- ¡No me lo puedo creer! Dime que es broma, por favor.- Exclamo con hastío Rhaenys mientras releía la profecía del libro.
- A mi no me hace ninguna gracia. Pero no nos precipitemos esperemos a que lo confirmen los Barbas Grises. – la calmo Eirian intentando no pensar en lo que les esperaba por delante.
Los dos últimos Sangre de Dragón volvieron a leer la profecía para memorizarla. El viaje a las montañas de Alto Hrothgar era largo y peligroso, no podían permitirse el lujo de cargar con sendos volúmenes. Ese peso extra les vendría bien para que el carcaj no tuviera deficiencias de flechas. Rhaenys empezó a leer en voz alta pues le resultaba una forma mejor que recordarlo.
"La Profecía de los doce Dragones
Tras la desaparición de Alduin de nuestro mundo, la humanidad cayó en la profunda ensoñación de haber vencido a sus tiránicos dioses. Más aun eso no era cierto, los cuchillas lo sabían. Alduin regresaría en algún momento dispuesto a devorar el mundo a su paso.
Pero incluso los poderosos Dovahkiin no fueron conscientes del peligro oculto tras la muerte de Alduin. Aquí radica la profecía de los doce. Un joven aprendiz de los barbas grises y Sangre de Dragón tuvo una revelación tras dar muerte a su primer dragón. Las almas de humano y dios se fundieron en una. El joven pudo llegar a vislumbrar que ocurriría de vencer a Alduin de nuevo.
Murió pocos días después tras una intensa agonía en la que solo se entendían frases sueltas. Una de ellas fue la que mayor preocupación trajo a los Barbas Grises quienes ocultaron esta profecía a los ojos del mundo: Dos veces se alzara el hijo de un dios. Dos veces caerá. El mundo conocerá la destrucción de la mano de los dioses. Un pétreo dragón atacara y morirá. Una docena le sustituirá y a los seres de múltiples vistas aterrara. Aun lugar sagrado huirán y allí se cobijaran. Pero los doce no serán sino la sentencia.
Quince días pasaran y las montañas rugirán, los mares embravecidos las tierras anegaran y valles y ríos se desmoronarán ante la unión del fuego y el agua. Y los habitantes de Skyrim perecerán por la ira del dios agraviado por la pérdida del hijo.
Un Dovahkiin no podrá y tres sucumbirán ante el reto de aplazar la muerte del mundo. No lograran su destino alcanzar sin la espada, el báculo y el escudo hallar. Los vínculos fuertes deben ser o también perderán."
Eirian escucho ensimismado el relato mientras daba vueltas a todo el asunto de la profecía. Rhaenys cerró el libro enfurecida y cruzo los brazos provocando el tintineo de su armadura que aumento su furia.
- No me lo puedo creer. No podían habérnoslo dicho antes de mandar a Alduin de regreso con papa. – gruño mirando el rostro inescrutable del Khajiita.
- No te precipites, discutiremos lo referente a la profecía después de hablar con los Barbas Grises. Intentare que Paarthurnax nos de audiencia.
- Desde que Alduin murió no ha estado ahí arriba. ¿Cómo piensas hablar con él?
- Tenemos un amigo común que nos ayudara.
- La última vez que lo vimos nos prometió venir…Si no estaba ocupado.
- Esperemos que no esté ocupado.
- Lo mismo digo, esos ancianos nos han ocultado la verdad siempre que han podido.- gruño Eirian mostrando sus colmillos.
- No se lo tengas en cuenta están ahí arriba y nos les llega bien el aire.- bromeo Rhaenys.
- Graciosilla como siempre. – sonrió Eirian acercándose a la mesa y recogiendo los gruesos y pesados volúmenes y los coloco en sus respectivos lugares.
- ¿Cómo encontraste esos libros?- pregunto Rhaenys alzando una ceja al darse cuenta de lo rápido que lo había encontrado.
- Soy el archimago, me dieron el puesto por algo.- digo enigmático Eirian.
- Se lo preguntaste a Urag ¿A que si? – dijo Rhaenys. Los Khajiita estaban cubiertos por un grueso pelaje en todo el cuerpo, en el caso de Eirian de un pelaje negro y blanco con manchas grises. Esto impide reconocer algunas emociones pero Rhaenys estuvo convencida de detectar cierto sonrojo.- Lo sabia- afirmo sin más prueba que ese cambio imperceptible y es que esos ojos acerados no dejaban escapar ni el más mínimo e ínfimo detalle.- Debería ser yo la que ocupara tú cargo, soy diez veces mejor con la magia que tú.
- ¿Diez veces mejor en "todas" las clases de magia?- pregunto con una mueca burlona.
- Salvo la de destrucción. – accedió Rhaenys con resignación.- Yo no tengo la culpa que seas un bruto que solo piensa en la ofensiva.
- Me encantan tus cumplidos.- sonrió Eirian.- Para que quieres mi puesto, solo me quita tiempo.
- Porque tienes muchas obligaciones, eres lugarteniente de uno de los mayores ejércitos del mundo, por suerte los cuchillas ya no nos quieren ver ni en pintura, y el resto de tus obligaciones. Deberías abdicar de tu puesto y dármelo a mí así serias más feliz.
- Ni que sea un rey. Abdicar. Qué cosas dices. Aun necesito este puesto para un asunto.
- ¿Sabes que no parare? – inquirió con una sonrisa burlona.
- Tengo mucha paciencia, y llevas tres años pidiéndome el puesto. Eres mi mano derecha. ¿No te puedes contentar? ¡Oh! Claro que no, si no es archimaga no está contenta.- dijo jocoso Eirian sentándose en el pequeño jardín. – Podemos dejar esto para otro momento, estoy cansado, llevo tres días andando sin dormir, así que a no ser que quieras compartir mi lecho tendrás que ir a tu cuarto a descansar de tus heridas.- bromeo cansado, pero su osadía le valió un buen golpe en la nuca.
- Hombre tenías que ser. Prácticamente soy tú hermana. – se quejo aguantando la risa.
- Tú eres la que lo ha entendido como ha querido. Es culpa tuya el pensar esas cosas.- se defendió Eirian frotándose con sus palmas almohadilladas la parte trasera de la cabeza. Rhaenys intento volver a golpearle de forma amistosa pero Eirian ya estaba preparado y esquivo el golpe, agarro el brazo de Rhaenys y tiro haciéndola caer sobre el banco de piedra que estaba junto al sillón.
- Menudo caballero…
- Nunca dije serlo, nos conocemos desde hace… ¿Cuánto? Ocho años ya deberías conocerme lo suficiente.
- Esperaba que con el tiempo cambiases.
- Solo cambio por ti, y no voy a hacerlo siempre.- le lanzo una sonrisa picara que le valió un nuevo intento de agresión que se lo tomo a broma entre carcajadas contagiosas. Risas que se vieron interrumpidas de golpe. Alguien llamaba a la puerta.- Adelante- gruño Eirian.
- Señor Archimago, ¿podría atenderme?- pregunto una vocecilla tímida proveniente de una delicada muchacha pequeña de rostro alargado y ojos grandes de gran expresión. Era la primera alumna que recibió el Colegio tras el nombramiento de Eirian como Archimago, el Khajiita le cogió cariño en seguida, era una niña en muchos aspectos y Eirian se sentía en la obligación de cuidarla como el padre que nunca tuvo.
- Pasa Syrina, Rhaenys ya se iba ¿Qué te preocupa?- dijo Eirian lanzándole una mirada cargada de significado a Rhaenys, mirada que entendió de inmediato. "Vete a dormir" Rhaenys se despidió y salió de la sala saludando a Syrina en el camino.
- Señor. Quería preguntarle por la expedición de este trimestre. ¿Cuando se realizara?- pregunto la joven con algo de temor, pocas veces veía a Eirian con su armadura para el combate cuando estaba en el Colegio.
- Aun no lo hemos decidido, el consejo se reunirá mañana para elegir la investigación. Por eso he vuelto. Cuando se decida te iré a buscar personalmente para comunicártelo. – explico Eirian levantándose a pesar del cansancio siempre tenía fuerzas para Rhaenys y Syrina.
- Gracias, señor. Ahora…
- No me llames señor Syrina solo nos llevamos diez años, quince a lo sumo. Me haces sentir viejo.- bromeo Eirian. – Ahora si no te importa tengo que vestirme y tal vez dormir un par de horas.
- ¡Oh! ¡Por supuesto señ… Eirian! Ahora mismo le dejo descansar.- exclamo Syrina mientras volvía a la puerta y la abría.
- Hasta mañana Syrina.- se despidió Eirian mientras la puerta se cerraba.
Eirian dejo que el sueño le invadiese por fin y a punto estuvo de caer dormido en el suelo. Sin ningún tipo de estructura fue desabrochando las tiras de cuero y dejando caer la armadura que repiqueteaba por doquier, al caer contra el suelo de piedra. Su pelaje se erizo levemente al verse libre de su prisión habitual. Camino pesadamente hasta su cama y se dejo caer en ella.
Al mismo tiempo que él se dejaba llevar por el sueño y el agotamiento Rhaenys hacia lo propio en su cuarto aunque tuvo las ganas de dejar arreglada y colocada su armadura en una silla de madera. Intento taparse pero las heridas le molestaban por lo que a pesar del frio durmió boca abajo con la espalda descubierta.
Ambos se durmieron indagando en esa extraña profecía y su significado enigmático. Elucubrando el destino que les aguardaba en un futuro próximo. Ninguno de los dos era consciente de las poderosas fuerzas que estaban iniciando un juego que hacía diez mil años que no se repetía en el que ellos eran las piezas claves de la humanidad y el resto de seres vivos de Skyrim.
