El calé japonés

Antonio despertó con un dolor de cabeza de campeonato esa mañana, con los ojos entrecerrados por el malestar observo a su alrededor, se dio cuenta de que estaba en su casa, específicamente en su alcoba; ¿Cómo había llegado ahí? Lo último que recordaba era haber entrado a un bar, haber tomado varias copas de absenta, cerveza, ron caribeño y demás bebidas alcohólicas, haber coqueteado con uno de los camareros del establecimiento ¿Cómo era que se llamaba? ¿Genaro? ¿Gary? ¿Gustavo? ¿Gael? Demonios. No podía recordarlo, sólo recordaba que su nombre comenzaba con la letra G. Al carajo con eso entonces, ni que hubiera pasado la noche con el tipo ese.

A menos que… ¡Ay por dios! Antonio abrió los ojos como platos ante ese pensamiento. Él no había hecho eso ¿O si lo había hecho? Maldita cruda, por más que trataba no lograba acordarse de nada. Temblando ligeramente el español se dio la vuelta y observo el espacio vacio en el lecho, no había depresiones en el colchón. Acto seguido Antonio se levanto de la cama y fue al cuarto de baño, quería comprobar algo sólo por si acaso. Cuando se examino en el espejo pudo dejar escapar un suspiro de alivio: no tenía marcas en el cuerpo.

No había hecho nada de lo que tuviera que arrepentirse.

De regreso en su alcoba Antonio miro el reloj digital que descansaba en su mesa de noche y tuvo que contener un grito cargado con vituperios que amenazaba con salir de su garganta al comprobar la hora en carrillón: faltaban quince minutos para una junta muy importante con su jefe ¡tenía que llegar a tiempo o le caería una bronca de antología!

–Demonios –maldijo mientras se cambiaba el uniforme, no tenia tiempo para darse siquiera una ducha

En menos de cinco minutos ya estaba listo para salir. Antonio se encamino a paso rápido al garaje para sacar su motocicleta, no tenia tiempo para perder en el metro, una vez en la calle subió en el vehículo y arranco con dirección al trabajo.

Tan concentrado estaba en llegar a tiempo que, cuando llego a un cruce, no vio a una muchacha que aprovechaba que el semáforo estaba en rojo para cruzar la calle y casi la habría atropellado si no hubiera sido por que la chica tenia buenos reflejos y se hubiera puesto a salvo haciéndose a un lado pero en el proceso había tropezado y en esos momentos se hallaba tendida cuan larga era sobre el pavimento.

– ¡Oiga usted! –grito la joven desde el suelo– ¡Casi me atropella! ¿Por qué no se fija por donde va? ¿Acaso esta ciego?

–Lo siento señorita –se disculpo el ibérico bajándose de la moto para ayudarle a levantarse–. No la había visto ¿Se encuentra bien? –cuestiono preocupado

– ¿A quien le dice señorita, estúpido de las narices? –reclamo la transeúnte–. ¡Soy un chico! –aclaro

Era cierto, se trataba de un muchacho. Antonio lo había confundido con una chica por lo largo de sus cabellos y las formas de su figura

–Perdón niño –rectifico el castaño tendiéndole una mano para ayudarle a levantarse –, no quise asustarte pero voy tarde para el trabajo y…

– ¡Eso no es excusa! –exclamo el joven, furibundo–. ¡Pudo haberme matado o haberle hecho daño a alguien más! –añadió rechazando la mano que el español le ofrecía y poniéndose de pie mismo.

O al menos eso intento porque apenas estuvo en pie se dejo caer de rodillas al piso a causa de una punzada de dolor en el tobillo.

– ¿Qué te ocurre? –pregunto el latino inquieto

–Es mi tobillo –dijo el chico apretando los dientes–, creo que esta lastimado

–Entonces debes ir a un hospital a que lo revisen. Vamos yo te llevo –ofreció pasándole un casco

– ¿Quiere que vaya con usted? ¡Ni de coña! –profirió el muchacho–. Preferiría que vendiesen mi corazón en el mercado negro antes de acompañarle a sólo Dios sabe donde ya lárguese y déjeme tranquilo, debe estar haciéndosele tarde para el trabajo o para donde sea que vaya –añadió irritado

– ¡Demonios, la reunión! –exclamo el ibérico, estupefacto–. Vamos chaval, no hay tiempo para discutir. Te vienes conmigo. Te llevare a revisar en mi descanso para comer –decidió

–Estará de broma –dijo el chico mordaz–. No pienso ir con usted a ningún sitio –afirmo

–Vamos, chico –replico el mayor–. No seas cabezota. Estás herido, necesitas ver a un doctor.

–Lo que necesito es que usted se aleje de mí –repuso a su vez el muchacho

Antonio no tenía tiempo ni deseos de discutir con un chaval que parecía ser más terco que él mismo así que cogió al chico en brazos, se lo echo al hombro y lo llevo hacia la moto

– ¿Qué demonios cree que esta haciendo? –grito el chico–. ¿Ha perdido la chaveta o que? ¡Bájeme! ¡Bájeme en este preciso instante! –agrego dándole golpes en la espalda

–Escucha chaval –dijo el hispano sacando su lado yandere a flote –. Esto es lo que va a pasar: Me vas a acompañar al trabajo y cuando pueda te voy a llevar al hospital ¿entendiste? Ahora cálmate y compórtate por favor –le pidió al tiempo que lo montaba en la moto para después hacer lo mismo.

"Menudo zafado me he venido a encontrar" pensó el muchacho obedeciendo de mala gana las ordenes del ibérico

–Llegas tarde España –le reconvino su jefe cuando el hispano llego a la oficina

–Lo siento –se disculpo el aludido–. Pero tuve un contratiempo

– ¿Qué clase de contratiempo? –cuestiono el regente

–Hay algo que quiero mostrarle o mejor dicho, alguien que quiero presentarle –dijo el castaño escueto–, acompáñeme por favor

– ¿Qué ha pasado? ¿Por qué tanto misterio? –cuestiono el hombre siguiendo al hispano hasta la sala de espera–. Mas vale que tengas una buena razón para tu retraso o si no te quedaras trabajando hasta tarde los próximos dos meses –amenazo

–Le explicare todo en su momento –se apresuro a decir el español abriendo la puerta y entrando en la estancia–. Este muchacho –dijo señalando al joven que había recogido–, es la razón de mi retardo

–Explícate –le pidió su jefe

–Cuando venia para acá –comenzó la nación–, no me he fijado en el semáforo de un cruce y por poco atropello a este chaval. Durante el incidente se ha lesionado el tobillo y por eso me he retrasado –explico

– ¿Cómo se llama? ¿Cuántos años tiene? ¿De donde viene? ¿Habla nuestro idioma? ¿Ya lo has llevado al medico? –pregunto el dirigente

–No lo he llevado aún al doctor –contesto España serio–. Y con respecto a las otras cuestiones, me temo que no se ninguno de esos detalles –agrego

– ¿Qué? Pues pregúntale –indico el gobernador impaciente–. Y lo primero que debiste de haber hecho fue llamarme para ponerme sobre aviso y pedirle sus datos a este muchacho –le regaño

Y luego se dirigió al muchacho que lo miraba con estoicismo inmóvil desde uno de los sofás

–Oye chico –dijo el gobernador–, ¿puedes entenderme? ¿Cómo te llamas? –cuestiono

El aludido no respondió. Las figuras de autoridad siempre le habían causado cierto temor y recelo

–No quiere hablar –dijo el hombre viendo la aprensión del menor–. Inténtalo tú. Después de todo tienes buena mano con los niños –agrego saliendo de la habitación

–Chaval –llamo el español cuando se quedo a solas con el menor–. Coopera conmigo, por favor ¿Cómo te llamas? –pregunto suavemente

– ¿Por qué me trajo aquí? –pregunto a su vez el chico–. El señor ese parece de aduana. No le hecho nada para que quiera deportarme. Tengo mis papeles en regla –agrego en un susurro

–No voy a deportarte –aseguro el español sonriendo–. Sólo quiero hacerte unas preguntas. Puedes confiar en mi, no voy a hacerte daño –añadió para calmarlo

–No voy a confiar en usted –replico el muchacho tenso–. Yo no confió en nadie. Déjeme ir, por favor –pidió

–Voy a dejarte marchar –accedió el español–. Pero deja que por lo menos te lleve a un medico ¿quieres, chaval? –inquirió

El chico asintió en silencio

–Voy a avisarle a mi jefe –dijo el ibérico–, quédate aquí y no te muevas –agrego saliendo del cuarto

– ¿Qué paso? ¿Te dijo algo? –cuestiono el gobernador una vez que estuvo con el español en privado

–Al parecer si entiende nuestro idioma –dijo con sencillez el español–, también parece que le teme a las aduanas pero dice que esta legalmente aquí y no me quiso decir su nombre aunque accedió a ver a un medico

–Entonces llévalo al hospital más cercano y haz que te muestre sus papeles –dijo el hombre sereno–. Sólo así sabremos que no es un ilegal. Luego arreglaremos lo de tu retraso

–Entendido –dijo el español saliendo de la oficina

–Chaval –llamo el español mientras aguardaban en la sala de espera de la clínica–. Necesito ver tus papeles y necesito que me digas tu nombre, tu edad y nacionalidad.

–Me llamo Satoshi, ´Ash´ en su idioma –contesto escuetamente el menor

– ¿Tienes un apellido?

–Kétchup

– ¿Cuántos años tienes?

–Diecisiete pero me emancipe hace dos años así que legalmente soy considerado un adulto

– ¿De donde eres?

–Japón. Concretamente de pueblo en la región de Kanto.

– ¿Dónde has aprendido el español?

–Un amigo mío tiene ascendencia hispana. Él me enseño lo poco que sé del idioma y creo que son muchas preguntas por un día –fue lo ultimo que dijo antes de hundirse en el silencio

–Señor –llamo una enfermera–. Ya pueden pasar

–Vamos chaval –indico Antonio ayudando al muchacho a levantarse y entrando al consultorio

– ¿Qué los trae por aquí? –pregunto una joven doctora cuando estuvieron en consulta

–Este chico se ha lastimado el tobillo –explico Antonio señalando a Satoshi

–Pues vamos a ver si se lo ha roto o no –dijo la doctora haciendo que Satoshi se sentara en un camastro que había en rincón para después sacarle el zapato y la calceta del pie herido.

Después de examinar la extremidad con cuidado, la joven medico dijo:

–El joven afortunadamente sólo ha sufrido un esguince en el pie –informo la doctora–. Voy a prescribirle un antiinflamatorio y algo para el dolor. Procura no forzar mucho el pie y mantenerlo alzado el mayor tiempo que puedas –agrego dirigiéndose a Satoshi

–Gracias doctora –dijo Antonio

– ¿Cómo se ha hecho el esguince el muchacho? –pregunto la facultativa

–Una moto –dijo simplemente Satoshi atrapando las palabras que alcanzo a comprender

– ¿Tuviste un accidente?

El chico asintió

–Entonces tendré que examinarte mas a fondo –dijo la medico–. ¿Tienes alguna cortada o un arañazo? ¿Algún otro hueso roto o moretones? –inquirió

Satoshi permaneció en silencio. No le había entendido mucho. "Hueso roto" y "moretones" fueron las únicas palabras que entendió. Maldijo a Len por lo bajo y se maldijo a si mismo por no practicar bastante el español

–Él no entiende mucho el español** –dijo Antonio refiriéndose al chico cuando noto que la mirada expectante de la mujer lo ponía algo incomodo

– ¿De donde eres muchacho? –cuestiono la doctora, mirándolo con compresión

–Soy de Japón –contesto Satoshi con moderada velocidad, como lo había hecho desde su encuentro con aquel desconocido que solo le hacia preguntas y no había tenido la delicadeza de presentarse

– ¿Tienes otra herida o lesión aparte de el esguince en tu pie? –pregunto la mujer en japonés, asombrando al muchacho y a la nación por igual

–No lo se

–Tendré que pedirte que te quites la Parka y te arremangues los pantalones –solicito la facultativa–, solo así podre estar segura que no tienes moretones o cosas así

–Perdón –se disculpo el muchacho–, pero no voy a hacer eso

– ¿Por qué? –cuestiono la medico

–No quiero que ese hombre me vea –dijo el menor, refiriéndose al español–. No puedo decirle porque por ahora –agrego con rapidez para evitar preguntas incomodas

–Está bien –accedió la doctora–. Le pediré que espere afuera

Satoshi la miro agradecido. No quería que nadie viera aquello. No es que lo avergonzara pero siempre era bueno ser prudente. Lo había aprendido de los suyos, de aquellos que lo ampararon sin esperar nada a cambio cuando uno de ellos lo encontró enfermo, hambriento y sin nadie a quien recurrir en busca de ayuda.

Ellos le enseñaron a cocinar, a remendar ropa, a hacer remedios con plantas medicinales, a ser paciente, reservado y desconfiado y gracias al tiempo que paso con ellos había aprendido bastante, sabia que no debía de confiar demasiado en la gente porque podrían aprovecharse de él y que las apariencias engañaban. No confiaba, en ese tipo, no podía o lo lastimarían de nuevo. Así como tampoco permitiría que viera el lazo que lo unía con ellos.

– ¿Qué le dijo? –pregunto Antonio cuando noto que los dos se habían quedado callados.

–Le dije que necesito revisarlo más a fondo y le pedí que se quitara la sudadera pero dice que no lo hará si usted no sale por un momento de aquí –explico la joven.

–Todavía me tiene miedo ¿verdad? –murmuro el castaño

La doctora asintió

–Entiendo. Esperare fuera –murmuro antes de salir del consultorio

Minutos después, la doctora salió del consultorio.

– ¿Cómo esta? –pregunto el español acercándose a la medico

–El chico esta bien en términos generales. Tiene algunos raspones en las rodillas y en los brazos pero nada de que preocuparse –dijo la doctora serena–, pero esta muy delgado para su edad ¿sabe usted si sufre de desnutrición? ¿Es usted algún familiar suyo? –inquirió

–No lo se –contesto el español–, apenas lo conozco.

–Entonces dígale que por favor trate de comer –dijo seria la facultativa–. Voy por unas medicinas a la bodega. En unos minutos podrá llevarse al chico. Con permiso –agrego empezando a caminar por el pasillo

Antonio se acerco al consultorio y aprovechando que la puerta estaba entreabierta, se aproximo a mirar por el resquicio. No quería que el chaval se le escapara sin antes haber visto sus papeles.

Vio al chico desenrollando sus pantalones. No se había fijado mucho en su aspecto físico hasta aquel momento. Estando sentado era difícil calcular su estatura Antonio supuso que tendría uno cincuenta, uno sesenta cuando mucho. La doctora tenía razón: el chaval estaba muy delgado, un poco más y se notarían los huesos de las costillas. Su piel no era complemente blanca sino de un tono mas bien mestizo, entre el tono níveo al que estaba acostumbrado a ver y aceitunado, a causa del sol o por herencia, no podía saberlo con exactitud. Pero lo que mas le asombro ver en el cuerpo del chico fue una marca parecida a un tatuaje en la cara interior de su brazo derecho. Se trataba de un circulo divido entre diez y diecisiete partes iguales, algo parecido a la rueda de un carruaje.

Antonio había visto aquel símbolo antes. En los tiempos de los reyes católicos pero no esperaba volver a verlo en la época actual, sabia que ellos seguían existiendo pero no esperaba encontrarse cara a cara con uno nuevamente.

Se trataba del símbolo que adornaba la bandera gitana.

El muchacho era un calé.

–Eres un gitano –murmuro Antonio entrando en consultorio

Satoshi se quedo helado. Sin pensarlo dos veces saco su navaja del bolsillo y le apunto con ella.

Stai departe* –musito el muchacho en rumano clavándole una mirada helada

Antonio observo aquellos ojos con cuidado. Eran de un negro puro como el ónix, como la noche, no eran como los de Kiku que tenían una pequeña cuña gris en los ojos. Eran de un negro total, sin ningún otro matiz en medio. Y lo miraban furiosos y aterrados al mismo tiempo

–Tranquilo –dijo Antonio suavemente–. No te hare daño

El español dio un paso hacia delante tratando de acercarse para calmarlo.

Stai departe! –exclamo el muchacho haciendo que el español se detuviera en seco.

–Está bien, está bien –dijo el castaño–. No te tocare si no quieres

El muchacho guardo el cuchillo y se coloco la parka y la gorra.

–La doctora volverá en unos minutos con tus medicinas –le informo Antonio

Satoshi asintió.

– ¿Cuál es tu nombre? –le pregunto el chico de pronto en español

–Antonio

– ¿Qué quiere de mi?

–Necesito saber si no eres un ilegal

Satoshi capto la palabra "ilegal" así que tomo su mochila, la abrió y le mostro sus papeles. Antonio se acerco al chico con cuidado, no fuera a ser que quisiera atacarlo, tomo los papeles y los examino. Todo estaba en orden. Se los regreso al niño y por primera vez noto las marcas de sus mejillas así como el delineador que resaltaba el color de sus ojos.

– ¿No tienes hambre? –pregunto el mayor–. La doctora dijo que tenías que comer.

–No

– ¿No quieres ni siquiera un churro? –cuestiono Antonio

– ¿Churro? –repitió Satoshi sin comprender, la palabra le era familiar pero no recordaba porque

–Si, churros –dijo Antonio más animado–. Son deliciosos. Puedo llevarte a comer unos si quieres –ofreció

Ash negó con la cabeza

– ¿Qué quieres entonces? –pregunto Antonio

–Trabajo

–Te ayudare a buscar uno –decidió el castaño–. ¿Tienes donde vivir?

–Un amigo me ofreció posada

– ¿Quieres que te lleve ahí?

–Tomo taxi –dijo el niño–. No confió en usted

– ¿Tienes dinero?

–No

–Entonces yo te llevo. No puedes tomar un taxi si no tienes dinero

–Camino

–No puedes caminar con el pie lastimado.

–Si puedo

–No puedes

–Si puedo

–No puedes –dijo Antonio acercándose al menor pero se tropezó y cayó de boca al suelo

–Tonto –dijo el muchacho con simpleza

–Deja de mirarme y ayúdame –se quejo el mayor

–No puedo. Pie lastimado.

– ¡Deja de usar mis palabras en mi contra! –exclamo Antonio haciendo un puchero

–Idiota

– ¡Oye! No me insultes

–Escandaloso –dijo el menor bajando del catre y ayudando al mayor a levantarse

– ¿Cómo hiciste eso? –pregunto el español sorprendido

–Soy fuerte. Usted exagera –dijo Ash encogiéndose de hombros

La doctora llego unos minutos después, les dio las medicinas y le recordó a Satoshi que debía de comer mas. Le dieron las gracias y se despidieron de ella.

Una vez en la calle, Antonio le pidió al muchacho la dirección de la casa donde iba a quedarse, el joven en toda respuesta le tendió un pedazo de papel. Antonio reviso la dirección escrita en el pliego. Conocía muy bien aquella zona de la cuidad, le seria fácil llegar allí si no había demasiado trafico.

Avanzaron en silencio por las calles de Barcelona, el chico parecía estar acostumbrado a montar en moto pues a pesar de no agarrarse de su espalda para sostenerse no perdió el equilibrio en todo el camino.

–Bueno, ya llegamos –anuncio Antonio después de haberse detenido frente a un edificio de departamentos–. Ya estás en casa

Satoshi se bajo de un salto, teniendo cuidado de donde ponía el pie derecho –el lastimado–, moría de ganas de ver a Len, de contarle todo lo que había hecho mientras estaba lejos, de decirle cuanto lo había echado en falta.

Tenía tanta prisa que no vio un hoyo en el asfalto y estuvo a punto de caer de bruces en suelo si no hubiera sido por Antonio, quien en un movimiento veloz había evitado que el muchacho resbalara.

Ambos habían quedado en pie, en una posición bastante "comprometedora". Antonio se hallaba inclinado hacia delante, tenia una de sus manos rodeando los hombros de Ash y sus labios habían acabado solo Dios sabia como sobre los del chaval. Satoshi, por su parte tenía los brazos caídos a los costados del cuerpo, su pierna derecha se hallaba suspendida en aire y la izquierda se encontraba flexionada entre las piernas del ibérico. Lo único que impedía que cayera de espaldas al piso era el brazo de Antonio en cual se hallaba, literalmente, recostado. Había cerrado los ojos durante el incidente y cuando volvió a abrirlos, sus mejillas se tiñeron furiosamente de carmín.

¡El tipo ese le estaba besando! ¡Que descarado! ¡Que caradura! ¡Y ese era su primer beso! Satoshi alcanzo a saborear un ligero regusto a tomate y a especias antes de intentar inclinarse hacia delante, emitió un ligero e involuntario gemido cuando apoyo su pie derecho sobre el pavimento.

Antonio fue empujando a su vez cuerpo del chico hacia el frente. Una vez que estuvo seguro de que el chico estaba complemente erguido retiro el brazo que le rodeaba los hombros.

– ¿Estas bien? –cuestiono preocupado al ver la cabeza gacha del chaval

El chico no dijo nada. Sobreponiéndose al dolor le soltó una torta de categoría en la cara

– ¡Pervertido! –exclamo Ash con la cara como tomate antes de alejarse cojeando y meterse en el edificio mientras rogaba al cielo que nadie hubiera visto nada.

Antonio se quedo estático un momento antes de subir a la moto y marcharse de ahí. Tenia mucho que hacer en la oficina pero antes de acelerar el vehículo en una callejuela se paso la lengua por los labios y no le sorprendió descubrir un regusto frio y mentolado en ellos.

Mientras tanto a unos metros de distancia del lugar un muchacho de cabello castaño y ojos azules corría a toda velocidad haciendo esfuerzos por no soltarse a llorar mientras un pikachu lo seguía mirándolo inquieto.

¿Por qué me duele tanto el corazón? Satoshi, ¿Por qué? Pensó el joven antes de desplomarse contra la pared de un callejón con el pokémon a su lado.


Hola gente, aquí les traigo otro capitulo mas ¿Qué les pareció? ¿Les gusto, lo odian? ¿Qué hará Antonio ahora que su vida dio un giro total? ¿Qué hace Ash/Satoshi en España? ¿Quién era aquel joven que vio el "beso" entre esos dos? ¿Cómo afectara el futuro de Antonio y Gilbert este encuentro? Descúbranlo en el siguiente capitulo.

Adelanto del próximo capitulo:

No podía creerlo, había descubierto a Gilbert haciendo el amor con ella en sus narices y con su canción de fondo.

Es el fin de un ciclo. Cuidado con los celos –le advirtió después de leerle la buena fortuna

Al demonio con Prusia. Esta noche cogería al primero que encontrara.

Eres lindo –murmuro Antonio antes de besarlo

Soy virgen –murmuro el chico acostado en la cama con el castaño sobre él–. Si no te mosquea podemos seguir

Quítate la ropa y abrázame –le pidió el hispano–. Ya no aguanto estar solo.

Aclaraciones:

*Stai departe: Aléjese en rumano. Sé que los gitanos hablan romaní pero no encontré un traductor Español - Romaní así que el Rumano es lo más cercano que encontré a ese idioma. Espero que nadie se sienta ofendido por eso.

**Ash/Satoshi habla el español a un nivel moderado pero como ven le falta práctica. Solo habla muy fluido cuando se enoja o esta muy calmado.