DISCLAIMER: -man no es mío, como siempre.

ADVERTENCIAS: Nada preocupante (por el momento).


No habían pasado ni dos días desde la reunión con Cross. Dos días sin su mentor en la Orden, y éste ya había sido dado por muerto. Había alargado el momento en el que daría su opinión respecto a despertar al Catorceavo, y ahora debía armarse de valor y rendir cuentas a Leverrier.

Tenía que plantarle cara e impedir que despertara a aquel monstruo. Neah no debía volver a resurgir.

Respiró profundamente antes de llamar a la puerta del despacho de Komui. Cuando escuchó que éste le dejaba entrar, abrió la puerta.

—Komui... Tengo que hablar contigo.—Dijo, sonriendo, y el otro hombre levantó la vista de los papeles encima de la mesa para mirarlo. Un deje de preocupación se reflejó en su expresión.

—Oh, Allen. Pasa, siéntate. Puedes hablar tranquilamente, no hay golems aquí.—Tomó asiento delante del hermano de Lenalee, que apoyaba la barbilla en sus manos entrelazadas.—Siento mucho lo de Kanda... No era mi intención decirte que no. Intenté convencer a Leverrier de que todo era un error y evitar que le borrara la memoria pero no sirvió de nada. Si pudiera cambiar las cosas, haría tiempo que estaríais fuera de la Orden.

—No pasa nada, Komui.—Respondió, forzando una sonrisa.—Tú tenías tus obligaciones. Lo más lógico era que nos dijeras que no, no hay de qué disculparse.

—Aunque tuviera obligaciones... Sois como mi familia, y a la familia no se le hace esto. ¿Cómo estás, Allen?

—Supongo que bien.—Dijo, y bajó la mirada. Komui alargó la mano y agarró el hombro de Allen.

—Sabes que puedes confiar en mí. ¿Cómo estás de verdad?

—Creo haber hecho lo correcto. Sobreviviré a esto, no te preocupes.

Komui volvió a su asiento, y frunció el ceño.

—Allen, no tienes que hacerte siempre el héroe. Lo estás pasando mal, y lo sabes. No dudo que sobrevivirás, pero tampoco el hecho de que te duele.

—Me duele, sí, pero no voy a lamentarme eternamente.—Respondió, su determinación era clara, a pesar de las circunstancias.—Mana me dijo que siguiera adelante. Saldré de esto, por Kanda y por mí.

—¿Estás seguro, Allen?—Preguntó Komui, sonaba como un hermano mayor preocupado. Allen asintió.

Tenía que permanecer firme. No podía lamentarse, porque sabía que si pensaba en todo lo que había perdido con su decisión, se hundiría. Y eso no iba con él. Él era fuerte.

—Oye, Komui... Vine porque Cross me dijo que cuando estuviera seguro de lo que quería hacer te lo contara. Ya sabes... Lo del Catorceavo.

—Ah, sí. ¿Y qué vas a hacer al final?

—No sé... No quiero que se despierte al Catorceavo. Sé que si se despierta puede que no pueda controlarlo. He pensado que no.

Komui suspiró de alivio, y dedicó una sonrisa a Allen.

—Creí que dejarías que Leverrier te hiciera lo que quisiera por "el bien de la Orden" sin pensarlo.—Dijo, haciendo el gesto de las comillas.—Me alegro de que eligieras bien, Allen.

—¡Oye! Yo también pienso.—Bufó Allen, y Komui rió.

—Lo sé. Tranquilo, se lo comunicaré a Leverrier y asunto arreglado. ¿Alguna cosa más?

—De momento no. Gracias por todo, Komui.

—Gracias a ti, sin problemas.

Allen se despidió, y salió por la puerta, aliviado. Por fin se quitaba aquel peso de encima.


De camino al comedor, se encontró con Lavi, estuvieron charlando alegremente hasta que llegaron al lugar, y allí pidió su exagerada y grasienta ración de comida. Se sentó junto al pelirrojo en la mesa que siempre solían escoger. Kanda estaba comiendo en silencio, y Lenalee bebía un café. El corazón de Allen dio un vuelco.

—Hola, chicos.—Saludó Allen, sonriendo.—¿Qué tal vais?

—Yo cansada.—Dijo Lenalee, resoplando.—Mi hermano está pesado con que entrene y mejore mi Inocencia. Dice que con lo mal que están las cosas, necesito ser más fuerte. Pero es tan agobiante...

—Mejor no se lo digas o se nos podrá a llorar.—Comentó Lavi.—Si quieres... Podríamos ir a entrenar después juntos. ¿Sabías que eso fortalece el lazo de...?

Lavi y Lenalee empezaron a charlar entre ellos, y Allen prefirió no molestarlos. Se fijó en Kanda, que soplaba con suavidad los fideos enrollados en sus palillos. Se veía tan concentrado... Y luego entrecerró los párpados, ante el detalle que le parecía ver. ¿Estaba viendo bien? Un lazo rojo extremadamente familiar estaba atado en la muñeca de Kanda, la que solía llevar él en el cuello. Si no se equivocaba de cinta... ¿Qué demonios le había dado a Kanda como para ponérsela de pulsera?

—Esto, Kanda...—Éste levantó la vista del plato, y le lanzó una mirada asesina. El chico tragó saliva.—¿Y esa cinta que llevas atada a la muñeca?

—No es asunto tuyo.

—Hmmm... Qué amable.—No sé ni para qué me molesto, pensó Allen. El Kanda de siempre había vuelto.

—Muchas gracias. Esa es mi línea.—Dijo Kanda, sonando increíblemente irónico.

—Y... ¿Qué cuentas?—Preguntó, intentando sacar conversación de alguna parte. Kanda frunció el ceño, molesto.

—A ti nada, niñato. ¿Por qué no dejas de sonar tan patético intentando conversar?

—Qué antisocial...—Murmuró Allen, pinchando un dango con el palillo.

—¿Qué has dicho, estúpido? Repítelo si tienes huevos.—Gritó Kanda.

—Déjalo.—Dijo Allen, resoplando. Se llevó un dago a la boca y lo masticó sin mucha emoción. De normal habría continuado con la provocación de Kanda, pero no tenía ganas. Lenalee y Lavi observaban la escena, extrañados. Allen parecía un poco decaído a los ojos de los otros dos.

—Definitivamente, el Moyashi no tiene huevos.—Dijo Kanda, cruzándose de brazos, y Allen escupió el dango. ¿Kanda le llamaba Moyashi?—¡Eh, no me escupas en la cara, cerdo!

—Eh.. Yu...—Lavi comenzó a hablar, pero se quedó aterrorizado ante la mirada asesina de Kanda. No soportaba que lo llamaran Yu.—¡Ay, no me mires así, Yu! Esto... ¿Por qué has llamado a Allen Moyashi?

—Oh.—Kanda se quedó pensativo un momento.—¿Tiene que haber un motivo para decirlo?

—¿Será porque me parezco a un brote de habas?—Preguntó Allen, esperanzado. Si Kanda se acordaba de su apodo pero no se acordaba de por qué lo había formulado... ¿Eso quería decir que su memoria no había sido borrada del todo?

—¿Por qué demonios me estáis interrogando?—Kanda alzó una ceja.

—Vamos, Kanda. Responde a Allen.—Dijo Lenalee, muy seria.

—¡Y yo que sé! Supongo que se me ha ocurrido de repente, joder, no es para tanto.—Lavi, Lenalee y Allen intercambiaron miradas. Kanda los miró, frunciendo el ceño.

—¿No te suena haberlo escuchado en alguna parte antes, Yu?

—No me llames Yu, maldito conejo. Y sí, me suena de algo, ¿contento?

Allen sonrió para sus adentros. Kanda recordaba algo. Aunque fuera aquel odioso apodo. Allen intentó darse esperanzas. Ojalá esto fuera una señal de que volverá a ser Yu, pensó Allen. El Yu que compartía su mundo con él y lo hacía feliz.

Aunque... Parecía más bien imposible.


Allen bostezó, cansado. Eran las tres de la tarde, se había pasado la mañana sentado en un banco en los jardines de la Orden leyendo. Había cogido el hábito de Kanda. Sí, por extraño que pareciera, Kanda leía, y bastante. Tenía una estantería llena de novelas en su habitación, y de vez en cuando le obligaba a leer a Allen, para que "llenara su inculta cabeza de algo más que moral y deberes". Desde entonces, cuando Kanda estaba en alguna misión y lo echaba de menos, leía.

Y en ese momento, lo extrañaba demasiado.

Avanzó por el pasillo, procurando no perderse, y en seguida divisó la puerta de su habitación. Tenía unas ganas de meterse entre las sábanas y dormir... Olvidarse de todo por unos instantes.

Puso una mano en el pomo y abrió la puerta. Entró y tiró el libro hacia donde se suponía estaba la cama; estaba todo demasiado oscuro, pero no recordaba haber cerrado las cortinas. No le dio importancia, y empezó a desvestirse. Cuando se había quitado el chaleco y el lazo, un empujón venido de ninguna parte hizo que chocara con fuerza contra la pared. Jadeó, pero sin perder tiempo intentó activar su Inocencia.

Craso error, su brazo no reaccionaba. Intentó forzar el arma, pero sólo consiguió sentir un dolor punzante. Y entonces, tocó uno de los sellos que flotaban a su alrededor y supo qué era lo que pasaba.

Los Cuervos habían venido a por él.

Algo le golpeó con fuerza en la nuca, y perdió el conocimiento.

Leverrier se acercó a él, seguido de Link y cuatro Cuervos más. En la oscuridad, habría sido imposible reconocerlos para Allen.

—Señor, ¿lo transportamos ya a la sala que ordenó?—Preguntó Link. Leverrier le miró fugazmente, para luego volver a detener su mirada en el joven a sus pies. Escupió al chico acertándole en la mejilla, y se rió.

—¿A qué esperáis para hacerlo? Venga, no tenemos todo el día. Procurad que no os vea nadie y...—Las comisuras de sus labios se arquearon de una forma un tanto siniestra.—Procurad que tengamos la suficiente intimidad con él para que nadie lo oiga... Gritar. ¿Entendido?

—Sí, señor.—Respondió Link, y dio una orden a sus acompañantes para que cargaran al chico.

Salieron de la habitación en silencio, procurando que nadie se enterase de sus planes.


¡Hola hola! Por fin fin de semana... Ya puedo escribir TT-TT Estoy deseando terminar el siguiente cap. de esta historia y de mi otro fic... Todo está en proceso, amigos.

Bien, lo siento por quién se haya aburrido con este capítulo, pero tenía que escribirlo. Es una transición a lo que vendrá después. Todo.. Todo a su tiempo jeje. También decir que gracias por los reviews, sabéis como alegrarme el día *O*. Lo de siempre, si ven algo raro, que no cuadra con el canon o una mínima falta de ortografía o incongruencia, avisen y critiquen. Y si quieren enviarme un review diciendo lo que les pareció.. Feliz soy :')

Y eso es todo, me voy a ver Shameless.

Con todo su amoroso amor,

Dolly.

P.D: Gallavich OTP (fangirl attack).