Presentaciones y acuerdos

Salomé llevaba horas pensando en una estratagema para ayudar a Gilbert a salir del hoyo de la depresión en que estaba metido desde hacia varios días, el pobre parecía un cadáver ambulante a causa de lo pálido que estaba además de que estaba mas delgado de lo normal a causa de la falta de apetito, ella a veces tenia que amenazarlo con llevar a Gilbird, su pájaro mascota al refugio de animales si no se animaba a comer aunque fueran un pocos bocados de comida. Y eso no era lo peor.

Lo peor era que Gilbert le había cogido una manía obsesiva a trabajar. En la mensajería se había convertido en un huracán: siempre cargado de paquetes por entregar fueran de su trayecto o los de otros mensajeros, además de que llevaba los envoltorios que no se entregaban ese mismo día a la bodega, y por si eso fuera poco se había buscado un empleo extra como camarero en un bar cercano a la mensajería llamado "el fuego azul" donde servía bebidas con alto contenido de alcohol y tentempiés tan generosos que bien podían reemplazar la cena o en todo caso el desayuno pues la taberna cerraba a las cuatro de la mañana y la mensajería abría a las ocho lo que significaba que Gilbert tenia unas escasas dos horas y media –si le iba bien– para dormir por lo que sufría de episodios alternos de insomnio y somnolencia. Durante su jornada laboral andaba aletargado casi todo el tiempo por lo que tenía ingerir dosis industriales de café a diario lo que le causaba insomnio cuando trataba de dormir.

Si terminaba con una ulcera en el estómago…

Varias veces Salomé había pensado en hablar con Jazmín, su prima quien pertenecía a una tribu gitana para que le hiciera caer un maleficio a quien le había hecho daño al albino pero su recelo hacia ese tipo de asuntos impidió que llevase ese plan a cabo además de que Gilbert se mosquearía bastante con ella si hacia eso, él siempre estaba tratando de que no se metiera en líos y ella por lo regular procuraba no preocuparlo demasiado pero en este caso tenia que intervenir a posta, la situación era verdaderamente alarmante ¿Acaso Luna no se daba cuenta de que podía matarse si seguía esforzándose así? Tenia que hacer algo y tenia que hacerlo ya, pero ¿Qué?

La idea le vino a la cabeza cuando Gilbert estaba fuera trabajando en el bar, sin querer y como si fuese una revelación del Espíritu Santo, la danzarina encontró una fotografía de Gilbert con otras dos personas en un cajón, un muchacho castaño de ojos verdes que le pasaba el brazo por los hombros a Gilbert mientras un rubio de cabello largo estaba sentado a su lado riendo por algo.

Al rubio ya lo conocía, lo había visto una que otra ocasión a la salida de la mensajería esperando al albino para que lo acompañara a tomar una copa por ahí, sabia que era francés, que era un atrevido y algo pervertido, que se llamaba Francis y que le parecía encantadora además de que quería invitarla a cenar –de hecho quería mas que eso pero eso no venia al caso por ahora– además de haberle dado su teléfono y perle que lo llamara por si algo se ofrecía.

El tercer componente de la imagen debía de ser Antonio y encajaba con la descripción que le había hecho el teutón sobre él. Salomé sintió una oleada de furia gélida cuando poso sus ojos en la figura del castaño. Si tuviera al sujeto enfrente lo asesinaría con sus propias manos por lastimar a una de sus personas mas queridas pero se obligo a si misma a pensar con la cabeza fría a pesar de su rabia, el tipo merecía sufrir por lo que le había hecho a Gilbert pero aunque le agradaba bastante la idea de matarlo, la joven sabia que eso no bastaba así que se puso a cavilar en un método que le diera los resultados que esperaba.

Jazmín decía que todos tenían una debilidad y que en un hombre la mas común era su orgullo pero la muchacha sabia que no seria sensato atacar por ahí así que debía haber algo mas que pudiera usar en su contra. Además del orgullo, ¿Qué otra debilidad tenían los tíos? Se pregunto la joven, bueno algunos era sumamente posesivos y celosos cuando estaban enamorados.

Amor. Celos.

¡Si, eso era! Antonio estaba enamorado de Gilbert o por lo menos creía estarlo según el albino así que no seria difícil ponerlo loco debido a los celos y ella era la candidata perfecta para dicha labor, ya que Gilbert y ella se relacionaban tanto que casi parecían novios de verdad.

Tenía que servir, al menos para que a Gilbert se le quitara la confusión o ese tipo lo dejase en paz, lo que ocurriese primero. Esa noche Salomé espero a Gilbert hasta que esté regreso de la taberna y le planteo la idea, al principio Gilbert se mostro algo inseguro al respecto pero después de insistir un rato, la colombiana consiguió que aceptara su propuesta.

El albino llamo a Francia al día siguiente y le comento la idea, al francés le pareció bien y dijo que le avisaría a España, quedando todos para cenar en restaurante esa misma noche.

Salomé sonrió mientras se arreglaba ante el espejo del tocador, esperaba que todo saliera bien. Nunca había estado tan inquieta desde su audición para la academia de danza hacia cuatro meses pero debía de ser fuerte, el éxito de su plan dependía de que se mostrara tranquila y actuara natural.

–No creo que deberíamos hacer esto –comento Gilbert mientras terminaba de acomodarse la camisa

–No digas sandeces –replico ella mientras terminaba de aplicarse el maquillaje– es una idea genial

–No creo que pueda ver a Antonio a los ojos después de lo que paso –aseguro Gilbert poniéndose los zapatos– me pone nervioso –comento en voz baja

–Ahí esta precisamente el problema –señalo Salomé mirándolo a los ojos– si sigues evadiéndole y no lo enfrentas nunca podrás superarlo, él pensara que lo que paso te afecto demasiado y no podrás seguir adelante con tu vida porque seguirás dándole alas y eso no es bueno

–Tienes razón –coincidió el albino sonriendo algo inquieto aún

–No estás solo en esto Luna –dijo la castaña de ojos miel– yo estoy contigo ¿recuerdas? –agrego para calmarlo

Gilbert ensancho su sonrisa por toda respuesta.

Cuando llegaron al restaurante, Gilbert encontró la mesa en la que estaban sentados sus amigos, tomo a Salomé de la mano y se dirigieron hacia allá. Francis y Antonio se levantaron para recibirlos.

–Buenas noches Gilbert, cuanto tiempo –saludo Francia cuando llegaron a su mesa

–Buenas noches Francis, Antonio –saludo el prusiano disimulando el nerviosismo que sentía hacia este último

–Hola Gilbert –saludo suavemente el ibérico mirándolo atentamente

–Te noto muy bien acompañado ¿Quién es ella? –pregunto el rubio para aligerar la tensión que de repente se sentía en el lugar

–Francis, Antonio, les quiero presentar a alguien especial –dijo Gilbert emocionado– ella es…–iba continuar pero la joven se adelanto

–Soy Salomé Castañeda Aguilar y soy la novia de Gilbert, gusto en conocerlos –dijo la muchacha sonriendo cortésmente mientras pensaba en como agradecerle a su hermana Evelyn las clases de etiqueta que le había obligado a tomar

Gilbert se quedo pasmado pero se recupero y sonrió mientras rodeaba la cintura de la joven con el brazo

A Antonio se le borro la sonrisa que traía en la cara desde que supo de volvería a ver al germano ¿Novia? ¿Gilbert tenia novia? Eso explicaría muchas cosas ocurridas aquella noche pero no podía ser verdad. Tenían que estar mintiendo. Pero mientras los veía relacionarse entre si durante la cena que no se fijo bien que era lo que comieron, se planteo la posibilidad de que podía ser cierto aún así una parte de su mente se resistía a creerlo, no podía ser verdad, no lo era una parte de él sabia que no lo era.

Los miro acariciarse por debajo de la mesa, flirtear, bromear entre si y reírse. Cuando se levantaron para ir a bailar Antonio pudo respirar tranquilo un momento.

– ¿Estás bien? –cuestiono Francis preocupado pues aunque Antonio intentaba comportarse normal era evidente que algo lo inquietaba

–Si –dijo Antonio esforzándose por sonreír– ¿Por qué?

–Nada en especial –dijo el francés dejando la cuestión para otro momento– hacen una pareja preciosa ¿verdad?

–Si es verdad –dijo el español agonizante– lo que me extraña es que Gilbo no nos haya dicho nada –comento sin pensar

–Sus razones tendrá –dijo Francia con voz llana– tal vez quería darnos una sorpresa

–Es verdad –dijo el castaño "menuda sorpresita me fuiste a dar Beilschmidt" agrego para sus adentros ardiendo de rabia, la chica era simpática pero no le iba a Prusia, eso podía asegurarlo hasta el final

Antonio los observo bailar en silencio, sus movimientos se ajustaban muy bien entre si pero había algo que no terminaba de convencerle, seria incapaz de leer el ambiente pero no era ningún estúpido y ahí pasaba algo, podía sentirlo.

Francis invito a una señorita a bailar al poco rato y Antonio se quedo solo a la mesa y fue ahí cuando la vio venir, caminaba a paso tranquilo y se veía muy calmada, cosa que cambio cuando se sentó frente a él y lo miro sin decir nada pero había algo extraño por como lo miraba, era como si estuviera examinándolo, estudiándolo.

– ¿Y Gilbert? –pregunto el español algo incomodo ante el escrutinio de la joven

–Fue al tocador –contesto la de ojos ambarinos– necesito hablar con usted señor Fernández –exclamo de repente

– ¿Sobre que? –pregunto Antonio

–A usted le agrada Gilbert ¿verdad, señor Fernández? –pregunto la chica mirándolo con frialdad para dejarle en claro que dejar de hacerse el tonto con ella

–Eso no te incumbe –contesto el español

–Me incumbe mas de lo que cree –repuso ella– le propondré un trato, si usted corteja a Gilbert y él decide quedarse a su lado, yo me apartare del camino

– ¿Cómo puedes decir tales cosas? –exclamo el español molesto– Gilbert es tu novio y…

–No se haga el santo conmigo –le corto ella– Gilbert me conto lo que paso esa noche entre ustedes dos

– ¿Todo? –cuestiono el ibérico incrédulo

–Todo –recalco ella– entre él y yo no hay secretos –agrego sonriendo al ver que de ojos verdes palidecía

–Bruja –mascullo el español

–Insúlteme lo que quiera –repuso la muchacha serena– sólo le digo esto porque lo considero lo mas adecuado para la situación, si por mi fuera me quedaría callada pero es de Gilbert de quien se trata esto y él merece ser feliz no importa con quien –agrego antes de retirarse

Minutos después apareció Gilbert quien después de pagar su parte de la cuenta, se despidió de todos los presentes ya que Salomé y él habían decidido irse a casa antes de que fuera mas tarde, después salieron por la puerta para llamar a un taxi seguido por Francia quien tenía una reunión con su jefe muy temprano por lo que también se retiraba del lugar.

Después de haber pagado su consumo. Antonio salió del establecimiento y camino lentamente por las calles ¿debía de hacerle caso a la propuesta de esa chica? ¿Hablaría en serio o lo diría de coña? No parecía que bromeara al respecto, se notaba que quería mucho a Prusia. ¿Qué debía de hacer entonces? ¿Renunciar a él? ¿Luchar por su amor? Entonces fue cuando de la nada comenzó a sonar a lo lejos la canción Loving strangers de Russian red, la misma que bailaron esa noche, tan especial, tan única. Y ahí fue cuando tomo una decisión.

–Pase lo que pase no pienso rendirme, luchare por ti Gilbert

Si esa niña quería guerra, guerra iba a tener, pensó Antonio antes de marcharse a su hogar. Tenía muchos planes que hacer.


¡Hola gente! espero que les guste este capi sacado a marchas forzadas porque estoy estudiando para mi examen de inglés, rueguen porque me vaya bien o sino esta historia se queda en paro indefinido.

¿Qué hará Antonio ahora? ¿Cómo reaccionara Gilbert ante esto? ¿Qué más planea Salomé? Si quieren saberlo estén pendientes de esta historia que cada vez se pone mas interesante, tratare de actualizar cuando pueda pero no prometo nada. Atte. Naru