Un inusual bullicio proveniente de las plantas bajas del castillo, hizo que la Reina extranjera, que entre sábanas de seda se enredaba aquella fría mañana, de su profundo e inquieto sueño despertara.
El sol apenas podía distinguirse a través del gran ventanal, tímidamente oculto por unos gruesos y grisáceos nubarrones que, imponentes, amenazan descargar con furia sus internos mares.
Sus apenas abiertos ojos esto rápidamente notaron, ya acostumbrada a ser sofocaba por el inmenso calor de los rayos que este a esas hora enviaba. Con pereza frotándolos, la muchacha se dignó entonces, a con lentitud levantarse, para así poder de una vez comenzar su día, con un largo, caliente y agradable baño.
Con las telas de un grueso y elegante vestido cubriendo sus albinas pieles, Elsa bajó las grandes escaleras que en el piso principal la dejarían, permitiéndole dirigirse así hasta la cocina, donde su desayuno buscaría. En su travesía, miles de decoradores y sirvientes a sus lados corrían, muy angustiados y ocupados con los preparados que en ese día se hacían.
- ¿A qué se debe tanta inquietud? – Esta dijo cuando las puertas talladas en madera atravesó, luego de abrirse paso por su ya tan largo y conocido pasillo, que, en días normales de encontraría vacío. Los encargados de los alimentos, al escucharla sus rostros alzaron, con la típica sonrisa de alegría que ponían al ver a la joven soberana.
- Al parecer, su Alteza lo ha olvidado. Si mi memoria no me falla, hoy se celebrará el baile de Bienvenida de su recién llegada Majestad, La Reina Morgana – La respuesta fue dada por una de las más jóvenes del lugar, que, en junto a sus amigas, solían llevar y conocer los secretos de casi todos los nobles de aquel pequeño reino.
- Pus, allí afuera parece que se estuvieran preparando para una guerra –Con una risa entonces la rubia contestó, aproximándose a la cocinera principal, Margaret, que la esperaba a un lado de una desgastada mesita, en donde reposaba su comida.
- La señora Morgana siempre ha sido muy exigente y cuidadosa con las fiestas que en este lugar se preparan. Su meta es siempre superar a los demás nobles de la corte, conservando así su imagen en la sociedad. A causa de su vanidad, este reino muchas veces a sido sometido a largas crisis, que con mucha suerte, hemos conseguido superar –Esta relataba en voz baja, observando muy fijamente las verduras que en esos pelaba.
- Imagino que debe ser una enorme presión para todos ustedes.
- Lo es, Mi Reina. Por eso es que, los observa a todos tan alterados. Pero no por ello se angustie; la experiencia que esto nos ha dado, ha sido suficiente como para no atrevernos a pasar ni un solo error por alto. Todo irá a las mil maravillas esta noche. Y verá, lo divertido que le será.
Sus palabras eran animosas y alegres; parecía en ellas guardas dichosos recuerdos de antiguas celebraciones en las que se vio presente; mas, a pesar de la curiosidad, la platinada no se atrevió a algo preguntar.
En tanto masticaba un pequeño trozo de pan, John, con su ya conocida expresión aburrida, llegó a su lugar de trabajo, cargando junto con algunos otros sirvientes enormes cajas que en el suelo dejó.
- ¿Esos son los ingredientes para esta noche?
- En su totalidad, Margaret. Por suerte el barco consiguió llegar. Sus viajeros comentan que unas grandes tormentas se están llevando acabo no muy lejos de nuestras costas – Comentaba sin darle mucha importancia, evitando los ojos de Elsa, que de ves en cuando, lo observaban.
- ¿Tormentas? Bueno, posiblemente esa es la causa de que hoy esté tan nublado. Esperemos que la tempestad que se desate, no sea de mucha magnitud. La última ves, estuvimos una semana recogiendo y reponiendo los ventanales de casi todo el castillo – Esto último hizo a Elsa alzar una ceja. Nunca, que recordara, había estado presente en una catástrofe natural como esa, y por lo que oía, debía ser bastante inquietante – Pero no se preocupe Reina Elsa – Dijo la mujer al notar la expresión de esta – No creo que vaya a ser muy importante. No hay lluvia ni tempesta que impida una celebración de nuestra reina.
Los trozos de fruta que se mezclaban apetitosamente en el pequeño tazón de barro, no consiguieron quitarle de la cabeza la conversación que de la nada había surgido. De ella consiguió recordar, que con la llegada de la soberana de esas tierras, ya tenía la posibilidad de regresar a sus tierras, donde su hermana y su gente, probablemente, esperaban preocupados y angustiados.
Pero con la siguiente noticia; ¿Cómo haría? No podía atreverse a encarar un destino parecido al de sus fallecidos padres. Eso destrozaría a Anna. La única opción viable en esos momentos, sería esperar hasta que la madre naturaleza decidiera calmar sus mares, permitiendo que los barcos navegantes lleguen sanos y salvos a su destino.
Una extraña felicidad y tranquilidad embarcó en su interior, al ser esta su única respuesta por los momentos, revolviendo sus serios pensares.
- Por cierto, su Alteza – Luego del que el joven se marchara a otros quehaceres, la regordeta cocinera volvió a dirigirse a la pecosa albina, que no tardó en devolverle la mirada – Si me permite preguntar, ¿Qué ocurrió entre usted y John? No es por meterme en sus asuntos, pero desde que al príncipe sufrió aquel accidente en el jardín, no ha querido mirarla a la cara. Lo cual en mi opinión, y en su posición, es una falta de educación – Puntualizó, chasqueando la lengua.
- Pues, la verdad, no sabría decirle. Quiero decir, el y yo mantuvimos una conversación, que en mi vista fue bastante incómoda, pero no hubo ningún tipo de ofensa o mala respuesta para que él se comporte de esa manera. Pero, honestamente, no he tenido tiempo para pensar en ello. La Reina Morgana, me ha tenido muy ocupada con respecto a la salud de Hans. Se vio muy alterada cuando llevé a su lastimado hijo a cargas a la habitación. Todavía intenta preguntarle que fue lo ocurrió; está convencida de que alguien fue el causante. Pero ninguno de nosotros vio a nadie.
Eso era del todo cierto.
La morena mujer se había encargado de tener a Elsa junto al pelirrojo durante aquellos días, asegurándose de que tuviera un cuidado constante, a pesar de no precisarlo demasiado.
Pero solo el joven príncipe sabía la razón de ese tan bien fingido, maternal intento por cuidarlo y protegerlo; no era más que una burda táctica para conservar a la chica alejada e ignorante de sus verdaderas y asesinas intenciones. Aprovechaba el descuido de sus sirvientes al olvidar su celebración, para planear con mucho cuidado sus movimientos.
Y entre los oscuros pasillos del lugar, este vagaba en silencio, mientras procuraba analizar cada palabra y acción de su progenitora. Según veía, entre su macabro plan no estaba ya hacerlo partícipe. En cualquier otra situación, esto no le habría preocupado; pero la conocía demasiado bien. Si nada le decía, era porque había algo más gordo y peligroso en su mente.
Necesitaba averiguar, averiguar al menos cuando o donde pensaba llevar acabo su idea; y debía ser con antelación, para así encontrar una manera de alejar a Elsa antes de que ocurriera.
Ah, Elsa.
El simple pronunciamiento de su nombre, traía a él una placentera y feliz sensación, adherida a ellos su inmaculada imagen que, se abría paso en su mente, y, como de costumbre, exigiendo su total y completa atención.
Y, concentrándose en recordar sus enormes y expresivos azulados ojos, no pudo evitar encontrarse con sus más recientes imágenes, en las que, en su desdicha, se dedicaban a observar a aquel infeliz sirviente de la cocina, que con afán sus manos de seda, sujetaba.
Los celos eran realmente, un sentimiento que desconocía del todo, y su simple aparición revolvía cual ensalada todo su interior; reviviendo con esto también, su lado más oscuro, que desde su indeseado incidente en el hogar de su amada, había buscado aplacar del todo. El implacable deseo de deshacerse de su rival lo comenzaba a enloquecer, lo suficiente como para no apercibirse de que ya se encontraba en el fin del último pasillo de la torre norte.
- Demonios – Masculló en su interior, sin poder evitar golpearla con su puño derecho cerrado, causando, con su fuerza, una pequeña grieta en el lugar elegido.
El dolor en sus nudillos no tardó en llegar, y en un instintivo acto de aliviarlo, frotándolos, en la lejanía logró captar unas voces que se acercaban. Reconociéndolas de inmediato, no tardó en esconderse entre las gruesas cortinas vinotinto que una de las enormes ventanas cubría.
Ya era la segunda vez que lo hacía, lo cual le hizo preguntarse con diversión si se volvería un hábito.
Observó entonces, entre el silencio, a la sombras dirigirse a una de las habitaciones más próximas a su escondite, lo cual le permitió una excelente vista y audición de lo que ocurría.
"Oh" – Fue todo lo que dijo.
Mientras tanto, en la habitación de las paredes doradas, todo el grupo que se encargaba de la cocina, se habían desentendido de sus labores, acompañando con emoción a la joven reina para someterla a una larga sesión de belleza para la fiesta de aquella noche. Esto las entusiasmaba, y la rubia, aunque algo inhabituada a esta clase de cosas, se dejaba hacer, divertida.
El tema de lo ocurrido con John fue lo más comentado de la tarde, a pesar de que ella se negó a contar nada de lo que realmente pasó. Mientras su cabello ayudaban a lavar, y peinar, compartían sus teorías, y agregaban comentarios acerca del físico del muchacho, discutiendo por quién lo había visto con menos ropa.
- ¡Les juro que es cierto! – Dijo una, a la que logró identificar como Anabella, que cuidaba con recelo las uñas de Elsa.
- Bella, sabes muy bien que él jamás se arriesgaría a ser visto, bañándose desnudo en la playa. Sabes perfectamente, que a la Reina no le gustaría que algo así llegara a sus oídos – Otra, reconocida como Azucena, comentó, mientras desenredaba sin cuidado alguno su cabello, causándole algunos pequeños jadeos de dolor.
- Pero aún así, yo sé lo que vi. Y puedo asegurarte que no es tan atractivo como todas dicen – Aseguró.
- Tal vez – Margaret intervino esta vez, mientras restregaba con cuidado una crema por el desnudo cuerpo de la joven – Pero cambiando de tema; dígame esto su Majestad: ¿Cómo fue que se dio cuenta de que es el señor Hans el indicado para cuidar de su corazón?
Ante la pregunta, las alborotadas chicas hicieron una exclamación, siguiéndolo con un grito de emoción. La tratada, casi se ahoga de la impresión.
-Perdón; ¿Cómo dice?
- Oh. Disculpe nuevamente mi atrevimiento mi señora, pero, creo que es evidente para todos que usted ha caído ante los encantos de nuestro joven príncipe –La mujer explicó sus palabras, conservando su tono de respeto.
Las mejillas de la platinada rápidamente se colorearon, negando con firmeza con la cabeza.
- Eso es, absurdo –Respondió inmediatamente – Tampoco es secreto para nadie el pasado de vuestro príncipe, Margaret. ¿Cómo espera que llegue a sentir algo por el que se declaró como mi enemigo?
- Eso es cierto, pero creo que él ha probado con su comportamiento que eso ya no es así, madame.
Mas una ves, ella estaba en lo cierto.
Y ella, a pesar de su negación, lo sabía. Sabía que él ya le había dejado muy claro que su última intención era lastimarla, y también que, había algo que la hacía desear permanecer allí. Junto a él. Y que esa mañana la había asolado por completo en su interior, tomándola de sorpresa.
Sus ojos se abrieron mucho, ante la mirada de todas ellas.
Oh cielos; ¿Realmente ella estaba, sintiendo algo por, por él? ¿Por Hans? ¿Por su enemigo? ¿Por el hombre que no dudó en alzar su espada a sus espaldas, con la intención de asesinarla?
No.
No podía ser posible.
Ella no podía estar sintiendo eso; ¿O si? ¿Por qué entonces las demás con afán lo afirmaban? Sacudió entonces su cabeza con violencia, ante la idea, causándose un leve rasguño en el cuero cabelludo, a causa del peine que por sus cabellos se paseaba.
Una disculpa por parte de Azucena rompió el silencio, devolviendo el bullicio y la alegría al lugar, y que ella buscó seguir, a pesar de que su mente se encontraba perdida, en otro lejano lugar.
Las horas rápidamente pasaron, entre tratamientos y jalones de pelo. El sol ya se había escondido, dejando a la plateada Luna iluminar el nocturno cielo.
El cuerpo de Elsa había sido prácticamente pulido, eliminando de su piel cada célula muerta, cada posible imperfección que pudo haberse acumulado. Cual muñeca de porcelana, su blanquecina piel brillaba bajo la tenue luz de las lámparas, cual joya preciosa. Las muchachas, suspiraban, expresando su envidia sana, ante tal perfecta belleza.
Margaret no hacía nada más que reír.
Como toque final, trenzaron nuevamente su cabello, soltando algunos mechones de su frente para hacia atrás cómodamente peinarlos. Usaron una especie de gel para que no se salieran de su lugar, maquillando su rostro como acto siguiente.
Listo eso, la voluminosa mujer tomó entonces, de uno de los armarios, un enorme vestido color turquesa, con unas enormes caderas, que lo hacía ver bastante cómico. No fue en absoluto de su agrado, pero para no ofenderla, aunque sea quiso probárselo.
Las risas no tardaron en oírse cuando se lo vieron puesto.
- Oh, o la lá –Elsa bromeó entonces al verse en el espejo, moviéndose de un lado a otro – Mis caderas están aquí, están por allá; ¡Oh! Disculpe a mis posaderas, joven, no era mi intención hacerle caer – Dijo con una voz divertida, uniéndose a las risas de las demás.
- Creo que no debería llevar esto, en absoluto – Dijo una de ellas, luego de recuperar el aliento.
Todas concordaron en ello.
Entonces, sin que ninguna de lo esperara, Elsa alzó sus manos en un elegante movimiento, creando desde la falda de su vestido un segmento de copos de nieve que comenzaron a transformar del todo el vestido que llevaba puesto, del mismo modo que lo había hecho cuando huyó hacía tiempo a su castillo de hielo.
Conservó en su estructura, a pesar de que todo el diseño y la tela cambio, la enorme falda que era propia para el baile al que se presentaría. Lo único adicional que le agregó, fue una inmensa capa azul, casi transparente, decorada con pequeños copos de nieve.
Lucía majestuosa, mientras todas la miraban atónitas.
- Oh su majestad, luce, increíble. Maravillosa. – Margaret fue la única que pudo hablar, hablando encantada con la imagen que tenía enfrente. – Ya está lista, y perfecta para el baile.
- Muchas Gracias.
- Pero bien, ahora nos toca bajar para terminar los últimos detalles. Usted puede quedarse aquí, y terminar de retocarse. La llamaremos cuando todo esté listo…
- No, no. Bajaré con ustedes a darles algo de ayuda. Me moriré de aburrimiento si me permanezco aquí.
Entre más, risas y ruido, todas las mujeres de dirigieron entonces al salón principal, donde todos los sirvientes trabajan arduamente por colocar los banderines, alfombras, y sacar brillo a todo objeto que allí estuviese. Todo debía estar perfecto.
Pero la atención de todos fue captada por Elsa, que se detuvieron a observarla pasar. Incluso John, que se había negado a dirigirle la palabra nuevamente, se quedó embobado al verla.
La soberana entonces, se mezcló entre todos los presentes, acomodando con ánimo los objetos que le pasaban, y guardando las cajas que le pasaban. Hacía tiempo que no se sentía tan útil como en esos momentos, a pesar de que no estaba haciendo ni la mitad de lo que ellos habían hecho ese día. Se quitó los tacones para subirse a una escalera, intentando enderezar un alto retrato que, a pesar de que casi nadie notaba, había que arreglar.
También, los acompañó a la cocina, donde incluso se unió a la preparación de uno de los platillos de la noche, manchando su vestido en la acción. Casi no le dio ninguna importancia ante eso, despreocupando a los que la rodeaban con que crearía otro.
Los invitados ya habían comenzando a llegar, cuando la despacharon a su habitación para que pudiera cambiarse, y así, hacer una espléndida entrada.
En un piso más arriba, el príncipe acomodaba nerviosamente, su traje de gala frente a un espejo de cuerpo completo, toqueteando y peinando al mismo tiempo su pelirrojo cabello, recién lavado. Llevaba mucho tiempo sin ver tal apuesta imagen suya; tan bien arreglado. Casi parecía un príncipe nuevamente.
Pero en su mente preocupaciones más importantes que eso, vagaban.
- Señor – Una de las criadas entonces, la puerta abrió, con cierta timidez – La fiesta acaba de comenzar. Su majestad, la Reina, me pidió que le informara que desea que usted reciba y salude a los invitados. Por favor.
Él solo asintió, y con un agradecimiento, salió al encuentro con todas las personas que pacientemente abajo esperaban.
La música ya sonaba, alegremente por el concurrido salón, en donde se escuchaban las voces de todos los presentes que conversaban distraídamente. Este se aproximó a los pocos nobles que habían conseguido asistir, para saludarlos como era debido, dándoles luego a todos, la más cálida bienvenida, abriendo así, el baile. Varias parejas se dejaron llevar por el agradable sonido, moviéndose al compás de esta.
El muchacho se desplazó entonces por todo el lugar, observando a los presentes, y aceptando una copa del licor que los sirvientes comenzaron a repartir.
Se sentía incómodo y perdido en aquel lugar, rodeado por desconocidos, que solo buscaban su atención para intentar colarse entre las sucias filas de la alta sociedad. Pero, por mucho que ya estuviera acostumbrado a la hipocresía de ese mundo, no pudo evitar sentirse agobiado por el desagrado, la deshonestidad, y la soledad.
Tomando un trago del contenido que en el objeto de sus manos reposaba, se vio, cuando un inmediato silencio la sala aisló. Fue tan repentino, que incluso lo preocupó, puesto a su mente lo primero que vino, fue claramente lo peor. Pero, cuando su vista alzó, siguiendo la mirada de todos los presentes, que como hipnotizados a un sola imagen se fijaban. El fino cristal que en sus manos guardaba en silencio se resbaló, ante su distracción.
Pero ni siquiera le importó.
Como una mismísima Diosa, en toda su gloria, Elsa, descendía repleta de glamour y elegancia, las escaleras principales del salón, que se posicionaban en todo el medio del salón, frente al gran trono real. Con toda seguridad, recorrió entonces la inmensa alfombra carmín que se extendía hasta la real silla, donde sin sentarse, ella sería presentada como una de las Reinas extranjeras invitadas, sumida siempre en aquel eterno silencio, que ni siquiera ella llegó a reparar.
Los copos de nieve en su tela la hacían resplandecer, incorporando a su imagen, aún más porte y sofisticación de la que ella ya de por sí tenía.
No había ninguna otra dama en aquel salón, o inclusive, en aquel reino, que pudiera imitar o a penas llegar a ese grado de perfección. No había en ella defectos, ni inquietud, ni inseguridad, no al menos en esos momentos. No al menos para Hans.
El líquido de su ya destruida copa todavía goteaba en sus guantes de seda, mientras la voz del joven John, que se le había dado el honor de llevar acabo las presentaciones de aquella noche, con cuidado y cierto desdén, el nombre de la tan magnífica dama pronunciaba.
Y en pleno acontecimiento, el príncipe notó que su corazón se detenía por unos momentos; puesto que la serena mirada de la soberana en la suya se detuvo por unos instantes.
Los instantes suficientes como para hacer de él, el hombre más feliz de aquella fiesta. Sin apenas poder respirar, notó como las delicadas y pecosas mejillas de la joven se enrojecían, y las comisuras de sus labios se alzaban en una pequeña y tímida sonrisa.
Una casi ovación inundó el lugar, mientras que, en respuesta, esta una reverencia hacía. De vuelta ya la fiesta, la muchacha los escalones bajó para unirse a esta. Los jóvenes Duques y Lords, casi corrieron para encontrarse con ella, a la que sin más preámbulo, y ante la rabia del sureño, comenzaron caballerosamente a elogiar. Algo que en un principio, a Elsa bajo ninguna circunstancia le pareció molestar; parecía más bien, bastante entretenida con lo que tenía alrededor, a lo que el pelirrojo supuso que sería a causa de tanto tiempo rodeada por el mismo personal.
Se mantuvo allí, parado y fijo en ella, no supo cuanto tiempo. No quería mirar a otra cosa; fue como si, todas las malas sensaciones que había tenido hacía unos momentos, con el aire se hubieran desvanecido. Y a pesar de los celos que lo acorralaban, y del inminente deseo de ir a encontrarla, no hizo nada.
- Sabe Señor, debería ir junto a ella y sacarla a bailar, antes de que otro más lo haga – Margaret, que había desde lo lejos notado la situación, se aproximó a él, con la excusa del cristal roto recoger.
- No creo que ella desee que mi presencia perturbe su tan agradable noche – Su tono amargo, ocultar buscó.
- No lo sabrá si no lo intenta –Inclinada en el suelo, en una pala, los trozos la mujer barría, sin mirarle directamente a la cara – Escuche señor, sé que no es de mi incumbencia, pero realmente creo que usted debería aprovechar este momento, e ir hasta ella. No se deje intimidar ni abatir por las cenizas de su pasado; es hora de que vaya a por lo que le hace feliz, y olvidarse del resto.
Con estas palabras, la pequeña conversación finalizó, retirándose finalmente para sus tareas seguir atendiendo. El quería mucho hacer lo que esta le decía, pero en su mente algo insistía, de que eso solo todo lo empeoraría.
Y sin que él lo supiera, mientras la rubia charlaba, se preguntaba donde el estaría. Cuando estuvo allí arriba, siendo presentada, lo había visto a lo lejos, en una fachada tan regia y atractiva como nunca había visto.
Una fachada que hizo su corazón acelerar, y que en una remota parte de su mente rogaba por volver a ver. Así que, inconscientemente seguida por ese deseo, se separó de sus nuevos conocidos, y se dispuso por el salón pasear. Podía escuchar a todos los invitados, de la terrible tormenta comentar, agradeciendo haber llegado mucho antes de que esta llegara a iniciar.
Pero en eso ella no quiso ahora pensar, y estirando un poco su cuello, luego de bastante andar, en el otro lado del salón encontró a su buscado pelirrojo, que se había acomodado en uno de los costosos asientos que en esa tarde había ayudado a acomodar. Como la primera ves, entre aquellas sombras lo había visto, estaba encorvado y con la mirada perdida en el piso.
Esto la preocupó, y aunque bien no sabía que hacer, a un lado del sofá se colocó, y su garganta aclaró.
- Es… una agradable fiesta – Declaró, esperando por su parte alguna respuesta. Por unos segundos, su respiración no escuchó, lo cuál la asustó.
- Supongo que lo es.
- No quiero ser atrevida alteza, pero, no parece estar disfrutando mucho de ella – Le dijo de vuelta, entrelazando cuidadosamente sus propias manos con nerviosismo.
- No soy un gran fan de las fiestas de mi madre. Sus amigos me parecen bastante irritantes – El no alzaba la cabeza para contestar, pero al menos el hacerlo le daba un poco más de confianza a Elsa para continuar.
- En eso por completo debo de acuerdo estar –Una pequeña risa, ella no pudo evitar dejar escapar – Los jóvenes hijos de sus amigos no me han permitido ni un momento descansar.
Con escucharla reír, tuvo la excusa perfecta para que sus ojos en ella se volvieran a fijar. Alegremente la muchacha sonreía, observando desde allí la fiesta que se desenvolvía. ¿Ya había dicho que lucía gloriosa?
Nuevamente las palabras de Margaret en su mente resonaron, y lo llevaron a entender que no podía quedarse ahí simplemente como un fracasado.
No solo por él, si no porque debía protegerla. Debía estar pendiente a todo momento de lo que sucedería, ya que, después de descubrir el plan que su madre tramaba, aquella mañana, lo último que debía hacer era sola dejarla.
Olvidando por una vez, todas sus dudas y auto-remordimiento, este se irguió de su asiento, para con elegancia extenderle la mano a esta, que no tardó en notar.
- Sé que no eres muy dada a la danza, pero me gustaría que por favor, me concedieras este baile.
Su repentino ofrecimiento, algo sorprendida la dejó. Y como él afirmaba, ella realmente era un desastre a la hora de pisar una pista de baile, por lo que al principio dudó. Este no se inmutó ante su tardía respuesta, que, al final, positiva terminó.
-Bueno, está bien. Pero, no me culpes si terminas esta noche sin un pie –Bromeó antes de apoyar con delicadeza su mano en la suya. Este firmemente la tomó, causando una sensación desoladora e irreconocible en los dos. Ambos se miraron, por una fracción de segundos, antes de escuchar nuevamente la voz del sirviente, que daba a conocer al primer cantante de la noche. Una tal, Ariana Grande se colocó en medio de los músicos, sentándose en el enorme piano lustrado para la ocasión, para así comenzar a cantar y tocar una pequeña balada.
Hans, no tardó en recobrar nuevamente la atención de Elsa, al llevarla con cuidado junto a los demás que por la música se dejaban llevar. La agradable voz de la chica comenzó a sonar, en el momento en que los dedos del príncipe se colocaban por su cadera, y ayudados por su brazo la aproximaban un poco más a su pecho. Sosteniendo la otra, el comenzó a llevarla con suavidad y lentitud por el suelo, sin ninguno poder retirar la vista del otro.
"No necesitas un montón de dinero. No tienes que jugar ningún juego. Lo único que necesito, es todo tu amor, para así obtener la sangre que corre por mis venas"
Ambos en silencio se movían, livianos como el viento, y serenos como el mismo.
"Quisiera que nuestros padres arreglaran nuestro matrimonio, como lo hacían al inicio de los 1800. No debe ser por siempre, solo mientras yo sea el nombre que tienes en tu corazón tatuado"
Todo aquel que miraba, aunque fuera fugazmente a aquella pareja, podía sentir la magia que se había levantado en el aire.
Olvidaron el mundo, los que les rodeaba, incluso quienes eran, o como se llamaban. No tenían atención para más nada que no fuera el uno en el otro, y metidos en aquella burbuja personal, continuaron moviéndose como si no existiera un fin.
"No necesitas preocuparte, por enloquecerme, pues ya estoy más que eso. Así que solo tómame, si lo deseas, pues me tienes, y te mostraré, lo mucho que deseo estar en tu tatuado corazón"
Aplicando un poco más de fuerza, el pelirrojo buscó acercarla a él lo suficiente, consiguiendo así que sus pechos se tocaran. Esto causó, para su satisfacción, otro hermoso sonrojo en aquel rostro precioso, que lo hizo suspirar en su interior.
El silencio había regresado al lugar, ya que todos se habían quedado encantados con la situación. La cantante seguía apasionadamente la canción, como si desde el principio estuviera al corriente de lo que acontecía entre los dos.
"Abrígame con tu ropa, cariño mío. Y acuéstame en tu cama. Y bésame bajo la luz de la luna, permitiéndome trazar las líneas de tu tatuado corazón. Solo mientras yo sea el nombre, que tienes tatuado en tu corazón."
Los aplausos inundaron el lugar, halagando a la tan talentosa muchacha que había ya dada por finalizada la composición musical.
La enamorada pareja también se detuvo, pero no se llegaron a soltar. Los brazos de Elsa ya se encontraban rodeando el cuello del príncipe, ambos con la respiración algo agitada, y sonrisas en la cara.
Ninguno quería entregarse a los pensamientos, puesto que sabían que eso arruinaría el momento.
Apoyando sus frentes, una con la otra, soltaron una pequeña risa melódica, completamente fuera de lugar e ilógica. No se dieron cuenta que no era más que por felicidad; por finalmente haberse decidido a entregarse a lo que desde hace ya mucho tiempo deseaban.
Y por mucho que hubieran querido permanecer de esa manera, el destino, por desgracia tenía otros planes para la pareja. Antes de que una nueva canción pudiera llegar a comenzar, las luces del salón de un momento a otro se llegaron a apagar. Y con un repentino grito aterrador, de pánico la sala de lleno.
Nada podía verse, ya que nadie se había tomado la molestia de correr las gruesas y pesadas cortinas que la poca luz del exterior tenía. Se oía los objetos romper, sillas caer, mujeres asustadas y hombres las salidas buscando. Al parecer bloqueadas estaban.
-¡Hans! ¿Qué está pasando? – La rubia exclamó, uniéndose a las voces de la exaltada multitud - ¡Hans!
La muchacha en sus brazos se retorcía, no por soltarse, si no, para hacerle notar que le estaba hablando, puesto que él nada decía. El miedo ya la había dominado, y una helada ráfaga de viento recorrió todo el salón. Eso el terror más aumentó.
Pero mientras esto sucedía, el muchacho, buscaba en su mente una manera de escapar de allí. Sabía exactamente lo que estaba pasando; pero no había pensando realmente que lo pondrían en marcha tan pronto.
-Escucha – El finalmente le habló – Lo último que ahora debes hacer es soltarte. ¿De acuerdo? Por nada en el mundo, me sueltes – Por unos momentos abandonado su cadera, tomó los brazos de ella y los forzó a rodearle. Ella no se negó, casi enterrando sus uñas en su espalda.
Soportando el frío que sus manos a su cuerpo sometían, la alzó en sus brazos, contando con que en la oscuridad les contaría atraparlos. No tardó en comenzar a buscar uno de los enormes ventanales, solo confiando en su audición y tacto. Las personas a sus lados corrían y con ellos se tropezaban.
Un rayo entonces, en el exterior cayó, dándole inicio a la tormenta que desde tempranas horas se avecinaba. Esto le dio una ventaja, puesto que pudo seguir el sonido del agua golpeando en las ventanas. No tardó en encontrar una, y cubriendo a su protegida con una especie de tela que encontró en el camino, corrió contra ella, abriéndose finalmente camino. Las heridas no tardaron en aparecer en su rostro y cuerpo, a causa del cristal que había conseguido romper, empezando a sentir la sangre por sus mejillas caer.
Pero era demasiado pronto para creer que ya la había puesto a salvo, ya que de un momento a otro, alguien por los hombros la tomó, usando su fuerza para de los brazos de Hans despegarla.
-¡Hans! –Ella gritó, clavando con más fuerza sus dedos en su cuerpo, sin poder evitar su camisa casi congelar. El apenas lo pudo notar, ya que luchaba contra el desconocido que a la platinada se quería llevar. Lo intentó identificar, pero al mirar al secuestrador, pura ropa negra solo pudo observar. Y con esa oscuridad, por más que lo intentara, no lograría ver nada.
Empezando a irritarse de verdad, concentró toda su fuerza, para zafarla de una vez de las manos que lejos de él se la querían llevar. Propinándole una patada al extraño, consiguiendo hacerle caer, se apartó de él, y sin pensarlo ni una sola vez, empezó a correr.
HOOOOOOLAAA CHICAS! ¿Que tal están? ¡Espero que bien! Aqui está el nuevo capítulo de su FanFic favorita :D
¿Que tal está? ¿Les gustó? Finalmente tuvimos algo de Helsa *-* Les debo confesar que fue muy emocionante hacerlo.
Para las que conocen a Ariana Grande ¡No me maten! Sé que ella no pertenece a esa época, pero, realmente quería hacer a una Ariana de 1800. Además Tattoed Heart es una de mis canciones favoritas de ella, y creo que le iba perfecto a la ocasión.
Les recomiendo, que vuelvan a leer el episodio con la canción sonando. Será mucho más mágico. Tuve que cambiar algunas partes, para que tuviera sentido, pero son dos me parece nada más. Ningún cambio importante.
Debo confesar que desde este momento, la fic va a empezar a complicarse. Va a ver más intensidad, más problemas. Y honestamente, no sé como haré para explicarlo, asi que me gustaría que me den sus comentarios sobre este capítulo para saber si lo hice bien.
Les juro que me esforcé muchísimo haciéndolo. No es mi 100% pero es bastante cerca.
Ahora, responderé a sus maravillosos reviews:
Reviews:
Taisho Hanako: Genial! Lo haré. xD
Ziu : ¿Como Hans puede caerte mal? SI ES HERMOSO. Gracias:3
evagante : Hahaha, pues, me alegra que te agrade, pero no estoy muy segura hasta donde podré explotarla como personaje. No te preocupes que haré lo que pueda. LO SÉ, EL ES DIVINO *-* Muchas gracias!
SkyBlue05: Milgracias *-* Me hace feliz que les guste tanto. ¡No dejes de dejar un review en cada capitulo!
Yo01: ¡La haré, sin ninguna duda!
Hinata Jeagerjaques : ¡Te entiendo perfectamente! La verdad es que no creo que se retrogada, si no, tal vez menos humana. El ser humano es muy egoísta, muy intolerante. Y esa visión del amor, elimina cualquiera de esos defectos, ya que ellas se enamoran del príncipe por sus cosas buenas. Y con eso les basta. Espero que sigas disfrutando de la fic, y no olvides dejar tu review siempre.
chibimariana: No te preocupes, a mi me gusta mucho llevar las cosas lentamente.
megumisakura : Ay dios, tengo unas lectoras pervertidas. ¡Todas quieren lemmon!
Ariannariverav: Lo haré, gracias :3
Guest: Todos piensan lo mismo. Todos quieren mas sensualidad xD
Reveriek: Nooo te preocupes :3 Todo irá bien, tengo excelentes planes para John. Obvio, es imposible! No te preocupes, pero espero que para el próximo puedas comentar de nuevo :3
ANA VICTORIA: ¡ME ALEGRO QUE TE GUSTE TANTO!
LaylaIntegra: Hahaha si :)
cat: Obvio nada John! Osea... Elsa solo se puede entregar a Hans, a nadie más. No señor hahaha :3
ari1999: Pues, no tengo una fecha exacta ni nada por el estilo para actualizar la verdad. Es, depende de mi estado de ánimo, y de si no me da uno de mis ataques epilepticos (La verdad es que me dan a diario), pero depende dde la intensidad de cuan mal me dejen.
GRACIAS A TODAS POR SUS PRECIOSOS REVIEWS.
Espero que sigan dejandolos en este, y que le pasen esta fic a su amigas para que también lo disfruten.
Con mucho amor;
La Bruja Violet.
