El intermediario
Francia estuvo el resto de día pensando en como plantearle la idea de una posible futura relación amorosa con España en la cabeza a Gilbert sin que este se asustara o sospechara algo, era un asunto sumamente importante y debía manejarse con mucha delicadeza y tacto.
El primer paso era acercarse al prusiano para tantear el terreno, debía de ser flexible en ese aspecto y darle confianza y seguridad al teutón para que fuera completamente franco al respecto ya que sabia por experiencia que la gente hablaba mas sobre lo que preocupaba si uno se mostraba abierto a escuchar al otro y no se presionaba mas de lo debido se obtenían mejores resultados que si forzaba a la persona en cuestión a hablar sobre eso además de que si forzaba las cosas no solo no conseguiría la información que necesitaba sino que Gilbert podría sospechar sobre sus verederas intenciones y mentir o no decir nada en el peor de los casos, lo que seria malo para sus propósitos.
El segundo paso era que, con base a lo dicho por Gilbert en su conversación España y él idearan un plan para que el ibérico se acercase al albino y le hablara de sus buenas intenciones para con su persona. Al pensar en esto, Francis se prometió así mismo no contarle a Antonio más de lo estrictamente necesario por si lo que Gilbert le llegara a contar fuera muy privado y no quisiera que nadie mas lo supiera, posición que Francis respetaba mas de lo que otros creían. Por que a pesar de todo, Gilbert era amigo suyo y no estaría bien traicionar su confianza o hablar de algo que no le correspondía, algo que jamás haría por respeto a la intimidad de Gilbert y por respeto a sus largos años de amistad, algo que Francis no estaba dispuesto a arriesgar por ningún motivo.
Él sabia desde hace mucho que a Antonio le gustaba Gilbert, lo intuía desde que Gilbert volvió de pelear contra Iván de la guerra, donde fue hecho prisionero por el ejercito rojo, nunca en su vida vio a Antonio tan preocupado como la noche en la que Gilbert regreso de aquel infierno y lo llevaron al hospital para curar sus heridas antes de que se infectaran además de atenderle un brazo fracturado y la innaturalmente fiebre que presentaba en esos momentos.
Recordó la cara de espanto que pusieron Hungría, Austria y Alemania al ver a Gilbert entrar por la puerta tambaleante, con el brazo derecho inutilizado, cojeando al andar y cubierto de sangre y moretones. Recordó el ataque de histeria de Antonio cuando Prusia le pidió que lo matara ya que no quería seguir viviendo por que Rusia lo había vuelto, según sus propias palabras una puta de mierda, recordó cuando le dijo a Alemania temblando por la calentura que Italia tenia razón, que no eran invencibles y que había hecho bien rompiendo su alianza y yéndose con el enemigo pues eso no era cobardía, era simple sentido común, recordó las lágrimas de Italia cuando Gilbert le dijo que era mas fuerte y valiente de lo que pensaba ya que estaba hecho de materia dura, que era libre de odiarlos a su hermano y él por hacerle lo que le hicieron y que si ese era el caso, lo entendía por completo, Feliciano le dijo que no tenia nada por que odiarlo y que se mejorara para que pudieran comer pasta y patatas juntos muy pronto incluso sonrió antes de marcharse de la habitación a pesar de la tristeza y el dolor que sentía en esos momentos para después derrumbarse llorando en los brazos de Romano soltando gemidos que parecían el lamento de un coyote desangrándose después de un lucha a muerte.
Si ese había sido el comienzo del cariño más allá de una simple amistad se había ido extendiendo con el paso de los días, de los meses, de los años, de noches interminables de juerga, de secretos y confesiones, de juegos aparentemente "inocentes" completamente ebrios pues como México sentencio una noche en un bar después de una junta: "Entre broma y broma la verdad se asoma" y no pudo darle mas que la razón a ciegas, él lo sabia, siempre lo supo, Antonio amaba a Gilbert solo faltaba esperar el tiempo necesario para que se diera cuenta por si mismo y dejara de fantasear con Romano.
Fue por esa misma razón que dejo a Gilbert por la paz cuando se dio cuenta de que él también iba por el mismo camino, en primera por su lealtad hacia Antonio, en segunda por su aprecio hacia Gilbert y la unidad del "Bad Friends Trio" pues si Antonio y él terminaban peleando por Gilbert, el vinculo entre los tres se rompería para siempre y eso no lo podría soportar jamás y en tercera, por él mismo, porque Francia se conocía así mismo lo suficiente como para saber que lo suyo con el albino de ojos carmesí no iba a llegar a ningún lado porque de seguro lo iba a terminar engañando con el primero que se le pusiera enfrente, Gilbert sufriría muchísimo, ambos terminarían peleando por su falta de compromiso y con el corazón roto, no volverían a tener la misma confianza de antes, Gilbert perdería su fe en el amor además de que ¿Cómo puedes tener una relación estable con alguien si tu peor enemigo eres tú mismo por algo que no puedes ni quieres cambiar? Gilbert era una buena persona a pesar de todos sus defectos y no se merecía aquello, Gilbert merecía una persona que lo pudiera querer por entero, algo mejor de lo que él pudiera llegar a ofrecerle jamás, alguien dulce, cariñoso y considerado que lo tratara como era debido. Alguien como Antonio.
Fue por eso que lo sermoneo tanto cuando supo lo que había pasado entre ellos, fue por eso que acepto ayudar a Antonio, pues en realidad la petición que le había hecho al español sobre Italia le traía sin cuidado, sabía que eso solo era cuestión de esperar el momento adecuado, fue por esa razón, por su amor hacia ese hombre de cabellos blancos y hermosos ojos rojos que se rindió antes de empezar.
"Sólo has lo correcto" pensó el francés antes de coger el teléfono y llamar a Gilbert. El aparato sonó tres veces antes de que respondieran
–Bueno –dijo el germano al otro lado de la línea
–Hola Gilbert –saludo el galo– ¿Cómo estás? –pregunto
–Francis ¡hombre, que bueno que llamas! No te has olvidado de Ore-sama ¿verdad? –pregunto el albino riendo
–La verdad es que estuve a punto de hacerlo –dijo el francés y sonrió ligeramente al escuchar al de ojos bermejos gruñir al otro lado de la línea– era broma, era broma no te alteres, como sea, quería saber si tienes tiempo libre esta noche Gil –agrego el francés mientras miraba por la ventana el cielo veraniego teñido de tonos rojizos y rosáceos típico de aquella época del año.
– ¿Para hacer que? –pregunto el germano
–Tú sabes, salir a beber, charlar, si se puede ver una película –dijo el rubio
–Hm Fran, no sé si pueda, es comienzo de semana y he conseguido trabajo en una mensajería, por lo que estaré más ocupado que si Dios quiere –dijo Gilbert
– ¡Vamos Prusia! –exclamo el galo– mi jefe me ha dado tiempo libre para matar y Antonio no puede acompañarme al bar con lo ocupado que esta últimamente y no me apetece estar solo hoy ¿Qué dices? ¿Vienes? –pregunto suavemente el francés
–Está bien –accedió– si termino temprano te acompañare, yo te aviso –dijo Gilbert y colgó el teléfono y se quedo pensando si debía aceptar la invitación de Francis para ir a beber después de todo era martes uno de los días de jornadas laborales mas pesados en la mensajería, él tenia asignada la ruta mas larga y no sabia si podría salir temprano de su turno para ir a beber y pasar un buen rato con Francia, un buen rato que dicho sea de paso le hacia mucha falta. Pero él era un mensajero profesional y los mensajeros profesionales no dejaban el trabajo a medias para irse a beber con los amigos ¡Claro que no! Ellos se quedaban hasta terminar la jornada laboral con todas las de la ley, por más que tuvieran ganas de tomarse una helada cerveza con los amigos, y hablar sobre sus vidas, hacer bromas, coquetear con una chica –o chico en su defecto– de buen ver, divertirse sanamente…
Llegando a ese punto, Gilbert levanto la tapa de su móvil y busco el número del francés en la agenda y acto seguido lo bajo ¿En que estaba pensando? ¡No, no, no! No llamaría a Francia. Él tenía que trabajar y además no tenía a alguien que lo cubriera en lo que quedaba de su turno, quisiera o no quisiera tenía que quedarse.
Pero por otra parte… ¡Diablos! Gilbert se maldijo a si mismo una y otra vez, estaba seguro de que de haber una pared cerca habría estrellado su cabeza contra ella ¡Dios! Estaba hecho un lio, de repente alguien levemente toco su hombro, Gilbert estaba a punto de despotricar contra esa persona que osaba interrumpir su ataque de nervios cuando se encontró frente a frente con ella.
–Oye –le dijo la chica preocupada– ¿Estás bien? –pregunto
–Si –dijo Gilbert sonriendo– solo tengo un mal momento
– ¿Por qué? –pregunto la joven con curiosidad, después de todo Gilbert era uno de sus mejores amigos
–Un amigo me invito a beber con él hoy pero no puedo ir aunque deseo hacerlo, hay demasiado trabajo por aquí para perder el tiempo vagando de bar en bar –dijo Gilbert
–Yo te podría ayudar con eso –declaro alegremente la chica– acabo de entrar a trabajar aquí y podría cubrirte ¿Qué dices? ¿Quieres? –pregunto
– ¿Tú? ¿Trabajando aquí, conmigo? –cuestiono incrédulo el albino– ¡eso es genial! –exclamo feliz alzando a la muchacha en brazos riendo como un niño pequeño– puedes cubrirme si quieres, mi ruta es la mas larga pero solo quedan unas cuantas personas a quienes entregar paquetes ¿segura de que estarás bien tú sola? No me importaría quedarme a terminar mi turno y después podríamos ir a celebrar que seremos compañeros de trabajo –dijo Gilbert depositando a la joven con cuidado en el suelo.
–No te inquietes Gilbert, estaré bien –aseguro la chica– has trabajado mucho y muy duro últimamente, mereces salir a divertirte un rato y si quieres podemos celebrar mas tarde ¿Te parece bien? –pregunto sonriendo
–Si y muchas gracias –dijo Gilbert– nos veremos mas tarde –aseguro y se fue corriendo a llamar a Francis.
Estaba anocheciendo cuando al cabo de una hora, ambos se encontraron en el bar entre bromas, copas y risas se pusieron al corriente de la vida del otro y todo estaba bien hasta que Francia hizo la pregunta que había estado callando toda la velada:
–Gilbert ¿Estás interesando en alguien por ahora?
– ¿Por qué preguntas eso? –replico el prusiano entre risas provocadas por el alcohol
–Es solo curiosidad –contesto el francés con cuidado de que Gilbert no sospechara nada
–La verdad es que si –dijo Gilbert– veras, hay una chica y me agrada muchísimo, es agradable, inteligente y divertida, me la paso muy bien con ella –confeso riendo y miro su reloj– ¡Dios mío! –agrego al ver lo tarde que era– lo siento Fran, ya debo irme, mañana debo trabajar y además le prometí a alguien volver temprano a casa –dijo el albino levantándose de la butaca donde estaba sentado y saliendo del bar
– ¿La promesa se la hiciste a la chica que te gusta? –pregunto Francis acompañándolo a salida
–Puede ser –dijo Gilbert y se fue caminando hacia el estacionamiento del bar donde tenia estacionada su motocicleta,
Lo último que Francis vio antes de abandonar el lugar fue a Prusia corriendo a abrazar la figura de una mujer antes de que ambos se montaran en la moto y se los tragara la oscuridad de la noche.
Esta corto gente pero es lo que tengo. Última oportunidad de votar ¿Quién será la cómplice amorosa de Gilbert en el siguiente capitulo? ¿Annie, Margot o Salome? Recuerden que la votación está a punto de cerrar. Por otro lado, Francis ¿Qué hará? ¿Hablara o callara? Dejen muchos comentarios si desean saberlo, hasta luego. Atte. Naru
