Llamadas telefónicas, excusas y más

Primera excusa: Tengo resfriado

El teléfono sonó temprano esa mañana, Gilbert estaba caminando por la sala con el torso al descubierto pues ese estaba cambiando cuando escucho el teléfono sonar, llego hasta el aparato y descolgó el auricular

-Bueno-dijo suavemente el albino

-Hola Gilbert-dijo una voz con un característico acento hispano que hizo que al de ojos bermejos se le erizaran los pelos de la nuca cuando reconoció a quien pertenecía esa voz.

-Hola Tonio-saludo Gilbert más por cortesía que por otra cosa debido a que de repente tenía ganas de colgar el teléfono y salir corriendo de ahí y no parar de correr hasta que llegara a la casa del señorito y la desequilibrada de Hungría.

-Voy a tener la tarde libre y me preguntaba si podíamos ir a tomar una cerveza juntos mas tarde-dijo el ibérico

-Lo siento Tonio, no puedo-dijo Gilbert mientras fingía un fuerte ataque de tos-estoy resfriado y no quisiera contagiar a nadie-agrego mientras fingía un estornudo bastante convincente

-Ya veo-dijo el castaño-¿No quieres que te acompañe al medico?-cuestiono-podría llevar mi remedio especial contra el resfriado-añadió con un matiz de inquietud en la voz

-No quiero que te enfermes Tonio-dijo Gilbert sintiéndose culpable por contarle tamaña mentira

-Ah bueno-cedió por fin el español-cuando te mejores te invitare la cerveza mas fría que pueda encontrar ¿Vale? Cuídate mucho Gilbert, hasta luego-se despidió el de ojos verdes

-Hasta luego-dijo Gilbert y colgó el teléfono

Se había salvado por esa vez pero sabia que Antonio insistiría e insistiría hasta conseguir lo que deseaba, él lo conocía bien y sabia perfectamente bien que cuando al ibérico se le metía algo en la cabeza no había poder humano capaz de hacerlo desistir de sus objetivos.

A este paso tendría que esconderse hasta debajo de las piedras para salvar sus regiones vitales de ser abruptamente invadidas por la feroz pasión española.

Como si él no supiera el estado en el que Antonio dejaba a sus amantes…

Él estaba decidido a no correr tal destino y debía de empezar en ese mismo momento, Gilbert tomo el periódico matutino y empezó a leer los clasificados, debía de encontrar algo que lo mantuviera ocupado y alejado lo mas posible de Antonio. Después de buscar un rato un anuncio le llamo la atención, tomo su chaqueta, sus llaves y salió rumbo a la agencia de empleos más cercana.

Tan concentrado estaba que no se fijo que un par de ojos escondidos tras un periódico vigilaban todos y cada uno sus movimientos.

La batalla había dado inicio oficialmente a partir de ese momento

Lo único que Gilbert sabia era que Antonio era capaz de recorrer el averno por conseguir lo que quería pero él estaba dispuesto a pelear con uñas y dientes para que el español lo dejara tranquilo

Pero la mayor pregunta que flotaba en el aire era ¿Quien ganaría? ¿Quién aguantaría mas tiempo sin ceder terreno al contrario en el proceso? Gilbert solo esperaba no perder algo más importante que lo que ya le habían quitado en su camino hacia la victoria.