Encerrados
Aquella mañana había iniciado increíblemente bien para Gilbert, se había levantado antes de que el despertador sonara, lo que le dio la oportunidad de arreglarse y salir antes de su casa para ir a buscar a Salomé y desayunar juntos antes de que él se fuera a trabajar, Salomé libraba aquel día, motivo por el cual ambos no se verían hasta el ocaso, cuando la jornada laboral del albino finalizaba. Cuando terminaron de desayunar, acordaron tratar coincidir en su próximo día de asueto para ver un maratón de películas de terror, suceso que llevaban planeando desde hacia semanas pero que no habían podido llevar a cabo aún debido a la falta de tiempo de ambos y que, sin que ninguno de los dos lo supiera pasaría todavía mas tiempo antes de que pudieran llevar ese propósito a cabo, se despidieron a la salida del local antes de tomar rumbos diferentes –él para la mensajería, ella para la escuela de danza– y al ver el sol brillando en el cielo despejado, Gilbert presintió que ese seria un día inolvidable para él y si alguien le hubiese augurado lo que pasaría horas después, Gilbert hubiera deseado con toda su alma haberse equivocado en su pronóstico.
Para Antonio por el contrario, fue el inicio del que pensó seria el día más aburrido de su vida, hizo lo que siempre hacia desde que se había quedado insensible para casi todo: levantarse, asearse, desayunar, darle de comer a sus mascotas antes de ir a trabajar… si alguien le hubiese dicho que lo que mas deseaba en esos momentos se le concedería ese mismo día, el español no le hubiese creído aunque una pequeña parte de él, una que todavía era capaz de sentir siquiera un cosquilleo, hubiera rogado con todas sus fuerzas a los cielos para que aquel presagio se cumpliera.
Todo empezó con un paquete o como Gilbert lo llamaría horas mas tarde: la caja de pandora.
Adam, uno de los mensajeros de una de las rutas del centro de la ciudad había caído enfermo debido a una fuerte infección intestinal que lo tenía recluido en el hospital y todos los demás empleados estaban atareados cuando el paquete llego a la mensajería a manos de un hombre de estatura media, vestido con un gabán café, sombrero y lentes oscuros exactamente a las seis de la tarde de aquel día, lo entrego a un empleado, que lo puso en el conjunto de envíos en cuya ruta figuraba la dirección de entrega escrita en un papel adjunto al envoltorio.
Gilbert iba de salida cuando Annie lo llamo para pedirle que fuera y entregase el fardo en la dirección indicada en la parte superior del mismo, Gilbert bufo por lo bajo, era viernes y tenia pensado pasar esa noche y la media mañana del día siguiente con Salomé metidos en su departamento viendo películas en la televisión, habían rentado la película "Piratas del Caribe" junto con sus dos secuelas posteriores para pasar una noche en vela juntos, menuda suerte la suya, cuando estaba por salir pintando del trabajo para estar con la chica mas original que hubiera conocido en su vida y que además era casi tan increíble como su maravillosa persona, a un individuo se le ocurre entregar un paquete a ultima hora cuyo destino se encontraba en el centro de la ciudad y que a esa hora de la tarde debía de estar saturado de gente que se dirigía a sus hogares para disfrutar del fin de semana, placer que a él, por lo visto le estaba negado. Maldiciendo los imprevistos de la vida, Gilbert tomo su móvil y le mando un mensaje a Salomé diciéndole que no lo esperara despierta en el departamento porque iba a llegar muy tarde debido a un contratiempo y ya no podrían hacer lo que tenían planeado para esa noche y que luego se lo compensaría.
Poco después el albino subió a su motocicleta y se dirigió al lugar señalado en el pliego pegado al envoltorio, el hotel "El hechizo de la luna". Después de entrar en el hotel, Gilbert se acerco a la recepción.
–Disculpe joven –dijo Gilbert llamando la atención del muchacho tras el mostrador– ¿La habitación 215? –cuestiono
–Está en tercer piso, doblando a la derecha por el pasillo –indico el muchacho amablemente– puede tomar el ascensor, señor –añadió sonriendo ligeramente
Gilbert decidió tomar el elevador, caminar para buscar la habitación, tocar la puerta y si el cliente se encuentra allí entregarle el paquete para que el destinatario firmara el justificativo y él pudiera irse a casa para estar con su chica. Una vez que llego a su destino, Gilbert camino hasta la habitación y toco suavemente la puerta de madera de roble con los nudillos
–Mensajería "la estrella de plata" –dijo el albino– traigo un paquete para usted –agrego alargando el brazo para volver a llamar a la puerta pero se detuvo a notar que estaba entreabierta
Que gente más descuidada pensó Gilbert mientras asomaba la cabeza por la puerta dejar la puerta sin cerrar cuando no vas a estar adentro de un cuarto de hotel, eso no es nada genial, podrían entrar a robar o algo
–Soy de la mensajería –repitió– ¿Hay alguien aquí? –llamo abriendo un poco mas la puerta y dando un paso al interior de la estancia
La habitación estaba a oscuras pero después de un rato, Gilbert no tuvo problemas para orientarse a causa de la luz de la luna proveniente del balcón dándole un aspecto etéreo y mágico al entorno y aunque sabia que no había nadie en el lugar y que podían echarlo del trabajo por husmear en el cuarto de hotel de otra persona pero es que no podía resistirse a la tentación de mirar la cuidad por el balcón, el albino camino hacia el exterior de la estancia dejando el envoltorio sobre una mesa de café que encontró camino al palco, una vez allí Gilbert se apoyo en el barandal y respiro el fresco y dulce aroma de la brisa nocturna al tiempo que observa las luces provenientes de las casas cercanas al mesón donde se encontraba, tan distraído estaba mirando el paisaje que no se dio cuenta de que alguien ha empujado a una persona al interior de la alcoba para después cerrar la puerta con llave, también desconocía la presencia de ese ser, quien ha sido introducido en la habitación a punta de empujones y amenazas hechas con gestos y que dicho sea de paso esta algo mareado por culpa de algo que le han dado a ingerir antes de traerlo a rastras a ese hotel, a esa habitación, a hacerle compañía involuntaria a una persona que no había caído en la cuenta que estaba ahí.
Cuando Gilbert se dio la vuelta para coger de nuevo envoltorio y salir de ahí pensando en entregarlo a primera hora de la mañana del día siguiente, vio a una sombra deslizarse por la estancia, Gilbert avanzo con sigilo hacia adelante poniendo todos sus sentidos alerta ante cualquier sonido extraño pero eso no fue suficiente como para esquivar a la figura mareada y tambaleante que se dejo caer encima de él
– ¿Eh? Pero ¿Qué demonios…? –mascullo el albino tendido en el piso cuan largo era y con el peso de otra persona sobre su cuerpo a la par que escuchaba una suave respiración irregular contra su cuello
–Calma, tranquilo –susurro el albino después de haberse sentado en el suelo y acomodado al desconocido, que parecía un bulto tembloroso entre sus brazos debido a los espasmos que sufría su cuerpo a causa de un llanto silencioso.
Gilbert logro levantarse del suelo con cierto esfuerzo, alzar al sujeto en brazos y acomodarlo en la cama pues no podía dejarlo ahí tirado en el suelo, y fue entonces cuando el tipo pareció reaccionar y le dio un salvaje beso en los labios, dejándolo paralizado del asombro y del susto mientras que con mano temblorosa oprimía el interruptor de la luz y miraba el rostro del hasta ahora desconocido sintiendo deseos de gritar al reconocer a aquella persona.
Se trataba de Antonio
Poco después, Gilbert intento salir del lugar, en parte para buscar ayuda para el hispano pues la viejas lealtades prevalecían a pesar del tiempo, en parte para tratar de calmar a su corazón paralizado a medias por la impresión pero para su desgracia la puerta estaba cerrada con llave y el teléfono se hallaba desconectado, a Gilbert no le quedo otro remedio que acurrucarse contra la pared de la esquina mas alejada de la estancia con el envoltorio en brazos y tratar de calmarse para pensar en como salir de allí, Gilbert abrió el paquete un rato después para ver si contenía algo que le fue de utilidad, bien fuera para escapar o para tranquilizarse, dentro del envoltorio había dos libros "Perdona si te llamo amor" de Federico Moccia y "El amor en los tiempos del cólera" de Gabriel García Márquez, España comenzaba a despertar cuando Gilbert empezaba a conocer a Juvenal Urbino de la calle, gracias a una lámpara de luminosidad ajustable.
Mientras tanto dos figuras se alejaban a por piernas del cuarto donde previamente habían encerrado a Antonio y Gilbert para que tuvieran la oportunidad de "arreglarse" aunque sea a posta, hasta llegar a uno de los cuartos contiguos de la estancia donde han recluido a los dos cabezotas de primera no hablan pero todo cambia cuando la puerta de la habitación se cierra y las paredes se vuelven cómplices involuntarias y desapercibidas del secreto que causo el aislamiento de esos dos del resto del mundo por unas horas.
– ¿Crees que vaya a salir bien? –pregunto Feliciano quitándose la máscara y la capucha y dejándolas encima de una silla
–Espero que si –respondió Lovino imitando al menor y frunciendo el ceño– o podemos decir que le dimos un pésimo uso al dinero que ahorramos para pasar la vacaciones en Lisboa, tú y tus ideas nos van a hundir mas en la crisis, maldición
–Lo siento –se disculpo el norteño– pero te dije que era un plan arriesgado –replico sereno
–Pues esperemos que sirva de algo, ya me canse de ver al idiota hecho un monigote, es difícil decirlo pero se ve más patético que de costumbre –confeso el sureño sentándose en la cama con gesto desalentado
–Ya veras que todo se arreglara Nápoles –dijo Feliciano sentándose a su lado y estrechándolo en su brazos para después darle un beso en la sien– sólo ten fe y mantente tranquilo
–Grazie mío caro Ángelo* –musito Lovino
–Prego amore mío* –repuso Feliciano sonriendo
– ¿Qué quieres hacer mientras vigilamos que esos dos no se fuguen? –pregunto el mayor al cabo de un largo rato en silencio
–No lo sé –dijo el menor– pero podemos pensar en algo mientras tanto o no hacer nada, salvo esperar y rezar porque no se rompan las piernas si intentan escaparse por el palco
–Están en el tercer piso tonto, no creo que lo intenten –bufo Lovino– y esperar a que esos dos se arreglen va a ser muy tardado y malditamente aburrido –confeso
–Entonces, ¿Qué propones que hagamos? –cuestiono el menor
–Bueno, ya que nos gastamos el dinero de nuestras vacaciones en este sitio ¿Por qué no lo aprovechamos? A fin de al cabo ya hemos pagado el maldito alquiler –dijo el mayor antes de besar apasionadamente en los labios a su hermano y obtener una luminosa sonrisa como recompensa
Antonio despertó en un lugar completamente extraño para él, no sabia como había llegado ahí sólo recordaba que Francis le había ofrecido un refresco después de una de las juntas y de ahí…nada, absolutamente nada ¿Dónde estaba? ¿Cómo había llegado ahí? ¿Cuándo? Estas y otras preguntas se arremolinaban en su mente mientras trataba de ubicarse, fue entonces cuando noto que no estaba solo, había alguien haciéndole compañía, después de esforzarse un poco para aclarar su visibilidad, Antonio logro identificar a su acompañante.
Al principio no lo reconoció, estaba demasiado acostumbrado a verlo vestido con su uniforme militar azul o unos pantalones de combate y una camiseta sin mangas, aquel uniforme de repartidor rojinegro le era completamente extraño, sin embargo el color blanco de sus cabellos lo hacia inconfundible: se trataba de Gilbert.
Estaba durmiendo apoyado en una de las paredes de la estancia con un libro abierto sobre el pecho, y aunque no tenia idea sobre que hacia ahí, Antonio estaba feliz de verlo, era la primera emoción verdadera que sentía en mucho tiempo, no sabia que la había desencadenado pero le importaba muy poco en esos momentos ¡Gilbert estaba ahí! No importaba donde estaba ¡No estaba solo! Estaba a punto de ir a despertar al germano cuando se percato de lo exhausto que se veía y la incomoda posición en la que se encontraba apoyado contra el muro, el español bajo de la cama de un salto y se acerco al teutón con la intención de trasladarlo al lecho para que estuviese mas cómodo pero Prusia abrió los ojos apenas lo toco.
– ¿Qué crees estás haciendo? –pregunto el prusiano mirándolo atentamente
–Nada –dijo el castaño apartándose– te veías muy incomodo ahí arrinconado y quería despertarte para decirte que podías pasarte a la cama o al sofá si deseas estar mas cómodo
–Estoy bien –replico Prusia cortante
–Como quieras –dijo Antonio dándose por vencido
–Veo que ya estás mejor –comento Prusia mirándolo con cierto recelo
–Si gracias por quedarte a cuidarme –dijo Antonio apenado
–No me lo agradezcas –le corto Gilbert– no tenia otra opción, aunque hubiera querido salir de aquí y llevarte al hospital, no hubiera podido
– ¿Por qué? –cuestiono el de ojos verdes indagador
–Cortaron la línea del teléfono y nos encerraron con llave aquí dentro –dijo el albino con simpleza– además –añadió– mi móvil se quedo sin crédito
–Ya ¿Y que hacemos ahora? –inquirió el castaño
–Nada –repuso el de ojos rojos– esperar a ver si nos sacan
–Eso suena muy aburrido –dijo Antonio acostándose boca arriba en la cama y mirando el techo del cuarto
–Pues busca algo que hacer –replico Gilbert tomando "El amor en los tiempos del cólera" y reprendiendo su lectura donde la había dejado: aquella parte en la que Fermina Daza amenaza con suicidarse frente a su propio padre después de que este corriera a su tía de la casa
– ¿Cómo que? –pregunto el castaño distraído
–Ponte a ver la televisión o algo –respondió el de ojos escarlata irritado, ya no sabía por donde iba en su lectura y estaba muerto de cansancio pero no dormiría tranquilo hasta salir de ahí e ir a ver a Salomé, canela ya debía de estar muy preocupada por él, ojalá pudiera decirle donde estaba, ella de seguro sabría que hacer
– ¿Qué horas serán? –pregunto el español a punto de prender la televisión con el mando a distancia
–Un cuarto para las nueve –musito Gilbert después de mirar su reloj de pulsera
Antonio encendió la televisión e hizo zapping de canal en canal hasta que paro en un programa de música donde estaban pasando un video de la canción "Contigo" de Canteca de Macao. Sin darse cuenta, España empezó a canturrear la melodía
–Cuando estoy contigo las horas se me hacen un segundo –tarareo el hispano– cógeme de la manita primo y llévame al mundo porque esta noche tú y yo seremos uno
Escondido detrás del libro, Gilbert alzo una ceja ¿Acaso eso era algún tipo de señal? Se encogió de hombros con indiferencia, si lo era, al demonio no quería saber que significaba y más si tenía que ver con Antonio, ya tenía hasta las narices de problemas por su culpa como para querer uno más en su historial y para colmo de males Antonio seguía cantando ajeno a las reacciones que su voz provocaba en su acompañante
–…Y es que yo miro tu boquita y me pongo de revés –canturreo el de ojos verdes alegremente– y si aparezco en un piquito de la luna no me des a sorprender porque si me besas yo ya no siento los pies
A mitad de la canción cuando Gilbert ya tenia los nervios alterados, Antonio se levanto, camino hacia el y le tendió la mano.
–Baila conmigo –le pidió
– ¿Eh? –mascullo confuso el albino
–Baila conmigo –repitió
–No
– ¡Vamos Prusia! –exclamo Antonio sonriendo ampliamente– no seas aguado y baila conmigo ¿o es que piensas pasarte toda la noche leyendo? Y a propósito, ¿de donde has sacado ese libro? –cuestiono
–No soy aguado, lo encontré dentro del paquete que tenia que entregar pensando que tenia algo que nos sacara de aquí y si me voy a pasar toda la noche leyendo ¿Algún problema? –replico el teutón
–Sólo es un baile Gilbo –insistió el ibérico tratando de ponerlo de pie
–Ya te dije que no Tonio –dijo imperturbablemente el germano– y es mi última palabra –añadió al notar que español estaba a punto de volver a instar con lo mismo
–Plomo –dijo Antonio sentándose en el sofá con cara de muermo
–Capullo –replico a su vez el de ojos rojos
–Aguado
–Pelma
–Gilipollas
–Para el carro Prusia –dijo Antonio fastidiado
–Has sido tú el que ha empezado –objeto Gilbert sin perder la calma
– ¿Por qué nunca me das ningún gusto, eh? –inquirió el castaño– llevamos mas de un mes y medio sin vernos ni hablarnos y cuando por fin te tengo en frente, apenas y me dices ni media palabra –protesto enfadado
–Estoy ocupado –dijo Gilbert con cansancio
– ¿Haciendo que? –exclamo sarcástico el español– ¿Qué carajos haces que te tiene tan atareado, eh? ¿Tan absorto como para hacer a los que te queremos a un lado? Por que sinceramente Gilbert no lo entiendo
– ¿El que? –cuestiono Gilbert sin comprender para donde iba el asunto
– ¡Que de repente te desaparezcas así nada más! –exploto el de ojos verdes cabreado al máximo– me tuve que enterar de que ya tenias un nuevo empleo por los cotilleos de tus vecinos y aparte vas de zalamero con tu vecina a arreglarle la lavadora y te pones a prestarle ropa y quien sabe que mas
–Pero que demonios… ¿Quién te ha dicho eso? –exclamo Gilbert tan furioso como sorprendido
–Te he llamado para saber el motivo por el cual estabas tan raro y distante –respondió España echando humo– Italia me contesto el teléfono y me lo ha contado que estabas con tu vecina, fui para allá para que habláramos, cuando llegue, tú ya no estabas y tu vecina me dijo que pronto te devolvería las ropas que le prestaste además de decirme que podías quedarte a dormir en su casa cuando te viniese en gana. Ahora mismo me explicas que porras pasa contigo –demando
–Lo que yo haga no te concierne Antonio –dijo Prusia sereno mirándolo a la cara– no eres mi dueño, no soy tu mascota y puedo hacer lo que me plazca siempre y cuando no dañe a terceros, no tengo porque soportar esto, no tengo porque darte explicaciones, no tengo porque seguir tus ordenes o complacerte tus caprichos –finalizo sin perder la tranquilidad
– ¡Pero…! –protesto el español
–No hay pero que valga –le cortó Prusia frío– es mi vida privada no la tuya, es únicamente asunto mío y de nadie mas y te agradecería que respetaras mi privacidad por favor –le pidió– cuando te calmes podemos hablar como dos personas civilizadas pero hasta entonces guarda silencio y déjame tranquilo
Antonio bufo frustrado, camino hasta el lecho y se echo boca abajo, al cabo de un rato volvió a hablar:
–Lo siento –se disculpo– es que no saber de ti durante tanto tiempo me puso de los nervios
–Entiendo –dijo suavemente el albino– disculpas aceptadas
– ¿Quieres jugar a las veinte preguntas conmigo? –cuestiono el latino
–De acuerdo –asintió el prusiano– empiezas tú
– ¿Desde cuando trabajas en una mensajería? –pregunto Antonio
– Hace cerca de dos meses y contando –contesto el albino
–Te toca –murmuro el español todavía triste por la disputa de hace unos momentos
– ¿Qué tanto me echaste en falta desde que empecé a trabajar? –cuestiono el teutón
–Mucho, quizás más de lo que debería –admitió el español
–Bueno –dijo Gilbert con naturalidad– a una persona tan maravillosa como el grandioso yo es difícil no extrañarla –agrego riendo, una señal para el hispano de que Gilbert y él hacían las paces por el momento.
– ¿Te gusta tu trabajo, Gilbert? –pregunto el de ojos verdes
–Más o menos –confeso el albino– a veces la gente es cortante contigo y ni las gracias te dan pero lo tolero además es un buen lugar para trabajar y me gusta lo que hago
– ¿Te gusta mas que ser una nación? –susurro el castaño
–No es tan genial –respondió el albino– pero me mantiene ocupado y son dos preguntas seguidas, no vale –agrego con fingido enfado
–Lo siento –dijo Antonio riendo– tu turno
Siguieron jugando un rato mas hasta que el sistema quedo convertido en frases dichas al azar sobre cualquier sandez que le hubiese ocurrido en el tiempo que no se habían visto ni hablado en lo absoluto, después de un rato España fue al mini-bar y se sirvió una copa de absenta.
– ¿Quieres un poco? –ofreció
–Una cerveza estará bien –dijo Gilbert levantándose y caminando hacia el mini-bar, donde Antonio le dio una lata de cerveza fría
Bebieron en silencio, disfrutando de la compañía del otro hasta que Antonio dijo:
–Extrañaba esto
– ¿El que? –cuestiono Gilbert
– Estar contigo
En la televisión se comenzó escuchar Loving strangers de Russian red, la lenta y tranquila melodía penetro hasta el corazón del español haciéndolo cerrar los ojos y canturrear la canción en voz baja
– ¿Quieres bailar conmigo? –inquirió el prusiano
– Pensé que no cederías a un capricho mío –dijo Antonio vagamente abriendo los ojos
–Está vez tómalo como algo para limar asperezas entre nosotros –dijo Prusia con voz llana
– En ese caso, si quiero –dijo Antonio
Abandonaron el mini-bar y caminaron hasta una zona despejada cerca de la cama donde bailaron en silencio mientras la melodía que salía del televisor resonaba en la estancia
Amantes desconocidos
Amantes desconocidos
Amantes desconocidos oh, oh
Amantes desconocidos
Amantes desconocidos
Amantes desconocidos, oh
Tengo un agujero en mi bolsillo
Por donde todo el dinero se ha ido
Y tengo mucho trabajo que hacer con tu corazón
Porque está muy ocupado, el mío no lo está
–Me gustaría quedarme así para siempre –confeso Antonio apoyando la cabeza en el pecho de Gilbert y cerrando los ojos
–Sabes que no podemos –musito Gilbert estrechando mas la cintura del español contra él– cada uno tiene responsabilidades, obligaciones, no podemos hacer lo que nos plazca ni deseándolo de verdad, no podemos ser tan egoístas
–De todos modos suena lindo –suspiro el castaño– como un sueño
–Tal vez –coincidió el de ojos bermejos– pero es imposible
–No necesariamente –musito España mirando a Gilbert a los ojos– aquí nadie puede juzgarnos ni condenarnos por lo que hagamos
– ¿Qué quieres decir? –cuestiono el germano aflojando el agarre alrededor del talle del latino
–Que aquí podemos hacer lo que queramos –dijo España– y yo he querido decirte algo desde hace mucho tiempo Prusia
– ¿Qué cosa? –pregunto el albino
–Te amo tanto que a veces me cuesta respirar de sólo pensarlo –declaro el hispano suavemente
–Estás confundiendo las cosas España –replico Gilbert soltándolo y dándole la espalda
–No lo estoy –aseguro el aludido acercándose al prusiano– y puedo probártelo
– ¿Cómo? –susurro Gilbert
–Dame una oportunidad –pidió el de ojos verdes
–No puedo –rebatió el de ojos escarlata
– ¿Por qué? –cuestiono España– ¿Qué tienes que perder?
– ¿Sabes lo que me estas pidiendo, Tonio? –pregunto Gilbert
–Sé exactamente que te estoy pidiendo, Gilbo –aseguro el hispano abrazándolo por detrás
–De acuerdo –dijo Gilbert
– ¿Eh? –balbuceo el español incrédulo, seguro de que iba a tener una negativa por parte de Prusia
–Tú ganas tienes hasta el amanecer –accedió el albino– pero si no logras convencerme de estar a tu lado, me dejaras libre para siempre España
–Entiendo –dijo Antonio y miro el reloj de pared que había en la habitación. Cuarto para las once
Gilbert se dio la vuelta entre los brazos de Antonio y lo miro en silencio, sin saber que decir ni que hacer pero dispuesto a no echarse para atrás pase lo que pase, Antonio también estaba nervioso, había esperado tanto por ese momento y no deseaba echarlo a perder, tímidamente acerco sus labios a los del albino y lo beso lenta y cuidadosamente, saboreando cada rincón de su boca e invitando al prusiano a hacer lo mismo con la suya, propuesta que Gilbert acepto después de cierta renuencia, los besos son lentos y tímidos por parte de ambos hasta que las manos de Antonio despertaron y se volvieron osadas y atrevidas explorando por debajo de la ropa y entibiándose con el calor de la piel germánica sintiendo su suavidad y la firmeza de los músculos del torso y la espalda bajo la epidermis, Gilbert intento permanecer tranquilo ante la exploración a pesar de que el corazón le latía a mil por hora.
España se separo lentamente de Prusia y le quito la gorra de la cabeza y apago el televisor acallando a Mi gran amor le di en la voz de José "el canario" Alberto mientras Prusia reprimía una sonrisa, después las manos de Antonio desabotonaron la camisa del uniforme de Gilbert antes de deslizarse a los costados y despojarlo de la prenda, en ese momento Prusia cayo en la cuenta de que lo que estaba a punto de pasar y que era real, un escalofrió imperceptible le recorrió la espalda al sentir los labios de España besando su cuello antes de descender por su anatomía y permitirle a su lengua jugar con sus pezones. Antonio volvió a besarlo, esta vez con más intensidad y fue cuando su rígido cuerpo reacciono estrechándolo contra si y devolviéndole la caricia con entusiasmo, arrebato que se congelo al sentir las manos del latino introducirse en sus pantalones y recorriendo con firmeza su intimidad.
–España espe...–musito Prusia una vez roto el beso pero la frase del albino murió cuando sintió que la mano española afianzaba el agarre sobre su sexo
–Confía en mi Gilbo –murmuro el de ojos verdes –vamos tócame tú también –le aguijoneo acercándose mas a él
Tímidamente Gilbert desanudo la corbata del ibérico para después desabotonar su camisa antes de despojarlo de la prenda y dejarla caer al suelo cubierto de moqueta, Prusia le dio a Antonio un beso de vaca en cuello antes de devolverle las caricias que le había hecho en el torso, después su mano se metió adentro de los pantalones del español empezando a masturbarlo ligeramente.
Antonio tenía las mejillas ruborizadas y respiraba entrecortado
–Eres un…–murmuro Antonio a punto de terminar en la mano de Gilbert
–Sabes que no debes provocar a las fieras Tonio –se burlo Gilbert –incluido el increíble yo por supuesto –agrego sonriendo con suficiencia
–Esta me la pagas –anuncio el español empujando al albino contra el colchón y posicionándose sobre el
– ¿Ah si? ¿Cómo? –desafío el germano
–Así –dijo el español y lo beso en los labios antes de que su manos le despojaran de los pantalones en rápido movimiento, Gilbert dejo escapar un gemido de sorpresa antes de morderse los labios para no gritar, ya que Antonio había descendido hasta su intimidad y la estaba lamiendo como si fuera un dulce.
–Déjame oírte Gilbert –murmuro Antonio al notar que el albino se mordía los labios– no te contengas
El albino negó con la cabeza mordiéndose los labios con más fuerza aún, quizás había cedido al capricho del latino pero eso a disfrutar del acto o por lo menos fingir que lo hacia, eso era algo muy diferente. Demasiado diferente.
Antonio comenzó a masturbar a Prusia con sus manos y su lengua mientras este se mordía los labios y se aferraba a las sabanas de la cama para no gritar a causa de la fruición pero por más que se resistió no pudo sofocar un grito cuando termino en la boca del latino, momento que Antonio aprovecho para prepararlo para lo que venia a continuación.
Gilbert sintió los dedos de España en su interior causándole incomodidad, no dolor sólo incomodidad Antonio debía de estar siendo muy cuidadoso con él para que sólo sintiera eso después de tanto tiempo sin llevar el papel de pasivo.
– ¿Listo? –pregunto España
Prusia asintió mudo
Antonio se introdujo lentamente en el cuerpo de su amante y espero a que se acostumbrara a la invasión antes de comenzar a arremeter en el interior del cuerpo del germano, Gilbert gemía sin poder evitarlo enredaba sus piernas alrededor de la cintura del ibérico a la par que sus manos se perdían entre los cabellos pardos de este.
Momentos más tarde se quedaron quietos, tratando de regularizar sus respiraciones agitadas, Antonio acerco a Prusia hacia su pecho y lo estrecho contra él, estaban tan cerca que el albino podía escuchar los latidos apresurados del corazón de Antonio.
–En verdad te amo Gilbert –musito el español al cabo de un rato en silencio
–Sigo pensando que confundes las cosas España –repuso el de ojos carmesí zafándose del abrazo del español y acostándose de lado
–Te amaría incluso si mueres –aseguro el español mirándolo serio y abrazándolo por la espalda
–No digas sandeces –replico hosco el prusiano– mi cuerpo geográfico ya no existe, por lo cual de alguna u otra forma ya estoy muerto y tú te estás engañando a ti mismo, amas a una persona, es cierto pero esa persona no soy yo
Antonio prefirió no discutir eso, no deseaba arruinar el momento pero a cambio pregunto:
–Prusia ¿Tú me amas? En este momento, ¿Sientes algo por mi?
–El amor que pueda sentir ahora por ti no es más que un sueño que terminara a primera luz del día España –murmuro Gilbert secamente– disfrútalo mientras te dure
–Te equivocas, Gilbo –afirmo el de ojos verdes– esto es real y siempre lo será
–Veló como quieras –suspiro Prusia resignado– no soy yo él que terminara herido y desangrándose a fin de cuentas pero recuerda mis palabras: sólo el necio ignora las palabras sensatas y prefiere creer en fantasías que ver la realidad –sentencio
– ¿De donde has sacado eso? –cuestiono España curioso
–Sabiduría del grandioso yo –musito Gilbert cerrando los ojos
–Y según el increíble tú –dijo Antonio mientras recorría lentamente con los dedos la espalda del de ojos bermejos– si yo me autoengaño ¿Tú por que has hecho esto? –contraatacó
–Darte mi cuerpo es un pequeño precio a pagar porque me dejes en paz –murmuro el germano con una amarga risa
– ¿Sabes que creo? –murmuro Antonio– creo que tienes miedo y por mas que intentes fingir que no ha pasado nada, que no sentiste nada, no vas a poder Gilbo, cuando menos te lo esperes recordaras mis manos recorriendo tu piel, mis labios diciéndote ´te quiero´, la sensación de tenerme dentro de tu ser y veremos quien es él que realmente se miente a si mismo –le reconvino
–No seré yo –prometió el teutón– duérmete un rato a ver si se te aclara la cabeza y dejas de decir tonterías, no sé que te dieron a tragar pero estás mas despistado de lo habitual España
– ¿Me abrazaras mientras duermo? –sugirió el latino
–No
–Entonces ¿Me harás el amor cuando despierte? –inquirió juguetón el hispano
–Eso todavía menos –objeto el albino– ya duérmete o me largo a dormir al sofá –le increpo
–Ah entonces ¿Quieres hacerlo en el sofá? –repuso sonriendo el español a pesar de que por dentro sentía fatal pero estaba decidido a no derrumbarse, aún no por lo menos
–No, no quiero hacerte el amor en ningún lado –dijo el albino irritado
– ¿Por qué? ¿Por qué eres tan cruel conmigo Prusia, eh? –cuestiono España débilmente sintiendo deseos de llorar– hace mas de un mes que no quieres verme ni hablarme siquiera por el móvil y ahora en la noche mas especial que hemos tenido juntos desde que nos distanciamos ni siquiera quieres tocarme, ¿Por qué, eh? –repitió abrazándose mas al prusiano
–Mi intención no es ser cruel pero parecer ser la única manera de que te entren las cosas en esa cabeza tan dura que tienes– suspiro Gilbert cansado– ya duérmete, son las una y media de la madrugada y estoy hecho trizas
–Podrías ser un poco más amable ¿Sabias, Gilbo? –exclamo el español
–No dejare que te sigas haciendo falsas ilusiones –dijo Gilbert en voz baja– te aprecio mucho es cierto pero de ahí a tener una relación sentimental contigo…
– ¿Qué? –pregunto el de ojos verdes
–No funcionaria –admitió el de ojos rojos
–No puedes saberlo sin haberlo intentando Prusia –repuso España
–No hay que ser un genio para saber que te voy a lastimar mas de lo que ya lo he hecho está noche –suspiro el prusiano– y no quiero hacerlo
–No tienes que hacerlo –le consoló el latino
–Entonces no me ames –le pidió el teutón– por favor España, no me ames
–Es demasiado tarde para que me pidas eso –declaro el latino suavemente– ven acá y abrázame, dame por lo menos un adiós decente ¿Quieres, Beilschmidt? –cuestiono Antonio
–Está bien –cedió el aludido dándose la vuelta– ven aquí
–Gracias amor –dijo España acurrucándose contra el pecho de Gilbert y cerrando los ojos con fuerza
–No me llames amor –susurro Prusia apoyando el mentón en la cabeza del castaño– el amor es otra cosa pero eso no nos debe de importar ahora, descansa Sonne –añadió besándole los cabellos
Cuando despertaron eran las cuatro y media de la mañana, todavía no amanecía pero el cielo ya estaba empezando a clarear, España se removió entre los brazos de Prusia y le despertó.
–Hola –saludo el español con una sonrisa somnolienta
–Hola –dijo Gilbert aún adormilado
– ¿Qué horas son? –pregunto Antonio
–Las cuatro y media –dijo Gilbert mirando el reloj
–Voy a ducharme –anuncio Antonio levantándose del lecho y caminando hacia el baño
–Entendido
–Gilbert –llamo el ibérico
– ¿Qué paso? –cuestiono el teutón
–Nada –dijo el español– olvídalo
–Como quieras
Antonio estaba suspirando tristemente hundido en la bañera cuando Gilbert entro en cuarto cubierto sólo por una toalla que había encontrado por ahí mientras buscaba su gorra entre el revoltijo de ropa esparcido en el suelo
–Perdón –se disculpo el de ojos rojizos– pensé que ya estarías terminado –agrego dispuesto a marcharse
–Gilbert espera –lo detuvo el castaño– ¿Qué tal si nos bañamos juntos? No tenemos que tocarnos, sólo será un baño –murmuro
–No
–Prusia
–Tonio no –declaro Gilbert firme
–Por favor, Beilschmidt –pidió el español– aunque sea para dejar todo esto aquí, luego puedes maldecirme si quieres
–De acuerdo –consintió el aludido quitándose la toalla y entrando en la tina– enterremos esto aquí ¿Quieres una ultima vuelta? –cuestiono
– ¿En la bañera? –exclamo incrédulo Antonio sonriendo a medias
– ¿Dónde si no? –repuso Gilbert –venga, ven acá, juega al carrusel con Ore-sama Tonio
Antonio se acerco y abrazo a Gilbert suavemente antes de que se comenzaran a revolcarse en la bañera, riendo mientras daban vueltas y salpicaban el piso de mosaico.
–Esto ha sido genial –murmuro Prusia mientras normalizaban sus respiraciones aún abrazados
–Me gustaría poder congelar el tiempo en momentos como este –confeso España sonriendo
–No creo que ninguno de los dos pueda olvidar esto –dijo Gilbert por toda respuesta
–Gilbert mira –señalo Antonio hacia la puerta abierta del cuarto donde se colaban rayos de luz
–Es hora –murmuro el prusiano
Ambos salieron del baño, se secaron y se vistieron mutuamente en silencio, cuando trataron de salir se dieron cuenta de que la puerta de la estancia estaba abierta, abandonaron el cuarto sigilosamente tomados de la mano hasta llegar a la calle
–Yo me voy por aquí –dijo Gilbert señalando hacia la derecha
–Yo por allá –murmuro Antonio punteando hacia la izquierda– y toma olvidaste esto –agrego entregándole el envoltorio abierto con la mano que tenia libre
–Gracias –musito el albino aceptando el paquete pero cuando vio el nombre del destinatario sonrió– vaya coincidencia
–¿Qué paso? –inquirió el hispano
–Los libros –susurro el albino– eran para ti
–Quédatelos –ofreció el español –además yo ya los leí
–De acuerdo –accedió el germánico– ¿Listo?
–Si
–Una –murmuro Gilbert agarrado de la mano de Antonio tirando hacia la derecha
–Dos –dijo Antonio tirando hacia la izquierda
–Tres –murmuraron al mismo tiempo y se soltaron caminando cada uno en una dirección distinta a partir de ahí
–Adiós, sonne* –murmuro Gilbert
–Adiós, Adler* –susurro Antonio
Para ambos esa era la despedida definitiva de lo que pudo haber sido pero lo que no sabían que el destino se encargaría de volverlos a juntar antes de lo que se hubieran atrevido a soñar.
¡Hola gente! Espero que este capitulo les haya gustado, me quedo kilométrico, a pesar mío, ya que quería actualizar antes de mi ultimo día de vacaciones –jamás vean "Habitación en Roma" antes de escribir un fic o los va a influenciar, se los digo por experiencia–, como ven esté parece ser el final de todo pero no se confíen que aún queda mucho mas.
El capitulo está inspirado en "Habitación en Roma" –esa película influye un montón– con algunos cambios para adaptarlo a la trama del fic, espero que no haya quedado muy dramático o los haga llorar –a mi en lo personal me dejo sin dormir estos días pero bueno, gajes del oficio–
Pasando a otro punto, aviso que el adelanto del capitulo quince que deje en el capitulo anterior pasa a ser ahora parte el capitulo dieciséis. Esto es porque quiero ahondar en las emociones de Gilbert y de Antonio a partir de este suceso, lamento los inconvenientes que esto pueda causar y les pido sinceras disculpas por ello, espero que no se enfaden demasiado con el lado sentimental de esté/á humilde servidor/a.
¿Qué pasara ahora? ¿Funciono el plan de los italianos? ¿Dónde está Francis? ¿Qué sucederá entre la relación de Gilbert y Antonio? ¿Termino todo realmente? ¿Y que pasara con Salomé? Estén muy pendientes de esta historia si quieren saberlo, hasta luego. Naru
Traducción:
Italiano
Grazie mío caro Ángelo: Gracias mí querido ángel
Prego amore mío: De nada amor mío
Alemán
Sonne: Sol
Adler: Águila
