DISCLAIMER: -man no es ni será nunca mío.

ADVERTENCIAS: Tortura, un Leverrier hijoputa. Capítulo de transición again.

No se asusten, no describiré más tortura en los próximos capítulos. No tan detallada, al menos ;D


Cuando Allen despertó, se dio cuenta de que no podía ver. Y que el ambiente olía demasiado a óxido.

Intentó moverse, aunque en seguida desistió; estaba arrodillado y atado de pies y manos. Intentó activar su Inocencia de nuevo, pero como antes, era imposible de despertar. Entonces sintió miedo. ¿Dónde demonios estaría, y quién lo habría secuestrado? ¿El Conde? Oh, no, por favor, rezó. Quien sea menos el Conde. No quería luchar contra los Noé justamente en ese momento.

Entonces sintió una presencia a su lado, alguien o algo que se movía. Sintió como el vello se le erizaba cuando notó el aliento de "eso" en su oído. Se tensó, intentando ponerse en posición defensiva, pero fue imposible. Aquella cosa que parecían grilletes se incrustaban en sus brazos.

—Bueno bueno, señor Walker, ¿preparado para la acción?—Dijo la voz en su oído. Una voz que le fue muy fácil reconocer. Leverrier. Siempre el maldito Leverrier. Alguien tiró de la venda que cubría los ojos. Parpadeó varias veces, no había mucha luz en aquella sala, pero la suficiente para hacerle lagrimear. Cuando se acostumbró, pudo ver dónde estaba.

Era una sala pequeña, sin ventanas y una enorme puerta de hierro. Las paredes eran de piedra, y habían estantes con cachivaches escalofriantes por todos lados. Él se encontraba justo enfrente de la puerta, pegado a la pared. Dos grilletes le obligaban a permanecer con los brazos extendidos hacia arriba, en cruz. En el suelo, allá donde sus rodillas estaban apoyadas, había un extraño dibujo. Un enorme círculo lleno de símbolos extraños, que dedujo era un conjuro. Mientras, cuatro Cuervos se encargaban de mantenerlo activo.

—Leverrier... ¿Qué es lo qu-

—Calma, calma, Allen.—Le interrumpió el hombre, el bigote se le hacía más pequeño conforme más sonreía. —En estos momentos, dejemos las cortesías, ¿quieres? Verás... Komui me ha hablado de la egoísta decisión que has tomado. Y creo, que estás muy equivocado si te crees que te vas a salir con la tuya, joven Walker.

—¿De qué hablas?—Preguntó Allen, desorientado. Los grilletes que le unían los tobillos empezaban a darle picores.

—Hablo de no querer cooperar con nosotros. Eso se castigaría con traición normalmente, lo sabes ¿verdad?

—Pero...—Respondió intentando encontrar una excusa para lo que suponía que se avecinaba.—Cross me dijo que podía elegir si quería o no, eso no es traición...

—Estábamos dándote la oportunidad de llevar esto a cabo por las buenas. Como has preferido no servir al bien de la Orden, creo que es evidente ¿no?—Respondió Leverrier mientras le daba la espalda, satisfecho con su plan. Allen se golpeó mentalmente. Ahora el hombre tenía una especie de motivo para llevarlo a su son, otra vez.—Estoy muy dolido, Allen. No esperes que tengamos... ¿Compasión?

—¿De verdad crees que acusándome de algo sin fundamento y torturándome la Orden ganará la guerra contra el Conde?—Replicó el chico, como un intento de mostrar su valentía; haciendo mosquear a Leverrier. Este lo miró por encima del hombro, y torció el bigote en una mueca de desagrado.—¿Crees que el mundo mejorará dejando a alguien como ese Catorceavo suelto? ¿Crees que lo podréis parar?

—Joven Walker, las guerras se ganan mediante sacrificios. Tú vas a ser nuestro sacrificio. Y sí, te odio profundamente, pero esto no es sólo por ti, sino por esa criatura...—Leverrier se acercó a él y le puso una mano en donde se suponía se hallaba su corazón, rozando su piel. Le habían quitado la camisa.—Necesitamos cualquier información que esa cosa nos pueda proporcionar. No nos importa destruirte, Allen, sólo serás una baja más en esta guerra. Y sí, en cuanto lo hayamos despertado estará tan debilitado gracias a nuestras sesiones que si no coopera...—Leverrier le pasó el dedo por la garganta, como si lo fuera a degollar. Allen tembló, las manos del hombre eran demasiado frías.

—¿Me matarían?—Preguntó, perplejo. El hombre chasqueó la lengua.

—Claro. No te creas tan imprescindible, niñato. En cuanto podamos ser capaces de crear exorcistas tu valor decaerá por los suelos. Bien.—El hombre movió el brazo, dando por terminada la conversación.—Basta de cháchara.

Allen contempló cómo el hombre se acercaba a uno de sus ayudantes, y cómo éste le tendía una jarra de hierro humeante. Leverrier fue con cuidado al cogerla, y tuvo que ayudarse de varios paños para no quemarse. La curiosidad de Allen se transformó en horror cuando vio lo que el hombre pretendía hacer. Palideció, si es que todavía podía palidecer más.

—Esta es una técnica de "purificación" que la Iglesia utiliza desde la Edad Media. No me mires con esa cara de corderito, no pienses que me voy a compadecer de ti. El agua bendita hirviendo probablemente hará removerse a ese maldito Noé en tu cuerpo. O si no, será una bonita forma de hacerle saber que estamos aquí.

Allen no tuvo tiempo a objetar. Dos Cuervos, uno a cada lado suyo, le estaban cogiendo fuertemente para que no se moviera y le estaban obligando a abrir la boca. Leverrier se acercó con una mueca sádica en el rostro y vertió el líquido en su boca, sin dudar. Allen no pudo siquiera gritar mientras sentía cómo sus entrañas comenzaban a arder, y podía notar perfectamente el trayecto desde su boca hasta el estómago. Apretó fuertemente los puños, el dolor era insoportable. Mientras, Leverrier reía y vertía cada vez más líquido.

La tortura duró unos minutos, que a Allen se le volvieron interminables. Entre jarra y jarra de agua, le daban un tiempo para respirar. Ése era el peor, la sensación de su interior quemándose y ardiendo era horrible. Y algo dentro de él estaba reaccionando ante esa "purificación".

Cuando ya llevaba el tercer descanso, pudo apreciarlo. Algo en su interior intentaba tirar de él y arrastrarlo hacia la inconsciencia, algo ajeno a él. Allen se dejó llevar, huyendo ante el dolor, cuando escuchó aquella voz que lo llamaba.

Allen... Deja que aparezca y los mate a todos. Deja que los destruya, y no volverás a sufrir.

Ese agua bendita me hiere... Y el agua caliente te hiere a ti... Deja que me vengue, Allen...

Déjame salir...

Allen se obligó a volver a Tierra. Se obligó a soportar la tortura, se obligó a no llorar de dolor para no darle el gusto a Leverrier. Y sobre todo, se obligó a no sucumbir ante el Catorceavo. Sabía que la voz que había escuchado tenía que ser la de él, y juró por su orgullo que aguantaría todo lo que hiciera falta con tal de no dejar ese monstruo suelto.

Si tan sólo me dejaras salir... Si no fuera por el miedo de despertar aquella cosa, ya habría sucumbido a la voz. Estaba haciendo grandes esfuerzos por no desmayarse.

Jadeó, el agua se había terminado y la siguiente jarra estaba lista. Respiró entrecortadamente, intentando recomponerse, aunque el simple hecho de exhalar le provocaba un dolor inaguantable. Entre inspiración y espiración tosió, y la sangre que salió de su garganta salpicó el traje de Leverrier. Sonrió satisfecho ante tal señal de rebeldía, y después lamentó haberlo hecho. El hombre lo agarró del cuello y lo obligó a tragar otra jarra entera, sin pausas. La sensación de ahogo era horrible. En cuanto lo soltó, no pudo evitar toser, rasgando aún más las heridas. Leverrier simplemente sonrió y dejó caer un comentario bastante doloroso para Allen.

—Y bien Allen... ¿Qué tal con Kanda? ¿Qué tal se siente que tu amante ni siquiera recuerde cómo te abrías de piernas? ¿Y que ya ni siquiera quiera acercarse a ti nunca más?


Ya llevaba tres días viviendo las "sesiones" de Leverrier. El primer día había acabado en la enfermería debido a las heridas, el segundo simplemente lo habían torturado hundiéndole la cabeza en una bañera llena de agua, una y otra vez. Y el tercer día los Cuervos habían probado sus conjuros con él. Por suerte, no le infringían heridas visibles, y quitando la pérdida temporal del habla, nadie se podría dar cuenta a simple vista de que estaba siendo utilizado como conejillo de indias. Y amenazado como estaba no podía hablar con nadie, ni escapar a una sesión. Si lo hacía, se encargarían de que Kanda acabara muerto. O Lenalee, o Lavi.

Allen acababa de despertar en la cama de su habitación, con un dolor de cabeza y de huesos terrible. La garganta y el estómago le dolían horrores. Como siempre, lo habían devuelto a su habitación inconsciente. Parecía que tenían un gran interés en que no supiera dónde tenían aquel escondite macabro, se dijo Allen.

Alargó la mano hacia la mesita de noche y sacó del cajón una pequeña botella, cortesía de la enfermera jefe. Destapó el frasquito y bebió su contenido de un trago. Inmediatamente, su tracto digestivo parecía más sano de lo que estaba, y el dolor de sus huesos remitía. Hasta que no se le pasara el efecto, al menos podría hablar con naturalidad sin estar quejándose a cada rato.

Suspiró. Dejó la botellita en la mesita de noche y se metió bajo las sábanas, dispuesto a dormir aunque fuera un poco. Estaba agotado, menos adolorido que antes pero adolorido, y con ganas de pegar a Kanda. El bastardo al que solía llamar Yu no paraba de burlarse de su voz chirriante. Si él supiera... Pensó Allen. Definitivamente tenía que dejar que mataran a Kanda. Sí, que lo mataran y que al fin volviera su Yu.

Si con las sesiones pretendían alertar al Catorceavo, sin duda lo habían conseguido. Allen contempló su reflejo en la botellita de cristal. Ahí estaba, ocupando un primer plano de la imagen. Mientras que antes se contentaba con aparecer en un lado del reflejo, ahora aparecía cada vez más nítido, más grande y más visible; en ocasiones superponiéndose a la imagen de Allen. Y su torcida sonrisa se hacía cada día más bizarra.

Cerró los ojos, reprimiendo las ganas de seguir mirando su reflejo. Poco a poco el sueño empezaba a invadirlo...

Y un golpe sordo lo devolvió a la realidad.

La puerta fue abierta de un golpe y alguien arrancó las sábanas de encima de Allen. Éste gritó, y se incorporó rápidamente, alterado. Cuando vio al japonés ahí de pie, mirándolo con las sábanas en mano y una expresión enfadada, su sorpresa fue muy evidente. Y las mariposas en su estómago, también.

—¿Kanda? ¿Qué haces aquí?—Preguntó, sorprendido. El susodicho arqueó una ceja. Estaba tan hermoso... Pensó Allen.

—¿Tú que crees, Moyashi?—Dijo, molesto.—No vendría por ningún motivo a buscarte a este cuartucho si no fuera porque me obligan. Joder, ¡me he perdido buscándolo! ¿Cómo Komui me dice que te busque en tu maldita habitación si nunca he estado, joder?

—¿Y qué quería?

—Moyashi, tienes una misión. Tenemos una misión. Esta madrugada a las cinco.—Respondió Kanda, lanzándole la sábana y girándose en dirección a la puerta. El chico sonrió como un idiota al pensar en el japonés y él, juntos de nuevo. Al menos tendría una excusa para estar cerca de él.—Ah, y tómate un puto caramelo. Sigues teniendo la voz como un elefante. Y deja de sonreír como un gilipollas.

—Gracias, Kanda.—Respondió Allen.

—De nada.—Dijo, y cerró la puerta tras de sí, dejando al joven exorcista solo.

Allen alargó la mano, tentado en salir a buscarlo, llevarlo de nuevo hasta su habitación y meterlo en su cama. Así dormiría mejor, y sería más feliz. Pero se contuvo, si lo hacía probablemente sería decapitado por Mugen. Volvió a meterse bajo las sábanas y se contentó con abrazar la almohada. Estaba tan fría... Y su corazón estaba yendo demasiado rápido.

Las mariposas en su estómago volvían a las andadas.

Dios... ¿Tanto le emocionaba una simple misión?

La respuesta era sí, si Kanda estaba en ella.


¡Hola hola! Lo siento, amigos, siento no poder actualizar tan de seguido. Llevo un mes muy duro, justo mañana tengo... ¡Sí, un examen de ecuaciones de ya no sé cuál grado con logaritmos! Me matan... Ay mamita, ¿por qué escogí ciencias?

Bueno, dejando de lado este pequeño incidente... Lo siento mucho. Siento que esto sea otro capítulo de transición. No estoy orgullosa de él en lo más mínimo, lo reconozco. Pero... Este capítulo nos traerá el Yullen. Y la trama. Y el fluffy. Y el drama. Y a NEAH *O*. Amigos, mil gracias por sus reviews, siento no poder responder aún, pero voy corta de tiempo u.u (yo debería estar estudiando ahora las malditas mates) pronto les contestaré, no se preocupen.

Y bueno, para acabar, lo de siempre. Si son tan amables de dejarme un review diciendo si les gustó, si no, si hay algo que mejorar... Lo que sea. Críticas son agradecidas mucho. Mil gracias por leer *O*

Con todo su odio hacia las matemáticas,

Dolly.

P.D:¿Leverrier es demasiado Ooc? ¿O está clavado? Respóndanme por favor u.u