SEGUNDA OPORTUNIDAD
III: EL LIBRO DE HISTORIAS
Entrada al templo de Aries, Santuario de Athena
Hypnos, el dios del sueño, realizó el largo viaje desde el Inframundo y llegó al Santuario de Athena usando un cuerpo temporal y mostrando una expresión apesadumbrada. El dios del sueño estaba muy preocupado por su hermano gemelo, quien parecía triste y melancólico. Tenía que averiguar que pasó.
-Buenas noches, señor Hypnos- dijo Mu, quien lo estaba esperando en la entrada del primero de los templos zodiacales- si gusta pasar, Milo y la señorita Cathy lo esperan-
Hypnos agradeció a Mu, y lo siguió al interior del templo de Aries. En la sala de estar, estaban Milo y Cathy, confundidos por haber sido solicitados por el mismo dios del sueño. Habían conocido al despreocupado Thanatos y, tras un poco de tiempo, les había caído bien. Pero no así Hypnos, quien les parecía, por las pocas veces que lo vieron, sobrio y solemne, a diferencia de su divino gemelo. Y tenían razón.
Mu hizo una breve inclinación y se retiró a su habitación, dejando a la pareja sola con Hypnos.
-Buenas tardes, Milo, señorita Cathy- dijo el dios del sueño sin mucha ceremonia- los cité para hablar conmigo esta noche para preguntarles por ciertos asuntos que sucedieron en su viaje al Castaño de los Cien Caballos-
Cathy y Milo se miraron entre sí, y luego a Hypnos, interrogantes.
-¿De qué está hablando?- dijo Cathy.
-Mi hermano Thanatos, desde que regreso al Inframundo, ha estado extraño- dijo Hypnos- no sé que sucedió durante el viaje, pero está triste y melancólico-
Cathy se volvió hacia Milo, sorprendida. La chica había entendido que había pasado. Milo estaba enteramente confundido. Hombres.
-Creo que es por lo que pasó frente al castaño, señor Hypnos- dijo Cathy, con una expresión pensativa- todo estaba bien, pero Thanatos dejó de sonreír cuando atacaron y… mataron a la señorita Agatha. Cuando se vio obligado a recoger su alma-
Hypnos escuchó atento, y Milo se volvió hacia ella.
-¿En serio crees eso?- dijo el santo de Escorpión.
-Piénsalo, my love- dijo Cathy, olvidándose momentáneamente de Hypnos y volviendo su mirada a su chico, apretando su mano- el señor Thanatos estaba perfectamente optimista y feliz antes de que sucediera eso, y después su humor se tornó muy oscuro y melancólico. Estoy segura-
Hypnos escuchó atentamente lo que dijo Cathy, y abrió los ojos desmesuradamente. Recordó las sonrisas enamoradas que Thanatos le había dirigido a Agatha que tanto lo habían exasperado en el pasado, y se dio cuenta de que éstas no eran cerca las mismas que su gemelo tenía constantemente y completamente despreocupado. ¡Entonces era cierto que Thanatos estaba muy enamorado! Hypnos no sabía como, no entendía como, pero su gemelo, Thanatos, el dios de la muerte, estaba enamorado de esa chica mortal insolente.
El dios del sueño se puso de pie.
-¿Señor Hypnos?- dijo Milo, levantándose al igual que Cathy- ¿podemos ayudar en algo?-
-Se los agradezco mucho, a los dos- dijo Hypnos, inclinándose- con su permiso, necesito regresar al Inframundo-
El dios del sueño desapareció, y Mu salió de su habitación.
-¿Qué fue eso?- dijo el santo de Aries. Milo se encogió de hombros.
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Hospital cercano al Santuario, Atenas
Aioros había ido al hospital donde trabajaba Sofi en la mañana, no para dejarla para el trabajo, sino para que Oscar le hiciera un chequeo a Aioros. Desde que Casandra se había ido a vivir al Santuario de Athena, Cathy se había mudado con Sofía en su departamento, para quedarse a vivir en Atenas, cerca de Milo, y tocar su violín en la sala de operas de Atenas, contando con el permiso de sus padres adoptivos. Ese arreglo le había parecido bien a Aioros, pues estuvo a punto de obligar a Sofía a mudarse al templo de Sagitario permanentemente: no le gustaba que su chica pasara sola las noches, con el riesgo de tener una baja de azúcar que le impidiera levantarse.
Ambos iban caminando, y el joven santo estaba nervioso. Sofi sonrió levemente, y apretó la mano de su chico.
-Tranquilo, Aioros- dijo Sofi con cariño- no te van a poner ninguna inyección, lo prometo-
Aioros sonrió nervioso. Sabía que Oscar, el amigo de Sofi, iba a hacerle un examen del que no tenía idea como sería.
Llegaron al hospital y subieron al piso donde sería examinado. El sonriente joven rubio, Oscar Laine, los recibió y los hizo pasar al consultorio. Con calma explicó lo que iba a suceder. No tenía de que preocuparse, solo sería un estudio de imagen de su corazón, y sería completamente indoloro. Aioros asintió nerviosamente y se quitó su camisa, como le ordenaron. Sofi los esperó afuera.
Mientras hacía el examen, Aioros se mantuvo tranquilo y sin moverse, pero Oscar podía notar su tensión y nerviosismo.
-En serio, Aioros- dijo Oscar, sonriendo con benevolencia y ajustando sus gafas- no sé porqué estás tan nervioso. Tu chica me haría papilla si algo de lo que hago te provoca daño-
Aioros sonrió ampliamente al escuchar esas palabras. Sofi no era muy fuerte, pero sabía que, por su carácter, Oscar no mentía.
-Lo sé- dijo Aioros, dejando escapar un largo suspiro de resignación.
-Solo quiere asegurarse de que estás bien, ella está muy preocupada por ti- añadió Oscar, sin que Aioros hubiera preguntado nada- debes saber que Sofi te adora-
Aioros amplió su sonrisa.
-Y yo la adoro a ella- dijo Aioros. Oscar asintió y sonrió levemente, mirando la imagen del corazón de Aioros en la pantalla. Claro que la adoraba: el corazón del joven santo de Athena estaba dañado irreversiblemente por el amor y la adoración le tenía a Sofi. Supo todo lo que había pasado esa vez. Aioros había sido torturado psicológicamente por los secuestradores de Sofi. La imagen en la pantalla era definitivamente la de un corazón con miocardiopatía de Takotsubo. El síndrome del corazón roto.
-Tu corazón esta dañado, como había dicho Sofi, pero en este momento se ve muy bien- dijo Oscar- aunque vas a tener que seguir tomando esos medicamentos-
Aioros asintió, resignado.
-Gracias, Oscar. Por esto y por cuidar de Sofi cuando está aquí. Sé que eres su mejor amigo- dijo el santo, y Oscar asintió distraídamente.
-No es nada- dijo Oscar distraídamente, en voz baja- aunque no se parece físicamente en nada, Sofi me recuerda a mi hermanita perdida-
-¿Qué sucedió?- preguntó Aioros- con tu hermana, quiero decir-
-Cuando era aún pequeña, yo vine a Atenas con mi abuelo a estudiar medicina- dijo Oscar- pero cuando ella cumplió la mayoría de edad, hace cuatro años, escapó de casa para buscarme aquí, en Atenas, pero se desapareció en el camino. Mi familia la buscó y buscó por mucho tiempo, pero nunca lograron encontrarla-
Aioros lo miró tristemente. Él mas que cualquier otra persona podía entenderlo.
-Lo lamento- dijo Aioros. Oscar sonrió tristemente, y se apresuró a cambiar el tema.
-Hemos terminado- dijo Oscar, apagando la pantalla. Aioros se levantó y se puso su camisa otra vez. Nunca se habría imaginado eso cuando Sofi le dijo que Oscar había perdido a alguien muy importante para él.
El doctor abrió la puerta, y Sofi entró, dirigiéndose directamente a los brazos de Aioros.
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Camino de Esparta a Atenas, Grecia
Satu estaba en el auto, en el asiento del copiloto, abrazando su libro profundamente dormida. Christoffer, su sombra, iba manejando la distancia de doscientos y tantos kilómetros entre las dos ciudades, y la miró de reojo con una sonrisa culpable. Todo había sido su culpa. Si no fuera por él, Greta y los otros no hubieran descubierto su secreto de lengua de oro, y no la habrían secuestrado y extorsionado para que hiciera lo que ellos le ordenaban. Suspiró. Esperaba que pudiera tener éxito y ser liberada por fin para encontrar a su hermano.
-¿Christoffer?- dijo Satu, despertándose y mirando la expresión torturada de su compañero- ¿estás bien? ¿qué te sucede?- Christoffer se encogió de hombros levemente ante la pregunta- no te sigues culpando de lo que sucedió antes, ¿verdad, Christoffer?-
El joven asintió levemente.
-Christoffer- dijo la chica- no fue tu culpa. Fue mía, en todo caso. Pero fueron ellos quienes nos han hecho sufrir todo este tiempo-
Christoffer suspiró, con su mirada fija hacia la carretera.
-No te preocupes, Satu- dijo el chico- después de esta tarde ambos seremos libres, y te ayudaré a encontrar lo que buscas-
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Guidecca, Inframundo
-¿Estás completamente seguro de que quieres hacer esto, Hypnos?- dijo Hades, alzando las cejas preocupado por la propuesta del dios del sueño- si mal no recuerdo, fue un juicio por atentar contra los dioses. ¿Estás consciente de lo que estás sugiriendo?-
Hades no estaba muy seguro de la propuesta de Hypnos, aunque Elizabeth, su reina, creía que todo ese asunto era realmente romántico.
-Mi señor Hades- le dijo ella en un tono cariñoso, tomando con suavidad la mano de su esposo- la señorita Agatha nos ayudó a reunirnos nuevamente. Nos hizo un gran servicio y perdió su vida temporal cuando llevó a Cathy a recoger la castaña que iba a liberar mi divinidad y mi memoria. Creo que deberíamos darle la oportunidad, por eso y porque Thanatos se ve tan triste-
Hades alzó las cejas, sin estar muy seguro.
-Sabes como disfruta Thanatos tocar su lira- continuó Elizabeth- y dijo Pandora que la había encontrado despedazada en el basurero de su habitación.
-Mi señora Perséfone tiene razón- dijo Hypnos, encogiéndose de hombros- yo mismo no estaba seguro de que fuera una buena idea, hasta que hablé con la señorita Cathy y el caballero Milo de Escorpión…-
Hades suspiró. No le gustaba revivir a nadie permanentemente, pero sabía que no tenía opción. Por el bien de Thanatos, y para recompensar a la joven que le había ayudado a recuperar a su hermosa reina, tenía que hacerlo.
-Está bien, estoy de acuerdo- dijo Hades finalmente, y respiró hondo- habla con Morpheus y haz que la libere y que prepare todo- el rey del Inframundo suspiró, no muy convencido- realmente espero que tengan razón-
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Terrenos del Santuario
Los santos de bronce habían sido designados para patrullar los terrenos cerca de la entrada del Santuario. Por un lado estaban June y Shun, por otro lado partieron Hyoga y Shiryu. Seiya, por su parte, se quedó cerca de los doce templos, y el resto de los santos de bronce cubrieron otras áreas del Santuario.
En los Doce Templos todo estaba tranquilo. Aioros estaba ausente, en su cita en el hospital, y Afrodita había bajado a uno de los barrancos del Santuario con Lydia para continuar su entrenamiento, enseñándola a plantar jardines de rosas en los terrenos áridos del Santuario de Athena, lo suficientemente alejados del resto de los habitantes del Santuario para evitar lastimar a algún curioso que se acercara por accidente. Saga había decidido bajar a descansar a la playa del Santuario, junto con Casandra y Kostas, dejando el templo y la armadura de Géminis a cargo de Kanon ese día.
Tras haber ejecutado su venganza contra los tres conspiradores el día anterior, Aioria y Marín paseaban de la mano juntos, por los terrenos del Santuario, muy cerca del bosque. Había por ahí un sitio perfecto para ellos, pues así estarían solos y la joven amazona se podía quitar su máscara. Se habían tumbado en el pasto a la orilla del bosque, cubiertos por la sombra de los árboles, Marín apoyando su cabeza sobre el abdomen de Aioria, y éste acariciando sus lindos cabellos rojos.
Era demasiado agradable.
-Te adoro, Marín- le dijo Aioria con un tono lleno de ternura, sonriendo- no sé como pude ser tan tonto y tardar tanto en decirte lo que siento-
Marín se giró hacia la izquierda, para que rostro quedara justo abajo del de él, tras lo cual lo besó con suavidad. Aioria respondió, contento y abrazó a su chica por la cintura contra él mismo contra sí mismo, como si se le fuera a escapar de pronto.
El sol ya había llegado a su cenit, y comenzaba a bajar, demostrando que ya había bien pasado el mediodía. Ambos sabían que Aioria tenía que regresar a Leo, y Marín al recinto de las amazonas, para que sus turnos iniciaran. Los dos suspiraron casi al mismo tiempo.
-No sufras, mi amor- dijo Aioria, sentándose sobre el pasto junto a ella- tenemos todo el tiempo del mundo-
Marín sonrió y asintió, levantándose también. Aioria le pasó los dedos por el cabello, quitándole hojas y ramitas que hubieran podido quedar enredadas en él. La volvió a besar, después de lo cual Aioria se levantó, y la ayudó a levantarse.
-Vamos, Marín- le dijo el santo de Leo con una ternura impensable para él.
Marín asintió y, tras besarlo rápidamente en la mejilla, desapareció tras su máscara de plata con una sonrisa. Con un gesto tierno, el santo de Leo pasó un mechón de cabello rojo detrás de su oreja, sonriendo.
-Nos veremos más tarde, Aioria- dijo Marín. Aioria asintió y, tras besar sus manos, corrió hacia los Doce Templos.
Marín lo miró alejarse con una amplia sonrisa bajo su máscara y, tras suspirar para tranquilizar los lindos latidos de su corazón, se dirigió con calma hacia el recinto de las amazonas. Miró hacia arriba, hacia los árboles que se encontraban sin hojas: eran los últimos días del mes de febrero, y algunas de las ramas estaban aún cubiertas por una suave escarcha. La joven amazona se abrazó. Hacía frío, y casi siempre la presencia de Aioria la llenaba de calor, como si fuera un sol a su lado. Suspiró resignada mientras seguía caminando.
Al pasar cerca de la entrada del Santuario, la amazona se detuvo en seco. Dos personas le cortaron el paso, plantándose delante de ella.
Marín se sorprendió al ver de quienes se trataba. Un chico adolescente con un pequeño cosmo, salvaje, sin desarrollar, y una chica de la cual no podía surgir ningún rastro de cosmo y, sin embargo, emanaba una fuerza interna que la amazona no pudo identificar.
La mujer era pequeña, con lindos ojos verdes, y largos y ondulados cabellos rubios, no de un rubio claro como Greta, sino un color más oscuro, que estaban recogidos en una coleta, y tenía dos mechones enmarcando su rostro delicado. Usaba un vestido corto, apenas arriba de sus rodillas, de color azul celeste, y tenía un collar con una joya color azul, un zafiro, colgando de su cuello. Llevaba un pequeño y viejo libro abrazado contra su pecho. Quien la acompañaba era un adolescente muy alto, joven, un poco menor que Seiya, con cabellos rubios y rizados, y ojos color castaño tras unas gafas. El chico vestía una camisa de mangas largas con rayas horizontales grises y negras, arremangada hasta los codos, y un pantalón de mezclilla y tenis.
La amazona se sorprendió al verlos. Los ojos de ambos estaban llenos de tristeza y de… ¿arrepentimiento? Como si no quisieran estar ahí, como si hubieran sido obligados a entrar al Santuario. Pero estaban dentro del mismo sin permiso, y Marín sabía lo que tenía que hacer.
-Señores- dijo la amazona por fin, cuando salió de su sorpresa- están dentro del Santuario de Athena, que es un terreno prohibido para ustedes. Les debo pedir que me acompañen a la salida, o los dos perderán su vida. La villa de Rodorio es por allá-
La mujer la miró con una expresión muy parecida a la tristeza, como si fuera a hacer algo que le parecía sumamente desagradable. Ella abrió el libro que traía firmemente abrazando contra su pecho y la volvió a mirar de reojo
-Lo lamento mucho, Marín- dijo en voz baja la joven, antes de volver los ojos al texto frente a ella- espero que, en tu corazón, puedas perdonar lo que voy a hacer-
Marín parpadeó. ¿Cómo sabía su nombre? ¿La conocía de alguna parte? Pero no tuvo mucho tiempo para pensar, pues se dio cuenta que la joven estaba leyendo en voz alta.
-Cuando Kerttu se puso en marcha, se encontró a Suyettar en el camino. Sin saber que se trataba de una malvada bruja y viéndola sola como una pobre anciana, la niña le ofreció de comer una de sus manzanas. Pero su perro, Musti, le advirtió que no se fiara de ella-
Marín estuvo a punto de preguntar que era lo que estaba haciendo, poniéndose en guardia, pero una fuerte luz cegadora la rodeó. Después de un segundo, una manzana cayó a los pies de Satu, pero la amazona había desaparecido sin rastro alguno.
-Lo lamento…mucho…- repitió Satu tristemente y, tras sacudir rápidamente su tristeza para intentar quitarse ese pensamiento, se volvió a su compañero de viaje- vamos, Christoffer. Tenemos trabajo que hacer-
Christoffer asintió.
-Prepárate, siento los cosmos de los santos acercándose a nosotros- dijo el adolescente, tomando los hombros de la chica en un gesto protector y encendiendo un cosmo color celeste- no te preocupes por ellos, no dejaré que te alcancen-
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Estancias de Thanatos, Elysion, Inframundo
Thanatos había despedido a todas las ninfas que cantaban en su palacio en los campos Elíseos. La alegría parecía haber desaparecido por completo de sus estancias. No sabía porque, pero extrañaba a la joven que había sacado de Morphia y que le fue arrebatada en las faldas del monte Etna. Suspiró, tumbándose pesadamente entre los almohadones que lo rodeaban.
¿Porqué todo tenía que ser tan injusto? Podía haberse enamorado de una diosa, de una mortal viva, de alguna ninfa. No, tenía que enamorarse de una chica que había desafiado a los dioses, y encima de todo, estaba muerta. Cerró los ojos. Eros se las pagaría cuando lo viera. ¿Cómo se atrevía a flecharlo así? Mejor, lo acusaría con Psique o con Afrodita.
-Buenas tardes, Thanatos- escuchó la voz de Hypnos detrás de él, interrumpiendo sus pensamientos de golpe. El deprimido dios de la muerte solo respondió al saludo de su gemelo con un gruñido- ¿qué te sucede, hermano? Creo que hablo por todos cuando digo que ya nos tiene hartos tu actitud-
-Nada, Hypnos- dijo Thanatos sin muchas ganas, y nuevamente sin siguiera volverse a verlo. El dios de la muerte se puso una almohada en la cara y se dejó caer cuan ancho era.
-Suenas como si necesitaras un motivo para levantarte- dijo Hypnos, alzando las cejas, sin que su tono de voz mostrara ninguna emoción.
-No tengo ninguno- dijo a su vez Thanatos, suspirando en voz alta de fastidio- ¿que es lo que quieres, Hypnos? Molestas. ¿Porqué no te vas a…?- pero se interrumpió al volverse a su hermano. El dios del sueño no estaba solo. Junto a él estaba la mujer en la que más había pensado desde que habían vuelto con la reina Perséfone- Agatha…-
La joven estaba de pie junto a Hypnos. El dios del sueño se encontraba con una amplia y sincera sonrisa. No se podía decir lo mismo de la chica. Estaba de pie, muy seria y mirando a Thanatos con indiferencia. Usaba el hermoso vestido griego que Morpheus le había dado cuando le otorgó el cuerpo temporal la última vez.
Hypnos amplió su sonrisa y se retiró a sus estancias, dejándolo solo.
-Agatha- repitió Thanatos, una vez que Hypnos se retiró, sonriendo al ver la expresión sonriente de su hermano. La joven sonrió levemente y se inclinó- regresaste. ¿Cómo es posible?-
El dios de la muerte se levantó y se acercó a ella, y la joven griega hizo una profunda inclinación.
-Sí, señor Thanatos- dijo Agatha con un tono serio que el dios nunca había escuchado en ella- el señor Hypnos tomó a bien volver a sacarme de mi sueño eterno. ¿En qué le puedo servir?-
Thanatos sacudió la cabeza y extendió su mano hacia ella. La tocó con suavidad por la barbilla, haciéndola levantar la mirada. La miró a los ojos. Esos hermosos ojos llenos de ferocidad que le habían llamado la atención desde que la había visto por primera vez.
-No quiero que me sirvas, Agatha- dijo Thanatos- solo… deseo que me hagas compañía. Como la mujer brillante e inteligente que eres-
-Si eso es lo que el señor Thanatos ordena…- comenzó a decir Agatha.
Thanatos lo miró, extrañado. ¿Qué era lo que le pasaba? Thanatos la recordaba alegre, sonriente. ¿Porqué esta repentina seriedad?
-¿Qué sucede?- preguntó Thanatos- realmente creo que eres una mujer muy inteligente y brillante-
-No, señor Thanatos- dijo Agatha, y volvió a sonreír la astuta sonrisa de la que Thanatos se había enamorado- si mal no recuerdo, usted no creía que lo fuera. Usted fue quien me llamó "estúpida mortal" durante mi juicio, ¿lo recuerda?-
Thanatos palideció. Si bien los humanos le parecían insignificantes, esta joven humana no. Había recordado perfectamente el incidente ahora, y se arrepentía horrores de lo que había hecho y dicho en ese momento.
FLASHBACK
Hades frunció el entrecejo, y se puso de pie, cosa que los demás imitaron. Agatha sabía el veredicto antes de que el espectro de Wyvern lo pronunciara. Una vez que se terminó, Thanatos, el dios de la muerte, se acercó a ella y la tomó por la barbilla para hacerla levantar la mirada.
-¿Sabes que vamos a destruir tu alma, mujer?- siseó Thanatos con una sonrisa llena de desdén y desprecio- y vas a desear jamás haber presentado esta sonrisa insolente delante del señor Hades y su corte, estúpida mortal-
Agatha tembló, perdiéndose en los profundos ojos de Thanatos, mientras que el dios de la muerte la soltaba. Ya sabía que eso iba a pasar. Cerró los ojos con fuerza, esperando el golpe que, estaba segura, Thanatos le daría. Pero éste no llegó. Sintió otra presencia detrás de ella, y se volvió hacia atrás. Hypnos la miró con tranquilidad y con el ceño fruncido.
FIN DEL FLASHBACK
-Lo sé, señorita Agatha- dijo Thanatos, volviendo a ser formal con ella- y lo lamento horriblemente desde el fondo de mi corazón. Me arrepiento de lo que dije. Espero que usted encuentre en su corazón la voluntad para perdonarme-
Y para su sorpresa, estaba vez fue Thanatos quien se inclinó. Agatha levantó los ojos y lo miró directamente a los suyos. Sonrió levemente. Realmente adoraba esos hermosos ojos. Suspiró.
-Levántese, señor Thanatos- dijo Agatha, cruzando los brazos y apartando su vista hacia un lado- un dios de su rango no debe ser visto inclinándose ante ningún mortal ni rogando, sea cual fuere la circunstancia-
Thanatos levantó los ojos tristemente hacia ella, y Agatha suspiró otra vez al mirarlo de reojo.
-Señor Thanatos- dijo ella, tomando la mano del dios- no esté triste por mi culpa, señor Thanatos-
El dios de la muerte tomó su mano y la besó.
-Es mi deseo que se quede conmigo aquí en Elysion, señorita Agatha- le dijo Thanatos con una expresión llena de seriedad- y que me haga compañía-
La joven asintió levemente. Thanatos volvió a sonreír.
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CONTINUARÁ…
¡Hola a todos! Espero que les esté gustando esta historia. Disculpen la tardanza, hubo unos detalles que no me gustaron y tuve que reescribirlos. Les mando un abrazo enorme a todos. Muchas gracias a todos por sus reviews.
Abby L.
