¿Hola? ¿Hay alguien ahí? No me sorprendería que no lo hubiese pero bueno… El deber no me permite dejar el fic botado y me hace escribir esta tortura. Qué difícil es tener ideas y cuando las tengo no sirven de nada, porque el fic se escribe sólo y no como yo quería. Ese es el misterio de la escritura. xD…
Aclaratorias: Semi-AU. Muchas cosas coinciden con la trama original, otras me las inventé yo. Este fic completo será escrito desde el punto de vista de Killua –POV Killua—
Advertencia: Contenido Shonen-ai, yaoi y violencia. (+18). DRAMA, MUCHA DRAMA Y DEBATES MENTALES.
Disclaimer: Todos los personajes de Hunter x Hunter pertenecen a Yoshihiro Togashi.
Encontrando diversiones
Un tenue olor a incienso de rosas, perfumaba todo el lugar haciendo que mi nariz se deleitase de ello. Me gustaba mucho este pequeño rincón de fantasía que habían construido y era de fantasía porque no congeniaba con el ambiente lúgubre y terrorífico de esta casa. Mi mente quiso por un segundo desviarse de lo que tenía en frente y observar cada detalle arquitectónico y decorativo del sitio, sólo para no prestarle atención a la reacción exagerada de esa mujer. Suspiré con desgano cuando su ensordecedor gritó me perturbó. Le miré con seriedad dejándole en claro que mis palabras no eran en juego.
Ella dio un alarido bastante sonoro mientras se ponía de pie para acercarse hasta donde yo estaba. —¿Kil, eso es cierto? ¿No estás jugando con el corazón de tu madre?
—No estoy jugando, estoy 100% seguro de lo que estoy diciendo.
Ver su sonrisa psicópata era muy desagradable, seguro por su mente pasan toda clase de pensamientos enfermizos, listos para crear un itinerario o tal vez un plan descabellado con el propósito de enseñarme a ser el mejor sucesor de todos los tiempos.
Tonterías.
Cuando sus manos intentaron tocar mi cabeza, todo mi ser se enardeció mostrándole un rosto de completo odio y repudio. Me hervía la sangre al imaginar que esa mujer pondría un dedo sobre mí, la odiaba demasiado. La odiaba tanto que estar en la misma habitación me producía repulsión. Su forma de ser, su mente perversa, sus palabras, su falta de tacto para con sus hijos, todo eso lo detestaba y estaba sellado sobre mi carne. Quizás por eso me odiaba a mí mismo, el sólo pensar que mis huesos, mis órganos, mi piel, mi cabello y mis ojos, fueron formados por ese sucio útero durante nueve meses, que tuve que comer de sus entrañas y que compartíamos hasta el mismo latido. Es impensable. Es nauseabundo. Ni siquiera entiendo porque mi padre puede tocarla sin sentir asco y que de hecho la haya usado para tener a sus cinco hijos. Quien en su sano juicio podría, ni siquiera lo acepto si fue por fines reproductivos, no; que locura ha cometido mi padre.
Esta tan enferma que mi advertencia silenciosa no la molestó, sino todo lo contrario; se emocionó, y comenzó a derramar lágrimas de felicidad. —¡Estoy tan orgullosa de ti! ¡Mi hijo, mi gran orgullo!
Le ignoré nuevamente y traté de contener las ganas desenfrenadas de abrirle la garganta para que no volviera salir ningún quejido de sus cuerdas vocales, pero respiré profundamente, aguantando, analizando, sobreponiendo mi orgullo por mi querido amigo Gon. —Madre…—tuve que hacer una pausa para contenerme mejor y hablar calmadamente—…quiero participar en más trabajos.
—¡Por supuesto Kil! ¡Hablaré con papá para que te tome más en cuenta!—, cerró su abanico con fuerza para alardear con felicidad sobre el esplendido hijo que tenía. Ojalá fuera cierto que le importase. Lo único que le importa es que herede el linaje familiar. Si sus sentimientos hacia mí fueran los de una madre normal, ni siquiera me hubiese permitido decir las palabras que acababa yo de pronunciar. No sé porqué me sigo sorprendiendo, y eso me enfada de sobremanera porque me da a entender que muy dentro de mí tengo una absurda esperanza de tener una familia normal.
Me esparramé de nuevo en el mueble, sin importarme el regaño que había recibido hace unos instantes, y que ahora debido a la emoción ni siquiera le importaba a ella. Mis hermanas me miraban desde la mesa con un rostro de lleno de angustia y con algo de preocupación. Les brindé una sonrisa forzada para aliviarlas pero ellas se asustaron al verme. No sé que les pasó por su cabeza pero a mí me produjo mucha gracia verlas así.
Suspiré con fuerza haciendo retumbar un bufido por toda la habitación.
"Waa, por alguna razón eso me puso de buen humor, sí que son tiernas mis hermanitas". Recobré la compostura y me levanté dirigiéndome a la puerta. Antes de salir volteé y clavé la mirada en el suelo.—Madre… tengo una petición…
—Dime Kil, ¿qué es lo que deseas?
—Últimamente estoy muy aburrido, y… me entraron ganas de coleccionar juegos de mesa…—ella parecía confundida ante mis palabras—quería proponerte que por cada trabajo bien que realice, me compres un juego nuevo.
Dentro de mí dudaba mucho que este plan funcionase, no era normal que yo hiciese este tipo de peticiones, todo lo que se me daba era porque ellos pensaban que me lo merecía o porque era fundamental para mi crecimiento. Nunca tuve voz ni voto, además los únicos caprichos que alguna vez tuve estuvieron relacionados con dulces. Esto debía ser una petición extraña de mí parte.
—Eso es absurdo, no necesitas andar jugando con esas cosas—, todo se iba al demonio ¿Qué haría un niño asesino de 13 años con juegos de mesa? Es un cuestionamiento lógico hasta para mí. Era el momento preciso para hacer funcionar mi cabecita y encontrar algo que la disuadiera, ella era la única a la cual podría pedirle este tipo de cosas. Era mi madre después de todo ¿no? Además era la única loca y desquiciada de esta familia.
—No es para jugar, es para coleccionar—expliqué—, como no me dan dinero por mis trabajos de asesinato porque aún soy menor de edad, te pido como tu hijo que me concedas ese capricho.
—No estoy segura de eso…—, no… Si esto seguía así, no podría convencerla. ¿Qué podría hacer? ¿Qué es aquello que la vuelve más vulnerable?... ¿Yo? ¿Su hijo heredero?
—Quizás… No es tan buena idea entonces tomarme enserio el trabajo…—, puse una carita triste y desganada como haciéndole entender que no tenía ningún beneficio para mi ser un asesino de élite sino cumplía mis caprichos.
Se sorprendió y seguro algo dentro de su ser la alertó, que no podía dejar perder esta oportunidad. Capaz yo nunca volvería a decirle esas palabras de nuevo y me rehusara otra vez a ser el sucesor de este inmundo linaje familiar.
—¡Esta bien Kil! Pero debes mantener el secreto de papá e Illumi, ellos no me permitirían darte esa clase de favoritismos. Además, en cuanto vea que no estás dando todo de ti eso terminará—. El miedo que sentía era claro, porque si ellos se enteraban de esto la regañarían de seguro, era totalmente innecesario que me dieran cosas que no tenían ningún beneficio para mi entrenamiento, pero como toda mujer desquiciada prefirió no arriesgarse y tomar esta oportunidad antes que fuera tarde, aun si eso significara tener un secreto para su esposo. Después de todo era una de las cabezas de la familia, si según ella esto era una buena idea la llevaría a cabo costara lo que costara.
Le guiñé un ojo y le sonreí tiernamente para hacerme el interesante. —Que divertido, este será nuestro pequeño secretito entre madre e hijo…
Alluka y Kalluto, dejaron caer sus tazas de té sobre la alfombra, perplejas por lo que acababan de ver.
La mujer me miró estupefacta, incrédula de lo que sucedía y acto seguido cayó de rodilla al suelo, sonrojada, limpiándose con un pañuelo lágrimas de emoción.
—Adiós—, pronuncié antes de marcharme por la puerta.
Ya afuera, respiré profundo y me coloqué en cuclillas mientras me alborotaba el cabello con violencia. "Demonios, todo lo que tengo que hacer por ese niño". Guiñarle un ojo a mi madre y darle una sonrisa. "¡Ahhh, no podré recuperarme nunca!" Esa imagen mental me perseguiría por mucho tiempo.
Caminé pateando el aire, maldiciendo a todo lo que veía hasta llegar a mi habitación. Me tumbé sobre la cama pensando aún si lo que había hecho estaba bien. Es verdad que ahora mi trabajo sería mucho más estricto, pero ahora haría actividades mucho más divertidas con Gon. De solo imaginar su sonrisa cuando le lleve esas cosas me emocionaba de sobremanera. Si que valía la pena.
Al día siguiente, me levanté temprano en la mañana; muy raro en mí. Noté que había dormido con la misma ropa del día anterior así que antes de ducharme y cambiarme decidí que era el momento indicado de hallar aquello que le había prometido a Gon.
Me dirigí hasta la puerta de una habitación que había en mi cuarto. Era el armarío. Dentro, parecía ser una pequeña tienda divida por departamentos. Del lado izquierdo estaba mi ropa muy bien acomodada en ganchos y entre las gavetas. Tenía también dos repisas completa llena de zapatos de todos los colores y formas; y frente a mí, un espejo de cuerpo entero me recibía al entrar. Del lado derecho había un closet de dos puertas, el cual abrí para encontrar lo que vine a buscar. Una montaña de cosas cayó sobre mí, desde juguetes hasta envolturas de diferentes tipos de dulces. Era un total desastre, en momentos como esto me arrepentía de haberle prohibido a Gotoh limpiar dicho lugar pero tenía la manía de comprar una gran cantidad de dulces y esconderlos aquí para que Illumi no me los quitara con la escusa que eso le haría mal a mi cuerpo atlético. Resignado, suspiré viendo todo lo que estaba sobre el suelo tratando de encontrar algo interesante.
Algo debía haber, seguro que sí. Y es que ayer le prometí a Gon llevarle un regalo pero ni idea de lo que podía ser. En ese momento sólo lo dije con el propósito de que se animara así que hoy no me podía aparecerme con las manos vacías y decirle gentilmente "Ahh… Fue una pequeña mentirita para no ver tu rostro angustiado y que me carcome por dentro cada vez que lo veo." No Killua, ten algo de orgullo, no quieres que Gon sepa eso.
Miré el desastre que yacía a mis pies, sería complicado buscar algo entre tanta porquería. Recordé en ese instante como Gon me contó que en su casa ayudaba a su tía con los quehaceres y pensé que tal vez no era un mal momento para limpiar un poco. Tomé una bolsa grande semitransparente que estaba entre el desastre. Metí toda la basura que vi y hasta tiré algunos juguetes rotos y algunos nuevos que nunca usé.
Mientras acomodaba, encontré unos papeles bastante arrugados y por simple curiosidad los observé, eran dibujos hechos por Alluka y Kalluto en donde salíamos los tres tomados de las manos, reí cuando noté en el de Alluka una especie de círculo que se encontraba detrás de nosotros y este parecía estar comiendo algo y a su lado estaba escrito: Milluki-niisan, definitivamente se parecía a él, una pelota de grasa. Solté unas carcajadas ante eso. Cuando me percaté, me tapé la boca sorprendido. ¿Yo estaba riendo de nuevo? Si, algo dentro de mí estaba cambiando. Sentí una nostalgia al recordar algunos buenos momentos que pasé en esta casa.
¿Qué tanto había olvidado yo de eso? ¿Por qué no lo recordaba? ¿Por qué sólo venían a mi mente recuerdos dolorosos de los entrenamientos y trabajos de asesinato? Nuestra familia era disfuncional completamente, una cosa es trabajar como asesinos, pero otra cosa es que seas un completo idiota al intentar formar un hogar; y lo digo por mi padre y madre. No había necesidad de criarnos como lo hicieron, de casi extinguir las relaciones afectuosas entre tus hijos. Analizando mejor, ahora hubiese entendido él porqué nunca nos dejaron relacionarnos con otras personas que no fuesen de nuestra familia, ni hacer amigos, por aquello de la protección, pero no había necesidad de destruir la relación entre hermanos. ¿Por qué mis cuatro hermanos y yo somos tan distantes entre nosotros? ¿Cuándo comenzó ser eso así? ¿Por qué? ¿Con qué motivo? Estaba bien si no hubiésemos tenido amigos, pero quizás; si los cinco hubiésemos estado juntos como hermanos normales las cosas no serían como ahora.
—Alluka… Kalluto… Cerdito… Illumi…, hubiera deseado llevarme mejor con ustedes…—, en ese instante la imagen sonriente de Gon apareció en mi mente, librándome de ese sentimiento triste que surgió en mí. Ya era demasiado tarde para cambiar el destino de nuestra familia, pero por alguna razón se me brindó una nueva oportunidad de ser feliz.
—Es cierto ahora tengo a Gon…
Traté de olvidar aquello y tomé los dibujos y los pegué en la puerta del closet, así podría verlos cada vez que me vistiera. Seguí recogiendo todo y en eso hallé unos juegos de mesa algo anticuados pero sus cajas estaban rotas y las piezas incompletas.
"Demonios" Así no podría llevarle eso a Gon.
Por alguna razón, unas muñecas de Alluka estaban entre mis cosas y unas figuras de acción que usábamos para jugar cuando éramos niños. Me entró algo de nostalgia así que preferí no desecharlas, más bien; las coloqué en una repisa visible juntos a unos libros. Recogí todos los juguetes que podrían funcionar y los aparté, mientras acomodaba el resto de cosas. Entre uno de los cajones divisé una varita para hacer magia y me emocioné.
—¡Esto puede servir!— La arrinconé donde estaban los otros juegos.
Al finalizar me sorprendí a mi mismo de cómo había quedado. Todo estaba limpio y ordenado. Qué bueno era hacer algo por tu cuenta por una vez en la vida.
Entre mis descubrimientos estaban: un juego de ludo nuevo, una cámara de juguete que tomaba fotos reales, una varita para hacer magia, una cuerda para saltar, un set de cocina infantil, un lujoso juego de ajedrez que regalaron cuando cumplí cinco años y un mazo nuevo de cartas.
—Pura basura…—dije indignado—pero tendrá que funcionar por ahora.
Coloqué todo en la cama y llamé a Gotoh para que me trajera el desayuno a la habitación. Hoy tenía muchas cosas que planear antes de ir a mis entrenamientos diarios. Cuando tocaron a la puerta supe enseguida que era él, le dejé entrar y puso sobre la cama una bandeja con la comida. Enseguida comencé a devorar todo mientras leía con cuidado el manual de la cámara de juguete. Inserto en mi lectura no noté que Gotoh se acercó hasta el armario al ver la puerta abierta, de seguro con intención de cerrarla, pero su sorpresa no fue poca al ver que yo había ordenado todo aquello.
—¿Amo Killua, usted hizo esto?
—¿Ah? Si, por favor llévate esa bolsa de ahí, es basura—. El hombre tomó el bulto entre sus manos y antes de salir por la puerta me miró detenidamente.
—Que disfrute de su comida…
Arqueé una ceja por la forma extraña que me lo dijo, pero no le preste atención. Gotoh a veces se comportaba así.
En la tarde, luego de mi sesión de entrenamiento, me acerqué hasta cocina y comí allí, la servidumbre se asombró por eso ya que nunca tuve contacto con ellos antes, pero era necesario apresurarme no quería que Gon se preocupara, además, últimamente no me importaba mucho estar rodeado de gente, creo que me había acostumbrado a sentir la voz de las personas. Antes no me gustaba, más bien; me aturdía escuchar a las personas hablar tanto. Eso debido a que siempre me la pasaba encerrado en mi habitación, pero luego de conocer a Gon y escucharlo hablar por horas sin detenerse me estaba haciendo inmune a eso y hasta me gustaba sentir bullicio a mí alrededor para no sentirme sólo.
Al terminar coloqué los platos dentro del fregadero y me dirigí hasta la puerta. Antes de retirarme una de las mayordomos llamó mi atención con mucho nerviosismo.
—Amo Killua, su pierna…
Tenía una herida profunda que Illumi me había hecho con un cuchillo durante el entrenamiento, esta iba desde la rodilla hasta los tobillos y por esa salía algo de sangre aún. La observé y preferí pedirle que me curara para no perder más tiempo.
—¿Me tratarías la herida? Tengo algo de prisa, por favor.
Todos se quedaron estupefactos y aún no entiendo el porqué, pero en un abrir y cerrar de ojos ella apareció con un botiquín de primeros auxilios y limpió la zona afectada dejando un vendaje bien prolijo.
—Ahhh… Ni siquiera me había dado cuenta, no me dolía para nada—. Me moví un poco para cerciorarme de que el vendaje no se cayera y todo parecía estar en orden. Era momento de ir a ver a Gon. —¡Muchas gracias por la ayuda!—, dije antes de marcharme y ella me respondió "Fue un placer amo Killua" con una voz titubeante.
Fui a recoger lo que había seleccionado para hoy y me dirigí hasta el sótano a toda velocidad. Abrí la puerta con cautela y entré con sigilo, esperando no ser descubierto, pero los oídos de ese niño son de temer.
—¡Buenos días Killua!—, dijo animado para recibirme.
—Tonto, ya son la una de la tarde…—Me aproximé hasta él escondiendo detrás de mí la caja y me cercioré de ver su condición física. Todo parecía estar bien.
—¡Lo siento! ¡No me doy cuenta aquí que horas son!—por un instante me quedé embelesado viendo su rostro alegre pero enseguida me sacó de mi ensoñación— ¡Killua! ¡Si viniste! ¿Me trajiste mi regalo?— Pronunció con mucha emoción.
—Claro, mira—, le enseñé la caja nueva de ludo y la metí entre los barrotes para que la detallara mejor. Su rostro se iluminó y me dio una gran sonrisa.
—¿Eso es para mí?—yo asentí—¡Muchas gracias! ¡Juguemos Killua!— Se removió con emoción haciendo sonar las cadenas que lo apresaban —¡Sí! ¡Jugaré con Killua!
Yo creí estar viendo un niño de cinco años frente a mí ¿Cómo alguien se podía emocionar tanto por un simple juego? No tenía ni idea, pero él estaba fascinado o eso pensaba hasta que puso una cara de enfado.
—No es justo…—reclamó—no es justo que tengas que mover los dados por mí. ¡Así no será divertido!
Tardó bastante en darse cuenta, no había forma de que yo pudiese darle los dados, mis manos no alcanzaban su cuerpo ni aunque yo me estirara lo mejor que pudiera. Menos mal que estaba preparado para esto. —Tengo una idea—; le informé, mientras sacaba de mi bolsillo la varita para hacer magia, tomé una de las espátulas que venían en el juego de cocina y cree una especie de palo extensor. Que ingenioso fue el que creó esta varita que se alarga y acorta a voluntad. Coloqué los dados en la pieza de metal y los estiré hasta colocarlos cerca de su boca. —Así podrás…
—¡Wow! ¡Killua eres muy inteligente! ¡Nunca se me hubiera ocurrido esto!—, los tomó y esperó a que yo acomodara el tablero para empezar a jugar. Yo movía las fichas y el lanzaba los dado desde su boca. Estaba realmente feliz y animado, se reía a cada rato y yo también con cada ocurrencia que decía.
No era la forma más cómoda para tener un juego, pero por lo menos podíamos interactuar entre ambos. Esos barrotes no volverían a ser un impedimento entre nosotros, de alguna u otra forma haríamos lo imposible para divertimos, así Gon no fuese capaz de salir.
Cada vez que estaba con él me divertía como nunca y me olvida por completo de quien yo era y donde estaba, simplemente éramos los dos compartiendo buenos momentos y disfrutando de nuestra compañía mutuamente.
Desde ese día, me puse en la búsqueda de nuevos juegos por la red que pudiésemos disfrutar en la condición que se encontraba él. Eso no era lo más importante. Sino que de un momento a otro me di cuenta que yo estaba realmente obsesionado con esto. Quería ver con necesidad el rostro feliz de Gon cada vez que yo le llevaba algo nuevo, eso me encantaba, me hacia sumamente feliz, el verlo con sus ojos brillante y con esa sonrisa que me brindaba solo a mí, me volvía la persona más afortunada del mundo.
Y todo aquello empeoró, empeoró a tal grado que comencé a tomarle amor al asesinato. Esperaba con ansia las noches, no tanto como las tardes, pero sí; esperaba con ansias que me encargaran un nuevo trabajo. Mi mente asoció el olor a sangre en mis manos con la oportunidad de ver nuevamente su resplandeciente rostro; sabía que esto era malo, que mi cuerpo temblara de emoción al sacarle el corazón a alguien no estaba bien, ni para los ojos de mi familia y mucho menos para los de Gon. Mi abuelo me regañó un par de veces "No hacemos esto por diversión"; pero para mí sí lo era, descuartizar a la gente era significativo a que encontraría más cosas para darle a mi mejor amigo.
Me había vuelto un asesino tenaz, rápido y sumamente cauteloso; la gente no se percataba que estaban muertos hasta cuando era muy tarde. Illumi estaba muy feliz por eso; tanto así, que las horas de entrenamiento fueron reducidas por mi esplendido avance. Yo me sentía en el cielo, todo estaba bien en casa; mis padres estaban felices, los castigos habían disminuido y lo más importante: Gon estaba a mi lado.
En un abrir y cerrar de ojos el tiempo pasó. Mi relación con Gon fue de más a mejor, hablamos de muchas cosas, especialmente de todas las aventuras que él había tenido en su pueblo. Yo lo sabía todo de él, de su familia, sus gustos, lo que le enfadaba y aquello que le hacía sonreír. Nos hacíamos cuestionamientos de la vida y discutíamos sobre eso. El mejor fue aquel donde tuvimos dos días discutiendo cual sería el dulce más exquisito de todos. O aquel que tuvimos en víspera de navidad, cuestionándonos si existía o no Santa Claus, no sabía que un niño de 13 años aun creía en eso.
Yo, en mi intento de hacerlo feliz, complacía todo sus caprichos. Desde traerle a escondidas comida que le gustara hasta hacerme cantar junto a él. Para Gon todo estaba permitido, excepto una cosa… Salir de esa jaula…
Ese día fui corriendo hasta la prisión y entré con velocidad con un pequeño pastel en las manos. —¡Gon!—, dije animadamente mientras me acercaba hasta la jaula.
Fui recibido con una sonrisa como siempre. —¡Buenas tardes Killua!— Luego de mirarme mejor, se sorprendió al ver lo que llevaba en las manos. —¿Y ese pastel? Hoy no es mi cumpleaños.
—Lo sé tonto…
—¿Entonces?
—Quizás, no sea algo para celebrar… Pero hoy es 4 de abril… El día que llegaste aquí hace dos años…—, dije con nerviosismo y algo de decoro.
Él guardó silencio y sus ojos se abrieron de sobremanera.
"Esto no está bien". Lo sabía, tenía ese presentimiento.
Me mostró esa sonrisa fingida que sabe hacer muy bien pero que no llega a engañarme y observó el pastel con detenimiento.
—Fue una tontería de mi parte… Lo siento…— Bajé la cabeza muy desanimado y arrepentido de lo que había hecho.
Al ver mi reacción, sacudió su cabeza y dijo con emoción: —¡No! ¡Tienes toda la razón Killua! Si yo no hubiese sido secuestrado nunca nos hubiéramos conocido. Así que eso es algo para celebrar.
Entendía su reacción, siempre que hablábamos de su secuestro el ambiente se volvía pesado.
Para mí, hoy debía ser un día de fiesta nacional, porque era el día que me permitió conocerle. Aunque, el mejor era el día que le conocí, ese ocupaba el primer lugar y por encima de este, en un pedestal, estaba su cumpleaños porque debía dar gracias a todos los dioses existentes por crear tan angelical creatura.
Él le restó total importancia y animadamente me pidió que comiésemos el pastel, como si nada hubiese ocurrido.
Merendamos el pastel, por supuesto tuve que ayudarlo con nuestro ingenioso invento, pero eso no le impidió que se comiese más de la mitad. Y después, todo pareció estar mejor, volvió a sonreír como siempre y hasta jugamos palabras encadenadas para celebrar nuestro primer encuentro.
Cuando terminó la tarde era momento de despedirme, por lo que comencé a recoger todo como siempre para no dejar rastros de mi presencia. Yo tarareaba feliz una canción mientras me dedicaba a esa labor. Cuando pasaron unos minutos, Gon me susurró con timidez.
—Killua…
Volteé a verle sin interés, pero sus ojitos estaban vidriosos, a punto de llorar. Detuve en seco lo que estaba haciendo. —¿Qué sucede Gon?...
Yo lo sabía.
Una sonrisa cubierta de lágrimas decoraba el semblante de su rostro y con voz temblorosa me dijo: —G-Gracias por estar conmigo todo este tiempo, Killua… ¿Q-Qué habría hecho sin ti?...
—¿G-Gon…? ¿Por qué…?
Yo lo sabía.
—Has hecho hasta lo imposible por encontrar la forma de sacarme de aquí. Y no sólo eso, me has brindado todo tu tiempo libre y has cuidado de mí, aun cuando no es tu responsabilidad.
—No… yo…
No digas más…
—A pesar de la situación en la que me encuentro, me animaste cada día y me brindaste tu apoyo… Gracias Killua… Ojalá pudiera abrazarte y así, de ese modo, entendieras todo lo que significa para mí que estés a mi lado…—Sus dos luceros amenazaban con soltar sollozos y su voz se inundó de frustración. —¡Pero no puedo! Estoy preso en entre estos barrotes, inmovilizado, sin posibilidad de sentir el aire fresco en mi piel y no poder tocar a las personas que aprecio.
—Gon…
No más por favor…
—Cuando vi ese pastel, algo dentro de mí se acongojó y no por el hecho de estar aquí, sino de no poder ser libre, de no poder decirle a Mito-San que estoy bien y que no se preocupe… Después recordé que también gracias a eso te conocí y eso me consoló. No sé si algún día pueda pagarte todo, pero… ¡Quería decirte que te quiero mucho Killua! ¡Y que eres mi mejor amigo! Si eso me hace saldar un poco de esa deuda, permíteme hacerlo. Yo… En este día tan significativo… ¡Quiero expresarte mi más profundo agradecimiento!— Inclinó su cabeza con respeto mientras sus lágrimas salían sin ninguna vergüenza.
No pude decir nada.
Mi boca titubeante intentaba pronunciar un "No es nada" "Te dije que entre amigos no se agradece" "Gracias a ti por permitirme estar a tu lado", pero nada salió. Estaba tan consternado que me apresuré a acercarme hasta los barrotes dejando tirado todo lo que estaba acomodando, sólo para introducir mi mano de nuevo con el anhelo de alcanzarle. De tocarle. De darle una caricia reconfortante ante esa angustia que estaba desmoronando su pequeña alma, para poder limpiar esas perlas que salían de sus ojos… Pero era imposible…
Siempre que me iba o que me sentía deprimido lo hacía y Gon nunca me preguntó el porqué, sólo me daba una sonrisa como respuesta. Pero hoy intentó por primera vez estirar su pierna para aunque sea para sentir la punta de mis dedos, pero era inútil ni siquiera así era posible.
¿Por qué hoy era diferente? ¿Por qué sentí que Gon estaba quebrándose enfrente de mí? ¿En qué momento pasó esto? Estaba tan concentrado en mi propia felicidad que no le presté atención a los sentimientos que se estaba guardando ese indefenso niño. ¿Cómo pudo soportar tal peso sobre sus hombros? Que ni un solo día se quejó y que nunca dejó de brindarme una sonrisa cuando lo necesité. Él era como un ángel, era como el sol, tan fuerte que me sorprendía. Verlo tan vulnerable en este momento me hacía dudar de mi decisión, de esa que había tomando hace algún tiempo y que debía reflexionarla ahora.
¿Por qué sus palabras parecían un bisturí filoso que estaba diseccionando mi corazón lentamente? Ese te quiero que surgiera sin previo aviso más que hacerme feliz me entristeció mortalmente.
"Te quiero mucho Killua"
No me importaba que sólo que me quisiera como un amigo, no; me quería y eso debía hacerme inmensamente feliz. Eso me bastaba. Porque yo también lo quería, lo necesitaba, él era mi día y mi noche. No había momento que no pensara en él. ¿Entonces, por qué yo no estaba sonriendo? ¿Por qué no le respondí igualmente con un te quiero o con un te necesito o con un eres lo más importante para mí?
Nada salió de mi boca.
Un sonido sepulcral inundó cada espacio a nuestro alrededor. Dando por entendido lo que no queríamos decir y aquello que yo no quería aceptar.
Eran tan claro como el agua del porqué yo estaba tan afligido: ni siquiera hice el intento de buscar una forma de sacarlo de aquí. La culpa me carcomía por dentro, como si una manada de gusanos estuviera devorando con voracidad las fibras de mi corazón podrido de tanto egoísmo y oscuridad.
Hace tiempo lo había decidido, que no permitiría que Gon se alejara de mi lado, aún si esto suponía dejarlo encerrado en este lugar toda su vida. Para mí era como un tesoro inalcanzable y quizás por ello era tan deslumbrante ante mis ojos. Era como un canario dentro de una jaula, que no puede volar y ser libre, pero que a su dueño no le importa eso con tal de poder admirarle y escuchar su canto cada día. Exactamente lo mismo era con él. Mi pequeño canario. Mi pequeño pedacito de cielo enfrascado.
¿Qué sucedía conmigo?
Un nudo en mi garganta me estaba dificultando la respiración y el aire se calentó a tal grado que el sudor corría por mi piel sin detenerse, sin pensar en que podría desmallarme por deshidratación. No. Eso no le importaba a mi cuerpo, él sólo quería escapar de esos ojos que me estaban enloqueciendo. Ver esa mirada llena de tristeza era peor que comer mil agujas, peor que caminar sobre fuego. No lo soportaba más. No quería estar ahí.
El peso de mi culpa era tan grande que las piernas temblaban intentando aguantar, queriendo parecer fuertes ante él. Pero no, yo era débil, tan débil que dependía de otra persona para ser feliz. No podía estar más aquí.
—Yo… me voy…—, susurré con una voz ronca. Me di la vuelta y recogí lo que estaba en el suelo para marcharme; sin despedirme, sin voltear a verle, sin comprobar si sus lágrimas se habían detenido y sin darle una respuesta a sus sinceros sentimientos.
Que mala idea fue el traer ese pastel para celebrar…
El camino hasta mi cuarto pasó desapercibido por mis ojos que sólo podían recordar el rostro de mi querido amigo sumergido en lágrimas. No noté el cambio de panorama, hasta cuando divise la puerta de mi habitación. Entré agitado y me lancé sobre la cama, regando lo que tenía en mis manos por todo el suelo.
Me faltó el aliento más de una vez, intentando procesar lo de hace un instante, de autoanalizarme, de tomar una decisión. Era necesario ponerme en los zapatos de Gon por un momento en la vida y pensar en su bienestar.
Pero en mi entero egoísmo palabras de negación se hacían presentes, haciendo que mi cuerpo se estremeciera al solo pensar que se marcharía de aquí.
Mi Gon.
Mi precioso tesoro se iría.
No podía aceptarlo, no quería.
No lo permitiría pero debía hacer algo.
No soportaría ver de nuevo ese rostro triste. Quería que fuera feliz, pero todo era tan contradictorio… No había una forma de hacerlo feliz y que al mismo tiempo se quedara, eso no era lógico. Seguramente yo ya me había vuelto loco. De tanto asesinato desenfrenado, había vuelto mi cerebro una masa viscosa de egoísmo. Todo lo quería para mí, en especial a ese niño de ojos acaramelados, yo quería ser su único centro de atención, hasta me enfadaba cuando esa rata venía molestar de vez en cuando.
No. Nadie podía robarme a mi Gon.
Nadie lo haría… y de eso me encargaría yo…
¡Gracias por leer hasta aquí! 3
En este capítulo quiero darle las gracias en especial a KZmiau, linda creaturita que me deja reviews preciosos, ¿Qué haría sin ti? Sin tus palabras de aliento ya hubiera dejado botado esta cosa horrorosa desde hace tiempo (Cada vez que me siento a escribir Find, me pongo mal; enserio, ahh… pero si escribo otra cosa feliz de la vida), ¡Pero no me dejaré vencer! ¡Fight! Goncito y Kiki (Así le digo a Killua) no me defraudaran o mejor dicho no los defraudaré xD... Volviendo al tema… ¡Gracias de nuevo! ¡Besitos para ti!
Lokana, las palabras están de más pero igual… Gracias por tus palabras de aliento, aunque no me das ideas… Dame ideas o te pego… :V
¡Nos estamos leyendo!
¡Saludos!
Byebye!
