Las fechas ordenan unos eventos respecto a otros, no indican fechas reales.
22 de Marzo
El primer día de primavera (Shura)
Todo empezó en Marzo, con aquel barco maldito de velas blancas, y con las quejas de Saga. Si no fuera por ellos dos, todo habría sido distinto. Yo habría sido mejor. No creo que pueda decirse que fuimos amigos, pero cuando éramos niños creo que estuvimos cerca.
Los aprendices se agolpaban para vernos bajar a los lados de la escalera. Yo caminaba tan recto como podía, pero no me conseguía quitar la triste sensación de que no era a mí a quien querían ver. Solo una voz gritó mi nombre, entre el coro de adoradores de todos los demás. Sagitario y Saga eran como dos torres doradas a mi lado, y Shion parecía flotar en el aire, eran todo a lo que todos aspiraban allí.
El patriarca ordenaba dispersarse a todos, con gesto molesto, mientras Saga no dejaba de hablar y desgranarnos por qué Aiolos no tenía razón en nada.
-¿Es ese santo tan malo?-pregunté a Shion, desesperado por conseguir algo de atención, pero el hombre no contestó, peor podía sentir tristeza entorno él.
Según nos acercamos a la orilla del coliseo, aún desde nuestra posición elevada, pudimos ver a la extraña criatura que era, simultáneamente, el Santo de Piscis y un criminal peligroso que debía ser condenado a muerte, según a quien escucharas. El niño estaba agarrado a la mano de un marinero gigantesco, y mantenía los ojos bajos mientras un grupo de aprendices de plata curioseaba sobre él, acercándose cada vez más. El marinero que acompañaba al muchacho era famoso por no meterse jamás en los asuntos de santos, y los aprendices debían saberlo. Pasaron rápidamente de la curiosidad a las burlas de palabra, que fueron completamente ignoradas, y de esas a las de gestos. El crío se apartó un poco, huyendo del exceso de volumen, pero no mostró ninguna reacción además de esa. Shion detuvo nuestra pequeña comitiva y se quedó observando con interés.
Los adolescentes pasaron de las palabras a los gestos, convencidos de que el extraño no hablaba su idioma, y de los gestos a las manos. Yo salté de santa indignación, decidido a hacer lo correcto, pero Shión me detuvo con la mano. Le miré sin comprender, la injusticia siempre me ha indignado, aunque en esta ocasión a la víctima no parecía importarle demasiado. Empujó la primera mano aventurera que intentó agarrar sus rizos de vuelta al dueño, y después empujó al dueño en sí, sin fuerza, en un gesto que era más comunicativo que ofensivo. El marinero miraba hacia otro lado, y rezaba para convertirse en roca. No funcionó, por supuesto. El adolescente se rió a carcajadas, secundado por sus amigos, y volvió a la carga. El muchacho volvió a detener la mano, y a empujarla hacia atrás, con paciencia. Una vez, y otra, y otra, y otra...Hicieron falta muchas repeticiones, un intento de patada, y más manos de las que podía bloquear con las suyas para que el crío empezara a hartarse. Se giró por fin, sin soltar la mano del hombre, de cara a los matones. No pude ver su cara, pero debió hacerles mucha gracia, porque se rieron de nuevo, preguntándose qué podía hacer esa bola de rizos, hasta que su cosmo empezó a elevarse. Un brillo tenue en el plano astral, una llamita dorada que creció en un instante hasta ahogar el brillo de una estrella, de una galaxia, de varias de ellas. L acara del crío se había vuelto una máscara de mármol. Los aprendices cayeron al suelo cuando sintieron el fuego de las estrellas alzarse ante ellos. Quedaron blancos, retrocedieron, convencidos de que aquello no podía ser peor, pero se equivocaban, la energía seguía creciendo, y entorno a su enemigo un aura dorada empezaba a ser visible. Algunos cayeron de culo, otros de rodillas, presa de sudores y temblores descontrolados. Los más valientes corrieron más deprisa de lo que habían corrido en su vida. Saga alzó su cosmos a mi lado, preparado para detener la carnicería inminente, pero Shion elevó la mano, obligándole a bajarlo de nuevo y a no intervenir.
La ráfaga de energía que encendía el plano astral se desvaneció tan silenciosamente como se había encendido. La máscara de mármol del pequeño extranjero se fundió en una sonrisa ingenua y amable. Dió un pasito alante, hacia el líder de los abusones, que estaba temblando en el suelo, y le ofreció la manita, esperando que le dejara ayudarle a levantarse. Parecía considerar que, habiendo dejado su punto en claro, no había motivos para no ser amable.
Yo ladee la cabeza, tratando de procesar qué significaba eso, Saga y Aiolos estallaron el uno contra el otro.
-¿Y aún tienes coraje de decir que NO fue él quien los mató?
-¿Y aún tienes coraje de decir que fue él quien los mató?
-¡Les ha amenazado, Diosa!
-¡No les ha hecho nada!
-¡Eran unos críos haciendo cosas de críos!
-¡Él también es un crío!
-¡Es un dorado, con ese poder no tiene derecho a ser un crío!
Shion suspiró, y me revolvió el pelo. Lo que sea que hubiera visto, le había quitado un enorme peso. Se agachó, y ahora que lo recuerdo supongo que estaría sonriendo, o de broma, no estoy muy seguro, pero la máscara no ayudaba y yo estaba tan obnubilado por el privilegio de que se dirigiera a mí e ignorara a los otros dos que no podía pensar.
-Ve al cuarto de los criados, y pídeles algo de tila...y varios pares de pantalones nuevos, creo que nuestro viejo lobo de mar va a necesitarlos.
Salí corriendo a cumplir la orden como diligente siervo.
