¡Hola! Otra actualización en poco tiempo. Por suerte estoy de vacaciones pero pronto entraré de nuevo por ello estoy intentando escribir lo más que pueda antes que se comiencen a acumular los trabajos. En estos días me dije que era necesario continuar con la historia con más frecuencia sino mis lectores se aburrirían y me olvidarían, así que lo mejor es poner manos a la obra. Ya determiné como terminará la historia aunque no sé cuantos capítulos más tomará. Pronto comenzará la parte fea… XD… Comiencen a prepararse.

Aclaratorias: Semi-AU. Muchas cosas coinciden con la trama original, otras me las inventé yo. Este fic completo será escrito desde el punto de vista de Killua –POV Killua—

Advertencia: Contenido Shonen-ai, yaoi y violencia. (+18). DRAMA, MUCHA DRAMA Y DEBATES MENTALES.

Disclaimer: Todos los personajes de Hunter x Hunter pertenecen a Yoshihiro Togashi.


Encontrado soluciones

Pasaron unas cuantas horas desde que llegué a mi habitación. La presión en el pecho me impedía estar tranquilo, di vueltas por la cama hasta que la cabeza me dolió, intentando descubrir una fórmula capaz de complacernos a ambos. No pude pensar en nada. Sólo algo estaba fijado de manera inamovible y eso era que su destino estaría sellado a mí, lo quisiera él o no.

La puerta fue tocada con fuerza, sacándome de mis pensamientos.

—Amo Killua, Zeno-Sama ordena que se prepare para una misión—, era Gotoh.

¡Qué fastidio! Hoy no quería saber nada de misiones, no quería matar a nadie, no quería ver a nadie de mi familia. Deseaba estar solo, sumergido en mi propia inmundicia, odiándome por ser tan basura y tan egoísta. Anhelando que el mundo entero se extinguiera y que sólo estuviéramos él y yo juntos; libres, corriendo por esas praderas de las que siempre me cuenta. No me sentía con las ganas de pretender ser el mejor asesino del mundo ni tenía interés de ganarme algún juego a cambio. No quería nada…

—Dile al abuelo que me siento mal, hoy no iré a ningún lado…

—Pero amo Killua, es una misión muy importante. Irán Zeno-sama, el señor y el amo Illumi

—¡Lárgateeeee!—, gruñí con rabia. "¿Acaso no se dan cuenta que no quiero saber nada de ustedes?"

—Como ordene…— Se retiró y sus pasos se fueron perdiendo entre el eco del pasillo.

Esto no era bueno. Hacía dos años que no faltaba ni un día a mis asignaciones, seguramente esto les resultaría bastante extraño, pero no me importaba, el único que tenía alguna importancia hoy era Gon y el sufrimiento por el que estaba pasando.

Luego de unos minutos me levanté con pesadez y miré por la ventana. Las figuras de mis parientes se hicieron presentes entre la oscuridad de la noche. Los tres iban vestidos con nuestra típica vestimenta de asesinato color morado, cada una con un diseño propio. Debía ser muy sería esta encomienda para necesitar que fuéramos los cuatro. ¿Una legión completa de hombres? ¿Un ejercito súper entrenado? ¿Acaso era el Genei Ryodan de nuevo? No me imaginaba cuán fuerte debía ser nuestro objetivo para solicitar a cuatro de los diez miembros de nuestra familia.

Una limosina se aparcó en el frente de la mansión y los mayordomos metieron un par de maletas en el portaequipaje.

"¿Una misión al extranjero? ¿Y así querían que yo fuera?"

¡No! Nunca acepté dichas misiones porque no soportaría estar separado de Gon por tanto tiempo, fue una suerte que me negara, quizás los dioses estaban de mi lado hoy. Illumi antes de subirse al auto, volteó a mirar hasta mi ventana, dejándome en claro que estaba enojado.

No le presté importancia a eso. Seguramente estaba enfadado por no cumplir con mi deber.

Me acosté de nuevo en la cama y grité mil maldiciones a los cuatro vientos. Es frustrante cuando te sientes impotente por no poder hacer nada.

"Gon…"

De nuevo un dolor en el pecho… Es como si me estuvieran apuñalando una y otra vez sin detenerse. Recordando aquel momento, me di cuenta que mi actitud no había sido la mejor de todas, ni siquiera me despedí, ni siquiera le consolé cuando su corazón estaba destrozado, esto no podía seguir así.

—Tengo que verlo…

Me levanté en un solo movimiento y salí de mi cuarto en dirección hacia el sótano. Era extraño que yo viniese a estas horas, nunca lo hice de nuevo desde aquel día que estaba lastimado. El riesgo que suponía estar ahí en las noches era alto porque todos en la casa estaban despiertos y era cuando generalmente me iban a buscar en mi cuarto para cumplir con los trabajos asignados, por eso evité venir, pero esto era sumamente importante y no podía pasar de hoy.

Me disculparía con él por mi falta, era necesario que entendiera que yo estaba aquí para apoyarle y que él era la persona más importante para mí, y que de igual forma yo estaba agradecido por tenerlo como amigo. Me aseguraría que se sintiera lo más cómodo posible aquí y si era factible, que con el tiempo olvidara su antigua casa y aceptara que de ahora en adelante que su hogar estaba conmigo aquí.

A la mitad del trayecto, escuché algo que me hizo detener mis pasos hasta permanecerme completamente estático.

Gon estaba cantando...

Esa canción que no oía desde hace casi dos años, esa triste melodía que sólo indicaba que él se sentía muy sólo, que deseaba estar fuera de aquí. Esa fue la canción que me embelesó aquel día y que con ella pude verle su rostro afligido por primera vez.

Yo estaba afectado. Tuve que apoyarme contra el muro y me senté sobre el suelo hundiendo la cabeza entre mis rodillas.

"Gon…"

Me sentía mal. Un calor me estaba quemando las venas y hacia papilar mi sien. ¿Qué estaba sucediendo? ¿Por qué Gon se sentía así? ¿No estaba yo a su lado? ¿Yo no era lo suficientemente bueno para hacerlo feliz? Me había creído mucho, que yo era el centro de su universo, pero no era así y lo sabía. Conocía demasiado bien a ese niño para saberlo. Él era una persona de espíritu libre, indomable y que no se dejaba doblegar por nadie. Me gustaba eso de él, es una de sus mayores virtudes; pero, no lo quería aceptar.

"¿Por qué nunca puedo tener lo que quiero?"

Gon era mío, no dejaría que se fuera así como así. Me quedé ahí, debatiendo conmigo mismo mientras las notas perforaban lentamente mis oídos y se iban almacenando con el peso de una roca en mi pecho.

Cuando su canto terminó, ni un sonido se escuchó después. Entré en la habitación haciendo el menor ruido posible y pude ver su sombra estática, supuse que dormía, pero no era así y lo descubrí cuando unos débiles sollozos hicieron eco por las paredes.

—Mito-San…

Estaba tan afligido que no había notado de mi presencia, esto era demasiado. ¿Tan mal se encontraba? Yo estaba perplejo, parado frente a él y ni siquiera con sus súper sentidos me percató...

—Demonios… soy tan débil…—, susurró entre llantos.

"¿Débil? ¿Cómo puede decir eso?" —Tú no eres débil, eres la persona más fuerte que he conocido…—, dije con una voz seria.

Levantó la mirada sorprendido, dándome los horrores de ver su rostro cubierto por esas lágrimas, se veía a leguas que había estado llorando desde que me fui. —¿Ki-llua…?

—¿Quieres irte de aquí?—, la pregunta no era nada fácil de pronunciar porque temía a la respuesta, pero necesitaba escucharlo de su boca para que me diera el valor para hacer lo que ya tenía formulado en mi cabeza.

—Sí… — A pesar de que estaba preparado para eso, nunca esperé que fuera dicho tan rápido y sin vacilaciones. No dudó ni un solo segundo antes de soltar ese "Si" por su boca, haciendo que una oscuridad fuera creciendo dentro de mí, compuesta de rabia y egoísmo. ¿Qué era eso que no le permitía dudar? ¿Qué era eso que era más importante que yo? Y la respuesta era tan obvia que ni siquiera sabía el porqué dudé. Era esa mujer. La culpable de todos mis problemas. Ella tenía el corazón de Gon atrapado y no lo dejaba ser libre. Ella era la que lo estaba haciendo sufrir… Si ella no estuviera, él no estaría tan apresurado por marcharse y yo podría encontrar una forma de que pudiésemos estar juntos. Era ella la del problema y no yo. Ella era la raíz de todos los males de mi pobre Gon.

—¿Quieres ver a Mito-San?—, lo dije con frialdad y él me miró sorprendido. Su rostro se atormentó como si se sintiera culpable por algo. "Tú no tienes la culpa Gon, es culpa de esa mujer."

—Por supuesto que quiero verla…— Ante mi reacción; dudó en decirlo, pero lo pronunció calmadamente intentando que eso no me afectara.

—Eso es imposible.

—Lo sé…

Gon era consciente de la situación en la que estaba. Sabía que los dueños de esta mansión eran personas de temer, asesinos de elite y que sería imposible salir. Para él era tan claro como el agua, pero ni ese conocimiento era suficiente para frenar esa melancolía que sentía en su interior.

—Pensé que te gustaba estar conmigo…

—Killua… Creo que es divertido estar contigo… pero…—esa pausa me afirmó aquello que yo no quería oír.

—¡Lo sé!—, grité con desesperación.

—Killua…

Me acerqué hasta la jaula y me dejé caer al suelo, apoyando mi cabeza sobre los barrotes. Me sentí derrotado en ese momento, era normal sentirse así cuando la persona más importante para ti pensaba en otra persona.

—Hace tiempo que no te escuchaba cantar esa canción… ¿Estás tan triste?

—Esa canción la cantaba Mito-San cuando se estaba triste, trata sobre una persona que deseaba encontrar aquello que era importante en la vida, le recordaba mucho a él. Sabes, ella quería mucho a mi papá pero nunca le perdonó que se fuera y nos abandonara. Quizás la cantaba porqué de alguna forma entendía el porqué lo hizo, aunque no lo aceptaba, pero ella no podría odiarle jamás, la cantaba para poder perdonarlo y poder esperar su regreso con una sonrisa. Aunque para mí tiene un significado diferente, es como si me diera más fuerzas para seguir con esto, me da una paz inmensa y me hacer desear estar con las personas que quiero. Aunque, es un poco contradictorio, porque al recordar aquello; una frustración aparece al no poder hacer lo que yo quiera, por estar pisoteado por alguien sin que pueda hacer nada.

—…

—Es tan frustrante… Yo también deseo conseguir aquello que quiero hacer en la vida, aspiro alcanzarlo, si tan sólo fuera más fuerte, no estaría aquí en estos momentos y tal vez podría haberte conocido en otras circunstancias.

"Eso hubiera sido imposible"

Era definitivo: Gon odiaba estar aquí.

Y eso me carcomía con crueldad.

Mi amigo "Destino" volvió a sus andanzas, queriendo de nuevo pisotear todo aquello que me rodeaba, aquello que me hacia feliz, haciendo más doloroso cada segundo de mi horrible existencia. Ya debía saber que aquella pequeña felicidad que estaba sintiendo era un mal presagio, que algo peor ocurriría, pero no le hice caso, omití sus señales por completo. Estas palabras que salen de la boca de Gon son como filosas cuchillas que se usan como dardos intentando apuntar a mi corazón. Fallan debido a mi resolución, pero varias se han clavado en mi carne, intentando que ceda ante el deseo puro de mi amigo. Pero no puede matarme sólo con eso. La única forma de morir sería que ese niño no estuviera a mi lado. Sería como si me abrieran el pecho en dos, me extirparan el corazón y lo volviesen a cerrar. Esa sería la perfecta descripción de lo que ocurriría. Sería como un zombie, caminando de un lado a otro, sin sentimientos alguno, sin ganas de vivir, pero sin el suficiente valor para quitarme la vida. Porque yo era un cobarde, un mentiroso y un egoísta. ¿Cómo Gon puede ser mi amigo? Seguro eso fue otra jugarreta del destino para hacerme sufrir más. Para darme un pedacito de cielo y que yo lo disfrutara tanto a tal grado que me sería imposible vivir sin él; y después, como todo un desagraciado me lo arrebataría sólo para divertirse.

No, no lo permitiría. Cualquier cosa menos que se vaya de mi lado.

—Gon, pronto se acerca tu cumpleaños…—, bajé la cabeza para ocultar mi rostro y no mostrar mi asquerosa cara frente a él. —Quiero darte un regalo…—, tomé entré mis manos los barrotes y estos rechinaban por la presión que ejercía en ellos, tratando de liberar un poco de tensión y no desfallecer en ese mismo instante.

—¿Qué…?— Gon parecía confundido, yo había cambiado de tema abruptamente.

La fuerza ejecutada aumentó, acompañada de un temblor incontrolado que me dejaba por completo en descubierto. Que rabia, detestaba mostrar mi faceta desagradable frente suyo, pero no era fácil lo que iba a decir y mucho menos lo que yo tenía planeado hacer, necesitaba una fuente de apoyo que no tenía. Yo estaba solo en este predicamento. No podía pedirle ayuda a nadie y no es que eso me haya funcionado alguna vez. Nunca se me dio la oportunidad de pedir ayuda, aun cuando yo era sólo un bebé, cuando me aplicaban esas interminables tortura o cuando me administraban toda clase de venenos para hacerme inmune. Yo gritaba y me retorcía de dolor, pidiendo que alguien me salvara o que por lo menos me diera un consuelo, pero no eso nunca pasó. Yo estaba sólo. No podía decirle a mi madre o a mi padre como me sentía y que era lo que deseaba y esperar que ellos me diesen un buen consejo. Por supuesto que no. Y a la única persona a la cual podría abrirme, a la única que le importo de verdad, es la causante de este sufrimiento.

"Demonios…"

Respiré profundo para agarrar valor. ¿Desde cuándo me había vuelto tan cobarde? —Gon…—hice otra pausa para que mi voz no se quebrara—Iré hasta tu casa… Le diré a tu tía que estas bien, que no se preocupe y que te espere…—o no… no puedo decirlo…—que pronto estarás de regreso…

Gon no entendía lo que yo acaba de decir porque su rostro no cambio de expresión, se quedó ahí estático mirándome. Me enfurecí por eso. "Rayos, esto es demasiado frustrante".

—¿Qué?...

—¡Que quites esa cara de idiota que tienes! ¡Qué iré a ver a Mito-San para decirle que estas bien y que pronto volverás!

Los ojitos de Gon brillaron como nunca los había visto desde que le conocí, de nuevo las lágrimas aparecieron haciendo un desastre de su rostro. —¿En serio Killua? ¿Enserio irás a ver a Mito-San?

Me sonrojé al verle, se veía tan feliz, tan deslumbrante. Mi corazón no paraba de latir debatiéndose entre si debía estar feliz o triste, pero me encantaba verlo así.

—¡Gracias, gracias, gracias!—, cerró los ojos y bajó la cabeza haciendo un gesto de agradecimiento. —¡Nunca podré pagarte todo lo que haces por mí!

Me tapé la boca en un intento inútil de ocultar mi bochorno. —Detente idiota, no tienes nada que agradecer. Ya te lo dije antes, los amigos no se agradecen todo el tiempo, es demasiado vergonzoso y patético.

—Jejeje… Lo siento, tienes razón.

La felicidad de él duró poco, el tiempo suficiente para que entendiera que significaría todo eso y el riesgo que conllevaba. Su rostro feliz, se volvió uno pensativo y preocupado.

—Nee… Killua… ¿Está bien qué salgas de la mansión? ¿No te castigaran por escapar de tus deberes?

—No te preocupes por eso, apenas soy un niño, tengo más libertades que otros empleados; además, los otros mayordomos me cubrirán y mis padres están de viaje en este momento.

"Mentiroso"

Él frunció el ceño, no se veía muy convencido de mi respuesta. Con la poca interacción que ha tenido con los miembros de esta casa se ha dado cuenta que aquí las cosas no son tan fáciles.

—No quiero que te metas en problemas por mí culpa, no soportaría verte como la otra vez…—, sus ojos se situaron en mi pierna que tenía una venda, dejándome en claro que sabía que algo malo me podía pasar si desobedecía las ordenes de mis superiores.

—Ah… Eso… No te preocupes—, dije dándole una sonrisa forzada. —Todos somos castigados aquí, es normal, ya estamos acostumbrados…

"Mentiroso"

—Killua…—, su rostro mostraba una clara preocupación.

—Ya, ya…—protesté con enfado para que olvidara todo lo malo, no deseaba verlo más triste— Isla ballena ¿No?—, dije para cambiar el tema— Desde aquí me tomará aproximadamente dos semana llegar en barco… Creo que podré regresar para el día de tu cumpleaños… Ese será un regalo perfecto ¿no? ¿Gon?—, pronuncié divertido con mi cara gatuna.

—Ese… será el mejor regalo que nadie me podría dar alguna vez…—susurró con la mayor ternura que existe; le miré y quedé pasmado al instante. Sus ojos me observaban de una forma diferente. Una mirada que nunca había visto en Gon antes, pero no era nada malo sino todo lo contrario, era como si quisiera acariciar el fondo de mi ser y me arropara entre sus brazos con dulzura. Cómo pidiéndome que descubriera los secretos que guardaba en su corazón. En ese momento solo me estaba mirando a mí, a Killua; eso me hacia inmensamente feliz.

Mi corazón dio un vuelco dentro del pecho, latiendo más fuerte de lo que debía.

—Gon…—, no pude resistir el verlo de esa misma forma, pude sentir como nuestras almas se unían y se tomaban de las manos. Me sentí libre, me sentí bendecido, me sentí como la cosa más preciada del mundo. Pareciera que él pudiese ver completamente a través de mí hasta lo más recóndito de mí esencia, ver quién era realmente yo, ver a través de mis sucias mentiras y mis más profundos miedos. Podía sentir el calor de su espíritu fusionándose con el mío… Como si nos dijéramos mil cosas que no sé en este momento que significan pero que hacen me hacen el hombre más feliz sobre la tierra.

—Killua…—, sus labios se movieron con suavidad mientras pronunciaba mi nombre. Sus mejillas se sonrojaron, y yo creía estar igual al sentir el calor en mi rostro.

El tiempo se detuvo, y todo esto se sentía como en un sueño. El ambiente se había tornado cálido y embriagante, me sentía mareado, definitivamente algo estaba ocurriendo porqué me pareció ver que una luz nos rodeaba haciendo de este momento el más mágico que pudiera recordar.

Cuando mi respiración su entrecortó, mis latidos ya no eran los de una persona normal, estaban desorientados, desbocados, tal vez me daría un infarto ahí mismo y no podía articular ninguna palabra con coherencia, yo estaba perdidamente embelesado por esos ojos deslumbrantes de color miel.

Desde la garganta, unas palabras querían ser expulsadas, querían liberarse para eliminar ese nudo que me impedía respirar con normalidad. Esas palabras tenían que salir; además, él prácticamente con sus ojos me rogaba que lo hiciera, que sacase todo lo que estaba dentro de mí…

—Gon… yo…

Antes de continuar, sus ojos se abrieron con sorpresa, como anticipando a lo que diría; y movió su cabeza a ambos lados tratando de recobrar la compostura.

—¡Killua!—dijo animado— ¿Cuándo te irás?— ¿Acaso estaba huyendo de lo que pasó hace unos instantes? Quizás sea mi imaginación.

Suspiré para poder normalizarme, eso fue demasiado para mi cuerpo. —Estaba pensando en irme mañana. Necesito dinero y un cambio de ropa…

—¿Estarás bien?

—Sí. No te preocupes por nada.

Después que el silencio se apodera del lugar, ni siquiera me atrevía verle ¿Qué rayos había ocurrido? ¿Por qué hace como si nada hubiera pasado? Debía meditarlo con más cautela. Estaba exhorto en mi pensamiento cuando me habló.

—Killua… ¿Quieres dormir conmigo hoy?— ¿Dormir juntos? Eso no pasaba desde aquel día. Este sería la última vez que vería a Gon por mucho tiempo, sería la primera vez que estamos separados por un lapso tan extenso, aun no sabía cómo lo soportaría, como estaría casi treinta días sin verle y sin escuchar sus tonterías.

Seguramente él lo sabía. Por eso me hizo esa extraña petición.

—Sí, me quedaré aquí…—susurré con tristeza— Gon… ¿Podrías contarme acerca de tu pueblo otra vez? ¿Cuéntame cómo puedo encontrar tu casa? ¿Cómo son las personas de allí? Cuéntame todo hasta que nos quedemos dormidos…

Me sonrió con gentileza, antes de comenzar a hablar sin parar de aquella pequeña isla ubicada en la nada, de sus aventuras, de las personas que conocía y de su casa; todo eso era contado con emoción y hacia que nuestra pequeña pijamada de despedida no fuera tan triste.

En un momento él guardó silencio y nos minutos después se durmió sin darse cuenta. Las horas pasaron lentamente y en ese tiempo ocupé a mis ojos a detallar cada parte de su cuerpo, algo más detallado por los años, aunque un poco más delgado de lo que llegó aquí. Ya no éramos tan niños, dos años habían pasado, pero quizás nuestras mentes se quedaron en esa etapa de inocencia para escapar de la cruel realidad que nos rodeaba. Sabía perfectamente que yo no estaba actuando bien, era un maldito egoísta, tal vez un psicópata. No era normal el sentimiento de apego que tenía, era enfermizo y atosigante. Tomé la decisión de destruir todo lo que se relacionara con él, para que lo único que tuviera fuera a mí. Sí, así de enfermo estaba.

No pude conciliar el sueño, capaz por los pensamientos de culpa que ya circulaban por mi cabeza. Iría a isla ballena con el único objetivo de asesinar a esa mujer, de cortarle el cuello y deleitarme con su sangre. Su abuela también pagaría, no tenía nada en contra de ella; pero era mejor asegurarme que nada volviese a interferir en mi camino. Tal vez, lo mejor sería aniquilar el pueblo entero y que esa isla desapareciera del mapa. "Un demonio devoró a todos en esa isla". Sería lo que la gente diría, pero nada más; me aseguraría de ello.

Que pedazo de basura era, no me importaba que Gon sufriera un poco, con tal de tenerle a mi lado para el resto de la vida. Yo le daría la felicidad que él se merecía, yo tenía la fuerza para protegerlo y pronto me aseguraría de tener el poder suficiente para protegerlo de mi familia también.

Si mi plan era perfecto, entonces… ¿Por qué me dolía tanto el corazón?

Matar es algo normal, algo que hago todos los días ¿Cuál era el problema entonces?, desde que estoy con Gon algunas cosas se me han hecho tan difíciles… Me he vuelto débil. Él me ha ablandado demasiado.

Su rostro angelical fue mi único consuelo hasta que unos débiles rayos del sol entraron por las rendijas de la pared, era momento de irme, pronto vendrían los mayordomos a atenderlo.

—Gon, despierta…

—¿Eh? Buenos días Killua…—, cerró sus ojos por un instante, pero enseguida los abrió con rapidez y me miró asustado— ¡Killua! ¡Me quedé dormido!

—Si… ¡y también roncabas mucho!

—Waaa… ¡Yo no ronco!

—¡Claro que sí!

Reímos con fuerza hasta que nuestras voces se perdieron. Ya sabíamos lo que seguía.

—Bueno Gon… Tengo que irme… No podré venir antes de salir, así que este es el adiós…

—No es un adiós es hasta pronto…

—Si… ¿Quieres que le diga algo a tu tía?

—Tú sabrás que decirle cuando sea el momento.

—Está bien… bueno… Hasta pronto Gon…

—¡Cuídate mucho Killua! ¡Te estaré esperando ansioso!

—Tú también ten mucho cuidado y no cometas ninguna imprudencia…

—¡Si! ¡Bye bye!

—¡Bye!

Ese día no intente tocarle como siempre sólo le observé con tristeza.

Su reluciente sonrisa fue lo último que vi antes de marcharme de esa habitación que contenía mi más profundo secreto y mi mayor tesoro, y que hoy le dejaba sólo en esa oscuridad, rogando a que todo saliera bien y que pronto estuviera de nuevo a su lado.

"Treinta días es lo que falta para volverte a ver Gon. Eso no es nada comparado a estar una vida sin ti."

Recogí algo de equipaje en una pequeña mochila y salí de casa después del mediodía, específicamente a la hora del cambio de guardia, no sería la primera vez que me fugaba y esta vez contaba con la suerte que mi papa, mi abuelo e Illumi no estaban en casa. Sería mucho más fácil ahora.

Con esa disposición me aventuré para poder llegar a Isla ballena, el hogar de mi querido mejor amigo Gon y el lugar donde cometería el más atroz de los asesinatos.


¡Gracias por leer hasta aquí! Cortito para que no se aburran.

Wooo… Se me está haciendo complicado escribir en primera persona y al mismo tiempo explicar todo con detalle, tal vez se dieron cuenta que hay varias redundancias por culpa de eso. Si tan sólo pudiera escribir como se siente Gon esto no estaría pasando xD, pero no puedo, porque ni modo que Killua tuviera una máquina lectora de pensamientos ajenos xD…

Gracias a mis dos lectoras favoritas y que son las que más ánimos me dan… KZmiau-Chan y SaKuRa-HiMe Shaoran-Kun-Chan, gracias por sus hermosos reviews… Besitos…

¡Nos leemos en otra ocasión!

Byebye!