Capítulo 7

No fue difícil para Keldarion y los hijos de Elrond seguir a los hombres que se habían llevado a Legolas. Las huellas los condujeron hasta un claro cercano en el que había marcas de caballos y cuando llevaban un rato siguiendo las pistas, se sorprendieron al darse cuenta de que volvían a Oak Byre.

Cuando entraron en la ciudad, Keldarion sintió que estaban a punto de presenciar una atrocidad. Las calles estaban casi vacías, pero se escuchaba mucho ruido procedente de la plaza del pueblo. También se escuchaba a alguien gritando.

Un escalofrío recorrió la columna de Keldarion al reconocer la voz que gritaba una y otra vez por el dolor intolerable.

"¡Legolas!"

El príncipe clavó los talones en los costados de su caballo y aceleró por la calle, con los gemelos pisándole los talones. Al llegar a la plaza, se abrió paso a la fuerza, gritándole a la gente para que los dejara pasar. La multitud obedeció, apresurándose para evitar que los atropellaran los caballos.

Pero ninguno de los elfos estaba preparado para lo que vieron. A pesar de considerarse una persona de fuerte carácter, Keldarion casi se desmaya cuando vio a su hermano atado a la hoguera ardiente. La visión lo perseguiría durante mucho tiempo y le causó tanto dolor que casi sintió cómo su corazón se partía en dos.

"Ay, Elbereth…"

Durante un horrible momento, ninguno de los elfos pudo moverse. Solo podían mirar boquiabiertos a su querido compañero. Pero entonces Keldarion salió por fin de su estupor. Con un grito, saltó de su montura y se lanzó a las llamas, apartando la leña ardiente a patadas para abrirse paso hasta el poste que sostenía a su hermano, diciéndole a Legolas una y otra vez que lo sacaría de allí.

Pero completamente delirante por la agonía y el terror, Legolas no lo escuchó. Ni siquiera se había dado cuenta de que su hermano estaba intentando liberarlo. Con las polainas en llamas, Legolas seguía gritando y retorciéndose frenéticamente mientras su carne se quemaba. Las llamas ya estaban llegándole al torso y el dolor era terrible. Se le había oscurecido la visión, tenía la mente entumecida. Ni siquiera sabía si ya estaba muerto, pero solo podía rezar para caer en el olvido y escapar del horrible tormento.

Shakmi, el curandero, estaba lívido. Creía que los tres elfos habían muerto en el bosque como había ordenado. Con un gruñido, le ordenó a sus secuaces que se deshicieran de Keldarion y los gemelos, pero desde que Keldarion saltó al fuego, Elladan y Elrohir desenfundaron sus arcos rápidamente. En menos de un segundo, Shakmi tenía dos flechas apuntándole.

"¡Que nadie se mueva! –le gritó Elrohir a los seis hombres que avanzaban hacia ellos-. ¡Si alguien da un paso más sabréis cómo se siente tener una flecha clavada en el estómago!"

Los hombres se detuvieron y Shakmi se encolerizó, pero solo pudo observar iracundo cómo uno de los gemelos bajaba su arco de repente y se precipitaba a la hoguera para ayudar al primer elfo.

Con la cara enrojecida, Keldarion usaba su espada para hacer palanca contra la cadena que ataba a su hermano a la estaca. Debido al calor tenía la visión borrosa y ya no podía ver bien. Ya estaba empezando a sentir el dolor de las llamas, pero sabía que no debía rendirse, la vida de Legolas dependía de él. Y entonces Elladan estaba a su lado de repente, ayudándolo con su espada.

Tras un último esfuerzo, la cadena se rompió y Legolas cayó hacia delante, pero antes de que cayera al fuego Keldarion y Elladan lo sujetaron apresuradamente por la cintura. Tras cogerlo rápidamente en brazos, se apresuraron a alejarse de la estaca. Sin mirar hacia donde Elrohir seguía apuntando a Shakmi, Keldarion bajó a su hermano al suelo, recorriendo desesperadamente con la mirada la piel quemada de Legolas.

Legolas, por su parte, había dejado de gritar y seguía consciente, pero tal era su agonía que ni siquiera podía hablar. Solo observaba a su hermano mayor con los ojos vidriosos, llorando y gimiendo de dolor. Todo su cuerpo temblaba y sus piernas quemadas daban espasmos, mientras que le temblaban tanto las manos que ni siquiera conseguía agarrar la túnica de su hermano.

Sosteniendo a Legolas con un brazo, Keldarion aceptó el manto de Elladan y lo puso suavemente alrededor de su hermano prácticamente desnudo. Lo que quedaba de sus polainas ahora colgaba en jirones alrededor de su cintura y algunos trozos de tela se pegaban a su piel escaldada. El príncipe mayor ya se temía el dolor que le causarían cuando intentaran despegar la tela, por no mencionar el agonizante tratamiento de aquellas terribles quemaduras.

Haciendo caso omiso de las ampollas que tenía en las manos, Keldarion acarició con cariño la cabeza de su hermano. Le susurró palabras de consuelo mientras también besaba la cabeza de Legolas. No se dio cuenta, pero sus mejillas estaban húmedas por las lágrimas y tenía un bulto en la garganta que le hacía sentirse como si fuera a ahogarse. Keldarion se balanceaba suavemente con su hermano, disculpándose por llegar tarde y prometiéndole que se pondría mejor.

La multitud se había quedado en silencio ante la conmovedora situación. La mayoría de las mujeres tenía lágrimas en los ojos y algunas lloraban sin disimulo. Los hombres los miraban estúpidamente sin saber cómo reaccionar. Sin embargo, Shakmi eligió ese momento para hablar.

"¡Malditos! –gritó el hombre, blandiendo su bastón para intentar parecer intimidante-. ¡El Poder Superior verá esta interferencia como un insulto! ¡Los poderes están muy enojados por haber interrumpido el santo sacrificio! ¡Deberíais haber dejado al brujo quemarse hasta la muerte! Habéis liberado al demonio que se llevará nuestras almas y… ¡Erk!"

Keldarion había dejado en silencio a Legolas en brazos de Elladan antes de levantarse y dirigirse rápidamente hacia Shakmi. Enfurecido, el príncipe elfo agarró la garganta del hombre con una mano y la apretó con todas sus fuerzas.

"El brujo, el demonio o como sea que lo llames es mi hermano" –gruñó Keldarion entre dientes mientras los ojos de Shakmi se abrían de terror al quedarse sin aliento. Nadie se atrevió a ayudar al hombre debido a la aterradora mirada furiosa de Keldarion. Su hermoso rostro estaba lleno de ira, y entonces Keldarion levantó el brazo hasta que Shakmi no tocaba el suelo con los pies.

"¡Pero tú eres el más sucio, retorcido y mentiroso hijo de puta que he conocido! Tú eres el demonio. ¡Y por eso debes ser sacrificado al Poder Superior!"

En ese momento, Keldarion se giró y lanzó al hombre a la hoguera que seguía ardiendo. Shakmi chilló cuando su capa se incendió al instante. Intentó levantarse, pero Keldarion plantó firmemente su bota sobre el pecho del hombre, evitando que se liberara. El hombre luchó y gritó, pidiendo misericordia y maldiciendo alternativamente.

Mientras que la gente miraba el espectáculo con la boca abierta, Keldarion no apartó la mirada del hombre ardiente. Observó con satisfacción cómo el fuego lamía la carne y el pelo de Shakmi, y finalmente se apartó cuando poco después el hombre dejó de luchar, consumido por las llamas.

Haciendo caso omiso de la multitud, Keldarion regresó al lado de Legolas, cogió a su hermano en brazos, se subió a su caballo y se alejó sin mirar atrás.

Elladan y Elrohir consiguieron alcanzar a Keldarion a las afueras de la ciudad. El príncipe del Bosque Negro había abandonado la plaza como si fuera perseguido por el mismo Sauron, y finalmente se detuvo cuando escuchó a los dos hermanos llamándolo frenéticamente.

"Kel, tenemos que parar" –dijo Elladan cuando detuvieron a sus caballos a su lado.

Keldarion sacudió la cabeza en desacuerdo.

"¡No! ¡Tenemos que llevar a Legolas a Mirkwood sin demora!"

"Pero tenemos que atenderle primero. Sus heridas…"

"¡Tendrá un mejor tratamiento en casa! –gritó Keldarion-. ¡No pasaré ni un minuto más en este maldito lugar!"

"¡Maldita sea! ¡Escúchame! –gritó Elladan, agarrando el brazo del príncipe con rapidez cuando este hizo el ademán de volver a lanzarse al galope-. Las quemaduras de Legolas son graves. Tenemos que tratarlas rápidamente antes de que se infecten. Si eso pasara, puede que nunca sea capaz de usar las piernas otra vez, ¿me oyes? No estoy bromeando, Kel. Tenemos que parar."

Keldarion parpadeó para contener las lágrimas mientras miraba a los gemelos, con la mente entumecida. Estaba aterrorizado, en estado de pánico, y no sabía qué hacer.

"Pero, él… se está desvaneciendo… y…"

"Él saldrá adelante, pero tienes que hacer lo que digo –dijo Elladan, esta vez con más amabilidad-. Míralo, Kel. Tiene un dolor horrible. No creo que pueda soportar el viaje al Bosque Negro esta noche. No en esta condición."

Keldarion miró a su hermano. Tenía los ojos cerrados, pero gemía débilmente con un puño envuelto en la capa de su hermano. Apenas estaba consciente, pero la tremenda agonía no le permitía hundirse en el olvido.

Los gemelos ya habían desmontado y ahora estaban de pie al lado de la montura de Keldarion, esperando pacientemente a que el príncipe recuperara el control.

"No quiero que pierda el uso de sus piernas" –murmuró Keldarion al fin, un poco aturdido, como si acabara de despertar de un sueño.

"Nosotros tampoco. Así que dánoslo, Kel, por favor –dijo Elrohir, con las manos tendidas hacia Legolas-. Tendremos cuidado, lo prometemos."

"Sí, por supuesto" –Keldarion asintió y dejó que los gemelos cogieran a su hermano. Como si estuviera en piloto automático, desmontó y siguió a los gemelos hasta un árbol muy grande bajo el que colocaron a Legolas. Keldarion no sabía qué árbol era porque ni se molestó en mirarlo con detenimiento. Solo tenía ojos para su hermano y su corazón se estremecía con cada gruñido y gemido de dolor que emitía Legolas.

"Kel, necesitamos que le mantengas la cabeza" –dijo Elladan de repente, haciéndole un gesto para que se acercara.

El príncipe mayor asintió otra vez, sin decir nada. El enorme nudo que tenía en la garganta seguía allí, sin dejarle hablar. Entonces se sentó en la base del árbol y con la mayor suavidad posible, Keldarion colocó la cabeza de su hermano en su regazo. Cogió la mano de Legolas y le dio un apretón cuando los gemelos empezaron a tratar sus quemaduras.

Elladan despegaba con cuidado los trozos de tela adheridos a sus piernas. El príncipe se sacudió con un grito y enterró el rostro en el regazo de su hermano para amortiguarlo. La tela estaba pegada, complicando el procedimiento.

"Ro, el agua, por favor" –pidió Elladan, con el rostro sombrío. Las piernas de Legolas estaban ahora completamente expuestas, aterradoras, con la piel en carne viva y quemadas casi hasta el hueso. El fuerte hedor a carne quemada todavía impregnaba el aire, haciendo que arrugaran la nariz, ligeramente mareados.

Elrohir cogió dos odres de agua que tenían en los caballos. Le dio uno a su hermano y rápidamente destapó el otro. Los gemelos se miraron y entonces recurrieron a Keldarion.

"Kel, es necesario que lo sostengas muy bien –dijo Elrohir-. Esto va a doler."

Confiando en que los gemelos supieran lo que estaban haciendo, dado que habían aprendido el arte de la medicina del mismísimo Elrond, Keldarion abrazó a su hermano con fuerza. Miró hacia abajo y vio que tenía los ojos muy abiertos, aturdido. Legolas sonrió, vacilante.

"Estaré bien… No es para tanto…"

Sacudiendo la cabeza, Keldarion le acarició la mejilla.

"Lo siento, hermano pequeño. Todo esto es culpa mía."

"No. No es tu culpa. Yo. Estúpido."

Keldarion se rio a través de las lágrimas.

"Sí. Eso también es cierto."

Mordiéndose los labios, Legolas se dirigió a los gemelos.

"Estoy listo."

Elladan le sonrió tranquilizadoramente.

"Aguanta, chico. No nos tomará mucho tiempo."

Y entonces, en silencio, los dos hermanos de Rivendel inclinaron los odres y vertieron el agua sobre todas las quemaduras de las piernas de Legolas.

Y, por enésima vez esa noche, Legolas gritó.

:( Pobre Legolas, ¡pero me alegro por lo de Shakmi! ¡Aplausos para Kel!