Capítulo 2

"¿Vas a darte prisa, Legolas? –Keldarion asomó la cabeza por la puerta de la habitación de su hermano al día siguiente-. Quiero llegar antes del anochecer."

Ajustando el cinturón de su aljaba, Legolas levantó la mirada y le sonrió a su hermano.

"Frena, Kel. La taberna no va a irse a ninguna parte."

"Si no bajas en un minuto nos iremos sin ti" –le advirtió Keldarion, saliendo de la habitación.

Legolas se encogió de hombros. Bien. Lo que quieras.

Volvió a mirarse en el espejo, tomándose su tiempo para comprobar su aspecto. Cuando estuvo seguro de que no le quedaban más rizos en el pelo, cogió su arco y su daga antes de partir hacia el patio donde lo esperaban con impaciencia su hermano mayor y los gemelos, así como cuatro magníficos caballos.

"Ah, aquí viene la bella durmiente" –dijo Elrohir con sequedad.

"Ja, ja. Qué gracioso, Ro" –respondió Legolas mientras se dirigía a su montura, un caballo negro con una mancha blanca en la frente.

"Oh, y eso no es todo, Legolas –dijo Elladan compartiendo una mirada sospechosa con su gemelo y Keldarion-. No dejarás de reír hoy hasta que te vayas a dormir."

"Claro" –Legolas sonrió, a sabiendas de que habían planeado alguna broma para él durante el viaje a Oak Byre, un pequeño pueblo humano a unas quince leguas de distancia. Pero era demasiado cabezota, o más bien orgulloso como para declinar la invitación. Es más, incluso tenía curiosidad por ver qué habían planeado, así que se preparó para lo inesperado.

Su última broma también había sido un éxito, y el grito de Keldarion de la noche anterior todavía resonaba por el palacio. Las sanguijuelas habían funcionado, pero Legolas tuvo que esconderse en la habitación de su padre hasta que Keldarion se calmó un poco para seguir con vida.

Antes de eso, Keldarion y los gemelos le habían dicho que pensaban ir a una taberna a beber cerveza y le pidieron que fuera con ellos. Legolas todavía podía acordarse de la primera vez que la bebió y la borrachera posterior. No era una experiencia que quisiera repetir, sobre todo por la resaca que había tenido después, pero sabía que iba a aburrirse si se quedaba solo. Por lo tanto, en contra de su propio sentido común, decidió acompañarlos. Pero se prometió a sí mismo que no tocaría ni una de las jarras de cerveza, pues necesitaba estar en máxima alerta. Solo los Valar sabían qué pensaban hacer con él.

Durante el viaje a Oak Byre Keldarion no apartaba la mirada del rostro de su hermano. Legolas permanecía indiferente, como si nada le preocupara, pero el príncipe mayor notó el brillo de sospecha en sus ojos plateados. Legolas sabía lo que estaban haciendo, sabía que iban a gastarle una broma.

Al sentir la mirada de su hermano, Legolas le sonrió y volvió a lo suyo, pretendiendo que no pasaba nada. Cuando se detuvieron en un arroyo un par de horas más tarde, Keldarion y los gemelos se reunieron, con el pretexto de darles de lavar los caballos.

"Lo sabe" –murmuró Keldarion sin mover mucho los labios y pasando una mano por el costado de su montura.

Elladan resopló.

"Claro que lo sabe. No es tonto."

"¿Entonces por qué ha venido si sabe que no tramamos nada bueno?" –se preguntó Elrohir.

"Porque le gusta vivir al límite –respondió Keldarion-. Es curioso por naturaleza, por eso siempre se mete en problemas."

"¿Crees que le gustará este 'problema'?" –dijo Elladan, sonriendo. Pero entonces dio un salto para alejarse cuando el caballo de Legolas se acercó de repente e intentó morderle el pelo.

"¿Qué problema?" –preguntó Legolas con la cara seria. Sabía que estaban hablando de él. Escuchó algunas cosas pero nada que le aclarara qué pensaban hacer.

"Ninguno, Legolas. No te preocupes. Todo está bien" –respondió Elrohir con una brillante sonrisa, para exasperación de Elladan y Keldarion. Elladan le golpeó la parte posterior de la cabeza como advertencia.

Elrohir se giró y lo miró.

"¿Por qué has hecho eso?"

"Tenías un mosquito" –respondió Elladan, inexpresivo.

Keldarion puso los ojos en blanco y llevó de vuelta a los caballos antes de que los gemelos empezaran una pelea.

Cuando finalmente llegaron a Oak Byre todavía era por la tarde. Tuvieron que caminar por una calle concurrida que pasaba a través de casas con techo de paja y pequeñas tiendas para llegar a Barril de Plata, la famosa taberna de la ciudad.

Los gemelos iban abriendo paso, pues ya habían estado allí antes con los Dunedain. Los cuatro se habían puesto las capuchas para evitar las miradas curiosas de los humanos, incluso habían dejado los arcos en sus caballos en el bosque que estaba fuera de la ciudad.

Keldarion y los gemelos se sonrieron mientras se acercaban a la taberna, casi causando que Legolas saltara sobre ellos y les sonsacara el plan, pero de alguna forma mantuvo la cabeza fría y se contuvo, cosa que no era nada fácil no lo impaciente que era.

"Después de ti" –le dijo Elladan sosteniendo la puerta de la taberna y sonriendo maliciosamente.

Con el ceño fruncido, Legolas fue a dar un paso, pero se detuvo a la mitad cuando una mujer gritó de repente.

"¡NO!"

Los elfos se dieron la vuelta al instante, mirando a su alrededor. La gente caminaba de aquí para allá ocupándose de sus cosas, pero algunos corrían hacia el final de la calle. Los gritos volvieron a oírse.

"¡Por favor, no! ¡Te lo rogamos!"

Curioso, Legolas ya iba hacia el escándalo.

"¿Qué demonios está pasando?"

"¡Legolas, espera! –lo llamó Keldarion, pero su hermano menor no le hizo caso. Suspirando, Keldarion murmuró-. Idiota impetuoso."

Entonces le dijo a los gemelos:

"Sigámosle, no vaya a ser que se meta en algún lío."

Con Elladan y Elrohir pisándole los talones, Keldarion siguió a Legolas.

El príncipe más joven corría hacia la plaza de la ciudad, cerca del mercado, siguiendo las voces cada vez más histéricas y frenéticas. Cuando llegó allí se quedó asombrado al ver una masa de gente alrededor de una plataforma donde habían puesto los cuerpos de cinco niños pequeños. Había una montaña de leña apilada bajo la misma, formando una pira preparada para arder.

Varias mujeres y hombres, obviamente los padres de los niños, estaban arrodillados en el suelo delante de un hombre alto con cabello blanco, vestido con una túnica larga y gris. Le estaban suplicando para que les perdonara la vida a sus hijos.

Legolas sintió que su hermano y los gemelos lo alcanzaron, pero no pudo apartar la mirada.

"Quiere quemar a los niños" –susurró Keldarion con incredulidad. Entonces miró al hombre de gris al que las personas llamaban Shakmi, el hombre de la medicina.

"¡Pero los niños están vivos! –dijo Legolas intentando contener la ira. Podía ver claramente que respiraban, sabía que estaban vivos-. Están gravemente enfermos pero siguen con vida. ¡Necesitan medicina, no que los quemen!"

"Estos niños han traído el mal a Oak Bryce! –dijo el hombre llamado Shakmi en voz alta mientras levantaba su larga vara de madera-. ¡Es nuestro destino! La plaga nos matará si le permitimos que nos afecte. ¡He tenido sueños sobre esta calamidad y un poder superior me ha ordenado que queme a los engendros del demonio para que este mal no acabe con nosotros!"

La mayor parte de la multitud asintió, manifestando que estaban de acuerdo y miraron con temor y odio a los niños enfermos. Había tres niños y dos niñas en la pira, todos inmóviles y ajenos a los que los rodeaban. Su piel estaba llena con cientos de puntos rojos y sus cuerpos empapados de sudor se estremecían por la brisa del atardecer, una señal inequívoca de que estaban sufriendo la llamada Peste Roja.

Mientras todos miraban con los ojos como platos la escena que se desarrollaba, Shakmi se giró hacia un hombre que había a su lado sosteniendo una antorcha encendida.

"Enciende el fuego, Mordred –dijo Shakmi-. Por el bien de nuestras vidas y nuestros hijos, ponle fin a esta enfermedad que los reclama. Maldice la plaga y bendice este sacrificio para el Gran Poder. Que se detenga este mal para que podamos vivir y prosperar. ¡Enciende el fuego! ¡Deja que este mal se queme! ¡Quémalo!"

Pero Legolas había oído suficiente. Antes de que sus compañeros pudieran detenerle, se separó de la multitud y se enfrentó al hombre de la túnica gris.

"¡Ni se te ocurra hacerlo! –gritó-. ¡Exijo que le pongas fin a esta locura, ahora!"

Vaya sentido de la justicia que tiene Legolas :3

Pero como siempre, supongo que le traerá problemas