Los rayos de sol que entraron por los enormes ventanales de la habitación, consiguieron finalmente que los ojos de la hermosa rubia, que pacíficamente descansaban, de una vez se abrieran; con lentitud y pesadez lo hacían.
La habitación en la que se encontraba, claramente no era en la que se había dejado llevar en los brazos de Morfeo; el color dorado del techo relucía ante su difuminada vista.
¿Dorado?
Dorado… Ella intentó reconocer a qué lugar pertenecía ese exuberante color, cuando sintió que algo pesado caía sobre su cuerpo y la mantenía incómodamente acostada. Esto la hizo alterarse al momento.
Llevó sus manos, cual Águila, hacia lo que le hacía peso, en busca de descubrir lo que era y de por supuesto, retirarlo. Sus uñas, que estaban largas y algo descuidadas, rápidamente se encajaron al objeto no identificado, mientras tanto sus palmas se encargaban de inspeccionar, presionando diferentes zonas. No tardó en descubrir que lo que intentaba rasgar no era más que un poco de tela, que claramente cubría a la razón de su intranquilidad.
Se vio suspirando de alivio cuando dejó que su mano izquierda partiera a territorios desconocidos, subiendo por lo que, reconoció mucho después como un brazo. Y uno fuerte y grande.
-¡Oh!- Ella exclamó entonces, cuando, girándose como pudo sobre la cama, descubrió ante sus ojos que pertenecía al mismo enfermo que se había encargado la noche anterior, de atender y cuidar.
Desparramado, profundamente dormido y boca abajo, Hans se tomaba la tarea de invadir toda la cama, sin ningún tipo de pena o consideración. Su rostro transmitía cierta paz, lo que le dejó claro a Elsa que todos sus esfuerzos habían dado algunos frutos. Probablemente la fiebre ya no lo atormentaba; no al menos demasiado.
La escena, a pesar de no ser la más oportuna o apropiada, le causó a Elsa una pequeña risa que vio con vergüenza escaparse de sus labios. Insistía en que, verlo en esas fachas era conocer una faceta completamente nueva, y que le daba la visión de un hombre más humano y vulnerable.
Le sorprendió que sus uñas al clavarse no lo hubieran despertado.
Con un simple toque de sus helados dones sobre la piel del príncipe, consiguió que este retirara su brazo de su alrededor, buscando el calor que la comodidad de aquella cama ofrecía. Saltando entonces de esta, la joven tuvo la libertad de observar mejor su alrededor.
Normalizó sus emociones al darse cuenta de que no se encontraba en otro sitio, más que los aposentos que se le habían otorgado el primer día que había despertado en ese lugar; con la única diferencia de que se encontraban más limpios y mejor ordenados. Las cartas que había dejado tiradas en el suelo la pasada noche ya habían desaparecido, junto con el hielo que todo lo había cubierto. Y muy a pesar, de que ese castillo nunca hubiera sido su sitio favorito, y posiblemente, nunca su destino, sin saber porqué, en esos momentos pudo sentir que la seguridad y paz la invadía. Los sucesos de los días anteriores habían terminado en la conclusión de que, mientras ella estuviera allí, no correría peligro.
Lo cual, era una ironía, teniendo en cuenta al personaje que se encontraba justo tras sus espaldas.
Estos pensamientos, llevaron a la mente de Elsa, a reflexionar entonces sobre las palabras que había escuchado de su boca. Todavía le era muy difícil creérselas, y supuso, que cualquiera en su situación estaría en el mismo dilema.
"Perdóname Elsa…"
Todavía podía ver sus ojos verdes y brillantes, mostrando el arrepentimiento, y su voz, cansada y débil, la clara derrota. ¿Por qué tuvo que hacer eso? ¿Qué lo llevó a ello?
Elsa se encontraba en una terrible batalla mental, en la que claramente se veía perdiendo. Sus sentimientos y opiniones luchaban entre sí, en busca de obtener con ello una respuesta que lo argumentara todo.
Pero era como un rompecabezas sin todas las piezas.
Y parte de este mostraba un lado malvado y vil; el lado que ella había conocido y que tanto odiaba y temía. Y por el otro lado, mostraba una parte más gentil. Más feliz. Más todo lo que en ese momento sus ojos podían encontrar al girarse y observarlo. Ese todo que hizo que algo en su interior por unos segundos se removiera.
Pero el medio, el resultado de todo eso, de todo lo que él era, se encontraba vacío; sin una pista de quién o qué clase de persona era.
¿Era el villano o el Héroe?
¿O tal vez ninguna de las dos?
Se aproximó nuevamente a la cama, arrodillándose junto en el lado donde él se encontraba. Apretó ligeramente sus labios al observar su rostro bañado en sudor, y maldijo interiormente al que tuvo la ocurrencia de vestirlo nuevamente. Aunque si hubiera estado de otra manera se hubiera visto aún menos apropiado de lo que a ella le pareció.
El que los había llevado hasta allí, pensó probablemente lo mismo que ella.
Apartó con cuidado un mechón de su intenso cabello rojo de su rostro, apreciando su rostro libremente. -"¿Por qué tiene que ser tan guapo?"- La vocesita que casi siempre la regañaba, se expresó en su mente, esta vez, causando un leve rubor en las mejillas de Elsa. Realmente era muy bien parecido; una de las razones por las que Anna había caído por él, y por la cual todas también lo hacían. Pero ella, ella quería ver algo más que esa fachada de príncipe encantador que el tenía.
Quería saber si el odio era realmente el sentimiento correcto que debía sentir hacia él, o si era el respeto, o incluso, el cariño, los que la llenaran cuando sus ojos lo divisaran.
En un tiempo atrás, claramente hubiera contestado que el desprecio era la única cosa que alguna vez su congelada alma podría llegar a sentir por Hans; pero ahora, todo aquello que ella creía ser, ya no era.
Acomodó entonces, un poco más sus cabellos que mostraban con claridad que no habían sido atendidos en meses, y los dejó lo mejor posible. No temió que despertara; su sueño parecía ser realmente pesado.
No había terminado de levantarse del suelo cuando llamaron a la puerta.
-¡Buenos Días Alteza! –Margaret entonces entró, sin esperar que le dieran el permiso de pasar, con dos enormes bandejas que llenaron de inmediato la habitación de un olor extraordinario.
Su estomago rugió en respuesta, reclamándole a la reina el abandono que había sufrido durante todas aquellas eternas horas. El té que había bebido no había sido suficiente para engañarlo.
No tardó en sentarse sobre el tocador, donde la mujer le entregó la comida, empezando a devorar lo servido como si no hubiera mañana.
La robusta mujer solo se rió al verla, tomando como un cumplido la forma poco delicada en la que ella engullía. Se acercó entonces al muchacho, que a causa del aroma y del saludo de esta, ya había despertado, y se frotaba ligeramente los ojos cuando la bandeja era colocada sobre los pies de la cama. Pero en lugar de agradecerle, sus esmeraldas observaban directamente a Elsa, que le daba la espalda, mientras desayunaba, del otro lado de la habitación.
Y sonrió, pero en su interior, así maravillado con el saber de que aquel sueño era real. De que ella sí se había quedado allí. Que sí lo había oído. La cocinera entonces se retiró, sin decir o hacer más nada, dejándolos solos.
Él ni siquiera echó un vistazo a la comida; su rostro no se apartaba de la fina y delgada figura que ahora se veía torcida como rama, debida a la inclinación que a hacer se veía forzada, puesto que el tocador estaba mucho más debajo de lo que una mesa normal debería. Pero eso de todas maneras, no parecía incomodarla.
Ella también podía sentir como era cruelmente observaba por el individuo, a pesar de que no lo había visto despertar de su sueño profundo. Sus pupilas parecían quemar su espalda como un hiriente sol, causándole una gran inquietud.
¿No podría al menos dejarla comer en paz?
El saber que ahora debería enfrentarlo, era una situación en la que honestamente no había meditado, y que le causaba puntadas de terror en el centro de su corazón.
Mientras el contenido de sus platos se iba reduciendo, el muchacho que apenas había tocado su comida, intentó deshacerse de las sábanas que a esa cama lo amarraban. Pero su enfermedad ahí persistía, y en su pecho sintió un terrible dolor, que a la cama devuelta lo envió.
Su quejido ante eso, aunque busco disimularlo, fue muy claro e evidente, ya que seguido a el un terrible estruendo causado por la bandeja y su bajilla que por el hielo en mil pedazos se rompió.
-¿¡Elsa!? –Hans exclamó, quedando tan asustado como ella lo hizo ante su queja.
Ella no se viró. Solo se quedaba observando sus manos con un aire de desesperación. Escuchó el príncipe, entonces, como murmuraba algo para si misma, entrelazando sus perfectos dedos, y colocándolos sobre su pecho. A continuación un audible suspiro salió de su garganta, y con un movimiento de sus manos que ya había liberado, lo antes roto, volvió a su estado normal.
-Buenos Días Hans – Ella aclaró su garganta antes de pronunciar aquellas palabras, tomando así la libertad de llamarlo por su nombre. Esto a él, no le molestó en absoluto.
Por lo contrario, dibujó una pequeña sonrisa en su rostro, asegurándose de que ella no la viera.
-Buenos Días.
-¿Se siente mejor?
-Un poco mejor, la verdad – No era del todo cierto; la variedad de malestares y dolores que su cuerpo padecía en esos momentos era enorme. Pero, su satisfacción de verla ahí era más fuerte que eso – Si no hubiera sido por la excelente enfermera que anoche trató de mí.
Su intención con aquello, no era otra mas sonar amable; en verdad se encontraba agradecido. Los leves recuerdos de sus manos heladas sobre su ardiente piel, de su rostro lleno por la preocupación….
Pudo haber estado inconsciente la mayoría del tiempo, pero no el suficiente para no notar su presencia.
Estas palabras causaron en ella una reacción muy poco positiva. Su tan malpensada mente, tomó sus palabras como sarcásticas, egocéntricas y burlonas, creando así, de nuevo un inestable estado emocional, que la llevaba al riesgo de congelar, esta vez, toda la habitación.
- No crea que lo hice por usted. Sus sirvientes estaban realmente preocupados, y el médico no se encontraba en un estado muy adecuado para tomar cuenta de usted. Era la única que tenía los conocimientos suficientes para el trabajo.
Ella esta vez si se giró para mirarle al contestar, creando entonces una expresión de indiferencia y horrenda frialdad, casi escupiéndole las palabras.
El frío repentino que se apoderó del aire hizo que ambos se estremecieran.
- Dudo que su excelente educación y moral le hubiesen permitido dejarme morir en aquella cama.
-No confíe mucho en ello. No me hubiera sido tan complicado en otras circunstancias.
-¿A qué se refiere con ello? ¿Lo hubiese hecho si no fuera por la presencia de una extensa cantidad de testigos?
-Es posible – El tono de la conversación ya se había visto elevado, y ambos se encontraban tensos, pero Hans todavía no había llegado a su punto límite. Todo lo que parecía que estaba yendo bien, se torció de una muy rápida y confusa manera, viéndose enfrentado a una muy defensiva Elsa – No se perdería demasiado.
-¿¡Entonces por qué demonios no me dejó ahí y listo!? – El grito del hombre retumbó por las paredes de la habitación.
- ¡Porque jamás me rebajaría a su nivel! ¡No soy una asesina!
Permítame entonces, recordarle, como estuvo a punto de destruir un reino entero, sin mencionar al par de hombres del duque.
Lo hice por clara defensa; no amenacé a nadie, no busqué provocar eso, y mucho menos ¡Lo hice por gusto o por robarle el reino a nadie!
Aquel, que para muchos pudo haber sido infantil, golpe bajo, dio por finalizada la conversación.
Elsa no sabía entonces, con qué intenciones había comenzado a atacar realmente. Solo sabía que el coraje que le tenía guardado se reveló, en un momento en el que se veía lo más indefenso posible.
El muchacho se quedó así, anonadado y claramente, lastimado con las crueles palabras de la reina. Apartó la vista, que se había quedado fija y amenazante con la suya, observando al suelo. Su figura, que se había puesto tan a la defensiva como la de ella, se derrumbó de la misma manera que había visto varias noches atrás.
Una pose de dolor y derrota.
En su interior, Elsa sintió una especie de remordimiento por lo que había logrado. Sabía que no era de lo más correcto remover actos del pasado. Ella quiso decir algo, pero la voz de Hans la detuvo.
Debería pensar, que a veces, hay razones por detrás de la acciones de los demás.
Estoy segura de que las había. Y no eran realmente buenas.
No puede saber eso.
Si puedo.
Entonces, creo que lo mejor es que me deje aquí. Llamaré a Margaret para que le asigne una nueva habitación. No tiene por qué estar cuidando de un asesino.
No creo que sea lo más propio. Les prometí que cuidaría de usted. No pienso faltar a mi palabra.
Ella se levantó entonces, aproximándose con mucho cuidado a la cama, para así poder observar la bandeja de comida que se había quedado allí intacta.
- Y será mejor, que se apresure en desayunar, porque Margaret al ver que no ha comido, se encargará personalmente de que lo haga.
El no contestó nada más. Por los siguientes minutos que pasaron, se mantuvo concentrado en la avena que se acumulaba desagradablemente en el plato, y que poco a poco iba desapareciendo. Minutos que tomó para pensar en lo que había pasado y había dicho. ¿Qué esas dos veces en las que había salvado no le había dejado claro que él no pretendía hacerle daño? ¿Por qué seguía desconfiando tanto? No había hecho nada que podría acusarlo de mantener en su interior nuevas intenciones malévolas.
¿Por qué no puede confiar en mí? – Susurró entonces Hans, dejando la cuchara de plata sobre el plato.
-¿Perdón? –Su voz había estado lo suficientemente alta para oírlo, pero no para comprenderlo.
¿Por qué no puede confiar en mí? ¿Perdonarme tal vez? Me refiero, que ya van dos veces que la salvo a usted de una muerte inminente. He estado a punto de morir para mantenerla a salvo, y cuando intento agradecerle, me ataca. No puedo decir que no lo merezca, pues tiene razones para hacerlo, pero no podemos al menos, no sé; ¿Hacer una tregua de paz?
¿Una tregua de paz?
Sí. Dejar de lanzarnos cuchillos uno al otro a cada momento. No le digo que seamos amigos, pero a los menos, cordiales uno con el otro hasta que pueda marcharse.
Bueno…. Supongo que es lo más sensato. Para los dos – Elsa tomó como apropiada la decisión de él, casi ignorando la mayoría de las otras palabras que había dicho. No iba a dejarse convencer por el en lo más mínimo. No al menos hasta probar que no había segundas intenciones tras todos esos salvamientos.
Y eso sabía exactamente como averiguarlo.
¡Hoooooola chicas! ¿Como les va? Espero que muy bien.
¿Que les pareció este cap? Sé que está un poco largo, y a mi parecer, también algo confuso. No sé que pensarán ustedes. Intenté que explicar más o menos en la situación emocional que Elsa se encontra con respecto a Hans, pero realmente no sé si supe explicarme bien. Ella está empezando a sentir alguito, asi chiquitito por él, pero la desconfianza y los recuerdos la llevan verlo con los ojos torcidos.
Él, claramente y como vimos ya en el primer capitulo (El recién subido, el que no lo haya leido por favor hagalo), que el si siente algo por ella, lo que hace que el se vuelva menos peligroso como a la mayoría de nosotras nos gusta, y como está en algunas fics, siendo entonces más meloso y enamorado. Pero realmente la idea inicial no era hacerlos fríos enemigos, odiándose uno al otro. Con el avance de la historia ustedes irán entendiendo la verdadera personalidad de Hans.
También quisiera comentar, que en mi perfil, coloqué unas fotitos de la pareja y su expresiones entre ellos, para que puedan mas o menos imaginarse mejor como sería cuando ellos se dirigen la palabra. Esa era una costumbre adoptada por las autoras de las primeras Fics que leí en el 2009, sobre crepúsculo, y realmente creo que es una linda forma de ambientar la historia.
Antes de pasar a los reviews, quisiera invitarlas a leer el preview de lo que será próximamente mi nueva fic, y que me mencionen, que pareja les gustaría que pusiera (De Frozen claro) para la próxima fan fic que haga, luego de terminar esta.
Ahora si , pasaré a contestar algunas reviews del último capítulo, que realmente me gustaron y animaron para escribir este:
-REVIEWS-
Ziu: No la dejaré. Muchas Gracias por leerla (:
Taisho Hanako: Si, está mejor ahora. ¿Verdad? Seeh sensualón xD Pues, porque mi idea era que ella se pusiera a mnosearlo todo, tu sabes 1313 xD Gracias por leerla!
Homicidal Liu: De echo, Anna, Kristoff y Olaf, si aparecerán en la historia, pero mucho más adelante. Cuando el verdadero drama comience. Ya verán por qué. ¡Gracias por leerla!
LaylaIntegra: Gracias, pero la verdad creo que está mucho mejor ahora.
Patzylin-Donno: Ya verás quién lo intentó, todo con calma y pequeña y divertida lectora xD asdhjahjdg Pues claro, ¿Quién no quisiera manosearlo? AAy yo si :c okno ahdjasgd xd ¡Gracias a ti por leerla!
Reveriek: No, claro que no. He descubierto que disfruto mucho imaginándola y escribiéndola, y sobretodo, disfruto mucho más sabiendo que alguien más por ahí está sonriendo con mis ocurrencias. Hahha ¡Esa es la actitud! A sacarle provecho al enfermo, total ni se entera xD Gracias por leerla y por apreciarla. Me anima mucho a seguir.
nekonippon: Gracias:)
patzylin: Muchas Gracias!
Espero que hayan disfrutado de este capítulo, y nos estaremos viendo pronto.
Xoxo: La Bruja Violet
