SEGUNDA OPORTUNIDAD

II: EL MAL NO DESCANSA

Santuario de Athena, Atenas, Grecia

La vida en el Santuario había vuelto a la normalidad. Bueno, a la normalidad que se vivía entre una batalla y la siguiente. Tras la última batalla, en la que varios de los santos dorados habían sido heridos, se respiraba un aire de tranquilidad.

Saga y Casandra habían decidido que ella y Kostas vivirían a partir de entonces en el templo de Géminis, cosa que, por supuesto, deleitó a Athena, y que hizo que Kanon tuviera sentimientos encontrados. Claro que estaba feliz por Saga, y estaba feliz también porque estaría cerca de su sobrino.

Pero por otro lado, Kanon estaba un poco celoso de su hermano. No porque le deseara algún mal, sino porque era un doloroso recordatorio que Saga siempre tenía todo, y él nada. Saga había tenido el primer abrazo de su padre cuando nació. Siempre culpado por la muerte de su madre, Kanon nunca tuvo el amor de su padre como su gemelo mayor. Al ser enviados al Santuario, Saga fue elegido aprendiz dorado, y ganó la armadura de Géminis, mientras que Kanon fue nombrado un traidor y encerrado en Cabo Sunion. Siempre la sombra y el reemplazo de su hermano, así lo veían todos: el repuesto de Saga. Y ahora, el gemelo menor podía ver, en los ojos de su hermano mayor, una felicidad que él, Kanon, estaba seguro de que no encontraría nunca para sí mismo.

De pronto sintió un par de bracitos aferrarse a su brazo derecho. Se volvió, para ver de quien se trataba, y vio que Kostas se había separado de sus padres para ir a saludarlo.

-¿Estás triste, tío Kanon?- dijo Kostas, tomando la cara de Kanon con sus manitas. Kanon no pudo evitar sonreír.

-Para nada, enano- dijo Kanon, poniéndose de rodillas y abrazando a su sobrino con cariño. El pequeño también lo abrazo con sincero cariño, y el gemelo menor suspiró. Sabía que, por lo pronto, tendía que conformarse con esto.

-Tío Kanon, ¿ya casi voy a cumplir años?- dijo Kostas, sonriendo.

-Cuando haga mucho calor en Atenas, Kostas. Ya vas a tener cuatro años- dijo Kanon, sonriendo y revolviéndole el cabello- eres un niño grande ya-

Kostas infló su pecho, orgulloso, y se dejó caer en el sofá y golpeó un par de veces el sitio vacío a su lado, invitando a su tío a sentarse con él. Kanon se dejó caer sobre el respaldo, y sonrió, abrazando a Kostas, mientras éste apoyó su cabeza sobre el pecho de su tío. Kanon tomó el control remoto de la televisión y la encendió.

-¿Qué quieres mirar, enano?- dijo el gemelo menor.

Saga y Casandra estaban de pie, a unos pasos de ellos dos, y los miraron con una sonrisa. Saga la tomó de la mano y la besó en la mejilla. Su vida no podía ser mejor.

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Templo de Aries

Mu aún estaba convaleciente por sus heridas durante la última batalla que habían tenido. Lydia le había mantenido compañía la mayor parte del tiempo, y se había encargado de hacerle todas las curaciones necesarias, al pie de la letra de lo que Sofía le había indicado. Esa tarde estaba peleando nuevamente con su propia indisposición a causarle dolor, aunque fuera por su bien.

-Sé que te duele mucho, lo lamento- dijo Lydia, mientras limpiaba una de las heridas en el brazo del santo de Aries, y éste hacía una mueca de dolor. Lydia se sonrojó preocupada- lo siento mucho, Mu-

-No lo sientas, Lydi- le dijo Mu con cariño, sonriendo- y no te preocupes. Es mejor que mis heridas estén limpias, o después será mucho peor-

Lydia terminó de limpiar la herida y dejó la gasa en la mesita de noche. Miró la herida de Mu haciendo un gesto de tristeza.

-Odio verte así- dijo Lydia cabizbaja- creo que me duele tanto como a ti. Siento que mi corazón se muere cuando te veo con dolor-

Mu le sonrió y, tomando sus manos, la atrajo hacia sí mismo y la hizo acostarse a su lado. Ella iba a protestar, pero lo pensó mejor. Se dejó abrazar por el caballero, poniendo la cabeza sobre su pecho.

-¿Ahora me entiendes, Lydi?- le dijo Mu, acariciando su brazo- sé que naciste para ser una guerrera de Athena, pero eres demasiado valiosa para mí como para perderte, sobre todo cuando Henry desea dañarte tan enfáticamente-

-Lo siento mucho- dijo ella, sabiendo a que se refería a las veces que se había puesto en peligro, pero volvió a sonreír- me volveré muy fuerte, para que no tengas nunca que volver a preocuparte por mi-

Mu sonrió después de besarla en la frente.

-Estoy seguro- dijo el santo de Aries.

Lydia se levantó, y recogió el material de curación, tomando una venda para cubrir la herida del santo de Aries. Una vez que terminó, se levantó para guardar todo, y volvió para sentarse en la orilla de la cama.

-Por cierto, estoy muy feliz por lo que sucedió ayer- dijo Lydia, guiñando un ojo con una expresión llena de travesura- por fin, Aioria y Marín se confesaron sus sentimientos y están juntos-

-Con un empujón por parte de ustedes, cabe añadir- añadió Mu en un tono de desaprobación, y Lydia se echó a reír- aún dudo mucho que ese método haya sido el mejor, y tampoco creo prudente que ustedes deban interferir en sus asuntos personales…-

Lydia iba a decir algo para justificarse por la intervención que acababan de hacer con el santo de Leo, pero fue interrumpida precisamente por su hermano y Marín. Hablando del diablo y de la nueva pareja.

-Mu tiene mucha razón, hermanita, no debiste interferir en nuestros asuntos- dijo Aioria, quien se detuvo en la entrada de la habitación del santo de Aries, brazos cruzados, apoyado en el marco de la puerta, en un tono que hizo a Lydia palidecer y a Mu echarse a reír- Marín y yo queremos tener una pequeña… charla contigo-

Marín estaba cubierta con su máscara, pero se tronó los dedos en una señal bastante amenazante y significativa. Lydia se levantó y dio un paso atrás, y Mu siguió riendo.

-¿Qué pretenden ustedes dos?- preguntó la chica castaña, pero en vez de responder, Aioria la tomó en sus brazos y se la echó al hombro, como si fuera un bulto- ¿que? ¡oye!¡bájame! ¿qué pretendes?¡Aioria!-

-Te la devolveremos en un rato, Mu- dijo Marín, mientras Lydia se retorcía y pataleaba sin parar para librarse de su hermano- o lo que quede de ella. Espero que no tengas inconveniente-

-Ninguno, toda suya- dijo Mu, sonriendo- le pediré a Alde que me ayude con la siguiente curación-

-¿De qué hablas, Marín?- gritó Lydia, mientras Mu asentía entre risas por el predicamento de su chica- ¡te lo advierto, Aioria! ¡Bájame en este instante o…!-

Tras despedirse de Mu, Marín y Aioria salieron del templo de Aries, éste último con Lydia en su hombro, aún pataleando para que su hermano la bajara. No lo iba a hacer.

-Espero que tengas mucho calor, hermanita- dijo Aioria, entre risas suyas y las de Marín- porque te espera una buena zambullida en el mar-

Fue entonces cuando Lydia notó que ambos estaban mojados hasta las rodillas. Cuando llegaron a la playa del Santuario, también Milo y Aioros estaban ahí, con sus ropas de entrenamiento completamente empapados, de pies a cabeza, el primero molesto y el segundo muerto de risa, aún sentado más allá de la orilla del mar, con el agua hasta la cintura. Sofía y Cathy estaban cerca de ellos, sentadas en la playa, ambas con amplias y expectantes sonrisas.

-¡Lydia, que bueno que nos acompañas!- exclamó Aioros, al ver que Aioria la traía en su hombro.

-¡Aioros, dile que me baje!- pataleó ella, sin poder ocultar un leve tono de pánico en su voz- ¡te lo advierto, Aioria! ¡bájame ahora mismo o…!-

Aioria se la quitó del hombro y la tomó por los brazos, mientras Marín la tomaba de las piernas, y ambos comenzaron a mecerla en el aire.

-Una recomendación, cuñadita- le dijo Marín sin dejar de reír- aguanta la respiración cuando te soltemos. A la de tres, Aioria-

Lydia palideció. Ya se imaginaba lo que estaban tratando de hacer.

-¡No, Marín!- gritó Lydia, intentando en vano soltarse- ¡no se atrevan! ¡Aioros, deténlos, por favor!-

-Uno- dijeron Marín y Aioria al mismo tiempo.

-No llores, Lydia, es solo agua- le dijo Aioros, sin dejar de reír.

-Dos-

-¡No!¡No se atrevan!- gritó Lydia, pero sabía que era en vano. Apretó los ojos.

-¡Tres!- dijeron el santo de Leo y la amazona al mismo tiempo, soltando y dejaron caer a Lydia al mar, provocando las risas de Milo y de Aioros. Después de emerger del agua, con sus cabellos remojados pegados a la cara, Lydia se los quitó de su rostro, se levantó y se lanzó sobre Aioria, tumbándolo también al mar.

-¡Aioria, te voy a matar!- dijo Lydia, furiosa- ¿cómo te atreviste…?-

Después de un rato, Sofía y Catherine también terminaron empapadas después de esa tarde, tras dejar el violín y la bomba de insulina en un lugar seguro y lejos del agua. Pasado su enojo inicial, Lydia sonrió al ver a sus dos hermanos y a Milo tan felices. Parecía que las cosas no iban mas que a mejorar.

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Orilla del río Eurotas, Esparta, Grecia

Los pocos sobrevivientes de la batalla en Catania se reunieron en donde habían acordado previamente: el templo de Phobos y Deimos, hijos de Ares y Afrodita, en Esparta. Henry era ahora el líder del grupo de sombras de los dioses gemelos. El joven inglés entró al templo, y se arrodilló ante las estatuas que representaban a los dioses del miedo y del terror.

-Señores- dijo Henry- nuevamente Athena y Hades nos han humillado, y hemos fallado una vez más en obtener la esfera de Arquímedes-

-Silencio, humano- dijo la estatua de Deimos- créeme que no estamos complacidos con tu desempeño, o el de Greta y Bellini-

-Sus muertes a manos de los espectros de Hades nos han ahorrado la molestia de tener que castigarlos por su incompetencia- dijo Phobos- sin embargo, a ti, Henry Northumberland, te daremos una última oportunidad de conseguirnos esa esfera-

-¿Cómo?- preguntó Henry.

-Según tengo entendido, tienes una Lengua de Oro entre las sombras que Greta reclutó hace tiempo en Alemania- dijo Phobos- puedes usar su poder para aterrorizar a los santos de Athena y obtener lo que deseamos-

-Envíala al Santuario de Athena, junto con su sombra para protegerla- dijo Deimos- que tome a cuantos santos de Athena pueda y, si puede, a la misma diosa. Eso nos asegurará que nos den lo que necesitamos-

-Sí, señores- dijo Henry.

-Haz que se prepare- dijo Phobos- sabes lo que ella tiene que saber antes de ir al Santuario-

Henry asintió y, tras inclinarse frente a ellos, se retiró.

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Giudecca, Inframundo

Hypnos estaba harto de escuchar todo el día los suspiros de su hermano gemelo. Desde que habían regresado de la batalla en Sicilia, Thanatos se había mantenido persistentemente triste y melancólico. También había estado visitando frecuentemente Morphia, según le había dicho Morpheus. Incluso Hades lo había notado, y le había comentado a Hypnos que su gemelo se veía mal, y le había preguntado que había sucedido. El dios del sueño no había entendido nada.

Después de varios días de seguir con la misma rutina, Hypnos decidió tomar el asunto en sus propias manos. Llamó a Morpheus.

-Morpheus- dijo Hypnos al verlo llegar, cruzándose de brazos- supe que Thanatos te llamó durante la batalla de Sicilia. Quisiera que me dijeras todo lo que sucedió hace unos días con mi hermano durante ese día. Y no quiero que dejes fuera ningún detalle fuera-

Morpheus asintió, y comenzó a contar todo lo que supo. Parte de ello había sido visto también por el mismo Hypnos, excepto la última parte.

-Entonces, el señor Thanatos me volvió a llamar- dijo Morpheus- la señorita Agatha, a quien usted me pidió que sacara de su prisión en Morphia, fue herida de muerte cerca de la ladera del Etna. El mismo señor Thanatos tomó su alma de su cuerpo temporal, y me la entregó para devolverla a su propio sueño-

-¿Es todo?- dijo Hypnos.

-No solo eso, señor- dijo Morpheus, cabizbajo- cuando me entregó su alma, me dijo que la devuelva a su prisión y que le pidiera a Phantasos un bello sueño para ella-

-¿Y qué sueña ella?- preguntó Hypnos. Morpheus le lanzó una mirada significativa, alzando las cejas, y el dios del sueño entendió por completo- oh…-

Morpheus se encogió de hombros. Hypnos miró a Thanatos, quien estaba en otro despacho, y que trabajaba incesantemente, pero con una mirada triste en los ojos. El alegre y despreocupado dios de la muerte ya no parecía él mismo.

Hypnos se puso de pie, y se dirigió a la sala del trono. Tenía que hablar con Hades.

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Templo del Patriarca, Santuario de Athena

Shion se encontraba en su despacho, arreglando algunos problemas causados por los santos y sus enemigos en las últimas dos batallas. La diosa Afrodita no estaba muy feliz porque habían destruido una de sus catacumbas en la isla de Milos, y porque habían atacado a sus hijos en la ciudad subterránea de Catania. Cuando Shion envió una carta, explicando la situación, cuentan que la diosa solo puso los ojos en blanco y se fue maldiciendo a Ares, el padre de sus dos hijos gemelos: Phobos y Deimos.

Una vez resuelto ese problema, Shion pudo por fin respirar en paz. Sabía que los dos dioses no habían sido sellados y que uno de los tres líderes de sus enemigos seguía vivo: Henry Northumberland. El Patriarca estaba intentando crear un nuevo plan de organización de los caballeros, para proteger el Santuario de ataques de las sombras. De igual manera, asignaría a algunos santos de bronce para seguir en todo momento a Sofía y a Cathy, quienes no vivían en el Santuario como Casandra y Lydia, y que podían ser blanco de ataques, como había sido demostrado previamente por las sombras.

Shion respiró profundo, y decidió salir de su despacho a caminar. La noche acababa de caer en Atenas, y la fresca brisa nocturna era muy agradable para él. Salió de su despacho y se acercó a la entrada de su templo, donde se encontró al santo de Piscis podando las últimas rosas de su jardín, las más cercanas al templo del Patriarca. Shion sonrió ante la diligencia de Afrodita.

-Buenas noches, maestro Shion- dijo el santo de Piscis, tan pronto como se dio cuenta de que el Patriarca lo estaba observando.

-Buenas noches- dijo el Patriarca, apenas levantando la vista para mirarlo- ¿Lydia no entrena contigo esta noche?-

Afrodita sonrió como si hubiera hecho una travesura.

-No, hoy no- dijo el santo de Piscis- Aioria me… pidió de favor que le diera el día libre, creo que le tenía preparada una sorpresa-

Shion no pudo evitar reír. Había visitado a Mu hacía un rato, y le había contado los planes de Aioria y Marín para "vengarse" de la intervención que habían hecho Lydia, Aioros y Milo. Obviamente a ninguno de los dos se le ocurrió meterse con Saga, no querían acabar en otra dimensión. Además de eso, el santo e Géminis había sido extorsionado: Aioros le había informado que, en caso de no cooperar, Kostas estaría recibiendo cantidades industriales de dulces y chocolates que lo pondrían imposiblemente hiperactivo. No fue necesaria la amenaza: Saga estaba contento por participar. Y él solo había sido el medio para una finalidad. Las mentes maestras malvadas detrás de todo habían sido esos tres.

Afrodita también rió de buena gana. Tenía un gran cariño a su joven alumna, y no podía evitar sentirse un poco celoso de sus dos hermanos y la relación que tenían entre ellos. La quería como si fuera su hermana, y le había caído bien prácticamente desde que la conoció, hacía todos esos meses, el día que Lydia se había desmayado por entrar sin pensarlo dos veces en su jardín de rosas.

-¿Sabes algo, Afro?- dijo Shion, sacando al joven de sus pensamientos- me gustaría verte a ti tan feliz como Mu y los otros-

Y Afrodita sabía muy bien a que se refería el Patriarca.

-No, maestro, no creo que eso sea posible para mi- dijo el santo de Piscis con un tono indiferente, encogiéndose de hombros- eso del amor no está hecho para mi-

Shion no insistió, sino que solamente sonrió paternalmente, y se despidió de Afrodita. Sabía que más rápido cae un hablador que un cojo.

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Guidecca, Inframundo

Hades estaba fuera de sí de felicidad. Vaya, hasta se había ablandado con los castigos que se aplicaban en el Inframundo. Y todo porque por fin tenía a su reina de vuelta. A su florecita. Parecía que nada le podía quitar la sonrisa en su rostro.

Elizabeth, o Perséfone, estaba también sonriendo ampliamente. Ella aún tenía las memorias de su infancia en Escocía, las cuales eran, en su mayoría, memorias felices. Pero recordaba muy bien quien era y todos los siglos que había pasado junto a Hades.

A pesar de todo, las cosas no eran perfectas en el paraíso. O mejor dicho, en el Inframundo. Hades, Hypnos y Thanatos estaban oficialmente castigados por Perséfone. Los tres habían sido severamente regañados por la reina del Inframundo, y se habían quedado sin postre por el próximo año, como castigo por haber peleado de nuevo con Athena. Hades aceptó gustoso el regaño y el castigo, tan feliz como estaba de haber recuperado a su reina.

En el Inframundo, Elizabeth no tenía problemas para caminar, como los tenía cuando salía de su reino. Eso la tenía de muy buen humor, además del hecho que Hades no la apartaba de su vista en ningún momento, y eran contados minutos al día en los cuales él no tenía su mano tomando la de ella.

-Creo que ya deberíamos irnos a dormir, florecita- dijo Hades, sin quitar su expresión sonriente, tan habitual esos últimos días- ya es tarde y se te ve cansada-

Elizabeth iba a responder, cuando Hypnos entró y pidió hablar con ellos. El dios del sueño entró a la sala del trono e inmediatamente se arrodilló.

-Mi señor Hades- dijo Hypnos en un tono preocupado- estoy muy preocupado por mi hermano Thanatos. Desde que todos regresamos de Catania, ha estado triste y cabizbajo. Creo que él está sufriendo por alguna razón-

Hades alzó las cejas, sorprendido. Eso era nuevo. Thanatos parecía tener solo dos estados: unas veces estaba feliz y maniático, y en otras enojado y furioso. Hablando de bipolaridad. Pero ese no era el punto. Thanatos llevaba milenios sin mostrar otra emoción que no fuera alguna de esas dos. Eso de estar triste o melancólico era más propio de Hypnos.

-¿Y sabes que le es lo que le sucede a tu hermano?- dijo Hades.

-Creo que tengo una idea- dijo Hypnos, recordando la conversación que había tenido hace poco con Morpheus, y las sonrisas que su gemelo le había dirigido a cierta persona- pero quisiera su permiso para tomar un cuerpo provisional y visitar a la señorita Cathy en el Santuario de Athena. Creo que ella o Milo de Escorpión podrían decirme lo que necesito saber-

Elizabeth sonrió ampliamente, y Hades, tras pensarlo un poco, asintió.

-Está bien- dijo Hades finalmente- avisaré al Santuario de Athena para que no se alarmen por tu presencia y te dejen pasar-

Hypnos se levantó con una sonrisa. Elizabeth se quitó un collar, con un dije en forma de una flor, y la puso en las manos del dios del sueño.

-Por favor, Hypnos, haz que esto le llegue a Cathy- dijo ella con una sonrisa que Hypnos no pudo decir que no.

-Por supuesto, mi reina- dijo Hypnos- con su permiso, mis señores-

Hypnos se despidió de ambos y se dirigió a la salida del Inframundo.

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Complejo a la orilla del río Eurotas, Esparta

La chica de cabellos rubios, sentía que sus ojos se cerraban, y que estaba a punto de caer en el más profundo de los sueños. Acomodada en una esquina de la pequeña cama, ovillada y abrazando un libro entre sus manos. El único recuerdo y el único libro que conservaba desde su infancia, y el que conservaba desde que había salido de su casa en Tampere para buscar a su hermano.

Llevaba viviendo ahí desde hacía cuatro años, cuando en la estación de trenes de Nüremberg una chica malvada llamada Greta, que tenía un extraño poder llamado cosmo, le robó su anillo y la secuestró para obligarla a servirle. Satu tenía mucho miedo de esa mujer: había visto de lo que era capaz. Numerosas veces había estado tentada a usar sus poderes con ella y encerrarla en un libro para siempre, pero su prometido italiano, cuyo nombre desconocía, le había prometido que si lo hacía la lanzaría de cabeza al estanque del complejo. Reprimió un escalofrío de solo recordar cuando la habían obligado a sumergir uno de sus pies para amenazar a alguien.

Inconscientemente, Satu se llevó la mano al tobillo izquierdo e hizo una mueca de dolor. No tenía otro remedio más que cooperar. Sabía que, ahora que Greta había muerto, Henry era quien tendría el anillo que necesitaba para encontrar a su hermano.

Ese era el trato con Greta y ese era el trato ahora con Henry. Tenía que pagarles un favor que querían a cambio de su regreso. Henry lo había dejado muy en claro. Y hablando del diablo.

-¡Satu!- dijo Henry, haciendo que la chica diera un respingo y se levantara de golpe. No estaba solo, iba acompañado por Christoffer, quien se había convertido en un adolescente bastante más alto que ella, que era pequeña, y más alto que el mismo Henry. Y sería temible, si no tuviera siempre esa expresión de miedo- te he traído la información necesaria para que lleves a cabo el plan que vamos a encomendarte-

Satu miró a Henry, interrogante, mientras que éste le entregó un gran paquete lleno de fotografías con nombres en la parte inferior de las mismas.

-¿Qué es esto?- dijo Satu con su voz dulce, y genuinamente confundida.

-Tienes que memorizar los rostros y los nombres- dijo Henry, señalando las fotografías de la carpeta y alzando las cejas de manera significativa, como si fuera obvio lo que estaba pidiendo de ella- éstas dos personas…- añadió, separando dos fotografías- son tus objetivos principales. Que sean tantos dorados como gustes, pero si me traes aunque sea uno de estos dos objetivos, consideraré cumplido el favor que me debes. Si me traes lo que quiero, te devolveré el anillo que Greta te quitó-

Satu lo miró, sorprendida, y después pasó su vista a los rostros de los objetivos que Henry había fijado. Solo una de esas dos personas. Solo una, y sería libre por fin. Podría seguir su camino hacia Atenas, que estaba dolorosamente cerca de donde ella se encontraba, y encontrar a su hermano. Pero rápidamente pudo notar que el plan tenía una gran falla.

-Los santos podrían atraparme mientras llevo a cabo el plan, Henry, de la misma manera en la que ustedes lo hicieron conmigo- observó la chica de pronto- sabes bien que usar mi don me deja expuesta, pues tengo que concentrarme en las letras. Los santos no dudarán en alzar sus puños y terminar conmigo si soy una amenaza para su diosa-

-Ahí es donde entra tu sombra- dijo Henry, señalando a Christoffer, que parecía muy incómodo con lo que se le había pedido hacer- él se encargará de protegerte con su cosmo, y de que los santos de Athena no te atrapen-

Satu miró a Christoffer con una expresión llena de simpatía. Como ella, el chico había sido reclutado a fuerzas, a la edad de diez años, y había pasado el tiempo entrenando y aprendiendo a usar su cosmo en contra de su voluntad. El chico tenía una expresión benévola e inocente, y Satu se sentía inclinada a protegerlo.

-Estudia muy bien esas fotografías, porque el éxito de tu misión depende de ello- dijo Henry, tomándola de la barbilla para hacerla levantar la mirada- sabes muy bien que los señores Phobos y Deimos no van a admitir más errores para conseguir lo que desean, Satu. Sabes que irás directo al estanque si cometes un error-

Satu tembló de pies a cabeza, y vio que Christoffer tuvo la misma reacción. Henry miró a la frágil chica frente a él, sin dejar de sonreír maléficamente, lo que heló el corazón de la chica.

-Haré como digas, Henry- dijo Satu por fin, intentando calmarse- pero recuerda tu promesa. Me regresarás mi anillo tan pronto como te entregue a alguno de esos dos objetivos-

Henry sonrió y asintió. Salió de la habitación de la chica, no sin antes hacer una seña a Christoffer para que lo siguiera. El adolescente lo siguió, dudoso. Cuando ambos salieron, Henry cerró la puerta y, tomando al otro chico por el cuello, lo azotó contra la pared. Christoffer hizo una mueca de dolor, pero ninguna queja salió de su boca.

-Te lo advierto, mocoso- dijo Henry entre dientes- no dejes que los santos se acerquen a ella. Satu es demasiado valiosa como para perderla a manos de Athena-

-Señor Northumberland- dijo Christoffer en voz baja- yo quiero a Satu como si fuera mi propia hermana, y estoy agradecido con ella por salvarme la vida, y por haber vivido todos estos años aquí por mi culpa. Tendrán que pasar sobre mí antes de ponerle las manos encima-

Henry sonrió y asintió.

Mientras tanto, dentro de la habitación, Satu pasaba sus pequeños dedos sobre las fotografías que Henry le había proporcionado. Miró las dos fotos que el joven inglés le había dicho eran las más importantes de todas. En una de ellas estaba una hermosa mujer joven, de ojos brillantes y largos cabellos color lila. Tenía un sencillo vestido blanco y una sonrisa tranquila. La etiqueta que tenía puesta decía: "Athena / Saori Kido". Satu suspiró preocupada. Iba a ser muy difícil. Miró la otra foto. En ella, una chica con fieros ojos verdes y cabellos castaños claros, también sonriendo. Usaba un traje de entrenamiento, y tenía en sus manos una máscara dorada. La etiqueta decía "Lydia Castlehaven". Satu bajó los ojos. Sabía que significaba eso. Era el nombre de la chica que Henry deseaba desde hacía tanto tiempo.

Escuchó entrar a Christoffer, pero lo ignoró. El joven se sentó en la cama junto a ella.

-Esto no me gusta, Christoffer- dijo Satu en voz baja, mirándolo de reojo y dando un par de palmadas en su hombro.

-A mi tampoco me agrada en lo más mínimo, Satu- dijo el adolescente, cabizbajo- pero es lo que necesitamos hacer para por fin ser libres de estas personas. Te regresarán el anillo y podrás encontrar a tu hermano donde quiera que esté-

Ella asintió, y siguió pasando la vista por las fotografías.

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CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Acabo de regresar de un campamento en la punta del cerro, donde Tarzán ya no llega, tampoco la señal del celular o internet. Estuve sufriendo mucho, sobre todo porque extrañaba los excelentes capítulos de Misao-CG, pero bueno, ¡ya estoy de regreso! Viva, y casi completa (énfasis en el casi), lista para continuar con esta historia. Espero que les esté gustando. Un abrazo a todos. Muchas gracias por seguir leyendo, y a todos por sus reviews.

Abby L.