Capítulo 5
Legolas creía que iba a morir. A morir de humillación, si es que no lo hacía antes por la deshidratación.
Desde que habían salido de la ciudad esa noche, su estómago se había vuelto patas arriba. Era la peor indigestión de su vida. Su boca y su garganta habían dejado de arder, gracias a los Valar, pero su malestar estomacal no les había permitido volver al Bosque Negro esa misma noche porque Legolas había tenido que parar varias veces para atender algunas necesidades urgentes.
Y así, después de que saltara por tercera vez de su caballo para buscar intimidad tras unos arbustos, Keldarion sugirió que acamparan en el bosque, bajo un gran arce que estaba cerca de un arroyo. Él y los gemelos mantuvieron su risa bajo control, sin hacer comentarios sobre la situación de Legolas.
Keldarion se sentía un poco culpable al ver a su hermano tan desgraciado, pero no dijo nada para que no le volara la cabeza de un golpe. Incluso se había ofrecido a acompañar a Legolas hasta el arroyo hacía un momento, pero su hermano le había enviado una mirada mortal que podría haber matado a un orco. Así que Keldarion lo dejó ir, un poco incómodo al dejarlo solo tras el incidente con Shakmi. ¿Quién sabe lo que el hombre podía hacer para vengarse? La ciudad ya estaba bastante lejos y no había señales de que los siguieran, pero Keldarion no veía de más mantenerse en alerta, por si acaso.
"Ay. Yo y mi maldito orgullo" –gruñó Legolas en voz baja mientras volvía a acomodarse los leggings.
Frotándose el estómago dolorido, salió a la orilla del arroyo y se dirigió al montón de ropa que había dejado al lado de sus botas. Tenía tanto calor antes que había necesitado lavarse la cabeza y el torso para refrescarse. La indigestión había causado estragos en todo su sistema e incluso empezaba a sentirse un poco mareado.
Sabía que no era necesario acabarse la sopa de champiñones. Solo tenía que admitir la derrota y ponerle fin a la estúpida broma en el acto. Lo único que habría tenido que soportar era la boca escaldada y el ego herido. Pero no lo había hecho. ¡Fue tan tonto como para elegir su orgullo antes que su propia vida!
"¡Me está bien empleado!" –murmuró para sí mismo mientras recogía la túnica, comenzando a vestirse.
Pero su estómago escogió ese momento para sufrir otro calambre.
"¡Maldita sea! –maldijo Legolas, lanzando la camisa al suelo-. ¡Basta ya!"
Apretando los puños con los ojos cerrados, se mordió el labio mientras esperaba a que el dolor desapareciera rápidamente. Tan concentrado estaba que no se dio cuenta de las figuras que vigilaban atentamente todos sus movimientos.
De vuelta en el campamento, Keldarion se encargaba del fuego mientras que los gemelos colocaban varias hojas de helecho bajo las capas para preparar las camas. Mirando otra vez hacia el arroyo, el príncipe preguntó:
"¿Creéis que estará bien?"
"No te preocupes, Kel –respondió Elrohir con una sonrisa, sentándose a su lado-. Legolas puede encargarse de 'sus cosas' por sí mismo. No necesita que alguien le sostenga la mano mientras hace 'eso'."
Keldarion frunció el ceño.
"¡No es eso, idiota! ¡No me refería a eso!"
Elladan se agachó y golpeó la parte posterior de la cabeza de su gemelo, enfureciéndolo.
"Él sabe lo que querías decir, Kel. Ro solo está haciendo el tonto."
Elrohir se frotó la cabeza mientras miraba a su gemelo.
"No soy tonto, tonto."
Haciendo caso omiso de su hermano, Elladan se sentó al otro lado de Keldarion. Con un suspiro, rodeó los hombros del príncipe con un brazo.
"No te preocupes demasiado, Kel. Legolas estará bien, creo. Enfadado como un oso herido pero bien. El único problema que tendrá ahora mismo es intentar mantener su estómago intacto."
Girando la cabeza hacia él, Keldarion sonrió con pena.
"Pobre Legolas. Creo que fuimos demasiado crueles con esa sopa."
"Sí –dijo Elrohir-. Pero no tenía por qué acabársela. Y no te olvides de lo que nos hizo. ¿Recuerdas las serpientes? ¿Y las sanguijuelas?"
Keldarion se estremeció de disgusto.
"Por favor, no me nombres las sanguijuelas. ¡Todavía puedo sentirlas arrastrándose por mis piernas! –se frotó los brazos con la piel de gallina-. Valar. ¡Las odio! Maldito Legolas y su ingenio. ¡Habría sido capaz de tirárselas a la cara si hubiera sido capaz de tocarlas!"
Los gemelos se rieron al recordar la forma en la que Keldarion había gritado la noche anterior, golpeando su cama con su espada para matar a los pequeños bichos. Había sido un caos, aunque las sanguijuelas fueron las únicas víctimas, por suerte. Keldarion no había salido ileso, pues las sanguijuelas habían dejado pequeñas heridas por sus piernas, aunque nada grave. Aun así, fue la indignidad de haber perdido por completo la compostura lo que hizo que Keldarion se decidiera a vengarse de su hermano.
Pero ahora estaba intranquilo.
"¡Elbereth! ¿Por qué tarda tanto? ¿Se habrá caído al agua y se habrá ahogado?" –se quejó, mirando otra vez en dirección al arroyo.
La pequeña corriente solo estaba a unas yardas de distancia, oculta por unos tupidos árboles y arbustos. Podían oír el sonido del agua y sus pequeñas salpicaduras. Pero por lo demás todo estaba en silencio. Hacía rato que Legolas había dejado de murmurar y maldecir, cosa que no era un buen presagio para Keldarion.
"Voy a ver cómo está" –anunció finalmente, poniéndose en pie. Los gemelos también se levantaron y lo acompañaron uno a cada lado suyo.
"¿Crees que es buena idea? –preguntó Elrohir-. Nos matará si lo vemos… bueno… ya sabes."
"No hay nada que no haya visto ya –respondió Keldarion, apartando una rama que le quedaba a la altura de la cara-. Le cambiaba los pañales cuando era un bebé, ¿recuerdas? De todas formas no tiene nada que nosotros no tengamos. ¡Así que como lo encuentre sano y salvo y solo esté haciendo esto para preocuparnos juro que le daré una patada en ese culo tonto!"
Sin embargo, para su sorpresa y consternación, Legolas no estaba donde se suponía. Sus botas, su túnica y su manto estaban allí, al igual que sus brazaletes, su cinturón y la pequeña daga que siempre llevaba consigo. Pero de Legolas no había ni rastro.
"¿A dónde fue?" –Elladan miró a su alrededor frenéticamente, frunciendo el ceño ligeramente.
"¿Creéis que se está escondiendo? –preguntó Elrohir-. Tal vez se esté riendo de nosotros escondido entre los árboles."
"No lo creo –Keldarion avanzó un poco más abajo, siguiendo las huellas de su hermano. De repente se quedó inmóvil y se puso pálido-. ¡Ay, Elbereth!"
Los gemelos corrieron hasta donde estaba y los tres miraron los signos de forcejeo claramente visibles en el terreno. Había varias huellas extrañas, de hombres probablemente. Y las huellas empezaban donde desaparecían las de Legolas. También vieron una roca del tamaño del puño de un niño que parecía fuera de lugar allí en medio de la hierba.
Y allí, atrapada en unas ramas espinosas, estaba la tira de cuero que Legolas usaba para atarse la trenza. Probablemente se había aflojado durante la lucha, lo que indicaba que Legolas se había resistido.
Pero, ¿por qué no oímos nada?
Keldarion se inclinó y recogió la tira de cuero. La apretó en el puño, con una mezcla de miedo e ira.
"Valar, no –murmuró, con los ojos azules brillando amenazadoramente-. Está pasando otra vez."
¡Muchas gracias por los comentarios! Me encanta saber qué piensan de los capítulos. Aquí van de cabeza a un nuevo problema jijiji Ya estaban tardando...
