde ningún lado podría alcanzarle, ni tocar ni un centímetro de su piel.

Un suspiro inminente surgió al fracasar en el intento, a pesar de eso, igual me alegraba que él estuviera ahí y que de ahora en adelante sería mi amigo.

Algo estaba claro, yo había sido derrotado por él, por su forma de ser y su buen corazón.

Mi frente tocó los fríos barrotes para sostener el gran peso esos pensamientos confusos que me rondaban. Luego de meditarlo, mi corazón decidió que ya no debía ser tan antipático y cauteloso con él. Ya me demostró que es alguien en quien pudo confiar, que no dudaría dos veces en arriesgarse para ayudarme.

Estaba feliz, yo tenía un amigo de verdad y este se preocupaba por mí. Eso me bastaba.

De mis labios broto una risa, al entender que era alguien muy afortunado por conocer a este niño llamado Gon. Estaba contento por ello, por lo tanto; yo haría lo que fuese de ahora en adelante para que él estuviese bien.

Lo primero que tenía que hacer era recuperarme por completo para no causarle más problemas de lo que obviamente ya tiene, para después descubrir el motivo por el cual se encuentra aquí. Quizás con eso podría ayudarle a escapar o por lo menos ayudarle a estar más cómodo.

Me levanté rápidamente; al parecer, las fuerza que hace un momento me habían abandonado, regresaron; tal vez por lo feliz que me encontraba. Lentamente y con mucho pesar de no haberme podido despedir, me dirigí a mi habitación con total seguridad de que pronto me encontraría con la verdad que me libraría de esta "prisión" llamada destino.


Aquí terminó esta tortura xD, que difícil me ha resultado este fic. Espero que les guste o por lo menos que lo lean por simple curiosidad. Prometo que trataré de publicar más seguido, es una meta que me he puesto. Aun no sé cómo seguirá esto, espero que no les aburra, sé que están acostumbradas a que escriba cosas más románticas y de comedia pero bueno esto es algo diferente (o quién sabe, capaz se vuelva otra cosa. Vea el próximo capítulo para enterarse xD). Escríbanme un review para felicitar, para criticar, para destruir, para enviarme besitos, para ideas o sugerencias, para molestar o simplemente para hablar de KiruGon, todo es bien aceptado y me hace muy feliz (Hasta los review malos xD).

Nos leemos en el próximo capítulo.

PD: Muchas gracias a todas las que me han dejado review y que están siguiendo esta historia loca! Ustedes hacen que me esfuerce por continuar escribiendo *-*!

Saludos.

Byebye!