Hola estimadxs lectorxs. Debo de hacer varias aclaraciones.
Uno. El siguente capítulo contiene lenguaje soes y muchos, muchos, mexicanismos, que pensandolo bien, son chilanguismos, si tienen alguna pregunta, pueden hacerla por tumblr en aigokeros85.
Dos. Según yo, subo un capítulo nuevo cada dos semanas, eso es una mentira, aunque trato de escribir lo mas rápido que puedo esta historia, hay ocaciones en que la musa no te ayuda.
Tres. Gracias a Estef, por estar al pendiente de este ff.
Eso es todo. Buena lectura :)
La mentira egoísta se disfruta más en compañía
Ahora entiendes la voluntad y entrega que deben tener los alcohólicos para estar todo el día, y todos los días, pedos. Es un crimen salir de tu casa con la resaca fresca, es más, estás segura que sigues ebria. No existe ninguna otra explicación, la luz te lastima, la calle se mueve de una forma misteriosa, el olor que tu cuerpo despide es completamente etílico. La necesidad de Kirsch de emborracharse y perderse fue más que tu cordura, pero eres realista, no has tenido mucha razón en los últimos meses. Sin embargo, existe algo que te intriga más, que te preocupa, y es, ver a Laura en este estado. Sabes que no has hecho nada malo, que no puede decirte nada, pero no quieres verla, así. No sabes cómo vas a explicar que estés borracha un viernes por la mañana. Kirsch, piensas, es una explicación muy fácil, Kirsch y ya. Fue un zeta, sigue siendo un zeta en su alma, es fácil decir que él fue el que inició todo, lo cual es cierto; él sacó el ADN, él lo sirvió en los vasos, pero tú te lo bebiste, tú decidiste hacer esa ingesta. No sabes que te orillo, tal vez la solidaridad con un amigo en desgracia. Hablar sobre el engaño, hablar sobre ti y tu acción en la traición no es algo fácil, no es algo que se deba hacer en un estado de sobriedad. Bebiste para olvidar, para sentirte menos culpable, para excusar tus acciones. Estaba bien hacer eso cuando no tenías a nadie, cuando eras tú contra el mundo, pero poco a poco Laura está entrando en tu vida, de la forma menos convencional, o tal vez sea la más normal considerando tu historia amorosa. Pero lo que tienes con Laura no es amor. Eso está claro, no lo es para ti en este momento, y seguramente no lo es para ella.
Mientras vas caminando lentamente, ves a las personas que te miran, que te lanzan una mirada de desaprobación. Sí, son las nueve de la mañana del viernes y estás ebria, eso ¿qué? A nadie le debería de importar tu vida, estás segura que a nadie le importa, simplemente quieren un chivo expiatorio, alguien a quien juzgar y olvidarse de lo poco creíble que es su vida ante la sociedad. ¿Cuántas personas engañaran a sus parejas? ¿Por qué lo harán? ¿Por qué hay personas como tú que aceptan ser el tercero? ¿Existe una cura para la pendejes en la que estás metida? La gente que te juzga y te ve como si fueras la representación del pecado ¿estarán tan limpias sus conciencias como para hacer eso? ¡Puto Kirsch! La razón no debería venir embotellada en vidrio azul metálico. Pero bebiste el elixir de la perdición con tanto ahínco después de ver la foto de Laura, de observar su seno marcado por tus labios, la mancha morada que estaba justo cerca de su pezón, ese bultito de carne que te encanta chupar cuando está cerca. Es como si todo el sinsentido lo tuviera cuando estás con ella. Pero ayer, cuando el mensaje llegó no estabas con ella; ella estaba con Danielle, y la culpa te hizo beber.
El dolor de ser el tercero en la foto nunca se ha descrito de forma extensa. En primer lugar, tú no puedes tener sentimientos, porque tú, al ser la persona que se mete en la relación, estás destinada a que se te vea como un tipo de demonio, jamás van a preguntar quién inició qué, siempre serás tú la insensible hija de puta que terminó con una relación que era perfecta. En segundo lugar, cuando la bomba revienta y la relación termina, y por asares del destino la persona que engañó se queda contigo, siempre vas a tener el estigma de que por alguna u otra circunstancia vas a terminar por engañar a la otra persona. O, si las cosas sale de otro modo, y la persona con la que engañaste, te engaña, es lo que te mereces por perra. Nunca recuperas tu humanidad, no te permiten demostrar tus sentimientos. Quizá sí amabas a esa otra persona, quizá lo hiciste porque era la única forma de estar con ella, quizá sí eres esa bestia egoísta que disfruta terminar con las relaciones de los demás, porque te sientes tan vacía que el amor ajeno te resulta repulsivo. Quizá, sólo sean cuestiones circunstanciales. Quizá algún día entiendas porque estás haciendo esto.
Al llegar al departamento son las 10 de la mañana, no sabes cómo pasaron dos horas. Regularmente el trayecto de tu casa al departamento dura cuarenta minutos, y tratas de estar ahí antes de las nueve de la mañana para preparar el café y desayunar con Laura. Un puto ritual que hace más creíble que lo que haces con ella está bien, y que es de lo más normal. Ese departamento se ha convertido en una burbuja solidificada de exterior. Nada la penetra, ni las llamadas incesantes de Danielle, ni la locura de la ciudad, ni tu deprimido ser. Cuando llegas ahí, todo es paz, felicidad, sexo descontrolado, jugueteo, intelectualidad, diversión. Se ha convertido en la mejor parte de tus días, en la mejor parte de tu vida. Y es toda una mentira.
Así que tal vez te merezcas esas miradas de desprecio de la gente, ese arrepentimiento de la ebriedad, esa necesidad de mentirte a ti misma y de dejar que Laura mienta contigo. Estás en una misión suicida, de nuevo, lo sabes. Nunca va a parar, por lo menos no si puedes evitarlo. Sientes exactamente lo que los demás ven en ti, repulsión a ti, a tus formas de actuar, a tus deseos adolescentes que te han metido en esta situación, pero lo que más te repugna de ti, son los celos que parecen aparecer cada vez que Laura no está contigo. Sabes que no es amor, es posesión, es pertenencia, es el irremediable sentimiento de superioridad y de ego que te hace estremecer si no estás cerca de ella. No eres una buena persona al cien por ciento, y esto va a ser que se lo demuestres a Laura de forma inequívoca. Antes de que puedas meter tu llave a la cerradura, que seguramente será un trabajo titánico, la puerta se abre de par en par, es hora de enfrentar lo que deba pasar. Sonríes y esperas.
- Hola – Dice Laura antes de verte completamente a los ojos y notar el estado en el que estás – ¿Te sientes bien? – No puedes hablar, sacudes un poco la cabeza en forma negativa, un error garrafal porque sientes como toda la bilis que está guardada en tus entrañas quiere salir. Laura te toma de la cintura, te guía al baño, te pone en cuclillas y corre a cerrar la puerta. Tú inspeccionas con bastante concentración la taza del baño, es tu mejor amiga ahora. La abrazas y piensas que nada puede ser más humillantes. En ese preciso momento, pasan dos cosas, Laura entra a la habitación y tu estomago escoge ese instante para vaciar todo lo que traías guardado. Después de varios momentos, sientes que una de las manos de Laura sostienen tu cabello, y la otra te soba la espalda de forma rítmica. Y todo eso hace que te sientas peor. Te emborrachaste para no sentir y ahora sientes todo, física y emocionalmente. – ¡Wow, Cram! De haber sabido que estarías tan mal hoy, creo que hubiera sido mejor que te quedaras en casa.
- No quería decepcionarte – Y es verdad. Esa frase resume todo tu calvario, has estado a la merced de Laura Hollis desde hace casi un mes, y no dejaras escapar ninguna oportunidad de estar con ella, por lo menos en los próximos cinco meses.
- ¿Es en serio? Carm, estás casi comatosa ¿Por qué te dejó salir Kirsch así de tu casa?
- Está dormido.
- ¿Qué? – Notas en su tono preocupación. No sabias que estabas tan ebria hasta que llegaste aquí. Ahora tu cabeza pesa toneladas, tu lengua se niega a moverse de forma regular, y tus ojos se cierran solos. No tienes ni idea de cómo lograste llegar, pero lo hiciste.
- Anoche… él… no estábamos bien… tomamos algo… y… yo… lo siento. – Ahí está de nuevo la muestra de que en esta relación tú no tienes ningún control sobre tus acciones o lo que dices, todo está en manos de Laura Hollis. Hace un año y medio decir esas palabras a alguien que no fueran tus hermanos era ridículo. Pero ahora estás aquí, en un baño desconocido, con la pequeña rubia a tu lado cuidando que no te ahogues con ti vomito. ¡Simplemente perfecto!
- ¿Estás mejor? – Te pregunta sinceramente. No respondes, simplemente te levantas con mucha dificultad y sales del baño, y te diriges al comedor con una única misión, trabajar, no puedes con tanto. – Carmilla. – Te llama de forma dulce, cuando volteas a verla te sonríe, y tú le sonríes a su vez. – Vamos a que te acuestes un rato, descansas, y cuando despiertes te pones a trabajar ¿o.k?
- O.k – es todo lo que respondes. Sabes que eso te hará bien. No dices nada más, dejas que Laura te guie de la mano al cuarto, te acueste, te quite los tenis, tu pantalón, la camisa y levante las cobijas para que te puedas acostar. Lo último que recuerdas es el tierno beso que te dio en la frente, después, todo es obscuridad.
Lo primero que notas después, cuando te despiertas por segunda vez en este día, es que un brazo rodea tu cintura, aún no has abierto los ojos, no quieres moverte de este pequeño espacio que está tan cómodo. Lo segundo que sientes son unos labios que dejan pequeños besos en tu nuca. Sonríes y te dejas llevar por la sensación. La tercera cosa que notas es una menos agradable, el silencio de la habitación se rompe con el rugido de una guitarra eléctrica que no deja de requintear. Es tu celular, deberías de cambiar esa canción, Ace Of Spades, te encanta porque sabes que eres como el protagonista de la canción, arriesgada y una ama de los juegos de azar, sí bien, no juegas eso, la vida es un albur, no sabes que te va a tocar, y aun así, juegas.
Sientes como la cama se mueve rápidamente, el brazo que te sostenía ya no está, y escuchas unos pequeños pasos por la habitación. No puedes creer lo que está pasando, Laura está a punto de contestar tu celular. La verdad es que eso no te debería de sorprender tanto, lo han hecho parte de su actividad cotidiana, cada vez que una de las dos está ocupada la otra contesta sus llamadas, pero eso es cuando están despiertas. Tratas de no tomarle mucha importancia al acto, pero esto no te deja de parecer algo muy íntimo. Piensas que todo se está moviendo muy rápido entre ustedes. Hace tres semanas no se hablaban y ahora tienen tanta confianza entre ustedes que hasta las llamadas reciben.
- Buenas tardes, el celular de Carmilla Kranstein… ¡Oh! Hola Will… bien y ¿tú?... jajajajaja… también me sorprendió… ¿cómo estás?... ¿dónde estás?... ¡oh vaya, felicidades!... jajajajaja… no, está bien… sólo un poco cansada, ya sabes cómo es esto… sí, déjame ver… Carm – Mueve un poco tu brazo para que despiertes. Ahora estás más perdida que antes. Tu estúpido hermano conoce a Laura. De verdad que esto está tomando tintes macabros. – Carm, es Will, quiere hablar contigo. – Te sigue llamando, pero necesitas un segundo para entender todo lo que está pasando. Sin embargo, tu cautela sale por la borda cuando sientes sus labios de nuevo en tu nuca y la estúpida sonrisa de antes se asoma en tus labios. Volteas y ves a Laura sonriéndote, le sonríes de nuevo.
- Gracias. – Tomas el teléfono y ella sale de la habitación. – ¿Qué pasó?
- Idiota.
- Estúpido
- ¿Esa es la forma de hablarle a tu hermano menor, el más amado?
- Por nadie
- Jajajajajaja. Nada wey, no ha pasado nada. Te ando checando. ¿Qué pedo?
- Nada, la chamba.
- Y Laura Hollis. Buena esa.
- Es una compañera de trabajo.
- ¡Ay si wey! Ahorita es sólo una compañera. Te doy… dos semanas para que te la chingues.
- El feminista de mi hermano.
- Tienes razón, ese fue un comentario machista e insensible. Lo lamento.
- ¿Neta? Eres el ejemplo vivo de que la educación mejora a las personas.
- Ríete lo que quieras pero lo hace. Wey ¿estás lista para regresar? La neta es que la vida en el campus es de hueva sin ti.
- Vamos paso a paso, William
- ¡Wow! Críptica
- ¡Aaaww! ¡hermoso! Ya sabes palabras de grandes.
- Jajajajajajajajaja. Oye Cram, hablaba, neta, para saber cómo estabas y recordarte que ya van a ser las vacaciones de primavera y que tu hermoso hermano, que sabe palabras de adulto, te va a caer ¿está bien?
- ¿Tengo opción?
- ¡Dah! ¡Claro que no!
- Jajajajajajajajajaja. O.k o.k. Vienes solo o con Mattie.
- Matska Belmonde, llegará elegantemente tarde.
- ¿Eso significa?
- Llegará cuando llegue. Oye wey, pero neta ¿no está pasando nada entre Laura y tú?
- ¡No! Ella tiene novia
- ¿Danny? ¿Sigue con ella?
- Aja
- ¡Wow! No pensé que eso fuera a durar.
- Pues sí.
- Esta chido. Danny no es mi persona favorita, no le hablé mucho en la universidad, pero bueno. Tons te caído en unas semanas ¿va?
- Will ¿cómo consiste a Laura? – No puedes evitar preguntar, toda esa conversación casual te está intrigando demasiado. Claro que no solías salir mucho con tu hermano cuando estaban en la universidad. Él es tres años más chico que tú, estudió historia, y sus facultades no tenían programas comunes, o por lo menos no por grados, todo esto te resulta bastante extraño.
- Por las fiestas de los zetas. Y ¿te acuerdas que solía tomar una clase de periodismo? Iba con ella.
- ¿Por qué yo nunca la conocí?
- ¡Pppppffffff! ¡Eras Carmilla Kranstein. Me sorprende de que notaras a otras personas en absoluto. Y no te preocupes, por lo que me comentó Kirsch cuando le hablé, Laura ha cambiado mucho. Seguramente te la topaste en alguna fiesta zeta, pero ya no la reconoces. – Un silencio corto termina con la conversación. – Kitty, me tengo que ir, debo dar una clase… ahora… te veo en unos días. ¡Ah! No le vayas a romper el corazón a Laura, es la onda. Te quiero, besos, bye.
- Bye. – Es lo único que puedes decirle a tu hermano. La verdad es que no estás muy segura quien le vaya a romper el corazón a quién, o si existe a posibilidad de que eso pueda pasar. Simplemente te quedas mirando tu celular más confundida que nunca. En ese momento entra Laura a la habitación.
- ¿Cómo te sientes? – pregunta como si no hubiera pasado nada. No le contestas enseguida, sigues pensando y repensando cómo carajos es que tu hermano menor conozca a Laura desde la universidad y tú no. - ¿Carm, te sientes bien?
- Sí. – No dices nada más, sólo la miras, de verdad quieres entender todo lo que está pasando.
- Lo conocí en una fiesta de los zetas. – Responde tu silenciosa pregunta como si fuera lo más natural del mundo. – Eras Carmilla Kranstein. La mejor en todo, la imparable, la inalcanzable. Y yo, bueno, yo era lo que soy ahora. Nunca nos cruzamos. Punto, no hay más que decir.
- No hay más que decir. – Repites sus palabras con sombría sorna. No puedes creer que sea así de simple, que Laura simplemente estuviera pero que no te acordaras de ella.
- ¿No me crees? – Te pregunta incrédula. Por supuesto que no le crees. Sabes que eras sobrada de ti misma en la universidad, que nunca salías con nadie, con las contadas excepciones de los acostones fugaces, o las comidas o cenas con Mattie y Will. O las idas a conciertos con Laf, o las pláticas filosóficas con Perry. Pero esto supera lo irónico.
- No es eso. Es que, Laura ¿no se te hace extraño que tengamos el mismo círculo de amigos y que nunca nos hayamos topado? Entiendo que convivieras con uno o dos de ellos. Pero Will, eso ya es otra cosa. ¿Me estás acosando? – Es una pregunta válida. Eso te pasó exactamente en cuatro ocaciones. Dos en la preparatoria y una en la universidad. Regularmente las chavas que te acosaban eran muy tímidas y no querían que supieras de su existencia, o muy agresivas y te seguían cada minuto y cada hora para saber exactamente cuando atacar. No crees que este sea el caso con Laura, pero sigue siendo una posibilidad.
- ¡No! Cramilla, ni siquiera recuerdas a Danny, y tomaban juntas una clase.
- ¡¿Qué?! – Sigues sin saber que decir, qué hacer. No, no la recuerdas, no recuerdas nada en absoluto. – ¿Qué clase?
- Filosofía del derecho
- ¿Qué? ¿A qué se dedica tu novia?
- Es periodista, igual que yo.
- ¡No! ¿por qué se metería a esa horrible clase?
- Era una de las optativas del curriculum. Es lo que quiero que entiendas, estabas tan absorta en ti misma que no recuerdas muchas cosas de la universidad. Carmilla, tienes seis amigos cercanos, y dos de ellos son tus hermanos.
- ¿Cómo sabes eso? – El ansia de esta conversación, y la cruda que se empieza a formar en tu cuerpo, te están comenzando a afectar.
- Will me lo dijo un día en la clase de periodismo político.
- ¿Por qué?
- ¿Por qué te pones así?
- Porque sabes más de mi vida en la universidad que yo. – Comienzas a incorpórate en el colchón, te sientas y miras fijamente a Laura. Quieres comprender todo, pero la última vez que alguien te acosó resultó muy mal. Mattie tuvo que intervenir y pedir una orden de restricción. El sujeto estaba fascinado contigo, ni siquiera era miembro de la universidad, no sabes cómo consiguió tus datos o cómo te conoció, o dónde te vio. Pero desde ese momento, has estado a la defensiva cuando alguien comienza a parecer sospechoso.
- ¿Me puedo sentar? – Te pregunta Laura de forma cautelosa. Miras su ojos, llenos de miedo por lo que está pasando. Tratas de calmarte y asientes con la cabeza. Se sienta junto a ti y comienza a hablar.
- ¿Cuántas veces entraste a las clases de filosofía del derecho?
- ¿Qué? ¿por qué eso es importante?
- Contesta. – Te ordena mientras coloca su brazo detrás de tu cuello y te abraza. Inmediatamente te tranquilizas y comienzas a hablar.
- No muchas. Unas quince veces al semestre.
- O.k. Danny estaba tan molesta con su calificación en esa clase que decidió enfrentar al profesor. Le dijo que cómo era posible que hubiera sacado nueve, si entró a clases todo el semestre y entregó todo, y que alguien como tú, que simplemente iba los días de examen y una que otra ocasión; y que siempre llegaba tarde cuando iba, hubiera sacado diez.
- Esa clase era de muerte. Nadie puede culparme por tratar de vivir un poco y saltármela todo lo que podía.
- Bueno, pues a muchas personas no les pareció justo.
- ¡Un momento! – exclamas mientras te incorporas de nuevo en la cama. – ¿Fue por eso que tuve que presentar el examen en primera vuelta, junto con toda esa bola de estúpidos?
- Jajajajajajaja. ¿Cuántos estúpidos estaban en tu clase?
- Como cuarenta.
- ¿Ahora entiendes porque no puedes recordar muchas cosas?
- O.k, esto es más creíble. – Le comentas mientras vuelves a una posición cómoda. Recargas tu cabeza en el hombro de Laura, mientras recorre tu brazo con sus delicados dedos. – Por eso parecía que me quería matar cuando me la presentaste.
- Sí, básicamente, Y también por eso Laf la apartó de tu lado cuando pudo. Danny no dejó de quejarse de lo injusto de esa clase en todo un semestre.
- ¡Wow, cuanto rencor! Yo ni me acordaba de esa clase.
- ¿De qué te acuerdas de la universidad?
- Pues, de mi primer año, de lo difícil que fue encontrar profesores que les gustara el rollo autodidacta. De algunas fiestas de los zetas. De mi lugar especial en el techo de la biblioteca.
- ¿Algunas personas?
- De mis maestros. Los que más admiraba. La mayoría eran estúpidas escorias.
- ¿De algunos compañeros de generación?
- No. Todos eran idiotas.
- Bueno, pues ahí lo tienes. Tal vez no lo creas, pero Cramilla Krastein era como una leyenda urbana en la universidad. No importaba en que facultada fueras, ese nombre era muy recurrente.
- No, no te creo ¿por qué?
- Decían que eras un genio.
- Soy un genio.
- Y que no hablabas con nadie.
- Todos eran idiotas. – Dices al tiempo en el que tu brazo rodea la cintura de Laura. Su cuello está tan cerca que lo besas despacio y sin prisa.
- Y que no existía en la universidad una mujer más hermosa que Carmilla Kranstein.
- O.k… tal vez… no eran tan idiotas. – Laura ríe y tú sonríes sobre su cuello.
- ¿Estás mejor? – Te pregunta aún un poco preocupada, pero ahora todo tiene sentido. Es cierto lo que dijo Laura de ti. Todo es cierto. Tu autoexilio de las actividades mundanas, de la muchedumbre, de lo superficial. Pero cuando te interesaba desfogar las hormonas, no había poder humano que te detuviera en esa tarea, no importaba qué o quién, siempre conseguías quien quisiera cooperar. Regularmente era el típico revolcón de una noche. Después de eso, nada. En muchas ocasiones ni siquiera te acordabas del nombre de la otra persona, pero eso no importaba. Así que es probable que lo que te dice Laura sea cierto, sin embargo, no puedes sacarte de la cabeza que quizá, no sea la verdad absoluta.
- Sí. Necesitaba dormir. – Sonríes y tratas de besar a Laura, pero ésta se aleja rápidamente. Estás confundida, pensaste que ya habían superado esa etapa.
- Carm, no te voy a besar en estas condiciones. Vomitaste y estás cruda. Tienes dos opciones, te bañas y te arreglas un poco, o no hay besos.
- O sea, que en realidad es sólo una opción.
- No. Te di dos. Escoge la que quieras.
- ¡Pppppffff! O.k, me voy a bañar ¿qué hora es?
- Las tres.
- ¡Chale! No voy a poder hacer nada de trabajo hoy.
- Ya sé. No te preocupes, lo podemos solucionar mañana.
- ¡Ya qué! – Dices mientras te levantas con cuidado y te diriges al baño. Laura Hollis, y el misterio de la universidad. Algún día lo resolverás, estás segura.
Tratas de no pensar en lo que te dijo Laura. Sabes que es verdad, pero, en realidad ¿cómo darle la razón si eso te hace ver como un dolor de huevos? Una persona sobrada de ti misma, aspiracional, como todas las personas de la oficina. Pero, al contrario de ellos, tú sí tienes las armas intelectuales de comportarte de esa forma. Por alguna extraña razón te sientes mal de que Laura haya visto esa parte de ti, o mejor dicho, sepa de esa parte de ti. Contemplas a la nada mientras te bañas. Tratas de recordar la primera vez que entraste al salón A567 de la torre de filosofía y viste el salón y a tus compañeros por primera vez. No puedes, no tienes registro en tu memoria de ese suceso. No comprendes nada. Tienes que hacer una pausa, recordar algo que haya sido significativo para ti en la universidad.
Recuerdas la primera fiesta de togas a la que te invitaron. Era tu primer mes en la universidad. Vivías en el departamento con Mattie, quien es tres años mayo que tú. Matska, nunca fue del tipo de persona que socializara demasiado, eso lo sacaste de ella. Se concentraba en el estudio porque quería llegar a la Corte Penal Internacional, lo cual logró. Al igual que tú, Mattie fue una de las personas más aplicadas de la universidad. A diferencia tuya, Mattie sí asistía a todas sus clases. Quería forzar lazos, conexiones que la ayudaran a conseguir lo que añoraba. Ese día, te encontrabas en la biblioteca cuando un torpe y perdido Wilson Kirsch te interceptó en la última mesa de la biblioteca un viernes a las siete de la noche.
- ¡Hola! ¿está apartado este lugar?
- Depende. – Respondes sin levantar la mirada de tu libro.
- ¿De qué? – Dice Kirsch al momento de sentarse enfrente tuyo.
- De que tantas ganas tengas de morir. – Levantas la mirada y lo ves de una forma que diga inequívocamente que no quieres nada que ver él.
- Mmmm… ¿Eres hermana de Matska? – Pregunta risueño.
- ¿Qué? – Respondes sorprendida. - ¿Cómo supiste?
- No sabía. Pero esa mirada puede matar a cualquiera. Lo bueno es que tu hermana me la mostró hace un año cuando entré aquí. Soy Kirsch, soy un zeta y vivo en la fraternidad, y estoy en el tercer semestre de comunicación. – Estira la mano para tomar la tuya y saludarte de manera formal, en su boca sigue la sonrisa sincera y juguetona. La verdad es que te sorprendió lo que dijo de Mattie, así que, tomas su mano.
- Carmilla Karntein. Primer semestre. Filosofía. No me interesas.
- O.k… Hay una fiesta mañana en la noche. En la casa Zeta. Es de togas. Ve. Mattie va a ir. La acabo de ver y de avisar.
- No me interesa. – Tu mirada regresa al libro que está frente a ti. Sabes que eres descortés, pero eso no te importa, nunca lo ha hecho.
- Un hermano quiere conocerte. Tal vez puedan ser amigos ¿Quién sabe?
- NO. ME. INTERESA. – Dices cada vez más irritada, es increíble que sea tan obstinado y que no se haya ido ya.
- Bueno, piénsalo. Ya sabes, alcohol, música, fiesta, muchachos. – Esa última palabra es la que hace que estalles. Retiras el libro de tus manos, te inclinas para que toda la atención de Kirsch se para ti.
- NO. ME. INTERESA. TU. AMIGO. TU FIESTA. O LOS MUCHACHOS. Soy lesbiana. – Terminas tu oración y el libro regresa a tus manos, al igual que tu atención. Por un momento lo único que puedes escuchar es el pasar de los segundos en el reloj de la pared.
- Está bien. No importa. Que tal esto. Música, alcohol gratis, baile y muchachas. – Levantas la vista del libro de nuevo y te quedas viendo a Kirsch intensamente. – ¡Ándale! Es un paquetote, no puedes decir que no.
- Vas a dar una fiesta de lesbianas en la casa de los zetas.
- Nop. Pero. La verdad es que no creo que tengas muchos problemas en que algunas señoritas se quieran ir contigo a la parte de arriba de la casa.
- Nadie puede subir a la casa si no vive ahí. ¿Crees que no sé las reglas?
- ¡Oh! Pero para tu buena suerte, tu nuevo mejor amigo, puede darte una contraseña.
- ¿Por qué estás haciendo esto?
- Porque aposté a que podía llevar a la mayor cantidad de jóvenes lindas y dispuestas a la fiesta. Si no lo hago, pues no pierdo mil dolares. ¿Te es suficiente esa respuesta?
- Es sincera. Se ve en tus ojos. Y acabo de ganar quinientos dólares ¿Quién lo hubiera creído?
- Jajajajajajaja. ¿Eso vale que ayudes a un bro?
- Podría pedir más, pero no quiero ser ventajosa. – Respondes estrechando la mano de Kirsch.
- O.k – Toma tu mano y sonrie.
En ese momento sellaste un trato de cabalidad con el más noble de los zetas. Cada vez que necesitabas un lugar para conocer chavas, Kirsch lanzaba una fiesta. Ibas, conocías a alguien y todo lo demás era sexo y sexo. Kirsch y tú no cruzaban muchas palabras, simplemente eran las necesarias. Cando Will entró a la casa de los zetas, Kirsch y tú se volvieron un poco más amigos cada vez, pero nunca lo habías dejado entrar. No conoce tus secretos, tus manías, nada. Hasta este momento, cuatro años después de conocerlo ésta ha sido la primera ocasión que sientes que es tu amigo. Piensas que a lo mejor, no sería tan mala idea contarle algo de ti. Pero, esperaras la ocasión conveniente. Ahora es momento de salir de tu ensoñación, terminar de arreglarte y enfrentar a Laura.
Sales del baño sintiéndote como nueva. No cabe duda que una buena siesta y un baño re anima hasta la persona más deprimida del mundo. Comienzas a vestirte y ves tu reflejo en el espejo. Limpio, sin maquillaje, con el cabello húmedo y despeinado. Hay te das cuenta de una cosa, eres la misma persona de la universidad, llena de sueños, de anhelos, de dichas y de fracasos. Has vivido con cautela los últimos dieciocho meses, y hoy ante este espejo, en un mundo que has inventado junto con Laura, lo decides, vas a disfrutar estos cinco meses como nunca en la vida. Estos cinco meses serán para ti llenos de alegría. Por lo menos ese es el plan principal.
Te tomas tu tiempo para recordar que los fracasos que has tenido en la vida, no son muchos, y por eso duelen tanto. El primero fue en la secundaria, cuando tu gran carrera de basquetbolista se vio ensombrecida por una lesión en la rodilla, que hasta hoy te lastima, junto con las demás de aquella vez. El segundo fue en la preparatoria, cuando tu inmaculado promedio sobresaliente tuvo, por vez primera una horrible calificación que no habías conocido en tu vida, un ocho, en matemáticas; ese momento aprendiste que tal vez tus energías no estaban del todo destinadas a buscar Y, X y Z; pero sí a resolver problemas humanos a través de la filosofía. El tercero y fulminante fue el del hace año y medio. Entonces, si lo analizas lenta y cautelosamente, te darás cuenta que todo está interconectado. Tus logros académicos y deportivos, son en mayor o medida, aparejados a tu vida amorosa.
En la secundaria te diste cuenta de que eras lesbiana. Básicamente llegaste a esa conclusión, cuando una de las alumnas de tercer te metió al baño de segundos, cuando tú estabas en primero y atacó tus labios de una forma brusca y descuidada. La primera reacción que tuviste fue salir corriendo, tenías once años, llegaste a la secundaria antes de tu tiempo, como en todo en la vida, no comprendías nada, te asustó, sin embargo, deseabas hacerlo de nuevo. Así que, con toda la sutiliza que te caracteriza, esperaste a Nancy afuera de su salón de clases un día después del receso y, sin intercambiar palabra se dirigieron al mismo baño donde te besó por primera vez e hiciste lo que seguiría siendo tu ritual por veinte años, la besaste sin prometer nada y así fue toda tu vida amorosa en la secundaria. Nunca tuviste una novia estable, porque no sabías que podías tener eso.
Cundo llegaste a tercero, eras un rumor bien sabido por todas las niñas que tenían inclinaciones no heterosexuales. Eras la capitana del equipo de basquetbol, habías sido la más popular desde primer año, tus vacaciones las pasabas persiguiendo chicas de todos lados. De hecho, así comenzó la caída. Una chica de otra secundaria, quien resultaba ser el ala defensiva del equipo rival, tenía una novia, que, por asares del destino, resultó ser una de tus compañeras de aventuras. En tu defensa, la niña nunca dijo que tenía novia, o que estaba saliendo con alguien. Resultó que su novia se enteró, investigó quien eras, y a los trece años, una rodilla completamente destrozada, terminó con cualquier aspiración de jugar al basquetbol de forma profesional. El espectáculo sucedió de la siguiente manera.
Estando a pocos minutos del final del partido, y ganando por trece puntos, de los cuales tú habías metido diez. Eras buena en deportes antes de ser buena con las mujeres. En algo tenías que entretener las manos. Por un segundo, pudiste sentir la gloria deportiva. Tenían el saque desde el lado de tu cancha, tus postes se posicionaron en forma de flecha para atacar, porque siempre has sabido que la mejor defensa es el ataque. La formación 1-2-2 era la que siempre usaban cuando el reloj marcaba menos de diez minutos de juego, que era el caso en esa ocasión. Al llegar al otro lado, la posición que tomaron fue la de recarga. Por tu estatura y rapidez siempre fuste base, repartías el juego, comandabas el ataque y la defensa. Esa ocasión no fue la excepción. Estando en los diez últimos minutos de juego, te concentrarte en crear un ataque que tomara todo el tiempo que podías, sin embargo, no te imaginabas que el poste de otro equipo estuviera cazándote como fiera todo el partido. Trotabas con el balón en la mano, viendo como se posicionaban tus compañeras a rededor de la duela. Cada bote te indicaba que un micro segundo estaba pasando lento e irremediablemente a la historia. Tuvieron la oportunidad de hacer tres jugadas más que, gracias a la destreza de tu pivote, se convirtieron en sesí puntos. Aventajaban por diecinueve puntos al equipo rival. Tenías el balón y estabas a punto de poner fin al partido, llegaste a la línea de tiro de tres, apuntaste, brincaste, soltaste el balón y en ese instante, notaste que una persona te tacleaba con toda la fuerza que tenía, te tiraba al suelo y después, dejaba caer todo su peso sobre tu rodilla que estaba en una posición incómoda. Sólo escuchaste el sonido agónico de tu rodilla el romperse, ese crack, que significa que mataron a tu pobre sueño, después, la nada. Todo fue oscuridad.
En la preparatoria pasó casi lo mismo, el primer enamoramiento que sentiste hacia otra mujer. Su nombre era Sarah y era tu compañera de grado. Todo el primer semestre pasaron juntas todo el tiempo, desde que entraban a la escuela, hasta que salían. Las horas libres, los fines de semana. Todo era felicidad y diversión, hasta que un día, Sarah te dijo que deberán intentar tener una relación. En ese entonces, y con tus jóvenes dieciséis años, respondiste que sí, porque era lo más hermoso que te pudo haber pasado. Esa fue una historia de tragedia. Fue la primera vez que te diste cuenta que las relaciones no estaban hechas para ti. Sara y tú eran la pareja perfecta. Para haber vivido los resquicios de la homofobia en tus años de adolescencia, tu relación fue de lo natural en la escuela. No se burlaban de ti, ni de ella. El gran problema fue que descubriste que las mujeres con deseos de aventura te seguían como abeja a la miel. Al principio, tratabas de alejarte de ellas con toda la fuerza de voluntad de la cual eras capaz. Pero Marina se interpuso en tu camino, la historia dio un vuelco completamente distinto.
Para empezar, Marina, junto con Sara y contigo, era considerada lo más alto de la jerarquía preparatoriana. Rica, inteligente, guapa e inalcanzable. O eso creíste hasta que un buen día, después de la case de química, que tomabas con ella, hasta el edificio Z, el punto más alejado del campus, de repente, te detuvo.
- ¿Carmilla? – Te llamo quedamente, y tu giraste para verla parada en frente de ti, con su impecable vestido todo azul con flores blancas, que llegaba arriba de sus rodillas, sin mangas y los tres primero botones del pecho desabrochados. Su increíble sonrisa, sus ojos azules intensos observando cada movimiento de tu cuerpo, y su hermoso cabello rubio cayendo como cascada sobre sus hombros. Era una visión. Una de las más interesantes que habías contemplado hasta el momento.
- ¿Sí? – Preguntaste casualmente, tratando con todo lo que tenías de que tus impulsos adolescentes hormonales estuvieran quietos.
- ¿Puedes ayudarme con la tarea que nos dejó Sinclair? No la entiendo muy bien y es para el lunes.
- Sí, claro. No te preocupes. ¿Quieres que nos veamos el lunes antes de la clase en la biblioteca? – Pensabas que si pasaban el tiempo en un lugar que fuera público, nada podía salir mal. Excepto, que todo salió mal.
- Estaba pensando en que podías ir a mi casa este fin de semana, y podríamos estudiar ahí. ¿Qué te parece?
- Bien. Sólo tengo que hablar con Sara para avisarle que tengo un compromiso. ¿Crees que nos pueda acompañar? Es muy buena en física.
- ¡Ah, claro! Aunque, mis padres son un tanto, ya sabes, especiales. Les molesta que lleve a la casa a muchas personas. – En ese momento, haciendo el ejercicio reflexivo que haces ahora, debiste notar que había algo, exageradamente sospechoso en Marian. Habías escuchado de las fiestas que daba cuando sus padres salían, la cantidad de personas que conocía, lo malcriada que era, lo consentida que estaba, y lo fácil que era para ella obtener lo qué y a quién quería. Pero pensaste que tú eras más inteligente y que podías escapar de esa trampa que se te presentaba en frente.
- Bueno, vemos como le hacemos. No creo que haya tanto problema ¿no? Sólo vamos a estudiar.
- ¡Claro! Lo resolveremos. – Con esas últimas palabras, Marina te dio una tarjeta con su número telefónico, su dirección y un beso en la mejilla, que te sorprendió.
Estabas dispuesta a llevar a Sara a la "cita de estudio", pero el destino tenía otra sorpresa preparada para ti. Esa noche de viernes, Sara te avisó que tenía que salir de práctica de campo al día siguiente. Tu sentido de la mora y el respeto a tu relación monógama te hizo decirle la verdad, que pasarías el sábado ayudándole a estudiar a Marina, y que Sara no debía preocuparse por ti. Ella simplemente sonrió, te besó y se fue a su casa. Al día siguiente llegaste a la casa de Marina, cargada de libros de física y tus apuntes. Pensaste en presentarte con sus padres de la forma correcta que te había inculcado tu madre, estudiar y salir de ahí lo más rápido posible porque Mattie, Will y tú tenían planeado ir al cine en la tarde y pasar el tiempo tonteando por ahí.
Cuando Marina abrió la puerta te pudiste percatar de dos cosas. Uno, sus padres no estaban en su casa, y dos, Marina tenía puesto lo que se podía considerar el atuendo más seductor, que una muchacha de diecisiete años podría usar. Un short en extremo corto de color negro, y una playera sin mangas blanca que mostraba todas las deliciosas curvas partes de su cuerpo, así como la voluptuosidad de sus pechos, que no estaban sujetos por nada más que por la blanca prenda. Respiraste profundamente y recordaste a Sara, con eso en mente entrarse a lo que después habrías de describir como el inicio del declive.
- ¡Hola! – te saludó de lo más normal. Pero a ti te comenzó a dar un mal presententimiento desde que abrió la puerta. Tu razón poco a poco se alejaba de ti.
- ¡Hola! – Respondiste con más entusiasmo del que pretendías, y eso fue suficiente para Marina.
- Pasa ¿no vino Sara? – Entraste con cautela, al darte cuenta de que sólo estaban ustedes dos, tus hormonas rápidamente se pusieron a trabajar.
- No, tuvo que salir de viaje de campo
- ¡Oh, ya! Pues vamos a mi cuarto ¿no? Para estudiar más cómodas.
- Sí. – Fue lo único que pudiste decir y seguiste a Marina. Su habitación era inmensa, con una cama King size en medio de la habitación. Una gran ventana de bahía, adornada con varios cojines blancos que contrastaban con el asiento azul marino de la colchoneta. Por un momento pensaste que ese era un gran lugar para besar a alguien, en específico, a Marina. – Linda habitación.
- Gracias. ¿No tienes calor?
- Mmmm… No mucho, no traigo chamarra, estoy bien. – Volteaste a ver tu atuendo. Una camisa de cuadros azules con blanco, un pantalón de mezclilla roto de las rodillas y uno convers negros. No había nada por lo cual deberías de tener calor.
- Puedes quitarte la camisa, para que estés más cómoda. – En ese momento entendiste que esta no era una ocasión para discutir. Tus deseos te estaban ganando, poco a poco Sara estaba desapareciendo de tu mente.
- O.k. – Comenzaste a desabotonarte la camisa, recordando que de bajo tenías una playera idéntica a la de Marina. Pensabas que debías resistir, que debías de hacerlo por Sara, que llevan casi un año de relación y no podías romperle el corazón. Que eso sería una de las pocas cosas que no podrías perdonarte en la vida.
- ¿Sabes? – te pregunta colocando sus manos en tu cintura y pegando sus pechos en tu espalda. – Siempre sentí curiosidad por saber cómo tenían sexo las lesbianas.
- ¿No ves porno? – Tratas de desviar su atención, de que sea sólo una plática inocente, pero sus manos poco a poco se dirigen al sur de tu cuerpo y desabotona tus pantalones.
- ¡Oh, claro que sí! Pero verás, desde que entraste a la escuela, tuve un deseo recurrente.
- ¿Cuál? – Tratas de concentrarte en no caer en la tentación, en seguir firme, pero su mano izquierda viajó hasta tu pecho y lo está acariciando de forma tan sensual y dolorosa que un pequeño gemido sale de tus labios.
- El tenerte a ti, en mi cama desnuda. – Retira tu cabello de tu espalda y lo coloca de lado, besa tu nuca y eso hace que otra vez un pequeño gemido resuene en la habitación.
- Tengo novia. – Recuerdas, pero eso parece no importarle. En realidad no había mucho que hacer, ya en ese momento. Marian era hermosa, y no tardó mucho en que tú te sintieras en el set de una mala película porno. Tus manos sudaban, tu corazón estaba en tu garganta, y a cada paso que dabas tus hormonas iban nublando tu juicio.
- Eso lo sé, tú lo sabes, pero en realidad no nos importa ¿no? – Toma los extremos de tus pantalones y los baja junto con tu ropa interior, en ese momento sabes que no tienes mucho poder en esa situación. Simplemente te dejas llevar.
- No. – Volteas y tus labios chocan con los de ella, la desesperación y excitación se puede sentir en sus besos. Tus manos tratan de tomar la su playera para quitársela. Peor tu desesperación hace que la delicada prenda se rompa. Eso fue el detonante para que Marina se quitara de cualquier tipo de inhibición y te desnudara por completo. Mientras te llevaba hacia la cama, todos tus pensamientos se concentraron en besar cada parte de la rubia. Sus senos, sus pezones, sus piernas, sus rodillas, sus muslos. Todo, no querías dejar ni una parte sin saborear. Colocaste a Marina de espaldas al colchón y le quitaste sus shorts, te sorprendió darte cuenta de que no tenía ningún tipo de ropa interior.
- Hay que estar preparada para todo ¿no? – Simplemente sonreíste y seguiste trazando la ruta hacia su centro con tus labios. No hablaban, sólo se escuchaban sus respiraciones, y los besos sonoros que dejabas en todo su cuerpo. Pronto llegaste a su vulva y la besaste. Sabías que no tenías tiempo que perder así que te aventuraste a chuparla, y meter tus dedos dentro de ella. Una y otra vez, adentro y a fuera, sólo para escuchar su respiración entre coartada y ver de vez en cuando como su cuerpo se retorcía. Esa vez, no duró mucho tiempo. Su vagina se contraía de forma violenta y con una última succión escuchaste un fuerte gemido y tus dedos fueron succionados de fuertemente, los pasmos eran rápidos. Te detuviste y esperaste que el orgasmo poco a poco desvaneciera. Al recuperarse te miró a los ojos y te sonrió. – O.k. Mi turno ¿qué hago?
- Lo que quieras, no voy a tardar mucho.
- Dime que hago – Te dijo mientas te acomodaba en la cama de espalda al colchón y ella entre tus piernas.
- O.k. ¿quieres mmm? Ya sabes.
- Quiero hacerte lo mismo que me hiciste a mí. – Dice mientras coloca sus manos en tus rodillas para ponerlas a los lados.
- O.k. Primero, mete un debo despacio… o.k, así… o.k… mételo y sácalo despacio… o.k… o.k
- Quiero probarte.
- O.k. Usa tu lengua como si estuvieras comiendo un helado, despacio primero… yo te digo cuando… ¡oh Dios!... así, sigue así… así… No voy a aguantar mucho… Más rápido… aja… así… más rápido…. ¡Aaaahhhh! Pon tus labios… ponlos sobre mi clítoris… ¡aaaahhh! Me voy a venir… y chúpalo… fuerte… ¡aaaaahhhh! – El orgasmo te llegó fulminante, mientras tratabas de que tu respiración volviera a la normalidad, la imagen de Sara regresó a tu mente. Te sentiste fatal. Te vestiste y te fuiste.
Después de ese día no podías ver a Sara a la cara, cada minuto de tu existencia estaba destinado a preocuparte por que ella no se enterara de que mantenías una relación sexual con Marina, y tu culpa crecía cada vez más y más. Porque al parecer no podías dejar ni a Marina ni a Sara. Después de unos meses de estar entre las dos te preguntaste a Marina porqué ella estaba tan relajada si también estaba engañando a Sara contigo, y la respuesta que te dio, te marcó el camino a seguir. "Sara no es mi novia Cramilla, yo no me tengo que preocupar porque me descubran. Tú eres la que la está engañado conmigo, sé que todos me dirán que soy una puta, y que soy una mala persona, pero qué crees, no me importa, porque sí lo soy. Si no lo fuera, no estaría aquí contigo ¿no? No quiero tener una relación, sólo quiero estar contigo un rato, después ya veremos. Es mejor así, por lo menos para mí, no tengo compromisos con nadie." Después de esa conversación el rumor se expandió y Sara rompió contigo. Le rompiste el corazón, y tu corazón se rompió también. A partir de ahí prometiste que a nadie le harías lo que le hiciste a Sara, siempre tomarías el camino que te enseñó Marina. La responsabilidad no recaería en ti.
El último desliz que te hizo daño fue el del año pasado. Eso parece que está siendo olvidado poco a poco, duele menos mientras la fecha que más esperas en la vida se va acercando. Sin embargo, ahora estás aquí desnuda en frente del espejo pensando que no debes de sentirte culpable de nada porque la que empezó todo fue Laura, pero existe una parte de ti que no quiere hacerle daño a la pequeña rubia. Porque, aunque haya pasado poco tiempo, ella te importa. Mientras esta revelación te sorprende, tratas de vestirte y no hacer mucho caso de ello. Pero de verdad es más fácil que digas que es lo que no te es atractivo de Laura, que pensar todo lo que te gusta de ella. Su sonrisa, sus ojos, su cabello, su cuerpo, eso por la parte física. Pero la parte que más te atrae es su carácter, su ternura, su decisión, su preocupación por otros, sus ganas de ser mejor, de aprender, de ayudar. Laura es lo mejor que has encontrado en este mundo, y ni siquiera puedes gozar que la hayas encontrado.
- ¿Estás mejor? – Te pregunta la rubia asomando su cabeza a la habitación.
- Si. Pasa, está bien, no hay nada que no hayas visto aún. – Laura entra a la habitación, en sus labios hay una sonrisa juguetona e inocente. Te encanta esa Laura.
- ¿Me vas a decir por qué decidiste jugar a "Adiós a las Vegas" ayer?
- Nop. – Se acerca a ti y se sienta en la orilla de la cama.
- ¿Por qué?
- ¿Por qué lo hice o por qué no te lo voy a decir?
- Las dos. – Te colocas la playera que te da más tiempo para pensar lo que vas a decir. No sabes cómo iniciar esta conversación. No sabes si es conveniente que le digas todo lo que tienes en la cabeza, pero es necesario que le hagas entender. Te pones los pantalones y te sientas al lado de Laura dando un gran suspiro.
- Sabes que puedes decirme cualquier cosa ¿no, Carm?
- Sí, sólo que no sé cómo vayas a reaccionar.
- ¡Wow! O sea que es serio
- Algo. – No logras mirarla a los ojos. No logras alejarte de ella. La necesidad de estar con Laura es más fuerte que tú. – Ayer Kirsch me preguntó por qué siempre tenemos que fijarnos en mujeres que tiene pareja.
- ¡Oh! Entonces Lee no está soltera.
- Nop.- Laura pone su mano en tu pierna, la aprieta dulcemente para que continúes. – No sé porque me afectó tanto que me preguntara eso. Desde hace quince años he sido la "otra" de las relaciones, y cuando no, pues simplemente no tengo relaciones. Es sólo que ver a Kirsch tan devastado, no sé, Me hizo cuestionarme varias cosas. ¿Qué estamos haciendo Laura? Sé que esto es un juego, simple y llano. Que saliendo de aquí nuestras vidas van a seguir, y tú vas a regresar con Danielle, y o regresaré al hoyo funky donde vivo y buscaré a alguien para pasar la noche. Pero, cada vez que estoy contigo, cada paso que damos juntas cuando me agarras la mano y vamos platicando hacia el metro, es lo mejor de mi día. No sé que estamos haciendo. Bueno, sí sé lo que estamos haciendo, pero se siente diferente a todas las veces que lo he hecho. Y no puedo dejar de pensar ¿qué pasará contigo si se entera Danielle, o Laf, o Perry, o Kirsch? ¿Cómo te sentirás? ¿Qué harás?
- Yo también me preocupo por ti ¿sabes? – Te esperabas todo, menos esa declaración. No dices nada, esperas que Laura siga. – Yo también sé lo que estoy haciendo. Toda mi vida me he preocupado del qué dirán. No te voy a mentir, la primera vez que te vi en la oficina sólo pude pensar en que quería acostarme contigo. Sabes lo que traes ¿no? Sabes del efecto que causas en las personas, y lo usas bien. Y si estamos en esto, que nunca he hecho, pero parece que tú tienes experiencia suficiente para las dos, entonces no creo que nada pueda salir mal. No estoy diciendo que voy a dejar a Danny por ti. – Esa sola oración te rasgó un poco más el corazón. Pero es verdad y tú lo sabes. – No te quiero mentir, Carm.
- Lo sé. – Dices mientras acaricias la mano que está sobre tu muslo. La cara de Laura es de una sinceridad completa. ¿Cómo respondes de diferente forma ante alguien que ha sido tan franca en este asunto?
- A no ser que tú no quieras continuar con esto. Que si es el caso lo respeto completamente. Sólo que no creo ser capaz de trabajar contigo siente horas a la semana y no besarte o tocarte.
- No, no es eso, es que… - Tomas su cara en tus manos, y tu pulgar acaricia su mejilla. – No quiero que te pase nada malo.
- No me va a pasar. Se cuidarme, nos puedo cuidar a las dos. – No dudas más, la besas. Pero este no es un beso apresurado ni sexual, como los muchos otros que han compartido, este es un beso suave, rítmico, en el cual estás mostrando que en realidad te preocupas por Laura, que quieres protegerla, y tratar de que esto que tienen, no les explote en la cara. Sientes que eso es lo mismo que Laura quiere hacer. – Oye, oye. – Dice mientras se retira de tus labios poco a poco. ¿Vamos al cine?
- ¿No tenemos que trabajar? – Dices mientras te levantas de la cama a buscar tus tenis.
- Sí, pero son las cuatro de la tarde y la verdad es que no vamos a hacer nada en las próximas tres horas. Mejor vamos al cine, comemos, y te recuperas para mañana. – Se levanta de la cama y rodea tu cintura con sus brazos, coloca su mejilla en tu espalda y eso te reconforta.
- O.k, pero, yo pago el cine y la cena.
- ¡Oh, una cita después de la cruda! ¿Quieres ganar puntos conmigo Karnstein?
- ¡Ppppffff! No necesito de eso. Al parecer mi pura pinta gana puntos por sí misma.
- ¡Agh, cuanta arrogancia!
- Que te encanta. – Te volteas para encarar a Laura quien está sonriendo.
- En fin. Sabía que esa información debería quedar en secreto. – Te besa y con ese acto todos tus temores se desaparecen.
Te sientes más relajada de lo que te sentías ayer. Ya con la mente despejada, descansada y sobria, la culpa es menos, aunque sigue ahí. Decidiste llevar a Laura al restaurant Italiano que está a pocas cuadras de la sala de cine independiente a la que te encanta ir sola. Sí, ya lo sabes, es muy hippster e intelectual, pero te gusta. Todo el camino Laura tomó tu mano y aparentaron ser una pareja normal, de esas que se ven en cualquier película romántica. Y te pareció gracioso que el día anterior todos tus problemas fueran a causa de sentir una mezcla de culpa, excitación y compañerismo. Hoy es otra cosa completamente diferente. Laura quiere esto, te lo dijo, quiere pasar tiempo contigo, eso es algo. Está bien, no puedes negar que te molestó algo que haya sido tan directa y te haya dicho que no pensaba dejar a Danny, pero hace varios años comprendiste que no era sabio pedir eso, que no es necesario, que no es lo que quieres en realidad; sin embargo, que seas un objeto sexual y que Laura te lo haya recordado te hace sentir un poco incomoda. Piensas que está bien, lo que puedas obtener es mejor que nada. Esos pensamientos han estado en tu cabeza cada vez más y más. No puedes reconocerte ahora, hace apenas tres semanas estabas dispuesta a incendiar y dejar arder a todos, tu sufrimiento debía convertirse en el epitome del dolor del mundo, el weltschmerz. Deseabas que sentirían todas y cada una de las personas que vivieran a lo largo y ancho del planeta tu sufrir. Y hoy, estás aquí en un gabinete para dos, enfrente de Laura Hollis que no sabe si quiere pedir sólo pasta o algo más; y tú simplemente sonríes porque una decisión tan fácil, la hace tan difícil.
- Puedes pedir lo que quieras. – Sonríes mientras le das tu orden a la mesera. Una pasta con salchicha italiana. Simple, sin complicaciones.
- Creo que quiero el corte de carne con la pasta en salsa de cuatro quesos, por favor. – La mesera apunta, te lanza una sonrisa y se va. Toda tu concentración está en la pequeña rubia que está enfrente de ti.
- ¿Siempre pasa eso?
- ¿Qué eso? ¿Qué pida spaguetti con salchicha italiana, o que mi cita se tarde una eternidad en ordenar? Porque, regularmente sólo piden ensalada, no sé porqué.
- No. Que las meseras te coqueteen. ¿A cuántas personas has traído aquí?
- Sí, siempre pasa, pero ya me acostumbre. Hombres, mujeres. No importa. Y para contestar tu pregunta. No. No salgo con muchas personas, y no, nunca he traído aquí a nadie.
- O sea que soy la primera.
- Sip. ¿Por qué?
- Sólo curiosidad. – De sus labios sale una sonrisa pequeña.
- Yo no salgo con nadie Laura.
- ¿Por qué? – Esta es la hora de la verdad, si logras contestarle a Laura sinceramente y no sale corriendo, sabrás que esto que estás haciendo es consensual y la culpa se aminorará.
- Cuando tenía dieciséis años, tuve a mi primera y única novia. Se llamaba Sara. Duramos un año, hasta que yo la cagué y la engañe con Marina. Le rompí el corazón y una parte de mi alma se fue con la culpa y el arrepentimiento. No de haberla engañado, sino de haberla herido. Y después de eso, no he salido con nadie.
- Hasta ahora.
- Hasta ahora. – Se levanta y se sienta junto a ti, su brazo rodea tu espalda y te susurra al oído.
- Si esa mesera quiere jugar rudo, tendrá que hacerlo mejor. – Te besa la mejilla y dos segundos después, la muchacha está a un lado de ustedes, viendo detenidamente a Laura, y a su mano que acaricia tu mejilla. Laura sabe jugar muy bien. Y eso te asusta y te excita a la vez.
- Sabes que esto no es real ¿no? – Le susurras al oído. Necesitas que todo lo que están haciendo quede claro de una vez.
- Mientras estemos juntas, todo es real. – Y así, todo, de nuevo, está de cabeza para ti. Esto es real, pero es un engaño, pero no es una mentira, pero no deberías de estar haciendo esto con una persona que tiene pareja. Sin embargo, no te importa, mientras Laura quiera seguirás en esto.
- ¿Sabes que estamos jugando algo muy peligroso?
- Peligro es mi segundo nombre. – Te dice mientras su lengua viaja sobre el lóbulo de tu oreja y lo toma entre sus dientes.
- No tienes segundo nombre.
- Nop. – Eso es todo, la conversación intensa termina, y te dispones a disfrutar el momento.
La película que escogiste no te ayuda en nada a dejar de pensar qué demonios estás haciendo. Madame Marguerite, Trata de una mujer con dinero, que vive en la Francia de principios del siglo XX, a la cual todo el mundo le miente para hacerla sentir bien. Margarite quiere ser cantante de ópera, pero su voz es horrible. Ves todas las peripecias, las mentiras, la traición y el engaño que sus allegados le infringen a Marguerite, sólo para quitarle su dinero, y la pobre no tiene ni idea. Es una clara ironía que acabaran viendo esto después de casi veinticuatro horas de que tú estuvieras viviendo un mar de complicaciones y preguntas morales. No, tú no eres Marguerite, y Laura tampoco lo es. Te asemejas más al amante de su esposo y Laura es el esposo que engaña. Danielle, por supuesto es Margarite, y la culpa te pega de manera fulminante. De nuevo. No por Danielle, sino por el final de la historia. El esposo regresa con Margarite y la amante se queda sola, de nuevo, como siempre. Pero recuerdas lo que Laura te dijo, que quiere esto, y sabes en lo mas profundo de tu ser que debes prepararte mental y sentimentalmente para que te rompan el corazón. Sin embargo, aún tienes la esperanza de que eso no suceda, de que puedas encontrar a alguien que no esté comprometida o en pareja y que tenga las cualidades de Laura. Al final del día, viste una película que en dos horas y diez minutos sólo hablaba de mentir. Sigues esa corriente.
Son las ocho de la noche y sabes que el final del día se acerca, que tienes que dejar ir a Laura con Danielle, para que la pequeña rubia y la torre pelirroja regresen a su rutina, la cual no conoces, y sólo te imaginas que es una de las más hermosas del mundo porque Laura es parte de ella, sin embargo, te preguntas ¿por qué está haciendo lo que hace? Cuando tratas de formular esta pregunta y matarte lentamente de agonía, porque crees que Laura sólo quiere sexo, y acabas a pareándote a un dildo, la pequeña rubia te sorprende de nuevo.
- No quiero que pienses nada extraño. – Te dice mientras caminan de regreso al departamento y te toma la mano.
- ¿De qué hablas? ¿Qué no piense qué?
- Lo mío con Danny
- No sé de qué hablas. – Dices en un tono molesto. ¿Habrá algún día que no saque a Danielle en cada conversación que sostienen? Por lo menos sabes que no habla de ella durante el sexo. ¡Por lo menos!
- ¿Crees que no note lo tensa que te pusiste toda la película?
- Fue una película tensa.
- Lo fue. Y el final… fue duro.
- ¿Para quién? ¿Para quién fue duro el final? – Sabes que no debes preguntar eso, que necesitas tener cuidado con lo que sale de tu boca. Te dijo, apenas unas horas antes que no va a dejar a su novia por ti. Simplemente tienes que detenerte.
- Para todos, absolutamente todos. Para el esposo, la amante, los doctores, los maestros, los amigos, para la propia Margarite fue fulminante. – Después de dar unos pasos en silencio, Laura se detiene. – Nunca he engañaddo a nadie, Carm. No sé que hacer. Ya te lo había dicho, ese día en el Dragón Rojo, pero no quiero que te sientas mal. Desde ayer has estado incomoda por este asunto, pensé que era algo que hacías regularmente. Que no importaba.
- Ya lo sé. Es que no había tenido que estar tanto tiempo con alguien haciendo esto.
- ¿A qué te refieres? – Llegas hasta el Lugar en donde está Laura, tomas su mano y comienzan a caminar de nuevo.
- Hay reglas en esto del engaño. – Laura sonríe. – No lo estoy inventando. Hay… es… ¡aaaaagggghhhh! – Te frustra no poder explicarte. Laura siente tu furia, detiene su andar, te jala hacia ella y te besa en los labios de forma dulce. Tú dejas que lo haga, de todas formas, dejarías que hiciera de ti lo que sea. – Como eso por ejemplo. – Dices, después de besarla y juntar sus frentes.
- ¿Besarnos? – Te pregunta incrédula.
- Besarnos en público.
- ¡Oh! – te abraza por la cintura y te susurra al oído – Lo siento, ni sé las reglas. – Todo se detiene con ese acto. Las personas que caminan por la calle, el viento frío, tu culpa, tu lógica, tu corazón. – ¿Me explicarías las reglas?
- O.k. – suspiras y reanudas tu camino. – Lo que yo he hecho, ha sido, pues básicamente, la mayor parte de las veces, ser un booty call, ya sabes ¿no? Te llaman, tiene n sexo y te vas. Pero las veces, las dos veces que no lo he sido, y que otra persona ha querido estar conmigo más tiempo, regularmente sólo estábamos en un lugar y no salíamos, todo muy secreto.
- ¿Cómo algo que te avergonzara?
- Sí, básicamente.
- ¿Por qué alguien se avergonzaría de ti? – Esa pregunta no te la esperabas. No puedes creer que Laura sea tan inocente para algunas cosas, y para otras simplemente sea astuta, como en el sexo, por ejemplo.
- No era de mí, era de la relación… mmmm… de querer tener todo pero que se lo prohibían. No sé.
- ¡Ah! Perdón, ya, ya sé a lo que te refieres. Sólo para que te quede completamente claro, yo no me avergüenzo de ti, sólo que no quisiera…
- Que se enterará nadie. – La interrumpes y terminas con su oración.
- Exacto. ¡Dios eso se escuchó tan egoísta!
- Bienvenida a mi mundo. – Le sonríes para que comprenda que tú no tiene ningún problema en lo que están haciendo. Tal vez te estas mintiendo y le mientas a ella. Porque en realidad todo esto se siente tan diferente, porque no estás en constante guardia para defender nada. Es más, cuando estás con Laura son los momentos en los que te sientes más relajada. Sin prisa, sin tener que ser constantemente sarcástica, sin amenazar a nadie, simplemente disfrutas tu tiempo con Laura. Hasta que su celular suena y el tono de Doctor Who te recuerda que todo eso es una ilusión.
- Tengo que contestar, es…
- SÍ, está bien. – Claro que para ti está todo, menos bien, pero las cosas son lo que son.
- Sí… no… lo olvidé… no, no sabía… hasta el jueves… no, no sé… sí… jajajajaja… no creo… está bien… bueno, nos vemos. – Llegando al departamento, Laura se detiene en el último escalón de la entrada del edificio y te ve directamente a los ojos. – Creo que egoísmo es una de las sensaciones que jamás había experimentado en la vida.
- ¿No? – te sorprende esta declaración. Por lo menos. Desde que tienes memoria, hasta comprendido que todas las personas son egoístas, egocéntricas y ego maníacas. Eso es lo que conoces de ti, de tus hermanos, de tu madres, de las personas que te rodean, de la poca gente con la cual entablas una conversación. Que Laura te diga esto, simplemente de asombra.
- No. Siempre he pensado que se puede ayudar a las personas si te esfuerzas un poco, que tus acciones deben ayudar a los demás. Incluso en las relaciones, que debe ser armónico todo, y confrontar con las personas lo menos posible.
- ¿Y ahora? – Preguntas mientras las manos de Laura viajan alrededor de tu cuello, te acerca a sus labios.
- Es la primera vez que he gritado durante un orgasmo. Es la primera vez que siento que todo el cuerpo me vibra mientras tengo sexo. Es la primera vez pienso que todo el mundo se puede ir al carajo, mientras esté contigo. Es la primera vez que llevo a alguien al Dragón Rojo porque sé que no me juzgará y que no se reirá de mí, y que no le importará compartir la comida de un lugar que deja mucho de desear en cuestión de higiene. Es la primera vez que sólo importo yo, y tú. – Laura te besa con pasión ahora. No sabes que le dijo Danielle, pero su humor cambió repentinamente después de esa llamada. Cada vez que le llama, su agresividad y sexualidad se potencializan. Te encanta esa Laura, la que no tiene inhibiciones, la que simplemente toma lo que quiere, y te quiere a ti. – Quieres ir arriba.
- No tienes que regresar a tu casa.
- Eso es algo que sólo me ocupa a mí. ¿Quieres o no? – Esa orden es lo único que necesitas para abrir la puerta del edificio, besar a Laura mientras recorren el pasillo hasta que llegan a los elevadores. Tocarla sobre la ropa en cada una de sus curvas. Algo le tienes que agradecer a Danielle, cada vez que habla, Laura se transforma en la persona que más conoces y que más te exista. Y la lujuria nunca ha sido amiga de la razón.
