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¿Qué hace falta?

Antonio despertó varias horas después, se sentía mareado y le dolía todo el cuerpo, especialmente el corazón, el ibérico pensó en la escena que acababa de presenciar horas antes.

Un beso entre Gilbert y esa joven tan guapa, un beso entre esos dos con la boca llena de comida, no era un beso de pico, de apenas un roce como los que se daba con Francis a veces cuando jugaban estando ebrios no, era un beso, en serio, un beso hambriento ardoroso, pasional, un beso marcado por la necesidad de poseer. Un beso de amantes…como los que él quería darle y ¿Por qué no? Recibir de vuelta.

Suficiente pensó Antonio era mas que suficiente, tenia que olvidarse de Prusia, olvidarse para siempre de la idea de una posible relación amorosa con Gilbert Beilschmidt desde ya, no tenia caso ponerse a sufrir por un imposible, porque eso era Gilbert para él un imposible.

En ese momento Antonio noto que su ropa estaba sucia y cubierta de mugre, de seguro se había manchado en algún lugar camino a casa y ni siquiera se había dado cuenta, bueno no era nada que una buena ducha y poner a funcionar la lavadora no pudieran arreglar además tal vez podría sacarse a Gilbert de la cabeza un rato, si eso haría.

Antonio saco una muda de ropa de un cajón de la cómoda, la dejo sobre la cama y se dirigió al baño, una vez ahí se despojo de sus vestimentas y se metió en la ducha. El agua fría cayéndole en la cabeza y refrescándolo por entero fue como una bendición, acto seguido el ibérico se lavo el cabello, se refregó el cuello, los brazos, el torso, y mas abajo.

En algún momento si quererlo realmente, Antonio se imagino como seria compartir la ducha con la persona que mas quería en el mundo, el rostro de Prusia apareció fugazmente en su mente haciéndolo fruncir el ceño pero que demonios, desde que se había dado cuenta de que Gilbert le atraía había intentado imaginarse como seria estar compartiendo la ducha y otras cosas con él sin conseguirlo por completo y aunque sabia que Gilbert no estaba libre, nada le podía impedir que usara su imaginación un poco, Antonio sabia que nunca pasaría algo así entre ellos pero ya estaba lastimado ¿Qué importaba si se lastimaba aún mas? ¿Qué importaba que fuera un maldito masoquista? ¿A quien le importaba él? A la persona a quien realmente quería interesarle seguramente no, después de todo, él ya tenia con quien entretenerse.

Lentamente, muy lentamente se imagino que Prusia estaba con él en la ducha, ayudándolo a limpiarse y esperando que él hiciera lo mismo con su grandiosa persona, como solía decirle antes de que se lo tragase la tierra y se ligara a una bonita. Vio con mucha claridad sus cabellos claros, sus ojos escarlatas, nariz mediana, boca, grande, piel lechosa y cuerpo bien formado con músculos fuertes y definidos, tan cubierto de mugre y sudor como el suyo y que se aseaban mutuamente y le había llegado el turno de asear al germano. Antonio imagino lavaba con delicadeza el cabello del albino antes de pasar a su pecho y brazos, enjuagar e ir mas abajo mientras Gilbert decía que ahí no, que le daba cosquillas y reía por lo bajo mientras le decía que era un pervertido y que tanto tiempo con Francis le estaba afectado demasiado, Antonio a su vez se reía y le preguntaba cuantas cosquillas sentía ahí mientras se acercaba al germano y lo besaba…

Un repentino ardor provocado por un poco de champú metiéndose en uno de sus ojos lo obligo a parar su ´sueño mojado´ con cierto prusiano que en eso momentos no lo volteaba a ver ni por error, Antonio se enjuago los ojos y arreglo cierto ´problema´ con sus zonas bajas, una vez resuelto se enrollo una toalla alrededor de la cintura y salió de la ducha.

Mientras se secaba el cabello con una toalla Antonio se miro atentamente en espejo del baño y se pregunto que le hacia falta para que alguien como Gilbert lo volteara a mirar ¿Un par de tetas? ¿Buenas piernas? ¿Tener firme la retaguardia? ¿Cabellos largos como una cortina de seda? ¿Qué le hacia falta para que Gilbert lo mirara por lo menos cinco minutos sin salir corriendo después, sin dar excusas tontas? ¿Qué le hacia falta para poder invitarle siquiera un café? Y ¿Se fijaría Prusia en él si fuera una mujer? Antonio bufo frustrado y salió del baño. ´Olvídalo, se dijo a si mismo es parte del pasado´.

Acto seguido fue a su habitación y se vistió antes de volverse a tumbar en la cama otra vez y volverse a dormir. En sus sueños vio a Gilbert, tomaban un café mientras conversaban y reían, como antes de que este tuviese novia, como antes de todo aquel desastre. Recordó la vez que casi intimaron entre ellos estando ebrios una noche juerga, Francis estaba dormido y ellos jugaban a las veinte preguntas y de un momento a otro las manos se les fueron y estuvieron acariciando la piel otro hasta que Gilbert le pidió que se detuvieran pues estaban borrachos y podían lamentarlo tarde o temprano, Antonio le dio la razón y lo dejo tranquilo.

Pero no había olvidado el sabor de aquellos labios, el tacto de aquellas manos sobre su piel, el calor proporcionado por un cuerpo ajeno presionándose contra el suyo, la mirada de esos ojos carmesí oscurecidos por la necesidad, su aroma…no había olvidado nada desde esa vez, el español soñó que por fin terminaban lo que comenzaron esa noche por accidente, que Gilbert no le pedía que pararan, que le pedía que siguieran, que le arrancaba la camisa, acariciaba su pecho descubierto y jugaba con sus pezones pellizcándolos, lamiéndolos, mordiéndolos, que iba mas abajo llenando de besos el abdomen del albino y jugando con su ombligo antes de bajarle los pantalones y la ropa interior de un tirón antes de lamer su intimidad y metérsela en la boca, escuchar los gemidos de su amante pidiéndole seguir antes de empezar a moverse para hacerlo explotar de placer y saborear su esencia.

Después Prusia, se revolvía, le decía que las cosas no se iban a quedar así, que él era demasiado genial para permanecer pasivo ante lo que acababa de hacer y que se las pagaría caras, el español se reía mientras le preguntaba entre carcajadas que pensaba hacerle a lo que Gilbert se le colocaba encima, le despojaba de sus ropas y empezaba a devolver lo que le había hecho antes de empezar a masturbarlo con una lentitud enloquecedora haciéndolo jadear de frustración mientras le pedía que fuera mas rápido pero Gilbert no lo escuchaba y se ponía a jugar con su ombligo mordisqueando la piel alrededor de el y introduciendo su lengua en el orificio de su abdomen, volviéndolo loco hasta que le rogaba que lo dejara terminar porque ya no aguantaba, a lo que prusiano sonreía con suficiencia y reemprendía la labor dejada a medias, Antonio arqueaba la espalda y gemía como desquiciado pidiéndole mayor velocidad a lo que el albino respondía acelerando el contacto hasta dejarlo agotado.

Antonio inhalaba y exhalaba fuerte intentando normalizar su respiración, Gilbert sonreía levemente pues el jefe había recibido una cucharada de su propia medicina por parte de su increíble persona. Antonio cambio las posiciones, preparo el cuerpo del albino para lo que venia con cuidado y entro en él, Gilbert gimió y se retorció debajo suyo, el español le dio tiempo al germano de acostumbrarse a la intromisión antes de empezar a moverse en su interior con estocadas cada vez mas potentes hasta que ambos terminaron, Antonio salió del cuerpo del prusiano cansado por la actividad pero satisfecho al mismo tiempo: Gilbert ya le pertenecía por entero…

Y en ese momento España despertó respirando agitado, busco al albino con la mirada para después darse cuenta de la triste realidad: todo había sido un sueño, un puñetero sueño, Prusia no estaba ahí, jamás había estado ahí, no habían hecho el amor y para hacer todo mas cruel el bono extra: Gilbert tenia novia.

Deprimido como pocas veces había estado, Antonio deslizo una mano dentro de sus pantalones dispuesto a hacerse la segunda paja de la noche y sabiendo muy bien que esa no seria la última vez que se autocomplaciera a si mismo en las semanas por venir.

– ¡Gilbert! –exclamo el español jadeante mientras su semilla manchaba las sabanas de su cama– soy tan patético –murmuro el hispano con voz rota antes de ponerse a llorar de rabia, de frustración y una profunda tristeza por no tener a quien amaba a su vera.


Mientras tanto en algún lugar de Alemania Gilbert y Salomé llegaban corriendo al departamento de esta, completamente empapados y ateridos de frio a causa de una tormenta que los había cogido de sorpresa después de que salieran de trabajar. A Gilbert le había sorprendido mucho encontrar a Salomé llorando escondida en la bodega poco antes del descanso para comer, cuando el albino le pregunto que le ocurría, la muchacha confeso entre sollozos que había roto con el novio en turno después de que descubriera que este la engañaba con una de sus compañeras de la escuela de danza, al verla tan decaída Gilbert permitió que la joven llorar apoyada en su pecho y para que se distrajera y olvidara un momento su pena, Gilbert la invito a almorzar, Salomé acepto la invitación pero le pidió que la dejara ir por su cuenta diciéndole que necesitaba pensar, Gilbert prefirió no insistir a pesar de que sentía que si dejaba a la joven sola, esta podría hacer alguna locura.

Pero gracias a Dios no fue así, Salomé llego sana y salva al restaurante, hablaron, comieron salchichas y ensalada de zanahoria e incluso jugaron con la comida compartiendo una salchicha entre los dos. El juego consistía en comer la mayor cantidad de alimento que el oponente, Salomé se rio a carcajadas cuando casi se atoro con un trozo de carne, al verla tan animada y volviendo a ser la misma de siempre Gilbert dijo:

–Te ves mas linda cuando sonríes canela

– ¿De veras lo crees, luna? –pregunto la chica sonrojándose levemente

–Claro que si –aseguro el germano– el increíble yo nunca miente –agrego haciendo reír a su compañera

– ¿El increíble tú puede prometer algo? –cuestiono la castaña

– ¿De que se trata? –pregunto Gilbert curioso

–De que tú y yo estaremos juntos pase lo que pase, prométemelo Gilbert –dijo la chica

–Te lo prometo preciosa, yo estaré siempre contigo –dijo Gilbert

–Gracias Gilbert, eres el mejor amigo que podría tener el mundo –admitió Salomé sinceramente

Cuando empezó a llover, Gilbert lamento no haber traído su cámara consigo pues Salomé salió corriendo directo al aguacero riendo como una niña, más guapa y más feliz que nunca antes, según el prusiano, nunca la había visto tan llena de vida, tan hermosa…tan ella. No se dio cuenta cuando ella lo arrastro a aquel chaparrón y se puso a bailar un tango con el sin música en medio de la calle, la gente que los veía mientras corría para protegerse del agua les decía que estaban locos ¿Quién en su sano juicio bailaría en medio de un temporal? Ellos claro, él por ser genial y ella por ser la chica más original que hubiera conocido jamás, salieron corriendo cuando escucharon el sonido de un trueno en la distancia hasta llegar al departamento de la joven.

El lugar era cálido y estaba decorado con sencillez, era alegre y lleno de vida, como ella. Salomé hizo a Gilbert cambiarse la ropas empapadas dándole una muda de ropa que había pertenecido a su hermano mayor, Marco antes de que este se accidentara y falleciera camino al hospital mientras ella hacia lo propio en su habitación. Después estuvieron viendo la televisión hasta que el mando del aparato cayó por accidente al suelo, ambos trataron de recogerlo al mismo tiempo y sus manos se rozaron sin querer y fue allí cuando la bomba que había entre ambos desde que se conocieron estallo sin que pudieran o quisieran hacer algo por evitar dicho acontecimiento, Gilbert beso a Salomé sin darse cuenta realmente de lo que hacia, cuando por fin reacciono se separo de golpe y miro a otro lado apenado.

–Lo siento –musito incapaz de mirarla a los ojos

–No tienes porque disculparte –replico la joven dulcemente– esperaba que lo hicieras desde hace mucho tiempo

– ¿Eh? –balbuceo confundido el albino– ¿Por qué? –cuestiono

–Porque te quiero Gilbert Beilschmidt –declaro Salomé firmemente

–Pero ¿Y tu Novio? –pregunto Gilbert

–Armando me hizo feliz por un tiempo tengo que admitirlo, de hecho no es la primera vez que me engaña con alguien –aceptó la de ojos miel –pero ya estoy cansada de esperar algo que no va a ocurrir nunca porque él jamás dejara de ponerme los cachos con cualquiera y además me di cuenta de que me importas mucho, pensaba decírselo todo a Armando esta tarde pero cuando supe que me engaño con Vicky decidí que no valía el riesgo así que estoy disponible para lo que necesites, una amiga, una relación de amigos con privilegios, una cómplice o lo que sea sólo piénsalo Gilbert –finalizo la castaña

–Salomé yo también te quiero y mucho pero hay algo que necesitas saber –dijo nervioso el prusiano

– ¿Sobre el tipo que te persigue? –cuestiono ella

– ¿Cómo sabes eso? –repuso el de ojos rojos

–Annie me conto todo –respondió la chica– por favor no te enfades con ella –agrego al ver la expresión en la cara del teutón

–Eres la mejor canela –musito el albino sonriendo

Por toda respuesta ella lo abrazo y fue ahí donde comenzó lo que seria el inicio de la verdadera guerra


¡Hola gente! Soy yo de nuevo con otro capitulo mas de esta historia tan rara, como ven Antonio esta en la olla de la depresión ¿Cómo le afectara eso mas adelante? Y ¿Qué pasara con Gilbert y Salomé? Francis volverá a aparecer ¿Con que propósito? Y ¿Dónde se metieron Lovino y Feliciano? Y ¿Cuál será su papel en lo que se avecina? Estas y otras preguntas serán contestadas en el próximo capitulo estén pendientes hasta pronto. Naru

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