El silbido de una espada afiliada es único, cada espada tiene una voz, una armonía que solo el que la esgrime puede percibirla en todo su esplendor. En combate el batir y entrechocar de dos espadas no es más que una lucha por ver cual tiene una voz mejor. Muy semejante a la lucha de los dragones.
Lo dragones se enfrentan en una lucha dialéctica en la que su Thu`um es su mayor y mejor arma. Las espadas tienen a su portador como única arma de protección. Un mal portador puede hacer perder a la espada más poderosa. Estas enseñanzas intentaba Eirian canalizar a la mente tozuda de Rhaenys.
La joven imperial era muy diestra con su bastón y temible con su magia pero no era capaz de ofrecer una defensa ofensiva solida. Dependía de sus reservas mágicas para combatir. Si se llegaran a acabar en un punto crítico podría morir. Eso era algo que Eirian no pretendía tolerar. Antes de salir en busca de las reliquias y de Paarthurnax empezó a entrenar a Rhaenys en el noble arte de la esgrima. A espada y escudo. Ataque y defensa.
- Retrasa la pierna derecha. Eleva los hombros. No pienses, siente. – ordenaba Eirian mientras golpeaba una y otra vez con su espada. Rhaenys era capaz de desviar la mayoría o bloquearlos pero la cansaban rápidamente. – Utiliza la fuerza de su enemigo en su contra.
- Para ti es fácil decirlo. Eres el que golpea. – espetó Rhaenys con un resoplido. Eirian golpeo la rodilla y la joven cayo.
- Usa la fuerza de tu contrario. – le repitió antes de derribarla con un golpe en la cara. Rhaenys se derrumbó pero usando ese consejo rodo como una peonza, uso la fuerza transmitida en el golpe para ganar velocidad y lanzó una patada lateral que derribo a Eirian. Antes que el Khajiita pudiera defenderse tenía la espada corta de su alumna en el cuello. No pudo contener una risa de satisfacción. – Bien. Aprendes rápido.
- Tengo un buen maestro.
- Y muy malas pugas.
- Eso también. – ambos terminaron riendo mientras se sacudían el polvo y volvían a la casa. – Esta mañana recibí una carta de un compañero del Colegio.
- ¿Alguien de quien tenga que preocuparme?
- Tonto… Dice que hace una semana paso por Laberintia y vio un humo negro y denso salir de entre las rocas de los picos.
- Puede que no sea nada.
- O que lo sea todo. Ya viste las imágenes. Un volcán. Si está formándose en Laberintia es mejor confirmarlo y evacuar la zona.
- Odio ese sitio.
- Pues a mí me encanta.
- Por eso lo odio, la última vez lo atravesamos a base de insultos porque a cierta rubia le dio por no llevar un arco con ella.
- Pero que malas son las rubias ¿Verdad? – repuso con sorna. – Nuestro grisáceo amigo tampoco quiso llevar uno.
- ¿Y dónde sugieres que me colocara dos arcos?
- No lleves tantas armas de mano a mano y tendrás sitio de sobra.
- Siempre con la última palabra.
- Siempre. – corroboró Rhaenys entrando en el baño.
- Y siempre adelantándoseme en el baño.
- Si no llevaras una herrería a cuestas me ganarías alguna vez.- dijo Rhaenys a través de la puerta.
- Voy a comprar la comida, y las provisiones. Saldremos mañana.
- Vale. Tráeme algo de miel, tengo el pelo sin brillo.
- Lo que hay que oir. – murmuro Eirian cerrando la puerta de la calle y caminando en dirección al mercado.
Al día siguiente contrataron un carromato que los llevase a Laberintia. Llegaron con las últimas luces del crepúsculo. Acamparon al pie de la montaña para ascender al amanecer. No tenía mucho sentido esperar, era una cueva y como tal el día y la noche le era ajeno y sin importancia. Pero ambos tenían una sensación rara en la nuca, como si estuvieran siendo observados.
Prefirieron esperar al amanecer para entrar para comprobar que nadie les seguía. La sensación de escrutinio absoluto persistió toda la noche y no les dejo dormir. Sus ojos rastrearon los alrededores con minuciosidad pero no vieron nada, ni el brillo de unos ojos amarillos, propio de los lobos. Nada, el bosquecillo estaba muerto.
Antes de que la oscuridad abandonase el cielo ellos ya estaban a la entrada del sistema de cuevas, no habían descansado, estaban agotados y somnolientos pero al menos habían tomado la precaución de subir lo más sigilosamente que pudieron para no atraer la atención de lo que fuera que les vigilase.
En más de una ocasión mientras ascendían se paraban en seco y se giraban alertados por el sonido de unas pisadas que no eran las suyas pero que intentaban serlo. Y en las mismas ocasiones se pusieron de nuevo en marcha sin ver u oir nada.
Entraron a la cámara principal de la entrada, los esqueletos que le impidieron la entrada la primera vez que se adentraron acumulaban polvo en los rincones. Eirian bloqueó la entrada con unas cuantas rocas y Rhaenys la congelo, sea lo que sea lo que los seguía tendría que buscarse otra entrada, y la más cercana haría que ellos estuvieran detrás, alterando las tornas.
- ¡Qué bien! -exclamó Rhaenys - ¿Dónde está el esqueleto de Dragón? – preguntó mirando por la sala.
- Buena pregunta. Y tenemos la respuesta justo delante. Fíjate en el suelo, hay una capa de polvo uniforme pero aquí y aquí, hay señales de arrastre, pero no hay rastro de pies o botas. El esqueleto se ha arrastrado por sí solo.
- Perfecto, primero nos sigue un capullo más silencioso que el batir de una mariposa en plena tormenta y ahora tenemos un dragón anoréxico suelto por este laberinto. Las cosas no paran de mejorar. – espetó mientras le daba una patada a una calavera pulverizándola al chocar contra la pared contraria. Eirian siguió adelante, en esas circunstancias era mejor dejarla desahogarse. Avanzaron un par de kilómetros, siempre bajando. Se encontraron con más restos de sus excursiones anteriores.
- ¿Lo notas? – preguntó Eirian al detenerse en una encrucijada, hacia unos minutos que la sensación de ser observados había vuelto, pero él no se refería a eso.
- Si, delante hay algo esperándonos y los pasillos laterales se escuchan como si hubiera una riada en ellos. – dijo Rhaenys. – Y nuestro amigo sigue detrás.
- Eso me temo. – dijo agachándose. – Podríamos enviar tu familiar a ver que es.
- Eso está bien, pero y si hacemos esto otro. – y diciendo esa frase lanzo una bola de fuego inmensa contra el pasillo adentrándose en una cámara. Algo rugió, Rhaenys corrió con la espada desenvainada y la mano contraria brillando con fuerza a causa de la magia canalizada en ella.
- La madre que… Ese es mi trabajo. – gruñó Eirian siguiendo a Rhaenys al tiempo que desenvainaba la espada y se cubría con el escudo de quitina. Entró en una sala de techos tan altos que se perdían entre las sombras. El suelo retumbó y Eirian salió despedido contra una pared. Algo grande y rápido le había golpeado el pecho. No tardó en levantarse y cargar contra el enemigo, el esqueleto de dragón parecía más grande y temible que la última vez pero eso no estaba achantando a Rhaenys, una fina capa de hollín ya se acumulaba en el cráneo alargado. Rhaenys usaba un hechizo de ascuas y estaba envolviendo en fuego el esqueleto. El dragón lanzó una estocada con su afilada cola, Eirian lo bloqueó y con un mandoble destrozó la punta de la cola, transformándola en una nube de astillas.
- Muérete de una vez ¡Capullo! – gritó Rhaenys con furia, ya no usaba la magia, estaba dándole con el bastón. Y no tardó en darle de patadas. El dragón ya reculaba en un intento de huir pero Eirian estaba tras él. Acorralado intento embestir contra Rhaenys, pero la maga estaba preparada, rodó por el suelo. Abrió la boca y su Thu`um retumbó en el cargado aire. El esqueleto se convirtió en una montaña de huesos de todos los tamaños.
- Cada día estas peor. – felicitó Eirian enfundando su espada, habían bajado demasiado rápido la guardia. El suelo se agrietó. Notaron como la cámara se desmoronaba. Eirian fue el primero en reaccionar, agarró del brazo a Rhaenys y corrió tirando de ella hasta la salida más cercana. Apenas les separaban un par de metros para ponerse a salvo en uno de los pasillos secundarios cuando Eirian notó como perdía el equilibrio y caía hacia atrás. Su cuerpo blindado choco con un ruido metálico contra el suelo que se mantenía firme. Un metro por debajo Rhaenys colgaba ingrávida del vació en el que se había convertido la cámara. No mostraba ninguna preocupación pero su mano se apretó a la de Eirian cuando miro hacia abajo. – No puedes soltarte – le ordenó.
- No estas en posición de ordenarme eso. – bromeó Rhaenys, miró su báculo con cariño y lo soltó para agarrarse con la otra mano a la que le tendía Eirian. El bastón giro en el vació hasta perderse en la oscuridad.
- Si no te sueltas te nombro Archimala.
- No es que no me guste esa proposición, pero ambos sabemos que no puedo cumplirla. Te estas resbalando y no podemos permitirnos caer los dos.
- ¡Ni se te ocurra!
- Te has dado cuenta antes que yo, hay abajo hay un lago subterráneo, no me voy a matar. Podrás bajar a buscarme. – dijo Rhaenys mientras sus manos seguían resbalando de las de Eirian.
- ¡No! ¡No sabemos que puede haber en ese sitio! – bramó con furia contenida por la aparente indiferencia de su amiga ante una caída mortal. Su cuerpo siguió deslizándose hacia el borde.
- No es propio de ti ser tan brusco. – bromeó Rhaenys, soltó una de sus manos. Eirian trató de volver a atraparla pero no pudo estaba demasiado lejos. Con la mano libre se coloco una mascara de brillos azules. – ¿Estas más tranquilo ahora? Con la mascara puesta podré crear un escudo lo suficientemente potente, no me matare. Lo prometo. – y diciendo esto se soltó.
- ¡Rhaenys! – gritó Eirian en un rugido aterrador.
