Por fin puedo dar cierre total a esta historia sin nungún arrepentimiento, me la pase muy bien realizando el desarrollo y todo, espero que ustedes también la hayan pasado bien en la lectura.

Disclaimer: MSLN no me pertenece, ni sus personajes obviamente, sino que son propiedad de sus propios autores.

Recostada sobre un cómodo asiento, comenzó a abrir sus ojos y una luz que le impacto sobre los mismos, le hizo cerrarlos de golpe, incorporándose para esquivar esa pequeña molestia por fin abrió sus ojos, miró en dirección del lugar de donde provenía esa luz, la ventana por la cual los rayos del sol en el atardecer la atravesaban. Un peso sobre sus piernas la alejó de aquel trance, su hija de tres años dormitaba tranquilamente con una sonrisa sobre su rostro. Sin percatarse que alguien había llegado donde ella se encontraba, sus ojos fueron cubiertos de improvisto, más la acción no le causó daño ni sorpresa alguna…

-Fate-chan…- dijo sin dudar, para ella era inconfundible.

-¿Cómo lo supiste?- curiosa la otra le preguntó.

-Tu olor, la fragancia de la piel en tus manos es inconfundible para mí.

-¿Enserio? Creo que tienes razón, yo tampoco sería capaz de confundir el aroma que se mezcla con el olor natural de tu piel…te amo Nanoha- su interlocutora se sonrojó de escucharla.

-Fate-chan…yo también te amo- Fate se acercó a ella, con su mano le acarició el cabello por atrás, moviéndola de arriba hacia abajo como arreglando su cabello, claro que eso no era necesario, ya que aunque suelto, este se encontraba perfectamente.

-Gracias por haber regresado, Nanoha…- Nanoha negó con su rostro.

-No, gracias a ti, por haberme esperado…

-Lo hubiera hecho toda mi vida…

Y Fate sello su promesa con un beso, sintiendo esa esencia que la llenaba, la hacía sentir completa, su corazón y su alma, profundizó el beso hasta donde pudo llegar sin presionar demasiado, no olvidaba que no era el lugar y que ahí estaba su hija, pero más que eso porque solo quería compartir un beso más así, sin que hubiera nada más, solo la libertad de poder besarla, sabiendo que ella no se iría de su lado. Todavía era el mismo día, la misma tarde donde creyó que partiría sin poder volver a estar juntas.

-Te extrañé tanto Fate-chan…- dijo con voz cortada, y con un sentimiento de tristeza, de culpa…de alivio.

-No llores Nanoha…

-Perdóname…

Fate le dio un beso fugaz a Nanoha, y froto su nariz contra la de ella, sabía que eso le gustaba a Nanoha, siempre que lo hacía, ella le sonreía…

-Fate-chan…- gloriosa sonrisa que se abría frente a ella.

-No me pidas perdón, solo pídeme que te ame…para toda la vida…

-Por favor, ámame para siempre Fate-chan, justo como yo lo haré, nunca más volveré a irme de tu lado…

Sobre aquella línea férrea siguió avanzando el tren mientras se dirigía al aeropuerto donde marcaría el destino de muchas personas, en particular de dos, que siempre encontrarían su sitio mientras estuvieran juntas.

Mi Hija Como Nibuna Otra

Epílogo

No es que fuera una persona problemática, es que sencillamente no toleraba la injusticia, y el siempre defendería a todo aquel de quien intenten aprovecharse, ni siquiera necesitaba usar de su magia para darle una paliza a aquellos tipos, nadie podría creer que a su tan corta edad, él hubiera perfeccionado una técnica tan efectiva de combate que en realidad era la combinación de varias corrientes de pelea, incluida la de una mujer cabello rosa Wolkerrinter, de alguna forma nunca le gusto mofarse de quien era, de lo contrario esos sujetos hubieran salido corriendo despavoridos, pero prefería dejarles confiarse para darles una buena merecida paliza.

-¿Se encuentra bien señorita?- dijo el joven de no más de quince años, ofreciéndole una mano.

Una mirada encarnecida y furiosa se clavó en sus ojos asustándolo por un momento.

-¡No necesitaba de tu ayuda!- le gritó la chica enfurecida y bruscamente le apartó su mano con un golpe para irse corriendo.

Impresionado con lo ocurrido, no lo podía creer. Llegó a casa decepcionado como si de alguna forman hubiera fallado en algo, lo recibieron y sus familiares se preocuparon por él, recibió toda la comprensión del mundo pero ni siquiera sabía que era lo que le sucedía, ¿Acaso no había hecho algo bueno? Entonces ¿por qué? Se durmió esa noche, inquieto y con dificultad concilió el sueño. Despertó esa mañana con la pesadez en su mirar, en toda su vida jamás pasó por algo así, antes todo parecía tan claro, todo estaba bien, nada nunca le pareció que estuviera mal en su vida, y de repente estaba teniendo ese corte.

Se despidió de su hermana en la entrada principal de la escuela como siempre, ella era dos años menor, no cursaban el mismo año, y él poco a poco se acercaba a la fecha en que podría entrar en las fuerzas militares de STAB, con su record escolar en magia y pelea seguro que podría fácilmente entrar, además de las recomendaciones que tenía seguro que tendría un puesto asegurado. Pero eso ya vendría, ahora el problema era ese recuerdo, quería poder olvidar o poder encontrar una respuesta, y antes de cruzarse con alguno de sus amigos, la respuesta paso frente a sus ojos, ahí estaba la chica junto con otras con el uniforme de la escuela, impresionado, no podía creer lo que sus ojos veían, y un impulso desconocido, le hizo caminar el dirección de ese grupo de chicas, solía ser tímido, más esa vez una fuerza más allá de él, lo guio en su camino. Se colocó frente a las chicas, que pararon su camino y de conversar al instante, y fijando su mirada en la joven del día anterior habló…

-Hola, mi nombre es Donato- y le extendió su mano.

Más la chica no reaccionó, solo lo miró con cierto enojo.

-Es un gusto, Donato-kun- le correspondió el saludo otra y así sucesivamente las demás, excepto ella.

-Elia no deberías comportarte así con un extraño, se más respetuosa- le acusó una de sus compañeras. Pero no hizo caso.

-No vuelvas acercarte a mí- le dijo con furia y lo paso de largo, incluso ignoró a sus amigas.

-Discúlpala- escuchó decir- ella no siempre es así, pero cuando está en juego su orgullo se vuelve muy fría, perdónala ¿Si?- pidieron por ella- aunque no comprendo qué es lo que le sucede ahora, de seguro le pasó algo, y dime ¿Cómo es que conoces a Elia? ¿Por qué la has saludado?

Fue salvado de responder por la campana que anunciaba el inicio de las clases, cortésmente se despidió y se fue. Sin embargo, ahora podía comprender un poco mejor cuál era la situación. Solo recuerda en aquel momento tener el impulso de salvarla, entró como un héroe a salvarla, no la dejó que apelara a su propia defensa mermando su orgullo, y ya que la chica estaba en su misma escuela eso significaba que era alta la probabilidad de que ella fuera capaz de defenderse por sí misma…lo comprendía, pero su intención no fue mala, al contrario pero, ¿Cómo podría arreglar la situación?

Con un poco de investigación averiguó que la chica pertenecía a su mismo curso pero a un grupo diferente. Cabello negro y ojos violáceos brillantes, y debía decirlo, con una gran figura para una chica de su edad. Todos fueron testigos del cambio drástico que le sucedió a Donato, el jamás había puesto interés en las chicas, o en una en particular, muchas veces se mofaron de él por ello, por no ser como los demás, pero más temprano que tarde le llegó su turno, Elia lo hizo un chico diferente. Al inicio le fue difícil acercarse a ella siendo tan arisca, cada que lo veía lo rechazaba y no hacía por evitar el ser grosera con su persona, por momentos Donato pensó estar equivocado, pero cada vez que la veía a sus ojos, su determinación regresaba y con más fuerza.

Hasta que un día llegó, y no por casualidad, en una sesión de combates consensados, donde Elia obtuvo la victoria más de una vez, el no pertenecía a su grupo, pero se ofreció el reto a cualquiera que lo quisiera, y él fue el primero en alzar la mano, ella se sorprendió al verlo.

-¿Qué haces aquí? No perteneces a esta área, y ya estoy harta de verte y de que me sigas.

-Disculpa por las molestias que te he causado Elia, desde aquella noche que creí salvarte- la chica se sorprendió de sus palabras- pero ahora estoy aquí, y puedes hacer lo que desees.

El combate dio inicio con una Elia turbada en su interior, desde que se presentó ante ella aquel día no le había ofrecido ninguna disculpa hasta ese momento, motivo por el cual creía que era un insensible tonto que no se daba cuenta de sus acciones, peor aún, que solo la molestaba acosándola para que ella le agradeciera algo por lo que no tenía ningún por qué.

-¡Reacciona y pelea!- le dijo él, al ver que apenas y se defendía.

Y así es como comenzó la lucha de verdad, arrojando golpes y esquivando uno tras u otro, ambos chicos poseían un gran nivel de pelea. Elia comenzó a sentir como la adrenalina iba emergiendo de su cuerpo, y entonces en su interior un sentimiento cálido, de libertad, de confianza se esparció llenándola por completo.

Sonrió, y Donato sintió latir su corazón.

Al final ya que ambos eran tan habilidosos que la pelea no tuvo un ganador, sin embargo, mientras respiraban agitadamente por el esfuerzo realizado, se miraban el uno al otro de una manera intensa, y sonriendo una vez más aceptaron aquel empate.

Desde entonces todo comenzó a cambiar, ahora Donato podía acercarse sin ser rechazado, aunque Elia siempre lo tratara con cierto recelo, le permitía estar cerca, fue por eso que se dio cuenta que en realidad ese niño adolescente, era un buen chico, conociéndolo mejor supo que era sincero, además siempre que recordaban su primer encuentro el terminaba disculpándose, ella ya le había dicho que no lo hiciera, pero él seguía sin dejar de sentirse apenado.

Elia no podía negar que le agradaba, pero le chico la llenaba de curiosidad, solo una cosa de la cual no le hablaba nunca: su familia. Donato nunca mencionaba su apellido tampoco, eso le hacía pensar que era alguien importante o malo, e idiota, viendo que no tenía nada de que apenarse, incluso si él era el hijo de un recluso lo aceptaría, ya que por fortuna, había conocido a la persona, tras dejar su prejuicio y no volvería a dudar, muchas veces se lo había afirmado con anterioridad, más éste se negaba, ni siquiera los amigos le decían, solo recibía de respuesta que era mejor así.

El tiempo pasó, y por petición de su amigo ella no insistió más en el asunto, y no hizo por averiguar por su cuenta, decidió que sería paciente a esperar que le dijera cuando estuviera listo.

Hasta que el tiempo le dio la oportunidad, un evento a ser realizado con la obligatoria presencia de los padres en el amplio salón. Ella estaba muy alegre por ello, ya llevaba poco más de seis meses de conocerlo. Y hoy cada vez al verlo sonreía como boba, sin saber exactamente porque, además que Donato sabía que no podría evitar que ella conociera a sus padres, se le notaba nervioso, podía darse cuenta, su rutina habitual ahora a diferencia de antes, es que pasaban la mayor parte del tiempo juntos, no podían ocultarse nada, parecía como si se llevaran conociendo de casi toda la vida.

-Elia, yo me preguntaba si querías salir conmigo mañana por la tarde, quiero mostrarte un lugar donde solamente he ido con mi familia.

Curiosa lo miró, él quien no quería hablar acerca de su familia por nada del mundo, resultaba que le compartiría algo que parecía importante.

-No te entiendo- dijo con una sonrisa- pero está bien.

Se durmió tranquila esa noche, después de mañana podía conocer a la familia secreta de su amigo, que de alguna forma parecía importante, pero antes Donato quería llevarla a conocer un lugar, sí que era un chico curioso. Esa noche soñó con él, rubio, ojos azules…no, no eran azules, era más bien como un claro lavanda, pero aun así parecía reflejar el cielo, he inevitablemente la hacía sentir tranquila, antes le molestaba, pero al ver dentro de esos ojos le hizo darse cuenta que había otro mundo, y gracias a eso, ahora tenía a un amigo muy especial.

Ese día comenzó resplandeciente, el sol brillaba tenue pero era perfecto, le daba una sensación de tranquilidad y pasividad en el aire, sin prisas realizó su rutina, se despidió de sus padres para ir rumbo al instituto. Se encontró con sus amigas y hablando se mofaban de ella por pasar tiempo junto a Donato, como siempre, y ella negaba diciendo que solo eran amigos. Riendo no se dio cuenta cuando ya habían llegado a la entrada. Sus amigas detuvieron su andar. Ella fue la última en percatarse que alguien la esperaba, cosa que era inusual.

Donato se encontraba recostado sobre la pared esperándola, su cabello rubio resplandecía, y sus ojos brillaban, con ese porte tan elegante, ella no podía negar que era muy apuesto, pero solo eran amigos. Sus amigas se despidieron dejándolos a solas, se molestó un poco por ello, sabía que lo hacían a propósito, a quien no comprendía era a Donato.

-No te enfades- dijo él al notar su entrecejo- perdóname, no lo volveré a hacer si no lo deseas- era un idiota, pero también era tierno "¿Qué acabo de pensar?" se regañó.

-Sabes que siempre podemos encontrarnos dentro.

-No volveré a hacer entonces.-dijo un poco triste.

-Donato, no me molesta ¿Sí?- avanzó y lo tomó de su mano- es solo, que me gusta pasar tiempo con mis amigas también.

-Yo comprendo.

-Deberías pasar tiempo con tus amigos también- le sonrió.

-Ten- lo escuchó decir, mientras una rosa se alzaba de frente para serle entregada- no lo tomes a mal- ¿Por qué debería tomarlo a mal?- mi madre me dijo que era para ti, se alegraba mucho de que tuviera una buena amiga, ya yo le he hablado mucho acerca de ti.

-Así que tú les puedes hablar de mí, pero a mí no puedes decirme nada cerca de ellos- a pesar del reclamó sonreía y aceptó el regalo- vamos ya van a comenzar las actividades.

Fue otro buen día escolar, y aunque no pasaron todo el tiempo juntos ella sintió la mirada intensa de Donato sobre ella más de lo normal, pensó preguntarle, pero luego se arrepintió. Al finalizar las clases, se fueron juntos, tomaron el autobús y hablaban animadamente. Lo primero que hicieron fue dar un paseo por la ciudad, ya que no solían ir al centro tan seguido, tomaron un helado, él le pregunto si deseaba ir al cine, pero ella se negó, mejor visitaron un acuario e inesperadamente Donato se sorprendió lo alegre que veía a Elia al ver a cada mamífero acuático de diferentes mundos.

-¡Qué bonito! Parece un dragón pequeño.

-Se llama caballito de mar, son del planeta no administrado número 69, la tierra.

-Nunca pensé que te interesara los animales acuáticos.

-No mucho, pero los conozco, es una historia bella la de estos pequeños, mi madre me la contó hace mucho tiempo.

-¿Y cuál es?

-Te la contaré más tarde- dijo sonriendo y continuaron su travesía.

Cerca del atardecer Donato la anunció que debían ir al lugar que quería mostrarle o se les haría muy tarde, tomaron una ruta extraña que Elia no conocía, llegaron y el lugar parecía que era un lugar no muy transcurrido. Subieron cerca de un valle con muchos árboles al final del cual se podía apreciar el mar de Midchilda.

-¿Te gusta?- le preguntó.

-Mucho, gracias por traerme.

-La historia del caballito de mar…- comenzó a hablar y ella le prestó atención- es una triste y bella historia de amor. Los caballitos de mar eligen a su pareja y pasan con ella toda su visa hasta el día en que mueren. El que queda vivo, no consigue una nueva pareja. Se queda en el mismo lugar del cuerpo de su pareja, deja de comer, hasta que por fin, muere a lado de amado.

-No lo sabía.

Repentinamente él se acercó y le tomó de las manos, la miró directamente a sus ojos y habló.

-Yo te traje aquí por una razón- comenzó, y Elia se puso nerviosa- tú…eres muy importante para mí- se sonrojó, Donato sonrojado se miraba tan cute para ella, "no" se dijo y negó esos pensamientos- y quería decirte algo muy importante.

-¿Y qué es?- a pesar de todo no pensaba que fuera a ser lo primero que pensó, no claro que no.

-De alguna forma has puesto de cabeza mi mundo, desde que te conocí, y me hiciste negar quien yo creía ser, y luego me transformaste y yo fui mejor, no solo porque sé que tú eres tan capaz como yo, si no que eso me gusta de ti, tu fuerza, tu alegría, tu inteligencia,…tu belleza…eso es lo que yo quería decirte, me gustas mucho Elia…aceptarías…

-¡Alto!- no supo en que momento lo detuvo, soltó sus manos bruscamente y se separó alejándose unos pasos de él. Estaba un poco asustada y confundida.

Lo miró, firme aun sin aceptar su negativa.

-Elia…

-Debo irme, fue una tarde muy linda, pero mis padres se preocuparan, nos vemos mañana.

Salió a rauda del lugar, pero Donato no fue tras sus pasos. No podía creer lo que había sucedido…él la quería, la veía como algo más, sintió cierta desesperación y sintió miedo, no de Donato sino de sí misma, ya que su corazón latía a toda prisa, desde que le dijo que era importante para él, que ella era hermosa a sus ojos, que le gustaba, y aun así huyó de él.

-Donato, idiota…

Se encontraba alistando todo para el evento que sucedería en un unas horas más, todos pronto comenzarían a llegar. La noche anterior no la pasó muy bien, el constante pensamiento del chico con un rostro triste al verlo por última vez es lo único que le rondaba la mente, no era la primera vez que sentía esa sensación, la primera vez fue cuando Donato le hablo esa mañana, su orgullo no le permitía aceptarlo, ¿Acaso era los mismo? De alguna forma se resistía a pensar en si lo quería o no de un forma diferente a un amigo, incluso todos los veían de esa manera pero ¿No eran muy jóvenes para ello? Ella pensaba que era muy apresurado, aunque debía admitir que era en parte su culpa, le había permitido entrar muy fácilmente a su vida, luego de darle vía abierta, sencillamente aceptó todo sin pensar, y es que Donato era una persona muy dulce, hasta cierto punto era porque le agradaba mucho su compañía y su forma de ser, pero no sabía porque le turbaba tanto aceptarlo, ¿No sería eso tener que demostrarle su debilidad? Tendría que abrirse a él si aceptaba, no sabía si quería eso a pesar de lo que sentía, de lo cual no podía asegurar nada, pero si sabía que era algo muy fuerte, aun así ella todavía no conocía todo de él, si quería que lo aceptara debía decirle cuál era su nombre completo, no importaba el significado de ello, siempre había pensado que Donato se lo ocultaba porque aquello poseía un significado más malo que bueno, pero a ella eso no le importaría para nada.

Y ahí estaba negándose a si quiera verlo, llegó tan temprano ese día que no le dio chance de encontrarse con ella, ocupada en su salón con sus amigas solo eso bastaba, y para sentir tranquilidad por el momento. Pero el tiempo pasa demasiado rápido, al fin llegó la hora de pasar al gran salón a recibir a todos y comenzar con la jornada. Iba tan distraída con sus amigas, que aquello le tomó tan sorpresivamente que casi amenaza con dejarla débil.

Más adelante y charlando animadamente se encontraba la superior Vivio T. Harlaown junto a Donato, y estaban demasiado cerca para su gusto, parecía que ella se burlaba de él, no le gustaba mucho su trato tan cercano, sobre todo porque nunca antes los había visto juntos, lo peor fue cuando su corazón dio un latido de forma dolorosa al ver como ella lo abrazaba, le acarició su brillante cabello rubio para luego darle un beso en la coronilla y despedirse. Eso sí que fue inesperado, quiso preguntar o reclamar, pero sus pies no le respondían para poder dirigirse a donde él se encontraba.

Sigilosamente sus ojos lo seguían, lo vio saludar a una pequeña cobriza, le dio también un pequeño abrazo y se despidió, lo vio estar con sus amigos, hasta llegar al lugar, de alguna forma lucía más serio de lo común, no imaginaba como se sentía por lo ocurrido el día anterior, de seguro lo había destrozado con su actitud tan inmadura, tenía que hacer algo ¿Pero qué? De nuevo su orgullo. Donato no era el primer chico que se le declaraba, pero si el primero en hacerle sentir cosas extrañas te quiero…yo también pensó y no se negó más pero no sé qué hacer, tengo miedo ¡Donato!, y entonces lo recordó, su mirada tan segura y firme al decirle que le gustaba, podía aferrarse al él, no debía temer, aun si le entregaba su corazón, él la cuidaría.

Así que antes de que todo comenzará decidió acercarse sin importarle que todos estuvieran ahí, viendo, pidió disculpas y se acercó todavía más, pidió permiso para ocupar un espacio para poder estar detrás de él, respiraba un poco agitado, al verlo de espaldas se sonrojo, e hizo lo primero que se le vino a su mente, le sujetó de la mano suavemente haciendo que de inmediato él se volteara. Sorprendido y extrañado su mirada la encontró, pero no evitó su contacto eso le alegraba.

-¿Podemos hablar en la tarde?- pidió. ÉL tardó un poco en responder.

-De acuerdo- en ese momento se dio cuenta que amaba esa voz.

Con un poco de dificultad lo soltó la mano, ya que no quería hacerlo, amaba su calidez, recordaba haber sido ella la primera en iniciar ese tipo de contacto, aquel día que apresurada quería mostrarle lo nuevo que aprendió, y quería practicarlo en una lucha con él.

Los padres terminaron de llegar acomodándose al otro lado del salón. Pero antes un alumno iniciaría el evento con unas palabras alusivas. El director habló al micrófono y posteriormente llamó al estudiante.

-A continuación pasará un estudiante, el mejor de su año, y nos dirá unas palabras. Por favor demos un aplauso a Donato Takamachi Harlaown.

Se quedó inmóvil, mientras los aplausos retumbaban en sus oídos y entonces vio a Vivio chillar cuando llamaron a su hermano, junto a Einharth Stratos tratando de calmarla, y luego ver las grandes magas de la historia Fate T. Harlaown derramar lágrimas de orgullo y a la gran Nanoha T. Harlaown consolando a su esposa pero igualmente orgullosa mientras miraba a su hijo. Ahora todo tenía sentido, más de lo que creyó. Sorpresivamente se achacó mentalmente al no darse cuenta antes, Donato era el vivo reflejo de Fate ya que todos ya la conocían, versión hombre solo con la variante de sus ojos, cabello corto,… ah, no podía ocultar su vergüenza. La verdad es que nunca le había puesto atención a la familia de las magas más grandes de la historia, sabía de ellas pero no de sus hijos. Miró sonreír a Donato en dirección a su familia, para luego verla a ella antes de retirarse.

Más tarde ese día…

-Es un gusto al fin conocerte Elia Charlether.

-El gustó es mío Takamachi-san- dijo apenada.

-No tengas pena, puedes llamarnos por nuestros nombres- le dijo Fate- Donato siempre se ve muy feliz cuando nos habla de ti.

-Si bueno, lo que sucede es que él nunca me dijo hasta hoy que sus apellidos eran Takamachi Harlaown, yo no lo sabía, y no comprendo por qué no me lo dijo- aclaró.

-Con que eso sucedió- Nanoha miró a su hijo- ya hablaremos al llegar a casa- Donato respingó al escuchar a su Nanoha-mama decir "hablar" y "casa"- entonces…¿A ti también te gusta Donato?- Elia se sonrojó de solo escucharla.

-¡Nanoha-mama!- gritó alterado el aludido.

-Ah vamos tú estás loco por ella, y lo comprendo es muy bonita, además estoy segura que tú también le gustas, quién no puede enamorarse de ti si eres idéntico a tu Fate-mama.

-Nanoha, deja de decir esas cosas, Donato aún es muy joven- Fate no aceptaría que su hijo tan joven ya anduviera en esos caminos.

-Oh vamos Fate-chan, yo te quiero desde que tengo nueve, y estamos juntas desde que…mmph- Fate le tapó su boca con las manos para que no siguiera hablando y terminar diciendo algo que no debía.

- Sí, ya lo comprendemos, pero es hora de volver a casa, ¿Te gustaría acompañarnos a cenar Elia-chan?

-Me gustaría pero debo preguntar a mis padres, ahora vuelvo.

-Es una buena chica, ¡Bien hecho Donato!- le dijo su madre con la que compartía sus ojos.

-¡Si bien hecho!- le siguió Vivio- sí que eres todo un casa novas.

-Donato-niichan tienen novia- dijo la pequeña Alicia también divertida.

-Hey, dejen a Donato, no ven que está avergonzado. No te preocupes ven aquí pequeño- le dijo Fate.

-Gracias Fate-mama- decía rojo como un tomate dejándose abrazar por su otra madre.

-Bhu, Fate-chan no eres divertida.

No necesitaban más, Donato se sintió aliviado aunque muy lleno de vergüenza. Afortunadamente Elia los acompaño y por primera vez pudo compartir una alegre velada con su familia y con esa chica que le había robado el corazón. Más tarde, Elia ya debía ir a casa, se ofrecieron a llevarla en coche, pero ella lo rechazó alegando que no vivía muy lejos, a lo que Donato se ofreció a acompañarla y sus madres estuvieron de acuerdo.

-¿Por qué no me lo dijiste?

-No quería que lo supieras, todo mundo se vuelve condescendiente conmigo o me tienen miedo cuando se entera, yo quería que contigo fuera diferente.

-¿Por qué? Ni siquiera nos conocíamos, por qué creías a pesar de todo iba a aceptarte.

-No lo sé, pero no quería que fuera de esa forma, deseaba que me quisieras por quien soy, no por ser Takamachi-Harlaown.

-Te das mucho crédito ¿No es así?

-A mí no, a mis madres sí.

-La verdad es que no sé si yo hubiera sido diferente contigo al saberlo, peri sí sé esto…

Se detuvo para tomarlo de ambas manos haciéndolo detener en el proceso, quedaron frente a frente, mientras ella lo miró con mucho cariño.

-…sabes Donato…tú también me gustas mucho.

El muchacho la miró sorprendido, y sonriendo por la dicha que llenaba todo su ser, la abrazó aquella noche y una luna hermosa fue testigo del comienzo de su amor.

Fin

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Omake

Tenía mucho temor pero quería intentarlo, ya había pasado mucho tiempo, tres años, esperaba que el tiempo no hubiera borrado el cariño, pero a veces era implacable e inevitable que sucediera aquello menos deseamos. Sonó el timbre de la llamada en espera luego de hablar con la operadora, su corazón temblaba con cierto miedo.

-Casa de los Takamachi ¿Quién habla?- se quedó muda por un instante- ¿Halo?

-Madre…

Sin saberlo, el corazón de su madre dio un vuelco de alegría al escuchar su voz, incluso sus ojos se abrieron de la sorpresa, aunque ella no pudiera verla, estuvo a punto de derramar lágrimas. "¿Quién es cariño?" le preguntó su esposo al verla tan impactada y que casi no se sostenía "¿Sucedió algo malo?" tuvo que sentarse en el asiento más próximo para poder sostener el auricular del teléfono.

-Nanoha…- su padre tuvo casi la misma reacción de su madre, al escuchar a su esposa mencionar a su hija ¿Cuándo fue la última vez que la vio? Se preguntaba. Aunque ella solo escuchara susurrar su nombre de los labios de su madre, le pareció un sonido lejano.

-Mamá yo…solo llamaba, para decirte que te quiero, perdóname por lo que hice- sin poder evitarlo su voz expresó la tristeza y el lamento que sentía, al borde de las lágrimas- comprendo si ahora me odias, yo fui quién…

-Nunca podría odiarte hija- su madre también al borde del llanto- te he extrañado tanto, he estado muy preocupada por ti…

-Mamá…- no podía creerlo.

-No importa lo que hiciste, yo te perdono, y tu padre también, solo deseamos volver a verte…

-Nanoha, mi bebita, te extraño mi amor, no importa que estés con una chica me oyes, o que me hiciste abuelo sin darme cuenta- escuchaba a su padre y no lo podía creer- solo deseo que te amen la mitad de lo que yo, y que seas feliz mi amor…

-¡Lo soy papá! ¡Lo soy!- y ella lloró junto a ellos.

-¿Vendrás pronto a Japón hija?- nuevamente habló su madre- Necesitamos verte, no te imaginas como ha sido vivir sin saber nada de ti…

-Descuida, pronto iré a Japón, regresaremos a vivir allá, solo quería saber si podía verlos aunque sea una vez más…

-Siempre mi amor, siempre nos tendrás para ti…y ven pronto...

-¡Un! ¡Un! Yo les avisaré lo prometo. Mamá, papá debo ir a dormir mañana empezaremos los preparativos para regresar a Japón.

-Está bien, descansa mi amor, nos veremos pronto, no olvides que te queremos mucho.

-No lo olvidaré.

Y cortó la llamada aunque no deseaba hacerlo.

Unos brazos la rodearon en la oscuridad de esa noche.

-¿Todo bien?

-Todo bien- su llanto, era un llanto de alegría.

-Ves, te dije que tus padres te estaban esperando.

-No podía creerlo.

Fate se colocó frente a ella, juntó sus frentes y dijo:

-Son tus padres y te aman. Y yo también te amo.

Y finalizó aquello con un dulce beso en los labios y un fuerte abrazo. Su corazón durmió tranquilo esa noche, por fin su vida se sentía tan completa.

Nota:

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