DISCLAIMER: Lo de siempre.
ADVERTENCIAS: Secuelas derivadas del cap. anterior, drama, Allen malsonante.
Cuando despertó, Kanda ya no se encontraba a su lado.
Ni siquiera recordaba que hubiera dormido a su lado, a decir verdad. Sólo recordaba haberse dormido en cuanto Kanda se separó de él, tantas emociones acumuladas lo habían dejado exhausto.
Trató de levantarse, pero tenía el cuerpo tan adolorido que el más mínimo movimiento era una tortura. Al final consiguió sentarse en la cama, y echó un vistazo a su alrededor, sorprendiéndose al ver el estado en el que se encontraba la habitación. No recordaba que hubieran tirado al suelo los cuadros que antes colgaban de la pared, y tampoco recordaba haber partido por la mitad la vieja lámpara de pie que solía estar al lado de la puerta.
Tambaleando, se dirigió hacia el baño, intentando no pisar nada. Lo primero que hizo fue abrir el grifo del lavabo y beber agua. Estaba sediento. Sediento y adolorido. Su cabeza palpitaba horrores, y otras partes de su cuerpo... También.
Cuando se miró en el espejo no se reconoció.
Si Kanda pretendía dejar su marca en el cuerpo de Allen tal y como hacían los animales, sin duda lo había conseguido. Le había dejado el cuello y los hombros llenos de mordiscos, y tenía la marca de sus uñas en las caderas, los brazos y la espalda. El muy animal no sólo le había arañado, sino que había clavado sus uñas con tanta fuerza que le había arrancado piel.
El Catorceavo sonreía más que otros días.
Allen estaba acostumbrado a las marcas de arañazos, de pequeños mordiscos y a algún que otro morado. Al fin y al cabo, son cosas que parecen inevitables cuando uno tiene sexo. Pero aquello era demasiado.
La venda que llevaba en el brazo había evitado que Kanda le arañara la piel y le reabriera los cortes. Agradeció aquel detalle.
En aquel momento no sabía si odiar a Kanda o odiarse a sí mismo. Eligió darse una ducha y tratar de aliviar un poco la confusión que sentía en ese momento. Así que entró en la ducha (ya estaba desnudo, así que no le hizo falta quitarse nada), abrió la manilla del agua caliente y dejó que el agua corriera por su cuerpo libremente.
No quería pensar en la noche anterior, de verdad que no. Pero sus pensamientos volvían una y otra vez al momento en el que besó a Kanda en la esquina del bar, sin esperar ninguna respuesta por parte del japonés, pero que en su lugar recibió no sólo la aprobación de Kanda sino...
"No, no pienses." Se repetía Allen una y otra vez. "No pienses de nuevo en todo eso."
Suspiró. ¿Qué iba a hacer a partir de ahora? Lo más probable era que el japonés no quisiera saber nada más de él después de todo.
—Estúpido Bakanda...—Murmuró Allen, agachando la cabeza.
Algo frío y viscoso se escurrió entre sus muslos, y Allen abrió los ojos con sorpresa. Se llevó una mano entre las piernas, con suavidad, y tocó aquello con los dedos. Observó sus dedos y los vio manchados de sangre y fluidos de Kanda. Mucha sangre. Demasiada.
Ahora comprendía el por qué de tanto dolor.
—¡Pero será hijo de puta!
Intentó ordenar aunque fuera un poco la habitación antes de dirigirse al mundo exterior, pero la tarea le resultó prácticamente imposible. Le dolía tanto el cuerpo que cualquier esfuerzo físico le hacía tambalearse y perder el equilibrio. Cualquiera diría que Allen estaba exhausto y necesitaba descansar. Él sabía que había perdido demasiada sangre como para estar bien.
Bajó las escaleras del hostal sin saber muy bien con qué se encontraría en cuanto llegara al recibidor, pero por suerte no había nadie. El lugar estaba más desierto que las esperanzas de los de la Sección Científica. Continuó su camino hasta el bar del pueblo, sin ser apenas consciente de las miradas curiosas que estaba recibiendo de los transeúntes.
Cuando entró en el bar, las personas que habían dentro enmudecieron de repente y se le quedaron mirando fijamente. A Allen le extrañó que hubiera tanta gente en un bar a aquellas horas de la mañana, y el hecho de que todo el mundo se le quedara mirando... Había algo que no encajaba.
Se acercó a la barra y le pidió al camarero una lista interminable de comida como desayuno. Éste tomó el pedido, miró de arriba a abajo a Allen, y se alejó riendo. Allen alzó una ceja, incapaz de creer lo que estaba viendo. ¿Por qué ese desconocido lo había mirado de tal forma? No entendía nada.
Al final el hombre le sirvió el desayuno, no sin antes dirigirle una mirada curiosa. Allen suspiró y escogió un bocadillo de entre la pila de comida; y justo cuando estaba a punto de darle el primer bocado, lo notó. Las personas que estaban detrás de él... Estaban todas cuchicheando.
A Allen le pareció escuchar un "Kanda" bastante audible.
Se giró. Efectivamente, todo el mundo le estaba mirando, y de pronto volvieron a callarse. Algunos sonreían, otros trataban de aguantarse las carcajadas. Allen no podía comer con tranquilidad a esas alturas. ¿Pero qué demonios le pasaba a todo el mundo hoy? Se preguntó.
Justo entonces vio que el tal Vladimir se acercaba a la barra. Aprovechó ese momento para preguntar.
—Disculpa... ¿Sabes si ha pasado algo? ¿Por qué está todo el mundo tan contento hoy?
—Oh, chico, ¿de verdad?—Le respondió el hombre, suspirando.—Todo es culpa de ti y de tu amiguito. Habéis protagonizado el suceso más interesante que ha pasado en este pueblo en décadas.
—¿Qué suceso? No entiendo nada.
—La dueña del hostal os escuchó a ti y a tu amigo anoche, supongo que sabes a qué me refiero.—Dijo, sonriendo.—Parece que ser que no os estabais contando chistes, precisamente.
Allen se sonrojó.
—Eh... Bueno... Yo...
—Esta mañana nos lo ha contado. Algunos dicen que os oyeron. Yo estaba aquí y no me enteré de nada, pero... Hijo, deberíais hacer menos ruido la próxima vez. Al parecer os escuchó todo el mundo.
—Oh...—Allen enterró la cabeza entre sus manos, y ahogó un quejido. Estaba muerto de vergüenza. Así que de eso hablaban, se dijo. Su secreto lo sabía todo el mundo.—Mierda.
El hombre se alejó de él y volvió a sus asuntos, pero Allen ya no tenía fuerzas para comer. Podía escuchar los cuchicheos y las risas a sus espaldas. Se sentía humillado. Y triste. Y furioso. Y asqueado. Y abochornado. Y sobre todo, muy muy confuso.
¿Dónde demonios estaba Kanda ahora que lo necesitaba?
—Maldito seas, Kanda. Te juro que cuando te encuentre...
Se levantó de su asiento en la barra y, sin mirar a nadie a los ojos, salió por la puerta del establecimiento, dejando atrás murmullos y risas.
Y entonces se dirigió al centro de la única carretera que parecía haber en todo el pueblo. Y desde allí buscó a Kanda con la mirada, y al no encontrarlo, comenzó a gritar.
—¿Kanda?—Gritó, pero Kanda no apareció.—¿Dónde estás?
Silencio.
—¡Kanda! ¡Sal de una vez, maldito seas!
Silencio.
—¿Dónde te escondes? ¡Deja que te vea, estúpido!
Silencio. Allen perdió fuerzas y cayó al suelo de rodillas.
—¡Kanda!
Siguió llamando al japonés por lo que parecieron años, pero lo único que recibía como respuesta era su propio eco.
—¿Te crees que esto es divertido?
—¡No te escondas!
—¡Eres un cobarde! ¡Un maldito cobarde!
Allen estuvo a punto de darse por vencido, cuando una voz a sus espaldas gritó su nombre.
—¡Allen!
Se giró, esperando encontrarse con el japonés, pero en su lugar se encontró a un Komui muy preocupado que venía corriendo hacia él.
—¡Komui, Kanda se ha perdido!—Le dijo en cuanto estuvo a su lado, incapaz de ordenar sus ideas.—No está. ¡Maldita sea! Desde anoche que no lo veo y yo...
—Allen. De eso venía a hablarte...—Komui se agachó hasta ponerse a la misma altura que Allen, y le puso una mano en el hombro.—Me envían desde la Orden. Abortamos la misión. Vuelves a casa, Allen.
—¿Qué?—Dijo Allen, sorprendido.—P-pero... ¿Y Kanda?
—Kanda está en la Orden.—Dijo Komui, su voz sonaba preocupada.—Desde hace tres horas.
—¿Y quién lo ha hecho volver?
—Allen... ¿No lo entiendes? Ha vuelto por propia voluntad.
Allen se había quedado mudo. Sin palabras.
—¿Por qué?—Consiguió murmurar.
—No lo sé... Lo único que sé es que no quiere verte. Nunca más. Por eso hemos abortado la misión.
Algo dentro de Allen se rompió. Otra vez.
—P-pero...¿C-cómo ha podido hacerme esto?—Lágrimas amargas le recorrieron las mejillas.
Allen sentía muchas cosas. Demasiadas. Pero un nuevo sentimiento estaba eclipsando a los demás.
Odio.
¡Hola hola! Bienvenidos a otro cap. de éste largo e interminable fic (?). ¡Gracias por leer!
No hay mucho que decir... Éste es otro capítulo de transición que he preferido hacer corto (?) y ahora sí que se viene lo bueno. Tranquilas, falta poco para el verdadero Yullen. Creo.
Por cierto, aviso ya que no creo que meta en la historia a personajes como Timothy o a los terceros exorcistas... Siento que Hoshino estropeó bastante el manga al añadirlos y... De momento no aparecerán.
Gracias por sus reviews, de verdad que los agradezco muchísimo, me encanta saber sus opiniones. Si tienen tiempo, dejen un review dándome su opninón sobre el cap, que puedo mejorar de él, si hay faltas de ortografía, alabanzas, tomatazos... Todo lo que piensen y deseen comunicar, yo lo leo encantada *-*.
Se despide con mucho amor,
Dolly .3.
P.D: ¿Les gustaría leer esta historia en inglés? Estoy pensando en traducirla al English para practicar un poco el idioma... ¿Qué les parece?
P.P.D:¿Les dolería mucho ver otra pareja que no sea Yullen en esta historia? :(
