DISCLAIMER: -man no es mío, todo es de Hoshino por lo tanto no Yullen en el manga TT-TT

ADVERTENCIAS: Lime-Lemon, Leverrier hijoputa again, nuestro Moyashi y su mala orientación.


Link iba demasiado apresurado, por lo que Allen tuvo que apretar el paso. Los pasillos de aquella nueva Orden a la que se habían mudado hacía relativamente poco, cuatro días para ser exactos, se le hacían extraños, y a la vez espantosamente largos. Era extraño, suponiendo que aquel edificio era "más" pequeño que el de la anterior Orden.

—Bueno Link... ¿Qué quiere Cross?—Preguntó, todo estaba sucediendo demasiado precipitado. Ni siquiera le habían dejado acercarse a su maestro desde antes de mudarse a la Orden. Ni siquiera el día de la masacre zombi lo había podido ver más que de pasada. Tal y como Cross le informó sobre

—No me han dado esa información, señor Walker.—Dijo Link, sin apenas mirarle. Allen bufó. Sabía que el otro estaba enterado. Al ser el lameculos de Leverrier debería tener información al respecto.

—¿Por qué tan formal, Link? Llámame Allen, es más fácil.

—No se me permite, señor Walker. Al fin y al cabo, no soy su amigo. Estoy para vigilarle.

—Hmmm...

Avanzaron por pasillos por los que Allen no había pasado todavía, y al pasar delante de algunas puertas podía jurar que escuchaba sonidos... Extraños. Gritos y ruido de máquinas. Link se detuvo delante de una puerta tan de repente que Allen casi chocó contra él.

—Ya estamos.—Dijo, y abrió la puerta. Allen tragó saliva. Dentro no se encontraba Cross, sino un Leverrier acompañado de su séquito personal.

—Ya era hora, señor Walker.—Dijo, sonriendo de tal forma que el chico se estremeció. Frunció el ceño, no estaba dispuesto a dejarse intimidar.

—¿No iba a ver a Cross?

—Ah sí. Cross. Está detrás de esas puertas de ahí.—Dijo, señalando dos enormes puertas negras con el dedo.—Pero antes... Tendremos que tomar unas pequeñas medidas de seguridad.. Ya sabe. Un monstruo como usted no debería andar suelto por ahí sin un mínimo de ataduras.

Allen no protestó, bien sabía que no serviría de nada, y se quedó callado mientras le ponían un conjuro sobre el brazo izquierdo, y otro en las piernas. Pesaba demasiado, apenas podía moverse con naturalidad. Intentó quejarse, pero la respuesta de Leverrier fue rotunda.

—Esos conjuros no se pueden quitar. De momento.

—Pero si no voy a hacer nada...—Susurró Allen.

—No nos fiamos de usted ni de Cross, quién sabe si dice algo que hace despertar al Catorceavo.

Pero... ¿No estaban todos en la misma batalla? ¿Por qué no se fiaban de él? Era un exorcista, y no pensaba permitir que aquel monstruo despertara... Lo había repetido mil veces. Pero Leverrier todavía lo ponía en duda.

Suspiró, y calló. Con ese hombre era mejor no discutir. Pronto, pasó a través de la puerta, y fue dejado a solas con Cross; Link y Leverrier se quedaron en el otro lado de la puerta. Su maestro se encontraba sentado en un diván.

—Ya era hora, aprendiz idiota. Estaba esperando.—Dijo Cross, mirándole bajo su sombrero de ala ancha. Allen iba a replicar, cuando su maestro se levantó acercándose a él, y le tendió un papel. "Nos están escuchando", estaba escrito con la letra del hombre. Allen asintió, comprendiendo la situación.

—¿Qué querías, maestro... idiota?—Dijo, poniendo énfasis en la última palabra. Si de verdad los espiaban, tendría que hacer bien su papel.

—Como Leverrier no nos deja ni respirar... He tenido que decir que era un asunto urgente para que me dejaran verte, Allen.—Cross le tendió un papel en el que estaba escrito: "La charla es una excusa. Leverrier quiere matarme". Al momento Allen garabateó una respuesta. "¿Qué has hecho, maestro?"

—¿Y qué es lo que necesitas?—Cross leyó la nota, y volvió a escribir en ella. Se la tendió.

—Alumno idiota... Ni que no pudiera ver a mi único pupilo.—"Me están obligando a convencerte para un asunto bastante extraño. Me quieren borrar del mapa", decía la nota. Allen escribió un corto "¿Por qué?". "Sígueme el juego", fue la respuesta.

—Qué raro que quieras verme, Cross... ¿Estás metido en más deudas?—"Leverrier quiere experimentar contigo y con el Catorceavo, debo ser el que te convenza. Niégate ante todo lo que te diga, o acabarás metido en algo raro." Allen asintió. "¿Por qué te quieren matar, maestro?".

—Me has pillado, niño. ¿Desde cuando captas mis indirectas?—"Por traidor. Por conocer al Catorceavo. Están dándome una supuesta segunda oportunidad con esto".

—No me sueles llamar si no es para regañarme o pasarme facturas... ¿Qué es esta vez?—"Huiré esta noche. Fingiré estar muerto. Esta maldita prueba no me va a salvar el cuello". Continuó Cross, y le volvió a tender la nota a Allen, que asintió gravemente.

—Esta vez no hay facturas... Nuestra preciosa Orden se encargó de todo. Sólo... Oye Allen, ¿quieres borrar tus fallos ante la congregación? ¿Hacerles olvidar que el Catorceavo está en ti?—"¿Y qué voy a hacer yo solo?". "Cuídate de Leverrier y sobrevive. Espera a que vuelva a por ti, tarde o temprano nos reencontraremos". Cross dejó por terminada la conversación escrita y guardó la nota en su bolsillo.

—¡Claro que quiero! Pero no sé qué hacer...

—Claro que sí.—Dijo Cross, dándole la espalda y perdiendo la vista en un punto más allá de la ventana. Desde allí se podía apreciar un panorama bastante soleado, cosa que no cuadraba con los ánimos de aquel momento. Cross se fugaba, por miedo a morir, Kanda perdía la memoria, él a punto de ser utilizado en algo extraño... Definitivamente, no cuadraba.—Leverrier me ha pedido que te informe de algo que puede ayudar bastante a la Orden, y puede ayudarte a recuperar su confianza...

Cross se enzarzó en una tediosa explicación que Allen sabía que había sido obligado a memorizar. Conforme las palabras iban saliendo de la boca de su maestro, Allen empezó a palidecer. Leverrier estaba loco. ¿No tenía suficiente con hacerlo separarse de Kanda?

—¿Quieren probar a controlar al Catorceavo... Torturándome?— Allen dijo, en un murmullo. La idea era extraña, dolorosa y bastante insensata. ¿Qué harían acaso si no lo controlaban? ¿Si él... No volvía a ser él nunca más?

—Técnicamente, y según Leverrier, no es una tortura.—Comentó Cross, y le pasó una nota explicativa. "Sí que es una tortura, maldito cabrón hijo de... Bueno, que te quieren hacer sufrir hasta que el Catorceavo se cabree y salga, y negociar con él".—Sólo serían una serie de pruebas físicas con el propósito de despertar al Catorceavo y comprobar cómo es realmente.—Allen tragó saliva. No sabía cómo había acabado sentado en el sofá, no preso del pánico sino de una impotencia y una ira impropias de él. ¿Cómo podía alguien como Leverrier decidir sobre él? Nunca había hecho nada malo... Era injusto. No quería eso.

—Y... ¿Qué pasaría si no aceptara? No quiero despertar a ese ser dentro de mí... No quiero destruir a las personas que quiero.—Pensamientos fugaces aparecían en su mente. Miranda, Krory, Lenalee, Lavi, Johnny, incluso Komui y Jerry, Reever, Tiedoll... Todos. Y aquel que cautivaba su corazón, Kanda.

—Eres libre de elegir, Allen.—Dijo Cross, aunque no parecía muy convencido. Apretaba los puños fuertemente. —Tienes tu tiempo para pensarlo, habla con Komui cuando decidas, y él te pondrá en contacto con ese maldito Leverrier. Elige bien, alumno idiota.

Allen iba a replicar, cuando Cross se giró y lo estrechó fuertemente contra sus brazos. Allen abrió los ojos como platos, era la segunda vez en poco tiempo en la que Cross le daba un abrazo. El hombre sonrió, y Allen lo contempló. Lucía una extraña sonrisa.

—Sí, al final resulta que no he de criticar a Tiedoll. Te echaré de menos, alumno idiota. Como no le pares los pies a ese hijo de perra de Leverrier... Te desheredo. Ni se te ocurra dejarte toquetear por ese sádico pervertido.—Dijo, en una voz apenas audible, por lo que la grabadora no lo captó.

Allen sonrió. Lo que menos quería era heredar algo de Cross, ya había conseguido a Timcampy y lo único que quedaban eran facturas y denuncias por acoso.

—Yo también te echaré de menos, maestro. A pesar de ser un mujeriego inaguantable.

—No estropees el momento, anda.

—Hmmm... Tendré cuidado. No dejaré que me hagan nada. Seré fuerte.

—Y dile a Kanda que te cuide mucho.—Allen parpadeó, perplejo. ¿Cómo sabía él de Kanda?

—No me mires así, alumno idiota. Lo sé, se notaba. Y ahora... Sal de aquí de una vez. Leverrier se preocupará.

Allen se despidió, abrumado ante tanta información recién descubierta. Iba a negarse ante la idea de ser el sujeto de pruebas de la Orden. No era porque no quisiera ayudar a la congregación, simplemente no quería por ninguna razón que el Catorceavo despertara. Cuando lo hiciera no podrían detenerlo, por mucho que afirmaran que sí.

No quería que el Catorceavo matara a Kanda.

Leverrier le esperaba fuera. Le sonrió de una forma tan retorcida que no pudo evitar que un escalofrío le recorriera la espalda. El hombre se le acercó, sin perder la sonrisa, e hizo que le retiraran los conjuros. Allen suspiró aliviado, era un tedio estar casi inmovilizado.

—Espero que tome bien sus decisiones a partir de ahora, señor Walker. No querríamos perder a uno de nuestros exorcistas más competentes... Sería una lástima.—Dijo Leverrier, sus palabras sonaban a amenaza. Allen sonrió, intentando sonar amable y despreocupado, aunque en verdad la presencia de Leverrier la causaba escalofríos.

—Oh, no hay problema. Sea lo que sea, elegiré bien. Lo mejor para todos.

—Recuerde sus palabras, lo mejor para todos. Puede marcharse.

Allen asintió con la cabeza, agradecido de que lo dejaran marchar, y salió por la puerta. Gracias a Dios Link se quedó con Leverrier y no lo siguió. Anduvo por los pasillos sin rumbo, sin ni siquiera saber muy bien dónde estaba. Su sentido de la orientación pésimo le estaba jugando una mala pasado, y más por esa parte del edificio que no conocía.

Los pasillos empezaban a volverse todos iguales, y sentía que andaba en círculos. No se había cruzado con nadie en lo que llevaba andando, Allen calculaba que ya debía haber invertido media hora de su tiempo en ello. Empezaba a sentirse desesperado, cuando un sonido de pisadas llegó hasta sus oídos, venía desde más allá de la esquina que tendría que atravesar. Corrió en esa dirección, y en cuanto cruzó la esquina paró en seco.

Allí estaba Kanda. Entrando en una habitación... Su habitación.

El corazón de Allen dio un vuelco. Su Kanda... Se veía tan hermoso. Llevaba el pelo suelto húmedo cayéndole sobre los hombros y la espalda; no llevaba su uniforme de exorcista, en vez de ello se había puesto una camisa blanca y unos pantalones corrientes. Allen estaba tan embobado en contemplarlo, que en cuanto cruzó el umbral de la puerta y la cerró a sus espaldas, se sintió el más desdichado del mundo. Hizo el ademán de seguirlo hacia la habitación y estrecharlo entre sus brazos, contarle lo sucedido con Cross y dejar que lo animara a pesar de que el chico tuviera la sensibilidad de una roca; pero se contuvo al recordar que ya no podía. Suspiró, al menos desde allí en seguida encontraría el camino a su habitación.

No fue difícil encontrarlo, sus habitaciones se encontraban relativamente cerca. Entró, cansado, y se dejó caer en la cama. Estaba tan blandita...

Alargó la mano hacia la mesita de noche y abrió el cajón. De allí sacó una pequeña cinta de pelo. Kanda siempre se dejaba una cinta de pelo en su mesita de noche por si dormía allí y al día siguiente quería atarse el pelo y no llevaba cinta. La apretó fuertemente con su mano y se la llevó a la nariz. Olía maravillosamente a Kanda. Suspiró, su cama también olía a su exnovio, incluso su ropa... Si Leverrier pretendía que se olvidara de él, iba a ser muy difícil. Por no decir imposible.

Cerró los ojos, agarrando la almohada e imaginando que era Kanda, y poco a poco el sueño empezó a adormecerle.


Kanda golpeó la pared, frustrado. ¿Por qué Johnny le había estado preguntando por el maldito niño que había conocido esa mañana? Decía que si sabía dónde estaba, y él muy pacientemente, cosa rara en él, le había dicho que no era asunto suyo. Luego dijo algo de que pensaba que sí, que sabría dónde estaba, por algo de que siempre parecían muy unidos cuando estaban juntos. Esto cabreó a Kanda. ¿Cómo podía parecer muy unido con un crío que acababa de conocer? No tenía sentido.

Se sentó en la cama, y empezó a frotarse el pelo con la toalla. El baño le había ayudado a relajarse después de aquel sueño tan raro. Debían haberle echado algún polvo en la comida para hacerle soñar esas cosas. Luego hablaría con el estúpido de Jerry.

Sin embargo, la sensación de vacío no menguaba. Sentía que perdía algo importante, algo que se le escapaba de las manos, huía de su comprensión. Sentía que se estaba olvidando de algo demasiado importante. No sabía qué.

Resopló, y tiró la toalla al suelo. No entendía nada. Aquel accidente en la misión debía haberlo dejado catatónico. Sí, eso era. Tuvo un accidente sexual del que no se acordaba, y que además le había vuelto un mojagayumbos. Aquel Noé tan extraño, ese... ¿Tyki Mikk? Debió haberlo violado salvajemente y haberle causado secuelas.

Qué estúpido eres, Kanda; se dijo. Se levantó para coger a Mugen, que descansaba encima del escritorio, iría un rato a entrenar. Entonces algo rojo llamó su atención. Giró la vista en dirección a aquella mancha roja que había parecido divisar, y efectivamente ahí estaba. Debajo de la cama había algo.

Se agachó, y cogió el misterioso objeto con la mano, que resultó ser una simple cinta roja. Se preguntó de dónde demonios habría salido y qué hacía allí, le sonaba haberlo visto en alguna otra parte.

Encogió los hombros, sin saber muy bien qué hacer con aquella cinta, así que decidió darle un buen uso y recogió su cabello en una coleta con ella. Fue corriendo a mirarse al espejo, las puntas del lazo sobresalían mucho, parecía una adolescente cursi. Se la quitó rápidamente y la sustituyó por una de las suyas, blancas y normales. Si salía con eso otro por ahí, pronto perdería su imagen.

Se quedó mirando el lazo, pensando si en tirarla o no, y de repente un recuerdo perdido, como un rayo de luz, cruzó su mente.

Rodeaba el cuerpo de alguien de espaldas a él con sus brazos, y le plantaba dulces besos en la nuca, uno tras otro. El otro se estremecía ante el contacto. Poco a poco, fue desatando el lazo rojo que ese alguien llevaba al cuello, y la parte superior de la camisa se abrió, revelando una piel blanca, que se erizó ante el contacto de los dedos de Kanda sobre ella. Era tan suave...

Kanda...

Kanda tiró la cinta roja al suelo, y fue desprendiendo de la camisa al otro, botón a botón. Luego, vino su propia camisa, hasta que más tarde no quedó nada de ropa. Lanzó al otro sobre la cama, y empezó a acariciarle la espalda suavemente, a besar el camino que trazaba su columna de arriba a abajo. Cuando estaba llegando al final, el otro se giró.

Kanda... Me haces cosquillas...

Kanda rió, y siguió acariciando. El otro gimió, y susurró:

Te amo Kanda...

Y yo... A...—Algo faltaba. Aquel nombre que estaba murmurando, el nombre del otro, simplemente se escapaba de sus labios sin poder escucharlo. El otro se acercó a él para besarlo y...

Kanda volvió a la realidad, agitando la cabeza intentando apartar esos pensamientos de su cerebro. ¿Qué demonios era eso? ¡Ese tío no tenía ni cara, Dios!

Se levantó bruscamente, intentando por todos los medios olvidar. Esto no le hacía bien, debían ser secuelas. Ahora sí, agarró a Mugen y salió corriendo de la habitación, en dirección a la sala de entrenamientos. Necesitaba hacer algo de ejercicio y dejarse de tonterías.

Mientras, una cinta roja que estaba en el suelo era barrida por el viento suave que entraba por la ventana, y era transportada hasta quedar enganchada a aquel extraño reloj de arena.


¡Hola hola! POR FIIIIIIN! Ya era hora, por fin pude acabar este capítulo, mañana hay huelga ergo no voy a clase ergo puedo escribir (sí, soy de las que hacen huelga como excusa para quedarse en casa). Y aquí está. Gracias a todos por leer!

Sigo diciendo que aún no sé si esto se debería clasificar ya de M, por lo que si ya no cuadrara, agradecería algún comentario que me lo dijera.

Y ya está todo por hoy. Déjenme un review si les gustó, si no, si tienen críticas que hacer, tomatazos, platanazos... Lo que sea. Los agradezco mucho!

Hasta la próxima (espero que no tan lejana),

Dolly 3

P.D: El otro día tuve un fangirleo con uno de mis profesores, es igual a Kanda pero con el pelo corto O_o estoy tentada a pedirle que haga un cosplay.

P.P.D: Sí, mis postdatas son de cosas random u.u