¡Hola Chicas! Antes de comenzar nuestro capitulo de hoy, me gustaría hacerles una pregunta; ¿Que piensan el primero capitulo de la fic? ¿Creen que debería remodelarla?

Estuve a punto de dejar la Fic, puesto que casi no hubiera reviews en el último capítulo. Eso me desanimó mucho. Pero sé que aún así, hay algunas que si lo leen, y no es justo dejarla por eso. Asi que aqui está. Espero ver algún bonito review en este capitulo. ¡Disfrutenlo!


La reina fue rápidamente dirigida a los aposentos en donde reposaba el débil príncipe. Se sorprendió al notar que la mujer la conducía a la pequeña habitación donde había encontrado las misteriosas cartas.

Solo entrar, pudieron divisar el cansado doctor que lo examinaba, con una mirada preocupada, sentado en un pequeño banquito de madera. Este, que notó la presencia de las mujeres, se inclinó con respeto ante ella, sin borrar su expresión. Hans reposaba en la cama, con su rostro pálido. En esos momentos, Elsa no estaba segura si él estaba inconsciente, o solo dormía.

-Su majestad – El hombre se dirigió con respeto a la dama, mientras Margaret desaparecía, balbuceando algo que la rubia no pudo comprender.

-¿Cómo se encuentra el príncipe?

-Me temo que no muy bien, mi señora –Este contestó, dando un vistazo hacia al joven – Padece de una enfermedad que mis limitados conocimientos me impiden reconocer. Arde en fiebre, despierta y se desmaya continuamente, sufriendo dolores terribles mientras consiente se mantiene. Y desgraciadamente, en estos momentos no tengo ni siquiera un suero para quitarle parte de la molestia…. –El hombre continuó hablando, explicándole más detalles sobre lo que le sucedía. Ella notó que el doctor no se encontraba tampoco en un buen estado; sus ojeras gritaban por una noche de sueño, y su rostro fatigado por algo de comer; lo que le hizo caer en cuenta que ni siquiera sabía que hora era. Seguía estando oscuro el cielo, por lo que debían estar en plena madrugada.

-Escuche – Elsa no había retirado la mirada de la ventana cuando comenzó a hablar – Vistos los acontecimientos, su falta de utensilios, y la hora que se presenta, debería usted entonces marcharse a casa. En ese estado, desgraciadamente no nos es en absoluto útil.

Al hombre no le gustaron del todo sus palabras; pero en cierta parte tenía toda la razón. No tenía caso permanecer ahí si no podía hacer nada. – Pero mi señora, ¿Quién cuidará de él? Según entiendo, ningún sirviente aquí conoce algo de medicina. A penas primeros auxilios.

-No se aflija. Para eso estoy yo aquí; me encargaré de darle todas las atenciones que necesita – En vista de esas palabras, y de la expresión de ella se tornó algo severa al notar que este abría la boca para replicar, decidió entonces el hombre obedecer, haciendo una reverencia en modo de agradecimiento, antes de dirigirse hacia la puerta. Esta lo despidió, apoyándose unos segundos en la puerta hasta verle desaparecer por las escaleras. Respiró así profundamente, y ocupando el lugar del ausentado, s dedicó a prestarle su atención al enfermo.

Honestamente, ella tampoco sabía demasiado lo que podría hacer; tenía ciertos conocimientos acerca del campo, y sabía manejar algunas situaciones gracias a las magnificas enseñanzas que su ahora difunto padre le impartía cuando era no más que una niña. Su insistente mirada notaba con angustia como la elegante y pintoresca fachada del príncipe se había vuelto deplorable y adolorida. Tenía cortes en las mejillas, que se notaban ya atendidas, y ciertas marchas de sangre que no fueron totalmente limpiadas.

Nunca se hubiera creído, en otras circunstancias, ver al hombre que tanto daño había causado a su hermana y a su reino, en ese estado, y solo por haberla salvado. Ella tenía muy claro que no era la causante de su enfermedad, o al menos eso creía; pero sabía que él podía haberse quedado en su hogar reposando, en lugar de haberla seguido y protegido.

Aún así, estaba consiente de que eso no era más que una teoría; la espada podía haberle pertenecido a cualquiera. Pero; ¿Qué podía hacer? ¿Dejarlo ahí morir? ¿Y que pasaría con todas esas cartas? ¿Y quién la atacó? No podía quedarse sin esas respuestas. Así que decidió tomar ese argumento como respuesta a lo que hacía.

Intranquila por la sangre, de instinto, aproximó su mano a su rostro para terminar de quitar las manchas. Sintió enseguida que su piel, ardía. La fiebre había aumentado, y por lo visto, alguien había tenido la grandiosa idea de cubrir con varias mantas al pobre joven. Rápidamente las retiró, dejándolas caer en el suelo para que no molestaran. Pero esto no mejoró mucho, y este comenzó a quejarse.

Comenzó a revisar por todos lados, buscando algo que podría ayudar a refrescarlo un poco más; pero la ventana y la puerta estaban ya abiertas, siendo una calurosa noche sin ningún tipo de viento fresco. Podría ir por una toalla y algo de agua, pero en ese estado no podía dejarlo solo. Debía mejorar un poco antes de que ella pudiera correr hacia la cocina a buscarlo. Ella se llevó los dedos a la boca. Su mente repasaba las lecciones de su padre, donde creía que hallaría una solución al problema: "Si su fiebre no baja, hay que procurar desvestirlo lo más posible. Así, exponiendo al cuerpo a la temperatura en la que se encuentre"

No.

Ella no podía hacer eso.

¿Qué irían a pensar si la vieran? Que estaría intentando matarlo, o bueno, algo mucho peor. Su mente entonces se pobló de inadecuados pensamientos, que adornó su rostro con una mueca y la hizo sacudir la cabeza, procurando hacerlos desaparecer. Elsa entonces, se llevó las manos a su rostro, sin saber que hacer. "Es mejor dejarlo ahí y que la fiebre lo mate, total, hay que mantener las apariencias" Su mente intervino, regañándola. No podía dejarlo así solo por vergüenza; no estaría haciendo nada malo. Solo lo quería ayudar.

Buscando olvidar absurdas teorías, pensamientos y vergüenzas, acercó con cierto temor sus manos a los botones de la gruesa y poco limpia camisa de Hans. La desabrochó rápidamente, olvidando el cuidado y la elegancia, agradeciendo que solo fuera una. De una, se la retiró, intentando al moverle los brazos no hacerle daño. Su estado emocional en esos momentos la mantenía al borde de causar un muy helado desastre. La dejó junto con las mantas que había tirado a un lado, y esperó, por verlo mejorar. Sus ojos azules, se vieron entones examinado la escultural figura del hombre. Su pecho y torso demostraban el excelente trabajo corporal que como príncipe, tenía el deber de hacer y mantener, cautivando a la joven, a pesar de que se negó a admitirlo. Pero no había tiempo para detenerse a pensar en el atractivo del hombre; el seguía inquieto por su malestar. Esto alteró a la reina, causando entonces que el banquito donde se había vuelto a acomodar se congelara. El repentino frío que la rodeó, la hizo caer en cuenta de que en sus manos siempre tuvo la solución para ayudarle.

Sin más, apoyó sus manos firmemente sobre el pecho de Hans, una sobre la otra, concentrándose en que el frío que salía de sus manos, de modo mantenerlo moderado; pero mantenerlo sobre un solo punto podría llegar a ser un castigo en lugar de un remedio, por lo que no tuvo otra opción que separar sus manos y comenzar a deslizarlas por su piel desnuda. Esta era suave, delicada, por lo cual el trabajo fue más placentero para ella que desagradable; ante esto, vio como el príncipe poco a poco se fue relajando, gracias a su trabajo, que persistió hasta llegar a su frente, donde se mantuvo hasta que notó que la temperatura de su cuerpo, había bajado lo suficiente como para mantenerse algo tranquilo mientras buscaba ayuda. Alegre por ello, salió entonces a paso rápido de la habitación, dejando la puerta entre abierta tras de si.

Todos preguntaban a la reina por el estado del príncipe mientras ella procuraba encontrar todos los artículos que precisaba; un balde de agua que se encargó de enfriar, varios paños limpios, y una jarra con más agua que él pudiera beber en caso de que despertara.

Los agradecimientos por el dedicado trabajo de la Reina con su príncipe no tardaron en llegar, los cuales y por todos los medios ella intentó disculpar, excusándose con que era por nivel de moral, y no por otra cosa.

Evitó también que intentaran acompañarla; ella ya se sentía presionada por si misma, como para que la estuviera allí observando. Subió con mucho esfuerzo, por las escaleras con todas las cosas sobre sus brazos, volviendo lo más pronto posible a la estancia. Tuvo que usar un pie para empujar la puerta, donde no tardó en fijarse en la cama para ver al enfermo; pero ya no estaba allí. En lugar de acostado y descansando, Hans se había levantado a duras penas, y procuraba mantener el equilibrio sosteniéndose de la vieja mesilla de madera. Esto hizo que Elsa soltara de un solo golpe las cosas, causando un gran estruendo. El agua se volcó por toda la habitación, mojando sus delicados tacones y vestido; el suelo de la habitación, que como esta era tan reducido se vio cubierta por el agua derramada. Buscando ignorar esto, Elsa intentó llegar hasta el príncipe, que se había detenido a observarla con una expresión de dolor.

-Elsa…

-Hans, por el amor al cielo, ¿Qué haces levantado? Estás todo enfermo, debes reposar – Ella tomó su brazo para ayudarlo a erguirse mejor, intentando usar su fuerza para devolverlo a la cama. Pero este no cedió con tanta facilidad.

-Elsa – Este volvió a llamar por su nombre, a pesar de que su voz era débil y poco audible. El pesaba mucho, y le costaba sostenerlo, ella lo miró a sus ojos profundos ojos verdes, con desesperación, sin contestar. No podría aguantarlo por mucho tiempo más; los dos caerían al suelo. Lo intentó mover de nuevo, esta vez consiguiendo halar de él mejor, puesto que ya se había quedado sin fuerzas para intentar mantenerse allí levantado. La joven casi lo arrastró hasta la cama, donde luchó contra él para volver a acostarlo de la mejor manera posible. Pero él actuaba de una manera muy extraña; la agarraba de las manos y de los brazos con cierta desesperación, lo cual empezó a asustarla.

-Hans por favor. Debes calmarte. ¡Me estás asustando! –Exclamó Elsa esforzándose por liberarse del agarre del hombre. Pero el era más fuerte que ella en todo sentido, y apresó sus manos entre las suyas, sin lastimarla.

-Escucha….nece-sito….que me oigas… -Su voz se entrecortaba, mientras mantenía la presión en sus manos. No tuvo más remedio que dejar que de impedir que el sostuviera sus manos.

-Lo que sea que me tengas que decir, puedes hacerlo luego. Debes descansar por favor.

-No… ahora – El príncipe era claramente, muy terco, y se negaba a pesar de la constante insistencia de la chica – Necesito…. Necesito que sepas que lo siento….. Lo siento por todo Elsa. Por…. Todo.

Estas palabras dejaron helada a la reina, que lo observaba muy confusa. ¿Qué estaba diciendo? ¿Qué pretendía decir con eso? ¿Se estaba disculpando? ¿Por todo? ¿Qué quería decir por todo? ¿Por lo de Arendelle? ¿Por qué?

-Hans, tienes fiebre. Estás delirando…. No sabes lo que dices. Debes calmarte y descansar. Todo estará mejor mañana, y…. –Ella buscó por todos los medios tranquilizarlo, y evitar que siguiera diciendo locuras. Era imposible que él estuviera consiente. Era demasiado orgulloso….era demasiado egoísta. Un asesino. Una persona así nunca se arrepentiría. ¿No?

Pero el constante zarandeo del pelirrojo sobre sus manos la distraían de sus atolondrados pensamientos; necesitaba que ella supiera que lo sentía. Pero ella parecía tan incrédula… tan ajena a sus palabras. Seguía repitiendo la misma disculpa una y otra vez, intentando convencerla; intentando ver en sus ojos alguna señal de perdón. Dolores envolvían su cuerpo, la fiebre lo quemaba por dentro.

-Por favor…. Elsa…. Perdóname – Fueron las últimas palabras que Elsa escuchó antes de que volviera a perder el conocimiento, dejándola rodeada de oscuros interrogantes. Ella se zafó entonces de sus manos que yo no hacían presión sobre las suyas, y lo colocó bien mientras colocaba sobre su frente un paño que pudo mojar con la restante agua que en el cubo sobró.

Luego de eso, no pudiendo hacer más, se limitó a volver a sentarse, sin preocuparse lo más mínimo por los charcos de agua que rodeaban la habitación, y apoyándose en el borde de la cama, dejó que el cansancio de la tensión y la preocupación la llevaran a caer en un profundo sueño.

Sin notar que todo a su alrededor se había congelado.


¿Que tal? ¿Les gustó? La escena del pecho de Hans fue solo con la intención de causar un poco de sensualidad al asunto, pero soy muy mala para eso XD Sé que la fic está yendo muy lento, pero no quiero que termine en pocos capítulos. Queda mucho que explicar, y quiero que la relación entre ellos se haga fuerte. Y me pareció una buena idea así empezar. Si algo no les gusta o no les agrada, por favor, haganmelo saber! Soy muy abierta a criticas constructivas.

Bueno, sin más que decir; no vemos en el próximo cap.

Xoxo;

La Bruja Violet