DISCLAIMER: Nada es mío, sólo las ganas de enrollar a Kanda y Allen.

ADVERTENCIAS: Lime-Lemon, Kanda malhablado, intento de Drama.


Se despertó lentamente, saliendo de un sueño profundo y pesado. No había sido una pesadilla, simplemente le había desgastado como si hubiera permanecido despierto durante la noche. Lentamente extendió los brazos hacia delante, buscando a la persona que, en cuanto Link desaparecía, le acompañaba por las noches. Necesitaba abrazarlo, sentir su calor... Necesitaba uno de sus besos de buenos días.

Extrañamente, no notó el bulto sobre el colchón, ni el cabello largo y liso proveniente de él, que solía desparramarse por la cama. La cama estaba vacía. Y entonces todo lo que sucedió el día anterior volvió a su mente. Kanda ya no estaría más allí.

Kanda...

Kanda, simplemente, había olvidado qué era dormir en aquella cama.

Se levantó de la cama, y se puso en pie pesadamente. No tenía ganas de levantarse, pero debía hacerlo. Se tomó su tiempo para vestirse con la ropa de todos los días: una camisa, unos pantalones negros y un lazo rojo anudado al cuello. Se peinó rápidamente, su cabello había crecido notablemente. Lo llevaba por los hombros, con el flequillo desfilado al igual que siempre. Kanda decía que se veía muy hermoso así.

Echó en falta a Timcampy, todavía no se lo habían devuelto. Y sabiendo cómo era Leverrier, lo más probable sería que estuviera buscando cualquier otro motivo para ejecutarlos. ¿Cómo habían podido ser tan tontos de permitir que Tim los grabara? Y aún más... Se moría de vergüenza sólo de pensar que los momentos más íntimos y personales entre Kanda y él estaban siendo revisados por Leverrier y sus "amiguitos". Quién sabe cuantas personas los habrían visto ya, y si no fuera toda la Orden la que estuviera enterada.

Y sin embargo, Kanda nunca se enteraría.


Allen avanzó por los pasillos de la Orden, en dirección al comedor. En la entrada se encontró a Lenalee y Lavi cuchicheando entre ellos. Cuando lo vieron, se acercaron corriendo a él, con una expresión preocupada. Lenalee fue la primera que habló.

—Allen, ¿cómo demonios ha pasado esto?

—¿El qué?—Preguntó Allen. Tenía una ligera idea de a lo que se referían.

—Hablamos de Kanda. Ha tenido un accidente en una misión y ha perdido la memoria.

Con que esa es la excusa que les dieron, pensó Allen.

—Madre mía, eso es horrible. ¿Está bien? ¿De qué se ha olvidado?—Preguntó Allen, fingiendo no saber nada.

—Por Dios, Moyashi, se olvidó de ti. Hemos entrado en el comedor, y nos ha extrañado no encontrarte en el lugar. Le hemos preguntado y nos ha dicho, ¿quién es ese? Pensamos que sería una broma de las suyas... Pero no. —Añadió Lavi, su apariencia risueña de siempre había desaparecido como por arte de magia.

—Y entonces fuimos a hablar con mi hermano.—Continuó Lenalee—Y nos dijo lo del accidente.

—Ya veo... Debe ser una secuela... ¿Pero está bien?—Insistió Allen, preocupado. Dios... Que esté bien... Repetía una voz en su cabeza.

—¿Que si está bien? Es el mismo bastardo insufrible de siempre, no ha cambiado ni un ápice.—Dijo Lavi—La única diferencia es que se ha olvidado de ti. Se acuerda de todo el mundo, y de ti no. Raro, ¿eh?

—Allen... Estábamos pensando en ayudarle a recordar, y si tú quieres...

—No—Respondió Allen, sin rodeos, y de repente se dio cuenta de lo cortante que había sonado. Intentó arreglarlo.—No... Esto... No creo que sea buena idea. Hay que darle su tiempo, así que por favor, ni se os ocurra decirle nada sobre mí a Kanda.

—¿Por qué?—Preguntó Lenalee. Se acercó a él y estrechó sus manos entre las suyas.—Se merece recordar, por muy mal que os llevárais.

—Confía en mí, Lenalee. Si le dices que soy alguien que conoce, posiblemente se quedará en shock. Mejor que me recuerde a su tiempo, si es que recuerda.—No, no recordaría, nunca volvería a recordar, pensó Allen.

—Tiene razón, Lena. Será mejor que no intentemos nada por si la cagamos.—Dijo Lavi, tranquilizando a una nerviosa Lenalee, pero aunque intentara sonar calmado, en verdad Lavi estaba tan preocupado como ella.

—De verdad... Voy a echar mucho de menos vuestras peleas, Allen. Se han vuelto una parte insustituible de este lugar.—Dijo Lenalee, arqueando las cejas. Se veía como si quisiera llorar. Pobre, pensó Allen.

—Yo también. Se echará de menos escuchar los insultos de Bakanda.—Dijo Allen, sonriendo con tristeza.Ya echaba de menos todo de él.

Lavi y Lenalee no sabían nada sobre la relación de Allen y Kanda. En verdad, nadie tenía ni la más remota idea. Habían alargado sus típicas peleas hasta el máximo con tal de que no se notara nada. Pero, cuando estaban por fin a solas, las palabras de desprecio se volvían palabras de amor y preciosas muestras de cariño. Y al parecer, había funcionado, nadie se había dado cuenta.

Entraron en el comedor, y ahí estaba. Sentado completamente solo, con un plato repleto de soba delante suya. El corazón de Allen se encogió, estaba tal y como lo recordaba. Por suerte, no lo habían desfigurado. Suspiró aliviado, no habían secuelas visibles. Sólo faltaban las mentales.

Se unió a la cola de la comida detrás de Lavi y Lenalee y cuando llegó su turno, Jerry lanzó un chillido de felicidad.

—¡Oh, cielo! Por fin vienes, te echaba de menos esta mañana. ¿Qué es lo que quieres, guapo?

—Hola, Jerry. Esto...—Allen dudó un momento, llevándose un dedo a los labios.—Quiero... Huevos fritos con beicon, cereales, tortitas, crepes, tostadas con mantequilla y mermelada, panecillos de leche, chocolate caliente, un bocadillo, gofres, tortilla, café con leche, galletas de chocolate, galletas de vainilla, arepas con queso, zumo, leche caliente, magdalenas, mitarashi dango... Sí, ¡muchos mitarashi dango! Y lo que tengas de más, Jerry.

—¡Ay, mi chico sigue con su estómago de siempre! ¡Qué feliz me haces!—Gritó, bailando solo en el medio de su cocina. Al momento, tenía el pedido listo.—Ya está, cariño. Espero que lo disfrutes.

—¡Muchisimas gracias, Jerry!—Dijo Allen, realmente agradecido, dejando al otro hombre embobado con la sonrisa. Cogió su bandeja y fue directo a la mesa de Lavi y Lenalee, que casualmente era la mesa en la que se sentaba Kanda. Allen sentía cómo sus piernas temblaban, y amenazaban con hacerse gelatina en el momento más vergonzoso. Por suerte, la bandeja llegó sana y salva a la mesa. Los mitarashi dango, no. Desde el punto más alto de la bandeja, los dangos rodaron hasta caer... En la soba de Kanda. Éste se levantó, pegando un golpe fuerte con su mano en la mesa.

—¡Maldito seas...! ¿Cómo dejas caer tu basura en mi comida? Ve con más cuidado, gilipollas.—Gritó Kanda, mirando a Allen con el ceño fruncido. Éste agachó la cabeza, dolido por las palabras de Kanda... Aunque ya no debería sentirse dolido, era obvio que Kanda lo trataba como a un desconocido más.

—Lo siento. De verdad. No era mi intención contaminar tu soba.—Dijo Allen, no quería empezar una pelea con Kanda en ese preciso instante. El otro bufó, mientras Lavi y Lenalee observaban la escena, extrañados.

—No necesito las disculpas de un niñato al que no conozco de nada.—Volvió a sentarse, concentrado en quitar los dangos de su plato. Si en aquel momento hubiera decidido mirar a Allen, quizá hubiera visto una de las expresiones más desalentadoras de las que habría sido testigo en toda su vida.

—Oh, me llamo... Soy Allen Walker, exorcista. Encantado. ¿No nos hemos conocido antes?—Dijo, tendiéndole la mano como había hecho la primera vez que se conocieron. Kanda miró la mano, y giró la cara, inexpresivo.

—No quiero saludar a un mocoso paliducho como tú. Y encima maldito.

—¡Kanda! Sé más amable con Allen.—Le riñó Lenalee.—No se merece que lo insulten de ese modo.

—Tsk. A mí me da igual.—Dijo fríamente, y se concentró en comer, ignorando a todo el mundo. Lenalee le estiró de la coleta, pero no sirvió de nada.

—Bueno, Allen—Dijo Lavi, intentando aligerar la tensión del momento.—¿Quieres venirte entrenar conmigo ahora después?

—Me encantaría. Estoy un poco agarrotado después de tanto tiempo de relax.

—¿Cuánto has estado sin entrenar, Allen?—Preguntó Lavi.

—Dos días...

Lavi se atragantó con su vaso de agua, y luego rió.—¿Eso es relax? El viejo no me dejaría tomarme ni dos días como descanso, pero si lo hiciera seguro no me relajaría nada.

—Eso es porque eres un vago, Conejo.

—Eh, Yu, no me seas aguafiestas.

—Piérdete, ¿quieres?

La conversación fluyó entre Allen, Lenalee y Lavi. Kanda permaneció ajeno a todo. Cuando acabó su plato, se levantó sin decir nada a ninguno de los otros chicos, y se fue. Allen lo contempló salir, con un deje de nostalgia. Cuando Kanda salía del comedor anteriormente, siempre era para que Allen lo siguiera. Ahora, estaba seguro que no buscaba precisamente eso.

Quería correr tras de él, abrazarle, y hacerle olvidar el mundo a su alrededor. Pero, desgraciadamente, ya no podía.

—Este Yu...¡Nunca va a cambiar!—Se quejó Lavi, golpeándose la frente con la mano.—Al menos podría despedirse como Dios manda...

—¿Se encontrará mal?—Preguntó Lenalee—Con eso de... Ya sabes.

Allen rezó porque no le pasara nada. No quería eso.

—Hmmm no sé... Quizá le traje amargos recuerdos en cuanto me presenté...—Dijo Allen, frotándose la barbilla.

—¿Qué recuerdos?—Preguntó Lavi, intentando sonar chistoso, aunque era lo que menos quería Allen en ese momento, y menos chistes sobre ese tema. Aun así, supo llevar bien el tema.

—Ninguno, vaya. Creo que no recuerda ni nuestro odio común.

—Quizá sea eso lo único que recuerde, o tenga el presentimiento de que es real. Por eso te chilló.—Dijo Lavi, pero al ver la mueca de desagrado de Allen, intentó arreglarlo.—Oh, no, Moyashi, no te preocupes. Supongo que si hubiera tirado algo en su comida, fuera quien fuera, habría chillado.

—No, no me preocupo... Sólo...—Sólo tenía la esperanza de que Kanda recordara algo, Allen lo sabía.—Sólo pensé que no se enfadaría. En cierto modo quería intentar arreglar las cosas entre nosotros, tenía la oportunidad...

—Tranquilo, Allen.—Dijo Lenalee—Kanda se dará cuenta de lo idiota que es, no des muchas vueltas al asunto.

—Hmm... Supongo que tienes razón. Ya encontraré el momento.—Dijo Allen, intentando sonar convencido, aunque en el fondo sabía que no lo estaba.

—Bueno, bueno, ¿nos vamos a entrenar? Liberar testosterona va bien para todo.—Lavi se levantó de su asiento, e hizo un ademán con la mano para que Allen se levantara también.

—Genial, Lavi. Vamos pues.

Se despidieron de Lenalee, que se iba a quedar allí a terminar su té, y luego iría a llevarle un café a su hermano. Allen siguió a Lavi por los pasillos, dispuesto a darlo todo en la sala de entrenamientos, con el objetivo de olvidarse de Kanda.


Kanda cerró la puerta de su habitación de un portazo. ¿De dónde demonios había salido ese crío? Era tan amable y tan educado con el Conejo y Lenalee; con esa sonrisa tan perfecta en la cara... No, definitivamente no le agradaba nada. No le había caído bien, sin duda. Le había desesperado tanto que había salido corriendo del comedor nada más acabar su comida, con tal de no cometer un homicidio ahí en medio.

Porque así era Kanda. Kanda odiaba a los tipos demasiado alegres.

Pero en serio, ¿de dónde lo habrían sacado? Los otros dos hablaban con mucha naturalidad con él, como si lo conocieran de toda la vida. ¿Lo habría pasado por alto todo ese tiempo? ¿Sería un exorcista nuevo? ¿Habría venido recientemente de alguna extraña y larga misión? No tenía ni idea, sólo era consciente de la dentera que le daba.

Cerró los ojos, y se dejó caer en la cama. La cabeza todavía le dolía, aun cuando había pasado un día desde su despertar. Extraño, suponiendo que siempre se recuperaba de cualquier herida. El dolor no iba con él.

Se preguntó cuál habría sido su misión, debió acabar de una manera muy grave como para dejarle tales secuelas. Sentía que olvidaba algo muy importante, pero no sabía qué. Luego estaba ese vacío en su interior... Que no recordaba haber tenido antes.

Se obligó a dormir, con la esperanza que se le pasara el dolor de cabeza, y tuviera una siesta pacífica y sin sueños.

Sin embargo, los sueños aparecieron, y no era justo lo que esperaba soñar.


Lavi jadeó, era la sexta vez que se iba directo al suelo. Consiguió levantarse a duras penas, cogido de la mano de Allen, y lo miró a los ojos. El chico estaba muy decidido hoy.

—Moyashi, hoy estás muy duro... ¿De dónde has sacado tanta energía?

—Oh pues...—Dijo, pensativo.—Supongo que del desayuno no fue, hoy comí muy poco.—Siguió hablando, la forma en la que hablaba se veía tan inocente, pensó Lavi—No tenía hambre.

—¿Qué?—Gritó Lavi, sorprendido. Definitivamente, con las toneladas de grasa que había ingerido, no podía haber comido poco.—Dios, Allen, ¿eso fe poco? Fue lo suficiente para que me dieran tres ataques al corazón seguidos.

—Hmm... Según Komui es cosa de tener una Inocencia parasitaria. El día en el que consigas una, quizá pienses como yo.

—Lo sé, lo sé, simplemente...—Dijo Lavi, pero de repente cayó en la cuenta de algo.—Espera, Allen... Tú has estado muy despistado hoy. ¿No intentarás usar el entrenamiento como excusa para desdespistarte no?

—¡No!—Exclamó Allen, había dado en el blanco, simplemente no le podía contar nada sobre ello. Bostezó, estaba empezando a sentirse agotado por el entrenamiento. Decidió usarlo como excusa—Bueno, un poco... Esta noche no dormí bien y estoy como aturdido. Por cierto Lavi... ¿Sabes que desdespistarte no es una palabra?

Lavi se lanzó encima suya, y lo estechó fuertemente contra sí.

—¡Qué lindo Moyashi! ¡Cuando bostezas estás más adorable...!

Allen arqueó una ceja. Este Lavi... Pensó.

La puerta de la sala se abrió de repente, sobresaltándolos. Un Link apresurado entró.

—Señor Walker, se le reclama. Es algo urgente.

—¿Hmm? ¿Qué sucede?—Preguntó Allen, intentando usar las menos palabras posibles. Si no fuera por el chivato de Link, ahora estaría entrenando con Kanda.

—Cross le reclama. Dese prisa. Es muy importante.

—Ya voy, espera un momento.—Dijo, y se giró hacia Lavi, que ya lo había soltado.—Lavi, luego nos vemos, ¿vale? El ejercicio me ha venido genial, muchas gracias.

—De nada, Moyashi. Mucha suerte, y dales duro.—Dijo, dándole una palmada en la espalda.

—Eso espero, Lavi. Bien, Link, ¿vamos?


El aire tenía un extraño aroma que lo estaba volviendo loco. El contacto con el cuerpo debajo suya, las uñas de aquella persona arañándole la espalda, el dulce contacto de piel contra piel, aquellos labios sobre los suyos... Sudor, saliva y algo demasiado excitante como para mantenerlo cuerdo.

Todo su cuerpo temblaba de placer, y el cuerpo debajo suya se retorció, gimiendo. Lo agarró fuertemente contra sí, y poco a poco, el final llegó solo. Acabaron juntos, y juntos esperaron a recuperarse. Entre jadeos, aquella voz, tan familiar pero a la vez tan desconocida susurró en su oído:

Te amo, Yu.

Intentó contemplar el rostro de aquella persona, pero simplemente no lo podía esbozar. Era tan borroso y tan irreal...

Se despertó agitadamente, y de repente se encontraba sentado en la cama, respirando entrecortadamente. ¿Cómo él soñaba con esas cosas? Era extraño, y mucho más el hecho de que se sintiera tan familiar... Tan...

Real. El sueño había sido tan vívido como la vida misma.

Yu Kanda estaba sucumbiendo ante aquel sueño. Se miró el extraño bulto en sus pantalones. Dios, eso no era normal. Un simple sueño y... ¿Había hecho tanta mella en él?

Idiota, se dijo a sí mismo. Ni siquiera es real, deja de comportarte como un adolescente hormonado.

Sin embargo, se había sentido tan bien, tan perfecto... Con un ser sin rostro. Definitivamente algo andaba mal.

Mientras se dirigía al baño a aliviar el problema, pensó en cómo podía tener esos sueños tan lúcidos respecto a esos temas. Y más con un desconocido tan desconocido que no tenía ni cara. ¿Quién podría ser ese ser? Pensó.

En un fugaz destello mental, pensó en Allen Walker. Aquel niño desesperante. Pero tal y como llegó la imagen a su mente, desapareció.


¡Hola hola! Segundo cap. por fin. Aquí está, no digo más. Gracias a todos por leer, y gracias por el review, mil gracias.

No tendré mucho tiempo para escribir a partir de hoy. Aquí donde vivo han decidido adelantar el inicio de clases al 3 de septiembre y... Argg, qué mierda, en serio. Los capítulos de mis dos fics llegarán a su tiempo, pero llegarán.

Y ya está, recuerden, los reviews me animan a escribir más y saber la opinión de mis lectores, y si quieren dejar una crítica o una amenaza de quemar mi trabajo, son bienvenidos. !Me ayudan a mejorar! Así que recuerden, si les gustó (o no) y quieren ponerme feliz, escríbanme un review sobre qué les pareció.

Eso es todo por hoy, se despide

Dolly.

P.D: Han de probar las arepas con queso que le di a comer al Moyashi en este cap. Estáaan... *O*

P.P.D: ¿Es hora de cambiar a rating M? Si me lo pudieran indicar en un review... Yo... Yo no sé :(