DISCLAIMER: Nada mío.

ADVERTENCIAS: Ninguna, creo u.u

Este capítulo puede contener frases sin sentido/momentos OOC. Si encuentra alguna de estas características ya mencionadas en algún lugar específico del capítulo, no dude en señalarlo. (Es lo que tiene escribir a las 2 de la mañana y no tener tiempo para revisar)


—Kanda es un maldito bastardo.

—Eso ya me lo has dicho antes.

—Y un estúpido insoportable.

—Eso también. Moyashi, te estás repitiendo.

Lavi observó cómo Allen se pasaba las manos por el pelo por quinta vez en un minuto. Desde que se habían encontrado a Yu por el pasillo, el Moyashi se había vuelto loco. No había parado de gritar cosas sin sentido, la mayoría insultos dedicados a cierto samurái exorcista.

El Moyashi le daba miedo.

—¡Es injusto! ¡Realmente injusto!—Allen se cruzó de brazos y comenzó a dar vueltas por la habitación. Tumbado en la cama, Lavi lo observaba atentamente.—¿Cómo puede ir por ahí con esa maldita indiferencia en la cara? ¿Cómo se atreve a ignorarme de ese modo? ¡Es un maldito imbécil…!

Lavi se levantó corriendo de la cama y detuvo a su amigo antes de que su puño impactara con la pared más cercana.—¡Calma, calma! Relájate, Moyashi. Respira. Uno, dos, tres…—Los músculos de Allen se relajaron, y fue entonces cuando Lavi le soltó el brazo.—Muy bien. Ahora ven conmigo…

Lavi arrastró a Allen sin compasión, obligándolo a tomar asiento a su lado en la cama.

—Lo odio… Lo odio demasiado.

—Sí, eso también lo has dicho ya. Pero… ¿Por qué?

—¡Por ignorarme de ese modo! ¿No lo has visto? ¡Ni siquiera me ha mirado!

—¿Y por qué te extrañas?—Lavi alzó una ceja.—Yu es así con todo el mundo.

De pronto, Allen pareció reaccionar. Fue como si toda la rabia que estaba acumulada en su interior se hubiera desvanecido en un segundo.

—Tienes razón, supongo. Aun así...—Apretó los puños hasta que los nudillos se le quedaron blancos.—Creo que no nos merecemos su indiferencia y su mala leche, eso es todo.

—Hablas de él como si fuera un horrible asesino en serie.—Comentó el pelirrojo.—Exageras un poco. El pobre no es tan malo, y a pesar de todo tiene buen corazón, aunque sea muy en el fondo.

—Su corazón está tan podrido que no conoce la bondad.

—Exagerado. Él realmente se preocupó por ti cuando caíste enfermo.

Lavi se mordió la lengua, lamentando haber hablado sin pensar. Ahora el Moyashi se había quedado mirándolo, y veía la curiosidad en sus ojos. Dios, ¿cómo podía ser tan mete patas? Le había prometido a Yu que no nombraría nada de aquello a nadie, y mucho menos a Allen… Y ahora le había dado una excusa perfecta al Moyashi para hablar del tema.

Vamos, Lavi. Tienes que salir de ésta. Invéntate algo si no quieres que Kanda te corte la cabeza.

—¿A qué te refieres?—He ahí la pregunta que Lavi no debía contestar por nada del mundo.

Improvisa. Venga.

—Ehm… Bueno...—Se pasó una mano por la nuca, nervioso.—Resulta que Kanda preguntó bastante por ti mientras estuviste inconsciente y… Se le veía preocupado.

—¿Kanda, preocupado?—Allen se rió.

Si tú supieras...

—Sí, algo así.—Lavi suspiró.—De verdad que no es tan malo, Moyashi. Es un gruñón y un insensible, pero no es mala persona.

—Eso es porque no lo conoces bien…

Antes de que Allen pudiera extenderse en su explicación, alguien tocó a la puerta. El chico se levantó y se dirigió a la puerta, seguido de cerca por Lavi.

—¿Quién es?—Preguntó Allen.

—Walker, soy Howard Link.

—¿Qué pinta este tío aquí?—Susurró Lavi en el oído del Moyashi.

—No sé.—Dijo Allen, negando con la cabeza.—¿Debería abrir?

—Tranquilo. Somos dos contra uno.

Allen todavía se lo pensó una vez más antes de quitarle el cerrojo a la puerta, pero al final llegó a abrirla, encontrándose con un Link inclinado hacia delante haciendo una reverencia.

—Buenos días, Walker y…—Echó un vistazo al pelirrojo, y éste percibió cómo la expresión del hombre cambió por un instante al darse cuenta de que Allen no estaba solo. —Bookman Jr.

—¿Qué pasa, Link?—Preguntó Allen, tratando de ocultar su incomodidad.

—Eso. ¿Qué haces aquí, canijo?

—No he venido aquí para escuchar tus frases sin sentido, Bookman. Vine para informar a Walker de los cambios en la programación. ¿Me dejas pasar, Walker?

—¿Qué cambios?—Dijo Allen, apartándose para dejar paso a Link. Fue entonces cuando se dio cuenta de que venía con una maleta bajo el brazo.—¿Y qué haces con eso?

—Vengo para quedarme, Walker. De nuevo.—A ver la expresión sorprendida y fastidiada de Allen, añadió:—No me mires con esa cara de espanto, yo tampoco es que esté aquí por gusto. Sólo cumplo órdenes de Leverrier.

Ante la sola mención de aquel nombre, la sangre de Lavi hirvió de rabia.

—¿Y para qué quiere ese vejestorio de Leverrier tenerte cerca del Moyashi otra vez, si se puede saber?—Dijo el pelirrojo desafiante, cruzándose de brazos.

—Esos son asuntos entre Walker, mis superiores y yo, si no te importa.—Contestó Link, tajante.—Y ahora, si me disculpáis… Voy a acomodarme.

—Nunca me libraré de ti, ¿verdad?—Dijo Allen, riendo sin ganas. Se pasó una mano por el pelo y suspiró.

—Lo mismo digo.—Dijo el rubio, que ya había abierto la maleta y comenzaba a ir de aquí para allá esparciendo sus escasos enseres personales por la habitación, ignorando la mirada cargada de veneno de Lavi y la tristeza que se había apoderado repentinamente de Allen.

—¡Pero dile algo, Moyashi!—Chilló en voz baja el pelirrojo.—¡No puedes dejar que profane tu habitación de este modo!

—Déjalo, Lavi.—Dijo Allen, agachando la cabeza.—Es lo que hay. No se puede hacer nada. Me meteré en problemas si me niego a seguir las órdenes.

—¿Y por qué no? No te meterás en ningún problema. Es más, todo el mundo estará encantado de que mantengas a raya a ese estúpido rubio de bote...

—Es lógico que me quieran vigilar, Lavi.—Respondió Allen encogiéndose de hombros.—¿O acaso te has olvidado del monstruo que hay dentro de mí?

—No seas exagerado…

—No, Lavi. Soy peligroso. Esa cosa puede despertar en cualquier momento y...—El Moyashi lo miró, con una pizca de miedo en los ojos que a duras penas conseguía ocultar.—Quién sabe lo que pueda hacer.

Lavi tragó saliva. Su amigo tenía razón, aunque le costara admitirlo, pero aun así… La forma en la que Allen hablaba del tema, como si estuviera hablando del tiempo o de lo que haría el día siguiente… Le daba miedo.

Como si Allen estuviera convencido de que pronto desaparecería.

—¡Eh, Walker! ¿Qué demonios es esto?—La voz del inspector sacó a los dos chicos de su propio mundo interior. La luz que se escapaba por la puerta entreabierta del baño alertó a los dos chicos se la presencia de Link. Lavi contempló a su amigo y vio cómo éste empalidecía, más de lo habitual.

La puerta se abrió de par en par y los dos chicos se acercaron rápidamente. El pelirrojo se apoyó en el marco y observó al inspector, que señalaba con el dedo…

—Moyashi, ¿por qué has tapado el espejo con una toalla?

—Uh… Sí… Vaya. Debo habérmela dejado colgada cuando… Me duchaba. En seguida la quito.

Allen se acercó al espejo y retiró la toalla con manos temblorosas.

—Walker, estás nervioso. ¿Hay algún problema?—Preguntó Link.

—No... Ninguno.—Lavi se fijó en cómo a su amigo le cambiaba la expresión al contemplar su propio reflejo.—Creo que iré a hacerte sitio en la habitación, Link. Para que pongas tu futón y eso… Ya sabes.

Y se fue.

—¿Tú también has visto eso, verdad?—Preguntó Lavi. Link asintió.

—Es muy extraño. Sin duda tengo que escribir un informe sobre esto.

El puño del pelirrojo impactando contra su estómago le quitó el aliento.

—Mira, Link… Que sepas que no te considero un mal tío ni nada… Incluso podrías llegar a caerme bien si no fueras tan estirado pero...—La mano del inspector se cerró con fuerza alrededor de la muñeca de Lavi.—Yo que tú iría con cuidado con lo que dices por ahí. Como hables mal del Moyashi en ese informe, te juro que no dudaré en arrancarte los dedos, uno a uno, para que no puedas escribir más en lo que te quede de vida.

—No eres más que otro maldito Bookman...—Musitó el inspector, intentando causar algún tipo de reacción en el pelirrojo, pero lo único que consiguió fue que aquel puño se clavara todavía más hondo.—Frío y sin ningún tipo de remordimien…

—No me compares contigo, estúpido perro faldero de Leverrier.—La otra mano de Lavi se cerró en torno al cuello del inspector.—Recuerda mis palabras, Link. Como le toquen un pelo a mi amigo por tu culpa...—El cuello del inspector era más frágil de lo que parecía, se dijo Lavi. Aumentó la fuerza.—Verás qué es lo que pasa cuando un Bookman pierde la cabeza.

—Me estás ahogando…

—Recuerda lo que te dije.

—Lo recordaré… P-pero suéltame… por favor…

Cuando Lavi soltó el cuello del inspector, su semblante cambió por completo.

—Espero que no me defraudes.—Dijo, sonriendo de oreja a oreja.—Y ahora… Vayamos a ayudar al Moyashi con la mudanza… ¿Te parece bien?

Link asintió, aterrorizado. Había algo nuevo en el Bookman que no le inspiraba confianza en absoluto.


—¿Y bien?

—Todo bien, señor.

—¿Cómo que bien?

—No hay nada extraño en su actitud. Walker se comporta como un exorcista ejemplar.

—¿De verdad?

—Se lo puedo asegurar, señor. Walker es el mismo de siempre, sin ninguna duda.

—¿Insinúas que todos mis esfuerzos por despertar a ese monstruo han sido inútiles?

—No, señor, no estoy insinuando nada. Sólo digo que Walker se comporta como siempre, excepto…

—¿Excepto qué? Ve al grano, Link.

Link titubeó, recordando de pronto las palabras de cierto muchacho pelirrojo.

—Walker ha desarrollado una extraña aversión a los espejos, señor. Nunca se mira en ellos, nunca. Prefiere evitarlos.

—Ah, eso está mejor.—El bigote de Leverrier se torció de satisfacción.—¿Crees que puede estar relacionado con el despertar del Catorceavo?

El inspector se mordió el labio.

—No lo sé, señor. Necesitaría más tiempo antes de sacar conclusiones.

—Y lo tendrás. Todo el que necesites.


—Dame una misión.

—Kanda, ya te digo que es casi imposible encontrar una misión a estas alturas…

—¡Me da igual!—El japonés golpeó el escritorio de Komui con los puños.—¡Quiero una maldita misión, joder! ¡Me da igual dónde me envíes, sólo sácame de aquí!

—Siéntate y hablemos como personas, por favor.—Kanda parecía no escucharle.—Por favor, relájate.

Al final Kanda tomó asiento, furioso.

—¿Por qué no me das lo que quiero y ya está?

—Calma, calma. Dime, ¿por qué tanta prisa por irte de aquí?

—No es asunto tuyo, así que dame mi misión o…

—Está bien...—Komui suspiró, y luego alargó la mano hasta coger un montón de papeles desordenados.—Vamos a ver… Tengo varias opciones, pero no pensaba darte ninguna de estas misiones a ti…

—Deja de enrollarte.

—Tranquilo. Bien, veamos… ¿Te importa que la misión dure varias semanas?

—Cuanto más larga, mejor.

—Tengo una para Corea, de tres semanas. ¿Te parece bien?

Kanda asintió.

—Pues deja que arregle todo el papeleo y esta noche podrás partir. Oye, respóndeme… ¿Todo esto tiene que ver con Allen? ¿Ha pasado algo entre tú y él?

El japonés no respondió inmediatamente; antes se levantó y se encaminó hacia la puerta.

—¿Sabes qué pasa, Komui? ¿Quieres saberlo? Pasa que, mientras yo me hundo en el barro por defender a ese maldito desgraciado, él ni siquiera tiene una jodida palabra de agradecimiento que darme.

Salió por la puerta dando un portazo, dejando a un perplejo Komui tras de si.


Allen trató de no mirarse al espejo mientras se cepillaba los dientes. Link, a su lado, lo miraba de reojo, pendiente sus movimientos. Abrió el grifo, con la mirada del inspector todavía clavada en su nuca, e hizo gárgaras con el agua que manaba de él. Cuando terminó, dejó el cepillo de dientes en su sitio y salió del cuarto de baño, seguido de cerca por Link.

Tres semanas era el tiempo que Link llevaba viviendo con él, siguiéndolo a todas partes, observando y anotando todos sus movimientos. El tipo era un maldito acosador, se decía Allen. Nunca tenía tiempo para estar a solas, Link se encargaba personalmente de ello. Era un auténtico profesional de la intimidación.

En ocasiones Allen se preguntaba cuánto tardaría en perder los estribos y plantarle cara a ese cretino de Link, pero nunca encontraba respuesta. Era en esas ocasiones cuando se lamentaba por ser tan paciente y educado. Si fuera un poco más como Kanda y un poco menos como él mismo, probablemente ya habría encontrado la forma de librarse de él definitivamente. Pero como él no era Kanda, tendría que conformarse.

Link se despertaba antes que él todas las mañanas, y se iba a dormir después de que él hubiera conciliado ya el sueño; así que cuando llegaba la hora de despertar, Allen se encontraba con que Link ya estaba vestido y preparado para empezar el día.

—Oye, Link, ¿eres un robot?

—¿Qué has dicho, Walker?

—Nada. Olvídalo.

Allen cogió una muda de ropa limpia del armario y se quitó la camiseta del pijama, lanzándola al suelo bajo la atenta mirada del inspector, que no se perdía ningún detalle.

—¿Podrías hacer el favor de no mirarme mientras me cambio?—Dijo, dándose la vuelta y enfrentándose a la mirada de Link.—Me da escalofríos.

—Lo lamento, Walker, pero se me ha dado órdenes de observar todos tus movimientos.

Allen resopló y volvió a darle la espalda al inspector. Se quitó también la parte de abajo del pijama y la reemplazó por sus típicos pantalones de vestir negros. Justo cuando terminaba de abrocharse los botones de la camisa, la voz de Link le llamó la atención.

—¿Te dolió?

—¿Doler? ¿A qué te refieres?—Respondió, girándose para mirar de frente al inspector. El dedo índice de Link señaló su antebrazo.—Oh. Eso.—Allen rozó con sus dedos la cara interna de su brazo, allá donde Leverrier le había escrito aquella horrible palabra con la punta de un cuchillo.—Bastante.

—¿Cuánto es bastante?

—Lo suficiente como para que no quiera recordarlo. Pero tampoco es para tanto. Hay dolores peores…—Dijo en apenas un susurro.—Mucho peores. Esto no fue nada.

—Lo lamento.—Respondió el inspector rápidamente.

—No, tranquilo.—Allen se cubrió las manos con sus típicos guantes blancos, y se dispuso a anudarse una cinta roja al cuello.—No es como si hubieras hecho nada.

—Yo no soy como Leverrier.

—¿Eh?—Las manos de Allen se detuvieron bruscamente. El nudo quedó a mitad.

—Dije que yo no soy como Leverrier.—Link desvió la mirada, dejando a Allen con la boca abierta. Era la primera vez que veía al inspector mostrando una emoción más allá de la simple indiferencia que lo caracterizaba.—Yo sólo sigo órdenes. No estoy de acuerdo con los métodos que utiliza, pero no tengo más remedio que permanecer a su lado. Y yo vi cómo te torturaban y…

—¿Link?—Allen dio un paso en dirección al inspector, que lo miró fijamente y sin titubear.

—Lamento no poder hacer nada por impedirlo.

—Oye, Link…

—¿Sí, Walker?

—¿Por casualidad no sabrás por qué enfermé, verdad?

Link pareció sorprendido.

—¿Qué? ¿No lo sabes?

—No… No recuerdo nada… Está todo muy confuso.

—Leverrier te drogó. Trató de anular todos tus sentidos con el propósito de despertar al Catorceavo. Al parecer te resultó muy doloroso.

Allen tragó saliva.—Y… ¿Lo consiguió?—No sabía si estaba preparado para la respuesta que iba a oír.

—Sí.

—Oh.

—Lo siento.

Eso lo explicaba todo. La imagen nítida del Noé superponiéndose a la suya, la extraña voz que sólo él había escuchado en determinadas ocasiones, las visiones… El Catorceavo había despertado. Por eso enfermó: la posesión de su cuerpo por parte de aquel monstruo lo había agotado física como mentalmente. Y si el Catorceavo había despertado ya una vez, eso quería decir que…

Podía volver a hacerlo.

—Eso significa que las visio…

—No digas nada, Walker.—Le cortó Link.—Será mejor que no digas nada que te comprometa, si no quieres que informe de ello a Leverrier. Mientras no me digas nada, no tengo por qué contárselo a nadie.

—Link… Yo…

—Tus amigos te deben estar esperando para desayunar. Ve con ellos.—Dijo, cambiando de tema.

—Oh, cierto. Qué cabeza la mía.—Dijo Allen, sonriendo. Cuando abrió la puerta, dispuesto a salir de la habitación, vio que Link no le seguía.—¿Que no vienes?

—Tengo unos informes que preparar, Walker. Ve tu solo.

—Qué raro, pensé que tu trabajo de acosador no permitía descansos.

Las comisuras de los labios de Link se curvaron levemente.

—No molestes, tengo trabajo.—Respondió el inspector mientras se agachaba para recoger un bolígrafo y una hoja de papel que reposaban encima de su futón.—Pásalo bien.

En cuanto Allen cerró la puerta de la habitación, Link se sentó encima de su futón y comenzó a hojear el cuestionario que Leverrier le había ordenado responder. La mayoría eran preguntas estúpidas sobre los hábitos de Allen, qué comía, a qué hora se levantaba… Cosas por el estilo.

Link decidió terminar pronto con el trabajo y tomarse la mañana libre. Necesitaba un descanso.


—¡Por san Cross bendito! ¡Cuánta gente! ¿Qué ha pasado?

Allen apenas escuchó las exclamaciones de Lavi en medio de tanto ruido. En todo el tiempo que llevaba en la Orden, jamás había visto tanta gente reunida en el comedor. Hasta ahora.

Todas las mesas estaban ocupadas. Al parecer había habido un reclutamiento de buscadores recientemente, pues la cantidad de caras nuevas era abrumadora. Aquí y allá, Allen podía ver una gran multitud de desconocidos agolpados en las mesas riendo, comiendo, charlando, gritando.

—Dice mi hermano que Leverrier está reclutando nueva gente.—Comentó Lenalee, que también parecía extrañada.—Sin embargo, no me esperaba tanta…

—Será mejor que vayamos haciendo cola para pedir, o se nos terminará la comida…

—Tú siempre pensando en comer, Moyashi.—Dijo Lavi, riendo.

Después de una interminable espera de media hora, los tres chicos lograron acercarse a la barra y hacer su pedido, que en un segundo estuvo preparado. El problema venía después, debido a la falta de espacio.

—¡Eh, cuidado con mi comida!—Allen gritó a un tipo que pasó corriendo por su lado y casi le tiró la bandeja que llevaba entre manos.—Dios mío, que irrespetuosos… ¿Dónde nos sentamos?

—¡Oh, mirad! ¡Si es Yu! ¡Y está solo! ¡Chicos, sentémonos con Yu, hay sitio de sobra!

Al escuchar aquel nombre, Allen se quedó congelado. No había visto a Kanda en tres semanas, al parecer lo habían destinado a una importante misión en vete a saber dónde… Echó un vistazo por encima de su bandeja de comida; efectivamente, ahí estaba Kanda. Su mesa era la única que no estaba ocupada por nadie más y él se encontraba solo, comiendo un plato de soba con una tranquilidad pasmosa. Nadie osaba acercarse a él; era como si su sola presencia bastara para ahuyentar a los demás.

—Lavi… Creo que me sentaré en el suelo, si no te importa...—Dijo Allen, forzando una sonrisa. Por nada del mundo se iba a sentar con ese maldito bastardo, no si podía evitarlo. Tan solo de pensar en compartir una mesa con ese desgraciado hacía que la sangre le hirviera de rabia.

—No digas tonterías, Allen.—Le regañó Lenalee, cogiéndole del brazo y tirando de él en dirección a la mesa de Kanda.—Tú te sientas con nosotros, quieras o no.

—¡Pero no quiero!—Se defendió el chico, pero no sirvió de nada. El agarre de la chica era demasiado fuerte como para librarse de él.

—¡Hola, Yu! ¿Nos estabas guardando sitio? ¡Moyashi, suelta la bandeja aquí!

Allen depositó, a regañadientes, la pesada bandeja en la mesa, justo enfrente del japonés. Cuando sus miradas se cruzaron, Allen no pudo evitar que un escalofrío le recorriera todo el cuerpo, de la cabeza a los pies.

Sentarse con Kanda era una muy mala idea. Lo sabía.

Quizá porque habían sido pareja durante mucho tiempo, quizá porque lo conocía demasiado bien, la cuestión es que con solo mirar a los ojos del japonés ya podía hacerse una idea general de su estado de ánimo.

El estado de ánimo actual de Kanda era muy, muy malo.

Y estaba empeorando por momentos.


¡Hola! He estado dándome prisa por terminar este capítulo hoy... No quería tardar mucho más y... ¡Aquí esta! *ruido de trompetas*

No he tenido tiempo para revisar el capítulo por completo, así que seguro tiene varios errores de los que no me di cuenta. Si ven algo mal escrito, algo que no concuerda con la historia, algo muy OOC.. Cualquier cosa, solo digan. Necesito mejorar esta historia u.u

Eh, que ya casi es navidad. Debería publicar un capítulo especial por navidad o algo. A ver qué hago e.e

Recuerden, si ven algo raro en este capítulo (o en la historia en general) no duden en comentar. Si me quieren desanimar debido a la horrible calidad de mi fic, adelante. Sean sinceros!

Me despido por hoy... No puedo seguir despierta por más tiempo u.u

With lof,

Dolly ;)

P.D:El otro día encontré un doujinshi LeverrierxLink. Adivinen quién era el uke (sí, Leverrier) xD. Fue horrible.

P.P.D: En ocasiones... Veo a Leverrier en modo uke.

P.P.P.D: Vale... Me dejo de chorradas xD