El nuevo trabajo de Prusia
Gilbert caminaba rumbo al edificio que marcaba la dirección que había visto en los clasificados del periódico esa mañana, esperaba que le dieran el empleo ya que según su lógica mientras menos viera a Antonio estaría mucho mejor y en cuanto al tipo que le había dado el susto de su vida esperaba en Dios no volver a encontrárselo nunca.
Llego al lugar que especificaba la dirección en el periódico, fue a la recepción a preguntar por el trabajo, una señorita muy amable le dio una boleta con un numero impreso y le indico que se sentara a esperar hasta que lo llamaran.
El albino miro su boleta era el numero siete en la fila de espera por el puesto y según marcaba el tablero de la recepción el numero cinco estaba siendo entrevistado en ese momento, Gilbert estaba algo nervioso, tal vez esa no había sido una buena idea pero no iba a echarse para atrás ¡Claro que no! Él era el asombroso Prusia y si había podido sobrevivir a la unión soviética, guerras y batallas cuerpo a cuerpo una entrevista de trabajo no iba a asustarlo, estaba decidido a conseguir el trabajo y a salvar sus regiones vitales de acosadores indeseados y de españoles demasiado eufóricos a causa del futbol y del alcohol.
Después de un rato por fin lo mandaron llamar, le indicaron el camino hacia una puerta de madera, Gilbert camino hacia donde le habían indicado y después de llamar a la puerta, entro en la habitación. Detrás del escritorio se encontraba un señor alto, delgado, de cabello castaño rojizo y ojos color miel, saludo a Gilbert con amabilidad y le pregunto si tenia experiencia en distintos terrenos laborales, Gilbert contesto cada una de las preguntas que le hacían con calma y amabilidad sin alardear o exagerar –debía controlar su ego si quería el obtener el puesto– el hombre sonrió ante la calma del albino, vaya que la necesitaría en el trabajo que iba a asignarle.
–Una ultima pregunta–dijo el hombre– ¿Sabes andar en moto?–cuestiono
–Si señor–respondió Gilbert
–Entonces no se hable mas–dijo el hombre decidido–chico serás nuestro nuevo mensajero, preséntate con Annie y recoge tu uniforme, ella te dirá donde están las motos y hacia donde tienes que ir por la paquetería, buena suerte
–Gracias señor–dijo el prusiano y salió de la oficina
Annie era a todas luces norteamericana, rubia, de unos dieciocho años cuando mucho, ojos castaños, estatura media y cuerpo bien proporcionado, le indico cortésmente donde estaban las motos, le entrego un uniforme rojo con negro y le mostro el lugar mientras le hacia preguntas corteses sobre su vida ya que puesto que serian compañeros de trabajo debían conocerse siquiera un poco, Gilbert reía y contestaba cada pregunta de la chica con cortesía y por primera vez desde el incidente en el mundial se permitió olvidarse de ser paranoico por una vez, se dio el lujo de mandar sus miedos, al tipo que lo abordo y a Antonio al demonio por un rato, Annie era una chica agradable, divertida y simpática y él se merecía ser feliz un momento después de pasar tanto tiempo en vigilia creyendo que cada sombra que aparecía por las noches era un tipo misterioso queriendo transgredirlo.
A lo lejos una persona frunció el ceño detrás de un libro al ver al albino caminado junto a tan buena compañía.
–Parece que tendré que encargarme de la competencia inoportuna mi pequeño Adler, de mi cuenta corre que sepas muy bien a quien perteneces–dijo antes de marcharse del lugar
La batalla apenas había comenzado.
