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Se me olvida actualizar por culpa de Pokémon Go xD.
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La canción: Go Gentle de Robbie Williams.
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El formato de este fic se basó en "Criminal" de Lavenus6.
Capítulo II:
My Song
Karamatsu esperó cuatro años para escuchar la historia de su hermano mayor. El chico irradiaba una sonrisa enorme y toda su energía por cumplir con el ritual de cumpleaños, le picaba desde los nudillos hasta la hebra más delgada de su cabello. No pudo desayunar sin emocionarse, su imaginación trabajaba con demasiada pretensión debido a su posible nombre: "El Rey", "El Sonriente", "El Talentoso", "Honey" y otros motes que se le amontonaban en la cabeza.
La vanidad le atacó al momento de elegir su "outfit" para tan venerable ocasión. Fue cuando acudió a su armario, un mueble firme de madera que llevaba varias generaciones en la familia, y antes de ser suyo, perteneció a su madre, Madame Matsuyo, flor y guadaña con doble filo; al ser que le depositaba toda su admiración. Al abrir el armario, se encontró con un mundo distante al que su educación le mandaba: abrigos, trajes, zapatos, corbatas, camisas, chalecos, todos de colores y marcas tan distintas que no tuvo idea de cuanto valor monetario encontraría en tela y piel. Sin enbargo, no se concentró en la pila de prendas de fabricación exclusiva, corrió algunas ropas y sacó una caja negra con la "M" del apellido grabado en letras doradas. Karamatsu la llevó a su cama tendida con sábanas de estampado de chita y abrió el contenido. Quitó el papel que cubría a las prendas, las desdobló y sonrió de lado. Su "outfit" sería algo de lo más "vintage" firmado con el estilo de su peculiar madre.
Karamatsu se presentó ante el consejo y asombró a todos en la sala. Osomatsu se atragantó con la bebida, y Matsuzo se puso de pie cuando su segundo hijo llegó a la sala. Se hizo silencio en el recinto. Karamatsu no tenía las gafas, ni el azul que representaba su individualidad, ni nada que brillase sobre él. La austeridad lo vestía y lo proclamaba como el más atractivo de los hermanos hasta el momento; al resto aún le faltaba crecer y explorar su propia belleza.
—¡Hello, my friends!— Karamatsu hizo una reverencia y se acomodó el sombrero diseñado al estilo Pachuco. Su vestir lo remontaba a la época de la escases de oliva y alcohol. Un hombre joven de los años veinte, con cinismo de besar enfermeras y recibir una bofetada por sus actos. Los zapatos de charol, el pantalón de corte recto que dejaba ver un poco los calcetines, la camisa blanca, el chaleco oscuro y la corbata perfectamente alineada. Matsuyo abrazaría a su hijo por aceptar su ofrenda; no como Osomatsu que ocupó sus propias reglas y no le cumplió su única petición antes de morir.
Osomatsu se paró a un lado de su hermano, ya tenía veintidos años, y por su forma tan conveniente de pensar, se convirtió en el dueño del Hospital en el Oeste al año de su primer asesinato.—Yo me encargo de observar los movimientos de Kus... Karamatsu— dijo al abrazar a su hermano por los hombros.
—El juramento, entonces— ordenó Matsuzo desde el centro de la mesa del Consejo. En ese instante dejaba de ser su padre y se volvía un juez. "Hoy alguien tenía que morir".
Los hermanos recitaron a todo pulmón el himno de la familia y salieron a cumplir con el Carnaval. Ya tenían la ropa, el plan, los pensamientos y mejor aún: la decisión para terminar con una vida.
—Karamatsu temblaba en la puerta de la mansión... Lo vi...— Ichimatsu interrumpió la plática y se recostó en el sofá, tapándose la cara con un almohadón. El gato negro sin una oreja, se trepó en su pecho y empezó a ronronear.
—¿En serio, Ichimatsu nii-san? Suelo temblar como spaguetti cuando veo a la vecina de al lado— Jyushimatsu apoyó los codos en el estomago de Ichimatsu, dejándolo sin aire. El gato ni se inmutó.
—Ne, Jyushi, no tenemos ninguna vecina. Es vecino, serás tonto— Totty se empezó a reír.
—Mi historia ¡El relato de my life! ¡My feelings!
—En efecto, es vecino— Choromatsu se acomodó las gafas.
—¿V-vecino?— Osomatsu escupió su bebida.
—¿B-Burazas?
—¿Acaso hiciste algo con el vecino, Osomatsu?— Choromatsu lo observó con detenimiento.
—E-Eh, nada, nada...— Osomatsu se rascó la mejilla y se rió sin saber que más decir.
—¡No importa! ¡Me gusta el vecino! ¿Qué flores le gustarán? A mí me gustan con sal y pimienta— Jyushimatsu se quedó pensativo.
—Ah, sí. La historia de Karamatsu— Osomatsu tosió e hizo que sus hermanos siguieran prestándole atención al "Doloroso Matsuno" como preferían llamarlo.
En el trayecto a Los Pubs del Este; Osomatsu contó su historia. Eso los unió más como familia y futuros líderes del territorio. Los rumores solían exagerar y todas las versiones que se esparcían volvían menos humano a Osomatsu. Pero hubo algo en aquella historia que lo confirmó de todos modos: el incendiar por impulso a un ser viviente. Karamatsu no pensó en los crímenes de Tougou, sino, en el valor de su alma y en la creencia de que nadie tiene derecho de arrebatar una vida. Se guardó aquel comentario, ya que pronto sería parte de la fila de asesinos, y en su interior, lo ansiaba con urgencia.
—¿Que encontraste en los Pubs?— Osomatsu preguntó por curiosidad.
—El amor— contestó Karamatsu al peinarse el flequillo que la misma velocidad del auto revolvía.
Los Pubs del Este son un conjunto de cordilleras de vicio y ojos vendados. Burdeles dispuestos entre bares para ejecutivos y restaurantes que ensalzaban la alta alcurnia de los delincuentes de cuello blanco. Había un pacto tramitado por parte de la familia Matsuno: nadie tiene derecho para sus negocios sucios dentro de los territorios o en locales pertenecientes al clan. La clave de su total gobierno.
—¡Suerte, Karamatsu!— Osomatsu estacionó el auto y de una patada sacó a su hermano. Su pie quedó marcado en la espalda.
Karamatsu no hizo nada por limpiarse dicha huella, tenía que avanzar directo a su cometido. Decidió actuar diferente; sin entrar al prostíbulo principal y armar una bienvenida que le acelerara el corazón. Tenía que disimular, hacer que nadie sospeche que estaba en escena, por ahora. Jugaría al policía que acecha al ladrón ¡Good Job, Karamatsu! Ese era el camino correcto y su víctima ya estaba fichada. Entró por la puerta trasera del pub, con el sombrero cubriéndole la mitad del rostro y avanzó a paso rápido para que nadie lo observara. Para el sitio era más común correr que andar lento, por la clase de gente que pululaba los alrededores minados de humo de cigarro, opio o incienso para conservar el miticismo. Además, sus ropas lo hacían pasar por otra persona: un banquero, el hijo de algún empresario o un hombre que quiso probar suerte y conseguir el amor verdadero.
Karamatsu avanzó al tercer piso del pub, a la oficina de la Madame, que por regla general, no prestaba ningún servicio sexual a los clientes. Se volvía una ejecutiva y hacía llegar todas las necesidades de sus chicas al alto mando. Era normal que contase con su oficina, alejada de las habitaciones, donde los gemidos no llegan y se puede mantener la privacidad del cliente, respetando sus bajos instintos.
—Felicidades, Karamatsu. Ya eres todo un adulto.
La voz le detuvo el paso cuando abrió la puerta, quedándose con un pie dentro y otro en el pasillo, con los ojos bien puestos en el largo cabello negro que le recordaba a las madrugadas.
—¿Cómo sa..?—
—Eres el único que entra sin avisar— una mujer de ropas negras y elegantes jugó con un mechón de su cabello, para seguir recorriendo con la vista los papeles que flotaban en su escritorio.
—Ichiko tenía buenas tetas— Osomatsu interrumpió la historia.
—¿En serio?— Jyushimatsu se palpó los pectorales debajo de la camisa.
—Sí, acá tengo una foto, mira— Osomatsu le pasó el celular.
—¡Oooaaaaah! Es como ir a la Luna... De tan redondas que las tiene... Me la deja tiesa— Jyushi se pegó la pantalla del móvil a la cara.
Choromatsu tosió y los hermanos guardaron silencio.
—Kusomatsu, tu historia me aburre— Ichimatsu le dio la espalda a todos al acomodarse en el sofá como si fuera a echarse a dormir.
—¿Puedo poner algo de música? Hay que encender el ambiente y quiero festejar contigo— comentó Karamatsu y presionó "play" en el estereo del despacho.
Ichiko se encogió de hombros y se levantó a servir las bebidas. Se agachó a abrir la cómoda y buscó los vasos de cristal cortado, eran tan trasparentes que cuando se vertía líquido en ellos, era como si flotara en las manos de quien se lo va a beber.
La elegancia contaminaba el espacio de la Madame, con el piso de madera pulida y el aroma a flores húmedas, las cortinas de terciopelo que nunca se abrían y la luz tenue que invocaba a la sensualidad. Karamatsu bajó la mirada, rodeando las curvas de la dama y la abrazó por debajo de los senos, apretandola hacía él: para que se quede a su lado hasta que su eternidad diga lo contrario.
—Compuse una canción para ti.
—Ajá.
—Te la cantaré...
—No es ninguna canción que hayas compuesto. Ya sé a cuál te refieres— Ichiko sirvió el whisky y le subió el volumen al máximo a la radio, cuando encontró la canción de Karamatsu. El incio de la tonada le erizó la piel, pero para una mujer de su estilo, se mantuvo serena, con los ojos penetrando su soledad.
You're going to meet some strangers
Welcome to the zoo
Bitter disappointments
Except for one or two
Some of them are angry
Some of them are mean
Most of them are twisted
Few of them are clean.
El amor no terminaba aún, lo tenían en cuenta cuando prefirieron besarse en lugar de beber. Karamatsu la tomó de las muñecas y la puso boca arriba sobre el escritorio. La mujer no se resistió, se acomodó el cabello donde el verdadero olor a flores húmedas pertenecía —Este fue el trato... — dijo con voz cansada.
—En efecto, my love— respondió Karamatsu al besarle el cuello.
Las paredes soltaron la historia que ellos no podían expresar, se ocupaban en tocar sus cuerpos y decirle adiós a la decencia. Las paredes tenían conocimiento de que se amaban desde hace dos años, cuando Karamatsu a sus dieciseis años, llegó por cuenta propia al prostíbulo y se encontró con Ichiko, nueve años mayor, que le enseñó a satisfacer a una mujer.
La lujuría se convirtió en un amor que no iba a durar para siempre.
"Ichiko, sé lo que haces."
"No me arrepiento."
"Entonces, para mi próximo cumpleaños, tendré que matarte."
"Sé elegante y ve con dulzura."
"Go gentle..."
Los gemidos no se escuchaban en la habitación, sólo el eco de la melodía chocando contra la pared, removiendo el empapelado, sacando todos los secretos: la primera vez sin ningún beso, la confesión de lo que siente uno por el otro, el amarse por debajo del escritorio, besarse como si desde el principio del tiempo compartieran sus labios. Beber hasta caer ebrios y andar desnudos por los pasillos.
Ichiko, la puta de Karamatsu.
Ichiko, a quien convirtieron en madame para que sólo estuviera al alcance del segundo hijo de la Familia.
Ichiko, la traición de cabellos largos.
Ichiko, la esposa oculta ante los ojos de Dios.
Now when you go dancing with young men down at the disco
Just keep it simple
You don't have to kiss though.
La música rebotaba en las sienes de la madame, y sus uñas se aferraronn a la espalda del matón. Entre ellos se fue perdiendo la conexión que antes los unía, pero el amor parecía filtrarse en sus poros.
Karamatsu le besó los senos y rodeó con la lengua las aureolas rosadas que se erectaban por cada caricia, sólo tuvo que bajar el escote del vestido para aprovechar de su voluptuosidad. No se escuchaban los gemidos, no se escuchaban las palpitaciones del corazón, no se escuchaban los pensamientos, no sé escuchaba ni el sollozo que se mantiene enterrado en lo memoria.
Ichiko se muerde los labios y su espalda se arquea sobre el escritorio. Por inercia abre las piernas y siente como su interior se humedece por las confesiones que Karamatsu le hace al oído: —Pudiste mentir y yo te hubiera creído.
Ichiko no le retira la mirada, decide enfrentar sus errores al sostener por el mentón al chico. Le delinea la barbilla, en dos años sus rasgos han aumentado su virilidad. Nota la composición gruesa de sus labios, la manzana de Adán que vibra por cada palabra y la profundidad de sus ojos que no están acostumbrados a llorar. Karamatsu, el dulce mafioso de gafas ridículas y comentarios terribles. El chico al cual le entregó su corazón dentro de un frasco.
Don't waste time with the idiots
That think that they're heroes
They will betray you
Stick with us, weirdos.
—Ichiko... I love you... Ichiko... I need you... Ichiko... tengo que hacerlo— Karamatsu se dirige a sus piernas y le alza la falda, perdiendo todo el juicio con sus medias de red y su falta de ropa interior.
Una injusticia para el alma y una pésima despedida como amantes.
La canción se pierde, pero hay otras melodías que flotan en el aire. Los labios del muchacho rozan los muslos de su compañera y aspiran el olor de sus jugos que incitan al acto sexual. No hay quien se desespere dentro de la habitación, la maestra es paciente en los avances de su alumno que sólo con ella pone en práctica sus conocimientos amatorios. La lengua humedece la piel de Ichiko y suspira con los ojos cerrados, mientras que sus manos se aferran a la tela de su escote; le sirve para tranquilizar sus ansias y sentir como el pecho le vibra por la excitación. Karamatsu roza el clítoris en un beso. Ichiko gira el cuello, retorciéndose ante la perdida de su realidad. Karamatsu no pregunta y la penetra con la lengua, sujetándola de las piernas para que se mantenga en la misma posición. Se degusta con el sabor de su sexo y la lame como si entre sus pliegues de piel existiera el néctar más dulce. Los gemidos parecen ser parte del coro de alguna canción y el whisky que estuvieron a punto de beber se derrama cuando Karamatsu limpia por completo el mueble para hacer más espacio para ellos. Su erección es notoria, y sus ganas por penetrar a Ichiko son más grandes todavía. La madame es toda una experta y se sienta para atender a su esposo de título. Lo retira de su sexo y cuando este obedece, sus manos acarician la dureza dentro del pantalón. Le sonríe con suavidad y le baja el cierre.
—Conoces el ritual...— pronuncia Ichiko y se pasa un mechón de su larga cabellera por detrás de la oreja.
Karamatsu quiere sonreír pero su misión no le deja. Se mantiene serio y eso a Ichiko le hace bajar el rostro. El vínculo se rompe, pero el amor aún se percibe.
—Non, non, non. Hoy sin ritual— Karamatsu no le pintará los labios de rojo para que le llenen el vientre de besos. No será pertenencia de la madame principal de los Pubs del Este. Será un cliente más, un pobre desgraciado que busca algo de sexo.
Ichiko se comporta como la puta que es al asentir. Comprende su lugar y su estatus, no es nada en comparación de un posible líder de Familia. Se pone de pie sobre el escritorio y se suelta el vestido que le resbala por su cuerpo delgado, presumiendo sus angostas caderas y la redondez de sus senos orgullosos de su perfección.
For all your days and nights
I'm going to be there
I'm going to be there, yes I will
Go gentle through your life
If you want me I'll be there
When you need me I'll be there for you.
Karamatsu la idolotra con una simple observación que va desde sus pies con los tacones puestos hasta lo luminoso de su coronilla oscura. Podría ponerse de rodillas y dedicarle alguna otra canción; ser el típico idiota que la ama sin soltura. "Oh, Ichiko-chan, ¿te acuerdas de las rosas de la otra vez? Las espinas son como tú... Hermosas, poderosas y sobre todo..."
—Misteriosas...
Ichiko lo escucha, no sabe de que está hablando. Desde que lo conoce siempre ha sido así, de hablar por hablar, en extrañas metaforas que nadie comprende y no tienen traducción. Sonríe de lado, pero sus ojos siguen sin emoción.
Karamatsu la sostiene de las caderas y la carga a uno de los sofás. Ichiko quiere reír pero su personalidad no le permite ser más expresiva, unicamente le aprieta los hombros y cuando la acomodan en el sillón se queda quieta, como si ya hubiera muerto. Aquella imagen es una premonición para Karamatsu y no le falta mucho para desertar a su decisión, pero todos los pecados de Ichiko le pesan en la consciencia: las prostitutas muertas que aparecen en los callejones, los abortos que se han hecho a base de golpes y la desaparición de sus mejores muchachas de un momento a otro.
—Te amo— pronunció Karamatsu con un dolor en el pecho que le desgarraba el corazón y le rompía las costillas una a una.
—Lo sé... — le respondió ella y al cerrar los ojos sus mejillas se humedecieron con sus lágrimas. —Pero no me arrepiento de nada... Ni de sentir lo mismo por ti.
El chico le besa la frente, depositando sus últimas raciones de ternura y amor incondicional. La dama aprieta los ojos, el aire le falta, aún no se acostumbraba a sus modos tan gentiles. Karamatsu le pone las manos en el cuello y con los pulgares le aprieta la traquea para evitar que respirase. Ichiko no hace nada para defenderse, acepta sus acciones como si fueran un abrazo.
—C-Cán-t-tame...— Ichiko balbuceó entre saliva y tos.
Karamatsu cedió a su fuerza y el estrangulamiento se perdió por unos instantes. Esa simple palabra lo trasladó a los inicios de su relación. Vio a la madame vestida con su albornoz oscuro que le transparentaba la figura, las ventanas abiertas con las cortinas ondeando, la mañana llena de brillo y ellos follando a la vista de los demás por no atreverse a cerrar la puerta. "Cántame", su voz se escuchó como aquella vez y él, con todo el ánimo de sus dieciseis años entonó una absurda canción de animales.
—"Don't try to make them love you. Don't answer every call"— cantó enseguida. El vibrato de su voz no se debía al talento. Eran las lágrimas que buscaban la forma para no salir. El vínculo se rompía pero el amor se mantenía firme.
Karamatsu cerró los ojos y su voz se hizo más fuerte, opacando todo sonido del burdel. Gritó el mismo párrafo una y otra vez, pidiéndole disculpas por preferir a su familia en lugar de a ella. Sus pulgares se marcaron en la palidez de la prostituta, amoreteandole la piel, explotándole las venas de los ojos, inyectándolos de sangre. La mujer arañaba los almohadones y sus lágrimas fluían con más fuerza. Sin embargo, no la mataría de ese modo, no dejaría que sus sentimientos hicieran ver su Carnaval como un crimen pasional. La dejó respirar por unos instantes, y vio sus ojos sin color, perdidos en la tortura de un amor que aún seguía en ellos. Se puso de pie y se bebió el whisky que la Madame le sirvió y dejó el vaso caer, el sonido de su impacto en el suelo lo hizo respirar y agarró la astilla más grande. La apretó entre sus palmas y sintió la piel cortarse, tragó su dolor, y avanzó a la mujer que recuperaba el aire por que sus extremidades ya no se convulsionaban. Al acercarse a ella de nuevo, le abrió las piernas y en sus muslos deslizó el cristal, tanteando la suavidad de piel, y al tomar valor le rajó la vena femoral, alzándole un buen cacho de piel que explotó en un borbotón de sangre que llenó el mueble y el suelo de sangre. Ichiko se desangró enseguida, haciendo que se desvaneciera en el acto. Karamatsu cantó con más histeria y le clavó con más profundidad la parte del vaso. Ya no podía pensar, sus actos se dejaban llevar por el dolor de su pecho que le reclamaba por asesinar al amor de su vida. Tomó a Ichiko por los cabellos y su cuerpo muerto cayó al suelo, haciendo que su cara se llenase de sangre y dejase un rastro que continúo por la escalera.
—"Baby be a giant. Let the world be small"
Las prostitutas que salían de sus habitaciones, gritaban por el camino de sangre y por reconocer el cádaver de la madame. Al principio el escándalo fue comunicado a todos los pisos, pero al reconocer a Karamatsu, las voces se apagaron y todos desvíaban la mirada. Ichiko no valía tanto para comunicar su muerte. Osomatsu era el único que apreciaba la escena con admiración, y la voz de su hermano le pareció encantadora por primera vez, en ella se escuchaba la decepción, su avance a una nueva vida y en cada nota musical se diseñaba su nuevo nombre.
—Karamatsu "The Singer" Matsuno— comentó el mayor de los hermanos con los brazos detrás de la nuca.
Karamatsu soltó la cabellera de Ichiko, su rostro se azotó desfigurado por los paseos agitados que recibió en la escalera, ni siquiera traía los tacones puestos, en alguna parte del burdel habrán terminado y las medias de red, eran hilos que apenas vestían las medias. Por un rato observó el cuerpo de su amante y de su bolsillo del pantalón sacó una gargantilla y se la colocó en el cuello. Osomatsu giró los ojos por acto tan cursi, pero no le dijo nada. Era deber de la familia asesinar a alguien que la dañase, y ni el amor era tan poderoso para negarse a ser parte de los Matsuno; aceptaban vivir sin amor.
—Ironicamente, ella me decía así— respondió Karamatsu, aguantándose el llanto.
Go gentle to the light
I'm going to be there
I'm going to be there, yes I will
If all your days are nights
When you want me I'll be there
Say my name and I'll be there for you
