DISCLAIMER: -man no es mío. Si lo fuera, Alma nunca habría existido y Yullen sería OTP.

ADVERTENCIAS: Kanda y su boca de marinero.


—¿Kanda, estás bien? ¡Ábreme de una vez, maldita sea!

Allen golpeó la puerta del baño por enésima vez, intentando llamar la atención del japonés. Había intentado abrirla, pero estaba cerrada con llave.

Lo habían despertado los gritos del japonés. Por la forma en la que gritaba, sabía que era algo grave. Se preguntó qué demonios estaba pasando, mientras la desesperación le carcomía. De pronto se escuchó un golpe sordo, como si algo grande se hubiera estrellado contra el suelo. Unos cuantos gritos más, y después silencio.

—¡Kanda! A la de tres entraré, ¿de acuerdo? ¡Una, dos y...!

Antes de llegar a pronunciar tres, arrancó la puerta con su Inocencia y se precipitó dentro de la habitación. Pero en cuanto vio el estado del japonés, se detuvo bruscamente.

—Oh Dios, no... No, por favor... Por favor...—Suplicó mientras su voz se iba quebrando con cada palabra que decía. Al igual que su corazón. Se llevó una mano a los labios, aterrado. Sólo deseaba que...—Por favor... Kanda... Dime que no estás...

Muerto.

El estado de Kanda era tan deplorable que daba la impresión de que si no estaba en el otro barrio ya, poco le faltaba. Todos sus músculos estaban tensos, su rostro pálido y contraído en una expresión de puro horror. Además de una extraña brecha en la frente de la cual no paraba de salir sangre, probablemente se habría golpeado con algo al caer. Sus ojos estaban abiertos, pero en ellos no había... Nada. Ni un mísero brillo que indicara que dentro de ese cuerpo había vida.

Allen se arrodilló al lado de su "novio" y lo movió cuidadosamente, hasta tenerlo al fin entre sus brazos. Se echó hacia atrás y recostó la cabeza de Kanda en su hombro, mientras lo estrechaba con suavidad por la cintura. Apoyó una mano en el pecho del japonés, y suspiró aliviado al notar el corazón del chico latir. De una forma muy pausada, pero latía. Estaba vivo.

Con cuidado, lo transportó de nuevo hacia la habitación y lo depositó en la cama. Luego sacó el botiquín de entre el equipaje y sacó algodón, con lo que paró la hemorragia de su frente. Cuando la herida dejó de sangrar, Allen se permitió relajarse, feliz de que Kanda siguiera vivo. Si tan solo hubiera muerto... No, no quería pensar en eso. Si hubiera muerto... Él hubiera muerto también.

—Qué sustos me das, Yu...—Ahora que no estaba consciente, podía llamarlo Yu libremente.

La capacidad de curación de Kanda era excelente. No habían pasado más que unos minutos, y la brecha ya apenas era apreciable. El chico suspiró, feliz y aliviado de que el otro estuviera bien.

Entonces Allen reparó en la cuenta de que Kanda iba desnudo y no pudo evitar ponerse rojo como un tomate. Medio queriendo medio sin querer, sus mirada se dirigió a las "partes viriles" del japonés. Estaban como siempre, pensó. Al darse cuenta de las estupideces en las que estaba pensando, se golpeó mentalmente. De momento necesitaría ropa para Kanda, no estúpidos comentarios sobre su pene.

Rebuscó en la maleta de Kanda hasta dar con un par de calzoncillos limpios, y luego intentó ponérselos al chico. Fracasó. No tenía la fuerza suficiente para hacer pasar sus piernas por la ropa, y tampoco quería rozar su... Eso. Así que decidió que lo dejaría desnudo.

Allen se encargó de arroparlo bien con las mantas, no fuera a ser que se resfriara. Luego se sentó en el colchón, junto al él. Seguía con los párpados abiertos, así que Allen posó la mano sobre ellos y los cerró delicadamente. Sonrió, Bakanda se veía muy hermoso en ese instante... Parecía que dormía en paz. Como si no tuviera ninguna preocupación.

—Yu... Estás muy lindo en este instante... Deberías verte.—Allen sonrió como un tonto mientras acariciaba con suavidad el cabello del japonés. Estaba húmedo.—Parece mentira que hace apenas un momento me hayas dado un susto de muerte. Pero ya estás bien, ¿verdad? ¡Casi me da un infarto! Creí que te habías muerto... Creí que te perdía.

Allen sintió cómo una lágrima se le resbalaba por la mejilla, e hizo lo posible por contener las demás. No quería llorar en ese momento, no cuando ya había pasado todo y Kanda estaba bien. Su Yu estaba bien, y no debía llorar. No había motivo.

Pero tenía tantas ganas... Había pasado tanto miedo ante la idea de perder a su Bakanda...

No, no debía llorar. Siempre fuerte, ¿cierto?

—Yu, yo...—Su voz sonaba rota. Aunque las lágrimas estuvieran contenidas, el dolor no.—No sé si eres consciente de ello... Soy un estúpido, ¿cómo vas a ser consciente? ¡Si te has desmayado!—Su mano buscó la de Kanda najo las mantas, y cuando la encontró, la estrechó fuertemente.—Pero bueno... Quería que supieras que no te olvido, Yu. Que...

Poco a poco acercó su rostro al de Kanda, y cuando estuvo lo suficiente cerca como para notar el aliento del otro en su nariz, lo besó. Fue un suave y casto beso, en el que sus labios apenas se rozaron, pero con él, Allen se sintió completo.

El primer beso en mucho tiempo. Y posiblemente el último.

—Te amo, Yu. No lo olvides.

En cuanto se dio cuenta de lo que había dicho, se echó a reír. Sin embargo, no sonaba feliz.

—Qué idiota soy. ¿Cómo vas a olvidar algo que ni siquiera recuerdas?

Bajó la mirada hasta fijarla en sus piernas, y entonces se dio cuenta de algo que había pasado por alto durante todo ese tiempo. Se quedó con los ojos como platos, siendo incapaz de creer lo que veía. Sobre sus piernas no había pantalón ninguno. Rápidamente palpó su cuerpo: tampoco llevaba camiseta. Tan solo conservaba su ropa interior y sus vendas.

Un escalofrío le recorrió la espalda. La noche anterior... No podía recordar nada de lo que había sucedido desde que bebió del vaso que le ofrecía aquella chica tan agradable.

Y entonces fue consciente. Había estado borracho. Y ahora estaba desnudo.

Dios... ¿Qué habría hecho la noche anterior?

Tocó sus vendas: estaban demasiado blancas. Ni siquiera una gota de sangre, y eso que recordaba perfectamente cómo se habían manchado al cubrir las heridas. No cabía duda: le habían vendado el brazo de nuevo.

—Kanda... ¿Fu-fuíste tú? ¿M-me has...?

¿Visto las heridas? Quería terminar la frase, pero no pudo.

No podía estar seguro, pero aquello era lo más probable. Kanda había visto los cortes en su brazo, de una forma u otra, y los había vendado de nuevo. Se llevó la mano a la cara, muerto de vergüenza. Rezaba porque no fuera así, porque Kanda no hubiera visto las heridas. Sería muy difícil explicar el por qué de aquellos cortes.

Muy, muy difícil. Prácticamente imposible.

Además... ¿Por qué, si Kanda le había visto las heridas, se había encargado de vendarlas?

No encajaba con él, de ningún modo.

No con el Kanda actual, desde luego.


En cuanto Allen se hubo terminado de vestir, decidió echarse un sueñecito en la cama junto a Kanda. A media tarde fue despertado de una forma muy poco amistosa.

—Despierta, maldito enano.—Dijo el japonés, mientras zarandeaba a Allen. Éste abrió los ojos de golpe, confundido.

—Oh, ¿pero qué...?—En cuanto vio que quien lo había despertado era nada más y nada menos que Kanda, el chico abrió la boca, sorprendido.—¿Kanda? ¿Estás ya bien? Te desmayaste y estabas todo pálido y me asusté mu-

—Deja de decir estupideces, ¿quieres?—Cortó el japonés, mientras daba la espalda a Allen y se encaminaba hacia la puerta.—Por si no lo sabes, estamos en una misión. No te pongas a dormir como si no tuvieras nada que hacer, imbécil.

—¡Pero te desmayaste! ¿Pretendías que te dejara solo?—Replicó Allen, incorporándose rápidamente. Cuando Kanda estuvo delante de la puerta, con una mano en la manecilla, le dirigió una última mirada. Allen se estremeció, sus ojos...

Sus ojos estaban como apagados. Sin brillo. Como si les faltara algo.

—Sí, tienes razón. Podrías. Deberías haberme dejado solo.

—Pero...—Allen no tuvo tiempo para decir nada más, el japonés ya había salido por la puerta.

Qué reacción más extraña, pensó Allen. ¿Se seguiría encontrando mal? Sin duda, no se iba a quedar sin averiguarlo, así que se levantó deprisa de la cama, se puso las botas y el abrigo, y salió por la puerta tras Kanda.

—¡Kanda, espera!—Gritó al ver al japonés saliendo por la puerta del hotel sin ni siquiera esperarlo. Sin embargo, no se detuvo, y Allen tuvo que correr para alcanzarlo. Cuando estuvo a su lado, acompasó su ritmo al de Kanda.—¿No me escuchas? ¿Hola?

Pero Kanda ni le miró. Hizo como si no existiera, acelerando cada vez más el paso. Allen empezó a notar que algo no iba bien. Nada bien.

—¿Por qué me estás ignorando, demonios? ¡Deja de comportarte como un completo imbécil o...!

—¿O qué?—Cortó Kanda, sin darle tiempo a Allen para acabar la frase. El japonés se había detenido bruscamente, y ahora estaba de pie delante de Allen, mirándolo con odio.—¿Qué me puedes hacer tú, un enano maldito y deforme?

—¿Pero qué te pasa ahora? ¿Que he hecho?—Contestó Allen, elevando el tono de voz. No entendía qué demonios le pasaba a Kanda, pero no iba a permitir que le gritara de ese modo. Si no fuera porque Yu se encontraba en algún lugar dentro de ese cuerpo, Allen ya habría incrustado la cabeza de Kanda en el suelo.

—Déjame en paz, idiota. Te quiero fuera de mi vista, ya.

—¡A mi no me tienes que ordenar nada, estúpido amargado! Encima que hago cosas por ti...

—¿Qué haces por mí? ¿Alguna vez has hecho algo bueno por mí? ¿De verdad?

—¡Lo hago todo por ti! ¡Si tan solo no fueras un bastardo insufrible lo comprenderías!

El silencio era apenas audible entre los gritos de los dos exorcistas, que estaban comenzando a llamar la atención de todo el pueblo. La gente que pasaba por la calle se paraba a mirarlos, entre curiosos y extrañados.

—¡Tú no has hecho nada bueno por mí, maldita sea! ¡Tú me has vuelto así! ¡Por tu culpa, yo...!

Kanda se quedó mudo de repente al ver la cara que hacía Allen. Una cara de absoluto desconcierto.

—Continúa, por favor.—Pidió Allen.—¿Qué es lo que hice?

—No lo sé, joder.—Respondió Kanda.—No sé qué demonios me está pasando, pero de repente me duele la puta cabeza como si alguien estuviera hurgando en mi cerebro con un cuchillo, y al momento siguiente veo cosas.

—¿Qué cosas?

—¡Recuerdos, idiota! ¡Lo recuerdo todo!—Allen sintió cómo su corazón se encogía al escuchar aquellas palabras. Kanda estaba recordando... Y aun así no se veía muy feliz por ello.—Esta mañana me desperté con esa sensación de mierda, y luego empecé a ver imágenes una tras otra, recuerdos si lo prefieres. Pero era tan doloroso, y no entendía absolutamente nada, así que me fui a duchar para quitarme esa maldita sensación de la cabeza y...

Kanda se quedó en silencio. Allen intentó tocarle el brazo para tranquilizarlo, pero el japonés se apartó rápidamente.

—Antes de desmayarme lo vi. Todo. Recuerdo todo, Moyashi. Lo recuerdo todo.

—¿Me... recuerdas? ¿Yu?—Allen estuvo a punto de lanzarse sobre Kanda y abrazarlo, pero se contuvo al ver la expresión de horror en su cara.

—Eso es lo peor. Los recuerdos que faltaban están ahí, con todo lujo de detalles. El problema...

—¿Qué sucede?

—Tú no sales en ellos. Todo está distorsionado. Es como si nunca hubieras existido.

Allen oyó como su corazón caía al suelo y se hacía añicos. Metafóricamente hablando.


¡Hola hola! ¿Qué tal va por ahí? Aquí no muy bien. Mi profesora de lengua se está aprovechando de mi gusto por escribir para apuntarme a todos los concursos que hay por mi zona, y me he pasado los dos últimos meses escribiendo, escribiendo, y escribiendo. Comprenderán que después de pasarme muchas horas delante del ordenador, luego no me apetece sentarme a escribir mi fic :(. No debería decirle que sí a los profes tan fácilmente, me están explotando :(

Pero tengo una buena noticia, y es que en mi ciudad estamos de fiesta durante una semana, así que ya tengo tiempo para escribir. Con suerte, dentro de dos o tres días podré volver a subir cap. En el próximo capítulo tengo preparada una sorpresita ;)

¿Qué les pareció el capítulo? ¿Hay algún OOC que comentar? ¿Algo que se podría mejorar? ¿Alguna frase que se ve fea? ¿Faltas de ortografía? Si quieren tirar un tomatazo, tírenlo libremente, ¡insulten al fic si es preciso! Critiquen libremente, necesito saber qué puedo mejorar. Dejen un review dando su opinión, me haría muy feliz *O*

¡Hasta la próxima, criaturitas!

Dolly.

P.D: Odio a mi profe.