Ni Frozen ni sus respectivos personajes me pertenecen. Yo solo los utilizo para llevar algo de felicidad y entretenimiento a sus hogares.


- El príncipe Hans fue atrapado por la armada real. Está en grave peligro – Dijo a duras penas el pobre chico, que al momento se vio nuevamente desfallecido en el suelo.

Sin tardanza, los criados del palacio corrieron en su auxilio, tomando al estropeado muchacho en sus brazos y llevándoselo lejos de la reina que, no se había levantado de sus rodillas todavía.

Sus ojos, azules como el mismo cielo, estaban adornados por el horror y el temor de la situación. ¡Quién sabe que cosas le haría la reina ahora que está en su poder! ¡Y más por el hecho de saber que ella había escapado!

Por su mente pasaron una cantidad innumerable de situaciones que solo colaboraron en que su temor aumentara. ¡No podía quedarse ahí, sin más, esperando y pensando en lo peor! ¡Debía emprender camino en ese mismo momento!

Sin más, y limpiando con el dorso de su mano las lágrimas que involuntariamente había dejado caer sobre su nevada piel, salió del salón en busca de preparar su nueva partida hacia las Islas. Detrás de si, la servidumbre corría, moviéndose en diferentes direcciones al esta empezar a dar órdenes.

Anna también se quedó algo anonadada, mas bien intentó impedir que Elsa se marchara. ¡Era demasiado riesgoso que ella se les enfrentara!

- Elsa, no puedes dejar a Arendelle de nuevo. ¡Soy una pésima gobernante! ¡Te necesitamos aquí! – Balbuceó la pelirroja, siguiendo con cansancio el paso apresurado de su hermana - ¡El puede defenderse solo! ¡No es ningún bobo que yo sepa!

Pero la platinada ni siquiera le miró. Llenaba su bolso de cosas, de forma desordenada, mientras pedía a gritos que un barco estuviera listo para salir en ese momento. El aire estaba cargado de tensión, y solo cuando ella partió, es que todo amainó.

Junto a ella, y la armada real de Arendelle (Que viajaban con ella en caso de haber algún problema, un requisito obligatorio de su preocupada e impulsiva hermana) el joven John también iba, atendido en una de los camarotes del barco, junto a su grupo médico especializado.

Solo cuando estuvo en la paz y serenidad del mar, es que se apercibió que una pequeña nube mágica, nevaba sobre su cabeza como si de una tormenta se tratara. Aparentemente, ese ajetreo interno que llevaba, se había hecho presente también en su magia, donde descargaba esa preocupación. Raro era que nadie se lo hubiera dicho; pero supuso, encogiendo sus hombros, que probablemente ya todos estaban acostumbrados. Ya nada para su gente era extraño.

Así, contra viento y marea, en un eterno (Para ella) tiempo de una semana, finalmente llegaron a las costas del Sur, donde un puerto desolado los esperaba. Ni una sola alma, caminaba o pasaba por allí en ese momento. Los barcos se veían medio abandonados, y parecía que nadie había estado allí en días. Pero, ¿Qué diablos ahora había pasado?

Cuando Elsa quiso bajar del barco, los guardias quisieron intentar impedírselo.

- Podría ser una trampa, o algo, su majestad. No creo que hayan podido dejar de la mano este lugar así, sin protección a quién pudiera entrar o salir. Será mejor que no salga hasta que inspeccionemos el lugar – Le dijo uno que era moreno, con sus brillantes ojos amarillos, en un tono protector.

Pero en su terquedad, no accedió.

- Si quieren, bajen conmigo. ¡Pero me niego a quedarme aquí esperando! Soy perfectamente capaz de defenderme, por si no lo haz notado – Sabía que estaba demasiado a la defensiva, pero ya había esperado demasiado tiempo como para seguir desaprovechándolo en tonterías – Si fuera así, dudo mucho que, conocimiento mis capacidades ella fuera a arriesgar a todo un grupo de hombres que le pueden ser completamente útiles. Además, dudo que Hans haya querido decirle si realmente me marché o no. No es tan tonto.

Con una expresión de poco convencimiento, el joven guardia solo asintió, y con una reverencia, la muchacha bajó y caminó hasta la playa, seguida por el séquito de hombres, que se mantenía tan desierta como el embarcadero y el puerto. ¿Pero donde estaba todo el mundo?

- Si no les importa, yo avanzaré por aquí sola. Ustedes vayan con el pueblo, y averigüen que ha pasado aquí. No se angustien; este lugar está en el completo desconocimiento de la reina. Y aunque lo supiera, dudo que ella vuelva a buscarme aquí, más si piensa que estoy escondida por su reino todavía – Les ordenó con firmeza, al momento en que se toparan con la pierda rota escondida, que la llevaría a la vieja cabaña donde había estado la última vez que le había acompañado.

A pesar de la seguridad con la que lo ordenó, en su interior se albergaba la posibilidad del error de sus palabras. Pero, ¿Qué más podía hacer? Estaba ahí para encontrarlo. No para huir despavorida. Además, aunque fuera atrapada, siempre encontraría alguna forma con la que salir ilesa. Y así también se estaría digiriendo a él. Con un respiro de valor, se adentró por la pequeña abertura, dejando que la roca afilada rasgara su delicada piel y vestido.

Cuando llegara, la mar estaba serena. Batía contra la orilla con la calma y delicadeza de un amante en su noche más radiante. Una brisa liviana y agradable también decorada el ambiente, causando que ella llenara con placer sus pulmones, drenando incluso, parte de la tensión recogida en esas últimas ocasiones.

Avanzando por la arena, pudo notar los restos de batalla que habían quedado luego del atrape del pelirrojo, como lanzas rotas, ropas rasgadas, incluso la puerta de madera de la cabaña se encontraba medio enterrada, muy cerca del agua, lo que ya la tenía húmeda y mohosa.

Intentó sacarla; pero las astillas se clavaban en sus reales dedos, hiriéndola, y aunque la arena estaba mojada, estaba muy enterrada y el peso tampoco colaboraba.

Decidió acercarse a la pequeña casa que ahora no tenía ninguna protección, solo para ver más desorden y desastre. Todas las cosas estaban volcadas, e incluso la poca vajilla que él había conseguido para allí mantenerse, estaba rota y esparcida por el piso. Era claro que Hans jamás se hubiera dejado llevar de forma tan sencilla. Todo aquello no eran más que pruebas de su falta de "colaboración" en los deseos de su madre. Y ahora, solo era un pobre preso, encerrado en algún lugar, en aquél, ahora, triste reino.

Caminando entre los escombros, encontró en el suelo, el pequeño libro que él le diera en algún momento para su recreación en los tiempos de silencio que mantuvo allí dentro. No había conseguido llevárselo cuando el momento lo precisó.

Ahora estaba algo estropeado por la humedad, y sucio por haber quedado tirado en la Tierra por quién sabe cuanto tiempo.

Levantándolo, sacudió con cuidado sus hojas, y lo miró con añoranza. Sus memorias recorrían las hermosas palabras y momentos de aquellos efímeros, pero inolvidables días.

¿Por qué las cosas habían tenido que terminar de esa manera?

Acabando de revisar el lugar, Elsa consiguió captar algunas voces que parecían acercarse a la destruida cabaña Cuchicheaban entre sí, y al prestarles algo de atención, supo que no podía tratarse de ninguno de sus guardias de Arendelle.

Más bien, eran secuaces de la reina, y por lo que conseguía oír, no venían a tomarse un descanso del estrés que provocaba su trabajo.

Al parecer habían capturado a los muchachos que la acompañaran; ¡Y venían ahora en busca de ella!

Alguien debió haber cantado.

Un momento de rabia subió a su cabeza; pero sabía que no podía culparlos. La madre de Hans probablemente no dudaría en usar cualquier método para hacerles hablar. Solo esperaba que el sacrificio que hicieran, hubiera valido la pena.

Captando aquellas voces, cada vez más cerca, supo que debía dejar de pensar y buscar un lugar en donde esconderse. Pero, ¿Dónde?

Salió de las paredes desconchadas de la cabaña a toda prisa, con los pies molestosamente enterrándose en la húmeda arena. Algo en su mente le decía que el sigilo tal vez hubiera sido una mejor opción, pero en vistas de las circunstancias, y en el lugar que la rodeaba, no sería muy fácil que la descubrieran.

A penas, mientras corría miraba hacia atrás; y aunque no veía a nadie ni a nada que la siguiera, algo la impulsaba a seguir dándole más marcha a sus pies, por muy complicado que el terreno se lo dejara.

Cuando sus pulmones no pudieron más, y sus exhalaciones eran ráfagas heladas por la ansiedad, supo que debía detenerse. No sabía muy bien donde estaba; pero parecía una especie de selva, que se abría paso y hacía una línea entre la arena y la tierra. Rápidamente se metió entre las plantas y palmeras, encontrando una especie de planta enorme que no reconoció, con unas hojas lo suficientemente grandes para serle de un buen escondite. Agachándose y entremetiéndose por allí, pudo entonces tomar un descanso para recuperar algo de calma, y el aliento.

Pasó mucho rato mientras se mantuvo allí, esquivando raros insectos y mosquitos que se le aproximaban para picarle o morderla. No había aún ni rastro de los guardias de la reina, pero no quería arriesgarse a salir de nuevo.

Aunque ser atrapada, sería estar cerca de él de nuevo, no serviría de mucho dado que no podrían escapar. Estaba segura que, por mucho poderío que ella tuviera, su majestad no sería tan boba como para encerrarla sin conocer sus capacidades. Algo haría para poder mantenerla allí sin que causara problemas.

No obstante, tenía que encontrar una manera de entrar al castillo, o, al menos saber donde lo tenían encerrado. ¡No podía seguir parada allí sin hacer nada!

Mientras la rubia pensaba en todo esto, volvió a escuchar los mismos susurros y cuchicheos de hace poco. ¡Seguían en su búsqueda! No parecían querer rendirse.

Pero no podía entregarse a ellos. ¿Qué podría hacer?

- "Hum…tal vez si, los sigo, cuando se cansen de buscarme terminarán regresando a seguir sus deberes de guardianes. ¿No? Podría intentarlo" – En su mente ese pensamiento se debatía, y aunque no estaba plenamente segura de ello, parecía la opción más minimamente decente que se le había ocurrido.

Era la única manera de encontrar el lugar donde lo mantenían, y conociendo esto, podría luego idear un plan para sacarlo. Ahora que estaba sola, todo corría por su mano.

Así con eso, se quedó aguardando el momento que ellos estuvieran lo suficientemente lejos para seguir su rastro, caminando entre la selva en cuanto esta se extendía, manteniendo el silencio y el cuidado precisos para no ser vista. En algunos momentos se vio escondida nuevamente, cuando se le daba a cualquiera por virarse, o mirar en la dirección donde estaba ella. Pero no fueron más que un par de momentos; el grupo de hombres, que no aparentaban más de 35 años, no parecían muy ensimismados en su tarea. Se veían era, agobiados por todo aquello, y con muchas ganas de terminar para poder volver a donde antes se encontraban.

Podía oírlos quejarse con frecuencia, aunque fuera de algo lejos, seguía siendo molesto.

Después de mucho rato dando vueltas por allí, decidieron que su búsqueda toda había sido en vano. Elsa casi celebró esto, y en poco tiempo, ya se había alejado de las plantas y los insectos que la revoloteaban, y se habían internado en una parte desierta del pueblo.

Las pocas personas que deambulaban por ahí, se escondían al notar la presencia de ellos, y a ella se le hacía más difícil pasar desapercibida. Aunque los habitantes eran escasos, y casi todos se ocultaban, no faltaba el que parecía demasiado curioso al verla caminar por allí, al mero estilo de James Bond. Aún así, no llegaron a acusarla realmente; supuso que estaban ya las cosas demasiado mal como para involucrarse en más problemas.

Así al fin, vio como se aproximaban a los dominios del castillo, donde el grupo de hombres tomó un desvío repentino, hacia unas puertas de piedra que, curiosamente se escondían, pasando unos túneles por debajo del castillo. Ella los siguió, a pesar de no parecer una tan buena idea.

Por suerte, el lugar estaba lleno de escondrijos y aberturas lo suficientemente amplias para ella ocultarse, y seguir avanzando para ver hasta donde llegaría. Al final de estos, se alzaba entonces una gran reja, que, como ya era de esperarse, era custodiada por otro guardia, que saludó poco alegre a los otros, permitiéndoles pasar.

Desde allí, supo que ya no tenía más pase, y que debía pensar, obviamente, en otro plan para poder burlar la seguridad.

Al salir, buscó un pequeño refugio a las afueras del pueblo; una mera casucha abandonada, por donde nadie parecía haber pasado desde hace tiempo. No era el lugar más confortable del mundo, pero la mantuvo segura entre tanto la noche caía.

En ese lapso de tiempo, tuvo que atender algunas necesidades como el hambre, que afortunadamente se vio saciada gracias a la amabilidad de algún aldeano que respondió a su necesidad, (Tuvo que cambiarse de ropa y desaliñar su aspecto entre tanto, para que estos no notaran su procedencia real, y tuviera problemas), al hallarla en aquella búsqueda de alimento.

Luego de estar decentemente recuperada, volvió al ataque, así que el sol desapareció del gran cielo, dándole paso a la Luna y a sus pequeñas y brillantes estrellas.

Con una capa que encontró en el lugar donde se había refugiado, (Tuvo que admitir que eso fue una gran suerte) penetró en la oscuridad de la noche, desplazándose al lugar a donde les abría seguido. Contaba con la oportunidad de que esos buenos para nada, ahora mismo estuvieran dormidos. No parecían la clase de guardias dedicados fielmente a su labor, las 24 horas del día.

…..

Mientras se desplazaba por la humedad de la cueva, con mucha cautela, escuchando sus pasos retumbar contra sus paredes, no tardó mucho en confirmar su teoría anterior; ambos guardias que, vigilaban la gran reja de metal, que se extendía por toda la longitud del lugar.

De puntillas, se acercó a la puerta que ellos supuestamente custodiaban, que, como era evidente, estaba más que cerrada. Tenía muchísimos candados, incluyendo una cadena. Estos no eran muy gruesos; por lo que no serían muy difíciles de romper.

Temió, eso sí, mientras colocaba su mano helada sobre uno de los muchos candados, que en el mínimo ruido estos pudieran despertar. No le convenía, aunque pudiera escapar, que la viesen. Si ya la tenían en ojo sin siquiera saber que estaba ahí, no quería ni imaginar como sería si lo llegaran a averiguar.

Pero mientras iba rompiendo cada uno de los cerrojos, ambos irresponsables seguían roncando, perdidos en un profundo sueño, completamente ajenos a lo que acontecía.

Luego de lo que pudo parecer una eternidad, Elsa consiguió finalmente abrir la imponente reja, pasando por ella como si esta la fuera a quemar, y cerrándola tras de si, susurrándose elogios a si misma en cuanto volvía a emprender su camino de búsqueda.

Ahora si que no tenía ni idea de por donde andaba. Cuanto más penetraba en las profundidades de la cueva, más, oscura y fría se volvía. No veía caminos ni desvíos por ningún lugar; solo recorría ese interminable y ancho pasillo, completamente solitario, y tan solo ambientado por el eco de sus pasos, y respiración.

Empezó a angustiarse de inmediato, al darse cuenta que por más que avanzara, nada realmente parecía querer aparecer.

¿Es que nunca iba a encontrarlo? Si no estaba ahí, ¿Entonces donde estaba? ¿Por qué la reina protegía con ese ahínco ese desolado lugar, si no había nada allí? ¿Sería que todo aquello no era más que una trampa, y ella tontamente había caído?

Mientras se atormentaba con aquellos oscuros interrogantes, llegó a lo que parecía el final de aquél oscuro camino, topándose únicamente con una enorme pared de piedra, sin puertas, caminos o salidas. Ni voces, ni pasos, ni nada que no fuera ella y el vacío de aquél lugar.

¿Y ahora qué haría? Había gastado todo ese tiempo, probablemente, mitad de una noche, en arriesgarse para encontrarse con nada. ¡Nada!

La rabia estaba comenzando a apoderarse cada vez más de su mente, en cuanto el tiempo pasaba. Caminaba de un lado a otro, frustrada, intentando razonar aquella situación de la mejor forma que podía.

Nadie cuidaría de una cueva solitaria y sucia sin haber nada importante allí. Algo no debía estar viendo. Algo debía estar ignorando.

Pero, ¿Qué?

Cuando miraba a su alrededor, solo veía piedras desgastadas y húmedas, oscuridad y tal vez algún que otro murciélago que revoloteaba de un lado a otro, de ida de vuelta.

No había palancas, por mucho que mirara por los rincones, y muy probablemente, mientras revisaba, tampoco habrían pasadizos secretos.

Tal vez debía tan solo rendirse y marcharse. Era posible que el cansancio y la falta de sueño pudieran estar haciéndole efecto, por lo cual no llegaba a ver o a concentrarse lo suficiente. Suspirando en derrota, se desplomó en el suelo, demasiado estresada y exhausta como para emprender todavía el camino de vuelta. El pequeño murcielaguito que revoloteaba de un lado para el otro todavía, sabía solo la Luna buscando qué, por lo que se distrajo con él mientras estaba allí sentada.

Era gracioso mirarle, lo cual le ayudó a relajarse por esa fracción de minutos, mientras este seguía en su búsqueda. Aunque ciego, él parecía muy bien saber lo que estaba haciendo, aunque la rubia no lo comprendiera realmente.

De repente y sin saber como, mientras el animal revoloteaba, posándose en diferentes lugares y paredes de ves en ves, de un parpadeo, de su vista desapareció.

Sorprendida con lo que acabara de ocurrir, del suelo se levantó, frotando sus ojos una y otra vez, fijando su vista en el mismo lugar, para certificarse de que no lo imaginó. Y de hecho no.

El murciélago había desaparecido completamente de la cueva, sin dejar rastro alguno, por la que parecía ser la pared de piedra que marcara el fin del camino. ¿La había atravesado? ¿Cómo podía ser? Tal vez ya había perdido la cordura completamente.

Más confundida de lo que ya estaba, se acercó a esta con cierto temor. No sabía realmente lo que hacía pero, ese bichito no podía simplemente haber desaparecido así como así. Extendiendo una de sus manos, algo temblorosa, buscó apoyarla en una de las grandes piedras que la conformaban. Tenía sus ojos cerrados en cuanto lo hacía, más aferrada al temor que a cualquier otra cosa, pero por mucho que estiraba el brazo, no llegaba a tocar nada realmente.

¿Qué diablos estaba pasando?

Sin saber qué hacer, decidió atreverse a abrir un ojo.

Un jadeo de terror resonó entonces por toda la cueva, escapando directamente de su boca.

Todo su antebrazo, que se había estirado en el intento de conseguir palpar algo consistente, había desaparecido por completo, atravesando la pared. Por un momento creyó que había perdido su brazo, o algo, más, aún podía mover sus dedos, y sentirlos también.

¿Era alguna clase de magia? O tal vez, ¿Alguna clase de puerta invisible?

Sacándolo, terminó de comprender que todo estaba en su orden. ¿Qué debía hacer entonces? ¿Intentar entrar por completo? No estaba segura de a qué podría estarse arriesgando. Pero si lo pensaba bien, eso tampoco importaba mucho. Ya estaba allí, ¿Qué podría perder? Si algo le pasaba, Anna siempre podría ocuparse del Reino.

Así entonces, buscando algo de valor y tomando un gran respiro que hinchó por completo sus pulmones, avanzó hacia la extensión de piedra frente a ella, rogando en su interior para que nada malo le ocurriera.

Tal como había pasado con su brazo, a pesar del temor, no encontró nada con el que chocar. Es más, podía seguir avanzando, como si nunca hubiera existido una pared realmente. Hacía más frío que en el otro lado, eso podía sentirlo. Y al abrir sus ojos, también notó que había más oscuridad.

Una punzada de razonamiento pinchó en su cabeza, advirtiéndola de que lo mejor sería dar media vuelta y regresar. Pero no podía dejar las cosas ahora; tal vez ese sí era finalmente el lugar donde Hans era escondido. No podía rendirse ahora.

Acomodando su capa sobre sus hombros, se adentró más en lo desconocido, con el corazón en la boca. Por unos segundos, deseó que su magia hubiera sido de fuego y no de hielo; ¡Así hubiera podido iluminar su camino!

Otro largo recorrido ella tuvo que soportar, viéndose sumisa de sus pensamientos negativos y atormentadores. Todo estaba tan negro, que no sabía si en cualquier momento podría tropezar, caerse, o algo peor. ¿Sería así por siempre?

- ¿Quién, quién anda ahí? – Una voz temblorosa, no muy a lo lejos, hizo eco entre los angostos muros de piedra que la rodeaban, haciéndola dar un brinco del susto. El imprevisto le hizo tardar en analizar y reaccionar plenamente a lo que habia escuchado, tardando unos minutos en reconocer al dueño de la temerosas palabras.

¿Ha-Ha-Hans?

- ¡¿Quién es?! ¡No voy a soltar ni una palabra! ¡No importa cuales sean sus trucos, no hablaré! – Gritó sin más, en cuanto Elsa ya había emprendido el viaje, siguiendo aquella voz atormentada hasta su punto de origen. ¿Qué querría decir él con todo eso? ¿Habrían utilizado distintas torturas para que él confesara donde se encontraba ella?

Los horrores de ese pensamiento se vieron borrados, al momento en que finalmente llegó al destino que tan desesperadamente había procurado aquella noche. En una hilera silenciosa y tenebrosa, varias celdas se juntaban solitarias, iluminadas únicamente por una especie de luz, que al final reconoció como los cristales encontrados por su camino.

Al final de todas ellas, agarrado a los barrotes vio a un hombre pelirrojo y con aspecto exhausto; su piel estaba pálida, casi amarilla por la falta del sol, y su cuerpo delgaducho dejaba en claro que no estaba siendo realmente alimentado. Aún así, su atractivo permanecía, a pesar de verse demacrada.

En efecto, Hans estaba allí. Derrotado y cansado, en una imagen en la que jamás se hubiera imaginado verle. Pero ahí estaba. Parecía atormentado; escuchar su voz no fue lo más tranquilizador para él según había notado. Y su reacción fue peor al momento en que notó su presencia.

- Hans, soy yo Hans… - Ella se acercó con cautela, sintiendo su corazón batir con una alegría inmensa. Podría estar mal, pero estaba allí. Vivo. Era lo único que necesitaba.

- No, no eres tú….. sé que no eres – Él replicó, echándose hacia atrás al momento en que ella se agachara a su altura, buscando acercando sus manos para intentar tocarle.

…..


Y después de muchos meses y dejadez, he terminado el capítulo 14 de esta magnífica fanfic. Sé que muchas hanperdido la esperanzade que la subiera, pero les prometí que la terminaría y así pienso hacer. ¡Aunque tenga que subir un capítulo por año!

Espero que lo disfruten y sigan dando apoyo para que los capítulos que faltan, sean hermosos y de su agradoy la historia tenga el final que se merece. Las quiero.

Besos; La Bruja Violet