El Paraje de Ivar se formó en la lejanía. Rhaenys ya arrastraba los pies mirando con resignación a Eirian que se mostraba alto y con algo de arrogancia. Siempre usaba esa táctica al entrar en los pueblos para llamar la atención. Era mejor mostrar una forma de conducta digna de un militar egocéntrico que entrar sigilosamente. De la primera forma llamaba la atención pero era olvidado pronto. De la segunda no le quitarían el ojo en todo el tiempo.
Por eso debían entrar de esa forma. Necesitaban intimidad. Eirian miro de reojo a Rhaenys y su forma cansina de moverse para darle a entender que estaba cansada. Sonrió para sus adentros y apretó el paso. Oyó como Rhaenys gruñía y tenía que empezar a correr para poder seguirle el paso.
- ¿Descansamos en el hostal? – pregunto Eirian. – También podemos parar a tomar unas jarras de hidromiel.
- Prefiero dormir una noche en una cama que no esté hecha de piedra e insectos.- respondió Rhaenys dándole una patada por seguir aumentando el paso. – O vas como una persona normal o te tiro al rio.
- Vale, vale. Vamos a la de siempre, y esta vez no se te ocurra ponerte a hablar con la hija. La última vez tuvimos que estar dos días en el pueblo porque te pusiste a hablar con ella toda la noche.
- Prefiero no contestarte a eso.- dijo Rhaenys entrando en el pequeño pueblo y dirigiéndose a la posada.
- Mejor. Que tengamos que subir esa puñetera montaña otra vez. Prácticamente somos alpinistas. Cuantas escaladas llevamos ya.
- Yo dieciséis, tú veinticinco. ¿Qué te hizo pensar que llegarías antes subiendo en línea recta?
- La lógica. La distancia más corta entre dos puntos es la línea recta. Anda entra.- dijo mientras le abría la puerta de la posada.
- Gracias. Aunque la distancia más corta sea la que tenga una pendiente vertical y unas rocas del tamaño de un mamut. – dijo Rhaenys entrando y acercándose al mesero.
- Eso solo son algunas complicaciones inesperadas. – se defendió – Buenas tardes. Dos habitaciones, por favor.
- Tres monedas de oro por habitación.- dijo el encargado. Eirian le dio el dinero.
- ¿Complicaciones? Tienes una curiosa percepción de las complicaciones. A las nueve.
- A las ocho, esas nubes del noroeste no me gustan, es mejor adelantarse a la tormenta. No quiero tener que subirla durante una ventisca. Bastantes problemas dan los lobos.
- Otra noche que no puedo leer. – se quejo Rhaenys entrando en su cuarto.- Buenas noches- añadió cerrando la puerta.
A la mañana siguiente, Eirian salió de su habitación vestido para la ascensión, la armadura pesada de color gris pardo, el casco con cuernos de dragón le confería un aspecto aun más temible que sus ojos ambarinos cuando esta cazando. Se ajusto los guantes nuevos, y como siempre sus garras atravesaron las puntas de los dedos de cuero. Bufó hastiado de que siempre los rompiera.
Se estiro un poco y comprobó que llevaba todas las armas. Cargaba con tantas armas que nadie comprendía cómo podía soportar ese peso. Rhaenys se lo preguntaba a menudo, ella siempre llevaba túnicas de Thalmor ligeras hechas para una máxima movilidad no concebía la forma de luchar del Khajiita y menos después de ver la forma de luchar de sus congéneres.
Eirian luchaba como un batallón de hombres de piedra. Lo golpeaban el resistía y golpeaba más fuerza. Pero cuando quería podía llegar a ser un formidable oponente difícil de acertar, con una velocidad mortal.
Rhaenys por su parte luchaba usando la magia y la velocidad. Golpeaba se escabullía y volvía a golpear. Sabía donde debía golpear para derribar enemigos cien veces mayor que ella. Era una estratega nata. Lo que Eirian tenía de fuerza bruta ella lo superaba en estrategia de combate.
Eirian se acerco a la chimenea del centro de la posada y movió las brasas con el pie cubierto de la gruesa armadura escamosa. Las chipas saltaron de la madera carbonizada y se posaron en su mano hasta convertirse en una llama que contuvo con magia, fue transformado la llama en varias criaturas con las que había tenido que luchar.
Cuando escucho a Rhaenys salir de su dormitorio la llama se convirtió en ella y se lo mostro. Ella sonrió. Llevaba la túnica de los Thalmor que había reparado antes de salir del colegio. Se había recogido el pelo y lo tenía tapado con un grueso gorro. No le gustaba el frio.
- Sabes creo que esta de aquí tiene menos arrebatos que tú. – dijo a modo de saludo.
- Te aburrirían sin mí.
- Eso no te lo discuto. ¿Preparada?
- Naci preparada. - dijo Rhaenys estirándose y poniéndose los guantes de cuero para escalar.
- Pues vamos.
Salieron de la posada y bajaron por la cuesta hasta el puente que daba acceso a la ruta. Debido a la hora temprana y al amenazador tono de las nubes, no se encontraron con nadie en absoluto. Eirian como era costumbre se paro frente a la primera inscripción y la leyó. Rhaenys siguió en su ascenso sin prestarle atención. La primera vez que subieron lo fueron leyendo y discutiendo sobre su significado.
Después la actitud de los Barbas Grises para con ella hizo que odiase todo lo referente a esos vejestorios como ella los llamaba. Escucho los pasos de Eirian poniéndose a su altura. Lo vio ponerse semiagachado. Miraba todo con una atención inusitada. Rhaenys subió la mano por la espalda y entorno sus dedos alrededor del báculo. Vio el movimiento borroso por el rabillo del ojo. Se agacho y desengancho el bastón mientras un lobo negro y amenazador pasaba sobre ella y golpeaba a Eirian que lo freno de golpe.
El chasquido de los huesos al partirse le indico que el lobo ya no era un problema pero lo que vio moverse por entre los árboles si lo era. Un ser grande y blanco se movía entre ellos. Bajando entre saltos y arrancando las ramas a su paso. Gruñía y rugía, sus colmillos amarillentos goteaban de saliva. Sus tres ojos no quitaban la vista de encima de sus potenciales presas.
Rhaenys conjuro un familiar para tener tiempo para preparar una bola de fuego para pararlo y vencerlo de un solo golpe. A su lado Eirian subió junto al lobo energético. El familiar mordió en el brazo al Trol mientras Eirian golpeaba la cabeza con el escudo de Quitina. El trol se balanceo hacia atrás aturdido. Eirian no desperdicio la ventaja. Saco el cuchillo y lo hundió en la pierna seccionando el tendón hasta hacerlo caer. El familiar se desvaneció al ser golpeado por el trol. Eirian vio como la pierna comenzaba a regenerarse.
Enfundo el cuchillo y desenvaino la espada, golpeo la pierna y el filo corto pelo, piel, grasa y musculo. Al llegar al hueso la espada se partió en dos. El trol enfurecido golpeo a Eirian en el pecho lanzándolo por los aires y arrancando todos los arboles que su cuerpo encontró en el proceso. El trol se levanto cojeando y fue a por Eirian que yacía en el camino unos metros por encima de Rhaenys.
Entonces una bola de fuego del tamaño de un oso golpeo y envolvió a la criatura haciéndola arder y retorcerse de dolor hasta que sucumbió al fuego y cayó en medio del bosque. Ya estaba muerto pero su cuerpo no lo sabía y seguía convulsionándose.
Rhaenys corrió a mirar a Eirian que ya se estaba levantando.
- Tienes suerte de que estés muerto maldito engendro. ¡Acababa de arreglar esta armadura!- maldigo Eirian lanzando una bola de fuego contra el cadáver.
- Estas vivo ¿qué más quieres?- pregunto divertida Rhaenys.
- Un enemigo que no intente destrozarme la armadura. Sabes lo que me gasto al año en material. Es una barbaridad.
- Tú eres él que gasta esas absurdamente grandes armaduras.
- de no ser por esta absurdamente grande armadura no podríamos luchar como luchamos.
- Buen punto. Seguimos o vas a buscar algo.
- No, vamos a seguir. No me apetece ponerme con el cuchillo a arrancar la piel de lobo. Acabemos con esto.
Siguieron ascendiendo por el sendero. Se encontraron con algunas personas que miraban las citas y meditaban sobre ellas. Ambos siguieron avanzando sin pararse a hablar. No tenían ganas de estar allí. Él tenía obligaciones con el ejército imperial y como Thane de Carrera Blanca. Y ella en el Colegio y con sus investigaciones mágicas. En definitiva tenían prisa para confirmar la profecía o para que les dejasen seguir con sus vidas.
Pasaron la quinta, la sexta, la séptima, hasta llegar a la decima cita. Subieron las escaleras del santuario y entraron. Las salas seguían igual que siempre hundidas en la penumbra. Vieron a Arngeir sentado en un banco del vestíbulo. Se pusieron delante de él. No saludaron, la cordialidad era algo que no se podía tener con gente que no puede hablar sin destruir todo a su paso.
- ¡Oh! Dovahkiin ¿Qué le trae por aquí?- saludo Arngeir mirando a Eirian. Este puso los ojos en blanco.
- Por última vez, ella también es Sangre de Dragón.- dijo señalando a Rhaenys que ya tenía los brazos cruzados y el entrecejo fruncido. Sus ojos plateados parecían proyectar veneno con furia.
- ¡Ah sí! La imperial.- dijo con soberbia como quien mira un simple insecto. Eirian poso su mano sobre el hombro de Rhaenys para contenerla, al menos hasta hallar las respuestas.
- Vamos a ver vejestorio. No me gustas y yo no te gusto. Hemos venido por una profecía, nos la confirmas y nos vamos.- gruñido con desagrado Rhaenys que pareció relajarse después de soltar aquello. Arngeir pareció querer decir algo pero Eirian dio un paso al frente.
- Hemos encontrado una profecía de la que no nos hablaste. – dijo Eirian. Arngeir miro a Rhaenys un segundo y luego presto toda su atención en Eirian.
- ¿Qué profecía?
- La de los doce dragones… - comenzó Eirian que relato todo el texto memorizado. Ambos vieron como el Barba Gris se iba poniendo cada vez más blanco. Eso no los tranquilizo. – ¿Es cierta? – concluyo Eirian al terminar de relatarla.
- Si, es cierta. ¿Cómo habéis dado con ella?
- Me ataco un dragón gris. Y ella vio una concentración demasiado inusitada de Trol de la escarcha.
- Entonces se está cumpliendo. Esperábamos tener más tiempo.
- ¿Esperábamos? – pregunto Rhaenys exasperada – Se puede saber porque no sabíamos esto.
- No lo consideramos necesario. Se supone que los doce dragones no aparecería hasta décadas después de la muerte de Alduin. – se justifico Arngeir.
- Bien, ahora lo importante donde encontramos las reliquias.
- No lo sabemos. Solo nuestro líder conoce su ubicación.
- Tendremos que hablar con Paarthurnax.
