Esperabas que todo fuera fácil, desde hace cinco años las cosas empezaba a ser como tú querías. No es que hayas hecho algo que no te apeteciera, si de algo puedes estar segura es que todo ha sido como tú has querido, inclusive las cosas que no quisieras que te pasaran han sido porque las aceptaste de forma tácita. Sin embargo, esto no está bien, no está pasando, te lo dices una y otra vez, mientras te pones la pijama para dormir, mientras lavas tus dientes, mientras te mojas la cara, es tu mantra, esto no está pasando. Pero sí, sí está pasando, sí fracasaste, sí perdiste tu oportunidad, sí eres una mancha más en el asfalto de la monotonía.

Te das cuenta de que simplemente estás viviendo, o sobreviviendo con demasiada amargura para que algo te importe. Las muestras de apoyo ante tu desdicha hacen que cada vez más te sumas en la depresión que simplemente parece ahora ser parte de tu vida, o de tu ser. Frases como "no te preocupes", "todo saldrá bien", "vendrán tiempos mejores", "eres chingona", "todo pasa por algo"; en vez de reconfortante, hace que desees la muerte de todos y cada uno de ellos; y que tú encabeces la peregrinación al infierno. ¿Por qué la gente puede ser feliz y tener todo lo que quiera y tú no? ¿Qué hiciste mal? Es en lo único que puedes pensar mientras la alarma anuncia que tus lamentaciones matutinas llegaron a su fin, que debes levantarte y prepárate para ir al trabajo… el trabajo. Esa maldita oficina con sus cubículos grises y sus computadoras viejas que sólo hacen que quieras tirar todo por la ventana y nunca volver a hablar de nada. Pero no puedes hacerlo porque tienes cuentas que pagar, padres a los cuales no decepcionar y una vida que vivir, no de forma excitante, sino de manera sombría y desinteresada. Así que simplemente llegas, te resignas y prendes la computadora. Otras ocho horas por contar… otras ocho horas por matar… otras ocho horas de lo mismo… la muerte.

Como casi toda la semana no hay nada que hacer, tu compañero está tan dormido que ronca, pero nadie le dice nada porque todos están tan entretenidos contando historias maravillosas de sus vidas como adulto que nadie presta atención al grandulón que babea todo su escritorio. Es una suerte que en esta oficina los jefes sea "buena onda", por lo menos puedes vestirte como quieras y no con el uniforme oficinista, que, aunque todo el mundo trate de disimularlo, es lo mismo que el uniforme de la secundaria, trajes sastres, trajes de vestir, corbatas, vestidos, inmensas banalidades para lucir como si el mundo en el cual viven no estuviera de por sí podrido y triste. Sigues mirando a tu alrededor y comienza a entrar ese sentimiento de frustración y hastío en tu vida. No sabes cuándo acabará, pero sabes de sobra como empieza. Todo comienza cuando los colores no parecen brillar más, cuando te retraes a tu mundo de tristeza y soledad, y simplemente te recriminas todo lo que ha pasado en tu pasado. Las penas de hoy son dos.

Teniendo frente ti el mundo, de repente te das cuenta que has desperdiciado toda tu vida planeando qué hacer, en vez de sólo hacerlo. Cuántos años han pasado desde aquel "me iré". ¿Quince? ¿Diez? ¿Toda tu existencia? Para darte cuenta que la única cosa que te detiene es el miedo a verdaderamente hacerlo. Sí, toda tu vida has escuchado hablar a las máximas autoridades de la supervivencia decirte "que eso no dicte tu existir", "la vida es más complicada de lo que parece", "nada es como en los cuentos de hadas", "has lo que debes o lo que quieres". Y, aunque tú sabes exactamente que siempre has existido entre esas dos líneas "querer y deber", y que siempre ha ganado la primera sobre la segunda, ahora ya no sabes que hacer. Lo único que te motiva a continuar y a no pensar en el fin último que es el suicidio, es tu alma que siempre ha sido obstinada. Lo único que verdaderamente disfrutas es llevar la contraria, hay veces que has tenido éxito, otras no tanto. Pero, hoy, aquí, frente a este basto mundo lleno de "¿y si?", "jamás", "probablemente", "¿deberías?"; no te queda más remido que hacerlo que has hecho siempre, soñar y actuar. Las dificultades no son pocas, esas mismas preguntas y dudas sobre si en verdad mereces todo lo que tienes o si necitas todo lo que anhelas son constantes, y te das cuenta que al final nunca habrá una respuesta que te satisfaga, porque siempre habrán preguntas y medias respuestas que no te dirán nada, pero que te cuestionarán aún más.

Sabes que te estas acercando a la madurez cuando te das cuenta que nada de lo que te han dicho sobre la vida y la existencia humana tiene sentido; el único sentido y miedo que tienes ante ti es el abandono, y ni siquiera eso, es tu abandono a ser como siempre has querido ser… el miedo es que no hay respuesta a esa pregunta, después de tantos años de existencia aún tratas de saber quién eres. Sobre ti conoces varias cosas: no te gusta que te ordenen, no respetas la autoridad y tienes unas ganas enormes de aprender. Sabes que te gusta la música, el arte, y la literatura, amas la filosofía, y a últimas fechas te ha interesado la historia, pero no es algo que en realidad te desvivas por entender, más bien es algo que viene con el paquete filosófico. Aquí estás de nuevo, entre el deber y el querer. De nuevo sin brújula y sin rumbo, de nuevo a la merced del viento y el destino.

Los años han pasado, tus primeros amigos verdaderos se han desvanecido. Ya no hay llamadas sorpresivas, mensajes que demanden tu existencia. Nada. Para ellos sólo existe el trabajo, la familia, que percibe equivocadamente necesaria, los pagos, los problemas maritales, los engaños, y la quietud. Esa quietud que caracteriza a la estabilidad que no puedes entender porque, jamás has sido estable en nada. Ellos se sientes felices así, o por lo menos te dicen que lo son. Aún no entiendes como pasaron tantos años sin en verdad conocer a tus amigos, o por lo menos a los que dijeron que lo era. No conoces a sus padres, nunca has ido a sus casas, no sabes en que trabajan. Sólo hay una persona que rompe con esta regla, pero por mucho que quieras excusarte de que en la vida sólo hay un amigo sincero de verdad, te cuestionas cuanto de eso es cierto y cuanto de eso ha salido de las bocas viperinas de gente que simplemente no sabe estar en aislamiento. Y te encuentras de nuevo como una especie de antropólogo en el campo, estando ahí pero siendo externo, no encontrando el camino que te puede guiar a lo que los libros de auto ayudan llaman la felicidad. Pocos amigos, muchos conocidos, pocos problemas, pero letales. ¿Sabes lo que quieres? sí ¿lo conseguiste? poco tiempo ¿lo puedes recuperar? … ¡Oh, he ahí la verdadera pregunta que no sabes cómo contestar! En realidad esa cuestión se complementa con la siguiente ¿quieres recuperarlo?

Tu compañero se despertó sobresaltado porque la pequeña rubia lo asustó diciendo que el jefe ha pedido verlo, eso no es verdad, pero de todas formas Wilson decide que la siesta ha sido suficiente y debe entretenerse con algo, por desgracia ese algo eres tú. No sabes porque sigue viniendo a tu lugar, no sabes porque continua tratando de entablar una conversación contigo, y lo más desesperante, no sabes porque le sigues la corriente y hablas con él. Tal vez la respuesta sea muy fácil, es amigo de la chica del cubículo 307, conoce al estúpido de tu hermano, no hay más, no necesitas contestar las grandes interrogantes que el mundo te ha lanzado. Si algo te puede sacar de tu miseria por un rato es la chica rubia del cubículo 307, y aunque no quieras aceptarlo, el tonto de Wilson que sonríe siempre. Al menos es guapo.

- ¿Tengo baba? – te pregunta como si pudieras contestarle sin reír.

- Sí, te dormiste desde hace tres horas – mientes, pero sabes que él acepta una buena broma.

- ¡Ja, claro que no fueron tres horas! Creo. No importa. ¿Quieres salir a tomar algo después del trabajo?

- No. – respondes inmediatamente. Sabes que va a seguir insistiendo hasta que digas que sí. No logras nunca negarte más de dos veces seguidas. Necesitas algo para seguir con energía, o ánimo, o simplemente no matarte, no pensar.

- O.k, al final es sólo martes. Creo. No importa.

- ¿Sabes? que cada frase que salga de tu boca acabe con "creo. No importa", me hace cuestionar tu nivel intelectual.

- ¡Vamos Carm! Sabes que sólo bromeo. A cerca de los tragos, no. Lo demás no me importa.

- ¿Qué pasó con "es sólo martes"?

- ¡Aggghhh! Wey, estamos en el infierno. Beber es lo único que anima esta inmunda vida. Anda. Vamos.

- ¿Qué te pasó para acabar en este muladar tan desconsolado?

- Si no me respondes, jamás sabrás lo que a mí me pasó, Carm. Unos tragos, di que sí. Sé de buena fuente que la mesera del bar de la esquina está particularmente interesada en cierta chica misteriosa.

- No me interesa. – Respondes viendo al vacío brillar de tu computadora.

- Por supuesto que no. Todo el mundo es inferior a ti. Me pregunto ¿quién podrá ser la persona que te saque de tu auto encierro? – Kirsch ha desatinado todo lo que tiene que ver con tu personalidad en este momento. No es que seas una mala persona, o que pienses que los demás son unos estúpidos, al menos, no solías hacerlo con todas las personas. Es, más bien, que en este momento todas las personas te resultan insignificantes, poco entretenidas, nada retadoras. No quieres más problemas en tu vida de los que ya tienes hasta ahora. Las relaciones amorosas no han sido tu fuerte, pero tampoco lo han sido los fugaces encuentros sexuales. Todo tiene consecuencias, lo sabes de sobras, sólo que en este momento tu hastío hacia la vida es completamente prioritario para ti. ¿Qué es la vida si un poco de sufrimiento?

- No es eso, Kirsch, lo sabes. Y en realidad creo que la mesera se desvive porque la desvistas.

- ¡Oh Cram! Podemos compartir, de sobra lo sabes. – Su sonrisa vuelve al rostro, la tuya lo hace también. Conoces a Wilson Kirsch desde hace cinco años. No eran amigos en la universidad, él vivía fuera del campus en una casa con un grupo de idiotas; bestias llenas de testosterona que no entendían el significado del respeto o la otredad. Y entre todos ellos, estaba Kirsch, siempre sonriendo, siempre cuidando, siempre con esa sonrisa franca que se siente verdadera. Ayudó mucho que tu hermano fuera su compañero de fraternidad, su hermano, así que por ende, estar con Kirsch en este infierno te sorprendió pero te reconfortó al mismo tiempo.

- Ni lo sueñes. – Respondes rápidamente. Lo único que has compartido con Kirsch hasta el momento ha sido el trabajo, las horas de borrachera y al parecer a una compañera de generación. El mundo es un pañuelo. Un pañuelo sucio, simple y desangelado.

- O.k, algún día, algún día. – Se levanta y se va a su cubículo con esa sonrisa tan risueña. De reojo ves con interés y sorpresa que la chica del cubículo 307 te está viendo. Te sorprende, no entiendes porque lo hace. Tal vez, como a todo el mundo en esta oficina sin vida, le sea interesante que con la única persona que hables sea con Kirsch, el desobligado y desentendido Kirsch. Sin embargo, para ti Kirsch es aún más interesante, sabes que está pasando por algo similar a lo tuyo, él no debería de estar aquí, tampoco tú, pero eso lo descubrirás poco a poco, trago a trago, maldición a maldición. Ves la hora en la pantalla de la computadora, 11:15, seis horas más para que este martirio termine. Y pensar que lo que más amabas en el mundo era escribir. Corregir el estilo de unos estúpidos que se creen escritores por el simple hecho de haber tenido la suerte de nacer con un apellido importante hace que te encolerices. ¿Cuál fue tu error? fácil, aspirar a la grandeza, el mundo cruel es así, las clases sociales son inamovibles, Durkeheim se equivocó, la voluntad no te abre puertas, te reacomoda en el sistema, y tu sitio es estar abajo, tu maldición, es saber dónde estás y que probablemente no puedas salir. ¿Cómo decía Marx? La economía dicta la vida social de hombre. La vida y su sistematización. Inclusive, ni eso te importa ya.

Sales de esa horrible oficina, las seis de la tarde, por fin. Recorres el pequeño camino del pasillo hasta el elevador, al parecer has salido temprano como siempre, todo el mundo se queda hablando de la grandeza de su vida de oficinista, con los compromisos propios de sus madurez impuesta y sus hipócritas sonrisas que expresan "soy mejor que tú", aunque todos estemos oprimidos por las circunstancias. Vive y deja vivir, o por lo menos deja de fingir que eres feliz. La depresión en estos tiempos es un arma de protesta. Tantos ansiolíticos, tantos antidepresivos, tantos alcohólicos, tantos mentirosos. Todo eso te da asco, pero no puedes hacer nada más que esperar que el ascensor se detenga en tu piso, salir del edificio, caminar hasta el metro, dirigirte a tu casa, llamar a Kirsch, destapar unas cervezas, beber, dormir y seguir igual que ayer, el día anterior, estos meses. ¿Qué pasó? Es en lo único que puedes pensar.

Por fin el maldito aparato se detiene en la planta 18, subes, lo único que tienes en la cabeza es salir corriendo de ahí, o volando, pero no tienes tanta suerte, antes de que las puertas se cierren por completo una pequeña mano detiene tu escape. La chica rubia del cubículo 307 entra al amplio espacio de metal y cristal. La vez directo a los ojos, ella sólo sonríe y presiona el botón del lobby. Por extraño que te parezca le sonríes. Es la primera vez que están solas en el mismo espacio. La miras detenidamente, o por lo menos observas su espalda, porque es todo lo que tienes enfrente de ti. Su largo cabello rubio que cae como cascada sobre su espalda, sus torneadas piernas y sus firmes nalgas, que quisieras estrujar fuertemente entre tus manos que están deleitosamente atrapadas en la mezclilla de su pantalón, que lo único que hace es crear escenarios en los cuales esos pantalones estén tirados cerca de su desnudo cuerpo gimiente y sudoroso a mereced de tus manos y de tus labios.

Comienzas a salir de tu trance cuando el elevador se detiene en el piso 16 y una marabunta de oficinistas de trajes grises, y faldas azules comienzan a entrar. Los olores mezclados de frustración, fracaso y perfumes caros comienzan a invadir tus sentidos. Detestas la vida, esto es sólo un recordatorio de que tan inhumano el mundo laboral de las corporaciones puede llegar a ser. Sin embargo, como una ola de tranquilidad y confort, una fragancia a vainilla inunda tus fosas nasales. La pequeña rubia está a tu lado, y no sólo a tu lado, su cara está enfrente de ti, su brazo derecho está sosteniendo su cuerpo para evitar aplastarte, sus ojos están cerrados, en verdad se está concentrando en no causarte ningún daño; y tú, con toda tu espalda contra la pared de cristal de la maldita máquina, sólo puedes sonreír porque hasta el momento, en estos días de mierda que has tenido, es lo más hermosos que has visto. En el piso 10 entra de nuevo más gente, la pequeña rubia ya no puede aguantar más y reposa todo su antebrazo en el cristal. Como reflejo, tratas de moverte para darle más espacio y que pueda sentirse más cómoda. Lo cual te sorprende porque demostrar algún acto de caballerosidad te había sido tan intrascendente como clavarte agujas calientes en los globos oculares, pero haces el esfuerzo y ella acepta la ayuda. Tu brazo derecho ahora está tocando su brazo izquierdo y es como si millones de electro choques recorrieran esa parte de tu cuerpo. Sabes que algo va absolutamente mal, sabes que esa sensación sólo te orillara hacer tu vida más miserable de lo que ya es, pero ¿qué puedes hacer? Los sentimientos no se controlan, se ignoran, pero no se pueden manejar. Por fin llegan a lobby, todos comienzan a salir del infernal cubo con un alivio inimaginable en sus rostros. La pequeña rubia te sonríe de nuevo, y tú haces lo mismo.

- El infierno en un cubo de cristal ¿quién lo hubiera pensado? – escuchas que las palabras salen de su boca. Su voz es melodiosa, te sorprende que te haya dirigido la palabra. Te anima a contestar.

- Yo lo pienso, todos los días. – Escuchas que una pequeña risa sale de sus labios, te encanta esa pequeña melodía. Las cosas se van a ir al carajo; piensas mientras caminas junto con ella hacia la puerta.

- Nos vemos mañana, Carmilla

- Sí, mañana. – No sabes su nombre, no puedes responder más que dos palabras y ninguna de ellas es su nombre.

- Laura.

- O.k, hasta mañana. – No repites su nombre, no quieres desgastarlo, no quieres pronunciarlo, eso la haría real y hasta el momento estás feliz de sólo tener la idea que te has creado de ella. La ves alejarse de tu lado y correr hasta donde se encuentra un auto blanco estacionado, antes de subir, se despide de ti desde lejos. Laura, su nombre es Laura. Y sigues con tu vida, caminas hacia el metro, llegas a tu casa y llamas a Kirsch. Beber, este momento es bueno para beber.

- Te lo estoy diciendo yo, no hay actriz porno más inspiradora que Nella, es la perfección hecha mujer. – Kirsch está borracho, comienzas a sospechar que el alcoholismo ha sido uno de sus amigos en los últimos tiempos, pero no te importa, ha sido amigo de los dos. Las discusiones sobre pornografía son las últimas antes de que los dos terminen dormidos en algún lugar de tu departamento con la ropa puesta y el resentimiento en el rostro.

- O.k, o.k, no discuto eso, pero Sinn Sage hace que todo se vuelva realidad. – Contestas derramando la mitad de tu trago sobre tu blusa. Ya nada tiene sentido ni interés, has conseguido lo que querías, olvidar a Laura, si nombras a la persona se vuelve real, y lo que quieres es olvidar la pequeña conversación de la tarde.

- O.k, o.k, lesbianas con strapon, debemos abrir otra categoría, porque no hay poder humano en este mundo que divida a Sinn Sage del strapon. – Alza su cerveza y brindamos por las banalidades de la vida, por lo menos en lo que todo el mundo está de acuerdo es que el sexo lo cura todo, y lo complica todo, y comienza todo, y termina con todo, pero no puedes alejarte de él, es la droga más dura de todas. – ¡Oh! ¿Sabes quién opina lo mismo que tú? –

- ¿De qué estás hablando? Tengo muchas opiniones de todo.

- Del porno.

- Nop.

- Laura, Laura, la del trabajo. La rubia del cubículo 307. – Laura, piensas que ese nombre te va a perseguir por siempre hasta que no le pongas un alto. – Sip. ¿Sabías que anda con una maestra de periodismo? Aparte su novia es maestra en artes marciales, creo… no importa. – Claro que importa, importa todo. Aunque sabes que no deberías de estar pensando en nada ni en nadie en este momento, sólo te va a traer más problemas a tu ya patética y melancólica vida.

- ¿Qué, te gusta su novia?

- No es fea.

- ¿No es fea? ¡Wow, wey! ¿No crees que estás perdiendo tu tiempo? Laura y la torre humana se ven bastante sólidas.

- Sí, mi vida también se veía así y ahora estoy emborrachándome con cerveza barata en un vecindario pobre de esta ciudad, y con Carmilla Krantein, nada menos; mi vida no puede ir peor, o si, todo está en que tan dispuesto a suicidarme me sienta. Y nada podría salir peor.

- ¿Qué te pasó?

- No voy a responder esa pregunta si no respondes tú primero.

- No quiero hablar de eso. – Contestas de inmediato. Tienes un asco tremendo de recordar esos días en los que tu corazón se rompió, tu futuro se desvaneció de tus manos, y tu vida cambio por completo. –

- Entonces sabes lo que siento. – Kirsch se levanta y va al pequeño refrigerador por otra ronda de cervezas, los dos quieren caer en la inconciencia. No más charlas profundas, tal vez otro día, tal vez nunca. – Por cierto – su sonrisa te saca de tu estupor – si vamos a hablar de pérdidas de tiempo, tal vez te convendría dejar de soñar con la pequeña novia de la torre humana. – Se tira en el sillón con la cerveza en la mano y se la traga toda de una vez. Sabes que tiene razón, pero no quieres que eso te afecte, hoy emborracharte te servirá, mañana, mañana veras que sigue. Así ha sido desde hace un tiempo. Por lo menos, puedes compartir el odio y el desprecio hacia el mundo con otra persona. Con otro ser que sufre lo mismo que tú.

Los días transcurren sin ninguna anormalidad. Estás tan aburrida de la monotonía que comienzas a hacer planes inútiles en tu cabeza mal trecha. Regresaré, esta fase no puede durarme toda la vida. Debo salir de mi estupor, no puedo seguir así, no seguiré así. Mientras más concentrada estás en las proyecciones futuras construidas en el aire, la muñeca izquierda te empieza a doler, el recordatorio de lo que apostaste y perdiste. Habías pensado en que siempre ganarías, pero esa caída, esa inconciencia a la cual te exiliaron por dos meses e hizo de tu vida un cómico remedo de tragedia griega, fue lo que te guio a este sitio en primer lugar.

- ¡Te vas a arrepentir! – grita la mujer que te persigue como loca por el edifico. No sabes que fue lo que pasó. En un momento estabas retozando en los brazos de alguien y después una psicópata te persigue con una pistola, que no sabes si está cargada o no.

- ¡Seguro! – respondes con burla. No quieres que el temor te invada, no sabes que hacer, no tienes la más mínima idea. Tus decisiones están entre sostener la sabana que cubre tu desnudo cuerpo y que te da un poco de dignidad; o correr lo más rápido posible con tu culo al aire pero con vida. Nada de eso importa en el momento que te das cuenta que el pasillo está lleno de gente que impide tu escape, y la loca mujer con el arma apuntándote a la cabeza está cada vez más cerca de ti. En un intento por poner tu vida a salvo, te diriges a la puerta de servicio, corres, sujetas como puedes el pedazo de tela que impide que muestres tu desnudez, y el temor de morir, escuchas un disparo muy cerca de tu cabeza, el bam, es estruendoso, no te fijas, tus pies se enredan en con la sabana, la velocidad, tu peso y las escaleras hacen todo el trabajo. Una muñeca rota, un labio partido, dos costillas inservibles. El coma es relajante, es como dormir, dormiste por dos meses, la recuperación es implacable cuatro meses de tortuosa recuperación. Lo mejor de todo, tu espíritu es indomable.

Sales de tu ensoñación por una pregunta de lo más elemental. ¿Estás bien? Pregunta Natalie, una de tus compañeras de presidio que parece más entusiasmada en doblegarse a las órdenes del jefe, que en realidad preguntarte por tu bienestar. A nadie le simpatizas, tus constantes burlas a su trabajo han hecho que todo el mundo sólo tenga dos sentimientos al verte: quererte matar o cogerte. Probablemente las dos al mismo tiempo. Eso cabe en una categoría del porno duro. Piensas mientras ves que los labios de Natalie siguen moviéndose sin darte tregua. Tratas de seguir la conversación pero simplemente te quedas inmóvil y confundida. Ahora extrañas esos cuatro meses de coma inducido. Ahora anhelas las drogas duras que tuviste que dejar si querías recuperar lo que tenías. Ahora lo único que puedes decir es…

- Lo siento, no te entiendo. – Natalie se ve desesperada, al parecer lleva minutos eternos tratando de hacerte entender algo.

- Las revisiones a los artículos culturales los necesito en media hora o Theo va a matarnos, a las dos, porque alguien no hace su trabajo, Carmilla.

- Eso lo envié anoche antes de irme de aquí. Tal vez deberías de revisar tus correos en vez de estar tratando de cog…

- Sí, Natalie, los envió. Yo los recibí y Theo ya los tiene. Pensé que te había avisado, disculpa. – La voz de Laura te sorprende, nunca antes se había acercado a tu cubículo, nunca habían tenido ningún tipo de interacción en la oficina, o en ningún lado, no sabes que decir, simplemente mantienes tu mirada de furia en Natalie, para que tu asombro pase desapercibido. –

- Natalie – grita Theo dese su oficina – ya tengo los ensayos, perdón, no sé dónde tengo la cabeza. – Y eso es todo. Con una simple y vaga disculpa de un estúpido que ni siquiera puede recordar que clase de trabajo realiza, tu día vuelve a ser el mismo, tranquilo y miserable. Natalie se aleja de tu cubículo, seguramente en su boca resuena un eco quedo que pide a todos los dioses conocidos y desconocidos que alguien te mate al salir de aquí. No lo tomas a mal, no te interesa en lo más mínimo. Si Dios existiera seguramente estaría más ocupado tratando de controlar la guerra, o lamentándose por la indiferencia que los oficinistas sienten ante la vida. No puedes evitar pensar eso, odias tu trabajo, a tus compañeros, odias la vida.

- ¿Sabes? Decirle a la amante del jefe que deje de cogerse al jefe no es una buena maniobra. Podrías haberte quedado sin trabajo. – Laura sigue a tu lado, estabas tan enojada y ensimismada que no te diste cuenta que ella seguía ahí, con su hermosa sonrisa, con el deslumbrante cabello, con la postura de inocencia que está encerrada en un cuerpo que simplemente no está hecho para ser ignorado, está moldeado de una forma tan exquisita que lo único que puedes pensar es en las mil y una formas en que podrías mancillarlo, marcarlo y adorarlo como la cosa más preciosa de este mundo.

- Bueno, me salvaste… gracias, creo. – No sabes cómo comportarte ¿Cómo podrías hacerlo? La última vez que intentaste y lograste seducir a alguien que ya tenía a otro alguien, casi te matan. ¿qué impide que esta vez no sea lo mismo? Laura tiene novia, Laura tiene una vida que parece disfrutar, Laura es feliz. Tú sólo estás de paso, no significas nada para ella, sólo una curiosidad.

- O.k, no necesitas ser tan expresiva – dice Laura recargándose en tu escritorio. Sabes que esa esquina en la cual colindan la pared de tu pequeño y odiado cubículo y el escritorio será el lugar más sagrado de ahora en adelante. El maldito tiene la suerte de sentir la magnificencia del cuerpo de Laura, y tú, lo único que tienes es la presencia de la suave fragancia de vainilla que emite su cuerpo. Piensas si ese será el sabor de Laura, si todo su cuerpo sabrá a vainilla y lujuria.

- Sé que no, para eso te tienen a ti en esta oficina.

- ¡Vaya! Pensé que era una pose eso de estar siempre a la defensiva e indiferente. Creo que me equivoque. En fin, si ves a Kirsch, dile que la invitación sigue abierta, y si quieres ir, estás invitada.

- ¿De qué estás hablando? – estás intrigada, no has visto a Kirsch en unos días, pero eso no te sorprende, regularmente Wilson Kirsch puede desaparecer de la oficina cuando le dé la gana. Las ventajas de venir de una fraternidad y ser amigo del jefe. Estúpido bastardo, seguramente está borracho en algún departamento con alguna chica que conoció, o está tratando de acostarse con alguna de las recepcionistas de las oficinas vecinas. No te interesa en verdad. Sin embargo, esa invitación te deja con curiosidad. – ¿Qué invitación? ¿a dónde?

- ¡Mmmm! ¿La señorita interesante encontró un misterio sin resolver? – tu cara muestra desinterés, incluso logras hacer esa expresión de hastío rodando los ojos y viendo hacia otra parte, pero en realidad quieres saber más, cada vez más y no puedes evitar pensar ¿Laura en verdad te está invitando? ¿por qué lo haría? – Es una fiesta en un almacén desocupado, algunos DJ's que están intentando emprender su carrera musical van a tocar, Kirsch me dijo que le avisara. Va a ser mañana a las 12:00 a.m, necesitan una contraseña. Dile a Kirsch que me llame para dársela. – Laura se retira poco a poco de tu escritorio. No sabes cómo detenerla, pero quieres evitar que se vaya, quieres que esté un poco más contigo. Han sido los dos minutos más hermosos de tu vida en los últimos meses, y tu estupidez y depresión los están echando a perder. –

- ¿Por qué me invitas a mí? – se voltea sorprendida, no puede creer que estés hablando con ella, que en realidad le hagas preguntas. Aunque básicamente es sólo una, y no se la hiciste de muy buena gana. Tal vez ella sea así, dispuesta a ver el lado bueno de todas las personas, incluyéndote. –

- ¿Quieres la verdad o lo que estaba planeando decirte? – Entonces había pensado hablarte, no sólo por Kirsch, sino por ella misma, porque de alguna manera le interesaba hablar contigo. Esa información te da un poco de esperanza, inclusive la comisura de tu labio del lado izquierdo se eleva un poco por un momento.

- Las dos. – Respondes de la forma más fría y desganada que puedas mostrar. –

- O.k – suspira y toma un poco de aire antes de mirarte directamente a los ojos, se inclina un poco para estar a tu altura – los de la oficina hicieron una apuesta, dijeron que si lograba que aceptaras ir al rave ganaría no sólo todos los tragos de la noche para mí y mi novia, sino que además me llevaría 3,000 dólares, y como te podrás imaginar a nadie le sobra el dinero por aquí. – Sus palabras te hieren hasta lo más profundo, tú pensando que podría interesarse en ti, mientras ella sólo veía que provecho podría sacar de ti. No respondes, no puedes decir nada, simplemente te quedas mirando a esos ojos aceitunados con una mezcla de odio, lujuria y lamento.

- ¿Qué era lo que habías planeado decirme? – La pregunta sale de tu boca sin tu permiso, eso lo estabas pensando, querías escuchar la mentira de sus labios. Aunque fuera por sólo un instante necesitaba un poco de atención por parte de Laura. Ella sólo te mira. Su mirada es tan intensa que no sabes si ha perdido la habilidad para producir sonidos con sus cuerdas bucales, o si la repentina pregunta la hubiera desarmado. –

- Que deberíamos de intentar convivir más. Trabajamos en la misma oficina, en los mismos proyectos, tal vez deberíamos tratar de conocernos más. – Tienes una sonrisa de superioridad que impresiona a Laura. Se queda quieta por un momento, simplemente sigue mirándote intrigada.

- No sabía que teníamos los mismos proyectos. – Sigues mirándola a los ojos, tu sonrisa no ha desaparecido, es más, ha incrementado. –

- ¿Cómo crees que te salve hace algunos minutos? – pregunta realmente asombrada.

- ¿Suerte?

- ¿Tú crees en la suerte?

- Claro que sí. Por suerte ahora sé que voy a ganar 1,500 dólares y bebidas gratis para Kirsch y para mí en una fiesta rave que probablemente terminará con varios arrestos de lo cual podré hacer un artículo y burlarme de todos mis "compañeros" de oficina. – Volteas tu silla hacia la pantalla de la computadora. Sabes que has ganado el encuentro, pero has obtenido algo más, más que el infame dinero o el necesario alcohol, has ganado la atención de Laura, y eso, hasta este momento, puede hacerte sonreír por algún tiempo.

- ¿Entonces iras?

- Sabes mi tarifa ¿podrás pagarla? – Toma tu celular que está justo al lado de su mano izquierda. –

- Quítale la contraseña. – Te ordena sin ningún tipo de miramiento.

- Demandante ¿no, cupcake? – tomas tu celular, le quitas la contraseña y se lo devuelves.

- No sabes cuánto – sonríe de forma seductora por un micro segundo, de no haber estado sentada jurarías que tus piernas se hubieran vencido por ese único acto. ¿Laura, quién eres? Piensas mientras ves que teclea algunas cosas en tu celular, después de algunos momentos te lo pasa; ves que ha puesto su número en tu teléfono.

- O.k, llámame a las 11:00 de la noche, ya tendré la contraseña y el lugar. – Se vuelve a inclinar para estar a tu altura, pero esta vez se dirige directamente a tu oído derecho. – Y tal vez, sólo tal vez, quiero ver ese delicioso culito tuyo moverse al ritmo de los beats. Y tal vez, sólo tal vez quisiera estrujarlo contra mi vulva. Pero no sabrás nunca si eso es lo que estaba planeando decirte para que fueras al rave o la verdad. – Se levanta lentamente dejando que sus senos toquen tu hombro de forma tan lenta y deliciosamente tortuosa que debes cerrar los ojos; al no sentir más el contacto la ves alejarse sin decir más y dejándote en un estado de desesperación y lascivia que no habías sentido en mucho, mucho, tiempo. Estás a punto de cometer uno de los grandes errores de tu vida, pero sobreviviste al primero ¿qué impide que lo vuelvas a hacer? ¿qué te detiene? Claro que Laura tiene novia, pero eso nunca ha sido un impedimento, es más una invitación. ¿Quién eres Laura? Es en lo único que te puedes concentrar lo que resta de tu jornada laboral. Por lo menos, algo te está distrayendo de tu arraigada autodestrucción.

Sales de la oficina con la misma pregunta que no has podido contestar desde el día anterior. Seguramente, está será tu pequeña obsesión ¿Quién es Laura? Sabes que una vez que tengas a Laura, todo el estado de éxtasis que estás sintiendo en este momento se desvanecerá para no volver, por lo menos, eso piensas. Tan sólo faltan ocho meses para que puedas retomar el camino que dejaste de forma tan drástica. Por lo menos en ocho meses podrás tener otra oportunidad, esa que te arrebataron de forma tan violenta hace un año. No puedes darte por vencida, eso lo tienes claro, no puedes detenerte, eso también lo sabes. Sin embargo, seguir como autómata de un lado a otro no es una forma de vida, lo sabes, sabes que debes ser mejor, tratar de estás bien, pero hace tanto tiempo que no estás bien que ya no sabes cuál es el significado de esas palabras. Vives, comes, respiras, en ocasiones coges, sientes placer, sudas, gimes, sientes los orgasmos, tienes un empleo, un departamento, las cosas que siempre te dijeron que serían y son importantes para ti, según todas las personas que quieren decirte como vivir, que pensar y que necesitar, pero no es suficiente y lo sabes. Nada es suficiente por ahora.

Tu vida es un caos, y como una mágica plegaria a esa deidad, los pasos de Laura los guía hacia ti. No la habías visto en veinticuatro horas, y no podías dejar de pensar en ella. Sigue con esa sonrisa tierna pero obscena que no puedes dejar de ver. No dices nada simplemente te quedas parada como una estatua esperando que milagrosamente tu respiración logre controlarse, todavía resuenan en tu mente esas palabras. Y tal vez, sólo tal vez, quiero ver ese delicioso culito tuyo moverse al ritmo de los beats. Y tal vez, sólo tal vez quisiera estrujarlo contra mi vulva. Ella tampoco dice nada, está simplemente ahí. Nadie de la oficina ha salido, quisieras que todos estuvieran aquí y librarte de la terrible frustración y tensión sexual que sientes simplemente al estar al lado de Laura. ¿Qué está pasando? Hace dos días parecía que Laura no sabía de tu estúpida e infeliz existencia, y ahora sientes que todo lo que hace es para llevarte al límite de tu sanidad mental y sexual. Sin embargo ella sólo está ahí, parada a tu lado ¡Es ridículo!

Al estúpido elevador se le ocurre llegar completamente vacío. Son las siete de la tarde un viernes de quincena y no hay ni una sola alma en el maldito lugar. Es un largo camino hasta el lobby. Laura entra primero que tú, y ahora no sabes si vas a subir o como una cobarde correrás por las escaleras como esa vez que traías simplemente la sabana que cubría tu sudoroso cuerpo desnudo ¿Bajas? Escuchas su voz pero no puedes contestar. Tu cuerpo respondió por ti, en un instante estás dentro de la estúpida caja de cristal sólo con Laura de compañera, las puertas se cierran y sientes que tu corazón está a punto de estallar, y lo único que puedes ver es tu reflejo en la parte metálica del elevador. Nunca has sabido de dónde proviene la habilidad de no demostrar tus sentimientos, el miedo, el dolor, la lujuria, el arrepentimiento, ninguna de esas sensaciones llega a tu cara, este momento no es diferente a los demás. Te recargas en la pared contraria a la puerta, simplemente te inclinas de forma que tu pie derecho esté completamente estático en el suelo y tu pie izquierdo logre elevarse y posar la planta de tu pie en la pared, esa pose te hace sentir que has ganado un poco de confianza, tan sólo si el golpeteo de tu corazón lograra tranquilizarse.

- No lo olvides, a las once. – Te recuerda Laura con un tono juguetón. Tú simplemente asientes con la cabeza y rezas por dos cosas, llegar con vida a tu casa y encontrar a Kirsch lo más rápido posible para poder ir al maldito lugar. El idiota había estado haciendo "labores amatorias", según él, bastante recomendables. No sabes qué significa eso, pero te das una idea, llegó al trabajo con un Apple watch de correa negra. Al verlo Theo sólo sonrió y le dio una palmada en la espalda. No dejas de pensar que lo que sea que esté haciendo lo hace bien.

- No lo olvidaré. – Dices de forma apática. En ese momento las puertas de elevador se abren en el maldito piso 17 y una legión de oficinistas suben a la estúpida caja. No sabes cómo pasó, pero ahora Laura está enfrente de ti, o mejor dicho, su espalda está delante de ti. Gira lentamente la cabeza para poder verte de reojo y sonríe, pero esta vez la sonrisa es diferente, está cargada de obscenidad, como si algo estuviera maquinándose en su mente. Antes de que las puertas se cierren, la pequeña rubia se está acomodando de forma en la que pueda posicionarse entre tus piernas. Sus maravillosas nalgas están literalmente rosando tu vulva, es lo más agonizante, sexualmente erótico y físicamente doloroso que has sentido en tu vida. Nadie nunca te ha hecho sentir que lo que deseas sea tan prohibido, nadie excepto Laura. Lentamente se mueve de forma sensual, arriba y abajo, despacio para que nadie la vea, lentamente para que el movimiento no sea notado por esa bandada de mediocres cretinos que tiene a su alrededor. Sus manos están sujetando tus muslos para poder poner más presión a sus caricias, la sensación es tan deliciosa que no te das cuenta de que tus ojos están cerrados y que tu respiración está un poco forzada, pero nada que llame mucho la atención. Laura sigue con sus movimientos, no crees poder resistir, y en realidad no te importa poder aguantar. Tu mano derecha viaja poco a poco hacia su muslo, pausadamente trata de llegar a su centro, puedes sentir lo caliente que está, pero de repente, una pequeña campana marca el final del viaje. Laura se aleja de ti rápidamente antes de que alguien note algo, sale del elevador y voltea a verte.

- Esta noche, no lo olvides. – Tú simplemente asientes. Estás completamente excitada y frustrada. Ves a Laura alejarse del edificio con un aire alegre, ves que se acerca a la torre humana que llama novia, se levanta en las puntas de sus pies y le da un delicado beso en los labios. Es todo tan irreal, hace menos de dos minutos estaba a punto de llevarte al orgasmo con sólo el roce de sus nalgas y ahora es como si la inocencia se personificara. Con ese pantalón marrón, esa blusa arena y sus pequeños flats cafés. Antes de que suba al carro ves que voltea y te lanza una sonrisa llena de superioridad que desearías salir corriendo tras ella, besarla y tomarla arriba del carro banco y en frente de su estúpida novia. Pero lo único que puedes pensar es ¿Quién es Laura? ¿Quién eres tú? Y lo más importante ¿Qué piensas hacer esta noche?

Logras llegar a tu departamento una hora después del encuentro con Laura, necesitabas tranquilizarte un poco, caminaste desde el metro hasta tu departamento, unos buenos y merecidos treinta minutos de ejercicio. Aún sigues caliente, aún la sientes contra tu cuerpo, aún anhelas tocarla, aún sigue siendo un reto. Sin embargo, ahora estás más calmada, llegas a tu departamento y lo primero que haces es revisar el refrigerador. ¿Quién hubiera supuesto que la tensión y frustración sexual causara tanto apetito? Como siempre no tienes nada en el refrigerados más que un six pac y un poco de mayonesa. Seguramente tendrás que ir de compras, pero eso lo harás después. Son las ocho de la noche y aún tienes algunas horas por matar. Buscas tu celular y marcas un número conocido, la otra línea suena dos veces y al tercer toquido una voz conocida responde.

- Carm-sexy ¿Qué puedo hacer por ti?

- ¡Oh eres todo un encanto! – dices con sarcasmo. – La fiesta, vamos a ir ¿no? – le preguntas esperando que esta noche no tenga ningún plan o trabajo. Aunque no lo quieras admitir, Kirsch ha sido parte de tu zona de confort, no quieres adentrarte a lo que probablemente no vaya a pasar sin siquiera una protección.

- ¡Por supuesto que vamos a ir! Bebidas gratis, muchachas gratis ¿qué más se le puede pedir a la vida? – Y esa retórica pregunta te hace cuestionarte todo de nuevo ¿qué más se le puede pedir a la vida? Que te devuelva lo que te arrebato en un principio, o por lo menos que te de una esperanza de que las cosas pueden ser mejor. Sales se tu ensoñación por la voz animada de Kirsch. – Laura me dijo que hicieron una apuesta en la oficina, que si llegabas tú todos se iban a cagar de la impresión. Esos malditos bastardos, un titulillo de una universidad de mierda y ya creen que pueden controlar el puto mundo. Todos son unos idiotas.

- Amén a eso. Wey ¿vienes a mi casa y de aquí nos vamos?

- O.k. pizza de peperoni. Deja abierta la puerta, llego en media hora o menos si el pizzero de la esquina está de buenas. El six de la semana pasada sigue ahí ¿no?

- Así es. – respondes con una sonrisa en la cara. Definitivamente no sabes cómo, pero Kirsch se ha convertido en tu mejor amigo. O por lo menos en tu compañero de borracheras. Él, al igual que tú, odian todo y a todos en este momento. Él, al igual que tú, se odian cada día más, pero es reconfortante pensar que no estás sola en toda esta locura que es la vida, que no eres anormal, que simplemente estás más al contacto de tus sentimientos, que no te mientes, que él no miente, que pueden odiar juntos. Él y tú contra el puto mundo. Por el momento.

Kirsch está viendo la televisión, aún no entiendes que tiene de interesante un "señor del tiempo" que al parecer está enamorado de la pequeña morena que lo acompaña a todos lados, no hace preguntas, pelea con cualquier cosa que se les avecine, y convenientemente siempre acaban en el Londres del siglo XXI. Pero él trajo la cena y otro six de cervezas así que no te quejas tanto. Sigues en tu cabeza, sigues pensando en lo que casi pasa en ese elevador, y otra pregunta salta de la nada, aunque sabes que estaba escondida en las obscuras formas de tu iracundo pensamiento. Si tienes la oportunidad hoy ¿tratarás de cogerte a Laura? ¿Serás capaz de formar una oración con más de dos palabras si la ves? ¿Podrás alejarla de su novia el suficiente tiempo para tomarla en tus brazos? ¿Ella querrá que la tomes? Ni siquiera el baño frío te ayudo a olvidarla, ni las seis cervezas que te has tomado hasta el momento. Dale el crédito que se merece a tus años de borrachera universitaria, ahora tienes una condición digan de asistente del Oktoberfest. Tienes que saber algo más de Laura, sabes que no es una persona de dos dimensiones, una persona que sigue las reglas nunca hubiera propiciado algo como lo que ocurrió en el elevador, ni te hubiera dicho las cosas que te dijo al odio. Es frustrante, es irritante, es un reto, y sabes mejor que nadie que una provocación que implique sexo con una persona de lo más apetecible no puedes ignorarla. Así que haces lo que mejor sabes hacer, te retraes y tratas de no pensar, te ha funcionado hasta el momento.

- Aun no entiendo tu fascinación por este programa. – Le dices a Kirsch durante el comercial.

- Pues, ya sabes, explotan el sentimentalismo humano, es fácil trata de descifrar el corazón si un extraterrestre es quien te acompaña en el viaje hacia la auto reflexión.

- Que intenso.

- Ya sé ¿creías que sólo era un montón de músculos, con lindos ojos y sonrisa estúpida?

- Algo por el estilo.

- ¡Agh! – te dirige una mirada herida. – Pensé que de todas las personas tú serías la menos prejuiciosa. La actitud de superioridad te ha penetrado hasta la médula.

- No es eso y lo sabes. – Tratas de mirar fijamente la televisión para que no note tu sonrojo.

- Es una broma, sé que eres diferente.

- Y entonces ¿por qué la obsesión por este programa? Hace dos semanas ni sabias de su existencia.

- Laura. – Dice sin ninguna emoción, pero al escuchar su nombre tu interés regresa a la conversación. Y tú pensando que emborracharte y hablar de cosas sin sentido te iba a ayudar a olvidarte de la rubia.

- ¿Qué Laura? – tratas de hacer la pregunta de forma apática, concentrándote en masticar y observar al tonto personaje de acento escoses que no para de hablar.

- Laura Hollis, la pequeña rubia que ha llamado tu atención desde hace unos dos meses. Esa Laura Hollis.

- ¡Ah! – pronuncias indiferente. – ¿Cómo la conociste?

- Se metió de oyente a la clase de literatura inglesa que tomaba, nos juntamos para hacer el proyecto de contextualización y análisis de Beowulf. Le gustan las cosas inglesas. Hace dos semanas me invitó a su casa, estaban pasando este programa y lo comenzamos a ver. O mejor dicho, yo lo comencé a ver, ella es una asidua fan desde el doctor ocho o algo así. Aún no comprendo esto en su totalidad.

- ¿En la universidad? – preguntas curiosa, Kirsch y tú fueron a la misma universidad, tenían amigos en común, tu hermano es su mejor amigo, se acostaron con la misma chica de la facultad de pedagogía ¿cómo es posible que nunca hayas visto a Laura Hollis?

- ¡Aja! – responde sin despegar los ojos de la pantalla en un tono acusatorio. – Mientras tú estabas por las nubes encumbrándote en tu precoz asenso a la fama académica, y tratando de cogerte a todas las chicas que parecieran salidas de una revista de moda; yo estaba haciendo amigos de verdad. – Sonríe, toma un sorbo de cerveza y ve tu cara desencajada.

- Yo… nunca la vi en el campus.

- Probablemente no. Ha cambiado mucho, de hecho parece que su evolución ha sido constante. Cuando entró era una adolescente típica, toda alegre, usaba colores pastel, lentes, el cabello lo tenías más largo y lacio, nunca la hubieras reconocido, y creo que no lo hiciste. Su cambio de personalidad y look comenzó cuando empezó a salir con Danny, tiene un buen tiempo ya, cuatro años. En fin, Laura era una virgen más en la escuela, conoció a Danny y floreció mientras las desfloraba, supongo.

- O.k – dices sin más y sigues masticando y bebiendo tu cerveza, ahora más que nunca, no puedes dejar de pensar en Laura Hollis.

- Creo que una vez te la presenté en una fiesta en la casa. Esas fiestas zetas eran épicas ¿no? – no respondes, sólo asientes con la cabeza, no recuerdas nada, si es verdad que Kirsch te la presentó simplemente no te acurdas. – Creo que esa noche estabas tan obsesionada con Betty que perdiste de vista toda la fiesta y fuiste en su busca. ¡Wey! El desmadre que dejaron en la habitación de Will fue impresionante.

- No recuerdo. – Dice con sinceridad. Escuchas la risa de Kirsch, es sincera y amable, no te juzga, no te hace burla.

- ¡Claro que no! Te bebiste la mitad de un barril de cerveza tú sola, aún estoy impresionado. ¿Has sabido algo de Betty? – pregunta interesado.

- Nada, desde que se fue en mi lugar, nada.

- Siempre fue muy egoísta.

- ¿SJ? – Preguntas sin querer, al momento que tus labios pronuncian esas dos letras te arrepiente.

- Siempre fue muy egoísta. – Es lo único que dice antes de regresar toda su atención al programa. La conversación ha acabado y lo sabes.

Son las 10:53 de la noche y no puedes dejar de ver tu celular. Kirsch está durmiendo plácidamente después de haber comido la mitad de una pizza familiar y haber bebido seis botellas de cerveza, dijo que quería estar descansado para tener un día productivo. Aún te estás debatiendo si llamar a Laura o simplemente despertar a Kirsch y dejar que él se encargue de los preparativos. No puedes dejar de pensar, si es que son amigos los dos ¿Por qué te dio su teléfono? ¿Por qué quiere que le marques? ¿Por qué no simplemente dejar que Kirsch llame? Haz perdido condición en estas artes de la sociabilidad, has perdido confianza en los misterios de la conquista, te has desviado y perdido en el camino de la vida, y esta circunstancia, aquí con el teléfono en la mano y el reloj marcando las 10:55 es otra muestra de lo descarrilada que está tu vida y lo difícil que te resulta ahora tomar una decisión. Kirsch parece estar sumido en la inconciencia, no va a despertar y lo sabes. Por un momento le agradeces a Bacco, pero sigues teniendo dudas, no puedes detener el sentimiento de desasosiego que te invade. Es sólo Laura Hollis. Te repites como si eso te ayudará a calmarte. Sin embargo, el hecho de que Laura haya tenido la capacidad de desarmarte y frustrarte al mismo tiempo es algo que te desconcierta. Si sólo es Laura Hollis, pequeña rubia con novia e inalcanzable ¿no deberías estar más tranquila sabiendo que nada puede pasar con ella? Pero esa pequeña rubia fue la que con muy poco pudor restregó sus deliciosas nalgas en tu cuerpo caliente y receptivo, como si supiera que es lo que necesitabas, como si supiera que tu pose desinteresada ante el mundo fuera una máscara, la cual, es ella la única persona que puede quitar.

Respiras profundo, recuerdas que lo único que tienes hasta el momento, así como tu odio hacia el mundo, es la gran fachada de superioridad que ni siquiera el golpe fulminante que te lazó la vida ha podido quitarte. 10:59, un minuto más y tendrás que enfrentar al destino. Un minuto más y escucharas su melodiosa y alegre voz, un minuto más para que esa armónica locución llegue de nuevo a tus oído. Presionas el nombre del contacto y después de un segundo comienza a sonar, Laura contesta, tu respiración se para por un corto momento, ruegas que no lo haya notado.

- Hola, Laura Hollis. – Contesta, como lo habías imaginado de forma animosa.

- ¿Laura? Es Carmilla. Me parece que me ibas a dar una contraseña, un lugar, 1,500 dólares y mucho alcohol. – Tu voz, sorprendentemente no muestra ni una señal de nerviosismo. Escuchas que Laura simplemente saca una risita discreta.

- ¡Vaya! Directo al punto. Pensé que me ibas a agradecer el viaje tan cómodo que te proporcioné hace unas horas en el elevador. Pero creo que no. Te mando lo que necesitas por texto.

- ¿Eso es todo? – Dices con sorpresa. En verdad no logras descifrar quién es Laura Hollis, o qué quiere contigo, pero hay algo en la forma en que su voz baja un tono que te hacer sentir escalofríos y excitación al mismo tiempo.

- ¡Oh vaya! He interesado a la única, original e inalcanzable Carmilla. ¿Quién lo hubiera imaginado?

- ¿No tienes una novia? ¿Esto es parte de otro de tus particulares planes para hacerme hacer lo que quieras? Porque si es así la tarifa va a subir. – Dices entre molesta, apática y herida.

- No, quería tener tu número, si quieres saber la verdad. Pero en algo tienes razón, tengo novia y no se vería muy bien de mi parte el pedirle otra chica su número sólo en caso de… que otras cosas puedan pasar. – Te responde en tono serio, no deja cabida a duda. Laura Hollis ¿quién eres? ¿qué quieres de mí?

- ¿Por qué yo?

- ¿Por qué no?

- Eso no me responde nada. – Dices un poco irritada, no sabes que hacer, entre toda la mierda que estás viviendo tienes que aumentar el gran misterio que resultó ser Laura Hollis y tus enormes ganas de descífrala, o por lo menos una parte de ella.

- Una lástima, pensé que estaba bastante claro, no con muchas personas tengo un viaje en elevador tan agradable. Te mando los datos en un momento. Dile a Kirsch que deje su ato en el estacionamiento de la gasolinera. Nos vemos en unas horas. – Sin más cuelga, dejándote con más incógnitas que respuestas. ¿Será que Laura Hollis es otra persona completamente diferente cuando está contigo? ¿puedes contestarte esa pregunta sin haber convivido con ella por más de dos viajes de tres minutos en elevador? Supones que ésta será la hora de sacar tus conocimientos humanistas y hacer un estudio exhaustivo acerca de Laura Hollis rodeada de personas que conoce, y Laura Hollis sólo contigo. Por lo menos algo interesante está pasando en tu vida. Por lo menos tienes algo por lo cual dejar un poco el hastió. Y si descifrar a Laura Hollis es lo que te va a ayudar a sobrevivir estos ocho meses que te quedan de reclusión, que así sea.

Kirsch está más emocionado que tú en este momento. Todo el camino habló de la nueva recepcionista del edifico de enfrente. Todo el camino planeó una estrategia de cómo llevarla al callejón que estaba detrás del almacén y tratar de que le entregara sus favores. Por supuesto que crees que Kirsch es capaz de eso y de mucho más. Incluso has sido testigo de sus formas de conquista. No eres ciega, Kirsch es un tipo guapo, simpático y muy atento, simplemente notas que este Kirsch que está a tu lado tiene un lado obscuro que suele llenarse con cerveza y sexo. Recuerdas al Kirsch de la universidad, era un caballero, algo lento en las clases, pero crees que todo se debía a su exnovia SJ, era tan demandante que todo un semestre Kirsch desapareció de la casa de los zetas y nadie podía encontrarlo, apareció el siguiente semestre, la luz de sus ojos azules jamás regresó, hasta el momento no ha querido hablar de eso ni con William. Por eso es que te llevas tan bien con él. Los dos simplemente están perdidos en el mundo y se encontraron en el camino de penas y amarguras.

No cabe duda que este rave a es uno de los más concurridos en el que has estado. Las palitos de las paletas de colores hacen una especia de alumbrado extra al obscuro lugar. Laura no mentía, es un almacén abandonado tan grande que seguramente aquí cabían dos máquinas de lo que sea que fabricaban en antaño. El bar está al fondo del lugar, puedes verlo desde la entra porque está en el segundo nivel. Las repisas están llenas de licores de varios colores, a un lado está erigido un monumento a la cerveza, la totalidad de la pared está adornada con botellas vacías de cerveza que llenaron con luces de colores pequeñísimas que hacen el lugar verse como un árbol de navidad. La luz negra y los intermitentes laser verdes que inundan el lugar son una maravilla. Es un almacén, pero algo hay en el ambiente que lo hace único. Por un momento empiezas a sentir que te mereces divertirte por una noche. Tienes todo para hacerlo, el porte, la disposición y la libertad. Un día o una madrugada en la cual puedas desentenderte de tu tan aferrado afán de autodestrucción no es malo. Sientes los beats que inundan tu cuerpo. En ese momento una larga mano te toma de la cintura, es Kirsch que trata de llevarte donde están tus compañeros de oficina. La mayoría no son mayores de treinta años y quieren desesperadamente sentirse libres, como tú, en este momento.

Mientas caminas puedes sentir las miradas de varias personas sobre ti. No te sorprende ni te inquieta, desde que tenías quince años has sido la receptora de miradas de lujuria a cada lugar a donde vas. Es divertido la mayor parte del tiempo, mientras todas las personas que te ven sueñan con poder tenerte, tú simplemente los ignoras, eso hace crecer tu halo de misterio y superioridad. Esta noche escogiste un outfit justo para la primavera asoladora que comenzó hace unas semanas, un short negro, tus botas negras, una blusa verde militar y debajo de ella una playera negra de tirantes. Sabes que el calor es insoportable en eventos como estos así que no dudas que tu blusa estará fuera de tu cuerpo en unos minutos más. Ves como varias chicas y chicos se detienen para verte a ti o Kirsch, él hizo todo lo posible para llamar la atención el día de hoy. Sus brazos torneados están libres al llevar una camisa blanca sin mangas abotonada sólo hasta el ombligo, dejando sus pectorales libres para que todos los puedan ver, unos pantalones de mezclilla flojos y a la cadera, el resorte de sus boxers negros se asoma sin pena, sus tenis negros son lo que completan la simple pero irresistible vestimenta. La mano de Kirsch lentamente se retira de tu cintura una vez que llegan al lugar acordado. Al parecer Laura sí había hablado con Kirsch antes de que tú le llamaras a ella. No sabes lo que está pasando en realidad, pero por hoy dejaras que eso no te impida divertirte y si tienes suerte encontrar a una chica que pueda mantener tu atención por unos minutos.

Tus compañeros de trabajo están impresionados, y tú más, nunca habías convivido con ellos en el trabajo, te das cuenta de que no te has perdido de nada. Lo que más te impresiona en la habilidad hipócrita que tienen al saludarte cuando te ven, todos pausaron sus conversaciones una vez que llegaste hasta ellos. Son unos veinte, no sabías que en la oficina trabajaran tantas personas, realmente nunca habías prestado atención a nada ahí. Todos te saludan y se presentan, no prestas atención, no te interesa quienes sean, todo se acabará pronto, ese martirio que tienes que sufrir terminará. Sin embargo, aún no has visto a Laura, por suerte logras escuchar una voz femenina que te comenta que algunas de sus amigas están en la pista de baile y regresaran pronto, o tal vez no, todo depende del humor, dice como si le importara que entendieras que aquí están para divertirse, sonríes de nuevo ¿qué puedes hacer?

Todo lo que escuchas son los beats que van incrementando en el ambiente. Un idiota de la oficina finge que para celebrar tu reciente unión a la "banda" todos tus tragos serán pagados por ellos. Cunado escuchas esto tu mirada no tarda en encontrar la sonrisa boba de Kirsch que esconde un asco tremendo al ver a esta tanda de falsos, pero como personas prácticas sonríen un poco y toman todos los tragos que puedan. Estás tan absorta en buscar a alguien con quien pasar la noche que por un momento has olvidado a Laura, sin embargo, el destino tiene otra broma cruel. Vez que una pequeña figura llena de vida se abre paso entre el gentío de la pista de baile. La pista es lo bastante amplia como para cubrir la mayor parte de la planta baja de la fábrica, todos los cuerpos que se mueven al ritmo de la música, toda la connotación sexual que sientes en el aire no son comparados, ni en lo más mínimo con la excitación que sientes al ver a Laura bañada en sudor, el cabello que cubre su frente está húmedo y se le pega sin solemnidad a la cara. Su cuerpo está envuelto en lo que parece ser la blusa rosa sin mangas más sucia de la historia, la tiene abierta hasta el nacimiento de sus senos y un sujetador negro se asoma de forma indecente, la mentada blusa tiene un nudo que la sujeta en la parte superior a la cintura, está siendo usada como una ombliguera que deja ver el suave pero torneado abdomen de Laura, sus caderas están cubiertas con un short corto de mezclilla azul y sus pies están protegidos por un par de tenis que combinan perfectamente con su blusa. Si la inocencia tuviera que tener una imagen recurrente, esta sería la figura perfecta. Lo que te salva de tu ensoñación son dos cosas, el leve codazo que Kirsch le dio a tus costillas para pasarte otra cerveza y la enorme deformidad en forma de persona que sigue a la pequeña rubia. Mientras más diriges tu mirada a Laura y a Danny, menos puedes ignorar el hecho de que la pareja parece ser perfecta. Danny no es fea, es bastante atractiva, tienes que confesarlo. Alta, piel blanca y cabello rojo. Su look de baby dyke hace que al estar al lado de Laura, en realidad se vean como una pareja que encaja a la perfección. Laura sonríe a toda la mesa, no te ha visto y esperas que siga así porque después de ver la interacción entre ella y su novia sabes que lo que sea que pasó en el elevador hace algunas horas jamás podría pasar si su novia se encuentra cerca. Pero de repente sus miradas se encuentra, y por un pequeño momento su linda sonrisa tierna se convierte en una de lascivia que no puedes negar que disfrutas con toda el alma maltrecha que tienes ahora.

- ¡Oh Kirsch, llegaron! – se dirige a tu amigo y le da un tremendo abrazo. Kirsch lo devuelve de la misma forma entusiasta. Después se dirige a ti con esa pequeña sonrisa libidinosa que tanto disfrutas. Sientes como poco a poco su cuerpo se va acercando al tuyo y desliza sus manos en tu cuello, rápidamente, como si fuera cuestión de vida o muerte tus brazos rodean su cintura y lo único en lo que te puedes concentrar es en su sudor y en la fragancia a vainilla que aún tiene a su alrededor. – Espero no decepciones – susurra en tu odio lo bastante fuerte para que puedas escucharla. Roza el lóbulo de tu oreja con sus suaves dedos y sus pechos están exactamente delante de los tuyos y sientes como sus pezones rozan con los tuyos. Si la tentación no estuviera representado por una serpiente y una manzana, Laura Hollis sería la perfecta imagen, pero parece que ahora todas tus imágenes tiene la forma de Laura Hollis. Se separa y se dirige al lado de Danny, los presenta, al parecer Kirsch y Danny ya se conocían, pero tú y ella no, estiras la mano para saludarla y ella la toma con demasiada fuerza, crees que es una forma de marcar su territorio en lo que se refiere a Laura, pero ¿qué puede hacer ella cuando es la misma Laura la que literalmente está cayendo a tus brazos y a otras partes de tu cuerpo? Inclinas la cabeza para hacerle saber que has entendido el mensaje, Danny simplemente retira su mano y le dirige toda su atención a Laura. – Bueno – dice dirigiéndose a toda la mesa – bebamos y bailemos ¿no? – todos tus compañero vitorean lo que acaba de decir la pequeña rubia. En realidad Laura es el alma de la fiesta y ella lo sabe. Sabe que mientras más alegre la noten no se concentraran en esa otra parte de su personalidad que simplemente parece que despierta cuando tú estás cerca, un paso más cerca a la comprobación de tu hipótesis. Tomas tu cerveza y simplemente caminas alrededor del almacén. Mientras te alejas del grupo sientes una mirada que te sigues, sabes que si volteas tus ojos se encontraran a los de Laura, es tu forma de que Laura no comprenda lo que está en tu cabeza, aunque tu cuerpo esté cien por ciento dispuesto a caer en las redes de Laura Hollis.

Has pasado la mayor parte del tiempo entre varios pares de brazos de chicas que han bailado alrededor de ti. Todas son bonitas, rubias, morenas, pelirrojas, altas, bajas, no importa, todas te están prestando atención y es lo que más puedes pedir ahora que parece que Danny y Laura se están fusionando en la pista de baile. No puede apartar tus ojos de ella, ella no puede apartar sus ojos de ti, es un estúpido juego del gato y el ratón que estás dispuesta a jugar hasta que alguna de las dos caiga.

- - ¿Carmilla? – escuchas una voz que te llama, amablemente le vas a pedir que te deje en paz y que si no has llamado es porque en realidad no te interesa.

- - ¡Oye! – tus palabras mueren antes de salir. – ¿Laf? ¿Qué haces aquí?

- - Bueno, es mi antro. – Sonríe de forma orgullosa.

- - ¿No es cierto? – Dices incrédula – ¿no te habías casado y perdido la habilidad de divertirte?

- - ¡Oye! – Escuchas la queja aguda de otra mujer – eres odiosa ¿sabías?

- - ¿Perry? – abrazas a las dos pelirrojas. Te da un gusto genuino verlas, en la universidad fueron de tus mejores amigas, simplemente que ante los acontecimientos del año pasado desapareciste se sus vidas.

- - Lo mismo digo. – Laf responde en tono alegre. – Laf, Perr. – Escuchas la voz angelical que está invadiendo tus pesadillas. Laura se dirige hacia donde están ustedes seguida muy de cerca de Danny.

- - ¡Hola! – Saluda Perry con entusiasmo y nos presenta.

- - ¡Oh, no te preocupes! Carmilla y yo trabajamos en el mismo lugar, ya nos conocemos.

- - ¡Oh! – es lo único que sale de los labios de Perry antes de dirigirte una mirada de desaprobación.

- - Oye, Danny, tengo que mostrarte otra bebida, esta vez vamos a tener que hacer uso del cuarto de servicio, ya lo verás. – Laf arrastra a Danny hacia el bar, Perry las sigue, no sin antes mandarte una mirada maternal de reproche. – ¡Hey, Laura, Carmilla, diviértanse, sabes dónde encontrarnos ¿No, Laura? – escuchas a Laf gritar mientras arrastra a los dos pelirrojas a al segundo piso del almacén.

- - Sí. – Es todo lo que sale de su boca al tiempo que te toma de la mano y se dirige a la pista de baile. Laura no se detiene hasta llegar exactamente al extremo contrario de donde están tus compañeros de trabajo. Los beats suenan de forma lenta al principios, el cuerpo de Laura poco a poco se acerca hacia a ti, no sabes muy bien que debes hacer, pero sabes lo que quieres hacer, tus manos se dirigen sin pena a la cintura de Laura y la sujetas de forma fuerte, tu pierna derecha se posiciona entre sus piernas y logras sentir directo en tu muslo lo caliente que está el centro de Laura. La mirada lasciva de la pequeña rubia regresa a sus labios, esta vez pone sus brazos sobre tus hombros tratando de acercarte lo más que pueda a ti, sientes su respiración en tu oído, su sudor poco a poco comienza a mezclarse con el tuyo, tus manos viaja de su cintura a sus nalgas y puedes estrujarlas como habías pensado desde aquel día en el elevador.

- - Vámonos de aquí – le dices al oído mientras tus manos toman con fuerza su trasero y frotando su vulva con fuerza en contra de tu muslo.

- - No. – es lo único que contesta. – Su vulva está rozando sin ningún tipo de temor con tu muslo.

- - Es lo que quieres ¿no? Que te coja, es lo que has querido desde hace varios días. – le susurras al odio, esto hace que sus movimientos se vuelvan más frenéticos.

- - No.

- - ¿No? ¿estás segura? Mi muslo está tan húmedo que prueba lo contrario. Bésame. – Separas un poco tu hombro de su cara.No. – Es lo único que repite. No sabes que más hacer, quieres que esta tortura se detenga, pero al mismo tiempo la estás disfrutando como nunca. Si te vas en ese momento no sabes lo que pasará, no sabes lo que va a pasar si te quedas, no sabes nada. Es una constante en tu vida en estos momentos. De lo único que tienes certeza es que Laura Hollis, la novia de Danny está restregando su húmedo clítoris en tu muslo y es lo único que te importa. De repente, sientes que para y un pequeño temblor le recorre el cuerpo. Te abraza con más fuerza y besa tu cuello. – No decepcionas. – Es lo único que dice antes de dejarte sola en la pista de baile con una frustración del tamaño del mundo. ¿Quién eres Laura Hollis? Es lo único en lo que puedes pensar.