Confusión y convicción

Antonio llego a su hogar hecho polvo, la noche más increíble de su vida había terminado en un parpadeo y él ni cuenta se había dado, todo había sido tan extraño que apenas y podía creer que en realidad hubiera pasado pero lo había hecho. Fue un hecho real. Gilbert y él habían pasado la noche encerrados en una habitación de un hotel en lo que podría haber sido cualquier punto del mundo, habían hablado, reído y bailado juntos, se habían besado y lo habían hecho.

Habían sido uno.

Aún recordaba la sensación de cabalgar sobre el cuerpo de Gilbert, se sentía tan nítida como si fuera reciente a pesar de que hacia horas que se habían separado y tomado rumbos distintos mientras ambos acordaban no volver a estar así jamás, era como si estuviera de vuelta en aquel cuarto de hotel con Gilbert desnudo debajo de él mordiéndose los labios para evitar que los gemidos se le escaparan.

¿Por qué había hecho eso? Se pregunto el ibérico mientras caminaba rumbo a su alcoba y se tiraba en la cama de cara al techo de la habitación ¿Habría pensado en alguien mas mientras le hacia suyo y tenía miedo de que nombre de esa persona escapase de su labios por error? Si es era el caso ¿Quién seria aquella persona? ¿Acaso seria la chica con la que lo vio en el restaurante la otra vez? ¿O Prusia tendría a algún otro acompañante? Antonio cerro los ojos mientras se maldecía por no haberle preguntado eso a Gilbert durante su encierro involuntario pero había estado tan sorprendido y feliz de verlo ahí que esa cuestión se le había pasado por alto pero eso no importaba en esos momentos. Lo que importaba era otra cosa.

El hecho de haberlo tenido y perdido para siempre.

Y ¿Qué tal si Prusia tenia razón y se estaba engañando a si mismo? ¿Si realmente no lo quería como decía quererlo? Antonio abrió los ojos y dejo escapar un suspiro, sus sentimientos hacia Gilbert estaban claros, estaba seguro, completamente seguro. Lo amaba mas de lo que había pensado llegar a amar a alguien en su vida. Pero ya no podía acercársele con esas intenciones, lo había prometido y él siempre trataba de cumplir sus promesas.

Pero podía consolarse un poco. Antes de irse, Gilbert le había dado una noche inolvidable, única, llena de magia, de ternura camuflada con frialdad, lo sabía, podía sentirlo en los huesos. Gilbert lo quería tanto como él y no olvidaría esa noche por mas que quisiera por mas que lo intentara no podría hacerlo, los recuerdos de aquella velada tan especial estarían grabados y serian indelebles en su cuerpo y en su mente para siempre.

Gilbert le había pedido que no lo amara, prácticamente se lo había rogado pero él no estaba dispuesto a hacerlo ¿Cómo podría? ¿Cómo podría olvidar el calor de su abrazo, el aroma de su piel, el tacto de sus manos, el sabor de sus labios y el fuego de su interior? ¿Cómo podría olvidar el momento más feliz de su vida? Si es que eso se podía, Antonio no lo sabia ni quería saberlo, prefería morirse antes que hacer algo semejante.

Prefería que el dolor lo matase antes que olvidarlo, Gilbert debería de haberlo sabido y ese hecho debía de inquietarlo de lo contrario no le hubiera pedido eso, no habría sido tan arisco si él no le importase en lo mas mínimo, estaba seguro de eso.

–Dios mío, sé que prometí que no lo haría pero déjame verlo una última vez –pidió el latino– que se dé cuenta de que lo quiero, de que voy en serio, que ya no me tenga miedo y que me acepte, por favor has que me acepte –rogó antes de que cansancio lo venciese y se quedara dormido con la convicción de que su plegaria seria escuchada y que tarde o temprano lo volvería a ver.

Por otra parte, Gilbert quería gritar y meterse bajo la tierra ¿Con que cara iba a mirar ahora a Salomé? ¿Qué iba a explicarle cuando ella le preguntara donde había estado? No podía ir y decirle: "Canela, me acabo de tirar a un tío, perdona si te preocupe al no regresar a casa, quería avisarte pero se me acabo el crédito del móvil", eso seria el colmo del cinismo, además de que Salomé de seguro iba a mandarlo al demonio si le decía eso ¿Cómo iba a decirle que le había puesto los cachos con un hombre? De acuerdo, quizás esa no era la expresión correcta puesto que Salomé y él no eran pareja pero la idea era la misma.

Infiel. Traidor. Deshonesto. Estas y otras palabras aún peores daban vueltas y más vueltas por la mente del teutón mientras iba rumbo al departamento de la castaña de ojos miel, cuando Prusia llego a su destino estaba temblando como una hoja pero tuvo la suficiente fuerza para tocar la puerta de la casa de joven y esperar a que abriera sin correr a esconderse.

– ¿Quién es? –cuestiono la dulce voz

–Salomé –dijo el albino– soy yo, ábreme, por favor –pidió

La chica abrió la puerta rápidamente y lo contemplo espantada cuando él entro en la vivienda como si fuese un zombi

–Gilbert, por Dios ¿Qué te paso? –exclamo la muchacha reponiéndose de la impresión

–Si te cuento me matas –gimoteo el aludido desplomándose en el sofá de la estancia

–Cuéntamelo todo –pidió la chica– no omitas detalles

Gilbert le hizo un ademán para que se sentase a su lado y empezó a contarle todo lo decorosamente posible. Sobre Antonio, sobre el acoso, las llamadas telefónicas, las excusas, sobre el encierro, sobre el acuerdo entre ambos y como había terminado todo. Salomé lo escucho atentamente y se conservo calmada para alivio de él.

–Pero ¿A ti te gusta? ¿Lo quieres? –inquirió la de ojos ambarinos cuando el albino hubo terminado su relato

–Ese es precisamente el problema –suspiro el teutón– no lo sé, antes lo sabia pero ahora ya no sé que hacer, todo es tan confuso

–Mantén la cabeza fría y piensa muy bien en lo que quieres Gil –le aconsejo la castaña viendo a su amigo tan abatido

–Gracias Canela –repuso el prusiano reprimiendo las ganas de llorar que traía consigo desde que dejo ese cuarto de hotel

–No siempre tienes que hacerte el fuerte conmigo Luna –musito la muchacha compresiva abrazando al germano suavemente– puedes llorar si quieres

–No tengo por que llorar –murmuro Gilbert con voz ronca –llorar no es nada genial y no me va servir de nada, es algo estúpido, muy estúpido –agrego con los ojos encharcados en llanto– yo no voy a llorar, no lo hare, no lo hare –musito mientras las lágrimas fluían por sus mejillas

–Ya parcero, tranquilo todo ira bien– lo tranquilizo Salomé– todo va a estar bien

–Estoy tan confundido –sollozo el de ojos bermejos acunado entre los brazos de la chica–antes todo era tan simple, salimos a beber, hablamos, nos hacíamos bromas mutuamente y éramos sinceros entre nosotros –gimoteo afligido– ¿Por qué tuvo que cambiar todo tan de repente? Estamos increíblemente bien así ¿Por qué tenia que empezar a mirarme de forma diferente? ¿Por qué empezó a esperar de mí más de lo que estoy dispuesto a darle? Dime Salomé, ¿Por qué? –cuestiono en vano

–Si lo supiera te lo diría parcerito –murmuro la chica dolida por ver a su amigo y confidente en aquel estado tan lamentable, estaba segura de que si tuviera enfrente al tipo que hizo que el albino cayera en ese estado lo degollaría ella misma pero eso no ayudaría en nada a Gilbert en esos momentos.

Gilbert seguía sollozando desconsolado entre sus brazos, sin poder encontrar alivio alguno a su pesadumbre cuando a la joven se le ocurrió una idea: cantar un arrullo, no sabia muy bien si ayudaría en algo pero al menos tranquilizaría a Gilbert.

Salomé cerró los ojos y empezó a cantar una nana que su hermano Marco entonaba las noches de tormenta cuando ella se asustaba con el ruido de los truenos:

Calma, mi amor

Aquí estoy

Cierra los ojos y duerme

Sin miedo y dolor

Cierra los ojos y duerme sereno

Y caminaras sobre un suave terreno

No tengas miedo, mi corazón

No hay razón, no estás solo

Ahí estoy yo cuidando de ti

Abrazándote y haciéndote sonreír

Si hay problemas, no temas mi amor

Que mañana será un día mejor

No te asustes, no estás solo

Que yo seré tu ángel guardián

Y mientras sueñas no habrá pavor

Si hay problemas, no temas mi amor

Que mañana será un día mejor

No te inquietes, pronto hallaras la solución

De aquello que te causa consternación

Y ahora duérmete tranquilo, duérmete sereno

No tengas tu alma en el filo del dolor

Que mañana será un día mejor

Confía en mi, mi corazón

Que mañana encontraras la solución

A aquello que te causa consternación

Ahora cierra los ojos y duerme mi amor

–Gracias Dios mío –susurro la chica satisfecha de que el germano se hubiera dormido con aquella canción de cuna, prefería verlo dormido y feliz que despierto y sufriendo de aquel modo tan horrendo.

–Gilbert no tengas miedo, lo que sientes es confuso por ahora pero ya veras que todo va a ir de perlas y serás muy feliz, sólo ten paciencia mientras duerme mi parcero que todo ira mejor mañana –dijo Salomé cubriendo a Prusia con un cobertor y dándole un beso en la frente antes de salir de la sala y ponerse a pensar en una buena excusa que justifica que Gilbert faltase a trabajar además de una estrategia para echarle un cable con aquella pega, porque de su cuenta corría que Gilbert no volviera a llorar de ese modo a causa de ese motivo jamás.

¡Hola gente! Soy yo de nuevo, trayéndoles otro capitulo mas de esta historia tan rara y enredada, perdonen si este capitulo en especial esta hecho un asco pero es lo que se obtuvo después de forzar a mi inspiración a trabajar –la condenada se puso en plan de diva y esta en huelga desde hace tres días– y tener dolor de garganta y temperatura no me ayuda a avanzar.


¿Qué pasara con Gilbert? ¿Las plegarias de Antonio serán escuchadas o los santos están muy ocupados para oírlo? ¿Qué planea Salomé? Descúbranlo en el siguiente capitulo. Atte. Naru