Jugando con el formato ^^
En este capítulo, se mantiene el punto de vista de DeathMask, y se pone un drabble entorno al concepto "buenas noches", correspondiente a cada estación. Para ahcer más fácil seguirlo, aclaro que:
Primavera: Comprende desde el día en que los tres están en Santuario, hasta la muerte de Shión.
Verano: Comprende desde la muerte de Shión hasta el final de la adolescencia, con aproximadamente 16 años.
Otoño: Comprende desde los 16 años hasta el final de la Saga de Hades
Invierno: Todo lo posterior a la saga de Hades, o todo lo anterior a que lleguen a Santuario, dependiendo del mes.
Buenas Noches (Death Mask)
April 29. Primavera
El arbusto estaba cuajado en flores; flores blancas y grandes, campanillas en el suelo, olor a jazmines en el aire. Bajo él, había un capullo de gruesas zarzas, escondido entre arbustos y hierbas altas. Sospechoso.
Aparté las zarzas con cuidado,, mientras Shura y el resto seguían buscando. El pez dorado estaba hecho un ovillo en medio de aquella exuberancia vegetal, con un pulgar en la boca, y profundamente dormido. Con cada soplo de su aliento nuevas flores se abría, y nuevos tallos de zarzal crecían en torno a él.
Había una paz especial, una frescura única en aquel capullo de plantas. Fresco y tranquilo, como una nave de iglesia; libre, como una selva. Sentí calma. Calma como no sentía en años. Sentí que me abandonaba una carga monstruosa que había olvidado que cargaba. Había olvidado cómo era respirar sin una garra en el pecho, y ahora que lo recordaba...no quería volver a la realidad, nunca. Sentí ternura incluso, reblandeciendo todo entero. En aquel lugar protegido podía permitírmelo, y entendí por qué la gente se abandonaba a ella tan fácilmente. Me sentía débil, pero también me sentía feliz.
Quise meterme yo también ahí, y dormir, dormir hasta olvidarme de todo, pero cada paso que intentaba dar encontraba una selva de zarzas y espinas afiladas como dientes de piraña.
-Hey, Afro... -rogué el permiso de entrada con la peor de las muecas, convencido de que me echaría a patadas. No se por qué, simplemente lo sentía, yo traía oscuridad allí. La fierecilla se revolvió en su nido, y me, feliz ¿feliz? De verme, ¿a mí?. Afrodita se arrastró un poco a un lado, somnoliento, para hacerme hueco, volvió a ovillarse en el suelo.
Un camino se abrió ante mí, donde no había habido ninguno. Me deslicé entre las plantas, que ya no me veían como una amenaza sino que se doblaban suavemente bajo mis dedos, y me acurruque a su lado, en el espacio que me había dejado. Él apoyó su espalda en mi pecho, y yo le rodee con los brazos, para acomodarnos mejor. Su aliento fresco como lluvia cosquilleo entre mis dedos, y hacía brotar margaritas y violetas bajo ellos.
-Tienes que volver, Dido- le susurré, un poco triste, y tan bajito como pude
-No quiero-respondió, aún más bajito, y aún más triste-No me gusta estar aquí.
-Te matarán si no vuelven. Saga no hará, es la ley aquí.
-Me da igual- Su testarudez infantil no admitía discusión, y no intenté empezar ninguna Me quedé a su lado, haciendo esfuerzos de voluntad para no quedarme dormido yo también- Echo de menos el bosque Mask...Lo echo mucho d emenos. Allí, hacía lo que yo quería…
-No podemos vivir haciendo lo que queramos…
-Por qué no?
-No lo se…-y de verda,d no lo sabía, no se sentía siqueira como una buena explicación- o...también echo de menos mi casa...también hacía lo que yo quería allí...Echo de menos a mi madre.
No era algo que me permitiera pensar siquiera, mucho menos decirlo en alto, peor ese renacuajo con cabeza de escarola era diferente. El muy imbécil siempre lo fue. Le estrujó tan fuerte como pude, por impulso, y porque era verdad, porque echaba de menos todo eso en lo que no me permitía pensar. Le corté el aire, se contrajo como un pato de goma, pero no protestó. Se transformó a sí mismo en una muñeca, una copia perfecta del sito de peluche que me había dejado yo en casa, y se dejó estrujar y apretar y retorcer hasta que me sentí mejor. De pronto entendí qué estaba ocurriendo en Rodoiro, con todas esas muchachas apra las que hacía de muñeco y todas esas ancianas a las que dejaba llenarle de flores el pelo.
-Dido, mañana...les diremos que me perdí en el bosque, y tú me estabas buscando, ¿Vale? Así no querrán matarte.
-¿Mentir no está mal?
-No...Bueno...está solo un poquito mal, así que vale.
No le dejé tranquilo hasta que no aceptó. Una vez que lo hizo, ya tranquilo y convencido de mi supervivencia y la suya, me dormí con media frase en la boca, sin acordarme de Shura, de la ley, o de anda que no fuera la pequeña bestiecilla que tenía en los brazos, y sus preciosas flores.
July 20. Summer
La lluvia helada de rusia nos amenazaba con dolor, muerte, destrucción, y lo peor de todo, con hacernos dormir con los pies fríos. Afrodit ay yo íbamos camino de Tunguska, más conocido, por lo que recuerdo, como "el culo sin depilar del mundo en día de invierno". Una vez cerca del culo en cuestión, yo seguiría hacia allí para barrer el suelo con un par de tipos que se creían poderosos, y Afro seguiría camino de Moscú, para encargarse de una de esas cosas que requieren sutileza y que Saga siempre le encargaba a él, no recuerdo cual era.
Tras un día de caminar a través de las regiones más remotas y el clima más monstruoso que la madre Rusia tenía para ofrecer, habíamos acampado para pasar la noche dentro de un capullo de ramas de hiedra espinosa y ramas de rosal. Yo había vomitado insultos cada paso del viaje, insultos en italiano durante los pasos más largos, pero mi amigo estaba como una cabra, y la lluvia helada le había puesto nostálgico. Mientras yo maldecía él clima y encendía mi cosmo para mantenerme caliente, él sacaba el dedo por una abertura en la pared vegetal para observar cómo las gotas de agua se convertían en hielo nada más caer sobre él, formando elaboradas y dolorosas torres de cristal sobre su piel.
-Es oficial. Estás enfermo- confirmé con solemnidad. Él me sonrió, travieso, y volvió a meter la mano dentro de nuestro refugio. La grieta en la pared se cerró tras él, cortando el paso al aire frío.
Con cuidado, Piscis retiró con cuidado la delicada columna de hielo que se había formado sobre sus dedos, y me la ofreció. Recuerdo las gotas de hielo coronando su cabeza aún. Se habían formado en el viaje, y no se había molestado en sacudirlas aún.
-Mírala un rato. Quizás así te pongas de mejor humor- Observé el objeto, con cuidado exagerado, como si me fuera a morder- Es bonito, verdad?
-Pseh, si, supongo, si te gustan los penes de alienígena helados
-No especifiqué cómo tienes que utilizarlo. Si te hace más feliz...ve por ello
-Seguro que no quieres retirar eso? Porque me lo estás poniendo fácil…-Nos reímos los dos, claro que nos reímos! Eran bromas de chicos, y éramos muy machos los dos! Yo, al menos, lo era!
Afrodita pateó su armadura para sacarla de enmedio, se escurrió hacia el lado norte del refugio, para dejarme la mitad más cálida, y se hizo un ovillo de pelo y capa blanca para dormir. Yo me tumbé a su lado, mirando en la misma dirección, y también cerré los ojos, dispuesto a dormir domo un bebé. Al menos, mi cabeza estaba dispuesta a ello, el cuerpo cálido de Afro estaba demasiado cerca de mí, y el resto de mí cuerpo tenía otros planes. El calor de su piel llegaba hasta la mía a través del aire helado que nos separaba, insinuando lo dulce que sería estar un poquito más cerca de ék. Cada vez que respiraba, el olor de su cabello, primavera en proceso de extinción, me entraba por la nariz como una aguja de lobotomía y se me clavaba en pleno cerebro, volviéndome loco. Podía ver la suave curva de su cuello, la silueta de todo su cuerpo, perfecto y vagamente similar al de un adulto, expuesto frente a mí, invitando...Invitandome a demasiadas cosas...Y por supuesto, ocurrió otra vez. Cómo no iba a pasar, si estaba mirándole el cuello como un vampiro con retraso mental?
Me dí la vuelta y me arrastré tan lejos de él como pude, rojo como u tomate y muerto de vergüenza. Miré de lado a Piscis, esta vez rogando porque no hubiera notado "nada", y volví a revolverme en el sitio, sin entender una palabra de por qué me pasaba eso o de qué significaba. Solo sabía que eso no debería estar tieso, y no apuntando a un compañero de trabajo.
No había muchos sitio para correr, seguíamos tocándonos espalda contra espalda, pero, al menos, no podría...ver nada, y si me movía de noche no le..ehm, toca´ria con ningún apéndice que requiriera aclaraciones.
Estaba muerto de vergüenza, pero me decía que no pasaba gran cosa. Él se dormiría pronto, no notaría nada, y yo solo tenía que devolver esa cosa a su estado normal a base de fuerza de voluntad concentrada, evitar mirarle de nuevo, y la noche pasaría tranquila y sin incidentes.
Mientras yo me repetía tan razonables argumentos, Afro respiró profundamente, a punto de quedarse dormido, y levantó todo mi cuerpo en una revolución armada. Su voz estaba un poco ronca por el aire seco, sonaba a que...bueno, a que el aire estaba seco, que lo estaba, peor hacía pensar en qué más podría haberle dejado ronco, quizás haber gritado demasiado, y cómo podía darse eso? Bien, ki imaginación decidió poner todo su poder en rellenar esa pregunta, estallando en coloridos fuegos artificiales que no ayudaba a calmarme en absoluto.
Por un momento, la idea de esperar a que Afro se durmiera del todo para resolver mi problema por la vía más placentera se me pasó por la cabeza, y cuando digo pasó, quiero decir que puso campamento, hizo barricada,s y se preparóa vender cara su vida, porque soy un completo imbécil. Diré en mi defensa que tenía catorce años, y mi cerebro era un órgano principalmente decorativo..
Al final, el pavor de ser descubierto por mi amigo y verdugo fue más fuerte que el peso específico de la estupidez. Me ovillé de nuevo, tratando de no pensar, decidido a no pensar! A no pensar en por qué me pasaba esto! A mí! Slo a mí! Cada maldita vez! Y encima el idiota del pez dormía tan tranquilamente, mientras yo lo pasaba así! No era, justo! Esto era culpa suya a fin de cuentas!
En medio de mis cavilaciones Afro se movió otra vez. Su pie desnudo me rozó la pierna, y mandó corrientes eléctricas y más fuegos artificiales por todo mi cuerpo. Le dí un codazo en las costillas como respuesta, con toda mi frustración y toda mi rabia.
-Auch! Qué c****** Mask?!
-Ocupas demasiado!-ladré, sin volverme, acurrucandome más en la capa y muerto de vergüenza- Muévete hacia tu p*** lado! O agranda esta p*** cosa!
-¡¿Qué demonios te pasa últimamente?!-se quejó a mi coronilla- Pedazo de imbécil...podías haberlo pedido simplemente, sabes?
Se volvió a tapar con su capa y, a pesar de la indignación que exudaba por cada poro, y de que tendría todo derecho y toda capacidad, para abrir el refugio de plantas y echarme directo a la nieve, gateó hacia la pared norte y me dejó tanto sitio como le fue posible.
Ese gesto me hizo sentir culpable, peor, en ese momento, estaba sintiendo demasiadas cosas como para centrarme en culpa específicamente. Las gotas de hielo de su cabello se estaban fundiendo, y se escurría por su cuello como si fueran sudor. El vergonzoso impulso de acercarme a lamerlo era ahora mismo el principal en mi lista de cosas horribles de las que debo ser consciente.
Esa no fue la primera de mis noches infernales en una misión compartida con él, por supuesto. Cda suspiro, cada sonido ronco que hacía al dormir, cada roce de su piel pulveriza mi paz mental y hacía trizas los pobres restos de mi dignidad.
Al final, me las apañe para solucionar ese problema, tras un largo periodo de agonía, y por el infalible método de perder a mi mejor amigo. Como hemos dicho, soy un grandísimo imbécil.
November 10. Fall
Había vuelto. Siempre volvía, cíclicamente, cada vez peor que la anterior. Con esa edad había pasado de simple sensación de desesperación y era un vórtice aullante que giraba en círculos y te traía las mejores visiones del infierno. No visiones falsa,s no pesadillas, visiones que sabías eran reales. Esa, era la mejor parte, tener el infierno dentro, chillando tan fuerte que ni siquiera puedes oir los gritos de las máscaras de fuera.
No había mucha gente con huevos de acercarse a mí cuando se desataba la tormenta, ni siqueira en Santuario. O quizá,s no había nadie con muchos motivos para intentarlo.
Afrodita solía venir cuando esto me ocurría; incluso se mudaba a mi templo y dormía a mi lado, y yo le agarraba como asa a la realidad mientras trataba de ignorar la desesperación inexplicable que me arrancaba el alma a tiras. De niños, le hice prometer que nunca me dejaría solo cuando tuviera que pasar por esto, y él lo había prometido, peor hacía mucho de esa época. En el momento presente, presente para entonces, las relaciones entre el epz y yo habían pasado el nivel de hostilidad abierta y estaban de pleno en el rango de guerra civil. No esperaba verle esa noche, no había venido als anteriores, y yo le había dejado muy claro que no quería nada de él. El dolor tiene una cualidad, sin embargo, te obliga a ser sincero. Lo negaría si sobrevivía a esto, lo había negado antes, peor en ese momento lo único que podía pensar aparte de que todo el mundo iba a morir y nada que hiciéramos importaba, era que le echaba de menos.
Pero no iban a permitírmelo. Una gota de perfume líquido refrescó el plano astral de la casa de Cancer. Levanté los ojos, llenos de terror y rabia, y de esperanza, para qué lo voy a negar, peor terror y rabia antes que nada. Si iba a perder la cabeza, y esa noche estaba seguro de que iba a perderla, quería al menos conservar el orgullo. No me iban a permitir ni siquiera eso?
-Sal de mi p*** templo Piscis! O te sacaré yo!Los intestinos primero!No necesito nad ade tí!
Su silueta se dibujó entre las sombras del cuarto, meciéndose como una brizna de hierba al viento, arrogante como solo el muy g*******s es capaz de ser.
Entré en pánico, pensando que si me veía en este estado mi humillación sería completa, que venía únicamente porque sabía que no estaba en condiciones de enfrentarme a él, en ningún sentido. Quizás había venido a ver si lloraba! Oh, claro, a ver si lloraba como una niña, se quedaría ahí de pie mirando! Es lo que yo haría, de haber estado en su lugar! pero me equivoco, ni siquiera se acercó lo suficiente como para que pudiera verle.
Una rosa roja cruzó el aire a la velocidad de la luz y se clavó a mis pies, como una flecha roja
-THE HE DICHO QUE NO NECESITO TU JODIDA COMPASIÓN
-No tienes mi compasión- informa de lejos, sin molestarse en entrar en el cuarto- Pero tienes mi palabra
Sacudió la cabeza, arrogante, como siempre, para señalar la flor, y luego se dio la vuelta
-Huélela. Te ayudará a dormir. Tus gritos tienen a todo el puto plano astral despierto.
December 24. Winter
No duermes en el infierno. Tampoco te desmayas, o pierdes el conocimiento, o deliras. Tu mente está siempre clara, siempre en marcha, siempre pensando. Solo hay sufrimiento, y locura, hacia la que los doce nos estamos deslizando lentamente.
No hay pausas tampoco. Sólo están tus pensamientos, tu respiración, tus alaridos, los alaridos de tus amigos se mexclan y se solapan en una corriente continua. A veces, sientes que estás atrapado en una pesadilla eterna, pero ninguna pesadilla puede doler tanto.
Está frente a mí. Sé, racionalmente, que su cabello no huele a rosas, no puede oler a nada como un alma en el infierno, peor el recuerdo de ese perfume está tan clavado en mi memoria que juro que puedo olerlo cada vez que miro hacia él. Olor a flores amargas y primavera en proceso de extinción.
-Hey...Afrodita…
Él levanta la cabeza, a duras penas, y me mira con indiferencia. Sus pestañas están cubiertas de sangre coagulada. Sus ojos no han brillado en eones.
-Hm?
-No tendrás una de esas rosas que me llevabas de vez en cuando, verdad? Ahora mismo, me vendrían bien
Me mira como si quisiera matarme con sus propias manos. Luego,s e da cuenta de que eso no tiene mucho sentido, en las presentes circunstancias. Querer matarme no lo tiene, querer cosas tampoco lo tiene. Se ríe, o más bien, echa aire por la nariz haciendo ruido; y me dirige una sonrisa partida y sin alma. No diré que verla es peor que lo que nos hacen estos tipos, porque no hay nada peor que eso, pero sí puedo jurar que verle así es peor que casi nada que pueda sentirse estando vivo.
-No, lo siento, creo que las olvidé todas en la guantera del coche.
-Una lástima...esas cosas eran geniales, sabes?- Se esfuerza en mantener la sonrisa un poco, o, al menos, en mantener la mitad.
-Te callaban, eso seguro.
Un alarido de Milo de Escorpión sacude las paredes, rasga el aire, rasga el alma de quien escucha, y pone en ridículo al mismísimo concepto de dolor. La voz se mantiene en el aire varios segundos, haciendo añicos toda sombra de humor que pudiéramos haber reunido entre los dos. Retiramos la mirada, pensando demasiado sobre demasiada gente, mientras el grito muere. No han terminado con milo aún, pero les queda poco.
-Después es tu turno-Las palabras me queman la garganta al salir. Tu cerebro no colapsa, no importa lo que pase, estás siempre pensando. Siempre consciente.
-Sí, voy después de él.
