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El Sentir de los Dioses
El sol era cálido a ésas horas de la tarde. El Dios Loki aun se encontraba en su despacho. Por más que le daba vueltas al asunto no podía dejar de pensar en lo sucedido con Mayura. Un sentimiento extraño había invadido al Dios en aquél momento, un sentimiento el cual no lograba entender.
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─¿Mejor por qué no te vas con tu novio?
─¿Qué?, pero Loki-kun ─la voz del Dios había sido tan fría y distante, algo desconocido para la chica… que de alguna manera le había dolido en el alma─. Muy bien… si eso es lo que quieres, ¡Me voy! ─le gritó, para después detenerse en la puerta─. ¡Con mi novio! ─continuó─. Y no volveré nunca, Loki-kun ¡Eres un tonto!
─Mayura… ─había murmurado el Dios volteando hacía la puerta, pero sólo logro verla cerrándose.
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─¿Por qué? ¿Por qué le dije eso…? ─el Dios no había comprendido su reacción.
─Sr. Loki ¿Se encuentra bien? ─un peli-verde había entrado al despacho, sacándolo así de sus pensamientos.
─Sí, estoy bien, Yamino ─le respondió Loki, pero se escuchaba tristeza en su voz.
─Usted no está bien ─decía Yamino─. Está más serio y pensativo que de costumbre ─continuó, pero su padre no respondió.
─Está así desde que la chica del misterio se fue ─informaba Fenrir a Yamino.
─Ahora que lo dices, la Señorita. Mayura salió corriendo sin despedirse ─recordaba el peli-verde.
─Es que Papá discutió con la chica del misterio ─dijo el perrito negro, al tiempo que veía a su padre mirar por la ventana.
─¡¿Discutieron? ¡¿Por qué? ─cuestionó Yamino alarmado.
─Al parecer tiene un novio ─contestó Fenrir.
─¡La Srita. Mayura tiene un novio! ─añadió Yamino sorprendido, mientras que una mirada fugaz se dirigía a su padre para después volver a ver a su hermano─. Ya veo ─una sonrisa se dibujo en el rostro del peli-verde, por fin entendía lo que le sucedía a su padre.
El timbre de la puerta principal se deja escuchar, alertando a todos los ocupantes de la Agencia, pero en especial a alguien, quien esperaba una anhelada llegada.
─¡Mayura! ─una extraña emoción y alegría invadió al Dios del Caos.
─Iré a abrir ─anunció Yamino dispuesto a cumplir su deber.
─¡No! ─exclamó de pronto el Dios─. ¡Yo voy! ─añadió al tiempo que dejaba a atrás a Yamino y a Fenrir.
─¡Espérenos Sr. Loki! ─le gritó Yamino siguiendo a su padre escaleras abajo, seguido muy de cerca por el perrito negro. El peli-verde no sabía que le sorprendía más, si haber visto a su padre sumido en la más oscura tristeza o verlo de pronto con una extraña alegría reflejada en el rostro.
─¿Qué haces aquí? ─la ilusión del Dios se esfumo al abrir la puerta y no ver a quien esperaba─. ¿Qué quieres, Kotaro? ─cuestionó al rubio frente a él.
─¿Aún está Daidouji, aquí? ─preguntó Kakinouchi.
─¿Daidouji? ─el Dios parecía sorprendido─. No es normal llamar a tu novia por su apellido.
─Es verdad ─recordaba Kotaro─. Ella también me lo dijo. Pero venia a buscarla para invitarla a comer un helado en uno de los negocios de mi padre ─siguió─. Creo que después del enorme favor que me está haciendo se lo merece.
─¿Qué dices? ─Loki no entendía a lo que se refería el chico.
─Sí. Ya sé que un helado no es suficiente por este favor tan grande, pero…
─No me refiero a eso ─interrumpió el Dios─. ¿Qué quieres decir con el enorme favor que te está haciendo?
─¿Qué?, Daidouji no te lo dijo. Después de la mentira que le hicimos creer a todo el Instituto, supuse que quería contarte la verdad a ti.
─¿Cuál mentira? ¿Qué verdad? ─seguía preguntando Loki.
─Creí que eso era a lo que venía ─decía Kotaro─. A decirte que ella está fingiendo ser mi novia por unos días.
─¡Qué! ¿Ustedes no son novios en verdad? ─preguntó Yamino, quién se encontraba a un lado de su Padre.
─Agh, ¿Qué le pasa a ése perro? ─cuestionó Kakinouchi ante los incesantes ladridos del perrito negro que sostenía Yamino entre sus brazos.
─Explícate ─pidió el Dios con voz autoritaria.
─Tranquilo, detective ─hablaba Kakinouchi, quién noto el tono de voz del oji-verde─. Daidouji sólo acepto hacerme el favor de ser mi novia por unos días, por que una chica esta tras de mi todo el tiempo ─el rubio comenzó a hablar con ironía─. Eso se entiende, porque soy un chico guapo, inteligente y con dinero pero…
─Demasiada larga tu explicación… ─susurró el Dios cerrando la puerta a Kotaro.
─¿Pero qué le pasa? Ah, los niños de ahora ya no respetan a sus mayores ─murmuraba el joven Kakinouchi dándose vuelta para retirarse del lugar.
Pareciera que el mundo se hubiera detenido para el Dios "Daidouji sólo acepto hacerme el favor de ser mi novia por unos días", aquélla frase resonaba una y otra vez en su cabeza.
─¿Qué he hecho? ─murmuró preguntándose el Dios.
─Sr. Loki…
─La chica del misterio venía a decírtelo… ─le decía Fenrir a su Padre.
─Pero yo no le di oportunidad… ─había continuado el Dios─. El simple hecho de pensar que podía estar con otro me lleno de rabia y tristeza al mismo tiempo, llegando a pensar que ya no estaría conmigo.
─A eso se le llama celos ─le explicó sonriente Yamino.
─¿Celos? ─repitió Loki desconcertado─. Yo nunca había sentido eso. Yo soy el Dios Seductor, las mujeres me celan… No yo a ellas ─hablaba el Dios cruzándose de brazos.
─Hasta hoy ─susurró el peli-verde
─Cuando se quiere mucho algo y ése algo no se puede tener, es cuando aparece el sentimiento de los celos, Papi ─añadió Fenrir.
─Celos… ¿Eso es lo que siento?
"¿Tanto quiero a Mayura?" Pensaba Loki.
─Tengo que ir a buscarla para disculparme con ella.
─¿Pero a dónde irá a buscarla? ─le cuestionó Yamino.
─A su casa, al Instituto ─sugería el Dios─. A dónde sea, pero tengo que disculparme... ─les decía el Dios a sus hijos a la vez que salía de la Agencia─. Tengo que pedirle perdón… ─añadió en un susurró.
─Hermano, creo que nuestro padre se ha enamorado ─decía el peli-verde.
─¡¿De la chica del misterio?
─Así parece. Esta sintiendo celos… y para eso debe de existir amor.
─No logro imaginarme a la chica del misterio como nuestra nueva madre. Pero ya era hora de que el viejo sentara cabeza.
─¡¿Nuestra nueva madre? ─preguntó sorprendido Yamino─. ¿No crees que es muy pronto para decir eso?
─De todas formas me agrada que sea nuestra madre ─decía Fenrir─. Sí, es un poco despistada y obsesionada con los misterios, pero así esta bien.
─Tienes razón ─el peli-verde dio un suspiro─. Además a nuestra hermana Hel le vendría bien una figura materna, ah, tuvo que volver de nuevo al inframundo.
─Pues yo pienso que a Hel le gustaría más que el viejo le diera una hermana.
─Hermano… Que cosas dices…
Dos siluetas destacaban en un alto edificio, el viento agitaba la capa color blanca de aquel alto hombre. A su lado se encontraba una mujer, su largo cabello azul oscuro era ondeado por la suave brisa. El se encontraba observando el paisaje del lugar, ella lo veía curiosa.
─Ya la he visto ─habló ella por fin, sus ojos azul oscuro seguían fijos en el hombre─. Pero la Luz Eterna y el Dios del Caos han peleado, porque la chica tiene un novio.
─¿Pelearon? ─el hombre parecía interesado─. ¿El Dios del Caos estará enamorado? ─se cuestionó curioso ante tal posibilidad─. La verdad nunca pensé que llegaría este día, pero… ¿Qué sabes del chico? ─le preguntó el de cabello plateado y ojos rojos.
─No será ningún problema ─le dijo la mujer─. Tal parece que el noviazgo es fingido.
─Mejor. Una piedra menos en el camino. Pero Loki en verdad estará enamorado, esto se podría complicar ─continuó el peli-plateado.
─Escúchame, Odin ─le dijo ella─. El no es nuestro único problema, he sentido la energía de un Ángel y un Demonio que han llegado hasta aquí.
─Pero no podrán conmigo.
─Tal vez, pero no son cualquiera. Por su cantidad de energía mágica, ellos deben de ser los príncipes.
─Sky y Dimitri ─dijo Odín en un murmullo.
─Por tu cara veo que te preocupa.
─Yo no me preocupo. Sólo no me esperaba que Ramus y Demian mandaran a sus propios hijos a enamorar a la Luz Eterna… cambiando de tema ¿Cómo vas con Loki?
─Tu no te preocupes, encárgate de la Luz Eterna que yo me encargo del Dios del Caos, y por fin podremos tener los poderes de la Luz Eterna sólo para ti y para mi.
El peli-plateado voltea a ver a la peli-azul, y una sonrisa de forma en sus labios.
─Claro ─decía el Dios mientras colocaba sus brazos alrededor de la cintura de la hermosa mujer─. Odiare pasar tanto tiempo con esos humanos, pero siempre te tendré a ti Suomi, la Diosa de la Oscuridad y de las Sombras.
─Claro que sí ─corroboró la Diosa─. ¿Y que piensas hacer con la Luz Eterna? ¡Espero que no te enamores de ella, Odin! ─exigió.
─Descuida que no lo hare, hace siglos no me enamore de tu hermana porque lo hice de ti, ¿Por qué ahora seria diferente?
─Tienes razón ─Suomi pasó sus brazos alrededor del cuello del Dios─. Pero quiero el poder de la Luz Eterna para nosotros dos. Solo imagínatelo, los cuatro mundos, los Ángeles, Demonios, Humanos e incluso el resto de los Dioses se inclinaran a nuestros pies.
─Después de que logre robarle los poderes a esa chica, la asesinare y asi la Luz Eterna sera nuestra hasta la eternidad.
─Eso espero ─susurraba la mujer al tiempo que besaba los labios del Dios Supremo.
─Ahora debo irme ─murmuró Odín después de interrumpir el beso para finalmente desaparecer.
La Diosa se vio sola en aquél lugar, sonrío con satisfacción y su cabello y ojos cambiaron de un Azul oscuro a un tono Azul celeste.
─Mayura… te quitare esos poderes. Primero me los quito mi hermana, Mara, ahora no dejare que esos poderes estén en manos de una humana, ¡No es justo! ¡Yo era la mayor! Nuestro padre debió entregarme los poderes de la Luz a mi, ¡No a ti! ─suspiró─. Pero en algo tenía razón, tú y yo no éramos iguales. Yo, la Diosa de las sombras y la oscuridad, una Diosa completa. Tú, la Diosa de la Luz y la Reencarnación, la hija de un Dios mezclada con la sangre de esos humanos ¡La odio! ¡La odio y me alegro de que este muerta!
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Una peli-rosa de mirada celeste miraba constantemente a la de cabello azul como el mismo cielo, que tenia enfrente amenazándola con una negra espada.
─Llego la hora, Mara, entrégalos ahora.
─Mi padre decidió que las cosas serian así, vete Suomi. Ya no eres bienvenida aquí.
─No te atreverías a atacar a tu hermana ─murmuró la peli-celeste.
Mara entrecerró sus ojos, estiró su mano derecha y una luz la rodeo, una espada blanca fue lo que después apareció en su mano.
─Dejaste de ser mi hermana cuando atacaste a mi Padre y levantaste la mano en contra de los que debías proteger.
─¡Cállate!
Una luz oscura rodeaba a Suomi para después dirigirse contra Mara, pero basto con una simple alzada de mano de la peli-rosa para que un escudo la protegiera. Inmediatamente coloco la espada sobre el piso, una brillante Luz ilumino la habitación.
─Adiós… Suomi.
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Todo este tiempo vagando en estas tierras, no dejare que esa chica me quite lo que me pertenece ─susurraba la Diosa mientras su cabellos y ojos celestes tomaba de nuevo un tono Azul oscuro. Una sonrisa se dibujo de nuevo en sus labios─. Es tiempo de que Himiko se divierta.
Poco a poco se vio como la silueta de aquella Diosa desaparecía entre una oscura sombra.
