Hooola chicas! Antes de empezar el capítulo, solo quería agradecerles sus magníficos comentarios, que aunque pocos, me dieron la fuerza para escribir la tercera parte. Espero que pronto sean más las que se unan a esta maravillosa historia.


Después de esa noche, no volví a ver a Hans en varios días; me limitaba a quedarme en mi habitación esperando impacientemente que mi pierna mejorara.

Me tuve que someter varias a veces a las poco delicadas manos del doctor real, que se encargaba de causarme más dolor del que ya tenía de por sí.

Ya había pasado una semana, cuando me era posible caminar con normalidad otra vez.

-Buenos Días Alteza – Margaret entró al comedor con una abundante bandeja, repleta de diferentes platillos para el almuerzo. Su magnífica capacidad para cocinar, llenaba las habitaciones del palacio de espléndidos aromas – Ya se encuentra mucho mejor, ¿No es así?

-Por fortuna, sí – Ella colocó los platos perfectamente repartidos por la mesa, en la que solo yo se encontraba sentada. Hans ni siquiera tenía la delicadeza de comer allí, como buen príncipe. Resoplé. ¿Habría algo a lo que ese hombre le tuviera consideración? Parecía que no.

Decidí que no era exactamente un buen momento para pensar en cosas desagradables, por lo que me dejé llevar por el magnifico aspecto de la comida y empecé a comer. De ves en cuando, Margaret y sus compañeros de cocina se tomaban la libertad d acompañarme en la mesa, en las cual teníamos largas y divertidas conversaciones. Entre ellos se unía el muchacho que me guió la otra vez, que resultó llamarse John. Un joven muy bien parecido e inteligente, para ser un simple ayudante de cocina.

Esta fue una de estas veces..

Y su majestad, ¿Cómo piensa pasar todo este tiempo que no pueda salir del reino? – El susodicho rompió el silencio, tomando la iniciativa de la conversación. Sus palabras causaron que un gran trozo de carne se quedara pegado en mi garganta.

¿Cómo has dicho? ¿No puedo salir? –Mi mirada expresión urgencia. El tenedor que tenía en la mano se hizo un hielo enseguida, causando cierta conmoción entre los presentes.

Si su majestad, es que, toda la familia real junto con los nobles, se llevaron todos los barcos disponibles a un extenso viaje hacia la boda de un reino aliado.

Margaret había tomado entonces la palabra, puesto que John se había quedado medio anonadado con mi peligrosa reacción. Eso me hizo avergonzar, mordiendo mi labio con fuerza.

-Mil disculpas. Es que…. –Aclaré mi garganta – Extraño mucho a mi hermana y a mi reino.

Todos parecieron enternecerse con esto, y la tranquilidad volvió a apoderarse del ambiente. Mas, en mi interior, la angustia crecía cada minuto que pasaba. ¿Cuánto tiempo tardaría esa gente en regresar?

No deseaba quedarme allí más tiempo.

El muchacho me devolvió la palabra, un poco más relajado, conversándome sobre las anectódas de su vida diaria. Reí el resto del tiempo, viendo como el tenedor se descongelaba ante ello.

Tiempo más tarde, luego del almuerzo finalizar, me dispuse a caminar por los corredores del castillo en soledad, buscando mantener la calma. Mi pasos dejaban pequeñas marcas de hielo tras de mi, reflejando mi inquietud.

Debía encontrar a Hans, para exigirle que me regresara a casa.

Decidí así, que volvería a la habitación donde lo había visto aquella noche, para enfrentarlo y dejarle claro que no podía seguir apresándome en su castillo, o eso le traería graves represalias.

Cuando las velas fueron apagadas, y los sirvientes se retiraron a terminar de arreglar las cocinas, me introduje en la oscuridad de los pasillos para llegar a mi destino. Me costaba ver a donde iba, puesto que esta vez no había ningún candelabro al que seguir. Finalmente, me topé con la misma puerta, igual de entreabierta como la primera ves. Me introduje en el cuarto en silencio.

Estaba vacío, y todo intacto, por lo que supuse que el no había pasado por ahí. De todas formas, allí no había mucho que remover; solo una mesa de noche de madera, más desgatada que el suelo en si, una hermosa ventana de forma circular, que debaja que toda la luz de la Luna iluminara la habitación, y una cama que era lo único que se veía en buen estado ahí, con un gran bulto debajo de las gruesas y poco coloridas sábanas. Esto hizo que alzara una ceja, extrañada. ¿Qué habría allí? Me aproximé al montículo, curiosa y cautelosa, acercando mi mano para tomar la tela entre mis dedos. La aparté, sin hacer un gran desastre para luego poder ponerla en su sitio, dedicándome a examinar lo que allí había escondido.

Eran un montón de cartas, desordenadas y algo arrugadas, que se amontonaban una sobre la otra. Todas tenían un sello especial de la corona, que detuvo mis intenciones de ponerlo todo como estaba. ¿Por qué guardaría Hans, esas cartas allí? ¿Con qué intención las escondería? Me apoyé entonces, sobre la cama, la cual hizo un leve chillido, tomando unas cuantas entre mis manos, mientras las leía tranquilamente por encima. Invitaciones a bailes, bodas, bailes, bodas, coronaciones, (Entre ellas la que le habíamos mandado para MI coronación), avisos, de llegada, y otro tipo de cosas.

Todo parecía muy normal, hasta que la cosa empezó a torcerse de verdad, cuando, al tomar las que se apilaban en otro montículo, y que eran enviadas por un solo remitente. Un frío recorrió mi espalda, cuando comencé a leer su contenido.

Se resumían en ellas, planes de asesinatos, mapas, y listados de princesas disponibles en casamiento; en donde uno de ellos aparecía mi nombre y el de Anna. Tragué en seco mientras continuaba leyendo. Y cuanto más veía, más me horrorizaba. ¿Qué significaba todo esto? ¿De quién eran estas cartas? Las solté a un lado, y empecé a rebuscar algún sobre que tuviera la misma data de una de las cartas; pero nada. Volví a mirarlas, pasándola una a una. De pronto, recordé que Hans estaría allí pronto, y podría descubrirme, pero no había terminado de revisarlas. Las arreglé, doblándolas y metiéndolas bajo mi vestido, recogiendo las demás y acomodando la cama antes de huir de allí.

Por fortuna, conseguí llegar sana y salva a mi habitación, sin ser descubierta. Las saqué nuevamente, sentándome en el suelo, apoyando la espalda en la puerta, comenzando a concentrarme en ellas de nuevo. Encontré una con una fecha que me daba a saber que fue enviada dos días después de echarlo de Arendelle. Sudé frío:

" Hans, Hans, Hans. Que idiota eres. Siempre supe que no podrías conseguir algo tan sencillo como casarte con una princesa. Y encima, ahora fuiste desterrado y eres odiado por todos los reinos vecinos. Creo que las oportunidades que te he dado para vivir una mejor vida, han sido completamente inútiles. Tienes suerte de que todavía continúe en mi viaje, porque ya te hubiera dado la lección de tu vida. Ahora tendré que corregir tu pequeño error, y más te vale que resulte esta vez. O me encargaré yo personalmente de que no vuelvas a aparecer en público"

Busqué una firma, algo que me diera una pista, pero nada. Solo había un sello de una corona que yo jamás había visto. Tomé nerviosamente otra de las hojas entre mis manos y continué leyendo. Esta era más reciente:

" El barco ya cayó. Es tu turno ahora. En la playa. Hazlo bien"

Eso era todo lo que decía. No comprendía. ¿Qué significaba esto? ¿Qué querría decir con que 'Ya cayó"? ¿Se estarían refiriendo a mi? Quiero decir, de lo que yo había oído, Hans me había encontrado en la playa. ¿Me iba a matar? ¿Por qué no lo hizo? ¿O lo iba a hacer ahora? ¿Yo iba en un barco? ¿Alguien hizo que naufragara? No podía recordar nada acerca de eso.

Me fui recostando a en el suelo, asustada, con las cartas en mis puños. El hielo rápidamente comenzó a expandirse por toda la habitación, cubriendo las alfombras, los ventanales y cortinas. En mi mente las mismas preguntas golpeaban como piedras en mi cabeza. Tenía que salir de allí. Debía salir de allí.

Me levanté de un salto, dejando allí todos los papeles en el suelo, y tomando mi capa, salí corriendo de la habitación, con otra hilera de hielo tras de mi. Algunos sirvientes que se retiraban a sus alcobas se detuvieron asustados al verme correr, pero nadie intentó detenerme. Busqué con desesperación las puertas, que empujé con toda mi fuerza, haciendo que también se congelaran. Si seguía ahí moriría. Siempre supe que él no era de fiar, la gente mala muere mala.

En mi terror, llegué hasta el puerto, que se veía complemente desolado y vacío. Miré a mi alrededor, por todos lados, procurando algo con lo que pudiera salir; un barquito, un bote, aunque fuera un trozo de madera. Lo que fuera. Pero no había nada. Solo un montón de cuerdas que se elevaban con el viento, mojadas por el agua salada. Me dejé caer en el suelo, arrodillada. Estaba viendo la posibilidad de crear un barco de mi propio hielo, cuando unos pasos detrás de mi me pusieron en alerta. Pero no era de una persona. Eran varias. Apreté mis puños con cuidado, y volví a erguirme, esperando que, quién quiera que fuese, hiciera lo que tuviera que hacer. Me defendería. Vi la madera helarse poco a poco y sonreí. Estaba a punto de volverme, cuando sentí un golpe bajo mi cabeza, que me hizo caer fulminada al suelo. Lo último que vi ante mi, fue una espada de plata, una espada real protegiéndome de la oxidada hoja que venía con la intención de atravesarme.


Woow! ¿Quién creen que salvó a Elsa? ¿Y quién creen que la golpeó? ¿Y el autor de esas cartas? ¿Como les gustaría que siguiera el siguiente episodio? Sé que Hans no a aparecido mucho, pero no se preocupen que pronto hará acto de presencia.

¿Les gustaría que John tuviera más protagonismo? Podríamos acercarlo un poco más a Elsa...si saben a lo queme refiero.

¡Nos leemos en el proximo episodio!