25 de Marzo.

Un toque de Destino (Afro)

Antes de dejarme ahí, dijeron algo sobre la voluntad de la Diosa, algo de lugares sagrados. Yo solo sabía que había sal y rocas afiladas y un mar apestoso, Tibio como el sudor y las lágrimas.

Ni siquiera fue tan malo, al principio. Siempre fui buen nadador, y el ruido de las olas y los golpes con las rocas te impedían pensar demasiado. Ni siquiera pensar en casa, donde el agua estaba fría.

Mi energía se agotaba, y mi cabeza giraba cada vez más deprisa. Demasiadas cosas ocurrían demasiado seguidas; comprender el tamaño del mundo, un poco de él, lo incapaz que era de enfrentarme a todo él , se mezclaban con el agotamiento y el sudor. Y estaba la llamada cantarina de la armadura cada vez que mi energía se quebraba, hipnotizándome, haciendo que me olvidara de todo lo demás. La deseaba, no era por razón sino por instinto, el mismo instinto que parecía conocerla desde que nació, y que me decía que ese metal ronroneante traía una argolla al cuello que jamás podría soltar una vez dejara que me la pusieran. No tenía ningún deseo de dejarme atrapar, era en lo único en que razón e instinto estaban de acuerdo, y, en medio del mareo, mientras todos mis recuerdos se torcía y desaparecían en la furia de las olas, decidí que no llamaría a la armadura de nuevo. No fue una decisión del cerebro sino de las tripas, ni siquiera el corazón tuvo anda que ver con esto. No quería esa cadena. La conocía. No sé de qué, pero la conocía, sabía lo que me haría, y me negaba a pasar por ello.

No se cuanto tiempo pasé luchando con el agua hasta que ví un bulto con forma humana flotar entre las olas y golpear contra las rocas de la pasarela lejana

Un toque de Destino (DM)

Lección número uno para la vida eficiente, dirigidas al joven DeathMask: Capullo, no te metas con gente más fuerte que tú. Con esa nunca tuviste problemas, por suerte, es bastante intuitiva.

Lección número dos de la vida para el joven DeathMask: Si te metes con sujetos más débiles que tú, al menos cuéntalos antes, para asegurarte de que no son varias docenas. Para más información sobre este concepto tan útil, buscar "marabunta" en el diccionario, y artículos relacionados. Con este,a dorado yo, siempre has tenido algunos problemas.

Lección número tres de la vida para el joven DeathMask, y una que habría sido utilísima en su momento: Si no sabes nadar, vives en la costa, y todo el mundo te odia, no le digas a nadie que no sabes nadar. En serio, es una malísima idea. Pésima. Y si has sido imbécil ya, procura no andar cerca del borde de nada que tenga agua al otro lado.

En serio, enano, ¿En qué estabas pensando?

En los dorados, por supuesto. Sobre todo en de nuestra edad, eso remarcaba más aún que era inalcanzable. Esa línea de poder, esa sensación de dioses entre nosotros, me tranquilizaba.

Si al menos hubiera sabido quién fue, o quienes, habría tenido una idea de cómo me lo había buscado. Quien fuera había tenido, por fin, las agallas de poner una línea en la arena, pero después de hacerlo se habían escabullido entre los arbustos como las ratas que eran, dispuesto a pasar el resto de tu existencia bajo una piedra, ni la líne ani tú os ganáis mucho respeto, al menos, no por mi parte.

Si los tipos hubieran dado la cara quizás habría sentido algo de respeto. Quizás no me hubiera vengado siqueira! Es muy improbable, cierto, peor no totalmente imposible, Mi problema con esas ratas miserables era su cobardía, capaces de todo por evitarse un poco de dolor, y aún con agua salada quemándome los pulmones, y dolor de cabeza mientras el mundo se volvía negro, solo recuerdo la rabia. La rabia, y una energía suave y dulce mezclándose con las olas, llamándome fuera de la oscuridad como una canción de sirena.

Un toque de Destino (Afro)

No conseguía alcanzar al otro niño. Las olas lo rebozaban sobre el lecho de arena y lo lanzaban contra las rocas, pero nunca lo traían lo suficientemente cerca de la reja.

No estaba muerto, y debería haberlo estado hacía bastante tiempo. Podía sentir su energía luchando rabiosamente por sobrevivir, y si él no se rendía yo tampoco podía hacerlo, pero estaba exhausto por resistir el lugar yo mismo, y mi energía se volvía cada vez más débil.

Trataba de empujar las olas lejos de él, para que tuviera tiempo de salir de allí, pero usar demasiada energía no bastaba, las olas se colaban por los lados, y usar demasiada lo lanzaba a él también hacia atrás, directo al agua en retroceso. Aún cuando conseguía apartar el agua de él, el chico apenas se movía. Caía a la arena, recuperaba la conciencia y se sacudía espasmódicamente a intervalos cada vez más distantes, mientras el mar se retiraba y avanzaba.

Me empezaba a faltar el aliento, y notaba, con horrible seguridad, que emplear demasiada energía pronto no sería algo de lo que tener que preocuparme. Apreté los dientes, me forcé a concentrar mi cosmo de nuevo, y empujé la bahía entera hacia atrás, forzando las olas a retirarse. Él cayó sobre la arena y empezó a toser, y a revolverse desorientado, pero demasiado tarde, y demasiado lento. Mi energía se quebró, el mar tibio volvió con una venganza pendiente, le tragó, y a mí me lanzó contra el fondo de la cueva. Mi espalda pegó contra las rocas, el agua tiró de mí hacia abajo en un tirabuzón asqueroso y cálido. En la oscuridad azul sentí el cosmo del otro niño, latiendo, y concentrándose como la llama de un cigarro bajo el mar. Apreté los puños de nuevo, y volví a extender mi cosmos, haciendo retroceder las olas, pero no lo suficiente. Pude correr a la reja de la entrada y agarrarme ahí para ver, peor el niño no tuvo tiempo de despertarse, solo tosía agua instintivamente con los brazos muertos y el torso dando saltos.

Me concentré hasta que sentí que mi cerebro crujía. Yo era más fuerte que ese chico, y tenía que protegerlo, porque él no podía hacerlo solo. El crío estaba en tierra seca y su energía estaba ardiendo, peor él no se movía. Oí una tos débil y un gemido articulado. Doble mi esfuerzo por seguir emitiendo suficiente cosmoenergia como para mantener el mar atrás. Me faltaba el aliento, se me nublaba la mente, y mi barrera temblaba a ojos vista. Finalmente se quebró. Mientras resistía el envite del agua que recuperaba terreno robado con furia, agarrado a los barrotes podía oír mi armadura. Me llamaba, gritaba en mi cabeza cuando el mundo se volvía borroso, o cuando mi energía cedía y yo no lograba siquiera respirar. Prometía todo tipo de poderes y milagros en un lenguaje extraño, pero el precio a pagar a cambio de ese poder se le escapaba en burbujas por la comisura de los labios, como el monstruo rabioso que era.

Me negaba a pagar ese precio. Me negaba, empujaba las olas de nuevo, y rezaba a nada en concreto porque el chico reaccionara a tiempo y se arrastrara hacia las rocas que había había a un lado. Pero no sucedió. Pronto no fui capaz de darle suficiente tiempo ni siquiera para escupir agua. Pronto dejó de toser y despertar, la energía que se había negado a morir heroicamente empezó a apagarse por completo delante de mí, y yo no pude resistirme a llamar a Piscis por más tiempo.

Un toque de Destino (Shura)

La armadura de los peces dorados saltó fuera de su caja con un chasquido de triunfo malicioso, casi humano, y voló por el aire en dirección al cabo como un cometa.

-Está tratando de escaparse!- Exclamé feliz, mientras corría tras la armadura de Piscis que volaba como un cometa de oro en dirección al Cabo. Los mayores estaban en el pueblo, no habían visto eso! Por fin tendría una misión! Una para mí! Una de verdad! Una que cumpliría yo, solo yo! Por fin entenderían que era digno de ser uno de ellos, no solo un huérfano, no solo un estorbo!

No me gustaba el niño nuevo, era ambiguo, ambiguo en todo. No era perfecto como los demás santos, como Géminis y Sagitario. No quería algo imperfecto entre nosotros, significaba que yo podía serlo también, que al santuario...que todo lo que yo quería no era luz, no era solo luz! Y yo la necesitaba.

Corrí, feliz de poder servir a la Diosa. Feliz de poder sentir la aprobación del patriarca! Y, sobre todo, feliz de poder olvidarme de santos asesinos, de poder volver a mis esquemas, limpios y perfectos.

Alcé mi energía para llamar a los demás, peor lo hice tarde. Quería ser el primero. Quería la gloria toda para mí, siempre la quise.

Un toque de Destino (DM)

No recuerdo mucho después de la energía extraña, y el agua en los pulmones y la nube de dolor. Lo siguiente que vi al abrir los ojos fue la imagen majestuosa de Shura de Capricornio, con armadura y todo, devolviéndome a la vida! Me puso tan nervioso que casi me ahogué de nuevo, muerto de vergüenza porque mi ídolo me hubiera conocido como un bulto estúpido que las corrientes traían y llevaban. Mi primer impulso fue esperar a que al tierra me tragara, y el segundo fue volver al agua, pero mi ego me salvó la vida a tiempo. Concentré determinación y orgullo lo mejor que pude y decidí dar una impresión fuerte y gloriosa de ahí en adelante. Esta impresión consistió en toser algas y agua salada por unos diez minutos. Hey! No es lo más estándar, pero, recordándoles, el nene con lata dorada debió haber estado impresionado con la cantidad de agua que estaba echando! Eso fue toda una exhibición.

Me decidía componerme, levantarme, y pronunciar algunas palabras de agradecimiento; emotivas, pero a la vez ingeniosas y llenas de suficiencia, con estilo, para dejarle impresionado. Lo decidí, eso sí , demasiado pronto. Caí de rodillas en vez de levantarme y cada vez que intentaba hablar solo conseguía que sacara chorros de agua por la nariz en vez de por la boca, y me torciera tosiendo aún más fuerte.

Los otros dos dorados llegaron poco después. Yo estaba encantado con la jodida cabalgata peor mi héroe y señor de ese día no parecía muy contento. Sagitario me cargó en su hombro y me llevó fuera de allí mientras yo me sentía como un rey en silla posta. Era buena gente, Sagitario. Todos le teníamos afecto, aunque ninguno le respetamos demasiado.

A lo lejos, Capricornio se esforzaba por aceptar los halagos de su compañero, poniéndose derecho. Era lo más genial, lo más parecido a un Dios que había visto en la vida. Cuando volvía los barracones mi ego tenía el tamaño de una galaxia. Capricornio era genial, y me había tocado! Eso me hacía transitivamente genial a mí también. Era el que había estado más cerca de un Dorado de entre todos los aprendices de plata. Era un semidiós! Uno que tuvo pesadillas con las olas durante meses. Me despertaba ahogándome, y al abrir los ojos y ver solo oscuridad, entraba en pánico. Pero, esta vez, fui un poco menos imbécil. Me aseguré de que nadie lo supiera.

Un toque de Destino (Sh)

No reconocía l crío al que estaba salvando hasta que se incorporó tosiendo y s ele encajó un poco la cara. Mientras Saga me duchaba en halagos, lo único que había querido y que no había conseguido desde que llegué al santuario, solo podía pensar en una cosa. En que no quería áreas gises entre los santos, y sin embargo, acababa de salvarle la vida a un sujeto que yo sabía estaría mejor muerto, y estaba a punto de salvársela a otro.

Por semanas tuve que tolerar que ese sucedáneo de persona, podrido desde el centro del alma y encima solo un aprendiz de plata, me persiguiera por media ciudad y hablara de mí como si fuera mi amigo. Tuve que dejarle las cosas claras, por la vía rápida. Para colmo de humillación, cuando Afrodita salió de allí, antes de tiempo, "gracias" a mi, vino a agradecérmelo, y eso me puso aún más enfermo. Me miró con esa estúpia expresión animal que trajo del bosque, hueca y atenta, y susurró en bajo. Nunca hablaba fuerte. No puedes respetar a alguien que no puede ni hablar fuerte!

-Quería darte las gracias por contarle a Saga lo que pasó. Me dejaron salir antes.

-No me agradezcas nada. No hice nada por tí. Solo dije la verdad. Un santo no miente. Deberías aprender eso, ya que tú eres uno...Más o menos- Suspiré, decidido a ser gracioso y compasivo, como Athen nos había enseñado- La verdad, pensé...esperaba, que la armadura hubiera acudido por suerte la primera vez, peor...Supongo que, si la Diosa aprueba que estés aquí, yo también.

Y me dolió decirlo. Los santos eran todo lo que yo quería ser, odiaba, con pasión ver ese ideal degradado por nada y por nadie. Afrodita miró hacia abajo, y luchó con el idioma un poco más. Su pronunciación siempre fue horrible, hasta el día que murió hablaba griego como un turista. Finalmente, me extendió la manita.

-...Gracias igualmente. ¿Amigos?- La miré, pensativo, pequeña y blanca, y seguramente débil. Me giré, decidido a buscar a sagitario

-De nada, pero, no dije que lo apruebe tanto.