Capítulo 8
Legolas durmió a ratos durante el resto de la noche, ardiendo por la fiebre y dolorido. Los gemelos le habían envuelto las piernas en vendas desde los pies a los muslos después de aplicarle un ungüento en las quemaduras. Habían hecho la cataplasma con una planta a la que llamaban 'Lengua de goblin' debido a su forma y que habían encontrado creciendo a la orilla de un arroyo cercano. Las gruesas hojas negras estaban llenas de una sustancia gelatinosa y fresca que se utilizaba como bálsamo para quemaduras.
Keldarion miró hacia abajo cuando Legolas gimió. Un mosquito había aterrizado en la mejilla de su hermano menor, por lo que Keldarion lo espantó, cubriéndolo mejor con la capa. Los mosquitos vagaban por su campamento, pero los elfos eran reacios a encender fuego, sabiendo que con eso solo lograrían atormentar a Legolas tras la horrible experiencia que acababa de sufrir.
"Probablemente el rey se estará preguntando que dónde nos hemos metido" –dijo Elladan de repente, sentado al otro lado de Legolas y mirando hacia el sol que se elevaba en el horizonte.
"Sí, seguro –Keldarion asintió, encogiéndose internamente al imaginarse la furia de su padre cuando se enterara de su última escapada-. Creo que ya estará afilando su espada."
"¿Para qué va a estar afilando la espada?" –preguntó Elrohir, frunciendo el ceño.
"¿Para qué? Para asegurarse que esté afilada cuando nos corte la cabeza con ella –respondió Keldarion bromeando, mirándose las manos vendadas-. De esa forma no tendremos más malas ideas."
Los tres compañeros se rieron y luego volvieron a quedar en silencio, cada uno pensando en sus cosas y preguntándose cómo una sencilla broma pudo convertirse en un completo desastre.
La brisa de la mañana recorría el lugar suavemente. Las aves ya habían salido de sus nidos en busca de alimento, con sus cantares alegres. También había gotas de rocío sobre la hierba, brillando como diamantes bajo el sol. Era el comienzo de un hermoso día. Pero los elfos sabían que su día estaba lejos de ser hermoso.
Las heridas de Legolas eran tan graves que no podían hacer mucho más que sentarse a su lado y hacerle compañía durante su agonía. No estaba en condiciones de sentarse y mucho menos de montar a caballo, por lo que el trayecto hasta el Bosque Negro solo empeoraría el estado de sus piernas.
Keldarion y los gemelos sabían que no les quedaba más opción que esperar a que Legolas mejorara un poco, o que uno de ellos volviera al Bosque Negro y trajera un carruaje. Elrohir se había ofrecido para ello, pero los otros dos no querían que se fuera solo. Elladan no podía irse porque estaba encargándose de la fiebre de Legolas y Keldarion se negaba a dejar a Legolas fuera de su vista. Así que estaban allí atrapados, agrupados bajo el árbol como un grupo de vagabundos.
"¡Ah!" –gritó Legolas de repente, abriendo los ojos de golpe. En medio de su estupor, empezó a mirar a su alrededor frenéticamente, asustado.
Keldarion se inclinó sobre él al instante.
"Hey, todo está bien. Estás a salvo" –lo calmó, acariciándole la frente húmeda.
"Claro. Bien. Por supuesto –coincidió el príncipe más joven, con un suspiro de alivio. Cerró los ojos un instante, respiró profundamente un par de veces y luego se rio suavemente-. Un sueño tonto. Me asusté."
"¿Ah, sí? ¿Qué soñabas?" –preguntó Elrohir.
"Soñé que padre me obligaba a comerme todo el caldero de la sopa 'aliento de fuego' y luego me perseguía con una espada, diciendo que quería quitarme el cerebro ya que casi nunca lo usaba."
Los otros tres elfos se miraron durante un segundo antes de estallar en carcajadas, divertidos porque Legolas estaba soñando con Thranduil al mismo tiempo que ellos hablaban del rey del Bosque Negro. Todos pararon de reírse cuando Legolas tuvo un ataque de tos y Elladan le pasó el odre de agua a Keldarion.
"Dale de beber."
"No, no puedo beber más –jadeó Legolas con una mueca, empujando el odre débilmente-. Desde ayer por la noche no habéis dejado de darme agua."
"No podemos dejar que te deshidrates, Legolas. Las quemaduras hacen que pierdas una enorme cantidad de líquido, así que bebe. No queremos que te quedes seco" –dijo Elladan, mirando a su paciente.
"¡Pero mi vejiga está a punto de estallar!"
"Ya nos ocuparemos de eso más tarde –Keldarion le puso el odre en los labios-. Ahora bebe. No querrás que te obligue, ¿verdad?"
Legolas quiso protestar, pero no encontró fuerzas para ello. Tomó tres tragos de agua, casi ahogándose cuando se le fue por el mal camino y entonces, para su horror, sintió algo húmedo debajo de él.
"Uh… ¿Kel?"
"¿Sí?" –Keldarion guardó el odre de agua y se volvió hacia su hermano.
"Yo… creo que acabo de… uh… -la cara de Legolas estaba roja de vergüenza-. No podía aguantar, lo juro."
El príncipe mayor se quedó congelado. Tras mirar brevemente a los gemelos que también estaban sin habla, se agachó y apartó la manta que cubría a su hermano.
"Oh. No pasa nada, Legolas. Voy a limpiarte" –dijo Keldarion, tranquilizador.
"Lo siento –Legolas parecía a punto de llorar, incapaz de mirar a sus compañeros-. No sé qué me ha pasado. Yo… lo siento tanto…"
"Hey, hey. No te disculpes, ¿me oyes? –ahuecando el rostro de su hermano con las manos, Keldarion lo miró directamente a los ojos llenos de lágrimas de vergüenza-. Los tres lo entendemos. Estás gravemente herido y muy enfermo. Vamos a cuidar de ti, ¿de acuerdo?"
"Tenía tanto miedo…" –Legolas empezó a llorar en serio, temblando. De repente se vio otra vez en la hoguera ardiente, atado y completamente vulnerable, engullido por las llamas.
"Lo sé –Keldarion lo abrazó-. Siento mucho que llegáramos tarde. Desearía que no hubieras tenido que pasar por tal atrocidad."
"Yo también lo siento, Legolas –dijo Elladan, acariciándole la cabeza-. Deberíamos haber sabido que pasaba algo malo cuando tardaste tanto en volver del arroyo."
"Y también por la sopa –añadió Elrohir, apretándole el hombro-. Pero tienes que admitir que no tenías que acabarte el cuenco entero."
Legolas levantó la mirada y le dio una sonrisa llorosa al ver su expresión. Obviamente el príncipe manyan seguía traumatizado por la experiencia de la noche anterior. Las terribles escenas seguían dándole vueltas por la cabeza una y otra vez, pero era agradable saber que su hermano y sus amigos estaban allí para él. Nunca lo dejarían solo.
"Entonces vamos a limpiarte antes de que desarrolles una dermatitis del pañal" –bromeó Keldarion.
"Ja. Ja. Muy divertido, Kel. Me muero de risa" –respondió Legolas, secándose las lágrimas.
Mientras Kel lo limpiaba con un paño y un odre de agua, los gemelos sacaron más gel de la planta. Cuando Legolas estaba limpio y vestido con la camisa de repuesto de Keldarion, Elladan le quitó con cuidado las vendas de las piernas. El ungüento había hecho maravillas, puesto que la carne quemada empezaba a secarse y ya no se pegaba a la tela.
Aun así, Legolas no pudo evitar sisear y hacer una mueca de dolor cuando los gemelos aplicaron más medicina a sus heridas. Cuando terminaron, estaba tan cansado que volvió a dormirse. Ni siquiera se inmutó cuando Keldarion le acomodó la cabeza sobre un manto doblado.
Mientras Elrohir iba a rellenar los odres de agua, Elladan guardó las cosas en el paquete y Keldarion se quedó al lado de su hermano. Mirando la piel pálida de Legolas, el príncipe mayor suspiró.
"No deberíamos haber venido."
Elladan lo miró.
"Sí, pero lo hicimos. No podemos cambiar ese hecho. Estas cosas pasan, Kel."
"Padre nos encerrará por el resto de nuestras vidas."
"Mejor vivos que muertos –bromeó el otro elfo, tocando la frente de Legolas-. Ya no tiene fiebre. Ahora quedan las quemaduras."
"¿Van a sanar?"
Elladan asintió.
"Pero necesitan tiempo. También tendrá que hacer ejercicios para fortalecer los músculos afectados. Va a ser difícil, pero Legolas puede soportarlo. Es fuerte –luego sonrió-. Bueno, palabra incorrecta. En realidad es terco."
Eso hizo que Keldarion se riera.
"Sí. Eso es –luego se puso serio, con una dura mirada-. Pero esos humanos son… son… ¡Elbereth! ¡Ni siquiera sé cómo llamarlos! ¡Son tan ingratos! Legolas les salvó la vida, ¿y qué hicieron ellos a cambio? ¡Lo llamaron brujo y lo quemaron!"
"Ese Shakmi era un manipulador, Kel. Y esos seres humanos son débiles. No pueden tomar sus propias decisiones y creen cualquier historia que oyen por ahí."
Elrohir eligió ese momento para volver, con gesto frenético y corriendo hacia ellos. Alarmado, Elladan se levantó rápidamente y frunció el ceño.
"¿Qué? ¿Qué pasa, Ro?"
"La gente del pueblo. Muchos –explicó Elrohir, preocupado-. Vienen hacia aquí."
Parece que hace siglos que no actualizo jijiji pero no se preocupen que aquí está el nuevo cap. ¡Muchas gracias por los comentarios!
