Excusas ll
Primera excusa: Estoy ocupado después te explico
Habían pasado unos días desde que Gilbert había conseguido trabajo como mensajero y el albino estaba realmente feliz y en paz consigo mismo, había conseguido algo productivo que hacer con su tiempo, había hecho una nueva amiga y mas que cualquier otra cosa se sentía muy tranquilo últimamente.
Se sentía tan alegre que incluso había retomado una de sus grandes pasiones, la fotografía. No es que se considerara fanático de aquella rama del arte pero le gustaba tomarle fotografías a las cosas que le agradaban como su pollito, Gilbird o aquella vez que visito a Feliciano y ambos fueron a dar un paseo por los canales de Venecia, todavía tenia la foto guardada en la memoria de su móvil, en ella Feliciano y él le sonreían a la cámara mientras Gilbert abrazaba al italiano por detrás con Gilbird sobre su cabeza mientras que a la par Feliciano intentaba que el viento no le volara el sombrero, incluso se había tomado una foto con Annie a los pocos días de trabajar juntos, en ella Annie le daba un beso en la mejilla mientras él tenia una tierna sonrisa dibujada en la cara.
Era temprano y Gilbert estaba terminado de arreglarse para ir a trabajar cuando sonó el teléfono.
–Ya voy, ya voy –gruño Gilbert mientras terminaba de acomodarse la camiseta del uniforme de la empresa donde trabajaba, después levanto el auricular al tercer timbrazo del aparato –bueno –dijo Gilbert suavemente
–Hola Gilbert –saludo alegremente España– ¿Cómo estás? ¿Ya se te paso el resfriado? –pregunto amablemente el ibérico
Gilbert se quedo de piedra ¿Por qué tenia que pasarle eso precisamente a él? Debía de cortar la llamada rápido o llegaría tarde al trabajo pero no quería ser grosero con Antonio, cierto que le había pegado el susto del siglo pero no por eso debía de ser maleducado con él.
–Ya se me paso, gracias por preocuparte España –dijo Gilbert amablemente
–De nada –replico el ibérico– oye Gilbert ¿Qué vas a hacer hoy por la tarde? Pensé que si tienes tiempo libre tú y yo podríamos ir a tomar algo, salir a caminar, conversar ¿Que te parece, eh? –cuestiono el ibérico
–Lo siento Antonio, hoy no puedo –se disculpo Gilbert– lo siento mucho –repitió
– ¿Por qué? –pregunto el ibérico confundido
Gilbert miro su reloj, debía de cortar la llamada ya e irse al trabajo como si tuviera fuego en los pies
–Estoy ocupado ahora después te explico, te lo prometo –dijo Gilbert apurado– cuídate mucho hasta luego –se despidió, colgó el teléfono y salió corriendo en dirección a su trabajo
–Pero espera dime que te pasa ¡Gilbert! Gilbert ¿Estás ahí? ¡Gilbert! –Antonio estaba gritándole al aire, iba a insistir una vez mas cuando se dio cuenta de que el albino ya había colgado, desanimado colgó el teléfono y se fue a la oficina.
Y la explicación del albino jamás llego
Segunda excusa: Fui a ayudar a la vecina a arreglar su lavadora
A los pocos días España volvió a llamar a Gilbert para pedirle una explicación al respecto, el teléfono sonó tres veces antes de que respondieran
–Bueno –dijo una voz al otro lado de la línea
–Bueno–dijo el español– ¿Gilbert? ¿Eres tú? –cuestiono inseguro, esa voz le sonaba familiar pero no era la voz que deseaba escuchar
–No –dijo la voz– España, soy Feliciano ¿Qué pasa? ¿Estás bien? –pregunto preocupado
–Ah, hola Feli –saludo Antonio– estoy bien, solo quiero saber donde esta Gilbert, tú ¿Cómo estas? –cuestiono amablemente
–Yo estoy bien– contesto el italiano– si buscas a Gilbert, fue a casa de la vecina a ayudarle con su lavadora porque no funcionaba bien –explico el italiano
–Ya veo –dijo Antonio– ¿Sabes si regresara pronto? –cuestiono
–No lo sé –dijo sinceramente el italiano– pero Gilbert se llevo su caja de herramientas, lo que quiere decir que tardara un rato ¿Le digo cuando vuelva que llamaste? –pregunto
–No, muchas gracias Feli –dijo el ibérico– Feliciano, ¿Puedo hacerte una pregunta? –cuestiono el hispano
–Si ¿Qué pasa, Antonio? –pregunto el italiano
– ¿Dónde vive la vecina? –cuestiono
Después de que Feliciano le diera la dirección de la vecina de Gilbert y darle las gracias por su amabilidad, Antonio colgó el teléfono y salió a buscar al albino para arreglar las cosas, quizás después de que hablaran podían ir a tomar una cerveza o algo, Antonio llego al edificio de departamentos al lado de la casa de Gilbert y pregunto por la señorita Margot Ende como la conocían los que vivían ahí.
Lo mandaron a la recepción del edificio donde lo esperaba un joven muy simpático y amable
–Disculpe joven –dijo Antonio -¿Podría decirme dónde vive la señorita Margot Ende, por favor? –pregunto
–La señorita Ende vive en el departamento 204, esta en el tercer piso, camina a la derecha por el pasillo, puede tomar el ascensor o las escaleras señor –indico el joven
–Muchas gracias –dijo Antonio despidiéndose del joven
Antonio tomo el ascensor, camino por el pasillo hasta el departamento marcado con el número 204 y toco suavemente la puerta
–Ya voy, ya voy –escucho decir a una voz femenina al otro lado de la puerta
La puerta se abrió dejando ver a una joven alta y delgada, de cabello castaño y ojos azules, iba vestida con unos pantalones de mezclilla azules y una camiseta negra de un concierto de Rammstein encima de otra de color gris.
–Disculpe señorita –dijo Antonio gentilmente– ¿Esta Gilbert Beilschmidt aquí? –pregunto– me dijeron que vino a ayudarla a reparar su lavadora –explico
– ¿Quién lo busca? –cuestiono la muchacha mirándolo fijamente
–Soy un amigo –dijo Antonio
–Gil ya se fue –dijo con simpleza la muchacha– arreglo la lavadora y se marcho a trabajar, me fue de mucha ayuda hoy –agrego sonriendo– siempre que se descompone la lavadora vine y me echa una mano hasta me acompaña a casa algunas veces después de la universidad
– ¿Dice que Gilbert se fue a trabajar? –pregunto el español ignorando una punzada de celos en su interior
–Si –asintió la muchacha– a una empresa de mensajería a pocas calles de aquí ¿Por qué? –cuestiono
–Nada en especial solo que Gilbert no me había mencionado nada al respecto, es todo –dijo el castaño– por casualidad ¿No sabes en donde queda? –cuestiono
–Esta a tres cuadras de aquí, doblas la izquierda luego a la derecha y pasas por una calle estrecha y ahí esta, creo que se llama "La estrella de plata", es una mensajería –explico llanamente la de ojos azules
–Gracias por la información, creo que iré a buscarlo ahora–dijo Antonio despidiéndose de la chica
–Dile a Gil que en cuanto pueda le regreso la ropa que me presto y que puede quedarse a cenar y pasar la noche en la casa cuando guste –dijo la chica sonriendo y cerrando la puerta del departamento.
Antonio se quedo de piedra y después empezó a caminar rumbo a la mensajería, tenía muchas cosas que aclarar con Gilbert.
