Capítulo 6

Shakmi estaba enfurecido. No estaba acostumbrado a ser ridiculizado ni a que lo contradijeran.

Tras haber sido el único con conocimientos médicos en la ciudad, la gente siempre había recurrido a él cuando estaban enfermos o heridos. Vivía solo en una pequeña cabaña en las afueras de la población y la gente le traía alimentos y materiales de construcción como pago por sus servicios. No es que lo respetaran, pero al menos tenían bastante sentido común como para temerle. Con el pelo largo canoso, los ojos negros como la obsidiana y expresión sombría, resultaba bastante intimidante. La gente incluso creía que podía hacer magia y maldiciones que podían llevarlos a la ruina si le llevaban la contraria.

Pero ahora todo había cambiado en una sola tarde, todo por culpa del elfo desconocido que se había atrevido a entrometerse. Shakmi odiaba a los entrometidos. Y odiaba todavía más a los elfos desagradables. ¿Y qué clase de elfo era, con ese poder de sanación? Shakmi nunca había visto nada parecido.

A decir verdad, al hombre lo corroía la envidia, pues sabía que sus propias habilidades no eran nada comparadas con las del elfo. También sabía que la gente ahora admiraba al elfo, gracias a su amabilidad y belleza. Pero lo peor de todo era que el extraño ser lo había hecho quedar como un tonto delante de todos.

El hombre no podía soportar las burlas. ¡No toleraría tales insultos! Ahora debía recuperar el respeto de los aldeanos. Debía enseñarle al elfo una lección, allí, delante de todo el pueblo.

Ronin, el alcalde de la ciudad, no dejaba de interrogar a Shakmi sobre sus planes, sin estar seguro de que fuera necesario hacer lo que pretendía. Así que él le había respondido de forma que todos lo oyeran.

"¡Si deseas que esta ciudad se salve de las garras del mal haz lo que digo! ¡Nuestras almas y nuestras vidas estarán en peligro si dejamos a esa criatura con vida! El Poder Superior me ha hablado. Me dijo que el elfo es un brujo disfrazado que aparenta ser bello y bondadoso pero que oculta un negro corazón tras la máscara. ¡Eres un tonto por caer en su engaño!"

Al igual que un grupo de juncos inclinándose hacia donde sopla el viento, las personas y el no muy inteligente alcalde aceptaron las palabras de Shakmi sin más preguntas. Ahora esperaban con expectación en la plaza del pueblo donde hacía unos días estaba la plataforma. Sin embargo ahora no estaba y la habían reemplazado por un poste grueso de madera hecha de abedul. También habían amontonado una pila de leña a su alrededor.

Si los matones de Shakmi habían cumplido su tarea con éxito, la ceremonia empezaría pronto. Justo después de su intento fallido de quemar a los niños enfermos, el hombre pensó un plan de venganza antes de que los elfos abandonaran la ciudad para siempre. Le ordenó a seis hombres que se escondieran en el bosque a esperar a los elfos para tenderles una emboscada, pero su verdadera misión era capturar al elfo de cabellos dorados y matar a sus tres cómplices.

Ya hacía mucho que había anochecido, pero la gente aguardaba alrededor de la plaza. Alguien había difundido el rumor de que Shakmi iba a castigar a un malvado brujo, así que nadie quería perderse el emocionante evento.

De repente se produjo una conmoción en el otro lado de la calle, avisando a todo el mundo de que los hombres de Shakmi habían vuelto con su prisionero. Cuando el elfo rubio quedó finalmente a la vista, el hombre sonrió para sus adentros.

Desde que vio a Shakmi, Legolas supo que estaba en muy graves problemas. El príncipe elfo se había despertado boca abajo sobre un caballo y con los brazos atados a la espalda. Para aumentar su miseria también estaba amordazado, por lo que nadie entendía las maldiciones incomprensibles que estaba gritando, o mejor dicho, intentando gritar.

Legolas maldijo de nuevo, esta vez a sí mismo por su estupidez. Cuando estaba en el arroyo esperando a dejar de sufrir calambres en el estómago, escuchó el sospechoso sonido del chasquido de una rama que venía de río abajo. Solo y armado con una daga, lo más inteligente habría sido volver al campamento y alertar a su hermano y los gemelos. Pero Legolas no estaba pensando bien en ese momento. ¡Estaba muy cabreado!

Apretando los puños, se había acercado a la zona de la cual había venido el sonido. Había esperado que alguien se le lanzara encima gritando y empuñando una espada o una ballesta de algún tipo. Por eso se había quedado completamente aturdido cuando una piedra le golpeó la frente con bastante fuerza como para hacerle ver las estrellas. No recordaba haber perdido el conocimiento, pero lo siguiente que supo fue que varios hombres luchaban con él en el suelo intentando atarlo.

Se recuperó rápidamente y se preparó para gritar pidiendo ayuda, pero los hombres lo amordazaron enseguida, ahogándolo y casi cortándole la respiración. También lo golpearon varias veces mientras se resistía lanzando patadas y golpes a diestra y siniestra. Sin embargo, todavía mareado por el impacto de la piedra, reaccionó muy despacio para evitar el golpe que se dirigía a su rostro.

Una bota fea fue lo último que vio antes de despertarse sobre el lomo del caballo yendo a toda velocidad hacia la ciudad. Fue el peor y más largo viaje de su vida, y también el más degradante teniendo en cuenta que su trasero iba levantado de una forma vergonzosa, para diversión de los hombres.

Y ahora lo arrastraban hacia una hoguera que estaba en el centro de la plaza. Shakmi y una gran multitud esperaban allí, listos para la ejecución del elfo. Algunas personas se burlaban y se reían de su situación, pero otros, mujeres sobre todo, protestaban a gritos. Shakmi lo ignoraba todo, observando al elfo con calma.

Enojado y aterrado, Legolas le gruñó, intentando pedir una explicación a través de la mordaza. Le dolía mucho la cabeza y tenía el cuerpo lleno de golpes, pero milagrosamente su estómago se había calmado. Debe ser la adrenalina. Había ahuyentado la digestión, gracias a los Valar.

Sin embargo, lo que estaba a punto de afrontar era mucho más preocupante. Miró rápidamente a su alrededor, observando las caras sombrías de los seres humanos. Había hombres, mujeres y niños, todos empujándose para ver bien al elfo capturado.

Y no había ninguna señal de Keldarion y los gemelos.

Kel, ¿dónde estás? Legolas empezó a entrar en pánico cuando los hombres lo empujaron hacia el poste a la señal de Shakmi. Sin desatarle las muñecas, lo ataron por el torso a la hoguera. Después reacomodaron la leña a su alrededor hasta que le llegaban al muslo. Se resistió con todas sus fuerzas, pero le era imposible moverse. No había forma de liberarse.

Mientras la multitud se callaba, Shakmi alargó la mano y le quitó a Legolas la mordaza. El elfo exclamó al instante:

"¡¿Qué diablos crees que estás haciendo?!"

El hombre sonrió ligeramente.

"Perdona, maestro elfo. Pero tenemos que hacer lo mejor para esta ciudad."

"¿De qué demonios estás hablando? –estalló Legolas-. ¡Sácame de esta cosa!"

"Verás, eres un alma perdida que persigue fines que desconocemos…"

"¡¿QUÉ?!"

"Hay un gran mal dentro de ti que se esconde detrás de tu belleza –continuó Shakmi como si Legolas no hubiera dicho nada. Para aumentar el dramatismo, el hombre se volvió hacia la multitud-. ¡Un mal que nos destruirá si lo ignoramos, un mal que trata de engañarnos y atraernos a nuestro fin, alejándonos de nuestra fe y creencias, contaminando nuestras almas y corazones, un mal que debemos exterminar antes de que acabe con nosotros!"

"¡Vaya montón de sandeces! –le gritó Legolas-. ¿Qué pasa contigo y esa obsesión con el mal? ¿Has perdido la cordura, humano?"

"¡Silencio! –gritó Shakmi, señalando al elfo con el dedo-. No solo eres un elfo, sino también un malvado brujo. ¡Nadie podría tener esos poderes sin haber hecho un pacto con el diablo!"

"¿Un pacto con el diablo…?" –si Legolas no hubiera estado tan aturdido, podría haberse echado a reír histéricamente.

"Cierto –dijo Shakmi solemnemente-. El demonio engaña nuestros ojos y nos tienta con rasgos agradables y palabras dulces. El demonio conoce nuestra debilidad y la utiliza como ventaja. El demonio anhela controlarnos y convertirnos en sus esclavos."

"Oh, por el amor de Elbereth…" –Legolas hizo una mueca de desagrado mientras ponía los ojos en blanco. ¡Shakmi lo estaba volviendo loco!

"Y por el bien de esta ciudad, te convertirás en un sacrificio para el Poder Superior –el hombre sostenía ahora su bastón delante de él, con los ojos cerrados como si estuviera concentrado escuchando voces que solo él podía oír-. Con tu muerte, el demonio morirá. Y nuestras vidas estarán en paz."

Legolas resopló. No podía creer lo que oía. Mirando a la multitud, les habló con seriedad.

"No sé qué tipo de palabras venenosas usa este hombre, pero tengo que decir que está equivocado. ¿Un demonio hambriento de almas humanas? ¡Vamos! No os creeréis ese estúpido disparate, ¿verdad?"

Shakmi se giró y golpeó al elfo en el rostro con su bastón. Con un grito, la cabeza de Legolas se giró por el golpe y la sangre le goteó por la barbilla.

"Basta de retrasos. Zanjaremos el tema" –dijo Shakmi, antes de ordenar que trajeran la antorcha.

Sacudiendo la cabeza para despejarse, Legolas observó a Shakmi con la vista nublada.

"No vas a tener éxito" –dijo entre dientes.

"El Poder Superior está conmigo. Lo conseguiré –respondió Shakmi-. ¿Una última palabra, elfo?"

"Sí. Estás cavando tu propia tumba, humano. Ya verás a lo que me refiero" –advirtió Legolas, buscando después frenéticamente entre la multitud. ¡Oh, por favor, Kel! ¿Dónde estás? ¡Te necesito ahora!

Se produjo un silencio cuando el otro hombre, Mordred, llegó hasta la pira con una antorcha encendida en la mano. Shakmi asintió y Mordred arrojó la antorcha.

La leña seca ardió al instante. En cuestión de segundos, Legolas fue engullido por el infierno.

Lo sé, actualicé muy pronto, pero es que esto se pone bueno :) ¡Vaya final de capítulo!