Antes de que puedas decir lo incorrecto pero gratificante que toda esta circunstancia te hace sentir, tus pasos se dirigen al gran ventanal. Siempre te han gustado los miradores, esa sensación de poder ver todo y que nadie te vea te da una cierta ventaja, o eso piensas. Sabes que los ojos de Laura te están siguiendo, los pueden sentir traspasando tu nuca y llegando directo a tus nervios. Pero la vista, eso es lo que te interesa en este momento. Se encuentran es un décimo piso, son las diez de la mañana y el parque que está enfrente es lo más verde y hermoso que has visto hoy. ¡Claro! Sin contar a Laura. El viento sopla de forma tan sutil que el movimiento de las hojas de los arboles es casi nulo, pero tú sí lo logras ver ese vaivén que se nota tan insignificante, es lo que te recuerda que la vida sigue. Por fin, hoy, aquí, con la persona que despierta todos y cada uno de tus deseos más lascivos, recuerdas, viendo ese verdor tambalear en las ramas, que vives, que respiras, que seguirás adelante. No es mucho, pero es un inicio.

- Ven. – Te dice Laura sacándote de tu ensoñación. Estira la mano y espera a que la tomes, lo haces y te recuestas a un lado de ella. Rodea con su brazo tu cintura y recarga la cabeza sobre tu hombro, comienza a jugar con la playera que llevas, la cual es corta y cuando alzas tu brazo derecho para ponerlo debajo de tu cabeza, se alza. – No sé tú, pero creo que debemos de pensar en un sistema que nos permita trabajar.

- ¿De qué hablas? – preguntas con inocencia. Estás deprimida, no pendeja. Desde que pusiste un pie en el departamento tu mente se ha enfocado en una cosa, desnudar y probar a Laura Hollis.

- Carm – pronuncia tu nombre mientras sus labios viajan a tu cuello. Sabes que poco puedes hacer para pelear contra de lo que te hace sentir tan bien. – Tenemos que trabajar. – Llegó a ese lugar que te hace enloquecer, y que al parecer Laura encontró por puro instinto. Sus labios se posan entre tu oreja y tu mandíbula, está succionando lenta y dolorosamente. No puedes evitar estirar un poco el cuello del lado contrario para que pueda tener más acceso. Aún no logras comprender como es posible que hayas tenido sexo en la sala de fotocopiado y todavía no puedas besarla.

- Ya, entiendo lo que dices ¿qué quieres hacer?

- Un plan. – Besa tu mandíbula y vuelve acomodar su cabeza sobre tu hombro.

- Te escucho – Tus dedos comienzan a trazar líneas en el antebrazo que está encima de tu abdomen, sus dedos juegan con tus abdominales, todo está tan en calma que sientes que esto era lo que te hacía falta, pero no en realidad, no es todo y tú lo sabes.

- Pues podemos trabajar ocho horas de lunes a viernes y cuatro los sábados, eso nos ayudaría en el tiempo que no tenemos que perder.

- O.k y ¿qué haríamos las otras cuatro horas del sábado? – Sólo preguntas por preguntar, en realidad no esperas una respuesta, sabes que Laura tiene novia y probablemente no estés dentro de sus planes, más allá de ser un objeto sexual, no hay nada entre ella y tú.

- Hay un centro de entretenimiento y al parecer mil películas. Podemos acomodarnos con eso. – No dices más, sólo sonríes, sabes que dentro de poco la responsabilidad las clamará y este momento romántico y tranquilo desaparecerá. Laura Hollis, la mujer de las mil caras, de los interminables puntos de vista, Laura Hollis, a quien quieres conocer, no importa qué.

Laura planeó los próximos cinco meses con lujo de detalles. De diez de la mañana a dos de la tarde trabajaran sin descanso. De dos a cuatro, la hora de comer, y de cinco a siente, más trabajo. Los sábados de diez a dos adelantar un poco. De dos a seis, las posibilidades son infinitas. Siete horas de lunes a viernes, en las cuales la única interacción que tendremos serán los ocho volúmenes de estudio histórico-filosófico-periodístico, los sábados por cuatro horas, más investigación y un dolor de cabeza increíble en la traducción de cuestiones academicistas para el mundo, algo más simple pero con el mismo impacto intelectual. ¡Pan comido! Y tu gran pregunta, no es cómo van a tener listo el trabajo en cinco meses, sabes que entre las dos pueden terminarlo en menos tiempo, o por lo menos eso quieres pensar. No, lo que te está matando es ¿cómo vas a poder trabajar con Laura, a solas y no tratar de tomarla carnalmente en todas las superficies del departamento? Eso es lo que en realidad te interesa saber.

Estás sentada en el comedor del departamento que servirá de escritorio los próximos 153 días. 153 días en los cuales no podrás hacer nada más que ver trabajar a Laura, y fingir que tu ropa interior no te molesta por lo mojada que estará. Así que estás a la espera de que Laura comience lo que parece ser el proyecto más importante de la vida de todos. Y tu único interés en realidad es tener la oportunidad perfecta de besar, hasta que el aire te falte, los labios de Laura. La pequeña rubia está inmersa en la introducción del primer volumen del trabajo. Te pidió que revisaras los índices de los demás volúmenes para separar el trabajo que debe hacer ella y tú. Hasta el momento has podido ponerle atención a la primera página del segundo volumen, el índice, esa cosas alineada con numeración de páginas que te dice dónde encontrar lo que te interesa, o de lo que está hablando el autor, esa parte, no has podido pasar de ahí, porque en lo único que estás poniendo atención es en la forma en la cual Laura se muerde el labio inferior cada vez que algo importante surge en el texto. Lo más vergonzoso es que han pasado cuarenta y cinco minutos desde que empezaron a trabajar y tú simplemente no puedes concentrarte en la cosa más mundana de la faena ¡el puto índice! Laura alza su mirada y eso te toma por sorpresa, simplemente sacude la cabeza de un lado a otro y sigue leyendo. Sientes que te está leyendo tan fácil como un manual de "Frustración sexual para dummies", pero no puedes evitar nada de lo que te está pasando, o lo que estás sintiendo. Laura te recordó que toda esa parte que creíste muerta de tu vida, no lo está. Que deseas cosas, que tu vida te interesa, que este proyecto también es importante para ti, es regresar a donde te sentías cómoda, hacer lo mejor que sabes hacer, leer, aprender, escribir, editar. Y todo esto es bastante incómodo. Solías pasar horas y horas enfrente de una computadora que apenas podía funcionar, revisando estupideces de gente que cree que tiene algo que decir, porque mágicamente algún patrocinador le pago la edición. Pero esto no es así, esto es algo serio, y lo sabes, algo que puede ayudar a las personas a crearse una opinión de todo lo que les pasa en la vida, sabes que esto está más allá del simple ego; que siendo realistas, no es que los investigadores académicos carezcan de él, al parecer son las personas más ego-maniacas que conoces, pero el trabajo que hacen justifica su altanería, hasta cierto punto. Cómo no vas a saber de eso si tú misma estabas ahí, en ese camino. Pero Laura Hollis y su linda cara, con su exquisito cuerpo, que tan sólo hace unos minutos estaba atrapado en tus brazos, te hacen dejar de pensar en toda la sociedad en su conjunto, estás siendo llevada cada vez más y más cerca de la trampa sexual e individualista que sabes que entorpecerá tu trabajo. ¿Eso te importa? ¡Claro que no! Nada de eso te importa, sólo tienes una meta este día y no es trabajar. Notas que Laura se levanta de su asiento y camina hacia donde estás tú.

- No estás haciendo nada. – Dice mientras se sienta en tu regazo. Y tu cerebro simplemente muere en el acto.

- Sí. – Le respondes mientras tu mano se posa en su cintura, volteas la vista al libro que has tenido abierto por más de cuarenta y cinco minutos en la misma página.

- O.k, entonces dime ¿Cómo nos vamos a dividir el trabajo? – No tienes una respuesta, no tienes nada, simplemente sigues con la vista en el libro. – O.k, no tenemos nada entonces.

- Tú tienes el primer volumen listo, podríamos empezar por ese.

- ¿Ah sí? Y exactamente cómo vamos a hacer eso si la otra a mitad del equipo está completamente concentrada en mí. - No te esperabas esa respuesta tan directa. Un poco de juego, de coquetería, por supuesto, pero esa afirmación tan tajante, nunca.

- No sé, algo se nos ocurrirá. – Comentas mientras tu mano viaja peligrosamente cerca de su muslo, lo acaricias lentamente, la pequeña rubia rodea tu cuello con sus hombros, de nuevo ese aroma a vainilla inunda tus fosas nasales. Colocas tu otra mano sobre su abdomen, debajo de su blusa, te sorprende lo torneado de sus músculos y eso te excita cada vez más. Pero notas que Laura no está haciendo ningún movimiento más que mantener sus brazos en tus hombros, y presionar su cabeza contra la tuya. Y enseguida lo notas, Laura Hollis está concentrándose en el libro que está frente a ti y no en tus caricias, y eso hiere tu ego de forma fulminante, incluso tu libido para de forma abrupta. Quitas tus manos de su cuerpo y esta vez sí pones atención a lo que debes de hacer en vez de fantasear con la rubia que sigue en tu regazo. No todo está perdido, por lo menos Laura sigue junto a ti.

- Podríamos trabajar por capítulos ¿ya viste? Este volumen está mejor planeado que el primero. Por lo menos este sujeto trató de hacer la vida un poco menos difícil.

- Sí. – Le respondes sin ningún ápice de ánimo.

- Carmilla. – Pronuncia tu nombre directo en tu oído, su respiración hace que sientas un cosquilleo en todo tu cuerpo, y mágicamente vuelves a estar en un infierno erótico. – Sabes que tenemos que trabajar, vamos a hacerlo, es temprano aún, por lo menos tenemos que tener un plan para hoy.

- O.k. – Es lo único que dices. En tu voz no se nota, pero sentir la respiración de Laura sobre tu cuello y oreja te está matando lentamente.

- No podemos simplemente coger en todos los cuartos de este departamento.

- Y en todas las superficies. – Dices antes de darte cuenta de que ese comentario salió de tu boca. Laura se incorpora para verte a los ojo. La lujuria de sus pupilas refleja la tuya. De nuevo sus labios están sobre tu cuello, tus manos en su cintura y las sensaciones escalan a niveles agonizantemente frustrantes.

- Debemos trabajar.

- O.k. – Tomas la iniciativa está vez, sueltas la cintura de Laura y haces que se levante, te levantas de tu asiento, tomas su mano y la diriges a la sala. La sientas en el sillón de una pieza, y comienzas a desabotonar sus pantalones. – No eres la única que puede venir y cogerme cuando quiera ¿sabes? No me importa que tengas novia – comienzas deslizar sus jeans sobre sus piernas – y creo que tampoco a ti te preocupa mucho eso. No creo que te importe nada en realidad. Cogerme al lado de Danny, eso ha sido lo más erótico que he hecho en mucho tiempo. – Dices mientras tomas los extremos de su ropa interior y los bajas lentamente por sus piernas. – Y ahora aquí, en un lugar en donde nadie nos puede molestar, las dos solas ¿sabes que fue lo primero que pasó por mi cabeza cuando entre aquí? – Laura te ve directamente a los ojos, sus pupilas están tan dilatadas que sabes que no hay nada de malo en lo que estás haciendo. Por lo menos nada despreciable entre Laura y tú, la situación cambia si te enfocas en que tan moralmente reprobable es que alguien engañe a otra persona, y la culpa del tercero en todo ese asunto. Pero eso sale de tu cabeza, ahora sólo es Laura, tú y la lujuria compartida.

- No. ¿Qué pensante? – No puedes creer lo tranquila que está Laura en este momento, ni lo altiva que se muestra. Literalmente está semidesnuda enfrente de ti, sus labios expuestos en todo su mojado y delicioso esplendor. Y aun así tiene la osadía de formular preguntas.

- Que quería que Theo se largara para poder comerte toda, probarte, cogerte hasta que olvidaras tu nombre. – Laura sonríe, no es su típica pose de altives, es más bien un gesto de aprobación. Tus labios se secan completamente, te incas enfrente de Laura, colocas tus manos sobre sus rodillas y poco a poco subes por sus muslos. Sonríes porque el aroma de Laura se impregna en tus fosas nasales, ya no es el característico olor a vainilla, ahora es un olor más penetrante, dulzón pero salado al mismo tiempo, te encanta.

- Para ser honesta. – Te responde mientras abre sus piernas para dejarte ver el húmedo camino hasta su lujuria. – No pensé que durarías tanto tiempo sin tocarme. – Suspira mientras tus labios besan su rodilla, y siguen la ruta trazada por tus manos, las cuales están a pocos centímetros de sus relucientes labios. – Las dos solas, en un gran departamento, sólo era cuestión de tiempo. – Detiene sus palaras cuando la punta de tus dedos comienza a masajear su húmeda vulva. – Te estás esforzando, eso es seguro.

- Puedo esforzarme más, si me dejas, prometo no decepcionar.

- ¿Qué quieres hacer? – Te pregunta mientras tus dedos vagan lenta pero rítmicamente sobre su vulva.

- Quiero besarte. – Piensas pero no se lo dices. Es increíble la necesidad que los labios de Laura te despiertan, han tenido sexo dos veces ya, tres si cuentas ésta, pero por alguna extraña razón besarla se ha convertido en toda una obsesión, ese pequeño beso que te dio en la sala de fotocopiado sólo sirvió para desearla más. Pero no lo dices, no puedes decirlo, tus dedos están cada vez más cerca de su entrada, sientes todo, su calor, la humedad, su olor, imaginas su sabor. Pero estando ahí arrodillada frente a ella no necesitas decir nada, simplemente lo tomas. A la mierda lo del esfuerzo, tu ahínco se concentra en ella. Acercas tus labios y la devoras con todo lo que tienes. – ¡Carm! – Su gemido te anima a seguir. Tu lengua traza el contorno de sus labios, están húmedos y saben a Laura, un poco dulces, un poco salados, pero el sabor te fascina. Quieres hacerla pagar por todo lo que te ha frustrado, por la forma en la cual te seduce, y por no poder tenerla cuando quieres, si no cuando puedes. Hoy es tu día.

- ¿Quieres que te coja? ¿Eh? – Le preguntas mientras levantas tu vista y notas que se está mordiendo el labio inferior y su respiración se entrecorta, exhala por la nariz de forma inconstante. La punta de tu dedo medio está empujando poco a poco en su entrada. Quieres tenerla, necesitas hacerlo. Pero quieres oírla decirlo, sabes que lo quiere, pero necesitas una afirmación, escuchar su voz.

- Sí – Es todo lo que necesitas oír. Tu lengua regresa a sus labios, pero esta vez te ayudas de tus dedos para abrirte paso y saborear la bella protuberancia llena de sangre y lascivia que es su clítoris, lo tocas delicadamente con tu lengua, le das unas pequeñas palmaditas, sólo puedes escuchar la respiración entrecortada de Laura, pero necesitas más, necesitas que te diga que hacer, saber que está ahí contigo, que no imagine que eres Danny, eso te fulminaría, acabaría con la poca confianza en ti misma que has logrado ganar.

- Creo que no te estás esforzando Laura. – Logras levantarte de tu lugar. No sabes de dónde has sacado las fuerzas para poder parar de lamer a Laura, pero lo consigues, te das la vuelta le das la espalda, no logras ver su rostro, lo imaginas rojo y frustrado, y sonríes para ti.

- No, no pares ¿Qué quieres que haga? – Y de repente los papeles se intercambian. Laura Hollis, la mujer que puede hacer que hagas todo lo que ella quiere se está entregando a ti, o por lo menos una parte de ella.

- Dime que quieres que te haga. Dime como te mueres de ganas de que te coja, de que te chupe toda, de que te mame las tetas hasta que te duelan, dime que me quieres a mí, ahora, aquí. – Nunca en tu vida habías sentido la necesidad de poseer a alguien de la forma tan vehemente. Te asusta, no sabes que está pasando con tus sentimientos ni con tu razón. La necesitas a ella, punto, necesitas que te quiera, aunque sea de forma carnal.

- O.k, o.k, puedo hacerlo. – Sientes que dice esas palabras más para ella que para ti. Esperas, no volteas, no sabes cómo controlarte y menos con Laura delate de ti, con su hermosa vagina al aire y sus labios húmedos de deseo. La puedes oler incluso a la distancia y tus labios se secan más de lo que ya están. Escuchas que se mueve, algo cae, pero sigues con tu mirada fija a la ventana, al parque, a esa hoja que se mueve de forma lenta. Y después, una pequeña mano toma la tuya, es Laura completamente desnuda delante de ti, su mirada tierna, sus mejillas rojas, y sus pupilas dilatadas. No te dice nada, te guía hacia el sillón doble, se acuesta, está completamente a tu merced, pero tú necesitas algo más que su cuerpo, sus palabras, esa demostración de que no piensa en nadie más que en ti, sólo en ti, aunque sea una ilusión y un momento, aunque sólo sea carnal, aunque no la puedas besar.

- Creampuff, te ves deliciosa, pero si no hablas, no podré hacer nada. – Sigues parada delate de ella completamente vestida. No habla, sólo te mira, parece que está teniendo una lucha interna, suspira, te ve directo a los ojos, mueve un poco sus labios, pero no hay sonido. Poco a poco tu lujuria se va desvaneciendo. Piensas que tal vez Laura no te quiere a ti, sólo quiere sexo, y eso lo puede tener con cualquiera, incluso con Danielle Lawrence. Y eso lo entiendes, pero no puedes permitirte sentirte más mierda de lo que ya te sientes. Sólo sacudes tu cabeza y das un paso hacia atrás. Esto es una pérdida de tiempo, piensas.

- Quítate la ropa. – lo dice tan quedo, que al principio no logras comprender que está diciendo. Pero después lo registras, es una orden, es lo que quiere, y te lo está diciendo a ti. – Rápido, Carm, quítate la ropa, toda. – Ahí está esa voz de mando sin límites que te encanta escuchar en Laura. Pero esta vez vas a tratar de ganar la batalla. Has perdido dos. O mejor dicho, no has podido dominar dos, ahora vas por todo. Por ella. Te quitas la ropa de forma lenta, la mirada lujuriosa de Laura te dice que te apresures, pero tú tienes tu propio ritmo, pausado, agónico, algo que no olvide, que recuerde que eres Carmilla Karnstein. Logras deshacerte de toda tu vestimenta y esperas paciente, o lo mejor que te deja tu excitación, la siguiente orden de Laura. – De rodillas – Lo haces sin discutir. – Querías lamerme toda ¿no? Hazlo, sin manos, sólo tus labios y tu lengua. – ¡Oh y claro que lo harás! Pero no sin antes establecer una pequeña regla.

- Todo lo que quieras, pero tienes que decir mi nombre después de cada orden, sino, se acaba el juego. Nada de apodos cariñosos, mi nombre después de lo que quieras que te haga, sólo estamos tú y yo aquí, sólo yo te puedo hacer sentir bien ahora. Sólo yo, puedo darte todo el placer que mereces, sólo yo y nadie más. – Sonríes al ver como sus ojos se obscurecen con cada palabra que sale de tu boca. Sabes que está mal, que la mentira en la cual estás entrando de forma tan alegre y acelerada llegará a explotar en tu cara. Que no es verdad que seas la única persona que pueda hacer sentir a Laura tocar el cielo, tiene una novia, una novia estable. La cual conoces, y no lo puedes sacarte de la cabeza. Te cogiste a Laura a un lado de su inconsciente cuerpo ¿cómo olvidas eso?

- Carmilla – dice de forma dominante – lame, ahora, Carmilla, lámeme ahora. – Y lo haces, acercas tu cara a sus labios brillantes de excitación y tu lengua plana saborea toda la humedad de Laura. Te encanta el sabor, te encanta escuchar sus gemidos. Pone su mano sobre tu cabeza y presiona fuerte, escuchas su respiración entre cortada, sus pequeños gemidos. Quieres hacer más que sólo lamer el contorno de sus labios pero necesitas que ella te diga que quiere que le hagas. Es sumisión, lo sabes, pero al mismo tiempo tú tienes el control. Descontrolarla te da poder, escuchar su voz te hace sentir que sólo tú puedes contra cualquier cosa, y eso es algo que necesitas sentir, poder, un poco, aunque sea simplemente de este tipo. – Más rápido Cram, separa mis labios con tus dedos y chupa mi clítoris. – Y haces justo eso. Te vuelve loca sentir la humedad de Laura chorreando por tu barbilla. Juegas un poco con su clítoris, pequeñas lamidas rápidas antes de encerrarlo por completo en tus labios. – Carm, más fuerte… más fuerte. ¿Lo sientes? ¿Eh? ¿Sientes como palpita mi clítoris? Es sólo por ti Carm. Me vuelves loca, quiero cogerte en todas partes, quiero que me cojas a todas horas. ¡Carm! – Las palabras de Laura tiene el efecto deseado. No puedes contenerte, chupas lo más duro que te permiten tus labios, con cuidado de no lastimarla, pero parece que el dolor no es importante, ni para ella ni para ti. Sus uñas se clavan en tu desnuda espalda, y lo único que puedes haces en chupar más fuerte. Todo es tan erótico, tan sensual, tan prohibido, que tu esfuerzo se ve recompensado. – Carm, méteme los dedos. – Sientes la suavidad de su vagina, lo húmeda que está, lo apretada que se siente, los pequeños espasmos que acompañan cada salida y entrada. Y de repente, sin avisar, Laura grita tu nombre, y eso hace que tus cuidados se vuelvan más agresivos, tus dedos entran y salen con más furia, tus labios aprietan con mayor fuerza su pequeño bulto de nervios. – Cógeme Cram, más duro, más duro… ¡ah! ¡Ah! Así, no pares, no pares. – No lo haces, te entregas al olor, al sabor, al chorreante deseo de Laura. Y de repente, el cuerpo que está delante de ti se tensa y un gemido estridente con tu nombre sale de los labios de la pequeña rubia. Lo hiciste, Laura se entregó a ti, hizo lo que le dijiste, y esa pose de éxtasis que muestran sus cejas apretadas y sus labios entre abiertos, es lo único que te interesa en esta vida, por el momento. – Wow… eso… wow… mmmm… - sus palabras son monosílabos que se escuchan adorables, su respiración está entrecortada y agitada. Sus mejillas siguen rojas, una tenue cortina de sudor se posa sobre su frente, debajo de sus senos. Una coqueta gota de sudor viaja desde su garganta hasta su obligo. Laura Hollis fue tuya, pero te sientes vacía, o tal vez sólo frustrada, o tal vez sólo estás caliente y no puedes dejar de pensar en… Laura.

- ¿Te gustó? – Preguntas con ansias. Sabes que le gustó, por supuesto que sí. Tu barbilla escurriendo de sus jugos es muestra clara, pero quieres escucharla decirlo. Por alguna extraña razón que no comprendes has desarrollado toda una obsesión por las palabras sensuales que salen de la boca de Laura Hollis, aunque sean simplemente monosílabos, aunque sean descoordinadas, es Laura la que te habla, y eso es suficiente.

- ¿Me gustó? Creo que no he tenido un orgasmo tan fuerte en mi vida.

- ¡Oh! – sonríes porque eso te alienta. Ni Danielle puede hacerla sentir como tú, por lo menos tienes eso a tu favor. Si los sentimientos no están ahí, por lo menos tienes una respuesta carnal, que en los próximos cinco meses, Laura Hollis va a pensar en ti en algún momento. Te levantas y comienzas a buscar tu ropa. Ahora que la diversión ha terminado, deben trabajar, ese, crees, era el trato.

- ¿Qué haces? – Te pregunta Laura aún recostada en el sillón, con las piernas abiertas, tanto que puedes ver como las últimas gotas de su lujuria se deslizan por sus labios.

- Me visto, no creo que podamos trabajar en estas condiciones. – Señalas sus cuerpos desnudos – ¿o sí?

- Carm, ven. – Palmea el lugar junto a ella. Tú simplemente obedeces, con todas las hormonas que están llegando a tu cabeza, sabes que es poco probable que puedas hacer cualquier cosa. – Creo que no hemos terminado con este asunto – Te dice mientras se levanta del sillón y se arrodilla delante de ti. No sabes que hacer. Bueno, tienes una idea muy clara, pero aún dudas. – Sabes, si no abres las piernas es muy poco probable que te chupe toda hasta que te haga venirte… más de una vez. – Esas palabras, combinadas con su mirada dirigida directamente a tu vulva te hacen rendirte. Abres las piernas y en menos de una centésima de segundo, Laura está pegada a tu clítoris como un recién nacido a las tetas de su madre. Es la sensación más erótica que has experimentado. Sus labios están prácticamente pegados a tu clítoris, está chupándolo tan fuerte que escuchas los pequeños sonidos que salen de su boca. Tu respiración se entrecorta, sientes que en tu frente comienza a formarse una capa de sudor. Sientes el calor que emana de tu cuerpo, y el bulto de nervios que Laura tan frenéticamente está mamando. Sientes que tu vagina comienza a contraerse y sabes que vas a llegar al final muy rápido. Tu respiración te delata, estás segura que en cualquier segundo tu cuerpo no aguantará más y, de repente, Laura se separa del lugar donde estaba. No puedes creerlo, sabes que la mujer es cruel, pero no sabías cuánto. – No Carm, tenemos un trato. – Comenta mientras acaricia tu vulva, tan delicadamente que apenas y lo sientes. – Yo digo lo que quiero que me hagas y tú lo vas a hacer también. O esto se acaba ¿está claro?

- Sí. – No dudas y comienzas a hablar. – Chúpame los labios, con cuidado, no vayas directo a mi clítoris, quiero disfrutar esa pequeña boca. – Y lo hace, ahora es simplemente cuestión de seguir hablando y sabes que podrás venir como quieras y las veces que quieras. – Laura, usa tus dedos, primero uno… así, despacio, despacio ¡ah! O.k, curvéalo un poco… bien, sigue. Mete el otro… o.k, deja mis labios, sólo con tus dedos… veme… veme Laura ¿quién soy, bebé? ¿Quién soy?

- Carmilla.

- Eso, así… recuérdalo. Más rápido Laura, más profundo… ¡ah!... así… sí…

- Quiero probarte… déjame probarte

- O.k, sigue el ritmo con tu lengua, sólo tu lengua, no uses los labios. – Nunca habías sentido algo más poderoso que esto. Laura hace todo lo que le dices. Y si pensabas que era perfecta antes de esto, ahora lo afirmarías delante de quien sea. – Bien, bien… así bebé… ahora, usa tus labios Laura, no dejes de mover tus dedos, o.k. Rápido y fuerte, mama rápido y fuerte… así… así… ¡oooohhh! No te detengas… ¡ah! ¡Dios! sigue… mmmmm… sigue… ¡Ah! Usa los labios, o.k… más fuerte… ¡aaaahhhh! Me voy a venir… - Todo tu cuerpo se tensa, Laura continua lamiendo tu clítoris sin darle tregua mientras te vienes. Sus dedos no dejan de masajear tus paredes, y los espasmos de tu vagina los estrujan. Tienes que empujar la cara de Laura de tu vulva, estás muy sensible y el orgasmo lo sentiste desde la punta de tu cabeza, hasta el dedo pequeño de tu pie. Laura Hollis es maravillosa. – Ven – Dices al tiempo que tomas su mano y la guías para que se coloque justo encima de ti. Se recuesta sobre tu cuerpo desnudo, caliente y sudoroso, sabes que no puedes besarla pero necesitas hacerlo, sus labios están fuera de los límites, besas su sien, y acaricias su espalda.

- ¿Te gustó? – Te pregunta, y en su voz puedes escuchar un poco de nerviosismo.

- Sí. Mucho… mmmm… creo que lo pudiste sentir ¿no? Si es que la humedad de tus labios y tu barbilla sirven de evidencia. – Laura ríe, y es el sonido más hermoso que has escuchado, después de sus gemidos.

- ¿Podemos dormir un poco? Aún no es la una, almorzamos y después nos poneos a trabajar ¿te parece?

- Sí. – Es lo único que dices, te acomodas como puedes en el sillón, sin mover a Laura, quien tampoco está muy entusiasmada de cambiar de posición. Y ahí, con sus desnudos cuerpos abrazados, sabes que, aunque no lo quieras, Laura Hollis está ganando terreno en tu vida, y eso te asusta más que la idea de simplemente, no ser nada para ella.

Lograron lo que se proponían para ese día. Formaron un plan de acción, leyeron el contenido de todos los volúmenes. Y apenas son las seis de la tarde. Recoges tus cosas, este día ha acabado bien. Empezó excelente, y hace mucho tiempo que no tenías un día como éste. Escuchas a Laura salir del baño, seguramente se lavó los resquicios de tu olor de sus manos. Estás segura que tu sabor se ha desvanecido después de la comida. Laura Hollis, la pequeña rubia que parece un rayo de sol que ilumina todo a su paso, con uno de los apetitos sexuales más grandes que hayas conocido, y esa parte obscura que le permite cogerte a pesar de que tiene novia. Esa es Laura Hollis, por lo menos las primeras capas que has visto. Sigues poniendo todo en tu mochila, tu suéter, el libro que te acompaña en el camino, tus audífonos. Ahora sólo estás esperando a Laura para poder irte. La rubia se detiene enfrente de ti con una sonrisa tierna.

- ¿Te vas? – La pregunta de desconcierta. Han acabado ya de trabajar, tuvieron sexo, el mejor que has tenido en un año, en varios años. ¿Qué más puede detenerte en ese departamento?

- Mmmm, sí. No tenemos nada más que hacer.

- ¡Oh! – Su mirada se dirige al suelo ¿quiere repetir lo de en la mañana? No estás para nada en contra de la idea, pero ¿ahora?

- ¿Necesitas algo?

- No, yo sólo, es temprano, pensé que querías ver una película o algo. Ya sabes probar el centro de entretenimiento.

- Son las seis, Laura.

- Una serie, podemos empezar, un capítulo y así.

- ¿Danielle, no te está esperando? – En el momento que salió la pregunta de tus labios sabías que era lo peor de este día. Simplemente ves la cara de Laura desencajarse, no sabes si disculparte, irte, quedarte, reír, gritarle. ¿No se suponía que Laura sólo quería tu cuerpo y ya?

- No, ella sabe que salgo de trabajar a las ocho. Sabe lo importante que es este trabajo para todos y le dije que debíamos trabajar horas extra.

- ¿Sabe que el trabajo es conmigo?

- ¡Claro que sí! ¿Por qué se lo ocultaría? - ¿Por qué se lo ocultaría? Por la única y sencilla razón de que nos estamos cogiendo. Piensas para ti, pero no dices nada.

- ¿Entonces, tiene una relación abierta?

- No. – Laura baja la mirada de nuevo. Ve a todos lados menos a ti. No es momento para hacer preguntas. Si Laura quiere estar contigo más allá del sexo ¿Quién eres tú para negárselo?

- O.k. Pero… yo… tú… - suspiras, no sabes cómo iniciar la conversación. ¿Seguimos igual? ¿Si nos cruzamos en la calle fingimos no conocernos? ¿Nos veremos saliendo de aquí? Esas y más preguntas resuenan en tu cabeza. No quieres soltarlas, tomas lo que la vida te está dando, y es, pasar tiempo con Laura Hollis. – Una serie. O un capítulo, mejor dicho, tengo que regresar a casa, Kirsch, vive conmigo y no quiero que se preocupe.

- O.k. – sonríe Laura, se dirige al mueble en donde están cientos y cientos de dvds. La vida puede ir peor, y eso lo sabes bien. – ¿Ya viste Downton Abbey?

- No. – contestas mientras te sientas en el sillón doble, el cual puedes sentir que huele a ustedes todavía.

- O.k. Pues será esa.

Coloca el disco dentro del blue-ray, y se da prisa para sentarse a tu lado. Levanta las piernas y se recarga en tu costado. Levantas tu brazo y lo colocas alrededor del cuello de Laura. Es lo más cercano que has estado de ella en cinco horas. Y sientes… tranquilidad. Esa que no habías sentido en mucho tiempo. Recargas tu nariz en la cabeza de la rubia, aspiras su aroma. Ahora el olor de vainilla no es tan penetrante como en la mañana, pero logras percibirlo. Es una mezcla entre sudor y vainilla. No te sorprende, después de toda la actividad física que realizaron en la mañana. Sonríes, es una sonrisa franca, simplemente estás disfrutando el momento, el más mundano. Estás sentada en un departamento que no es el tuyo, viendo un programa de televisión en una sala de entretenimiento que no es la tuya, con una mujer que definitivamente no te pertenece, y todo parece ser tan normal, que te asombra, pero no puedes parar. Simplemente no logras que te importe, que te asuste, si esto es lo que te toca vivir por los próximos cinco meses, es lo que vas a disfrutar y punto. No más preguntas, aunque sabes que no vas a poder contenerlas, sabes que nada de esto es real, sientes que no te lo mereces, pero otra parte de ti, una parte amplia, no le importa y sólo tomas lo que crees que te mereces ahora, hoy, aquí con Laura. De repente, volteas tu cara y fijas tu vista en el parque, en el árbol de la mañana, en esa hoja que percibes, aún, en un vaivén hipnótico. La vida sigue, no sabes cómo lo hará, no sabes si será para bien o para mal, si es que eso existe, sólo continúa, y te dejas llevar. Laura posa su mano encima de tu abdomen, te abraza fuerte, y tú la dejas. Como esa hoja que se deja llevar en el baile invisible e insospechado del viento. Esa eres tú, ahora, aquí, con Laura.

A mitad del primer episodio tu celular comienza a vibrar, lentamente diriges tu mano desocupada a la bolsa de tu pantalón, sacas el teléfono y revisas los mensajes. Kirsch, preguntando qué quieres para cenar, no sabes, y no te interesa, así que simplemente le contestas con un lo que sea, seguramente pedirá algo de comida china, o de pizza, depende a que recepcionista pretenda agradar. Será china, ves aparecer en la pantalla de tu celular. Sonríes, la comida tardará bastante tiempo en llegar, así es Kirsch, encantador, navegando con bandera de inepto, cuando en realidad es una de las mejores personas que has conocido, inteligentísimo para leer y comprender a la gente, astuto, guapo y aventurero. Si hay alguien que se parezca a él, o que por lo menos se le asemeje poco, es la rubia que está acurrucada a tu lado. El murmullo del departamento es interrumpido por el estruendoso sonido de su celular, una especie de sonido intergaláctico, te quedas sorprendida, es el tema de Doctor Who. Ahora puedes ver otra cara de Laura Hollis que no habías notado, la geek que lleva dentro.

- ¿Sí?... – toma el control y pausa la serie – no todo bien… aja… no… si llegaré después… no, no tienes que hablar con Perry… Danny, está bien… mju… sí… no, no creo poder, fue más difícil de lo que pensé… el fin de semana… sí… el domingo, ese es mi único día libre… o.k… aja, igual.

- ¿Necesitas irte?

- No. – Dice mientras guarda su celular en la bolsa del pantalón, y regresa a su posición inicial, recostada encima de ti con su brazo sobre tu abdomen. – Pero creo que tú tienes planes – dice mientras pone play de nuevo - ¿Quieres irte ya? – pregunta sin mirarte. Escuchas la pregunta tácita ¿tienes que ir con otra mujer?, respondes como te sale.

- No, es sólo Kirsch, ya sabes, está viviendo conmigo por algún tiempo. Quería ver que se me antojaba para cenar.

- Mmmm… seguramente es comida china, ha tratado de seducir a la recepcionista de ese restaurante por dos meses.

- Jajajajajaja, es verdad. – Detienes la risa repentinamente ¿cómo es posible que Laura sepa eso? ¿Por qué mencionó a Perry? ¿Por qué conoce a tus amigos? ¿Por qué está aquí contigo? Tienes tantas preguntas y ningún ápice de respuesta que tienes miedo a preguntar. La serie llega a su final y Laura para el dvd, se levanta y lo coloca en su lugar. Tú sigues en tu lugar, con miles de dudas pero nada de valor para responderlas.

- ¿Nos vamos? – te pregunta mientras te ayuda a levantarte, tomas su mano, te levanta sin esfuerzo, Laura Hollis, la mujer con más fuerza física de lo que su estampa pueda mostrar.

- ¿Laura? ¿Cómo sabes que Kirsch ha estado tratando de seducir a la recepcionista del Dragón Rojo?

- Él me contó. – Dice mientras toma su mochila y se la pone en el hombro.

- ¿Laura? – Te encara esta vez - ¿Cómo consiste a Perry, a Laf y a Kirsch?

- Íbamos a la misma universidad. – Contesta sin darle importancia. Ahora estás más intrigada que nunca.

- ¿Laura? – Ahora que tiene una distancia razonable entre las dos y la rubia está tomando la manija para abrir la puerta, la pregunta que te has estado muriendo por hacer desde aquel día en el laboratorio sale de tus labios – ¿Por qué estás engañando a Danielle conmigo? – Laura se detiene, no se mueve, hasta parece que ha dejado de respirar. Tu voz salió tan queda, tan titubeante que dudas que te escuchara, pero sus hombros se contraen, comienza a temblar. – A mí no me importa, sólo, sólo… de verdad no me importa Laura. – La rubia no voltea. La cagaste de nuevo, todo iba tan bien, siempre haces lo mismo, buscando respuestas a preguntas que no las tienen.

- Tal vez no soy una buena persona, Carm. ¿No lo has pensado? – Y esa pregunta, esa sola oración hace que a ti tampoco te importa el porqué, pero te impulsa a actuar. Te diriges a la pequeña rubia, la volteas para que te va a los ojos. Puedes ver la tristeza en sus pupilas, casi tan clara como pudiste ver la lascivia hace algunas horas. Tal vez Laura tenga razón, no sólo ella no es el epitome de bondad, tú tampoco. Con esta reflexión tomas con cuidado sus mejillas, cecas las lágrimas que han caído en ellas y la besas. La besas primero de forma lenta, disfrutado cada pequeño espacio que te regala. Sus manos sujetan tu cintura, sus labios se apartan y dejan entrar tu lengua. Así sabe Laura, dulce, tibia. Sonríes. Si ella no es una buena persona, tú estás a años luz de serlo, y no quieres ni siquiera intentarlo, no, si eso significa no estar con ella. Si son sólo cinco meses, serán los mejores cinco meses de tu vida. Al final del día, ya has probado el fracaso, ya te han quitado todo, y sigues aquí, con Laura, ahora, besándola como querías desde el principio.

- No me importa.

- ¿Qué? – pregunta mientras su lengua viaja a tu boca

- No me importa nada. – Detienes el beso, la miras directamente a los ojos, y sabes que las siguientes palabras marcaran tu tumba. – A partir de hoy, éste es nuestro espacio. No hay Danielles, no hay Kirschs, ni Lafs, ni Perrys, nadie. Sólo tú y yo. Y si sólo es por cinco meses, y no podemos vernos más que aquí, así será. Tú, yo, nuestros cuerpos desnudos, y el trabajo, nada más. Y Laura, si no eres una buena persona, entonces yo soy peor. – Y es así como, entre besos, sonrisas y lágrimas sellas tu destino. Si Roma va a arder, es mejor que comieses a tocar la lira.

Llegas a tu casa con una gran sonrisa, esa estúpida mueca que te ha acompañado desde que saliste del departamento con Laura a un lado, la que no se borró mientras caminaban las seis cuadras para llegar al metro, mientras tomabas su mano y hablaban de lo bien que trabajaron hoy. Esa, estúpida sonrisa. Logras recordar que frente a Kirsch tu vida es una mierda y no debes de sonreír, tratas de hace lo que está en tus manos para aparentar aburrimiento y hastío. Pero después recuerdas que Laura te dijo que parecías un gato por la forma en que tu pierna daba pequeños brinquitos cuando sus labios se posaban en lóbulo de tu oreja y la besaba. Esa, estúpida, sonrisa. Respiras profundo unas tres veces antes de abrir la puerta, como lo esperabas, la mesa de la sala está llena de recipientes de comida china.

- ¡Carm! Me muero de hambre, ven siéntate ¿cómo te fue? ¿Algo interesante? – No estás acostumbrada a ver a Kirsch tan animado, así que le lanzas una mirada de sorpresa.

- ¿Y a ti, te fue bien? – sonríe mientras te pasa el arroz y unos palillos. Este cambio es interesante, nunca habías sentido este departamento como un hogar, aún no lo sientes así, pero por alguna razón, tener a Kirsch aquí lo hace menos sombrío.

- Sí, Leen, va a salir conmigo mañana por la noche.

- O.k

- ¿O.k? Me costó casi una semana que aceptara salir conmigo, creo que merezco algo de crédito.

- Kirsch, te costó una semana, porque fue exactamente el tiempo que planeaste que no le hablarías para hacerte el interesante. No hay merito en eso.

- ¡Oye! Pudo decir que no. Siempre pueden decir que no.

- Eso, es verdad. – Le sonríes y comienzan a comer. Kirsch está emocionado. Hasta parece otra persona, no sabes que pensar, pero, no es tu problema y lo dejas en paz.

- No me dijiste cómo te fue. ¿Qué tal trabajar con Laura? Es una máquina ¿no? Súper inteligente, sabe explicar tan bien que no te sientes tonto cuando le preguntas algo.

- Sí, estuvo bien.

- ¿Bien? Es la primera vez en meses que no te veo tratar de incendiar al mundo y me dice que "estuvo bien". – Te sorprende lo que dijo Kirsch, tiene razón, no llegaste a tu casa buscando el ADN que sobró de la noche anterior para beberlo todo y acabar con el sufrimiento. Así que, por la tercera o cuarta ocasión en este día, haces una pregunta incomoda.

- Hablamos de ti. Sabe lo de Leen.

- ¡Oh! – la felicidad que tenía hace un rato se desvanece de su cara, estás confundida, pero dejas pasar ese pequeño detalle, que seguramente te seguirá hasta que logres contestarlo. O Kirsch comience a hablar. – Mmmm… hace una semana vi a Laura en el restaurante, estaba con… bueno, eso no importa, bueno, estaba con la esposa de mi casero, y Laura me preguntó que hacia ahí, y yo le conteste que iba por Lee, y Sarah se molestó, y… trate de reconciliarme con ella… y su marido nos cachó y ahora estoy aquí. Básicamente fue eso.

- ¡Oh! – la respuesta es tan simple que te convence. Pero la mirada de Kirsch vuelve a tornarse triste y seria.

- ¿Carm? – Su voz es tan queda que tienes que mirarlo para asegurarte de que te habló

- ¿Kirsch?

- ¿Qué piensas de la infidelidad? – Su mirada rota se incrusta en tus ojos, la pregunta te incomoda un poco. ¿Qué pienso de la infidelidad? Me acabo de coger a Laura hace menos de diez horas. – ¿Soy, soy una mala persona por eso? Siempre he respetado a todo el mundo, trabajo, les doy el asiento a las mujeres en el metro, ayudo a los viejitos a cruzar la calle. Es sólo que hay veces que… no sé. No es la primera vez que engaño a alguien. Y no sé si será la última. – Su confesión te conmueve, y sólo te queda responder, con sinceridad, lo que piensas, lo que sientes, lo que vas a hacer en los próximos cinco meses.

- No sé Kirsch. No sé porque las personas engañan. A mí siempre me ha tocado estar del otro lado, del lado de las personas que son "la o el otro". Supongo que busca cosas que no tiene con su pareja, o sólo les gusta la adrenalina, o sienten que no es importante, que es sólo sexo. – Y te detienes ¿eso es lo que eres para Laura? Sabes que eso era lo único que buscabas con Elle, antes de que las cosas se salieran de control e intentaran matarte. Por alguna extraña razón te incomoda pensar en las razones por las cuales Laura está engañando a Danny contigo. ¿Querrá darle una lección? ¿Se está vengando por algo que Dannielle hizo? ¿Te convertirás en una patética excusa para que Laura y Danielle "prendan una chispa a su relación"? ¿Eres nada? – La razón más sencilla que te puede dar es que ellas quieren hacerlo. Tal vez no lo podemos comprenderlo por completo, y lo mejor es no hacerlo, pero ellas quieren estar con nosotros de una forma o de otra.

- Y ¿eso no es injusto para nosotros?

- Sí, lo es, pero es lo que creemos que nos merecemos.

- Así que somos tan poca cosa para nosotros mismos que ni dignidad podemos tener, ni discreción, nada. – Kirsch mira al vacío, está en una guerra interna, lo sientes, es la misma que están teniendo tú en ese momento.

- Eso parece. – sigues masticando tu arroz, pero desganada, no sabe bien, pensar en lo que estás haciendo con Laura te desanima. Pero recordar sus manos entrelazadas durante la caminata te reconforta. Extraño modo de operar cuando puedes tener lo que quieres, no te importa nada más, ni tú misma, te ciegas.

- ¡Bueno! – Kirsch sonríe y mastica su comida sin mucha emoción, aún no has contestado lo que crees que es la pregunta más importante que te ha hecho.

- Y no, wey, no eres una mala persona. Sólo eres un wey que se fijó en una mujer que no estaba sola, y ella se fijó en ti. Nada más.

- ¡O.k! Tal vez pueda pasar algo con Lee. – Su mirada sigue fija al infinito, no está convencido, seguramente su ego fue el que le hizo dirigirse a la recepcionista del Dragón Rojo.

- Pero, ya sabes lo que dicen… o en palabras de Selena Gómez "The hearts wants what it wants". – Kirsch se voltea verte impávido.

- ¡NO MAMES! ¿LA GRAN CARMILLA KARNSTEIN CITANDO A SELENA GÓMEZ? Todo es posible en el universo, eso me queda claro ahora. – Ríen, fue estúpido citar una canción que Laura te hizo escuchar más de cinco veces, hasta que te levantaste de tu asiento y apagaste el estéreo. Pero por muy estúpida que la letra puede escucharse, el título es cierto, el corazón quiere lo que quiere, ya sea una persona, una cosa o nada, y ante eso sólo puedes tratar de conseguirlo u olvidarlo. – Vaya que Laura está llenando tu espacio. – Sabes que Kirsch lo dijo de forma juguetona, que no tiene ni idea de lo que han estado haciendo, pero sigue sin ser completamente seguro mencionar a Laura, no sabes cuales son los límites con ella, y con lo que pasa entre ustedes.

- Bueno, después de escuchar una canción por más de media hora, uno comienza a hacer racionalizaciones filosóficas con cosas mundanas.

- Y eso, señoras y señores se llama "bajar el balón". – Sonríe Kirsch. – No me sorprendería que la próxima epifanía fuera de una canción de Taylor Swift. – Posas una mano a tu pecho y lo ves de forma juguetona.

- ¡Dios ayude a los desamparados! - Sigues comiendo y conversando con Kirsch de cosas sin importancia, es agradable tener con quien hablar. La soledad y tristeza de los dos conviven como buenas amigas, y eso te agrada, este día no ha sido un desperdicio, después de todo.

Acostada en tu cama repasas las palabras que le dijiste a Kirsch, crees firmemente en todo lo que le dijiste. Pero la última frase te sigue molestando. ¡Dios ayude a los desamparados! Así te has sentido desde la primera vez que Laura te habló, y eso fue hace algunos días. Sabes que no es posible que te estés enamorando de Laura, en estos momentos de tu vida sabes muy bien que el amor a primera vista no existe, lujuria, sin duda. Eso es lo que sientes por Laura, una lascivia impresionante. Su cuerpo, su cara, su cabello y su sonrisa son como magnetos que te atraen a ella sin que puedas hacer nada al respecto. La maldita física indica que los polos opuestos se atraen, eso es para imanes, nosotros somos personas, recuerdas que Rich le dijo a Grace en Skins, sin embargo, pasa, y es verdad. Y el positivismo de Laura, su amigable personalidad y lo encantador de su obscenidad cunado está contigo es inevitable. Dios te amparé, porque en realidad no sabes qué pasará contigo cuando Laura decida terminar lo que han comenzado.

Han pasado dos semanas desde que comenzaron a trabajar en el proyecto y las cosas pintan excelente. Hasta el momento han podido terminar con la primera mitad del volumen uno, el cual es el más difícil de entender. Entre las metodologías, terminologías y mensajes encriptados que el autor utilizó, porque, seguramente pensó que nadie en el mundo merecía saber, por qué y cómo la sociedad argentina de la década de los 70, aceptó, fortaleció e impulsó a la junta militar de Vidal; o cómo fue que "la mano de Dios" de 1986, fue el ejemplo más claro de que Argentina, las Malvinas e Inglaterra se enfrascaban en hostilidades insignificantes para el grueso de la sociedad, pero dando un gran poder a los militares, y como un gol en un mundial hace olvidar a todos los desaparecidos del régimen. Pero eso, es otra historia.

Lo que te encanta de toda esta experiencia es que Laura se ve completamente absorta en ello. Lee incansablemente, analiza todo más de tres veces, te pregunta cuando no entiende las cuestiones filosóficas, busca, revisa, no se queda con lo primero que encuentra. Esa Laura, la Laura indagadora, es la que más te llama la atención. Hasta este momento has conocido muchas partes de la pequeña rubia que te fascinan. Nunca pensaste que podrías encontrar lo que estabas buscado en tus años de universidad en una mujer que parece inmune a la realidad de la vida. O, ella crea su propia realidad, no estás segura.

Recuerdas cuando conociste a Elle, te daba clases de historia del feminismo. Por supuesto que te flechó, tu sapiosexualidad te peso con creces ese semestre, parecía que lo sabía todo y querías conocer todo de ella. No fue una casualidad que siempre te llamara después de clases a su cubículo a comentar la lección anterior, como le dijiste a Kirsch, algunas personas sólo quieren sentir la adrenalina del engaño. Se cansan de hacer y ser lo que se suponen que deben y comienzan despacio y firme a ser lo que en realidad quieren. No quieres mentirte ahora que estás aquí, frente a Laura, observándola morderse el labio inferior, como signo de frustración intelectual. No lo vas a hacer, a ti también te llama la atención la sensación de hacer algo que se supone prohibido. Siempre has querido probar que tan lejos puedes llegar antes de que todo explote en tu cara. Lo tuyo con Elle, casi te mata, y no es broma, si la doctora Estuardo no hubiera tenido tan mala puntería no extraías ahora aquí, viendo a Laura reírse de algo que seguramente está mal escrito. Es una obsesiva de la gramática. Te encanta eso. Elle, y Laura no son las mismas personas, pero puedes ver los paralelismos aunque no lo quieras aceptar. Las dos estaban comprometidas con otras personas, otras mujeres. Las dos son un rompecabezas que quieres resolver. Elle, ya era una persona hecha, con un gran pasado y un futuro brillante. Laura es igual, sólo que es más joven. Las dos se aventuran al desconocimiento, las dos te quieren a ti, pero no a ti, las dos quieren tu cuerpo, desean tus encantos. Y cómo no, como diría Will, eres lo más inalcanzable que alguien quiere tener. Nunca te has visto en un espejo, Kitty. Guapa, inteligente, desinteresada, directa, real. Eres un paquete completo, el problema es que te lo creas. Eso lo dijo dos días después de que salieras del coma. Nunca más supiste lo que había pasado con Elle, Mattie no quiso decirte detalles de nada. Tu vida era un estúpido lio. Nunca debiste ceder a la tentación, nunca debiste comprometerte con algo que no era tuyo, pero no querías perder la oportunidad. A un año de todo lo ocurrido sigues pensando ¿por qué me buscan? ¿Por qué a mí? ¿Qué tengo de especial? No hay respuesta.

Tal vez las personas huelen a distancia tu desesperación por saltar a la nada y hacerles ver que nada te detiene. Tal vez es el deseo de muerte que llevas tatuado desde que naciste. Tu madre te lo dijo cuándo tenías quince años: todo lo que haces, parece que lo haces consiente de que te puede destruir, esa es la vida de los filósofos supongo, tentar al destino, diseccionarlo, burlarse de él, para que después, vivos y salvos puedan sacar sus teorías comprobadas. Pero nunca olvides Carmilla, que llegará un día en la vida en el cual no puedas seguir fingiendo que eres inmune, algo o alguien te demostraran lo contrario. No quiero que pienses que te digo que te detengas, simplemente quiero que prestes más atención, es todo. Vive como debas vivir. Tenías quince años y tu madre ya sabía lo desenfrenada que sería.

No sabes porque estás comparando a Laura con Elle. Laura sonríe, Elle no lo hacía. Laura te escucha, Elle sólo hablaba. Laura te mira, Elle desviaba la mirada. Laura te toca, Elle era distante. Laura no es Elle, y eso te hace preguntarte cómo quieres que esta historia acabe ¿contigo en una cama de hospital por la putiza que seguro te dará Danny cuando se entere? O ¿contigo en dónde siempre has soñado estar, haciendo lo que siempre has querido hacer? Ahora, la pregunta es, el final será ¿Con Laura o si ella? La verdad, hasta hoy, la segunda opción es la más viable.

- ¡Wow! Son las dos ¿vamos a comer? – Te pregunta la pequeña rubia con entusiasmo, pero notas lo cansada que está.

- ¿Quieres que pida algo? Puedes dormir un poco si quieres, para que descanses.

- No. Más bien, quiero salir, este departamento comienza a oler a nosotros… ya sabes, ese aroma a sexo que hemos dejado por la mitad del depa. – Laura sonríe y tú lo haces también. Es cierto, una rutina de último minuto que implementaron fue la de tener sexo antes de comenzar a trabajar y después de concluir. Y por lo menos han ocupado tres de las seis habitaciones de ese departamento. – ¿Entonces, salimos? El Dragón Rojo no queda muy lejos de aquí, podemos ver que tal está la recepcionista y decirle a Kirsch si es de fiar o no.

- ¿Si es de fiar o no? Eso que significa.

- Ya sabes, si me gusta o no.

- ¿Es real eso Laura? Le vas a bajar la novia Kirsch.

- Obvio no. – Se levanta de su asiento y se dirige a la sala donde dejo su bolsa. Tú te levantas lentamente y checas que tu cartea siga en su lugar. – Sólo siento curiosidad. ¿Tú no?

- No. – Dices dirigiéndote a la puerta. – Y pensé que ya la conocías ¿no fue en el Dragón Rojo donde viste a Kirsch?

- Síp, pero quiero comida china y quiero salir de aquí. Eso de estar leyendo de la dictadura argentina me deprime. Y no te preocupes, yo invito, considéralo como nuestra primera cita. – Abres la puerta, esperas a que Laura salga y sonríes. Primera cita. Esto no pinta para nada bien. Piensas, y sigues a la pequeña rubia.

Llegan al restaurante y lo primero que notas es a la recepcionista, no la habías visto antes. Kirsch tiene buen gusto, es delgada, de rasgos finos, sonrisa agradable y ojos cafés sorprendentemente grandes, adornados con unas pestañas inmensas. Saluda a Laura como si fueran buenas amigas, eso no te sorprende, todo el mundo trata a Laura como si la conocieran de toda la vida. Te presentas con Lee, dice que ya ha escuchado de ti, que eres la rommie de Kirsch y le da gusto conocerte. Es agradable la chava, esperas que Kirsch salga con ella más de una vez, pero él lo decidirá, o ella, no lo sabes. Sigues a Laura quien te lleva hasta el final del restaurante, su lugar favorito, no logras controlar la pregunta ¿será este el lugar favorito de Danielle también? Pero la duda se escapa de tu mente en el momento que Laura toma tu mano entre las suyas.

- Amo este lugar, me encanta la comida y la decoración, todo rojo y misterioso.

- Así que ¿me trajiste aquí, en nuestra primera cita, para seducirme con el tono rojo de este lugar?

- No. No necesito eso para seducirte. Siempre vengo sola, pensé que sería un buen cambio si pudiera comer aquí con alguien. Y bueno, Kirsch me dijo que te gustaba este lugar, así que… aquí estamos. – Entonces, entonces esto se puede convertir en algo de ustedes, sólo de ustedes. Sabes que debes dejar a un lado la idea de Laura y tú como pareja, esto no es real, es sólo una aventura, algo pasajero que sólo dura de lunes a sábado de nueve a siete de la tarde. No más. Pero no puedes evitar pensar qué pasaría si tuvieras la oportunidad de que sólo fueran Laura y tú, y que tú no tuvieras la vida de cabeza, no estuvieras derrotada, y que nada más importara sólo Laura, sin embargo, vuelve a tu mente Danielle, y Elle, y el trabajo y la beca y tu lugar en Oxford, y todo lo que quieres recuperar.

- ¡Buena esa! – Es todo lo que puedes decir en lo que esperan por la comida. – Todavía no entiendo cómo es que conoces a todos mis amigos, digas que fuiste a la misma universidad con ellos y que yo no te haya conocido sino hasta el trabajo. – Le preguntas porque la duda te está matando.

- Pues, yo estudie en la facultad de periodismo, conocí a Laf y a Perry en una fiesta de los zetas, en la de togas. Esa fue una fiesta tremenda. Y de ahí conocí a Kirsch también, creo que tú no ibas a las fiestas de los zetas, o no sé.

- Pero sí iba. Recuerdo la fiesta de togas. Llegué y media hora después de las doce de la noche alguien comenzó a hacer competencias de togas mojadas, Elsie ganó, y después de ahí no recuerdo nada.

- ¡OH! Que bueno que no recuerdas nada. Después de las competencias, Will comenzó una guerra de agua, alcohol y comida, la fraternidad quedó hecho un desastre, llamaron a la policía, todos corrimos. Una fiesta para el recuerdo.

- Pues no me acuerdo de eso.

- Probablemente te fuiste con alguien.

- Puede ser. – Contestas pensativa – Entonces ¿Eres muy cercana a Laf y Perry?

- Algo así. Me presentaron a Danny en mi último año de la carrera, ella era asistente de un profesor que nos daba retórica de la legua. Comenzamos a salir, ya sabes dobles citas para ver que pasaba. Y desde hace unos cuatro años estoy con ella.

- O.k. Tú sí sabes cómo matar una conversación de primera cita, hablar de tu novia la verdad es que no es algo que me gustaría hacer.

- Carm. – Laura toma tu mano y la aprieta suavemente para que la veas a los ojos. – Sé lo que estoy haciendo, contigo y con Danny, y ella no tiene ninguna idea de lo que está pasando, así que, estoy siendo sincera, lo más que puedo ser en este tipo de situaciones. Es la primera vez que hago esto, así que no sé qué debo o no decirte. Lo que te puedo prometer es que jamás te mentiría a ti. ¿O.k?

- O.k. – Sonríes y tomas sus manos, las llevas a tus labios y las besas. Si esta realidad, que se escapa de todas convenciones sociales de lo que debe ser, es lo que te tocó vivir, como diría tu madre, vívela.

El día fue productivo, tuviste sexo tres veces, aún no sabes de dónde sacas toda esa energía, pero no la cuestionas. Lograron acabar con un cuarto del primer volumen, es jueves y tienes ganas de reposar. Tu vida ha dado un vuelco sorpresivamente agradable. Kirsch es uno de los roomies más divertidos que te han tocado en la vida. Sus únicas pertenencia son el Apple Watch, y el Xbox one que la esposa de su casero anterior le regaló por sus servicios varios, así que, como es lógico, se la pasan jugando FIFA cada que regresen del trabajo. La conversación que tuviste con él el otro día no ha surgido de nuevo, piensas que por fin se ha establecido con Lee, así como tú lo has hecho con Laura. Pero sabes que todo lo tuyo y Laura es mentira. Claro que no sientes eso cuando la besas, o cuando la ves en la cocina sirviéndote un café, o cuando tomas su mano cuando caminan por la calle. Todo eso se siente tan real que te duele, lo aceptas con la condición de no razonarlo mucho, de no darle mucha atención al pequeño vuelco que te da en el estómago cada vez que Laura se baja del vagón en la estación señalada y se va, con todo, seguramente de regreso a Danielle. Sólo suspiras, esto se va a descontrolar, más, de lo que ya está.

La noche de jueves es una de las más agitadas cuando juegas con Kirsch, los dos se han enfrascado en hacer del fútbol lo más difícil de su existencia. Entre codazos, patadas y pellizcos tratan de hacer que el otro pierda, hacer lo que uno debe hacer para ganar en el FIFA ¿no es una metáfora cruel de la vida? Esperas que no, por lo menos no con Kirsch, ha sido tu roca en los últimos meses, ha estado contigo en las buenas, en las malas y en las peores, y rezas porque siga así. El continuo cliqueo de los controles es ensordecido por una melodía hiphopera que te distrae por un segundo.

- ¡GGGGGGGGGGGGGGGOOOOOOOOOOOOOOOOLLLLLLLLLL! Toma eso Karnstein.

- Tu estúpido celular me distrajo. – Dices al tiempo que avientas el control.

- ¡Pppppffff! Mejor suerte para la próxima. – Sonríe y contesta el teléfono. Estás herida en el ego, es sólo un tonto juego de video, pero siempre te ha gustado ganar.

- Sí, aquí está. – Volteas a ver a Kirsch que sigue en su cel, haciéndote muecas y señalándote. – ¡Wow! ¿neta?... deja pongo el alta voz. Es Laf. – Pronuncia mientras se sienta a tu lado.

- Laf, ya puedes hablar.

- Ah. O.k. Hola, Carmilla.

- Laf.

- Mmmm, Perry y yo queremos invitarlos a la próxima fiesta del Laboratorio, es nuestro primer aniversario y queremos hace un pinche loqueron. – Ríen a carcajadas Kirsch y tú, en todos los años que has conocido a Laf, nunca ha sido de las personas que siguen los modismos del habla. Te agrada saber que las personas cambian.

- ¿En serio, pinche loqueron? – Pronuncias divertida.

- No me culpes a mí, uno de los barmans tuvo la idea, creo que ha estado escuchando mucho rap, pero a mí me encantó, y queríamos invitar a todos nuestros amigos primero, para apartar las mesas, darles los pases, los brazaletes de las bebidas gratis.

- ¡Oh, oh, oh! Claro que vamos a ir ¿no Carm? – Piensas que no puede salir nada mal, una noche de antro y desintoxicación de todo el trabajo intelectual que has tenido nunca han matado a nadie.

- ¡Sí!

- ¡Genial! Entonces son ustedes dos, Theo, Natalie, Betty… Federico, Salvador, Armando, Lucrecia, Danny y Laura. Creo que estamos completos. – Al escuchar el nombre de la pequeña rubia junto con el de Dannielle, una parte de ti se molesta, es normal, no te gusta que jueguen con tus juguetes. Sabes que uno, Laura no es un objeto; dos, Laura no es tuya; y tres, será todo un reto estar en el mismo sitio que ella y no lanzarte a desnudarla ni atacar sus labios. Cada vez más esa pequeña parte de ti que ama el peligro regresa, y piensas que mientras más peligroso es el juego, mejor la recompensa.

- ¡O.k! Kirsch tal vez quiera llevar a alguien ¿no?

- No, no, todo bien. Voy con Carm y con ustedes. Ya después veremos.

- O.k, de todas formas a cada quien les daré un brazalete extra, por cualquier cosa. Los veo el próximo jueves. Llevare las invitaciones, a Perry y un six de cheve. Espero la reta en el FIFA, obviamente.

- Claro que sí Laf. Nos vemos.

- Bye. – Kirsch cuelga, se te hace muy sospechoso que no haya hablado de Lee, y que ni siquiera considere llevarla. Quieres preguntarle pero no sabes cómo.

- Mmmm, Kirsch.

- No la voy a llevar porque no es nada serio Cram.

- ¿Eso significa que no voy a poder comer más arroz del Dragón Rojo?

- Nop, eso significa que ella dejó muy en claro que yo soy sólo un entretenimiento muy bien construido antes de que su prometido la reclame.

- ¿Qué? – No puedes creer lo que te está diciendo.

- Sí, a mí también me sacó de onda. Creo que siempre me las escojo así, con dueño.

- No son perros, Kirsch.

- Ya sé, es una forma de hablar. No sé porque estoy tan estúpido en ese aspecto. Sabes, cuando estábamos en la universidad había cientos y cientos de chavas que se morían por mí. Y ahora, nada, lo único que puede ser para ellas es una distracción, un escalón al siguiente nivel.

- Mmmm. – Es lo único que respondes porque te sientes igual que Kirsch y no sabes como animarlo. – No sé.

- ¿Por qué? Sabes, hace unos diez años, perdí la mejor oportunidad de mi vida porque estaba muy asustado en formalizar algo, pensaba que tenía todo por delante, que aún tenía tiempo, que podía hacer mi desmadre y regresar.

- Kirsch, tenías veintiún años. No te laceres, ni siquiera habíamos acabado la universidad.

- Ya sé, pero no puedo evitar pensar ¿Qué hubiera pasado si me hubiera comprometido? ¿Si no le hubiera dicho que estaba jugando con ella? ¿Qué hubiera pasado Carm? Aún me sigo preguntando lo mismo.

- No sé, Sara Jane tendría ya dos hijos, igual de tontitos que tú, probablemente. – Tratas de calmarlo, tratas de que se sienta mejor, porque verlo romperse de esa forma te recuerda lo estúpida y en pedazos que te encuentras.

- No era Sara Jane, era otra persona. – Esto te desconcierta, la única novia que le conociste a Kirsch fue Sara jane, no sabes de quién está hablando.

- O.k. Yo… Tal vez… Kirsch ya hemos hablado de esto, estamos tan jodidos que creemos que nos merecemos esto. Es sólo que tuviste esperanza y después, ya no.

- Eso es lo que jode todo ¿no? ¿La esperanza? – No puedes contestar eso porque es un rotundo sí, es lo que sientes cada vez que estás con Laura, esperanza, estúpida e inequívoca esperanza.

- Sí, eso es lo que caga todo.

- Y ¿Existe alguna cura?

- Dejar de ser humanos, supongo. Es la única que se me ocurre. – Kirsch sonríe tristemente, sabe a lo que te refieres, eso no lo hace ni remotamente agradable.

- Eres una filósofa natural Carmilla Karnstein. Y yo digo que bebamos por eso.

- ADN

ADN. Mitiga la realidad por un rato. – Se levanta y se dirige al refrigerador, agarra dos cocas y unos hielos del congelador, toma dos vasos de fregadero, y los mezcla. Sabes que no deberías hacer eso, pero la última acción de Laura hoy te dejó un poco confundida. Antes de salir del departamento Laura roció un poco de su perfume en su cuello, nunca lo había hecho, pero te explicó que hoy tenía que ver a Danny y no podía verla oliendo a ti. Eso te dolió. Entiendes las pautas del engaño, comprendes que Laura tiene que ser muy cuidadosa, que todo lo hace planeado, que no puede haber ni una fuga en su estrategia. Pero eso te reduce a ser un error, un juego, una aventura, te despoja de tu humanidad y te vuelve solamente en sexo. No lo soportas. Tampoco soportas el hecho de que mientras la besabas antes de irse, su celular sonó y comenzó a hablar con Danielle para afinar los detalles de su cita, eso hizo que besaras su cuello con más fuerza, para que recordara con quien estaba. Sabes que la agresividad en la cama es algo que Laura disfruta, y al parecer tú eres la única que le da lo que pide. Tomas el vaso que te ofrece Kirsch, y lo bebes de un trago. Una pobre estrategia para borrar el sabor de Laura. Mientras haces eso tu celular vibra, lo tomas, lo lees. Nunca dejas de sorprenderme Carm. Nunca decepcionas. Hasta mañana. El texto está acompañado de una foto de su seno izquierdo, las parte debajo del pezón, está adornada con una marca amoratada que dejaron tus labios el día de hoy. Esperanza es lo que sientes. La puta esperanza.