Frozen no me pertenece.

Yo solo juego con la historia, gracias a la perversidad de mi mente, con el fin de mantenernos entretenidas.


La lluvia caía con fiereza, castigando con violencia los suelos que el joven príncipe con rapidez atravesaba. Ni el agua en sus ojos, ni el viento en su contra, consiguió hacer que este desistiera de su intento por de aquel sitio alejarla.

Apenas podía ver nada, pero algo en su interior le decía y le insistía que no era el momento de pararse. Podía oír pasos a su alrededor, y no sabia decir si eran realmente reales o solo parte de su alterada imaginación. Sin sentir algún cansancio, descendió hacia el poblado, que ya había sucumbido a la oscuridad de la noche. Ni una vela o lámpara se vislumbraba a la distancia, aumentando la ansiedad del muchacho.

Había pensado en pedir algún refugio a cualquiera de los habitantes que ahora dormían, pero eso sería demasiado evidente y los descubrirían. Tendría que llevarla a algún sitio del que su madre o sus hombres no supieran de su existencia.

Y mientras en eso pensaba, consiguió de la tempestad alejarse, escondiéndose bajo un extenso y goteante techo de madera, del que el moho parecía empezar a adueñarse. Su cabello desordenado, colgaba en mechones alrededor de su cara, apoyando al agua que ya su visión dificultaba. Sus ropas, ya arrugadas y manchadas, no parecían cubrirle en nada, retorciéndose en escalofríos a cada fuerte soplo del viento. No podía quedarse ahí por mucho tiempo, pero al menos evitaría que la platinada se siguiera empapando.

Cubierta por la chaqueta del traje que el príncipe, para arroparla se había quitado, esta temblaba incansablemente en sus brazos, con su piel aún más blanca de lo que ya la tenía, sus labios pálidos y fríos, manteniendo así, sus ojos fuertemente cerrados, como si temiera verlo. Y no la culpaba; probablemente pensaba que él tendría algo que ver con lo que ocurría, y que estaría a pocos pasos de ser cruelmente asesinada. Él hubiese querido calmarla; besarla para calentar sus labios, y decirle que era todo lo contrario; que todo lo que realmente quería era ayudarla a escapar, a sobrevivir de todo lo que ocurría allí.

Pero no era el momento para nada de eso.

Cubriéndola con esmero, y sosteniéndola con un poco más de fuerza entre sus entrenados brazos, volvió a perderse entre la tormenta, siguiendo un empedrado camino que él ya de memoria se sabía, y que lo alejaría de la vista de cualquier viviente ser que intencionalmente en esos momentos probablemente lo seguiría.

Al poco tiempo de andar, se vio dejando atrás todo su reino, y con la neblina a su alrededor levantándose, se le dio a saber que a la costa se acercaba.

Esto le alegró, y acelerando un poco más el paso, al borde de la playa llegó. El salado aroma del mar, se mezclaba con el de la humedad y las plantas. Le hubiera sido más agradable, si estuviese en otra situación.

Ya en esos lados, el manto de nubes estaba más disperso, por lo que la lluvia un poco había amainado; sus pies no tardaron en enterrados verse, cuando a una especial grieta se dirigió. No era más que una especie de rayón en una enorme piedra que muchos hubieran considerado como una marca de una pelea, o cuestiones de la naturaleza.

Pero lo que nadie sabía, era que esta podría desplazarse y abrirse. Y al hacerlo, dejaba a vista un enorme y oscuro hueco que había que con cuidado atravesar, hasta vislumbrar, otra especie de salida que daba a una nueva parte de la playa que nunca nadie había visitado o visto.

La traspasó entonces, con mucho cuidado la abertura, asegurándose después de dejarla bien cerrada, ayudándose solo con una mano.

De todas maneras, más luego, cuando tuviera tiempo, se encargaría de rocas todo eso llenar, para disfrazar el camino por si alguien por error, lo llegara a encontrar.

Se hubiera puesto manos a la obra en ese momento, si el repentino jadeo proveniente de la extrajera soberana de su mente no se hubiera adueñado.

- Solo resiste. Ya estamos cerca – El le susurró, a pesar de saber que no habría respuesta.

El sonido de las olas rompiendo en la orilla era casi aterrador; su violencia era en ese lugar, duplicada debido a la falta de rompe olas en la cercanía. El nivel de peligro era bastante elevado, por lo que desde un principio dedujo que sería una de las razones por las que nadie se dirigía allí.

Si en algún tiempo fue recurrido, algo muy malo debió haber ocurrido.

Pero para él, desde que tenía una pronta edad, había sido su sitio para alejarse de sus hermanos y presiones, relajándose en soledad dentro de una pequeña cabaña que había quedado allí abandonada. La humedad la había algo estropeado, pero con el pasar de los años aún se mantenía de pie y firme.

Y ahí persistía, cuando el muchacho, con cansancio, su puerta abrió.

La calma entonces lo inundó, al sus ojos encontrarse con una imagen tan pacífica como familiar; las oscuras paredes de madera impedían que una extrema cantidad de luz, que ahora empezaba salir al alba despuntar, penetrara el lugar, donde apenas algunos muebles (O algo parecido a eso) descansaban.

Una estrecha cama que en una esquina se posicionaba fue su siguiente destino, en donde a su pasajera finalmente dejó reposar. Sus cabellos plateados estaban al completo desordenados, mientras que la liga que mantenía unida su trenza había desparecido. Su vestido también se vio algo afectado; muchas partes estaban rasgadas, y dejaban a la vista una gran cantidad de su tersa piel. El no quiso ser distraído por ello, o al menos intentó no serlo.

Acomodó con extremo cuidado la cabeza de la muchacha sobre la vieja almohada, que un poco de polvo observó levantar.

Una limpieza era lo siguiente que en su mental lista anotaría.

El cansancio le había ganando a la rubia, que al instante de ser rodeada de calma, cayó ante los ojos de Hans, profundamente dormida. Este sonrió un poco ante eso, y sentándose en un pequeño banquito, a su lado, también permitió que el sueño se lo llevara.


Una pequeña puntada en su cabeza la hizo despertar, sacándola de un sueño reparador, que la dejó fuerzas recuperar, y bastante descansar.

Con un pequeño gemido, una mano a su rostro llevó, frotando con vehemencia su adolorida frente.

No recordaba realmente como ese punzante dolor se le ocasionó, pero no lo creyó muy importante entonces.

Primero, y ante todo, debía, más una vez, averiguar donde se encontraba. Puesto que en el castillo, después de lo que había pasado aquella noche, era claro que ya no estaba.

- Veo que ya despertaste – Se oyó a una voz comentar, al momento que al abrir sus ojos intentó levantarse - ¿Cómo te encuentras?

- ¿Hans? ¿Qué- que haces aquí? ¿Dónde estamos? –Esta inmediatamente en preguntas se precipitó, perdiendo los estribos al momento. El nerviosismo la dominó, y al verlo allí, en lo peor pensó.

El pelirrojo, que se estaba encargando de recomponer algunas tablas que en el suelo se habían estropeado, no tardó en volver hasta ella, que con terquedad, ya se había arriesgado a levantarse.

- Por favor Elsa, tranquilízate un poco. ¿Quieres? Aquí estás a salvo.

- ¿Si? ¿Seguro de eso? – El sarcasmo que escupió en su voz, para él, fue un afilado cuchillo dirigido directamente hacia su corazón.

Suspiró a seguir, permitiéndose observar fijo a aquellos ojos azules que con enojo y algo de temor, lo observaban. Sus puños se encontraban fuertemente cerrados, congelando poco a poco la sábana que sus pies cubrían.

- Si. Todo está bien ahora – Respondió a sus palabras, aún sabiendo que eso realmente no esperaban.

- ¿Me dirás donde estamos? –Volvió entonces a preguntar.

- Pues, la verdad, y para tu tranquilidad, estamos totalmente alejados del castillo y del pueblo, ocultos en una parte de la playa donde nadie nos encontrará – Aclaró dejándose caer nuevamente en el banco de madera que a un lado de la cama quedó. La muchacha con desconfianza lo observó, incrédula al escuchar la forma tan relajada en la que usó la palabra 'tranquilidad, imaginándose entonces una de las más terribles razones para allí, con él, encontrarse.

- ¿Por qué? ¿Preferías matarme en secreto?

- ¿Perdón?

- Dije, que si preferías — Estaba a punto de reformular la pregunta, cuando una de sus fuertes y grandes manos repentinamente y a la fuerza al silencio la llevaron, al sentir como sujetaba entonces con fuerza una de sus manos apoyadas en la tela del mueble. De un solo jalón, al borde de este la llevó, ignorando el terrible frío que en su piel se extendió.

El equilibrio ella casi perdió, viéndose inclinarse hacia el muchacho que con una expresión terriblemente seria la miraba. Pero en su orgullo, no la quitó, manteniéndose firme en sus palabras, y desafiándolo con la mirada.

-¿Cómo puedes decir todavía que en mis deseos sigue estando matarte? ¿¡A caso no has visto ya todas las molestias que me he tomado en rescatarte!? – Este explotó de un momento a otro, casi atónito, revelando la indignación que sus palabras le causaron.

Ella enseguida, una sensación de confusión la embriagó, a pesar de que su rostro no cambió.

- Y tú, ¿Cómo puedes pedirme que no piense eso, si en tu mismo castillo, bajo tus, tus mismos brazos, volví a ser atacada? ¿Crees que soy tonta?

- En este momento me estás demostrando que lo eres. No tiene sentido lo que me estás diciendo. ¿Qué tiene que ver que haya sido en mi hogar? Habían más personas allí, no necesariamente tenía que ser yo el organizador.

- Por eso fue lo que hiciste allí; para que así, yo pensara eso y confiara en ti. Todo esto no es más que una mísera tentativa de ganarte mi confianza para engañarme y así intentar volver a quedarte con mi corona. ¿No es así? - El muchacho alzó los ojos al cielo, intentando no creerse lo que acaba de oír. Ella seguía hablando, más ya en su enfado no podía escuchar nada más. Su paranoia había llegado a un límite más alto del que era normal, y a pesar de que tenía razones, no tenia sentido que después de tantas demostraciones de arrepentimiento, ella todavía insistiera en ello.

- ¡Basta! – Entonces, de un grito, nuevamente la hizo callar, intimidándola por primera vez, al mostrar una faceta torcidamente enojada, que hasta ese momento nunca había llegado a presenciar. Sus dedos todavía mantenían prisionera su mano, que poco a poco y sin quererlo, comenzó a apretar.

Entonces ahí, en silencio se quedaron, mirándose el uno al otro sin nada más decir, esperando que el repentino cambio de humor acabase.

No era propio de él actuar así, pero la tensión acumulada no le había dejado otra opción; de igual forma, quiso disculparla, consiente de que ella no conocía ninguna de las verdades que él cargaba cada día. Su única verdad era de la que se valía para esas conclusiones tomar, y de eso, culpa ella no tenía.

Así que, con ese pensamiento, de su fuerza la liberó, permitiendo que ella hasta la pared se desplazara, apoyando su cabeza y frotando su sufrida muñeca. Su sorpresa no le había dejado sus poderes contra él usar, o al menos eso quería ella pensar.

El volvió a acomodarse, ante de su garganta aclarar.

- Está bien, ahora es a mi a quién oirás. Se que estás confundida, y que lo que pasó ayer fue bastante angustiante, pero si hay algo que puedo permitirme asegurarte, es que en esa emboscada yo no fui participante.

Una ceja, al oírlo esta alzó. El continuó:

- Sé que para ti eso es difícil de creer, pero entiende cuando te digo que yo no tuve nada que ver. También sé, que esto te será algo complicado de ver, pero tienes que saber, que yo nunca fui realmente el que muerta te quiso ver – El su mano a su cuello lo llevó, frotándolo ligeramente luego de hablar. Ella seguía allí, escondida en la esquina de la pared, donde escuchaba sin mucho creer.

- ¿Qué quieres decir?

- Es una historia complicada de explicar; y que no es el momento de charlar. Pero necesito, que por una vez, olvides esas paranoias que te persiguen y confíes en mí. No por que te lo pida yo, ni por las cosas que he hecho para que lo intentes. Si muerta te quisiera, ya lo habría hecho hace tiempo.

Eso era cierto. Siempre la tuvo ahí, la oportunidad de con un cuchillo o lo que fuera, su vida terminar. En cuestión de segundos, y sin que nadie lo llegase anotar. Pero hasta ese momento no había ocurrido; más bien, había conservado su vida con insistencia, apareciendo cuando había problemas. Y precisamente por eso, ella se encontraba allí, junto a él, y lejos de aquellos extraños hombres que lucharon por de su lado llevarla. Un poco el gesto torció, con un leve asentimiento a seguir.

- Está bien.

Ella endulzó un poco esas últimas palabras, para darle la seguridad que no intentaría problemas darle. La sábana descongeló, y se volvió a recostar, negando cualquier ofrecimiento de comida por su parte. Estaba muy fatigada como para algo probar.

La tarde así avanzó, entre pequeños quejidos y gemidos de ella, mientras que de algunas heridas de la pelea el buscaba tratar, y recogía con lentitud lo que identificó la chica, como una cabaña, que en tal mal estado se encontraba.

De ves en cuando, mientras en el hogar lo observaba trabajar, conseguía hacer memoria de las escenas de la noche anterior, colorándose al recordar, precisamente, las del llevadero y apacible vals que ambos compartieron.

Cuando la Luna en el cielo se posicionó, el príncipe la volvió a molestar, hostigándola para que algo intentara comer.

- Llevas desde anoche sin comer, te sentirás mal.

- Estoy perfectamente. Si lo hago, vomitaré, y eso es lo último que ahora deseo.

- Lo harás de todas formas si no comes.

- Me da igual – Espetó entonces la Reina, de mala manera, girándose en la cama para darle groseramente la espalda.

Creyó que no podía enojarse más, cuando este, ante su reacción, no pudo evitar algo reír.

- ¿¡Qué tanto te divierte!? – Casi chilló, irritada al oír su musical risita por toda la pequeña habitación.

- Tu testarudez es, algo increíble. Créeme, si no me riera, te juro que estaría al borde de suicidarme – Admitió, divertido.

- Pues eso no vendría nada mal. Intentaré serlo con más frecuencia.

La sonrisa no se borró de la cara del príncipe, a pesar de que esa fuera su intención. Ella estaba a la defensiva, fuera por la razón que fuera. No le quedaba más que ser todo lo paciente que pudiera.

Pero en fin de cuentas, ya que estaban en ese plan…..

El abandonó la pequeña sillita, de madera roída, y con lentitud y un aire felino, se aproximó a la cama, donde ante la sorpresa de la muchacha, se subió. No lo hubiera percibido de no haber sido por el peso que al colchón hundió.

Intentó, por supuesto, volverse a girar para sus intenciones encontrar, mas antes de nada poder hacer, su imponente brazo por la cadera la tomó, arrastrándola hasta el borde de la cama, donde con el otro brazo libre, el se apoyaba. Sosteniéndose así, mantuvo una distancia, peligrosa, entre sus miradas, sintiendo su helada respiración por primera vez tan próxima de su rostro.

Hans, que estás… -Ella buscó de alguna manera, hablar, sintiéndose acorralada, y algo pasmada por su repentina cercanía. Era más de lo que su espacio personal permitía, y su nerviosismo crecía.

Pero él, no intentó alejarse, ni decirle nada. Parecía, en cambio, acercarse cada vez más, llegando a apoyar sus gruesos labios sobre su tersa piel. Los deslizó entonces, sin más, en toda serenidad, causando que su respiración parara y su cuerpo se tensara.

Nada se oía en aquel momento. Solo un par de exaltadas respiraciones, mezcladas con el incesante goteo de los restos de lluvia en el techo.

La boca del pelirrojo seguía viajando por los lugares que le apetecían, ya habiendo dejado su rostro, para así poder explorar nuestras Tierras, como su cuello, pecho, y sus hombros. El vestido dejaba libre una generosa parte de su cuerpo, con la que él se divertía, causándole estremecimientos. En cualquiera otra situación, ella lo hubiera detenido; pero no podía. Por mucho que sus manos se cerraran, con intención de congelarlo, y detener lo que hacía, no quería.

Quizás estaba demasiado cansada para intentarlo, o tal vez, y esta posibilidad ella buscó negarla por todos los medios, la sensación era demasiado agradable como para dejarla.

Fuera cual fuera la razón, no le permitió hacer nada, hasta que de un momento a otro, y sin que ella lo deseara, el joven simplemente se irguió, como si olvidara de pronto lo que había hecho, y volvió a sus que haceres, como si nada, dejando a una Elsa muy confundida, callada, y excitada.


¡Hoola chicas! ¿Como están? Espero y bien.

¿Que les pareció este episodio? Otra vez, volví a los cortos. Pero es que en Word, 11 páginas de Fic parecen mucho. Y cuando llego aqui, y veo que son solo 2 mil me quedo como pff. Pero en fin.

Sé que en este capítulo no hay mucho contenido, pero ¿Que es una historia sin un poco de relleno? Además, quería asegurarme que supieran realmente bien donde ellos ahora están, puesto que aqui transcurrirán unos momentos IMPORTANTES para la Fic. Que más prueba de eso, que la escenita de hoy... No soy muy buena con este chiste de las escenas Hot, pero le puse bastante esfuerzo.

¿Que creen que la habrá pasado por la mente a Elsa? Uf, yo ni se los voy a mencionar. xD

Antes de despedirme, quiero recordarles que hace un par de días subí una nueva Fic, a la que realmente me gustaría seguir. Pero sería lindo si tuviese algún otro review que me impulsara a ello.

No olviden también dejar siempre uno aquí, con sus comentarios, observaciones y críticas, que son muy importantes para mí, y que necesito para siempre mejorar. Les puedo asegurar, que un simple "Me encantó", puede hacer que mi día sea mucho mejor.

Bueno, sin más que agregar, las dejo para que sigan disfrutando de su día/tarde/noche.

Nos vemos pronto;

La Bruja Violet.