Una helada y ligera sensación, atravesó su aún enfermo cuerpo a media madrugada, consiguiendo que el príncipe abandonara su real sueño.

Con un estremecimiento, el hombre los ojos abrió, en una necesidad de conocer el procedimiento de tan insistente y frío ambiente; pero al hacerlo la inmensa oscuridad ciego casi lo dejó. Y aunque era literalmente imposible en esos momentos detectar algo visualmente hablando, su piel sintió por una fricción de segundos, el roce de un algo más preciso y fuerte, del que parecía provenir la baja temperatura.

Y esto en lugar de preocuparlo, todo lo que hizo fue causarle una mayor curiosidad por conocer su procedencia, por lo que no dudó entonces en estirar su brazo, con algo de pesadez, hasta la mesita de noche que tenía justo a lado, en busca de la vela que todos los días Margaret se encargaba de re-poner. No pareció haber ningún cambio hasta que la pequeña llama consiguió encender.

Y al girar su rostro, un ardor recubrió sus mejillas y su rostro.

Sobre él, y de un modo que el no lo notara, Elsa se encontraba posicionada con cada una de sus extremidades colocadas en su correcto lado, y a una distancia muy poco apropiada, sus rostros y pechos se encontraban, al borde del contacto.

La expresión en su rostro dibujada, era completamente nueva y extraña ante los ojos de él, siento esta tan sensual y atrevida como nunca había visto. Tragando en seco, el pelirrojo buscó decir algo, tomándolo por sorpresa la imprevista intromisión de la mano de la reina bajo las finas telas de su camia. Fue casi como si palpara nieve, pero más suave y rígida, creando en él una sensación de profundo placer. Esto logró así que de su garganta se viera escapando un muy leve suspiro que lo confirmó, creando en el rostro de la afrodita nevada una provocativa sonrisa.

Ya casi el frío que parecía haber existido en la habitación, había desparecido ante los lentos y envolventes movimiento de su mano sobre el musculoso y escultural pecho. Trazando una gran variedad de formas sobre él, los dedos de Elsa viajaban por su trabajado cuerpo, explorando desde la punta de sus dedos (de las manos), hasta sus caderas. Cada toque hacía que el corazón del príncipe multiplicara su potencia, presenciando carreras de sangre en sus venas.

No supo en que momento sucedió, pero al nuevamente alzar su vista, luego de quedarse absorto con los juegos de esta, notó como el vestido de brillantes azul, ya no cubría su blanquecina piel, dejándola semi-desnuda sobre él.

-Elsa… -En su perplejidad, consiguió su nombre pronunciar, pero para sellar sus labios de un momento a otro uno de sus dedos apareció, aproximando al mismo tiempo los de ella para acompañar; no terminaron a llegar puesto que a centímetros quedó, dejando que este pudiera observar como su expresión entonces se retorcía, en un brillo de odio y maldad.

La helada regresó, y en un instintivo deseo de escapar, se vio preso por su ahora horrible amante, que se sentó sobre su cintura dejando sobre ella todo su peso, impidiendo así su movilidad. Toda aquella seducción se había transformado en terror, mientras veía como su femenina figura se iba cubriendo de de sangre, cayendo desde su pecho, y deslizándose por sus senos. La sonrisa que ahora presenció fue el punto culmine de la situación, donde antes de la conciencia perder, pudo divisar como una espada de hielo era sostenida por ella.

Y esperando que llegara el dolor, todo en tinieblas quedó.


Empañado por el sudor, consiguió entonces despertar, esta vez, asegurándose antes de que fuera en la realidad.

El sol ya parecía iluminar con su esplendor la habitación, y con ella a la dueña y razón de su pesadilla. Inclinada nuevamente frente a la mesa del tocador, viendo su imagen en el espejo, se disponía a peinar sus platinados cabellos, que lucían mojados, recién lavados. Eran mucho más largos que lo que su trenza permitía observar, ondulándose las puntas al tocar su delgada cintura.

Todavía no había ni recuperado la formalidad de su respiración, cuando se vio ya estúpidamente perdido en su insoportable belleza. Podía ver todavía aquel rostro perfecto reflejando la excitación y sensualidad del momento, como un demonio, como un súcubo, listo para devorar a su presa….

El saludo de nuevos días por parte de Elsa lo sacó de sus pensamientos, iluminando entonces su mañana con una brillante sonrisa.

Desde hacía ya 3 semanas que su pacto había dado por terminada cualquier tipo de confrontación u odio entre ambos, permitiéndoles entonces pasar de una amable tregua entre realezas, a una fuerte y calurosa amistad, en la que los dos inconscientemente habían decidido confiar. Pasando los días en aquella habitación, puesto que Hans aun se veía afectado por la enfermedad, compartían hasta caer la noche, sus preferencias y gustos, gran variedad de historias y libros, así fortaleciendo un lazo que jamás habían creído que existiría. Pero a pesar de todo esto, Elsa todavía no estaba muy convencida con el caballero que ahora descubría ser el dueño de todas aquellas pequeñas bibliotecas situadas en esos aposentos.

- Desde niño, soñaba con el día de mi coronación – Le comentó alguna vez, mientras sostenían un libro de la geografía del reino – Esperaba llegar algún día al trono de mi nación, y dirigirla con la nobleza y la fortaleza de un honorable Rey. Pasé toda mi niñez y adolescencia preparándome, bajo la burla de mis hermanos. Fue bastante desolador el enterarme de que eso jamás –Aclaró su garganta – Pasaría.

Esa clase de confesiones comenzaron a hacerse más constantes por parte de ambos, llegando incluso a comentar sobre los momentos en que Elsa vivió en su palacio de hielo.

- ¿Qué comías? –Preguntó el muchacho con una sonora carcajada.

- Mi hielo es capaz de hacer mucho más que un vestidito y un castillo – Fu su respuesta, mientras muy infantilmente le sacaba la lengua.

En eso consistían sus días, entre conversaciones y risas, que llamaban a los sirvientes y encargados a pasar la mayor parte de su tiempo con la oreja en la puerta para así poder llevar el chisme del día a la cocina, a las horas de recoger.

¡Nuevas, nuevas chicos! –Margaret exclamó al pasar por las puertas, con un muy poco animado John tras si. El resto del personal se miró, con una divertida expresión en el rostro- Hoy, su majestad Elsa, le ha lanzado un piropo a nuestro Hans.

La chicas más jóvenes, que cautivadas por el supuesto romance en el que los colocaban, lanzaron grititos de emoción ante sus palabras.

Nadie pudo evitar reírse.

- ¿Y que le dijo exactamente? – Alguien se aventuró a preguntar, ante el insistente escándalo - ¡Hagan silencio muchachas! Aun no nos hemos enterado de la noticia completa.

- Pues, hasta donde yo pude alcanzar a escuchar, ellos estaban leyendo 'La Bella y la Bestia', donde llegaron a una parte en el que la comparó favorecedoramente con la protagonista. En palabras más exactas, le dijo que si creían que Bella era bonita, es porque todavía no la habían visto a ella - Un largo y romántico suspiro inundó la sala – Pero lo que ella le dijo, no lo escuché. Eso lo sabe John – La mujer se hizo a un lado para que todos, curiosos e inquietos, lo observaran exigiendo que hablara. Este no parecía muy cómodo con el asunto, y sus brazos cruzados lucían tensos, junto con su mandíbula.

-Ella mantuvo el silencio luego del comentario de él, esperando al final de la historia, solo para decirle que él también fácilmente podía ser el Príncipe Adam* descrito en el libro como alguien pelirrojo y sumamente apuesto –Este hizo una mueca mientras continuaba – Este por un momento se rió, diciéndole que si realmente lo veía como una bestia, a lo cual ella aclaró, que no se refería precisamente a esa apariencia.

- Y lo más excitante de todo, es que los dos sonaban muy fríos y distantes. Se aman pero todavía no lo saben – La mujer volvió a tomar la palabra, colocando sus manos sobre su pecho románticamente.

El bullicio comenzó nuevamente, esta vez por parte de todos, exaltados y emocionados con ello. Por alguna razón, todos en ese lugar insistían ferozmente en unirlos como pareja, usando como argumento que ambos tenían personalidades muy parecidas. Como ya antes mencionado, John era el único que no compartía esa emoción y alegría, y prefería ignorarlos haciendo un desagradable gesto con el rostro mientras se alejaba a una esquina alejada de la cocina.

Nadie decía nada, pero todos sabían la razón; el llevaba obsesionado con la dama desde el primer día que en los brazos del príncipe la vio, y desde que recuperada estuvo, intentó lo más que pudo a ella acercarse. Pero su insistencia en cuidar a Hans lo había mantenido a raya, y eso lo ponía peligrosamente irritable.

No habían acabado de arreglar la real vajilla, cuando uno de los guardias del castillo llegó a duras penas a la cocina, sosteniendo en alto una carta en sus manos. El hombre apenas podía respirar, y medio agachado, de sostenía prácticamente de su rodilla, sin inmutarse cuando la regordeta mujer tomó el sobre.

- Es para el señor Hans. Y sin remitente aparente – Comentó, retumbado su voz por las paredes, viendo a todos los que callados se quedaron por la sorpresa –Acompáñame a llevarla John –Este a regañadientes dejó las cosas en su sitio y se encaminó escaleras arriba a la habitación de sus majestades.

Ambos entraron a esta luego de oír el permiso de los dos, encontrándolos a ambos sobre la cama, mientras Elsa intentaba acomodarle una toalla mojada sobre la frente del pelirrojo. La trenza era el objeto del juego de este, que enredaba entre sus dedos los finos cabellos libres. Ella parecía muy indiferente ante ello, lo cual tranquilizó el repentino enfado del sirviente.

- Sus majestades, lamento interrumpir, pero llegó una carta para el señor –Esta se aproximó a la cama, donde le extendió cuidadosamente la carta al príncipe.

- ¿No le dijo quién la mandaba? –La voz del muchacho rápidamente adoptó un tono afligido, deseando que esta le diera una respuesta que le quitara de la mente el posible remitente.

-No su majestad, lamentablemente, no. Tal vez en la carta…

-Déjenme a solas por favor – Pidió repentinamente, interrumpiendo a la mujer.

Elsa, que se había quedado en silencio todo ese tiempo, hizo una objeción al ver como este se esforzaba por erguirse un poco.

- Hans, por favor. Estás bastante débil.

- También tu Elsa. Por favor. Necesito leer esto a solas.

Ella guardó silencio al ver la severa expresión de él. Sin decir más nada, se levantó de la cama, colocándose junto a lo otros; los acompañaría a la cocina. Todos se marcharon entonces de ahí, dándole algo de privacidad al pelirrojo.

Este, con una mano temblorosa, sacó el contenido del blanco sobre, desdoblando la hoja.

Tragó en seco.

"Hans, querido, ¿Cómo estás? Ya hace tiempo que no contacto contigo. Mis fuentes más cercanas, me comentaron sobre un cierto problemilla que causaste en la realización de mis planes.

¿Qué estaba pasando por tu cabeza?

¿El suicidio, tal vez? Porque no encuentro otra explicación para que busques enfrentarme.

Pero como eres mi hijo, y como hombre que cede a los encantos de una mujer rica y encantadora, te perdonaré, y más una vez, buscaré arreglar tus errores. Pero esta vez, no mandaré a alguien a hacerlo por mí.

Estoy a punto de tomar un barco de vuelta a las Islas, dejando a tu padre y a tus hermanos en la celebración de la boda, sin si quiera darles una razón aparente. De todas maneras, eso no me preocupa, sé que mis secuaces se encargarán de ellos.

Probablemente cuando esta carta llegue a tus manos, estaré a un par de días de llegar.

Espero un gran baile de celebración por mi llegada.

Ve afilando la espada.

Besos, tu madre; La Reina Morgana.

El sonido de la puerta, sacó sus ojos del trozo de papel, observando como una sonriente Elsa entraba de nuevo en ella.

-Sé que querías estar solo, y lamento molestarte, pero me acaban de informar que la Reina, e imagino, tu madre, acaba de desembarcar.


Bueno, les dejo esto por aqui...

Les debo confesar que me divertí muchísimo haciendo la parte del sueño. Fue muy interesante explorar para mi a una Elsa un poco más intensa. Ustedes juzguen si está bien o mal. A mi me encantó. xD Incluso llegue a envidiar a Hans. Elsa tan grrr :B

Ya se descubrió lo que sería parte del villano de la historia. ¿Quién se imaginaría una madre asesina? Para mi, es la explicación más lógica para lo sucedido con Hans.

Ahora pasaré a contestar sus reviews c:

-REVIEWS-

Ziu : Hahahaha, ¡MUCHAS GRACIAS!

Patzylin-Donno: Lo sé, ella es muy tiesa. Creo que compensé esa desconfianza con este episodio. ¿Quién no quiere? XD Hans está asi como bien hermoso. Espero que hayas disfrutado de este cap.

Victoria Lubezki: Elsa es idola xD

megumisakura: ¡Mil gracias!

LaylaIntegra : Gracias :3

Reveriek : Hahahaha, me alegra que te guste *w* Tu fic es una gran inspiracion para mi.

Mae: No puedo entenderte más. Elsanna es uno de mis favoritos ships, junto con Jelsa, y obviamente Helsa. Me alegra haber llamado tu atención con mi Fic :) Espero y la sigas disfrutando.

¡Gracias a todas por sus lindos comentarios! No dejen de escribir nunca. ¡Nos vemos en el próximo cap!

Xoxo; La Bruja Violet.