SEGUNDA OPORTUNIDAD
IV: FRACASO
Explanada frente al templo de Aries, Santuario de Athena
Satu y Christoffer se iban acercando cada vez más a los Doce Templos. Todo santo o amazona que se acercaba, desaparecía inmediatamente tras escuchar la voz de Satu leyendo pasajes de su libro. Todo santo que quería atacarla recibía de regreso su propio ataque, pues todos ellos rebotaban en una burbuja de cosmo celeste formada por el adolescente que la acompañaba. Seiya alcanzó a lanzar la alarma a los santos dorados antes de desaparecer también.
-Vamos, Satu- dijo Christoffer en voz baja, una vez que hubieron llegado justo frente al primer templo, señalando la explanada que estaba frente al templo de Aries, y respirando hondo- nos esperan los caballeros dorados-
-¿Estás bien, Christoffer?- preguntó la chica- y él asintió- ¿estás seguro?-
-No tenemos opción, Satu- dijo el chico rubio, sin dejar de mirar a su alrededor- ya sabes lo que nos pasará si…- y se interrumpió.
-Lo sé, no podemos arriesgarnos- dijo Satu, levantando la mirada hacia el templo de Aries, mirando a lo lejos algunos puntos dorados que, supuso, eran los caballeros de oro.
Conforme se acercaban, vio a cuatro caballeros dorados salir del templo de Aries y cargar hacia ella, cada uno con su respectivo cosmo dorado encendido y listo para pelear. Satu sonrió al ver que podía reconocer a todos ellos, y miró a uno, concentrándose en su rostro y en el nombre que ya conocía.
"Mu, caballero de Aries", pensó ella. Bajó la mirada, a su libro abierto en una página donde había una ilustración de una bruja hablando con una niña, y volvió a empezar a leer.
-Suyettar le pidió a Kerttu que la acompañara al río a lavarse la cara- continuó leyendo Satu- pero su fiel Musti le dijo "Ama, por favor, no vayas al río con ella, pues seguramente te va a embrujar". Suyettar, furiosa, pateó a Musti y le quebró una pata. Y Musti tuvo que brincar en tres patas-
Un chorro de agua cayó a a sus pies, y Mu de Aries desapareció de la explanada tras verse rodeado de un halo de luz intensa. Las piezas de su armadura de Aries cayeron pesadamente al suelo, sin rastro de su dueño, como si éste se hubiera desintegrado por completo. Los otros tres caballeros miraron asombrados y, en cierto punto asustados, al sitio donde el santo había desaparecido.
-Atáquenla- dijo otro de los santos dorados, un peliazul con una mirada perversa y amenazante- no sé que tiene su voz que causa esto. Deténganla. SEKISHIKI MEKAI HA!- añadió, lanzando su ataque hacia Satu. La burbuja creada por Christoffer detuvo el ataque y, dando un extraño chispazo de energía, lo regresó a su dueño.
"Death Mask, caballero de Cáncer", pensó Satu.
-Suyettar volvió a pedir, y Musti, el perro, insistió "Ama, por favor, no vayas al río con ella, pues seguramente te va a embrujar". Suyettar, furiosa, pateó a Musti de nuevo, y le quebró otra pata. Y Musti tuvo que brincar en dos patas-
Un zapato roto y desgastado cayó frente a ellos, y Death Mask había desaparecido de manera idéntica a Mu. Los dos santos restantes miraron otra vez, asombrados, lo que había sucedido, sin poder dar crédito a lo que sus ojos veían. Volvieron a intentar atacar a la chica, pero Christoffer volvió a conjurar su escudo con su cosmo, y sus ataques rebotaron, produciendo el mismo extraño chispazo de energía. El adolescente clavó una rodilla en el suelo, agotado por la presión que tenía que mantener.
-¿Christoffer?- dijo Satu, mirándolo de reojo.
-Continúa, Satu- dijo el chico, volviéndose a poner de pie y encendiendo su cosmo nuevamente- aún puedo hacerlo-
La chica asintió, y se volvió a los dos santos que quedaban.
-GREAT HORN!- exclamó el otro caballero.
"Aldebarán, caballero de Tauro", pensó Satu.
-Suyettar pidió por tercera vez, y Musti volvió a insistir "Ama, por favor, no vayas al río con ella, pues seguramente te va a embrujar". Suyettar, furiosa, pateó a Musti de nuevo, y le quebró otra pata. Y Musti tuvo que brincar en una pata-
Para sorpresa y horror de Kanon, el último santo de Athena que quedaba junto con él, Aldabarán, desapareció de la misma manera que Mu y Death Mask lo habían hecho. ¿La voz de la joven hacía eso? En ese caso tenía que callarla de alguna manera. ¿Pero cómo? La joven volvió sus ojos hacia él. El gemelo menor intentó atacarla con su ANOTHER DIMENSION, sin éxito. Estaba demasiado protegida. Sintió acercarse a él los cosmos de Aioria, Milo y Camus, pero seguramente sería demasiado tarde: habría desaparecido por completo cuando ellos llegaran, y ellos no sabrían que fue lo que les pasó a los demás.
"Saga, caballero de Géminis", pensó la chica.
-Suyettar pidió una cuarta vez y Musti volvió a advertir "Ama, por favor, no vayas al río con ella, pues seguramente te va a embrujar". Suyettar, furiosa, pateó a Musti de nuevo, y le quebró otra pata. Y Musti ya no pudo caminar-
Satu levantó los ojos, con una expresión sonriente y satisfecha, pero su sonrisa desapareció de inmediato al ver que el santo peliazul que estaba frente a ella no había desaparecido.
-No, no…- dijo Satu, llevándose las manos a la boca. Su don nunca había fallado antes. Volvió a mirar fijamente al santo de Athena- Saga de Géminis- y bajó su mirada para seguir leyendo- fue entonces cuando Suyettar aprovechó que Kerttu no la estaba mirando, y de una patada asesinó al fiel Musti, y así supo que no habría manera de que la chica evitara ir al río con ella-
Satu levantó la vista, y el santo frente a ella la miraba, sintiéndose confundida y temerosa. ¿Porqué era que no funcionaba su poder? Kanon, por su parte, lo comprendió perfectamente: la chica creía que él era Saga, no conocía su nombre, y por eso no podía atraparlo. Llegó a la conclusión necesitaba: la chica tenía que saber el nombre de sus víctimas para que su poder funcione.
Kanon se acercó a Satu, con una tranquilidad que daba miedo. Al verlo acercarse, Satu se asustó y, olvidándose por un momento de que Christoffer la estaba protegiendo, dio un involuntario paso atráss para alejarse de él, tropezó y al caer empujó al adolescente, quien rompió su concentración, provocando un nuevo chispazo electrico color celeste, y dejó por un momento de protegerla.
La chica cayó al suelo boca arriba, al mismo tiempo que Christoffer caía también y que los otros tres santos llegaban desde los Doce Templos. El libro se le resbaló de las manos y cayó a algunos metros de ella. Cuando Satu se incorporó e intentó recogerlo, un par de manos la atraparon firmemente. Con un brazo, Kanon aprisionó a la chica a la altura del abdomen, junto con sus brazos, y los apretó contra su tórax con fuerza, de modo que ella no se pudiera mover ni un centímetro. Con su otra mano, Kanon le cubrió la boca y parte de la nariz, por lo que la chica casi no podía respirar. Asustada, pataleó e intentó gritar y liberarse de los brazos del caballero dorado, pero fue en vano.
Christoffer se incorporó y, al ver al santo que había atrapado a Satu, intentó lanzarse hacia él, aunque sin saber como lo haría soltarla, pero Milo lo señaló y usó su poder de restricción contra él, dejándolo completamente inmóvil. El chico alemán miró a Satu, quien se retorcía en los brazos de Kanon con desesperación, pues no podía respirar.
-¡Por todos los dioses, suéltala!- gritó Christoffer sin poderse poner de pie o mover ni un poco, al ver las piernas de la chica pataleando con desesperación- ¡no puede respirar! Por favor, ten compasión…-
Aioria y Camus se volvieron a Kanon, pero éste no pareció inmutarse.
-No puedo soltarla- dijo el gemelo menor, sintiendo que la chica intentaba con todas sus fuerzas moverse y librarse de su agarre, pero sin lograr siquiera moverse un centímetro- ya vi lo que hace su voz-
Desesperado al ver sufrir a Satu, Christoffer se soltó del poder de Milo con la intención de lanzarse contra Kanon, pero fue rápidamente atajado por Camus y Aioria. El santo de Leo lo golpeó en el abdomen, y el joven cayó al suelo totalmente sin aire.
-Se lo suplico, señor santo de Athena- dijo Christoffer en un tono desesperado al recuperar el aliento- el libro… los libros son la fuente de su poder, combinados con su voz. Sin poder leer un libro, es inofensiva. Lo juro. Por favor…-
Kanon lo miró con frialdad mientras Milo recogía el libro y le lanzaba al gemelo menor una mirada de advertencia para que la soltara. Kanon soltó a la chica sin mucha ceremonia, y ésta cayó al suelo, ovillada y desmayada por la falta de aire. El santo torció levemente la boca, un poco molesto e incómodo por la situación. Quizá esta vez se le había pasado un poco la mano con ella.
-Esta mujer hizo desaparecer a Mu, Aldebarán y Death Mask- dijo Kanon, olvidando un poco su remordimiento momentáneo- yo lo vi con mis propios ojos. ¿Cómo lo hizo?-
Christoffer lo miró con un silencio desafiante, que hizo que Kanon frunciera el entrecejo aún más que antes. Los otros santos se miraron entre sí, como evaluando que era lo que tenían que hacer a continuación.
-Llevémoslos a la prisión del Santuario- dijo Aioria, pensativo- Athena y el Patriarca nos indicarán que hacer con los dos prisioneros-
Aún hablando, Aioria tomó al joven de la solapa de su camisa y lo obligó a levantarse. Christoffer se levantó sin resistirse y lo siguió obedientemente, aunque sin quitar su vista de Satu. Kanon, por su parte, se inclinó para levantar a la chica del suelo y colocarla en sus brazos. Era pequeña y ligera, y tenía un suave aroma floral a su alrededor.
Kanon vio que la chica tenía aún sus propios dedos marcados en las mejillas, y el gemelo se sintió nuevamente un poco culpable por haberla tratado con tanta rudeza, pero finalmente suspiró y siguió a Aioria hacia la prisión del Santuario con la chica en sus brazos. El gemelo menor sacudió la cabeza. Aunque fuera una mujer, la chica era un enemigo, e hizo bien en neutralizarla. Se repitió eso en su mente.
Milo y Camus, por su parte, regresaron a los Doce Templos, el primero con el libro de Satu, para mostrárselo a Athena y darle noticias de lo sucedido.
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Sala del Trono, Templo del Patriarca
Saori estaba sentada en el trono del Patriarca, golpeteando nerviosamente uno de los descansabrazos con sus dedos. Shion, por su parte, estaba dando vueltas, nervioso y preocupado por el nuevo ataque. Había confirmado que Aioros estaba a salvo, y se encontraba apenas regresando del hospital junto con Sofi. Saga y su familia habían estado en la playa, y ellos regresaron al templo de Géminis a salvo. Afrodita estaba en uno de los barrancos, supervisando el entrenamiento de Lydia, y tampoco fue atacado por los intrusos. Pero los cosmos de tres santos de bronce: Seiya, Shiryu y Hyoga habían desaparecido, al igual que el cosmo de Marín, Death Mask, Aldebarán y Mu.
Shion llamó a todos los caballeros dorados restantes a su templo. Aioria regresó inmediatamente tras ayudar al gemelo menor a encerrar a los prisioneros. Kanon se quedó fuera de las celdas, vigilando a los dos intrusos y esperando obtener respuestas. Afrodita, exasperado por la actitud de su aprendiz, tuvo que amenazar a Lydia con volver a drogarla como lo había hecho antes con sus rosas para hacerla quedarse en el templo de Piscis, tan preocupada estaba por Mu, que amenazaba con escaparse e ir a buscar a la intrusa para obligarla a liberarlo. Saga dejó a su familia en el recinto de las amazonas, al cuidado de Shaina, antes de subir al templo patriarcal, pues no sabía de que se trataba lo que sucedía.
-¿Qué está sucediendo, caballeros?- dijo Shion, preocupado.
-No tiene de que preocuparse, maestro Shion- dijo Aioria- el ataque al Santuario ha cesado. Fue perpetrado por una chica y su protector-
-¿Una chica?- dijo Saori, alzando las cejas.
-Una chica que jamás habíamos visto antes- dijo Aioria, en un tono firme pero apesadumbrado- según lo que nos dijo Kanon, al parecer ella tiene el poder de atrapar a las personas, cuando ve su rostro y conoce su nombre, en su libro mientras lee en voz alta-
Saori miró a Shion, interrogante, y éste hizo una expresión de preocupación. Milo se acercó a ellos, y les mostró el libro que había recogido, el mismo que se le había caído a Satu. Al abrirlo aparecía, como si fueran ilustraciones en un libro para niños, las imágenes de Marín y de los otros santos dorados y de bronce desaparecidos.
-Es una lengua de oro- dijo Shion en voz baja, pasando tristemente los dedos por las imágenes caricaturizadas de los santos atrapados- escuché una leyenda al respecto, pero jamás creí que alguien así existiría-
-¿Dónde está esa chica ahora?- preguntó Saori.
-Está en la prisión del Santuario- dijo Aioria- al parecer, la chica necesita saber el nombre de la persona que va a atacar para poder atacarlo, y confundió a Kanon con Saga. A Kanon… se le pasó un poco la mano intentando callarla, pero va a esperar a que la chica despierte para seguir interrogándola-
Saga frunció el entrecejo al escuchar ese reporte. ¿Cómo que a Kanon se le había pasado la mano? ¿Se le había pasado la mano tratando de callar a la chica y la había lastimado? Eso no le agradó ni un poco al gemelo mayor. No creyó que eso significara que Kanon había vuelvo a sus antiguas mañas. ¿O sí? En todo caso, estaba muy preocupado por su hermano.
Shion asintió al escucharlo.
-Aioria, habla con el chico que estaba protegiendo a la muchacha- dijo el Patriarca- asegúrate que esté encerrado en un bloque de celdas muy separado de donde se encuentra ella. Y a Kanon… díganle a Kanon que él se quedará a cargo de la chica-
Saga iba a protestar esta orden, pensando que eso sería demasiada presión para su gemelo, pero Shion con un gesto lo hizo callar.
-Necesitamos que Kanon la interrogue, y la convenza de liberar a Marín y a los otros- dijo Shion- tenemos la ventaja de que la chica no conoce su nombre, y estará a salvo de ella-
-Maestro- dijo el santo de Géminis, sintiendo un nudo en la garganta- pido su permiso para ayudar a mi hermano en este asunto-
-Sí, ¿porqué no?- dijo Shion, y Saga suspiró, aliviado. No sabía porqué esa misión con la chica de la lengua de oro le causaba tanta preocupación.
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Biblioteca de Hypnos, Elysion, Inframundo
Thanatos se encontraba leyendo en su estudio, y levantaba los ojos de tanto en tanto. Ahí estaba la hermosa chica, sentada a sus pies, leyendo atentamente los libros de la biblioteca. Usualmente era Hypnos quien se interesaba en esas cosas, pero ahora Thanatos no salía de ella. Sobre todo porque Agatha no salía de ahí. Maravillada por todo el conocimiento nuevo que se había perdido estando atrapada en el mundo de los sueños.
El dios de la muerte estiró una de sus manos hacia ella, y con el dorso de su dedo índice, acarició con suavidad la mejilla de la joven griega. Agatha sonrió levemente, pero no quitó su vista del libro que estaba leyendo.
-¿Agatha?- dijo Thanatos.
-¿Sí, señor Thanatos?- dijo ella, aún sin quitar su vista del libro.
-Mírame, por favor- dijo el dios.
Agatha parpadeó varias veces. Contra su voluntad cerró el libro, y forzadamente levantó sus ojos y su mirada hacia Thanatos. El dios le extendía su mano. Ella la tomó, y sintió al dios flexionando su brazo, tirando de ella y haciéndola levantarse. Thanatos no la soltó. Volvió a tirar de su brazo. El dios de la muerte hizo que la chica se sentara en su regazo, haciendo que ella se sonrojara.
-Señor Thanatos, no creo que sea correcto que…- comenzó la chica, pero Thanatos le puso un dedo sobre los labios, para hacerla callar.
-No te asustes, Agatha- le susurró Thanatos al oído con cariño, pasando su mano por la espalda de la joven y sintiendo su tensión- no deseo hacerte daño-
-¿Qué quiere de mí?- dijo ella, confundida.
-Quiero disculparme contigo. Me arrepiento de haberte tratado así hace todos esos años- dijo Thanatos- perdóname-
Agatha posó sus ojos en él, confundida. ¿El dios de la muerte estaba pidiendo su perdón?¿Pero porqué? Si ella era solo una simple mortal. No tenía porque hacer eso. Además, ¿qué quería con ella? ¿Que fuera su sirviente? ¿Su compañía?¿O su amante? Sacudió la cabeza ante esa última idea. Volvió a recordar su juicio en el Inframundo.
-No lo culpo, en serio- dijo la joven, sonriendo levemente y relajando sus hombros, para alivio del dios- realmente fui muy insolente. Creo que incluso me lo merecía-
Thanatos sonrió levemente ante la memoria de la sonrisa insolente que había llevado la chica en el juicio, y entendía perfectamente como se había enfurecido previamente.
-Lo lamento, Agatha, en serio- dijo Thanatos.
-Pero no me ha respondido, señor Thanatos- dijo Agatha, borrando su sonrisa por un momento- ¿qué es lo que quiere de mi?-
Como respuesta, Thanatos tomó la barbilla de la joven con una mano, y con la otra la tomó por la cintura y la atrajo hacia sí mismo. ¡Como le atraía esa chica! La miró a los ojos, hipnotizado por su bello color y su brillo, y con su mano acercó el rostro de la chica al suyo. Pudo sentir la espalda de Agatha flexionándose suavemente, acercándose a él. Ella cerró los ojos, y Thanatos hizo de igual manera. Sintió su aliento en su rostro, sus labios y los de ella estaban a punto de tocarse…
De pronto, la joven tensó su espalda y se alejó de él.
-No…- escuchó decir a Agatha, volviéndose hacia un lado- no quiero esto-
Thanatos abrió los ojos, decepcionado. El dios la dejó levantarse de su regazo, y la miró con una sonrisa triste.
-Agatha…-
-No…- dijo Agatha, cubrendose las mejillas, que estaban tornándose de un color carmesí intenso- no, mi señor Thanatos. Lo serviré en lo que me pida. Excepto en esto…-
-Esta bien, Agatha, no insistiré más- dijo Thanatos, suspirando decepcionado pero resignado, tocando suavemente una de las mejillas de la mujer con su dedo índice por unos segundos, para después retirarla abruptamente- ve a tu habitación a descansar, si eso es lo que deseas-
Agatha se inclinó, y salió apresuradamente de la biblioteca con un libro en sus manos, dejando a Thanatos muy triste y desolado. Hypnos se había ocultado detrás de la puerta de la estancia, y alcanzó a ver la última parte de ese intercambio. Suspiró derrotado. Quizá no había sido una muy buena idea revivir a esa mujer después de todo.
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Bloque de Celdas C, Prisión, Santuario de Athena
Kanon suspiró, enojado. Estaba sentado en el suelo, apoyando la espalda en la pared contraria de la celda donde había encerrado a la misteriosa atacante. Había tomado ciertas precauciones: a la chica, quien se encontraba inconsciente aún por su intento entusiasta de mantenerla callada, le había atado las manos juntas con cadenas, y le había cubierto la boca para evitar que hablara y usara nuevamente su poder. Saga, quien había ido a comunicarle los deseos del Patriarca de que él se hiciera cargo de interrogar a la chica que había atrapado y consiguiera una manera de liberar a los santos de Athena, se horrorizó al ver el trato que su gemelo le había propiciado.
-Son precauciones necesarias, Saga- le había dicho Kanon, poniendo los ojos en blanco cuando su gemelo le reclamó sobre sus acciones, sin una pizca de remordimiento en su tono ni en su expresión- sabes que su voz es un arma, y necesitamos protegernos de ella-
Saga lo había mirado de manera reprobatoria. Kanon lo miró de nuevo y frunció el entrecejo. ¿Cómo Saga no lo podía entender? ¡Era muy peligrosa!
-No pensarías que esto es demasiado duro si le hubiera hecho daño a Casandra o a Kostas, así que no me mires así- añadió Kanon, señalando a la chica inconsciente y tocando una fibra sensible. Saga le dio la espalda, enfurecido ante aquella insinuación, y salió de la prisión del Santuario rumbo a los doce templos, dando fuertes pisotones en el suelo. Una vez que su hermano se retiró, Kanon se volvió hacia la chica.
El gemelo menor sabía que realmente no era tan desalmado como Saga creía. No la había dejado tumbada en el suelo, sino que había conseguido una pequeña cama de otra de las celdas, y un mullido almohadón para su comodidad. Suspiró, rogando a los dioses por paciencia.
La chica estaba acostada sobre su lado derecho, mirando directamente hacia él a través de los barrotes. Así dormida no parecía nada amenazante. No pudo seguir pensando en ello, pues Kanon pudo ver que comenzaba a despertar.
Satu abrió los ojos y, tras recordar lo que había pasado, miró a su alrededor asustada. Abrió los ojos desmesuradamente, para encontrarse con un par de despiadados ojos verdes, y tembló al ver, a través de los barrotes de la celda, el rostro del santo que la había atrapado y casi la asfixia en su intento por callarla.
La chica tembló visiblemente de miedo, y Kanon casi sintió algo de compasión por ella. Casi. Asustada, Satu se ovilló y comenzó a llorar. El gemelo menor suspiró. Esto iba a ser más difícil de lo que él creía. Kanon abrió la celda y se introdujo en ella. La chica estaba tan asustada que, mientras el hombre se acercaba a ella, se rodó a un lado del colchón y cayó al suelo de lado.
Kanon suspiró de nuevo. Se inclinó hacia ella y se dejó caer sentado en el suelo. Con más delicadeza de la que había demostrado previamente, la ayudó a incorporarse con cuidado, para hacerla quedar sentada contra la pared de la celda. Satu se asustó y siguió pataleando para soltarse y para alejarlo de ella.
-Tranquila- le dijo Kanon con paciencia y, al ver que ella no se tranquilizaba, levantó la voz- ¡por todos los dioses, tranquilízate, mujer!-
Satu lo miró a los ojos y dejó de moverse, pero persistiendo con una expresión completamente horrorizada. Kanon suspiró una vez más. ¿Era esa la misma persona? ¿La mujer que se veía tan temible hacía una hora, cuando los acababa de atacar el Santuario y hacer desaparecer a tres caballeros dorados en un par de minutos? Porque ella parecía ahora un venadito asustado por ser acorralado por su depredador.
-Escúchame atentamente, mujer- dijo Kanon con voz suave, pero firme, tomándola del rostro con las dos manos para obligarla a mirarlo- no te voy a hacer daño. Voy a soltarte, pero debes prometer que no me vas a intentar atacar. ¿Entendiste bien lo que acabo de decir?- la chica asintió- ¿lo prometes?-
Tras unos segundos de duda, aún mirando al joven a los ojos, Satu asintió lentamente. Kanon respiró hondo, nuevamente rogando a los dioses para que le dieran paciencia. El joven santo soltó el rostro de la chica, y le quitó la tela de la boca con cuidado. Una vez libre, Satu tomó aire y miró a Kanon con una expresión temerosa.
-Lamento mucho esto, mujer- le dijo Kanon, señalando la tela que le acababa de quitar- nos atacaste, y teníamos que tomar precauciones-
-Tú…- dijo Satu, aún asustada por su actitud, pero un poco curiosa de él- ¿porqué no funcionó contigo, Saga de Géminis?-
Kanon sonrió con un poco de malicia en sus ojos. Como supuso, la chica lo había confundido con su gemelo.
-Porque yo no soy Saga de Géminis- dijo Kanon, sus ojos brillando. El gemelo menor pudo ver la comprensión formándose lentamente en los ojos de la chica.
-Gemelos- dijo Satu por fin, entendiendo porqué no había funcionado- tú eres su gemelo-
-Así es- dijo Kanon en voz baja, señalando sus manos- voy a soltar ahora tus manos, ¿puedes prometer que no vas a traicionarme?-
Satu tomó mucho menos tiempo para responder.
-Lo prometo, gemelo- dijo ella.
Kanon asintió, abriendo las cadenas que la chica tenía en las manos con suavidad. Vio sus muñecas. Varios cortes se habían formado en ellos cuando ella intentó librarse. Kanon miró disimuladamente los cortes, y levantó la vista hacia ella.
-¿Cómo te llamas?- dijo Kanon.
-Satu- dijo ella con sinceridad. No tenía caso mentirle- Satu Laine-
Kanon estuvo a punto de presentarse, pero se lo pensó mejor. Sabía que no debía perder la única ventaja que tenía.
-¿Porqué decidiste atacar el Santuario?- preguntó Kanon- ¿quien te lo ordenó?-
Al decir eso, como si le hubiera caído encima un balde de agua helada, la chica palideció tanto como si hubiera visto un fantasma, sus ojos se llenaron de lágrimas y dio rienda suelta a un llanto desesperado, cubriéndose la cara con sus manos lastimadas. Kanon se alejó un poco de ella, asustado, sin saber que hacer. Solo atinó a dar un par de palmadas en su espalda distraídamente.
-Mujer…- comenzó Kanon- ¿Satu?¿qué sucede?-
-Me va a matar…- dijo entre sollozos- no solo a mí, a Christoffer también… nos va a matar, nos lo advirtió… el estanque… nos tirará al estanque… nos van a devorar…-
Kanon la escuchó atentamente. Dentro de todos esos lloriqueos y palabras sin sentido, el gemelo menor alcanzó a llegar a una conclusión.
-Lo lamento mucho, Satu, pero es por tu propio bien- dijo Kanon, y extendió la mano hacia ella, y usando gentilmente su cosmo, la hizo volver a dormir. Suspiró y, tomándola en sus brazos, la devolvió a la pequeña cama dentro de la celda. Miró las muñecas lastimadas de la chica y se encogió de hombros. El gemelo dejó a dos de las amazonas enmascaradas a cargo de la chica mientras iba por Sofía para atender sus heridas, y al templo del Patriarca a reportar lo sucedido.
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Templo de Piscis
Lydia estaba sentada en su habitación, dándole la espalda a la puerta, cruzada de brazos, con su cosmo encendido lleno de furia. Incluso Afrodita, quien estaba molesto por su desplante de enojo, consideró mejor dejarla descargar su furia ella sola. Pero el santo de Piscis la comprendía: Mu había sido uno de los que habían sido atacados por la recién llegada, y en ese momento se encontraban atrapados en el libro que estaba en poder del Patriarca.
Aioros tocó la puerta de la habitación, y Lydia lo ignoró olímpicamente. El joven santo de Sagitario no tuvo más remedio que entrar y sentarse junto a su hermana, sobre la cama. Le puso una mano en el hombro.
-Sé lo que estás pasando, Lydia- le dijo Aioros en un tono cariñoso.
-No- dijo ella con énfasis, haciendo un movimiento rápido con su hombro para quitarse la mano de su hermano mayor- no lo sabes-
Aioros suspiró y, a pesar de lo que Lydia había hecho, abrazó a su hermana quien, a regañadientes, se acerco a su hermano mayor y apoyó su cabeza en el hombro de él. La chica se mordió el labio, luchando para no llorar.
-¿Olvidaste lo que casi le sucede a Sofi?- dijo Aioros. Lydia volvió sus ojos a él, arrepentida por lo que acababa de decir. Sabía que el corazón de Aioros había estado enfermo por culpa de lo que había pasado.
-Lo siento mucho, Aioros- dijo Lydia, volviéndose al lado contrario, intentando en vano evitar que su hermano, un santo dorado, la viera llorar.
-Kanon encontrará una manera de que los liberen de esas páginas, hermanita- dijo Aioros en un tono lleno de seguridad- debes tener paciencia y confianza- de pronto, la expresión de Aioros se volvió seria- aunque seas nuestra hermana, eres una aprendiz a santo de Athena, y tienes que aprender a manejar mejor tus emociones, o ellas te manejarán a ti-
Lydia miró a Aioros, y asintió. Sabía que tenía razón. Aioros sonrió de nuevo, suavizando su mirada.
-Mu estará bien, puedes estar segura- dijo Aioros, poniéndose de pie y saliendo de la habitación de aprendices, no sin antes susurrar a su oído- y no es a mi a quien tienes que pedir perdón. Pero discúlpate con Afro, está muy ofendido contigo-
Lydia bajó los ojos cuando su hermano la dejó sola. Quizá Aioros tenía razón, y había sido muy grosera con su maestro cuando éste intentó consolarla. Salió de su habitación y se acercó a la de Afrodita, y llamó a la puerta. Cuando no hubo respuesta, Lydia volvió.
-Afro, soy yo- dijo ella, con un tono de voz apenado- por favor, necesito hablar contigo-
Un gruñido de parte de su maestro le indicó que pasara. Lydia empujó la puerta y entró. Afrodita estaba dándole la espalda, acomodando unas rosas en un florero. La chica se aclaró la garganta, pero el santo de Piscis siguió ignorándola.
-Afro… maestro- dijo Lydia, dudosa, bajando la mirada. Fue entonces cuando Afrodita se volvió hacia ella, asombrado por la repentina formalidad de su aprendiz- lamento… mucho haberlo ofendido-
Afrodita sonrió levemente y caminó hacia ella. La miró a los ojos con una sonrisa.
-No fue nada, pequeña- dijo el santo de Piscis, borrando de su expresión cualquier rastro de indignación- sé que te debes sentir horrible por lo que pasó… y hace un rato, creo que escuché algunas explosiones del cosmo de Aioria también-
Lydia parpadeó. Era cierto, Aioria debía estar furioso, pues también Marín había sido atrapada en ese libro.
-Maestro, ¿cree que pueda salir a ver a Aioria?- dijo Lydia. Afrodita asintió, indicándole solamente que no saliera de los doce templos. La chica no pudo hacer más que abrazar a Afrodita con fuerza, para después salir corriendo hacia el templo de Leo.
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CONTINUARÁ…
¡Hola a todos! Espero que les esté gustando. Estoy un poco triste porque no habrá historias nuevas de Misao-CG por un rato. Ni hablar, habrá que tener paciencia. Les mando un abrazo a todos. Muchas gracias por seguir leyendo.
Abby L.
