Frozen, ni sus personajes me pertenecen. Solo juego con la historia, para llevarles algo de alegría y entretenimiento a sus hogares.


- ¿¡QUÉ SIGNIFICA TODO ESTO ELSA!? – El estruendoso grito de Anna, volvió a retumbar por las paredes de toda la habitación - ¿A CASO HAZ PERDIDO LA RAZÓN? ¿QUÉ ES TODA ESTA BAZOFIA?

Arrojó las cartas que en su mano en puño, sostenía, violentamente en dirección a su hermana, que la observaba con los ojos repletos por la sorpresa, y el claro horror de su reacción.

Una gruesa pared hielo, resultado del sobresalto, ya se había encargado de dominar media parte de la habitación, enredándolas en un frío ambiente, que más de una vez, hizo a la pelirroja estremecer. Pero esta siguió, inquebrantable con su iracunda mirada, a pesar de toda la incomodidad que la temperatura la pudiera causar.

El enojo la había convertido, casi, en un calentador humano, por lo que podría mantenerse en la lucha con los poderes de su hermana, en tanto le exigía una respuesta con sus miradas.

La rubia quiso entonces hablar; el estado en el que se encontraba la pecosa era, de cierta manera, entendible y razonable. Al fin de cuentas, el hombre y autor de las palabras que aquellas arrugadas hojas contenían, no era más que considerado como un asesino y traidor en sus tierras. La hermosa persona que ella veía en él ahora, solo era un aspecto ficticio, ante cualquiera de los ojos que vivía bajo aquel castillo.

Sobretodo para los de Anna.

Pasó unos minutos, aún en aquella pose de defensa, y temor, meditando con mucho cuidado las palabras que en ese momento usaría. No podía darse el lujo de decir alguna estupidez, o entonces la cosa se pondría realmente seria.

- Escucha, sé que esto parece una cosa, bien, terrible, en este momento. Pero te prometo que no es nunca más como tú lo piensas. Es diferente ahora. Él…está tan cambiado.

- Sí, seguro, cambiadísimo – Su tono se volvió así, aún más sarcástico y ríspido – Ya habrá aprendido como fingir bien, para convencerte, y tenerte en sus redes. No puedo creer que te hayas dejado engañar por él. Realmente creí que ya sabías como era todo. Pensé que eras más inteligente, Elsa.

Las cejas de la rubia se fruncieron entonces, sintiéndose inmediatamente ofendida con el hecho de que esta hiciera cuestión de su buen juicio.

- ¿Crees realmente que yo caería tan fácil? Lo siento Anna, pero que tú lo hicieras, no te da derecho a juzgarme de la misma manera – Se le arrugó la frente, y la voz al tocar esa desdichada decisión - Ni siquiera haz tenido la capacidad de venir a mí, a hablar las cosas como son. Solo entraste por aquí, gritando cosas indiscriminadamente, atacándome, sin darme la oportunidad de defenderme. Mírate –Alzó una de sus manos, para señalarla, con un gesto de desaprobación – Parece que estás a punto de asesinarme.

Ella hizo ademán de hacerle ver la actitud que ella tomaba, buscando que de alguna manera, cayera en cuenta, y que en algo se calmara.

Y, aunque ella realmente no se lo esperaba, su hermana, pareció entender a lo que esta se refería. Bajando al suelo la vista, su cuerpo destensó, y poco a poco, se deshizo de la violencia y la rabia que la atragantó desde que en sus manos esas cartas tuvo.

Vio que estaba, tal vez, pasándose de la raya ante aquella tan repentina e impensada reacción. Aunque se encontraba anonadada por las palabras que había escuchado de ella hacía tan solo un momento, sabía que no resolvería nada si permanecía de ese modo.

Respiró profundamente entonces, sacudiendo la cabeza, con ligereza, intentando aclarar su mente y pensamientos.

- Está bien. Estás algo cierta en ello, creo. Yo, solo quiero – Acarició sus sienes mientras esto decía – Quiero que me expliques de qué se trata todo esto. Toda esa historia de que él te ama, la cabaña, y lo que aquí ocurrió. ¿Qué pasó exactamente mientras estuviste en las Islas del Sur?

Ambas hermanas, entonces, se sentaron sobre la cama en la que la helada dama había descansado, dándole la seguridad de que podría ser bien escuchada, sin nuevos ataques que la asustaran.

Sus palabras con delicadeza se deslizaron por el tiempo, explicando y resolviendo las dudas que salieran de la impetuosa mente de la pelirroja. Entrelazando las palabras, la historia tomaba forma, y a pesar que fuera expresada también de un modo serio y centrado, los sonrojos de Elsa no podían ser ocultados.

- Entonces; ¿Su plan de conquistar Arendelle no fue más que una decisión por despecho? Bueno no, ya que, te dice que llegó aquí con las ganas tremendas de ser Rey… - Anna durante unos segundos reflexionó – Hay cosas incompletas, y honestamente, no lo entiendo.

- Si es un poco confuso, debo admitir – Concordó su hermana entonces – Pero, cuando estuvimos juntos, aquél tiempo en la playa….Simplemente recordarlo de esa manera, ya no es viable para mi. Solo puedo ver al hombre que me tomó en sus brazos y sacó de aquellas aguas turbulentas, y de aquellas manos violentas. Que se abrió ante mi, en una noche llena de estrellas, suplicando el perdón que nunca él mismo llego a darse.

- Lo único que podemos asegurar de todo esto entonces, es que él está enamorado de ti. O al menos, eso es lo que te demostró, y en esta carta alega – Parecía algo incrédula y ligeramente celosa ante esa descubierta, pero su compresiva alma parecía también querer darle una oportunidad, tal como lo hacía su hermana.

Si le correspondía era la pregunta que ella quería hacer en ese instante, pero su expresión, y la forma en la que se dirigía a él en tanto lo ocurrido contaba, le daban la respuesta sin necesidad de consultarla.

Sus miradas se cruzaron por un segundo, invadidas por un repentino silencio.

Entonces; ¿Le contestarás? – Finalmente la princesa preguntó, volviendo sus ojos a la carta que arrugada, reposaba en la cama.

A ello rápidamente asintió la platinada, como si no tomara duda de la decisión, y levantándose en ese momento para empezarla, no sin antes de darle un caluroso abrazo a su hermana, que con una mejor disposición había aceptado lo que pasaba.

Salió de allí, con la sangre hirviendo, caminando a paso firme hasta su escritorio, donde con facilidad halló los materiales que necesitaría para sus palabras expresar. La pluma gracilmente se movió entre sus dedos, no guardando para espacio para dudas ni rodeos:

"Querido Hans;

Me place como nada informarte en este escrito, que exitosamente tu carta he recibido. No sé cuanto tiempo ha transcurrido desde que la pusiste en manos de un mensajero, pero he comenzando estas palabras, justo al momento de haberlas leído.

No tengo palabras para expresarte todos los sentimientos que tu carta me han revelado; estoy dudosa y confusa por tu historia relatada, pero tengo la plena certeza que en cualquier momento podrás aclarármela.

Creo en cada cosa que haz dicho; y sé que como mujer y soberana, puede que esté siendo una tremenda idiota por tomarlas como verídicas y más nada. Pero, tengo varias pruebas que me confirman que no tendrías razones ya para engañarme acerca de estas, y si en realidad estoy equivocada, entonces que el diablo se lleve ya mi alma.

Te hará feliz saber que, mis sentimientos hacia ti son los mismos. Tal vez no desde el momento en que te vi, que, ahora maldigo el instante en que te ignoré y herí. Pero nuestro tiempo juntos me dio el chance de ver mejor a aquella persona que por un momento se dejó llevar por la avaricia.

Hoy, más que nada, te puedo decir que mi corazón te pertenece. I toda la historia, ahora se borrara, y te viese bajar de ese navío tan gallardo como lo hiciste hace varias Lunas, no te hubiera dado un paro, y te hubiera aceptado, si llegaras a pedirme que me casara contigo.

Ahora, tiemblo en la incertidumbre de no saber como te encuentras; mis pensamientos se encuentran siempre contigo, inquietos de no conocer tu destino.

Necesito que contestes a estas letras lo más rápido que te sea posible; no respiraré ni un segundo tranquila, sin saber que estas a salvo.

Te amo Hans.

Por favor, mantente lejos de los problemas, y avísame si necesitas cualquier cosa. Resolveremos esto, sé que podremos.

Por siempre tuya:

Reina Elsa De Arendelle.

Un suspiro se sus labios se escapó al finalizar con su firma, releyendo varias veces el contenido antes de doblarla y bien guardarla en un sobre que a mano tenía. No quiso ponerle sello alguno, o firma que pudiera poner en riesgo a su nación; la carta podría desviarse, y así, nadie sospecharía que se trataría de algo importante.

Llamó a uno de sus sirvientes enseguida, y dio las órdenes precisas para hacer cumplir la tarea; al llegar a las Islas del Sur, seria colocado en las manos de un chico del palacio llamado John, que sería contactado en el pueblo, y en ningún momento en el castillo. Este llevaría la carta a su destino.

Así sin más, la orden fue llevada a cabo, zarpando en el primer barco que pudieron dirigir.

….

Varias semanas más tarde, no había llegado a puerto, ningún mensaje en respuesta de aquél lejano reino.

La Princesa Anna y Elsa, se encontraban en el salón real, con una taza de té en las manos, en tanto la soberana le expresaba en privado sus angustias.

Ha pasado tanto tiempo, y aún no me ha escrito nada. Temo por que algo le haya pasado.

- Tranquilízate, hermana. Probablemente no sea fácil encontrar alguna hoja de papel entre tantas armas y planes de batalla – Los ojos fieros de la rubia le recriminaron por tal alego. Ella todavía no creía en la honestidad del joven caballero, lo cual era de esperarse, pero bien le había pedido que le otorgara aunque fuera el beneficio de la duda primero – Lo siento.

La taza de té todavía temblaba entre sus manos, cuando el portón de la habitación fue abierto de golpe, dándole paso a un desconocido, que al suelo casi cayó.

Ambas se levantaron en el sobresalto, corriendo hasta el muchacho que se sujetaba de las rodillas. Los ojos de Elsa inmediatamente le reconocieron.

-¡John! ¿Qué haces tu aquí? ¿Qué sucede?

El joven apenas conseguía articular palabra, respirando con rapidez, como si hubiera recorrido medio Arendelle a pie. Sujetaba la mano de la rubia, que ahora se acuclillaba frente a él, con angustia.

-El, el, el….el príncipe, el señor Hans…

- ¿Si? ¿Qué pasa con él? ¿Está bien? – Todo el mundo pareció caer en un agonizante silencio, en tanto ella buscaba comprender las palabras que buscaba hacerle llegar.

- El príncipe Hans fue capturado por la armada real. Está en grave peligro.


¡Si! ¡No están teniendo alucinaciones! Es finalmente el nuevo capítulo de "Amando al Enemigo".

Sé que llevo más de un año sin actualizar, y habrán perdido todas las esperanzas de que la continuara. Pero la verdad es nunca las he olvidado, y he estado intentando trabajar en la continuación lo más que he podido.

Estoy consiente de que este episodio puede que sea corto, y sin mucha calidad; pero ya iré mejorándolos con el paso del tiempo. Estoy muy feliz de ser capaz ahora de continuarla, y probablemente, llevarla hasta al final.

Espero que les guste mi trabajo, y como siempre, acepto sugerencias, y un review es siempre bienvenido aquí.

Muchos besos; La Bruja Violet